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Desde las sombras

Chapter 5: Mikasa

Summary:

—¡Quiero que confíes en mí! —grita. Levi la toma de la ropa y la tira al suelo. Ella trata de levantarse, pero él la sujeta en su lugar—. ¡Qué confíes en mis decisiones, en que soy buena! ¿Por qué te cuesta tanto creer que puedo hacerlo tan bien como vos?

—¡Porque no quiero, Mikasa! —Levi grita también. Su rostro está demasiado cerca y su aliento choca contra su cara. Sus ojos comienzan a arder y se sacude en su lugar, tratando de escapar, pero él sigue siendo más fuerte que ella—. Confío en vos, pero nunca vas a tener mi confianza plena. ¡Nadie la tiene! 

La suelta y se levanta. Levi respira profundo, se pasa una mano por el pelo y se vuelve a ella.

—La puta madre, ni siquiera confío en mí mismo- ¿cómo pretendés que confíe en vos, si me recordás tanto a mí? —sigue hablando, negando y con el rostro fruncido—. Tenés todo lo malo- cosas que ni sé si te las enseñé, pero las tenés y me da miedo. 

Notes:

este capítulo me cagó a palo, me re costó hacer las conversaciones serias e importantes, así que espero que hayan quedado decentes.

quedan 4 días del fictober, el borrador del cap 6 tiene 33 escenas, así que dudo mucho de que logre terminarlo antes de que termine el mes. dicho esto, no tengo idea de cuándo sea la próxima actualización, capaz en algún momento del mes que viene jajaja tengo un montón de ideas para la historia y varios capítulos planeados y, la verdad, no quiero abandonarlo. quiero terminar la historia, este año de ser posible ahre

en fin. disfruten.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Listo, ya está. Voy a seguir siendo Robin. Claro, es fácil pensarlo. 

Octubre avanza con tranquilidad. No puede evitar mirar de reojo a Ymir cada tanto, pensando en cómo se sentirá. 

No sabe mucho de ella, no le preguntó a los mayores. Lo único que sabe es que, hasta cierto punto, tienen historias parecidas. No tiene papás y llevó al asesino de su padre ante la justicia. Se cuestiona si debería preguntarle cómo se siente con eso, porque duda que a Levi siquiera se le ocurra.

Pero cada vez que está a punto, sus palabras mueren, porque Ymir está bien. Es alegre todo el tiempo, rompe las pelotas y juega como si nada. Tal vez, está incluso más alegre, diciendo a cada rato que falta poco para Halloween y que quiere festejarlo, aunque no tenga idea de cómo.

—¡Siempre lo hacen en las películas! —es el argumento de ella. A Mikasa le da un poco de pena, suena a algo que siempre quiso hacer, pero no tuvo la forma dentro de su pobreza.

—Podemos ver películas de terror —es lo que se le ocurre a Levi. Las está dejando en la escuela.

—¡Ya me vi todas! —replica disconforme—. ¡Quiero algo divertido!

Ya sabe que a Levi no se le va a ocurrir nada. Sospecha que es porque no sabe divertirse.

Bajan del auto y se dirigen hacia la entrada. Ya se resignó en evitar que la otra camine con ella porque comprobó que lo va a hacer solo para molestarla.

—Quiero ir a buscar caramelos —dice Ymir, mirándola. Mikasa hace una mueca.

—Eso solo lo hacen los gringos de mierda —responde.

—¡Quiero ser una gringa de mierda, entonces!

—No digas groserías —reprende frunciendo el ceño.

—¡Llevame a buscar caramelos en Halloween! —agrega, ignorándola.

Mikasa no quiere hacerlo, pero supone que es lo mínimo que podría hacer por ella. Le sigue dando pena.

Kenny no les da permiso. Su argumento le parece válido, la gente no hace eso en Trost, así que es una pérdida de tiempo. Además del hecho de que seguro que planea irse a dormir con la botella de whiskey que compró más temprano y que no quiere salir.

Terminan quedándose solas en la sala, viendo películas. Por supuesto que Levi no está para acompañarlas.

Mikasa mira a la otra de reojo. Tanto se quejó, tanto pidió hacer algo, y ahora está muerta de miedo, la mitad de su cara tapada, pero sus ojos pegados a la pantalla. Le causa gracia.

—Tengo sueño —dice la menor cuando termina la película.

—Pero vimos una sola.

—¡Tengo sueño!

Eso le provoca una risa a Mikasa—, qué, ¿tenés miedo, maricona?

—¡Vos tenés miedo! —acusa y camina veloz a las escaleras—. ¡Hasta mañana!

Se despide molesta desde la cima, corriendo a su habitación.

Son apenas las once y se encuentra demasiado despierta. Baja a la baticueva a entrenar un rato.

Va a seguir siendo Robin sin ser Robin, porque no quiere seguir siendo la compañera de Batman. Esa parte está clara. Tiene que ser alguien más. Eso también está claro.

Lo que no está claro es cómo conseguir un traje. Considera modificar el viejo de Robin, limpiar y coser la mancha que supone que sigue ahí porque los mayores quieren que sea un recordatorio, pero viendo cómo en los últimos meses su ropa dejó de entrarle, sospecha que le va a quedar pequeño. Necesita un traje nuevo.

Sabe que Kenny se hace cargo de eso, pero sabe que no hay chance en el universo de que le dé uno. Tiene que arreglárselas.

Los palos de Eskrima bailan en sus dedos mientras piensa. Vuelta y vuelta alrededor de sus manos y muñecas, hasta que los sujeta en el aire, decidida. 

Tiene que haber trajes viejos de Batman.

Revuelve la baticueva, busca en cada rincón y encuentra cosas curiosas, como herramientas o armas que nunca vio al otro utilizar, piezas tecnológicas, una caja de metal con un triángulo amarillo que reconoce como de precaución. 

Le preocupa ese último, después le va a preguntar a Levi qué hay ahí.

Su búsqueda termina en un mueble, escondido detrás de la computadora y de esa caja. Cuando lo abre, encuentra los trajes viejos. 

Se sorprende de la cantidad y lo destrozados que están. Agujero de bala, tela quemada y rasgada por heridas de arma blanca. Da un paso atrás, sorprendida y algo más que no logra identificar.

Siempre le pareció obvio que Batman no es perfecto y también recibe heridas, pero nunca había analizado qué tanto había pasado eso, mucho menos presenciarlo. 

Sacude la cabeza y se concentra en su cometido, buscar algo que le sirva. Termina tomando varios trajes con la intención de construir uno con los retazos. 

No le convence el primer resultado. Es rústico y las costuras se van a ver raras cuando las haga. Se nota las telas, tonos y colores diferentes superpuestos, pero no le importa. El tema es tener un traje, da igual cómo sea.

Se lleva todo lo que consiguió con ella a su habitación para poder coserlo en paz, sin riesgo de que Levi trate de detenerla.

 

Los nervios la acompañan todo el día. Ya terminó el traje, ya entrenó en él. Es medio feo, pero funciona. Esta noche lo va a estrenar. 

Siente que eso la pone nerviosa, pero no entiende porqué. No va a hacer nada que no haya hecho antes; debería sentirse natural, el regreso a su rutina. Debería estar ansiosa porque llegue la noche.

La jornada escolar pasa veloz, la tarde en casa también. Cuando quiere darse cuenta, su pierna tiembla constantemente durante la cena y su corazón late con fuerza. Ya decidió que, en cuanto Levi se vaya, ella también va a salir. Hasta tiene una excusa preparada.

Terminan de cenar, lava los platos con ayuda de Ymir, se va a su habitación a recoger sus cosas.

—¿A dónde vas? —pregunta Kenny, deteniéndose en el pasillo cuando la ve con ropa de calle.

—A lo de Historia —dice veloz y frunce el ceño—, les pregunté y me dijeron que sí.

—¿Sí? No me acuerdo.

—Le pregunté a Levi —Kenny enarca una ceja sin creerle—, okay, bueno, ¿puedo ir a lo de Historia?

—¿A esta hora, nena? Ya es tarde…

—Me está esperando —insiste—. Llamala, te va a decir que quedamos hace días.

El mayor suspira y reanuda sus pasos.

—No te duermas tarde y ni si te ocurra faltar a la escuela mañana —dice antes de meterse en su habitación.

Mikasa sonríe y se apresura escaleras abajo. Esa mentira sirve para justificar su salida, porque el portón tiene un registro de estas. Las estúpidas medidas de Levi para que no se escape.

Tiene su traje bajo la ropa y una muda más dentro de la mochila, lista por si al mayor se le daba por revisarla. No está de más ser precavida. 

Sube a la motocicleta en el garaje y acelera hacia el portón, abriéndolo y sonriendo hacia la cámara antes de salir.

 

El viento le revuelve el cabello mientras se balancea entre los edificios. Sus movimientos siguen siendo naturales cuando aterriza en una terraza y corre hacia el borde para seguir flotando en la noche. Su estómago cosquillea todo el tiempo, con alegría o alivio, no está segura, pero es un sentimiento cálido. Lo había extrañado.

Evita robos, venta de droga, todo lo que encuentra. Los criminales no tienen idea de quién es, pero no le importa. Le gusta que la subestimen, que se rían de ella- no tanto que se rían del traje, pero todo eso le da más satisfacción cuando los reduce y los deja atados para la policía.

Siente que vuelve a ser ella. Siente que sigue siendo Robin.

—¿Y quién carajo sos vos? —escupe un vendedor de droga desde el suelo, luego de que ella lo tirara de un golpe con los palos de Eskrima—, ¿otra imitación de Batman?

Frunce el ceño y comienza a atarlo.

—Soy Sparrow —dice molesta, ajustando las esposas más de lo necesario—, y me vas a ver otra vez si volvés a hacer esto.

Um. No suena del todo bien ese nombre.

 

Tiene sentido que para que Historia se una tapadera exitosa, Mikasa tiene que avisarle que lo es.

Descubre su error cuando regresa a la mansión en la madrugada y Kenny la está esperando. Siente algo parecido a un dejá vù; recuerda todas las ocasiones en que llegaba con Batman y ellos comenzaban a discutir mientras el mayor la revisaba de arriba abajo. ¿Hará lo mismo ahora?

—¿Qué mierda crees que estás haciendo?

No. No la va a tratar con esa dulzura. 

Está bien, sabe cómo va a ser esto, porque ya se imaginó el escenario en su cabeza un montón de veces. Entiende la postura de Kenny, entiende su enojo y porqué la va a retar ahora, pero ella ya preparó todos sus argumentos. No va a tener forma de ganarle.

—Sé que no estuvo bien mentir —comienza Mikasa, sacándose el antifaz—, y sé que estás enojado.

Kenny suelta un bufido que suena cercano a una risa histérica. Espera que no le dé un infarto.

—¿Sabés? —cuestiona y jadea—, nena, no tenés la más puta idea de lo que estoy sintiendo- estoy a kilómetros de enojado, Mikasa.

Ella asiente, dándole la razón, y se acerca un paso a él.

—Sé que no me vas a creer o confiar en mí —Kenny abre la boca, pero ella sigue veloz—, sé que es peligroso y no querés que me pase nada y- y no me olvidó de lo que ya pasó, lo de G- lo del disparo y cada vez que me lastimaron.

Toma aire. Trata de que la casi mención de Gross no se note como un tropiezo, y sigue hablando.

—Pero, en serio, realmente es una decisión consciente, con todos los riesgos pensados —la expresión de Kenny sumada a cómo sacude la cabeza despacio, le dicen que no está funcionando, pero no está lista para rendirse—. Levi me lo dijo- si puedo hacerlo, si soy buena, ¿por qué no? Además, ya hay gente que lo hace.

—No me importan los demás, Mikasa —jadea él, sujetando su rostro con suavidad—, me importa que a vos no te pase nada. Quiero que vos estés a salvo.

—Pero soy buena, de verdad buena, y soy cuidadosa —insiste—, tengo todas estas habilidades… Kenny, ¿cómo puedo quedarme todo el día en casa cuando sé que puedo ayudar? ¿Cuando sé que hay personas que necesitan ayuda?

—Alguien más puede hacerlo —replica, sacudiendo la cabeza.

—Pero a mí nadie me ayudó —suelta y traga con fuerza, porque el nudo en su garganta no era parte del plan—. ¿Cómo puedo dormir pensando en que a alguien más puede estar pasándole lo mismo que a mis papás?

Kenny niega otra vez, sus manos deslizándose de su rostro. Mikasa vuelve a tragar, pero no puede deshacerse del nudo.

—Perdón, pero voy a seguir haciéndolo —concluye ella con voz firme—. Aunque cierren toda la mansión o me manden lejos… Voy a seguir porque es lo que tengo que hacer.

Él no la mira. Sospecha que está esquivando sus ojos. Tiene los brazos en jarra, mira el suelo y niega apenas. No le gusta la expresión que tiene, casi se siente como una decepcionada. 

Supone que es un precio razonable por hacer esto.

Kenny voltea al techo, respira profundo, y termina regresando a ella. Da pasos largos hasta que la tiene cerca. La abraza con fuerza y Mikasa muerde su labio.

—No quiero que te pase nada, nena —repite en voz bajita, contra su cabeza—. Tenés que prometerme que vas a ser cuidadosa, que no te vas a meter en mierdas pesadas, que- que en cuanto veas que es apenas demasiado para vos, te vas a ir a la mierda.

—Te lo prometo —murmura, rodeándolo con sus brazos y presionando su rostro en su pecho, aspirando su olor.

—No quiero tener que coserte o acomodarte huesos- y eso no significa que no quiero que me lo digas si pasa, sino- —él suspira, tratando de desenredar su lengua—, vos entendés a qué me refiero, nena…

—Sí, Kenny —ríe apenas—. Gracias.

El mayor vuelve a respirar profundo antes de separarse. Sigue esquivando sus ojos, pero Mikasa no está segura de porqué.

—Y ese traje es horrible, parece que lo sacaste de la basura —masculla él.

—Era lo que había —frunce el ceño.

Kenny resopla una risita. La manda a bañarse y a dormir, siempre esquivando sus ojos. A Mikasa no le gusta ese detalle.

 

Al día siguiente, en la escuela, Historia le cuestiona a dónde mierda fue y porqué Kenny la llamó en la noche para preguntarle si ella estaba en su casa.

—Por ahí —dice escueta, encogiéndose de hombros. 

Historia entorna los ojos y se acerca a la otra, preguntando bajito—, ¿estás saliendo con alguien?

—No —niega con el ceño fruncido, como si fuera ridículo—, solo estaba… Afuera. En la calle.

—¿Haciendo qué? —insiste.

—Qué te importa, Historia.

—Bueno, creo que debería estar al tanto, ya que me usás para mentir —replica molesta.

—Okay, sí, estoy saliendo con alguien.

La otra bufa—, tarde para esa excusa.

—No es necesario que sepas —dice un poquito más agresivo de lo que quería—, y tampoco es necesario que me cubras, ya hablé con Kenny. Gracias, igual, aunque no supieras.

Historia la mira un momento, pero después niega y se gira para regresar a su salón. Mikasa suspira molesta y comienza a seguirla.

—¿Por qué mierda te enojaste ahora? —cuestiona, tirando de su muñeca para que la mire.

—¡Porque sos una amiga de mierda! —jadea y sus ojos están llenos de lágrimas—, ¡nunca me contás nada!

—¡Te cuento la mayoría de las cosas! —replica ofendida.

—¡Me contás de tus peleas chotas con tu familia! —dice como si eso no fuera importante—, nunca me contás nada tuyo, ni- no sé, Mikasa, no te conozco, no tengo idea de qué hacés todo el día.

—¡Pero si no hago nada! 

—¡Ni lo que hacés en la noche!

—¡No hago nada! —jadea—, ¡solo-! ¡Solo entreno! ¡Y salgo a andar en moto!

Historia bufa y vuelve a girarse.

—¡No entiendo qué mierda te pasa! —agrega Mikasa y la otra le levanta el dedo medio, sin girarse—, andate a la mierda…

Sospecha que si Historia se hubiera ido en lugar de Sasha, no tendría que aguantarse esos planteos. 

Por la noche, la discusión sigue burbujeando dentro de ella, incluso cuando sale de la mansión.

—Bla, bla, bla, no me contás nada —repite en voz baja, burlando el tono de Historia—. Por supuesto que no te voy a contar, es secreto…

Además del hecho de que trató de hacerlo y la otra fue bastante chota con su actitud. No se lo merece.

La noche está tranquila, tanto que le da el espacio para sentarse en el filo de un edificio y pensar. 

Ella tampoco sabe mucho de Historia, así que le parece justo que la otra no sepa. Que sean amigas no significa que deban contarse todo.

Aunque, en realidad sí. Esa es la base de la amistad, pero le da un pinchazo de duda. ¿Puede confiar en Historia con esto? Siente que no hay buen precedente con ella, con todo el tema de enseñarle y eso.

Tiene claro que ella no debería ser vigilante, por eso es muchísimo más que obvio que no debería darle la idea a la otra de imitarla. Es más chica y Mikasa duda demasiado de que tenga siquiera la mitad de sus habilidades. No solo es peligroso, lo considera irresponsable.

Un movimiento en el callejón llama su atención. Otro dealing de droga. Se apresura con sigilo hacia la escena. Hay un hombre con una campera y capucha, observando nervioso a todos lados mientras otro se acerca. Mikasa se posa sobre una escalera de incendio, escuchando la conversación hasta encontrar las palabras mágicas que los incriminan. Salta y se deja caer cerca de ellos, asustándolos.

—¡B-Batman! —jadea uno y trata de correr, pero ella le tira una bomba explosiva a los pies, haciéndolo tropezar.

—¿Batman transicionó? —pregunta el otro al aire y Mikasa frunce el ceño.

—No soy Batman, pelotudo —replica ella a la vez que se apresura a ellos, reduciéndolos—. Soy- soy Sparrow.

La pelea es escasa, casi nula. Deben estar drogados o no saben pelear, no le interesa, pero eso no evita que sigan hablando mientras los esposa.

—Qué nombre choto —murmura uno y ella le ajusta más las esposas.

—Cerrá la boca —masculla.

Pero coincide un poquito.

 

Hay algo en Sparrow que no suena bien. 

Es obvio que no va a ser lo mismo que Robin, porque ella ya era Robin antes de tener un traje. Sparrow era de su madre y aunque quiere seguir teniéndolos cerca mientras hace esto, hay algo que no cierra del todo. Se le escapa qué es.

Se va a acostumbrar a Sparrow. Es cuestión de tiempo.

 

Diciembre comienza con la fiesta de fin de año de la empresa. El año anterior se había negado a asistir y ahora tiene ganas de hacer lo mismo, pero Kenny ya le compró ropa y, entre líneas, la está amenazando para que vaya.

Esa noche es algo así como la presentación en sociedad de Ymir, la primera aparición oficial con la familia Ackerman. En las noticias se había hablado un poco sobre que Levi había tomado otra apoderada, pero nadie había logrado ninguna entrevista de él al respecto.

Y, ahora que lo piensa, le parece raro que Levi sea algo así como alguien famoso, pero que ningún periodista las acose cuando van a la escuela o en la entrada de la mansión. Le suena contrario a todo lo que se veía en las películas. No se queja. La idea de tener que lidiar con esa gente le da dolor de cabeza, además de que le complicaría más salir de noche.

Está sentada en el sillón, lista para salir, mientras los demás terminan de arreglarse.

—¡Cambiate ese calzado, pendeja! —exclama Kenny apenas ve a Ymir—, ¡no te compré zapatos al pedo!

—¡Son incómodos! —devuelve ella—, ¡no puedo correr con ellos!

—¡Es una fiesta! ¡No tenés que correr!

—Se está haciendo tarde —dice Levi y apunta a Ymir con un dedo—, cambiate ahora.

La menor se va con un gruñido. Él suspira y se desploma en el sillón junto a Mikasa. Ella lo mira de reojo.

—Tenés una pinta de-

—Sin groserías —se adelanta él.

—... Mal aspecto —concluye Mikasa—. ¿Seguís fingiendo que no necesitás dormir?

Levi resopla una risita, como si el comentario sarcástico de ella hubiera sido un chiste. Él abre la boca para responder, pero después la cierra. 

Cierto que no puede contarle nada a Mikasa. 

Está por levantarse del sofá cuando el mayor habla.

—La Liga de la Justicia me sigue llamando para que vaya a sus reuniones —Levi dice bajito, mirando apenas sobre su hombro para asegurarse de que Ymir no regresó. Vuelve sus ojos a Mikasa—. No es nada grave, están negociando con los de Atlantis para que dejen de romper las pelotas.

Ella asiente. Levi no le había contado sobre Atlantis, se había tenido que enterar por la tele, como el resto de la gente.

—¿Son malos? 

—No —él niega apenas—, son… personas asustadas, supongo. Se sienten amenazados y están tratando de protegerse antes de que les hagan daño.

Mikasa vuelve a asentir.

—Erwin insiste en que deberíamos invitar a su rey a ser parte de la Liga, pero…

Abre la boca para preguntar más sobre Erwin, pero el grito de Ymir de ¡estoy lista! la interrumpe. Los cuatro salen de la mansión, Kenny manejando el Mercedez.

 

La primera vez que había asistido a esa fiesta, Mikasa la había encontrado como una gran novedad, casi de película. Los vestidos largos y preciosos, los trajes sin una sola arruga o imperfección, la orquesta en vivo. Camareros con uniformes impecables, yendo de un lado a otro con copas de champagne dorado.

Ahora, lo encuentra como una pérdida de tiempo. Las personas que la habían conocido en otras fiestas se acercan a saludarla, elogian cuánto creció, lo hermosa que se está poniendo. Entiende por completo la aversión de Levi por asistir, porque le resulta insoportable escuchar a toda esta gente y tener que mantener una sonrisa que no se note que es falsa.

Mira de reojo a Ymir. Ella parece estar disfrutándolo demasiado.

—¿Cuánto dura esto? —le pregunta a Mikasa en voz baja, sin mirarla y sonriéndole a todos los que la miran.

—Tres, cuatro horas.

—¿¡Tanto!? —jadea volteando veloz, frunciendo el ceño. Mikasa no puede evitar que sus cejas se eleven al ver lo buena que es fingiendo.

—No empiecen a pelear —dice Levi y las dos giran a él.

—No estamos peleando —dicen al mismo tiempo.

—Qué raro… —agrega Kenny.

Mikasa lo mira, notando de inmediato que tiene sus ojos fijos en la barra.

—No te pongas en pedo —dicen ella y Levi a la vez cuando el mayor da un paso.

—Eh, ¿cómo así? —replica, volviéndose—, yo nunca me pongo en pedo.

—No poco —dice Mikasa sarcástica—. Nadie te va a arrastrar al auto para volver, eh.

Kenny bufa, pero igual desaparece. Ella voltea a la menor.

—Andá a vigilar que no tome mucho —dice y arruga la nariz—, y no le creas nada de lo que diga para sobornarte. Nunca lo cumple.

Ymir asiente sonriente y se aleja corriendo, tropezando, pero sin caer.

—¡No corras! —agrega Mikasa, pero la otra la ignora.

Sin querer, termina quedándose sola con Levi. Se da cuenta cuando él suelta una risita. Está a punto de escaparse, cuando él habla.

—¿Qué te prometió que no cumplió? —pregunta apenas, dando un paso más cerca de ella.

—La moto —dice y Levi resopla divertido, acordándose—, tuve que aprender sola.

—Eras chica. Seguís siéndolo —dice, recibiendo una mueca de ella—, ey, es objetivo eso, no se vale enojarse.

—Soy chica para todo según vos.

—Y sí, siempre lo vas a hacer. Ni siquiera tenés la edad mínima para sacar licencia —se justifica—, aunque seas muy buena manejando.

Siente que hay algo raro en la forma en que habla. Si no lo conociera, Mikasa creería que está en pedo.

—¿Cómo hiciste para aprender? —pregunta Levi—, nunca me contaste eso.

Ella voltea la mirada, observa alrededor. Kenny e Ymir están riéndose en la barra, él con una bebida marrón, seguro whiskey, y ella con un vaso de gaseosa. Sigue mirando, capaz buscando un poquito que alguien más se acerque e interrumpa la conversación, pero no pasa. Todos los que tenían que saludarlos, ya lo hicieron. 

—Internet —comienza Mikasa, encogiéndose de hombros. Piensa que es respuesta suficiente, pero también se le ocurre que podría contarle más—. Fue cuando… desapareciste. Tenía que salir y, ah, no estaba funcionando el ir caminando.

No está segura de qué reacción espera de él. Tal vez que se ponga incómodo, que cambie de tema o huya, pero Levi solo asiente, capaz un poco divertido.

—Practiqué en la mansión —sigue hablando—, cuando Kenny se iba a dormir la siesta borracho.

Eso le arranca una risita a Levi.

—Estaba segura de que no me iba a dejar si se enteraba —él asiente, dándole la razón. Mikasa arruga la nariz—. Le rompí el espejo sin querer.

—Sí, ah, lo noté —resopla él—, ¿quién crees que lo arregló?

—¿Por qué me dejás usarla? —la pregunta le daba curiosidad hace rato y no le parece que haya una ocasión más oportuna que ahora para soltarla.

Levi se encoge de hombros, sonriendo suave. No es divertido, pero tampoco triste. ¿Resignado? No está segura de cómo encasillar el gesto.

—¿Dejarías de usarla si te lo prohibo? —la respuesta es un obvio no—, prefiero saber que usás un vehículo adecuado, a arriesgarme a que uses algo peor.

Mikasa asiente apenas. Mira alrededor un momento, vuelve a observar a los otros en la barra, a la gente charlando cerca de ellos. Regresa a Levi.

—¿Me enseñás a manejar? —pregunta. Tiene un cosquilleo de duda en su estómago, no está segura de porqué se lo pide, pero sigue adelante—, un auto, digo.

Se prepara a que le diga que no. 

—Sí —responde él. Asiente para reafirmarlo y sonríe apenas—. Por supuesto.

No entiende esa reacción de Levi. No entiende la reacción de ella misma.

No entiende la felicidad que él tiene en el rostro, ni la que ella siente por dentro.

 

No va a mentir, suena muy bien manejar el batimóvil, pero el domingo siguiente, después de desayunar, Levi la guía a la cochera de la mansión. No te voy a enseñar con el batimóvil, había dicho él de la nada, casi como si le leyera la mente.

Hay varios vehículos en el lugar. El Mercedez que suele manejar Kenny, el Audi que Levi utiliza para ir a la oficina. Las motocicletas, cada una más grande y vistosa que la otra. 

Levi pasa de largo de todo eso hasta llegar a un auto pequeño, redondo y amarillo. Está limpio, brillante, pero se nota lo viejo. Está al fondo del garaje y, la verdad, Mikasa nunca lo había visto.

—Aprendí a manejar en este —dice Levi, la nostalgia destilando de su voz. Voltea a Mikasa—, era de mis- ¿y esa cara?

Tiene una mueca—, ¿de qué sirve aprender con un auto viejo? Debería saber conducir autos que se utilicen ahora.

—Es- —él jadea apenas negando. La mira casi ofendido—, es lo mismo, Mikasa.

—¿Seguro?

—Sí —masculla.

Levi mira alrededor un momento, frunciendo la nariz. El auto está atrapado por los otros vehículos. Ella da un paso hacia el Audi.

—Capaz, deberías enseñarme-

—Voy a llamar a Kenny —interrumpe—, así me ayuda a sacarlo.

Ella frunce el ceño mientras lo ve desaparecer. Se acerca al amarillo y entra. Es pequeño por dentro también, solo con dos puertas, pero con asientos traseros. Nota que el tapiz está cuidado, a pesar de tener, mínimo, veinte años. 

Levi regresa poco después con Kenny e Ymir, que debió haberse levantado recién.

—¡Yo también quiero aprender! —grita ella, saltando de un lado al otro.

—No —dicen los mayores y Kenny sigue—, eh, pero podés ayudarme a lavarlos. Ya juntaron bastante polvo.

Ymir hace una mueca, pero obedece riendo cuando el otro la manda a buscar un balde y esponjas.

Mikasa se queda a un costado, observando cómo mueven los autos hasta que el amarillo tiene la vía libre. Levi sube y toca la bocina, llamándola a ella.

—Bueno, esto es lo básico… 

Le muestra cómo arrancar, cómo poner primera, cosas que ya sabe hacer en la motocicleta. Se pregunta por un momento si fue necesario pedirle que le enseñe, cuando pudo haberlo descubierto con facilidad en internet.

La lleva hasta un claro, a varios metros del garaje. Cambian de lugar.

—¿No deberíamos estar en la calle? —pregunta ella mientras se pone el cinturón.

—Primero lo básico —niega él—, suele apagarse mucho al principio.

—Por eso decía un auto nuevo… —murmura Mikasa. 

Sigue las indicaciones del otro para arrancar: girar la llave, pisar el embrague, poner primera.

Se apaga de una sacudida.

—Por eso decía un auto nuevo —repite en voz alta, pero Levi vuelve a negar.

—Es porque lo hiciste muy rápido, empezá otra vez —gira la llave por ella, le repite los pasos—. Ahora, soltalo despacio mientras pisás el acelerado-

El auto sale de un tirón, directo a un árbol. Levi tira del freno de mano, clavando el vehículo en su lugar y dándoles un sacudón a ellos. Se miran.

—Es el auto —acusa Mikasa, frunciendo el ceño.

—Estás aprendiendo —insiste—, sabés que no vas a ser perfecta a la primera.

Pasan varias horas practicando. La primera es cercana a una tortura para ella, porque el auto no deja de apagarse, ni dar tirones. Levi la mira con dolor, preocupado de que lo rompa. Discuten varias veces, pero siguen adelante.

Al principio de la tarde, Kenny e Ymir se acercan a ellos trayendo sanguchitos. Hacen una pausa para comer, pero apenas termina, Mikasa le insiste a Levi para seguir. Quiere dominarlo lo antes posible, le enerva que se le apague.

—Seguimos mañana —niega él, recibiendo una mueca.

—Pero tengo escuela.

—Cuando regreses.

—Vas a estar en la oficina.

—Regreso temprano —ofrece. No le agrada la propuesta y debe ser claro en su expresión, porque él suspira apenas—, bueno, la última.

Mikasa sonríe y se apresura al auto. Escucha a Kenny reír apenas e Ymir repite que ella quiere aprender también, pero el otro vuelve a negar.

Sube al vehículo, Levi del acompañante. Se ponen los cinturones, gira la llave, pone primera. Se apaga.

—Eso no contó —murmura Mikasa y el otro resopla una risita. 

Repite el proceso, el auto comienza a moverse despacio. Maneja con lentitud por el parque de la mansión, esquivando los árboles y huecos del suelo, guiada por Levi con sus palabras y algunas correcciones que hace en el volante. Da algunas vueltas alrededor de la mansión hasta que él le indica que estacione entre dos árboles. Le enseña cómo hacer marcha atrás. 

—Me sigue sorprendiendo lo rápido que aprendés —dice él. El auto está apagado y Mikasa gira a mirarlo, encontrando una sonrisa—, sos muy buena en todo.

—Gracias —murmura—. Mañana podría practicar en la calle, ¿no? Ya que soy tan buena.

Levi hace una mueca dudosa.

—Kenny me enseñó a manejar —dice él, cambiando de tema—. No es bueno enseñando.

Mikasa no lo duda.

—Pero, una de las pocas cosas buenas que me enseñó, es que no hay nada más peligroso que un conductor confiado —sigue Levi—. Y creo que tiene bastante razón en eso.

—¿Por qué es peligroso? —pregunta y arruga la nariz—. No soy confiada.

—Sos bastante confiada —insiste con un tinte divertido en la voz, mientras se quita el cinturón—. Mañana seguimos practicando.

Abre la puerta para bajar, pero se regresa. La mira un segundo y luego quita la llave del contacto. Mikasa frunce el ceño.

 

Las prácticas con Levi se repiten algunas veces en la semana. Recién en la sexta ocasión, él la lleva a una zona de poco tráfico en Trost para que pruebe en la calle. No sale muy bien. Mikasa se pone nerviosa, siente que los otros autos se le vienen encima y que no logra ir derecho. Se estresa demasiado.

Sospecha que Levi lo disfruta, que no le salga perfecto. Eso la irrita. 

La escuela termina con una última reunión de ellos dos con el director. Mikasa se espera otra discusión, pero la sorpresa la llena cuando descubre que es para felicitarla, porque si bien su promedio no está tan alto como en años anteriores, su mejoría fue gigante. El director asegura que no tendrán problemas con servicios sociales.

—¿Puedo-?

—No —interrumpe Levi, antes de que le pregunte si puede manejar el Audi de regreso a la mansión.

Los primeros días de vacaciones de verano se pasan veloces. Cuando quieren darse cuenta, ya casi están en Navidad.

—¿Te gustaría un caballo de regalo? —Levi le pregunta a Ymir mientras desayunan.

Ella gruñe molesta—, ¡no me gustan los caballos!

Le intriga un poco la diversión en Levi y la reacción de la otra, pero no lo suficiente como para preguntar.

—¡Quiero una Nintendo! —agrega Ymir, después de pensarlo un rato.

—Vemos —responde él, levantándose de la mesa para prepararse para irse.

—Eso siempre significa que no…

En realidad, eso significa que sí en Levi, pero no lo dice.

—¿A vos qué te gustaría?

La pregunta de la menor queda un momento en el aire, flotando sin receptor porque Levi no se da cuenta que es para él.

—Eh… —dice apenas, casi sorprendido, deteniéndose en el umbral del comedor. Se vuelve a Ymir, negando y sonriendo suave—, no tenés que regalarme nada por Navidad.

—¿Y por tu cumpleaños? —agrega Kenny con una sonrisa instigadora, mirando por encima del periódico que lee. Levi frunce el ceño.

—¿Cuándo es tu cumpleaños? —pregunta la otra veloz.

—El veinticuatro —dice el mayor, recibiendo otra mueca de Levi.

—¿¡Tu cumpleaños es en Navidad!? 

—¿En serio? —se le escapa a Mikasa.

—¿¡No sabías!? —cuestiona Ymir, mirándola. 

Ella frunce el ceño, pero no responde. Nunca había salido el tema del cumpleaños y, ahora que lo piensa, tampoco sabe cuándo es el de Kenny.

—No hace falta que me regales nada —insiste Levi, ahora sí, saliendo del comedor—. Nos vemos más tarde.

Siguen desayunando en silencio, pero por poco tiempo, porque Ymir regresa a Mikasa, frunciendo el ceño.

—¿No llevás años acá? ¿Cómo no sabías?

—Nunca me dijeron —replica.

—¿Preguntaste? —insiste la menor.

—No, pero-

—Suena a que fue culpa tuya.

—¡Ey-!

—Uy, ya empezaron —se queja Kenny. Cierra el diario y lo deja sobre la mesa, levantándose—, terminen y levanten- sin pelear, eh.

—¡Kenny! —llama Ymir, antes de que desaparezca por completo—, ¿¡cuándo es tu cumpleaños!?

—¡Cuatro de febrero! —se escucha desde la sala, donde está prendiendo la televisión.

—Huh, yo cumplo el diecisiete de febrero…

Mikasa arruga la nariz—, yo el diez.

—Raro.

Comienzan a levantar los restos del desayuno. Ymir se pone a hablar sobre que hay que regalarle algo a los mayores, para Navidad y para sus cumpleaños, que qué podrían comprarles, qué les gustaría. Mikasa la ignora.

—¡Ni me estás escuchando! —se queja.

—¿Cuál es el sentido de regalarles algo que vamos a comprar con su dinero? —replica—, porque yo no tengo plata. ¿Vos tenés?

Ymir frunce el ceño, pensando, pero luego su rostro se ilumina.

—¡Podríamos vender cosas! —dice—, las ruedas se venden bien, pero los estéreos son más fáciles de-

—Qué carajo, Ymir —murmura, frunciendo el ceño—, no vamos a robar nada, mucho menos para poder comprarles algo.

—¿Tenés una idea mejor? —se cruza de brazos, convencida de que su idea es buena.

Mikasa suspira, decidida a ignorarla. Le da una inspección a la mesa, asegurándose de que haya quedado limpia, pero sus ojos se clavan de inmediato en un artículo del diario. Lo toma veloz, casi pegándolo a su rostro. 

Primera foto oficial de la nueva vigilante de Trost. La sección es pequeña, al igual que la imagen. La lee veloz.

—¿Qué es eso? —pregunta la otra, saltando a su alrededor para ver.

Los avistamientos de Batgirl son cada vez más mencionados, pero ni siquiera el fotógrafo más experimentado de redes sociales ha logrado capturarla, solo en Trost Daily le traemos las primicias… Bla, bla, bla-

—Qué carajo —vuelve a murmurar. Voltea a la menor—, hay una Batgirl.

Ymir frunce el ceño con confusión.

—¿Con Levi?

—No —Mikasa replica veloz, pero después hace una mueca—, ¿no creo? No- no puede ser… No puede ser más grande que yo, sería…

Sería una traición.

Tiene que encontrar a Batgirl.

 

No tiene nada de malo que alguien más decida salir a la calle. Hasta cierto punto, a Mikasa le sorprende que Batman sea el único vigilante en Trost. Piensa que, tarde o temprano, más gente va a imitarlo, tal como hicieron los otros héroes en el resto del país. El caso de Erwin, sin ir más lejos.

Lo que tiene de malo es que Batman trabaje con alguien que, por la foto que vio en el periódico, debe estar cerca de la edad de Mikasa. Eso la enfurece. Un poquito.

Bastante.

Recorre la ciudad haciendo una patrulla desprolija. Que la perdonen, pero su objetivo esta noche es encontrar a Batgirl. Su investigación en internet no reveló mucho sobre ella, solo que es muy escurridiza y que suele patrullar la zona alta de Trost. 

Mikasa no patrulla esa parte seguido, por no decir nunca. Considera que su ayuda es más necesaria en las partes bajas de la ciudad. 

Las horas pasan entre su recorrido, frustrar asaltos menores y algunas ventas de droga, pero no se cruza con Batgirl. Decide que es suficiente por una noche.

Se sienta un momento en el borde de un edificio a descansar. La noche es tranquila, casi no hay autos en la calle para ser la madrugada del sábado. No hace frío, pero hay una brisa refrescante, perfecta para el calor de correr y saltar.

Respira profundo, se estira en su lugar. Se prepara para dejarse caer del borde, pero su cuerpo se tensa cuando escucha movimiento detrás de ella. Salta de su lugar, aterrizando en posición de ataque, encontrándose con Batgirl.

Mikasa abre la boca apenas, la tensión abandonándola, pero sin dejar la pose defensiva. Batgirl tiene un traje parecido al de Batman, pero en tonos violáceos. El mismo logo en su pecho, una capa y una máscara, que cubre sus ojos y parte de su cabeza, pero que deja libre su cabello, largo y dorado, que cae en sus hombros.

Es más baja que Mikasa. Es más delgada que Mikasa. 

Por lo poco que puede ver de su rostro, rodeando y rosado, no puede llegar a otra conclusión más que Batgirl es chica. No hay chance de que tenga más edad que Mikasa, es- es-

Es demasiado chica para hacer esto.

—¿Cuántos años tenés? —se le escapa preguntar. La otra se cruza de brazos y, si bien no puede verlo, no duda de que está frunciendo el ceño.

—¿Te importa? —devuelve molesta, después la mira de arriba abajo—, ¿y quién se supone que sos? ¿Retazos de Batman?

Mikasa frunce el ceño—, soy Sparrow.

—No pega una mierda con tu traje ese nombre.

—Ey-

—¿Qué querés? Nunca te vi en esta zona, así que supongo que me estabas buscando —interrumpe Batgirl.

Mikasa imita su gesto y se acerca a ella. Se esfuerza en imponer el respeto que, claramente, la otra no quiere darle.

—Quería saber quién sos y desde cuándo trabajás con Batman —dice mirándola desde arriba, aprovechando los centímetros de altura que le roba.

La otra bufa, dando un paso más cerca a Mikasa.

—¿Quién dijo que trabajo con él? —cuestiona como si fuera ridículo.

—Uh, ¿tu nombre?

—Bueno, no, no trabajo con Batman —replica molesta—, trabajo sola y en esta zona, así que…

Le hace gestos de echarla. Mikasa frunce el ceño.

—Ey, no podés-

—Shu, fuera, pajarito —interrumpe.

—¡Basta! —jadea Mikasa, golpeando sus manos para que deje el gesto—, no es tuya la ciudad, no podés decirme dónde puedo patrullar y dónde no, además- yo llegué antes.

—Sí, claro —bufa sarcástica—. Es la primera vez que te veo, Sparrow.

—Era Ro-

Se calla de golpe. ¿Debería decirle? Lo siente contradictorio con lo que quiere que Sparrow sea, algo totalmente ajeno a Batman. Revelar que era Robin es revelar que ya no lo es, que no trabaja con el otro. 

¿O tal vez eso es lo que quiere? Que sepan quién fue, que sepan que ya no está con el Batman.

Se vuelve a Batgirl.

—Era Robin —dice con seguridad, sus brazos cruzándose sobre su pecho otra vez—, así que, sí, sí estoy desde antes que vos.

La otra abre la boca apenas, sorprendida.

—¿Robin? —cuestiona y su rostro se contrae mientras niega apenas—, pero… Eso trae más preguntas, que respuestas- ¿por qué ya no lo sos?

—No te importa —replica veloz. No le va a decir más que eso. Regresa al borde del edificio para irse, pero se gira una última vez a mirarla—. Es peligroso esto, no deberías… No deberías hacerlo si no tenés el entrenamiento correcto.

—Voy a estar bien, me las arreglo bien —replica Batgirl y Mikasa suspira.

—Bien no es suficiente en esto.

Salta y se balancea de regreso a casa.

 

Le preocupa Batgirl. Lo piensa mientras regresa a la mansión, cuando se acuesta a dormir y cuando se despierta al día siguiente. Es demasiado chica para hacer eso y Mikasa duda de que, a esa edad, tenga el entrenamiento correcto. 

Siente que tiene que hacer algo, pero no se le ocurre qué. ¿Demostrarle lo peligroso que es? Suena demasiado agresivo. ¿Esperar a que falle? Sabe bien las consecuencias de equivocarse y no quiere que le suceda a la otra.

Comienza a investigarla. Busca en internet más noticias de ella, avistamientos en redes sociales, pero es escaso lo que hay, nada le sirve para descubrir quién es.

Ymir la descubre una tarde en la biblioteca, lugar donde se esconde cuando no está entrenando, investigando en la computadora que Levi le regaló en Navidad.

—¡Qué es esto! —jadea la menor, abriendo las puertas de par en par, mirando todos los libros—. ¿¡Por qué sigo descubriendo habitaciones nuevas!?

—Dejá de gritar —reprende Mikasa, volviendo su mirada a la pantalla. Va a tener que buscar otro escondite.

Ymir corre de un lado a otro, saca libros de los estantes, los revisa y los vuelve a meter, todo bajo la mirada juzgadora de la mayor. Su inspección dura poco minutos, hasta que se para junto a Mikasa, espiando su pantalla.

—¿Qué querés? —cuestiona cansada, entrecerrando la pantalla.

—Saber qué hacés —dice y frunce el ceño—, ¿por qué te escondés de mí? Es maleducado eso.

—Tengo que concentrarme y alguien no sabe hablar en un tono normal de voz.

—¿Qué estás haciendo? —susurra Ymir con una sonrisa, casi rogándole que le cuente.

Quiere echarla y volver a lo que hacía, pero la insistencia en los ojos de la menor le ganan. Suspira molesta.

—Estoy investigando —dice, mostrándole la pantalla. Ymir lee la escasa información—. No está trabajando con Batman.

—¿Por qué la investigás? —pregunta y después sonríe con burla—, ¿celosa de que ella pueda hacerlo y vos no?

Mikasa frunce el ceño. Cierra la computadora con más fuerza de la necesaria y se levanta.

—¡Perdón, perdón! —ríe Ymir, siguiéndola.

—Dejame de joder.

—¡Tengo otra idea! —dice, dando saltitos a su alrededor—, fijate en la compu de Levi.

Mikasa se detiene e Ymir choca contra su espalda.

—Seguro que él la notó antes que vos, ¿o no? —sigue hablando—, y, seguro, habrá querido saber quién es.

Voltea a mirar a la otra. Ymir retrocede un paso, sonriendo. Mikasa le devuelve el gesto, asintiendo despacio.

—Es una buena idea, gracias.

Reanuda los pasos hacia la baticueva, seguida de ella.

—¡Yo también quiero ver! —agrega.

 

Ymir tiene razón. Levi viene investigando a Batgirl hace meses. Eso no es sorpresa.

—¡Qué carajo!

—¿Esa no es tu amiga? —pregunta Ymir.

La sorpresa es que Historia sea Batgirl.

 

Las semanas de vacaciones se pasan veloces con los entrenamientos, prácticas de manejo, fiestas de fin de año y patrullas. Se esfuerza demasiado en que en estas últimas, Batman no la vea.

Hay algo de la situación que no termina de cerrarle. Han pasado poco más de tres meses desde que regresó a la calle como Sparrow y casi dos desde que Kenny la enganchó escapándose, pero, hasta ahora, no ha recibido ninguna represalia. Es imposible que el mayor no le haya dicho a Levi, lo cual solo la lleva a la conclusión de que él, por sorpresivo que parezca, le está permitiendo hacer esto. Se pregunta porqué no se lo dice directamente, pero no quiere arriesgarse preguntándole.

Todas estas suposiciones y sospechas se refuerzan una noche, a mediados de enero. Batman ya salió hace rato y Mikasa se está preparando para imitarlo. Tiene su traje puesto y una muda de ropa encima. Se escabulle de su habitación, pero casi choca con Kenny, al principio de las escaleras.

El mayor esconde sus manos detrás de su espalda y entorna la mirada.

—¿A dónde vas, nena?

Mikasa imita su gesto—, afuera. ¿Qué tenés ahí?

Ambos se miran por un momento, sin cambiar las expresiones, hasta que Kenny frunce el ceño.

—Vamos a tu habitación —susurra, empujándola de vuelta. Se meten y él cierra la puerta—. No quiero que Ymir…

Saca lo que tenía escondido, una caja mediana marrón. Se la da a Mikasa. Ella mira el objeto, lo mira a él, y termina tomándolo cuando el mayor insiste. Se sienta en la cama para abrirlo.

—Vos sabés que estoy en contra de todo esto —comienza Kenny con un suspiro—, no me gusta una mierda que Levi lo haga, muchísimo menos vos. Es peligroso y demasiado probable que salga mal.

Es un traje. Es negro, de cuerpo completo, con líneas rojas en los brazos que desembocan en el logo del pecho, del mismo color y bastante parecido al de Batman. También tiene una capa, amarilla por dentro, negra por fuera. 

Mikasa abre la boca. Sujeta con fuerza la prenda y mira al mayor. Kenny tiene una mueca.

—Si te pido que dejes de hacerlo —dice él—, si lo pido por favor o lo ruego o te amenazo- ¿hay alguna forma en que te lo diga para que lo dejes?

Sus cejas están entornadas, su boca es una línea. Gestos que a Mikasa no le gustan, pero que coinciden con el dolor en las palabras del mayor.

—No —murmura ella, esquivando sus ojos, sintiéndose que se hace chiquita, pero tratando de mantenerse derecha, de no decaer.

Kenny asiente. Respira profundo, se aclara la garganta y vuelve a asentir.

—Okay —dice, su tono volviendo al áspero de siempre—, entonces, tengo que asegurarme de que tengas las herramientas correctas. Está reforzado- menos horrible que esa mierda que armaste.

—¡Ey! —se queja.

—Es medio basado en el otro —sigue él, refiriéndose al diseño. Frunce la nariz—, nunca fui bueno para eso.

—No pasa nada —sonríe ella. Deja el traje en la cama y se acerca a abrazarlo, pero se detiene un segundo antes. Él la envuelve con sus brazos—. Gracias, Kenny, te juro que voy a ser cuidadosa.

—Más te vale —masculla, besando su coronilla apenas.

Se apoya con fuerza en él, trata de grabarse su olor y las caricias que le da en la espalda. Hunde su rostro en su pecho, negando suave, porque no quiere alejarse todavía. 

No quiere fijarse si él esquiva sus ojos como la otra noche. Siente que lo va a hacer. 

Y si bien la conversación fue buena, casi como una aprobación oficial del mayor, Mikasa no puede sacarse de encima la misma sensación de la otra vez, de que algo no está del todo bien.

 

Estrena su traje esa misma noche. Es muchísimo más cómodo que el que había construído, aunque no le convence la capa. Llama demasiado la atención, además de que parece no tener control, porque baila en todas las direcciones cuando salta entre los edificios.

No puede dejar de pensar en Kenny. Sus gestos, sus palabras. Sabe que hay algo que no termina descifrar en todo eso.

Porque Mikasa entiende su preocupación, también el miedo y la negación con que salga. Lo que no entiende es el dolor. No entiende porqué Kenny lo dice de esa forma, porqué sigue insistiendo, a pesar de saber la respuesta. 

Se desliza por un techo, esquivando sogas con ropa húmeda, y salta en el borde, pero no lo logra. La capa se engancha, la hace jadear y cae de espaldas al suelo.

—La puta madre —masculla, tratando de arrancársela. Está demasiado bien cosida.

—¿Necesitás ayuda?

Su cabeza gira veloz, casi provocándole un tirón por el movimiento. Por un segundo, piensa que es Batman, que, por desgracia, decidió enfrentarla en el traje, pero al toque se da cuenta de que es una voz femenina- bastante aguda, ya que estamos.

Batgirl está parada a pocos metros de ella. Está cruzada de brazos y sonríe con burla, de seguro porque la vio enredarse y caer. Mikasa frunce el ceño.

—¿Podés cortarla? —pide apenas mientras se levanta. Se acerca a la otra, que saca algo parecido a un batarang. Batgirl se para detrás suyo y Mikasa escucha cómo se corta la tela.

—¿Te cansaste de ser Retazos de Batman?

—Soy Sparrow —gruñe ella.

—Sigue sin pegar con el traje.

Batgirl termina y Mikasa se siente de inmediato más liviana. Le agradece, girándose a ella, y la encuentra cruzada de brazos.

—¿A qué viniste ahora? —cuestiona Batgirl. Mikasa jadea, fingiendo indignación, pero la otra no le cree—, espero que sea importante. Interesante, al menos.

Considera mentirle. Alguna excusa que oculte sus verdaderas intenciones de porqué volvió a buscarla.

Batgirl cambia de peso en sus piernas, la mira expectante. Mikasa suspira.

—¿Qué mierda hacés? —murmura la rubia, frunciendo el ceño y retrocediendo un paso. 

Mikasa mira su antifaz, juega apenas con él con sus dedos, hasta que decide volver a mirarla.

—Somos amigas, ¿no? —dice con una sonrisa suave y un poquito de duda. Batgirl frunce el ceño, quitándose la máscara también.

—¿Cómo supiste que soy yo? —se queja. Mikasa resopla apenas y camina hacia el borde del edificio para sentarse. Historia la sigue—, y que conste, sabía de vos desde antes.

—Claro que no —bufa.

—Claro que sí —replica con una sonrisa de triunfo—, ¿te acordás esa vez que te peleaste con Levi y fuiste a mi casa como a las once de la noche? Bueno, tenías el casco de la moto- exactamente el mismo que usaba Robin.

Mikasa lo piensa un momento. Frunce el ceño.

—Mierda —murmura.

—Además, el otro día que dijiste que antes eras Robin-

—Sí, sí, bueno, tenés razón —corta—. ¿Desde cuándo estás haciendo esto?

Historia se encoge de hombros. Se reclina hacia atrás, apoyándose en sus manos.

—¿Algunos meses? Hacía frío todavía —dice despreocupada, como si su primer día como vigilante fuera fácil de olvidar. Mira a la otra de reojo—, ¿por qué dejaste de ser Robin?

—Me lo quitó —confiesa—. Le- Batman no quería-

—¿Vamos a fingir que no es obvio que Levi es Batman? —interrumpe Historia. Tiene que darle la razón.

—Me hirieron —sigue hablando—. Tuve una misión… difícil cuando él había desaparecido. Y creí que estaba bien, que no me afectaría eso, pero después lo recordé en un momento inadecuado y… me equivoqué. Y me dispararon. Y Levi me lo sacó.

—¿Te-? —Historia gira veloz, urgente—, ¿te dispararon? Mikasa, qué carajo- ¡por eso faltaste a la escuela tanto!

—No fue…

¿No fue qué? ¿Nada? Porque no se necesita ser muy brillante para darse cuenta de que sí es grave.

—Ya pasó —dice, en cambio—. Me recuperé, no tengo secuelas, puedo volver.

—¿Querés volver? —cuestiona Historia con una mueca. Ella frunce el ceño y la otra niega apenas—, lo veo siempre con papá; policías a los que les disparan y dejan su trabajo… Es normal no querer volver a hacerlo.

—Sí quiero —replica Mikasa—, por supuesto que quiero, por eso estoy acá.

—Pero Levi no quería —ella niega—, capaz tiene miedo de que te vuelva a pasar.

No le agrada este tema de conversación. Esas cosas, el disparo, Gross, Robin- todo quedó atrás. No es necesario que siga pensándolo.

—¿Por qué decidiste hacerlo vos? —pregunta Mikasa y luego enarca una ceja—, ¿y por qué sos rubia ahora?

—¿Me queda mal? —pregunta casi preocupada—, creo que casi parezco natural.

—Y… No sé, yo ya sé que no lo sos —dice—, pero me interesa más lo otro.

Historia abraza sus piernas, respirando profundo.

—¿Capaz porque vos no estabas? —comienza con una mueca—, capaz porque mi papá es policía, capaz porque… tiene sentido, ¿no?

No, piensa Mikasa.

—Hay muchas cosas mal en esta ciudad —sigue Historia—. Me acuerdo, cuando éramos chicas, mi papá casi no estaba en casa. Siempre estaba investigando casos o, no sé, haciendo cosas de policía. Todos los putos días. Pero, después de que apareció Batman, él empezó a tener más tiempo libre.

Hace una pausa, se desliza un mechón de cabello, que Mikasa sospecha que está planchado, detrás de la oreja.

—Creí que era porque lo habían ascendido —dice la rubia—, pero después me di cuenta de que es porque las cosas ya no están tan mal —voltea a Mikasa, sonriendo apenas y encogiéndose de hombros—. Si Batman puede hacerlo, si vos pudiste hacerlo, ¿por qué yo no?

—Pero no-

—Ustedes no dan abasto a toda la ciudad y yo- la verdad, no creo que haga un gran cambio, pero sí uno chiquito, al menos.

—Pero no tenés experiencia —replica Mikasa. La otra frunce el ceño—. Levi tiene años de preparación, yo también, vos…

—¿Viniste-? —Historia se interrumpe, no cabiendo en su incredulidad. Jadea y frunce el rostro—, ¿viniste a decirme que lo deje?

—Pues-

—¡Me estás jodiendo! —exclama enojada—. ¡Meses te escuché quejarte de esto sin saber de qué mierda hablabas! ¿¡Y ahora me hacés lo mismo!?

—¿Qué tiene que ver lo que te conté antes? —cuestiona—. ¡Es diferente!

—¡Todas tus peleas con Levi tienen sentido ahora! —replica Historia—. Dale, Mikasa, no soy estúpida y puedo leer entre líneas, es obvio que estás enojada con él porque te lo prohibió.

—Bueno, sí —concede—, obvio que estoy enojada, pero eso no tiene nada que ver con vos. No tenés preparación-

—Porque no quisiste enseñarme —acusa.

—Por supuesto que no quería.

—¿Y entonces cómo podés pensar que podés decirme que deje de hacerlo, eh?—cuestiona enojada.

—¡Ni siquiera sabés en qué te metés! —devuelve en el mismo tono. Mikasa niega con fuerza, tratando de encontrarle sentido, pero termina negando otra vez, mirándola—. Historia, no tenés idea de lo difícil que es- lo peligroso, lo feo que se puede poner- ¿por qué mierda querría esa responsabilidad?

—¿¡Responsabilidad de qué!? —grita.

Siente algo parecido a que esto ya pasó.

Voltea al frente, todavía negando. Historia se queda un momento mirándola, esperando una respuesta o lo que sea, pero es ignorada. Suspira y se levanta de su lugar.

—No soy tu responsabilidad, no soy- Batgirl no es nada tuyo —dice ella. Se levanta de su lugar, sin mirarla—. Gracias por tu… ¿preocupación? O lo que sea que eso haya sido, pero esto es decisión mía y no tenés ningún lugar para decirme qué hacer.

Se acomoda la máscara y luego saca una pistola de gatillo de su cinturón. Mikasa voltea, pensando en decir algo más, pero nada bueno se le ocurre. Batgirl niega y resopla, luego desaparece en la noche. 

Mikasa se queda un ratito más.

 

Hay algo que no está bien. Las reacciones de Kenny no están bien, la discusión con Historia tampoco. Sparrow todavía sigue sin sonar bien.

La conexión entre todas esas cosas es Mikasa. Algo no está haciendo bien.

La verdad es que creyó que sería tan simple como ponerse un disfraz y salir a atrapar malos. No es así.

Le da vueltas a la pelea con Historia varias veces, pero es recién en la quinta vez que se la repite, que se da cuenta. No estuvo bien lo que le dijo. Sin querer, terminó haciéndole exactamente lo mismo que los mayores le hicieron a ella: dudar de sus decisiones. Historia conoce el riesgo y lo decide consciente. Tiene razón en que Mikasa no es nadie para juzgarla.

Kenny y Levi sí son alguien para hacerlo. Y luego de que pasaron meses, incontables peleas e interminables horas de pensarlo, Mikasa llega a la conclusión de que no quieren la responsabilidad. 

Ya comprendió que no se trata de confianza, ninguno de ellos duda en que es buena, pero lo que les pesa- la verdadera traba que le ponen a Mikasa es el ¿y si?

¿Y si le vuelven a disparar? ¿Y si la hieren? ¿Y si la matan?

La van a llorar, la van a extrañar; la van a recordar por el resto de sus vidas, pero el primer pensamiento no va a ser un recuerdo lindo con ella, sino la culpa de que no lo evitaron. 

No es perfecta. No está segura de poder evitar que eso pase.

 

¿Está haciendo lo correcto? ¿De verdad es lo que quiere? Se equivoca muchísimo, tal vez no a la hora de atrapar criminales, pero sí con las personas que quiere. 

Las pocas veces que se cruza con Kenny cuando está por salir, él la esquiva. No la despide o la acompaña a la puerta o lo que sea. La evita y finge que no la vio irse. ¿Va a ser así siempre? No le gusta que actúe de esa manera.

Historia no responde sus mensajes. Debe seguir enojada. ¿Así se sintió Levi cuando le hizo la ley del hielo?

Levi. Hace ya varios días que no están practicando con el auto, pero Mikasa no quiere mencionarlo. Un sentimiento que no puede identificar se aloja en la boca de su estómago ante la idea de estar sola con él. 

Se pregunta porqué no dice nada. Bueno, malo, lo que sea, pero- algo. Siente que ignora su existencia a propósito, como si no estuviera ahí. Debería aprovechar eso, la tranquilidad que trae el no estar bajo su vigilancia. No quiere que le saque el nuevo traje. No quiere que también se lo prohíba. Pero tampoco quiere que la ignore.

Ya ni sabe qué quiere, de Levi, de los demás, de ella misma.

Siente que esta idea, que en un principio le pareció brillante, ahora es una de mierda. ¿Para qué lo hace, después de todo? ¿Porque puede? ¿Porque es buena?

¿Es esa razón suficiente?

En realidad, ¿quiere hacerlo?

 

El cumpleaños de Kenny llega. Ymir la despierta temprano, casi dos horas después de que llegó, para que la ayude a prepararle el desayuno al mayor.

—Estamos en vacaciones —gruñe Mikasa y la otra abre las cortinas—. Decile a Levi.

—¿Te parece que sabe cocinar? 

—¿Te parece que yo sí?

—¡Dale, ya estás despierta! —insiste Ymir, saltando en su cama—, además, lo prometiste.

Su primer impulso es decir que es mentira, pero luego recuerda la noche anterior, cuando estaban levantando la mesa. Ymir la había hecho prometerlo.

—La puta madre…

Se arrastra fuera de la cama y sigue a la otra hacia la cocina, tratando de seguirle el ritmo a la cascada de palabras que suelta.

Cascada que se seca en cuanto entran a la cocina y ven a Kenny leyendo el diario, tomando café.

—¿Me levanté para nada? —se queja ella.

—¡Feliz cumpleaños! —grita Ymir, corriendo al mayor y quitándole el aire de los pulmones con un abrazo—. ¡Iba a hacerte el desayuno!

—Nunca vas a poder despertarte antes que yo, nena —ríe él, acariciando su espalda—, y gracias.

—Feliz cumpleaños —murmura Mikasa, también abrazándolo y agregando un bostezo a su saludo.

—Gracias, nena, podés volver a dormir.

Ella está a punto de escaparse, pero Ymir se interpone.

—¡No seas así! —reprende con el ceño fruncido—. Vamos a desayunar juntos.

No quiere, pero termina haciéndole caso. Kenny trata de reanudar su lectura del periódico, pero como Ymir no se calla un segundo, se le hace un posible. Termina dejándolo a un costado.

Mikasa trata de seguirles el hilo, pero le es medio imposible con sus pocas horas de sueño. Sus ojos divagan en la mesa hasta que caen en el diario, encontrándose con un artículo de Erwin Smith. Con todo el tema de que es Superman y el ex de Levi, medio que se olvidó de que también es periodista.

Toma el objeto y comienza a leer. Narraciones de Superman, parte dos es el título. Eso le llama más la atención todavía.

Otra vez más me encuentro con Superman, nuestro héroe, a veces local, a veces nacional, pero en esta ocasión es para que nos cuente un poquito más de dónde viene. En esta edición, decidió contarnos sobre Nightwing, un héroe de Krypton.

La introducción está escrita por Erwin y el resto del artículo, supone ella, es una transcripción de lo que Superman le “haya contado”. Suena poco ético hacer algo así.

La otra vez hablamos de Flamebird, un héroe que protegía Krypton en el día. Ahora le toca a Nightwing, su contraparte nocturna.

Nightwing es una persona normal, común y corriente. Tiene su vida, sus responsabilidades, alegrías y tristezas, todo durante el día. Pero cuando el sol se oculta y Flamebird regresa a su escondite, es su turno de salir y proteger la ciudad. Ni un minuto antes, ni uno después. 

Ellos no pueden trabajar juntos. Son contrarios.

Flamebird, como recordarán del artículo anterior, representaba el miedo y el control en Krypton. Era disciplina, castigo, algo necesario a los ojos de la sociedad. 

Para Nightwing es excesivo, aunque imposible de evitar. Cada uno tiene su lugar y su rol, un acuerdo de siglos. No puede cambiarlo.

Nightwing no tiene nada. Nunca tuvo maestro, no tiene el apoyo de las autoridades. Lo único que tiene es a la gente. Para ellos, él representa libertad y justicia, sus acciones siempre guiadas por su corazón. Nightwing no castiga al malo, él ayuda al desgraciado.

Eso es lo que se repite cuando sale en cada ocaso. Es su misión-

—¡Cuidado, nena! —jadea Kenny, trayéndola de vuelta. Ymir acaba de volcar un vaso de jugo. 

La reacción más veloz de Mikasa es usar el diario para secar. Hace mueca mientras observa cómo el líquido se absorbe, porque no terminó de leer.

 

Por la tarde, decide entrenar un rato. Nightwing sigue en sus pensamientos. Le gustó esa historia o leyenda o lo que sea que fuera. 

Le gustó mucho.

Le hace pensar en ella misma, en lo que le gustaría ser. No quiere estar bajo el control de Batman y sus decisiones, ella quiere ayudar a su manera, seguir su corazón. Como Nightwing.

El nombre también suena bien, mucho mejor que Sparrow.

 

Su cumpleaños número quince llega. Va al cine con Historia y Sasha, que está de visita por esa semana. Aprovecha para preguntarle qué tanto hace en esa escuela de arquería y porqué pasa todo el verano ahí. Nota que ella se incomoda un poco con el tema e incluso la esquiva, respondiendo con evasivas. Mira a Historia, buscando alguna reacción que le dé contexto, pero la otra la ignora. Sigue enojada.

La salida resulta rara, tanto que, por comparación, termina divirtiéndose en casa. 

Kenny le regala ropa decente, cosas que de verdad podría usar y no prendas de vieja, todo elegido por Ymir. Le sorprende, pero lo agradece. Levi le compra un celular nuevo, último modelo, y un nuevo juego de palos de Eskrima.

—Noté que los viejos están… hechos mierda, la verdad —dice apenas.

—Gracias —sonríe suave. No está segura de si debería decir algo más.

—Estaba pensando —agrega él. Mikasa nota que está un poquito incómodo, como si dudara de seguir hablando—, podrías estrenarlos más tarde, uh, practicando. Conmigo.

Su estómago cosquillea, pero no es agradable. Es un poco de ansiedad mezclada con angustia. Todavía no quiere quedarse sola con él y arriesgarse a que hable.

—Capaz mañana —dice—, estoy cansada, salí con mis amigas…

—Sí, sí, obvio —responde veloz, restándole importancia—, cuando quieras, entonces.

—De verdad me gustaron —agrega Mikasa.

—Me alegro —sonríe el mayor, pero no parece genuino. Le parece que está decepcionado.

Da un paso hacia él, tiene la intención de abrazarlo, pero Levi se escapa, tal vez sin darse cuenta. Se gira a la vez que ella se acerca, volteando a Ymir, que pelea con Kenny.

—¡Nadie te va a comprar un celular! —exclama él—, ¡sos demasiado chica para esa mierda! 

—¡Pero le regalaron a Mikasa!

—¡Porque cumplió quince!

—¡Pero ya tenía antes!

Se sirve una porción de torta y observa a los tres discutir.

Si ella quisiera ser Nightwing, ¿quién sería Flamebird? La pregunta es tonta, porque le parece más que claro que Levi lo sería. Es quien brilla, quien es visto por todos, enfocado por la luz figurativa y literal del reflector del Comisionado, porque solo sale de noche.

Levi es disciplina, miedo y control. Eso es seguro. 

Entonces, ¿puede ser ella libertad y justicia?

 

El doceavo cumpleaños de Ymir llega una semana después. Levi le compra una Nintendo y una tablet, aunque esa se la da a escondidas de Kenny. El otro le regala ropa, pero elegida por Mikasa. Espera que se vuelva un hábito el preguntarles a ellas qué regalarle a la otra, porque prefiere mil veces el gusto de Ymir, al de Kenny.

—¡Me encanta! —jadea la menor, inspeccionando las prendas. Mikasa sospecha que ella también prefiere su gusto.

Es agradable el cumpleaños. Luego de cenar, conectan la Nintendo a la televisión y juega con Ymir un rato, es… agradable. Se divierte. 

Nunca consideró que le dejaría de molestar su presencia o que, incluso, le caería bien, pero es así. Mikasa la siente parte de su familia, tanto como a los mayores, y eso la lleva a preguntarse qué pasará con ella. Han pasado alrededor de ocho meses desde que vive con ellos y sabe que, en un principio, Levi estaba buscando a sus familiares.

Espera que no haya encontrado a nadie. 

Es pasada medianoche. Sabe que Batman salió hace un rato largo y a ella también le gustaría hacerlo. 

Ymir bosteza por tercera vez.

—Andá a dormir —dice Mikasa, apagando su control.

—¡No estoy cansada!

—Te estás cayendo del sueño —replica, quitándole su control y apagando la consola—. Mañana podés seguir jugando.

—Pero quiero jugar con vos —murmura Ymir. Mikasa la mira, encontrando una expresión molesta, aunque debe ser para ocultar su vergüenza—. Nunca querés hacer nada conmigo y- y mañana seguro ya no querés jugar.

—Sí lo voy a hacer.

—Es mentira.

—Te lo juro —insiste. 

Ymir no le cree, pero no sigue discutiendo. Se despide y se va a acostar. Mikasa no puede creer la culpa que siente. ¿Tan mala está siendo con ella? Mañana va a jugar todo el día.

Se dirige a su habitación para ponerse el traje.

Bueno, no todo el día. Algunas horas. Hasta que se ponga insoportable.

Termina de prepararse y sale por su ventana, directo hacia la motocicleta.

 

Su patrulla comienza normal, como las últimas veces. Encuentra, en un callejón, la usual venta de drogas. 

Lo único diferente es que, cuando va a frustrarla, Batgirl aparece, deteniéndola.

—Esta no es tu zona —dice y la rubia bufa.

—¿Ahora te importa eso, Sparrow? —cuestiona.

—Es- es Nightwing ahora —corrige. 

Batgirl la mira arriba abajo y hace un gesto de más o menos. Nightwing frunce el ceño.

—¿Qué?

—Ese nombre pega mejor.

—No necesito tu aprobación, ¿okay? —replica molesta y regresa la mirada al grupo del callejón—, ¿por qué los estás vigilando?

—Quiero llegar a su centro de distribución. Vengo siguiéndolos hace semanas.

—¿Cómo sabés-?

—Mi papá —explica y sonríe—, puede ser que haya estado revisando algunos de sus casos.

Resopla una risita. El grupo se separa, cada uno yendo en una dirección distinta. Batgirl señala a uno, al que tienen que seguir, pero antes de que ella regrese a la terraza para seguirlo en altura, Nightwing la detiene. 

Lo siguen en la motocicleta.

Terminan en una casa vieja, abandonada, a varias calles del primer punto. El plan de Batgirl es meterse, destruir la mercancía, reducir a los presentes y llamar a la policía. No suena mal, es lo mismo que ella haría.

Ingresan por una ventana del piso superior. Nightwing tiene un cosquilleo en su panza, una desconfianza natural que le sale cuando trabaja con alguien que no sea Batman. Le es difícil confiar, todavía más cuando sabe que la otra no tiene su mismo entrenamiento, pero no encuentra un argumento para decirlo. Batgirl se mueve con confianza, capaz demasiada, pero no le parece que cometa errores.

La planta superior de la casa está vacía. La utilizan como una suerte de depósito. Nightwing inspecciona las cosas de ahí, porque no solo es droga. Hay cajas cerradas con etiquetas que reconoce como usuales tapaderas para tráfico.

Se acuerda de Gross. Se acuerda que no tiene que equivocarse.

Se acuerda de las palabras de Kenny, de que si algo es demasiado para ella, que se retire.

—His- Batgirl —llama en un susurro. La otra la mira—, esto es tráfico, creo… Creo que es demasiado para nosotras.

—No digas boludeces —replica y se dirige a las escalares—, si tenés miedo, podés irte.

—No tengo- —ella comienza a bajar y Nightwing la sigue.

Al pie de las escaleras está el hombre que siguieron, hablando por teléfono. Está de espaldas y no ve a Batgirl cuando se abalanza, tirándolo al suelo. Nightwing se sorprende de verla actuar con velocidad, de reducirlo casi tan bien cómo ella haría. Se pregunta cuándo lo aprendió.

—¡Cuidado! —exclama Nightwing, saltando sobre la baranda de la escalera y dándole una patada a otro que llegaba—. ¡Siempre tenés que estar atenta por si viene alguien más!

—Pero estás vos —es la respuesta que recibe.

La pelea es corta, a pesar de que aparecen dos hombres más. Nightwing descubre que no son competencia porque Batgirl es casi tan buena como ella.

—¡Fue fácil! —sonríe la rubia. Los cuatro hombres están atados en el suelo—, ahora, solo tenemos que llamar a la policía.

—No —replica Nightwing—, primero revisás si queda alguien más.

—Ah —suelta y sonríe en broma—. Qué, ¿experiencia personal?

Frunce el ceño o tal vez hace una expresión peor, porque la sonrisa de Batgirl se borra, a la vez que se apresura a revisar el resto de la planta, dejándola sola. Ella aprovecha para revisar a los hombres para ver que no tengan nada peligroso con ellos.

—¡Está vacío! —dice Batgirl desde algún lugar de la casa.

Uno de los hombres está despertando mientras ella los revisa. Se sacude con fuerza, tratando de librarse, pero Nightwing lo ignora.

Hasta que escucha un click.

Voltea veloz a mirarlo, encontrando que él esquiva su rostro, y se acerca, pero cada paso suyo es acompañado de un tic.

—¿¡Dónde está!? —jadea ella, tomándolo del cuello de la ropa y sacudiéndolo.

—Andate a la mierda —replica.

—La puta madre- ¡Batgirl! —exclama, escuchando cada tic con claridad—. ¡Batgirl!

—¿Qué, qué pasa? —aparece desde la cocina y Nightwing sujeta su mano, arrastrándola fuera—. ¡Qué pasa!

—¡Hay una puta bo-!

La casa explota, interrumpiéndola. Ambas salen despedidas por la puerta principal. Nightwing, todavía aferrada a su mano, tira de Batgirl, protegiéndola con su cuerpo. Caen a algunos metros, en la vereda.

—La puta madre… —murmura y Batgirl se incorpora de inmediato.

—¿¡Por qué hiciste eso!? —grita con voz aguda—, ¿¡estás bien!?

—Dejá de gritar —dice, sentándose despacio. La cabeza le da vueltas y sus oídos zumban. Trata de mover su cuerpo, lo recorre con sus manos. Nada roto, ni sangre. Trata de enfocar sus ojos en la otra—, ¿estás-?

—La puta madre, Mikasa —jadea—, sí, sí- estoy bien, ¿vos? 

—Sí. Creo.

Batgirl la mira por largos segundos, hasta que suelta una carcajada.

—¡La puta madre! —repite, dejando caer su cabeza en el hombro de la otra—. La puta madre, están muertos- ¿fue nuestra culpa?

—Uno de ellos activó el detonador —niega, acariciando apenas su espalda—, seguro ya lo tenían planeado. Debe ser algo peor lo que hacían en realidad.

Batgirl respira profundo y se levanta, luego le da su mano a la otra. Todo le da vueltas a Nightwing cuando se pone de pie.

—Voy a llevarte a la mansión.

—No es neces-

—No te pregunté —interrumpe.

—¿Sabés manejar la moto? —cuestiona Nightwing, pasando un brazo sobre los hombros de la otra, comenzando a caminar.

—No.

—Uh.

—¿Qué tan difícil puede ser?

—Kenny dice que es como andar en bici —ofrece y Batgirl frunce la nariz.

—¿Lo es?

—Ni idea, no sé andar.

 

Logran llegar. Nightwing maneja y Batgirl va detrás, asegurándose de que lo haga derecho. Ingresan a la mansión por la entrada de baticueva porque, a esta altura y con el dolor que siente en su cuerpo, le importa poco lo que Levi vaya a decir.

Batgirl inspecciona cada detalle con la boca abierta. Frunce el ceño.

—Son raros los millonarios —suelta y ayuda a Nightwing a bajar del vehículo—. ¿A dónde te llevo?

—Arriba —hace un gesto hacia las escaleras.

—Por otro lado, viendo que tenés todo esto, podrías invitarme a practicar con vos, ¿no te parece? —dice Batgirl y la otra frunce el ceño—, ¿o seguís negada en que no me vas a enseñar nada?

—Tenés bastante para aprender —replica—, empezando por no confiarte. 

—No estaba confiada —niega veloz, comenzando a subir las escaleras.

—Sí lo estabas. No hay nada más peligroso que tener demasiada confianza.

—Uh, ¿sí? Sí hay cosas más peligrosas. Un arma, por ejemplo.

—No- —Nightwing suspira y abre la puerta—, no me estás entendiendo.

La mansión está silenciosa, tal como ella esperaría a las cuatro de la mañana.

—Algo así dijo Levi —sigue hablando, guiando a la otra en la oscuridad hacia su habitación—, y no me acuerdo qué fue, pero tiene razón. No tenés que confiarte.

—Ah, ahora sí escuchás a Levi.

—Siempre lo escucho —replica—, solo que no le doy bo-

Dan un paso en la sala y Nightwing se calla veloz. Sus ojos están fijos en Ymir, en el sillón, con la Nintendo en sus manos. Las dos fruncen el ceño.

—Deberías estar durmiendo.

—¡Estás saliendo! —acusa la menor—, ¡por eso siempre tenés sueño!

Se levanta de un salto del sofá, con intención de seguir discutiendo, pero cuando está delante de las otras, nota que Nightwing está todavía apoyada en Batgirl.

—¿Qué te pasó? —cuestiona Ymir en un tono nuevo—, ¿te dispararon otra vez?

—No —niega ella—, solo fue una explosión.

—¿¡Qué!? —jadea.

—¡Shh! —le tapa la boca—, haceme, uh, haceme un favor, fijate en el botiquín de la baticueva y traeme unas pastillas.

Le sorprende la diligencia de Ymir. Escucha con atención, repite los nombres para estar segura y después corre al sótano. Ellas reanudan el paso.

Cuando llegan a su habitación, se quitan las máscaras. Le causa un poquito de gracia el ver cómo a Historia le queda todo el cabello pegado a la cabeza y algunas marcas en la frente, pero decide no mencionarlo.

Ymir las alcanza poco después, trayendo un pack de gel y un vaso de agua, además de las pastillas.

—¡Quiero saber todo! —dice en un susurro animado, mientras sus ojos saltan entre las dos, pero quedándose en Mikasa.

—No sé si deba… —comienza ella con duda.

—¡Hubo un explosión! —dice Historia, un tono parecido al de la menor—. Pero, no empezó ahí. Estaba este grupo criminal que vengo siguiendo hace algunas semanas…

Se mantiene en silencio mientras ella narra. Toma las pastillas, el agua y se coloca el pack en la muñeca, que comenzó a dolerle hace un rato. Debió habérsela doblado cuando cayeron al suelo. 

Observa cómo habla Historia. Demasiado animada, demasiado orgullosa, pero no le parece malo. Sí le preocupó su confianza, pero ya se dio cuenta de que es hipócrita culparla por errores que ella misma cometió. Ya se lo mencionó, considera que es suficiente para que aprenda.

Luego, sus ojos caen en Ymir y se mantienen con una atención curiosa. Cómo mira a la rubia por escasos segundos antes de voltear, mirando sus manos o a cualquier otro lugar. Nota un dejo de- ¿incomodidad? No le parece así, pero algo cercano. Eso es raro.

El cielo comienza a aclararse y Mikasa bosteza. 

—Tenés que irte —interrumpe la conversación, mirando a Historia—, es tarde.

—Técnicamente, es temprano —corrige e Ymir suelta una risita—, pero sí, ya me voy.

—¿Vas a volver? —pregunta la menor, mirando a Historia. Mikasa enarca una ceja e Ymir juega con sus dedos—, digo… uh, son- son amigas, ¿no? Pero nunca visitás a Mikasa.

—Mikasa no me invita —responde.

—Sí, bueno, sos una amiga medio chota.

—Seguro regrese —concluye Historia, sonriéndole a la menor. Ymir sonríe también, pero vuelve a esquivar su mirada. 

Ella salta por la ventana de la habitación, dejándolas solas. Mikasa respira profundo, todavía sintiendo su cuerpo tieso con dolor. 

Ymir sigue en su habitación.

—¿Te vas a ir a dormir o qué? 

—Le voy a decir a Kenny y a Levi que saliste —dice con una sonrisa. Mikasa frunce el ceño.

—Te felicito, ya saben —murmura irónica, molesta por la amenaza.

—Les voy a decir que te lastimaste —agrega y se cruza de brazos, sonriendo con triunfo—, además de la explosión, de la persecución, la parte del tráfico-

—Okay, ¿qué mierda querés? —replica mirándola ceñuda. Ymir tiene más que satisfacción en sus ojos, porque Mikasa cayó justo donde ella quería.

—Quiero que me entrenes —dice firme—, que me enseñes a pelear, esquivar, saltar- todo lo que hacés.

—Ymir-

—Es solo eso —agrega veloz—, no te voy a pedir que me lleves con vos, ni nada más. Solo quiero aprender.

No debería decirle que sí, porque sabe que este es el primer paso. Mikasa lo piensa y lo analiza. Si Ymir quiere salir, si quiere hacer esto también, va a hacerlo, sin importar que le digan que no o que no tenga entrenamiento. Considera que eso es muchísimo más peligroso. No quiere que le pase nada.

—Vas a tener que hacerme caso —dice Mikasa—, todo lo que diga, lo tenés que hacer, sin quejarte, ni cuestionar.

La sonrisa de Ymir es tan grande cuando asiente, que casi no cabe en su rostro.

 

Comienza enseñándole lo básico- al menos lo que ella considera que lo es: esquivar y reducir. Le cuesta bastante a Ymir. 

Practican en la tarde, después de almorzar y antes de que Levi regrese de la oficina. Quiere evitar el mayor tiempo posible que los mayores sepan qué están haciendo. Supone que van a castigarlas y prohibírselo.

Alrededor de una hora después de empezar los entrenamientos, Ymir siempre se frustra e insiste en pasar a otra cosa. Hacen combate cuerpo a cuerpo y a Mikasa le sorprende que ella sea mucho mejor en eso. Aprende rápido, capta sus patrones con velocidad y trata de atacarla, pero le falta técnica y práctica, por lo que nunca logra acertar un golpe. Eso también la frustra.

Mikasa tenía muy bajas expectativas en estos entrenamientos. Su primer pensamiento en cuanto a cómo saldría es que Ymir no le haría caso, se enojaría y terminarían peleando, pero después de un mes, tiene que reconocer que no está tan mal. Se da cuenta de que la menor se muerde la lengua para no putearla o discutir cuando declara el entrenamiento como finalizado, solo termina asintiendo.

Se pregunta si Ymir tiene una razón para todo esto. Un capricho no te da la disciplina que está viendo en ella.

 

Historia la llama un día. No se habían vuelto a cruzar en patrullas desde la noche de la explosión y ella seguía sin responder sus mensajes, aunque Mikasa sospecha que es porque ya pasó demasiado tiempo. No le parece que siga enojada.

La llamada es en la tarde, mientras entrena con Ymir. Se toman un descanso.

—Hay un caso importante —dice con urgencia y, tal vez, ansiedad—, vi los expedientes de mi papá y sé que Batman va a ir.

—¿Okay? ¿Y?

—Hay que ir.

—Historia, no sé si…

—Es importante —insiste—, estoy casi segura de que lo es y que va a necesitar ayuda. Mi papá viene preparando esto hace semanas y, cuando lo hace, es porque es pesado o es mucha gente. Batman va a necesitar ayuda.

No le convence la idea de trabajar con él. Es casi la razón por la que ahora es Nightwing, pero esta información le provoca un cosquilleo de inseguridad en el estómago. 

—Voy a revisar la computadora —dice Mikasa, yendo a la misma bajo la mirada curiosa de Ymir—, dame algunos detalles.

Pone la llamada en altavoz y comienza a teclear, buscando algunos nombres que Historia leyó en el expediente. No tarda mucho en encontrar la investigación de Levi, con muchísimos más detalles, ubicaciones e involucrados. Entre esas cosas relevantes, también hay unos archivos con notas, específicamente una que dice ¿sin querer o planeado?

Mikasa frunce el ceño, porque cuando abre el video a la que se refiere, encuentra la grabación de la explosión de hace pocas semanas. 

Esto responde una de sus dudas, que no es duda en sí. Levi sí está al tanto de lo que hace. Hace una nota mental de revisar más tarde desde cuándo lo sabe.

—Tengo la información —dice Mikasa hacia el teléfono—. Tenemos que prepararnos.

 

El caso es importante. Por un lado, por lo peligroso; es un grupo que lleva moviéndose meses y el hombre que Batgirl seguía la otra vez era un solo eslabón de algo mayor, al igual que lo que habían descubierto en la casa. Trafican armas y drogas, tal vez más cosas, pero eso es todo lo que Mikasa vio que Batman descubrió. Es más que suficiente para desbaratarlo y llevarlos presos.

Por otro lado, también es importante porque les va a dar credibilidad, a ella y a Batgirl. Considera que se la merecen.

Desde esa ocasión en Robin había visitado al Comisionado, cuando Batman estaba desaparecido, Mikasa no ha vuelto a acercarse, ni siquiera como Nightwing. No le había agradado la mirada desestimadora y casi burlona del mayor, como si ella no fuera competente. 

Pero esto cambia las cosas. Este caso debería decirles fuerte y claro a los mayores que ellas pueden hacer lo mismo que ellos, que son confiables. Ellas también pueden ser justicia.

La noche cae y Levi desparece después de cenar. Mikasa cuenta los minutos antes de imitarlo.

—¿Vas a ir entonces? —pregunta Ymir en un susurro. Están terminando de levantar la mesa.

Su primer impulso es decirle que no va a acompañarla, pero se detiene. La mira apenas, encontrando que sus ojos grises la esquivan. 

—Sí.

—Ah.

Ymir comienza a lavar en un inusual silencio, demasiado sospechoso. Mikasa entorna la mirada.

—¿Qué? —cuestiona y la menor la mira de reojo, encogiendo un hombro—, dale, Ymir, sé que querés decir algo.

—Nada —responde molesta, lavando con más fuerza—. ¿Qué vas a hacer cuando Levi te vea?

Mikasa recibe el plato, secándolo.

—Nada. Él sabe porqué lo hago y, si trata de detenerme otra vez, no va a servir de nada.

Lo dice con confianza, pero en su panza siente que es mentira.

Ymir asiente sin responder. Termina de lavar y mira a la mayor.

—Yo termino —murmura, esquivándola otra vez. 

Se dirige a la mesa, recogiendo lo queda, seguida de Mikasa. Sus ojos al fin se encuentran cuando Ymir va a volver a la cocina, algunas cosas restantes en sus manos. Tiene una mueca y murmura algo.

—¿Eh?

—Que no te lastimen, dije —repite frunciendo el ceño—. O sea, que no te peguen o, no sé, no te rompas nada. No atrapes golpes con la cara.

Mikasa resopla. No está segura de si es diversión o algo más, pero siente algo cálido dentro.

—Sí, bueno, no soy yo la que no sabe esquivar —replica con burla e Ymir bufa.

—Seguís siendo la que más disparos tiene.

Jadea apenas mientras la ve irse. Mikasa niega, pero no puede enojarse. 

Tiene razón, piensa a la vez que se dirige a cambiarse.

 

No planearon en detalle cómo se unirían a la misión. Supone que la mejor estrategia es meterse en el medio, así Batman no tiene opción más que aceptarlo.

Espera que lo acepte.

Deja la motocicleta estacionada en un callejón cercano y luego utiliza la pistola de gatillo para trepar entre los edificios. Supone que Batgirl ya debe estar ahí, esperándola.

El plan de Batman debe ser el mismo de siempre, observar a una distancia prudente antes de caer y empezar a repartir golpes. Probablemente ya comenzó. Debería apurarse.

Está por llegar al punto de encuentro, cuando ve movimientos raros. Se detiene un segundo en una terraza, mirando hacia abajo. En la calle, bajo un farol, hay tres hombres. Nightwing interpreta la situación de inmediato, le están robando.

Sabe que tiene que ir, que tiene que evitarlo. Pero ya se le hizo tarde.

Sigue de largo. Corre un poco más rápido de lo necesario y salta, balanceándose otra vez. Es solo un robo, encima en medio de la calle, por completo a la vista de cualquier otro ciudadano. Alguien va a llamar a la policía.

Alcanza el lugar pocos minutos después. Batgirl la está esperando en el edificio de enfrente. Nightwing la mira un segundo antes de que ambas salten a la ventana por la que Batman ingresó antes, la única rota y que suelta el humo de su bomba.

Aterrizan en el interior, en medio de una pelea. Batman gira veloz a ellas, pero vuelve sus ojos al frente esquivando un golpe.

—¿Qué hacen acá? —cuestiona, retrocediendo un paso para acercarse a las otras—. Vuelvan a casa.

—Vinimos a ayudar —responde Batgirl con una firmeza que le causa un poquito de envidia a Nightwing. Le mete un golpe a uno que se apresura al mayor y luego gira a Batman—. No podés echarnos.

Reconoce de inmediato la expresión del mayor como un ¿estás segura?, pero más criminales se apresuran a ellos, evitando que diga algo. Nightwing se queda en silencio durante toda la pelea, noqueando, esquivando, protegiendo a los otros. 

Por un momento, se le ocurre que ya perdió la costumbre de pelear junto a Batman, pero aunque haya pasado más de un año desde la última vez, Nightwing descubre que no puede borrar algo que le sale tan natural. Termina espalda con espalda con él, cuidándose juntos de que no ataquen al otro.

—No tienen que ayudar —dice él, girando apenas a Nightwing.

Ella respira profundo, esquiva otro golpe, y se vuelve al mayor, dándole una patada a uno que se apresura a Batman.

—Podemos ayudar —afirma, mirándolo a los ojos. No puede descifrar su mirada—, dejanos ayudar.

La habitación por la que entraron está quieta, todos los que los atacaron están en el suelo, terminados de ser atados por Batgirl. Batman mira alrededor, ve el trabajo de la menor, la decisión en el rostro de Nightwing. Suspira apenas.

—Vamos a hacer esto —comienza él.

Les da instrucciones, les explica cómo va a ser el plan. Batgirl asiente y se adelanta, aunque no es así. En realidad, Batman se detiene, poniendo una mano en el hombro de Nightwing, mirándola a los ojos.

—Voy a tener cuidado —dice, casi por instinto y con un dejo de molestia, pero él niega apenas.

—Confío en vos, Nightwing —dice. Su boca se abre apenas, sorprendida de escucharlo—, pero no en Batgirl.

Ah, ahí sí tiene más sentido.

—Es buena también —replica ella, pasando de largo, siguiendo a la otra—. Deberías confiar más en los demás.

 

La misión es un poco larga, pero sin problemas. Nightwing se encuentra con sentimientos contradictorios; el placer del éxito, que todo haya resultado bien, el reconocimiento de Batman, pero también se encuentra irritada. Pelear junto al mayor fue natural, familiar.

Le hizo acordar cuánto le gustaba y eso le molesta.

Todos los criminales están atados y la policía está en camino. Batgirl está hablando con Batman, pero a Nightwing no le interesa mucho esa conversación. Se aleja con disimulo, tratando de que no la noten. No quiere que él vuelva a hablarle, aunque sea para decirle cosas buenas o malas. No quiere escuchar.

Las patrullas suenan con fuerza, casi llegando. Nightwing se gira, lista para irse, pero se encuentra de frente con el Comisionado Braus. Trata de evitar la mueca que se le forma.

—Vengo siguiendo tus misiones —comienza el mayor, estirando su mano. Ella la mira, luego a su rostro, que tiene una pequeña sonrisa—. Buen trabajo.

—Gr- —se aclara la garganta y estrecha la mano—, gracias, Comisionado.

—Solo, no sé tu nombre.

Por un segundo, se sorprende de que no reconozca que era Robin. No está segura de si lo hace como un reflejo de respeto, de afirmar que entiende que ya no es la compañera de Batman, o capaz es solo que no se dio cuenta.

—Nightwing —pero no importa. Acepta lo que le ofrece.

—Nightwing… —repite asintiendo. Suelta su mano apenas y se inclina al costado, mirando más allá de ella—, ¿y tu amiga? Debería felicitarla también.

—No, ella- —Nightwing gira también, observando a la otra charlar con Batman todavía, y piensa en una excusa—, es Batgirl, es, uh, tiene perfil bajo todavía.

Braus asiente. No se le ocurren más excusas. 

Batman comienza a caminar hacia ellos y los ojos de Nightwing se encuentran con los de Batgirl. Reconoce la mirada de pánico casi de inmediato. Se vuelve al Comisionado.

—Tengo que irme —dice ella con un gesto, comenzando a caminar—. Un gusto conocerlo, señor.

Se escapa de la escena, pensando en que ya hizo suficiente por la otra y ahora queda en ella el escaparse de su padre.

Se balancea entre los edificios hacia la motocicleta,todavía sorprendida de lo bien que resultó todo.

Está casi llegando, cuando pasa por el lugar en que vio el robo. Le da una mirada de reojo, pero después gira veloz, cambiando la trayectoria del cable y bajando a la escena.

—Mierda —jadea, aterrizando junto al cuerpo del suelo.

Es el hombre al que le estaban robando- era solo un robo, ¿por qué mierda está herido? 

Llama una ambulancia mientras revisa sus signos vitales, encontrando un pulso leve. Pone sus manos en la herida de puñalada en su estómago, presionando con fuerza. 

¿Por qué carajo no ayudó? ¿Cómo pudo ocurrírsele que no sería tan importante? Esta persona podría morir y es su culpa. 

—¡La puta madre! —exclama en un susurro.

¿Cómo se equivocó tanto? Hubieran sido solo unos minutos, los otros se las hubieran arreglado sin ella. Esta persona necesitó su ayuda y ella consideró que no era tan importante.

¿Qué clase de héroe es si no puede evitar estas cosas? ¿Si mira para otro lado cuando la necesitan?

Porque el objetivo de todo esto no es salir de noche, ni poder balancearse entre los edificios, ni pelear con los malos. No quiere el reconocimiento de las autoridades, ni que le teman, no quiere nada de eso.

Quiere que a nadie le pase lo mismo que a ella. Que nadie tenga miedo, ni sienta desesperación, ni desolación. No quiere que sientan terror de estar en la calle, de que les roben, los secuestren, los maten. 

No quiere ser justicia, ¿para qué? Eso siempre llega después. Quiere ser el cambio de antes, evitar que lo malo suceda.

Esa pregunta le da vueltas en la cabeza. ¿Para qué? Por más que lo intente, ninguna respuesta es suficiente.

Esa noche no puede dormir.

 

Pocos días después se acuerda de su nota mental. 

Levi está en la oficina, Ymir jugando con la Nintendo, Kenny durmiendo la siesta. Es el momento perfecto para escabullirse en la baticueva. Viene esquivando a Levi desde la misión como una campeona, aunque está segura de que es porque él se lo permite. No está segura de porqué lo hace.

No entiende nada de lo que está haciendo y piensa, un poquito, que todo esto es una estupidez. Si la iba a dejar volver, ¿por qué se lo quitó en primer lugar? Capaz es porque considera que se lo ganó o, capaz, es tan simple como saber que aunque se lo vuelva a prohibir, ella va a salir de todas formas. Eso le dijo a Kenny, al menos.

Se sienta en la computadora, teclea el usuario y contraseña de Levi, elementos que implementó después de que Ymir se escapara, pero que no son tan difíciles de adivinar. Todas sus contraseñas son iguales.

Como son sus pensamientos, Mikasa se permite afirmar que le gustaría un poquito que la razón sea porque se lo ganó. Extraña sus elogios.

La contraseña da error. Frunce el ceño y la teclea otra vez, pero sigue sin acceso.

—Hijo de puta —murmura indignada. Le quitó acceso. ¿Cómo se atreve?

—¿Vamos a entrenar? —pregunta Ymir desde la cima de las escaleras. Mikasa se gira mientras ella baja los escalones de a dos—, ¿qué estás haciendo?

—Me quitó el acceso —dice molesta, girando otra vez para teclear la contraseña. Error—, no puede ser.

La menor suelta una risita y ella vuelve a fruncir el ceño.

—Ahora no entrenamos una mierda —masculla, cruzándose de brazos.

—¡No, no, pará-! —ríe Ymir y se acerca al teclado—, ¿y si probamos…?

Teclea algo diferente y la pantalla se desbloquea.

—¡Qué carajo! ¿¡Te la dio a vos!?

—No, pero- —Mikasa ve en sus ojos que busca una excusa—, um, ¿soy observadora? Noté que no ponía la de siempre.

Le parece sospechoso. Demasiado.

—¿Vamos a entrenar? —repite Ymir con una sonrisa.

—En un rato.

Decide dejar ese tema para otro momento. Regresa a la computadora y comienza a revisar sus archivos. Ymir revolotea un rato a su alrededor hasta que se aburre. Comienza a calentar.

Mikasa lee las entradas de Levi hablando de sus misiones. Las patrullas, los arrestos menores, la explosión de hace semanas con Batgirl, más patrullas. La conclusión que saca es que la sigue hace semanas- 

—Puta madre…

Semanas no, desde el día uno. 

No está segura de qué es más sorpresivo, que lo sepa desde el principio o que ella haya creído que podía ocultarlo.

Vuelve a punto uno, ¿por qué la deja?

 

Siente que tiene demasiados pensamientos pospuestos en el fondo de su cabeza. Son cosas que quiere ignorar, pequeñas vocecitas que le rompen las pelotas y dicen estupideces. No quiere escucharlas.

Aunque tiene que enfrentarlas en algún momento.

La escuela empezó hace pocos días. Sus horarios de sueño están tan alterados, que solo logra dormir dos o tres horas por noche. Las voces comienzan a hacerse presentes en el día como susurros.

Se esfuerza en armar una rutina- o algo parecido. Escuela, tarea, entrenar con Ymir, dormir, patrullar. Enjuagar y repetir. Con ese plan, se asegura unas seis o siete horas de sueño, pero Mikasa se descubre con un insomnio de mierda. Los susurros son más fuertes en la madrugada y no le dejan conciliar el sueño.

Levi la embosca un domingo y su primer impulso es escaparse.

—¿Querés que practiquemos con el auto? —pregunta él, una sonrisa tentativa, tal vez lista para la negativa, cuando Mikasa se levanta para desayunar.

—¡No puede! —interviene Ymir, salvándola sin querer—. ¡Vamos a entrenar!

Se pregunta por un momento si eso sigue siendo un secreto para los mayores. Los mira de reojo, pero no encuentra ninguna reacción importante.

—Me gustaría ver cómo vas —dice Levi y voltea a Mikasa—, si no les molesta.

—¡Practicá con nosotras! —sonríe la menor. Ella se encoge de hombros.

Luego de desayunar, los tres bajan a la baticueva. Ymir se pone a calentar de inmediato y Mikasa la sigue poco después. No le agrada mucho la presencia de Levi, pero no tiene mucho argumento para echarlo. Bosteza mientras estira sus brazos, los susurros hablando en voz baja.

Trata de ignorarlo mientras comienzan. Repasan el esquivar y reducir, cosa que a la menor le sale cada vez mejor. O tal vez es la falta de sueño en ella.

Practican por alrededor de una hora, la cual Levi la pasa en silencio, observando. Le molesta que no diga nada, pero cuando Ymir dice que va al baño y Mikasa lo ve acercarse, desea con fuerza que se mantenga en silencio.

—¿Estás bien? —pregunta y ella enarca una ceja—, te veo cansada.

—No estoy durmiendo bien —masculla.

—¿Querés seguir practicando? 

Quiere decirle que no. La excusa de que tiene sueño, que no es mentira, está en la punta de su lengua, pero lo extraña. 

Debe ser el cansancio, pero no le parece que lo que sea que él vaya a decir, sea tan malo. Puede tolerarlo.

Entonces, acepta.

Combate cuerpo a cuerpo, lo usual. Sabe que Levi comienza las prácticas con ella atacando, pero quiere adelantarse a él. Las voces le dicen que tiene que ser mejor, demostrarle que es mejor. Puede ganarle, golpearlo y reducirlo más rápido de lo que él lo va a hacer.

Pero no le sale. Está bien, nunca es fácil con él. Intenta otra vez y una más; Ymir regresa del baño y se sienta a un costado observándolos, pero Mikasa siente que la mira a ella. Debe estar pensando en que no es tan buena como para estar enseñándole, porque no puede ganarle a Levi.

Esquiva un golpe de él y trata de tirarlo, pero es esquivada sin esfuerzo.

—¿Todo bien? —pregunta Levi, jadeando apenas. Tiene una expresión contrariada—, estás… desprolija, Mikasa.

—¿Qué se supone que significa eso? —replica.

—Tus movimientos no son precisos —ella se abalanza y él la esquiva—, estás siendo impulsiva- vos no peleás así.

—Claro que sí.

—Estás peor.

¿Peor? ¿Qué carajo significa eso, que antes ya estaba mal?

Vuelve a cargar contra él, pero Levi la sujeta y la deja con fuerza en el suelo, sobre su espalda.

—Sigan ustedes —dice apenas, dándole la mano para ayudarla a levantarse.

—No terminamos —replica, ignorando el gesto y poniéndose de pie.

Levi suspira y se pone en posición de ataque. La esquiva, la empuja, la tira al suelo. Una y otra vez. Comienza a enojarse, pero rápidamente pasa a la furia, porque él comienza a señalar sus errores.

—Seguís equivocándote en lo mismo —dice Levi, mirándola desde arriba porque otra vez está en el suelo—, no estás corrigiendo tus errores.

—Porque no me estás enseñando —se queja.

—Ya te enseñé esto —frunce el ceño—, deberías saberlo.

No podés equivocarte. Tenés que ser perfecta.

—Perdón por no ser perfecta —jadea, levantándose.

—No digas boludeces —replica y la esquiva—, nadie habló de eso.

Es casi lo mismo. No quiere errores y la perfección es la ausencia de ellos. Levi siendo contradictorio, qué sorpresa.

—Querés que no me equivoque, pero, de repente, no hablás de perfección —dice irónica, frunciendo el ceño.

—Aplicá lo que te enseñé.

—Lo estoy haciendo.

—Demostralo.

—Capaz —interviene Ymir—, debería seguir conm-

—¡Todavía no! —dicen los otros, provocando que se achique, y Levi sigue hablando, tirándole un golpe Mikasa—. Te enseñé a esquivar eso.

—¡Y lo esquivé! —jadea ella, devolviendo el golpe y errando.

—¡Este también! —él acierta un golpe en sus costillas, quitándole el aire.

Quiere lastimarte. Hacelo también.

Mikasa respira profundo, volviéndose al mayor. Se concentra en esquivarlo y logra conectar un golpe en su rostro.

—¿¡Esto me enseñaste!? —exclama y tira otra golpe, pero Levi atrapa su mano. Gira su muñeca, haciéndola gemir, pero no por mucho. Mikasa se escapa y retrocede.

—Basta —dice él, quedándose en su lugar. Su rostro está serio, a pesar de que sabe que está enojado—, no quiero lastimarte.

Tarde.

—¿Qué querés, entonces? —masculla ella, cargando otra vez.

Levi entorna la mirada y la esquiva.

—Quiero que estés a salvo —dice entredientes—, y si no podés esquivar un puto golpe o empujón, me hacés dudar de eso.

—Ahora te importa —bufa enojada, su furia creciendo con cada golpe que esquiva y no puede devolver—, eso no te importó el día uno.

Lastimalo también.

—¿Qué carajo? —cuestiona Levi, sujetando sus manos, evitando que siga tratando de pegar—. Siempre fue así- ¿otra vez querés volver a ese tema? Porque, te recuerdo, esas discusiones nunca terminaron bien para vos.

—Querés que esté a salvo —comienza Mikasa. Escapa de su agarre, sujeta el cuello de su remera y se impulsa hacia atrás, llevándolo al suelo con ella—, pero me enseñás esto. 

Lo contiene con una llave, pero Levi se escapa veloz.

—No querés que salga, pero lo permitís, antes y ahora —sigue hablando—. No te entiendo, sos- sos errático, no tenés un puto gramo de constacia en tus decisiones.

—Entonces querés que te lo vuelva a prohibir —replica él, esquivando otro golpe.

—¡Obvio que no! —exclama.

—¿¡Qué querés, entonces!? 

—¡Quiero que confíes en mí! —grita. Levi la toma de la ropa y la tira al suelo. Ella trata de levantarse, pero él la sujeta en su lugar—. ¡Qué confíes en mis decisiones, en que soy buena! ¿Por qué te cuesta tanto creer que puedo hacerlo tan bien como vos?

—¡Porque no quiero, Mikasa! —Levi grita también. Su rostro está demasiado cerca y su aliento choca contra su cara. Sus ojos comienzan a arder y se sacude en su lugar, tratando de escapar, pero él sigue siendo más fuerte que ella—. Confío en vos, pero nunca vas a tener mi confianza plena. ¡Nadie la tiene! 

La suelta y se levanta. Levi respira profundo, se pasa una mano por el pelo y se vuelve a ella.

—La puta madre, ni siquiera confío en mí mismo- ¿cómo pretendés que confíe en vos, si me recordás tanto a mí? —sigue hablando, negando y con el rostro fruncido—. Tenés todo lo malo- cosas que ni sé si te las enseñé, pero las tenés y me da miedo. 

—Entonces me sacaste la computadora para que no haga lo mismo —acusa, levantándose de un salto.

—Te la saqué porque te aprovechás —replica en el mismo tono. Ella abre la boca, pero Levi frunce el ceño—, no quiero que busques casos peligrosos- puedo permitir que salgas, que des unas vueltas y apreses a los pelotudos que venden falopa, pero no te vas a meter en cosas peores.

—No podés evitarlo.

—Voy a tratar. No te vas a meter en cosas peores, no vas a cometer mis errores. No quiero que te equivoques y tengas ese peso- —vuelve a respirar profundo—, hay tantas cosas que no sabés, que no tenés ni puta idea de qué tan horribles, ni de cuánta culpa te van a causar porque sos chica y sos inmadura. Estás tan convencida de que sos invencible- y no lo sos. Y lo sabés.

—No me voy a equivocar.

Otra vez, porque ya lo hizo.

—La confianza es peligrosa, lo sabés y deberías estar de acuerdo. Deberías escucharme porque no digo pelotudeces, lo digo por experiencia. Ser esto es difícil, no es un puto juego.

—¡Nunca lo traté como un juego! —replica—. Dios, sé de qué hablás- ¡ya lo vi, Levi! ¡Y tengo una puta memoria para acordarme!

—¡Y demostralo!

—¡Lo estoy haciendo!

—¡Lo único que demostrás es que estás haciendo lo mismo que yo! —jadea y respira profundo, tratando de recuperar un poco de compostura—. Los mismos putos errores, las mismas pelotudeces que yo me repetía. Sos tan cabezona que no podés escucharme, te estás convirtiendo-

—¿En qué? ¿En qué me estoy convirtiendo? —se cruza de brazos.

—En mí. El mismo. Puto. Camino.

—No me voy a convertir en vos —dice en tono bajo. Le cuesta ver un poco, pero sus ojos siguen fijos en Levi. Quiere que sepa que lo dice con toda la seriedad y determinación que tiene dentro—, jamás lo voy a hacer. Ser vos es lo último que quiero.

—Entonces estás haciendo las cosas como la mierda —replica—, y no te vas a dar cuenta hasta que sea tarde.

—No me voy a convertir en vos —repite y su voz tiembla—. ¡La puta madre!

Se gira hacia las escaleras y corre hacia arriba, cerrando la puerta del sótano con un golpe.

 

Pasa el resto del día encerrada y, apenas cae el sol, Mikasa sale a patrullar.

Busca casi con ansias a cualquier criminal para cagar a palo pero, por desgracia, parece que todos sienten su humor de mierda y no se arriesgan a salir.

Las horas pasan sin que logre apresar a nadie. El flujo del tránsito baja considerablemente, debe ser pasada la medianoche. Se sienta en una terraza, aburrida, tirando los batarangs contra una pared.

Por suerte, pudo dormir un poco en la tarde. Las voces en su cabeza son susurros casi imperceptibles, fáciles de ignorar, no como la voz de Levi. Frunce el ceño. No se va a convertir en él.

Tira el arma con más fuerza, enojada otra vez, pero no llega a chocar contra la pared. Alguien la sujeta.

—¿Noche tranquila? 

Superman se deja caer con suavidad en el suelo. Nightwing asiente y él se gira, inspeccionando la pared. Saca los batarangs y se acerca a ella, devolviéndoselos. 

—¿Te molesta si me siento? —se encoge de hombros y Superman se le une, reclinado en la pared junto a ella—. Tenés pinta de que se pelearon otra vez.

—¿Se nota mucho? —murmura con sarcasmo.

—Bastante —ríe apenas. Inclina la cabeza, mirándola—, ¿querés contarme?

La verdad es que no. No tiene ganas de hablar de eso, pero sospecha de que la visita del mayor no es casualidad. Seguro que tiene algo para decir.

—Nunca me llamaste —murmura Nightwing. Abraza sus rodillas y evita la mirada ajena—, dijiste que lo harías, cuando me visitaste esa vez. Después del disparo.

—Tenés razón —asiente—, perdón.

—¿Fue porque cortaste con Levi?

—Sí —sonríe suave—. No creí que te importara.

—Obvio que sí —murmura, hundiéndose en sus rodillas—, me caés bien. Me gustaba que vinieras a casa… Te extrañé un poco.

—Yo también —le pone una mano en la cabeza—, debí esforzarme. Perdón.

—No tenés que disculparte —se inclina a él, apoyando su cabeza en su hombro.

—¿Querés contarme qué pasó con Levi? —pide Superman, acariciando su cabello—. No voy a opinar si no querés, puedo solo escucharte.

Sigue sin querer hablar.

—Creo que te haría bien charlarlo.

No quiere entrar en detalles de la conversación. 

Se sintió enojada. Triste. Impotente. Siente que, sin importar lo que dijera o hiciera, Levi iba a ganar. Siente que tuvo razón, aunque no en todo. En que se estaba confiando, en que se iba a equivocar. 

—Suena a que no te gustó que dijera cosas que ya pensabas —señala Superman.

Es verdad. Ya conoce sus errores, los tiene en cuenta. Siente que los señala porque duda de que ella misma los vea. Siente que no confía, pero ahora también lo sabe. Él lo dijo, nunca va a confiar por completo en nadie, pero le duele que ella entre en esa categoría. ¿No se lo ganó? Con errores y todo.

Pero no puede confiar porque no lo hace ni en él mismo. La confianza es mala para Levi, es lo que te hace cometer errores, lo que la convierte en él.

Le duele que los haya comparado como algo malo. Antes era un elogio, ¿por qué ahora no? Debería estar orgulloso de que está siguiendo sus pasos, aunque fuera sin querer.

—¿Vos querés ser como él?

No. Eso es claro, pero no puede señalar del todo porqué. 

Porque es ella misma, tal vez. Porque es Mikasa y Nightwing, cosas totalmente distintas a Batman, pero no mejores. Solo diferentes.

Batman no es algo malo, Levi tampoco. ¿Por qué él lo considera así?

—No hay mal que por bien no venga —dice Superman—. Levi lo considera un mal necesario. Yo… dudo de que le guste serlo.

—¿Nunca te habló de eso? 

—No —niega apenas—. Dudo también que él se haya dado cuenta.

Es fácil ver cuando los demás se equivocan, pero no tanto cuando sos vos mismo.

—Le cuesta… salir de su cabeza —sigue Superman. Nightwing bufa, dándole la razón—. Se convence de que tiene razón, tanto que termina mintiéndose. Levi sí confía en vos.

Ella se incorpora para que pueda ver su mueca dudosa. Superman resopla divertido y vuelve a acariciar su cabello cuando regresa a su lugar.

—No importa lo que te haya dicho, él lo hace, ciegamente. Él mismo me lo dijo —afirma el mayor—, pero yo… Yo creo que estaba equivocado. Que te estaba subestimando, que estaba poniendo demasiado peso en vos- sin que ninguno de ustedes se dé cuenta.

—¿Por eso cortaron? —murmura ella.

—En un principio —asiente—, se lo dije a Levi, le dije que se estaba equivocando y que no quería que vos hicieras esto. Es terrorífico pensar en que algo podría pasarte, no podría- no podría vivir sabiendo que fue mi culpa si hubiera estado en su lugar.

—La responsabilidad —dice ella.

—Así es, hubiera sentido que toda la responsabilidad caía en mí, porque yo te enseñé, te mostré este camino que, en un mundo ideal, ni siquiera deberías pensar que existe —Superman suspira—. Por eso no puedo imaginarme cómo Levi podía permitirlo.

El viento sopla y Nightwing siente una presión en el estómago.

—Perdón —murmura, pero Superman la presiona contra él, su pecho temblando apenas con una risita.

—Obvio que no es tu culpa —niega—, no sé cuánto más haya funcionado lo nuestro, igual. Somos muy distintos. No vamos a cambiar y está bien eso, ninguno tiene que hacerlo por el otro.

La presión no desaparece. Crece un poco más cuando Superman toma aire, el preludio a seguir hablando.

—Vine a verte por otra cosa, en realidad —comienza. Su tono cambia, pasa a uno serio, pero la dulzura y comprensión anterior se siguen sintiendo debajo—, vine a hablarte de Nightwing. 

La presión se agranda y sube hasta su cuello.

—El artículo que escribí, la historia que conté —sigue el mayor y suspira—, mi idea era inspirar a otros, a esos que se quedan parados cuando ven una injusticia, no… alentar esto.

—Viniste a decirme que deje de usar ese nombre —murmura apenada. Traga el nudo y toma aire—. Sé que estuve mal. Tuve que pedirte permiso con lo que significa para vos, pero no voy a dejar de salir. Hay gente que necesita justicia, que la espera y quiero estar ahí, pero- pero quiero llegar antes. 

Superman acaricia su brazo y el nudo la amenaza, pero sus pensamientos están claros.

—Quiero que la gente deje de tener miedo, que pueda estar tranquila, quiero- 

Suspira. 

—No sé qué quiero —esa parte también está clara—, tienen razón, soy- soy chica y tengo muchas ideas y pensamientos que no tiene del todo sentido, pero esto- ayudar a la gente, estar para ellos, es lo único que sí.

Se siente a punto de llorar, pero no se siente mal. Es alivio.

—Y, está bien —concluye Nightwing—, puede ser que cambie de opinión, pero, ahora mismo, que estoy segura, voy a seguir saliendo.

Superman suelta una risa, haciéndola temblar con él.

—Tuve la delirante idea de que podría disuadirte para que dejes todo —dice, acariciando su brazo y presionándola contra él.

—Voy a dejar el nombre, Erwin —insiste ella—, no quiero utilizar algo que es tuyo, es- es irrespetuoso.

—Lo entendiste por completo —suspira él. Tiene un dejo de tristeza, pero que no lo es del todo. Se acerca más a resignación, aceptar que perdió—. Esa era la misión de Nightwing, actuar con su corazón, ayudar a la gente.

La abraza un momento más, pero luego se levanta. La conversación ha concluido.

—No quiero decirlo, pero la verdad es que sí sos buena, Mikasa, sí te ganaste el reconocimiento y confianza que tenés —dice Superman mientras ella se para también—, y aunque no me gustaría que este sea tu camino, sí creo que deberías seguir utilizando Nightwing. No creo que haya nadie más acertado que vos para usarlo.

El mayor sonríe y ella no puede hacer otra cosa más que imitarlo.

—Esta vez, sí voy a estar más en contacto —dice él, comenzando a flotar en el suelo—, y espero que vos también lo hagas.

Nightwing suelta una risita y asiente. Lo ve alejarse hasta que lo pierde en la noche.

 

Otro domingo llega. Se despierta temprano, al fin está pudiendo dormir bien. Baja a la cocina y se encuentra con los dos mayores, Ymir todavía durmiendo, seguro.

—Buen día —dice suave, recibiendo saludos de los otros. Se sienta en el desayunador junto a Levi y gira a él—. ¿Podríamos practicar con el auto más tarde?

El mayor la mira de reojo, enarcando una ceja. Kenny alterna la mirada entre los dos.

—¿Estás segura? —cuestiona con un aire de ofendido, algo un poco infantil para ella, pero decide no mencionarlo.

—Sí —asiente—, por favor.

Levi la mira un momento más, capaz tratando de adivinar si es una trampa para seguir peleando, pero termina suspirando. Salen después de desayunar.

Suben al auto amarillo y Mikasa esperaba que la lleve lejos de la mansión, pero no fuera. Levi conduce unos pocos minutos hacia una zona sin tráfico, cortesía de ser domingo en la mañana.

—¿Estoy lista para la calle? —cuestiona ella con duda cuando cambian de lugar.

—Eso vamos a ver.

Le recuerda los pasos para arrancar, pero solo eso. Se mantiene en silencio mientras Mikasa maneja, solo le indica cuándo doblar y le corrige un poquito el volante. Ella misma se sorprende de lo bien que lo está haciendo.

—Estuve pensando mucho —comienza Mikasa—. En nuestras peleas, en Robin, Nightwing, Batman.

Levi murmura una afirmación. Sigue derecho por una calle.

—Tenés razón muchas cosas y te equivocás en otras y, no sé, es normal eso, ¿no? No somos perfectos, pero… —le indica que doble en la esquina—, pero ya no quiero pelear con vos. Estoy cansada y, la verdad, extraño que nos llevemos bien.

Avanza despacio y pasa el cambio.

—Estoy cansada de estar enojada y a la defensiva —suspira y frunce el ceño, sin desviar sus ojos del frente—, de no saber si hago las cosas bien o mal y- y no poder diferenciarlo hasta que pase, aunque vos sí te des cuenta, porque no te voy a dar bola.

Ve de reojo el gesto del mayor, un resoplido y una inclinación de cabeza, dándole la razón a Mikasa.

—No creo que haya nada que puedas hacer para evitarlo o ayudarme y no- no quiero escucharte, ¿okay? Perdón, pero no, porque son decisiones conscientes. 

Vuelve a doblar y acelera, permitiéndose unos segundos para repasar lo que había planeado decir, pero no logra acordarse del todo.

—Los casos —dice ella, frenando un poco brusca—. Entiendo tu preocupación y tu enojo y que no quieras que haga nada- pero lo voy a hacer igual —afirma—. Si puedo ayudar, voy a hacerlo, aunque te enojes. La verdad, me gustaría que no lo hagas- lo de enojarte, ¿no? Por eso de que ya no quiero que peleemos…

Frena en el semáforo y Levi la está mirando, pero se esfuerza en ignorarlo. Sus ojos están pegados al frente.

—Sé que confiás en mí y no querés hacerlo y no me importa lo que digas, voy a seguir pensando que confiás —dice frunciendo el ceño. El semáforo cambia y ella arranca, doblando en la esquina—. Y me voy a esforzar- en que no te preocupes mucho, en no decepcionarte, en- en ser tan buena como vos me dijiste que soy.

Hace una pausa y respira profundo. Dobla en la siguiente esquina.

—No me voy a convertir en vos y no porque no quiera- o sea- no quiero, ¿okay? —dice veloz—, pero, principalmente, no lo voy a ser porque quiero ser yo. 

Acelera un poco y Levi corrige el volante que, al parecer, se estaba desviando. Dobla en la esquina.

—Vos sos Batman, yo soy Nightwing —se aferra al volante, tratando de que permanezca derecho—, y es diferente y me gusta eso y me voy a esforzar en que sea así.

Vuelve a respirar profundo. Este es el momento en que él habla, pero solo la mira, como si esperara que siga. Mikasa dobla en la esquina, acelera y frena en el semáforo.

—Quiero que estemos bien, Levi —concluye y siente que está siendo repetitiva, pero no puede evitarlo. Se muerde el labio, sin atreverse a mirarlo de vuelta. Sus nudillos están blancos en el volante—, y este es el momento en que respondés algo, porque ya no tengo nada más qué decir y-y- y dimos la vuelta manzana dos veces y ya no sé para dónde ir.

—Seguí derecho.

—Tarde, ya doblé.

Se detiene en un semáforo. Sigue ignorando su mirada porque no sabe qué va a decir, ni qué piensa, ni qué siente. 

Pero Levi la mira con intensidad; insiste con sus ojos y le pone una mano en el brazo, obligándola con una dulzura casi dolorosa a enfrentarlo.

Él sonríe cuando sus ojos se encuentran. Abre la boca y ella cuenta los segundos hasta que suelta lo que sea que vaya a responder.

—Estoy orgulloso de vos, Mikasa —dice con voz suave.

Regresa su mirada al frente. El semáforo está en verde y arranca con fuerza, tanta, que el auto se apaga de un sacudón.

—Gracias —murmura, su mano casi temblando para volver a prenderlo.

 

Si bien ya puede dormir mejor, el calor húmedo y repugnante de abril la deja más cansada en el día. Son millonarios y no pueden poner aires acondicionados.

Agradece que las noches comiencen a refrescar, cortesía del otoño. El verano la hizo extrañar los pantalones cortos del traje de Robin.

Esa noche está en especial fría, tanto que considera regresar a casa. Da un paso hacia el borde del edificio, pero su celular vibra. Se queda en su lugar, aceptando la llamada de Historia.

—¿Estás en la calle? —pregunta la rubia, sin decir hola.

—Estaba por regresar a casa.

—Me vendría bien tu ayuda —dice tranquila. Nightwing duda de ella—, aunque, si estabas por irte…

—Está bien —responde veloz—, ¿dónde estás?

Cuelga la llamada apenas recibe la información y baja del edificio hacia la motocicleta. Agradece que la otra la haya llamado, pero un cosquilleo de inseguridad se aloja en su estómag-

No. No, esto es lo contrario a lo que quiere ser. 

Tiene que confiar en Batgirl, en sus habilidades y decisiones. No lo planteó como algo urgente, así que no lo debe ser. Va a confiar en ella.

Sin embargo, acelera en el vehículo. Está por saltarse el semáforo en rojo, cuando escucha un grito. Frena de golpe, derrapando, pero sin perder el control. Regresa y se detiene delante de un callejón.

Baja de un salto y se apresura a las personas ahí, tres hombres rodeando a una mujer. Tira el casco a un costado del callejón y la expresión de horror de la otra cambia cuando sus ojos se encuentran con los de Nightwing. Jadea, las lágrimas corren, pero sonríe con alivio. 

Le meta una patada a uno, dándole una apertura para escapar.

—¡Gracias! —jadea la mujer, casi sin detenerse, pasando por su lado—, Dios, gracias por volver.

Nightwing siente que las palabras no le salen. Sonríe apenas y asiente, mientras la otra la sigue, corriendo fuera del callejón. La sigue con la mirada y cuando se vuelve, los otros se están acercando a ella.

—Ah, cambiazo —dice uno en un tono repugnante—, mejor, esta es más linda.

Un calor recorre su cuerpo y se aloja detrás de sus ojos, distorsionando su mirada con furia. Da un paso a ellos, pero se frena. No. Ahí está el error, el ser impulsiva. No se va a equivocar.

Los tres la están mirando fijo, achican la distancia con ella con cada paso. Nightwing piensa en Batgirl, en que debe estar esperándola y que debería ir a su encuentro, pero no puede dejarlos libres. Esto también es importante. Tiene que confiar.

Los otros se abalanzan; tratan de sujetarla, pero los esquiva. Un golpe por acá, otro por allá. Se gira y le mete una piña al tercero. Son habilidosos, más que los vendedores de droga, porque si bien sus golpes conectan, no llegan a herirlos lo suficiente. Tiene que terminar la pelea rápido.

Comienza a golpear con más precisión, en lugares más peligrosos. Tiene que reducirlos como sea. Una piña en el cuello le quita el aire a uno, una patada al siguiente lo tira al suelo, pero el tercero es rápido, apresurándose a ella antes de que pueda aterrizar correctamente.

Apenas su pierna toca el suelo, da otro salto para esquivarlo, uno que duele demasiado. Nightwing jadea y el calor sube por su muslo al mismo tiempo que lo siente latir. Trata de apoyar su peso, pero se tiene que morder el labio para no soltar un quejido. 

Vuelve al frente, el tercero está casi encima suyo y está por pegarle en el rostro, pero logra cubrirse antes, cayendo al suelo.

—¡Nightwing! —reconoce la voz de Batgirl, probablemente bajando al callejón. 

Ella mira alrededor suyo, encontrando su casco tirado y lo sujeta. Se pone en pie lo más rápido que puede y arremete contra el tercero, que todavía está distraído con la presencia de Batgirl.

Cae al suelo y se apresura en atarlo. La otra la imita, atando a los que quedan, pero uno se le escapa. Nightwing se apresura a ellos, ignorando el dolor en el muslo, y tira de la capa de Batgirl, evitando que reciba un golpe en el rostro.

Le da un golpe al que queda, acertando en la nariz; después lo sujeta de la ropa, tirándolo hacia atrás con ella, dejándolo brusco en el suelo.

—¡Mierda! —exclaman a la vez, él desde el suelo, ella de rodillas, su muslo latiendo con fuerza. 

Batgirl se apresura en atarlo y después agacha frente a Nightwing, molesta.

—¡Estás herida! —exclama en voz aguda- de seguro, el único tono de voz que tiene cuando está preocupada—. ¡No tenías que hacer eso!

—¡Te iba a pegar en la cara! —replica, masajeando su pierna—, un gracias estaría bueno.

—La puta madre, Mikasa —murmura Batgirl, apoyando su cabeza en su hombro, igual que la vez de la explosión—. No seas… así, no te pongas en el medio para que no me lastimen.

Respira profundo. No puede enojarse por su preocupación. Ella se pondría igual, después de todo.

—No puedo evitarlo —dice bajito y su mano se acerca a la otra, a su espalda.

La apoya a la vez que Batgirl levanta el rostro y- no está segura de cómo pasa, porque supone que debe ser la adrenalina del momento, a pesar de que esa sensación ya haya terminado, o tal vez es porque están cerca y su mano, que iba a su espalda, termina entre su cuello y su nuca y-

No tiene idea de cómo pasa, pero Batgirl la besa. 

Son escasos segundos, donde sus labios están sobre los de ella, y su mano no se mueve de su lugar, capaz solo se aferra un poquito y se enreda apenas entre su cabello, pero no llega a más. Tan rápido como comienza, termina.

Batgirl se separa de golpe. Un auto pasa por la calle, encandilando a Nightwing y oscureciendo la silueta de la otra. Cuando puede distinguirla otra vez, ella está frunciendo el ceño y la apunta con un dedo.

—¡Ni una palabra! —dice enojada y Nightwing frunce el ceño.

—¡Todavía no dije nada!

—¡Y que se quede así!

—Sos- —comienza con un jadeo, pero no tiene idea de cómo seguir. Suspira—. Ayudame a levantar.

Batgirl se pone de pie y después estira sus manos. Le cuesta pararse y el muslo la está matando. 

—La puta madre —murmura. La otra se acerca, pero ella la mira veloz—. Llamá a la policía para que se lleve a esos pelotudos.

Ella asiente y Nightwing saca su propio teléfono, marcando el número de casa y rezando porque Ymir conteste.

 

—No me preguntaste cómo me fue en mi misión —se queja Batgirl cuando llegan a la motocicleta. Ayuda a subir a Nightwing y luego se trepa ella, abrazando su cintura.

—No necesito que vengas.

—Ah, no me acuerdo de haberte preguntado —replica sarcástica. La pierna le duele demasiado como para discutir—, y no me preguntaste de la misión.

—Te escuché la primera vez —arranca y acelera.

La misión, según le cuenta, era un laboratorio clandestino de droga. De haber sabido que era eso, tal vez habría dudado de si ayudar a la mujer o no, pero la conclusión real que tiene es que fue lo correcto haber confiado.

Llegan a la mansión, entrando por la baticueva, lugar donde Ymir la está esperando.

—Hola —saluda sonriente, mirando a Batgirl. 

—Hola —devuelve el gesto, pero gira a Mikasa, que está con el antifaz en la mano y desabrochándose el traje—, ¿qué se supone…?

—¡Vamos a fingir la herida en casa! —explica Ymir alegre. 

Historia se quita la máscara y abre la boca, dudando del plan de las otras, pero se encoge de hombros.

—Si fue acá, no me van a romper las pelotas —dice Mikasa. 

Se acerca al pijama que la menor le trajo, comenzando a cambiarse delante de ellas. Historia se concentra con fuerza en Ymir, que sigue hablando y explicando los detalles.

Se queda a un costado mientras las otras se acomodan, Mikasa en el suelo junto a la barra de equilibrio e Ymir sobre ella, con una pesa en la mano, lista para soltarla.

—Es la de cinco kilos, ¿no? —pregunta Mikasa, entornando la mirada.

—¡Es de quince! —sonríe Ymir, soltándola, pero la otra la esquiva, gimiendo con dolor por el movimiento—. ¡Quedate quieta!

—¡Me vas a romper la pierna! —exclama molesta, rodando en el suelo—. La puta madre… ¡Te dije que solo tiene que ser un moretón!

Ymir refunfuña, bajando de su lugar, yendo a buscar la otra pesa. Se pone en posición.

—¿No escuchan algo? —comenta Historia, sintiendo un zumbido.

—Mierda, ya viene —dice Mikasa con urgencia—, ¡dale, Ymir!

Tira la pesa, pero cae a la altura de la rodilla.

—¡Puta madre! —exclama, sujetándose el lugar—. ¡Tirá bien!

—¡Estoy intentando! —replica enojada.

El batimóvil se detiene delante de ellas a la vez que Ymir regresa a la pose en la barra, las dos menores demasiado concentradas en lograr la herida falsa como para darse cuenta. Historia hace una mueca, alternando entre Batman, que sale del vehículo, y las otras dos, discutiendo.

—¿Qué carajo están haciendo? —cuestiona él al mismo tiempo que Ymir suelta la pesa, acercándole en el lugar.

—¡La puta madre! —exclama Mikasa, sujetando su muslo y rodando en el suelo.

Notes:

gracias por leer!

espero que no haya quedado muy sacado del orto el beso entre ellas jajaja lo tenía planeado desde el día uno, pero medio que me olvidé de mencionarlo antes(?

síganme en tuiter, así ven las actualizaciones al toque, y también pueden verme llorar por la historia ahre chau.

Notes:

gracias por leer.
je batman au solo para reírme. tengo planeados +20 capítulos, todavía no terminé de escribir el segundo, esto es fictober.
mi idea es publicar un capítulo por día o, si no llego, subirlo por días. probablemente, mañana publique acá el capítulo 2, pero dudo bastante de que termine el 3 a tiempo jajaj así que lo voy a subir en partes a mi twt. cuando esté completo, lo voy a subir acá.

si quieren leer un poquito cada día, síganme ahí.

por otro lado, a lo largo de los capítulos va a ir perdiendo un poco el tono serio la historia. o capaz no jajaj ni idea che, todavía no escribí un pingo

chau.