Chapter Text
Anthony era un suertudo.
No fue una sorpresa para él llegar al infierno después del desastre que era su vida, pertenecer a una mafia italiana, aún si estaba en contra de su voluntad, no le quitaría lo adicto.
Incluso así, tenía mucha suerte, solo que él no lo sabía.
En vida fue Beta y al caer no sufrió ningún cambio.
Alfas y Omegas habían llegado transformándose en Betas por igual, en la mayoría de los casos.
Y los Betas... Hay, los pobres Betas, tenían la desdicha de que era más probable que se convirtiesen en Omegas, escasa era la probabilidad de convertirse en Alfa.
Pero era aún más raro, que conserves tu casta al caer.
Pues era tu castigo.
Y Anthony era uno de ellos.
Aunque, se dejó engatusar por el amor que nunca le demostraron en vida.
Olvidó una cosa.... Este es el Infierno.
Tal como la racha ganadora de un jugador adicto. Su suerte se desvaneció con la llegada de Valentino.
Y al dejarse morder por un Overlord... Se volvió un Omega marcado, y encadenado.
Al principio no le importo, pues pensaba que eso solo era una manifestación física del amor que le profesaba la polilla.
Pero entre cada golpe, cada orden, cada hombre, cada película...
Lo entendió muy tarde.
Pasaron 40 años.
Y AngelDust entendió que el único odió que podría competir con el que tenía a Valentino.
Era el odio que se tenía a sí mismo.
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El pequeño huevecillo ladeó la cabeza, sus diminutos ojos brillando con desconcierto mientras observaba al ciervo moverse de un lado a otro con su bastón. Su voz sonó curiosa, pero también algo preocupada cuando tiró suavemente de la ropa de "la general".
"¿Qué le pasa al patrón? ¿Por qué parece... diferente?"
"Eh... Jefe" -Nifthy estaba igual de confundida- "¿Está bien?"
Alastor, ajeno a la confusión de los pequeños, seguía cantando para sí mismo.
"Cheek to cheek~" -el pecador se puso de pie mientras hacía bailar su bastón como si fuera una persona- "Mmm.."
El aire parecía más denso, impregnado de un aroma embriagador, dulce y cremoso. Algo poco común. Alastor estaba... ¿feliz? ¿O era otra cosa?
Ninguno se explicaba la actitud del Omega, trataron de buscar en sus mentecillas, algún hecho que pudiera desencadenar ese cambio en la actitud ajena.
Charlotte.
"¡¿La princesa le hizo algo?!" -Nifthy pasó de la confusión a la furia en un instante. Su única pupila se contrae, y con una sonrisa maníaca sacó su aguja- "¡Le atravesaré la garganta y la colgaré como advertencia para las cucarachas!"
"¡¿También lo mordió?!" -Ahora era Frank quien se alarmó, relacionando el aire empalagoso con el miedo- "¡¿Lo hizo llorar?!"
A diferencia de la cíclope, él no tenía ningún arma pero eso no le impidió acompañarla.
"¡Esperen!" -Alastor salió de su ensoñación y con un chasquido de dedos, su sombra cobró vida, atrapando los pies de ambos- "¡¿Qué creen que hacen jovencitos?!"
"¡Lo protegemos!" -la Beta movió su aguja como una espada, a pesar de estar de cabeza, no dejaba de luchar- "¡Le arrancaré la glándula a esa malnaci-!"
"¡Nifthy!"
"¡Sí! ¡Protegeremos al patrón!" -declaró el pequeño huevo.
Alastor solo suspiró y río ligeramente.
"Ay, ay, ay... Qué problemáticos son mis pequeños defensores" -Alastor con una sonrisa burlona los tomo con facilidad. Su aroma a fresas con crema los envolvió, y aunque no pudieran olerlo, si percibían la calidez, relajándose sin que ni siquiera lo notarán- "Primero Nifthy, y ahora tú, mi pequeña criatura ovoide... ¿Qué haré con ustedes?"
Al pequeño ser, no pareció importarle menos, y se acurrucó más en los brazos del ciervo, al igual que la pequeña pecadora, incluso le dió una sonrisa para dejarle claro que estaba a gusto.
"En primer lugar..." -siguió con su pequeño regaño- "¿Cómo están despiertos tan temprano? Son casi las 4 de la mañana..."
El pecador rojizo los dejó delicadamente sobre su cama, mientras buscaba su traje en el armario, ya se le hacía tarde para comenzar con el desayuno.
Entró al cuarto de baño, y mientras se desvestía, las marcas en su piel se dejaron ver en el reflejo del espejo. Tensó más su sonrisa, no debía romperla.
Miró nuevamente sus manos y cerró los ojos alejando el recuerdo de Rosie solo por ahora, deleitándose con el calor que le brindaron las manos de la princesa.
Recordar ese pequeño instante, en qué sus preocupaciones se desvanecieron con el baile y ser el protagonista de esos ojos que lo miraban como si fuera el tesoro más grande.
Sacudió su cabeza.
No. No debía permitirse recordar. Y mucho menos desearlo ¡Concéntrate!
Salió ya vestido y se ajustó su monóculo.
"Bueno pequeños..." -le dejo a su sombra su bastón- "Es hora de hacer el desayuno"
Empezó a bajar las escaleras con un paso firme, tarareando lo que probablemente se ha convertido en una de sus canciones favoritas, los pequeños siguiendo su andar, Nifthy siguiendo con sus amenazas hacía la princesa y Frank se dedicaba a preguntarle al ciervo como podría ayudarlo.
Llegó al primer piso y se dirigió a la cocina, abrió la puerta con cuidado y con un chasquido, las luces iluminaron la estancia. Un delantal apareció flotando en sus manos antes de anudarlo con precisión. El espectáculo en la cocina estaba por comenzar.
"¿Qué podemos preparar hoy?~" -Alastor se dirigió a la alacena sacando algunos envases y bandejas- "¿Algo nuevo, algo viejo?”
"¡Nuevo!" "¡Nuevo!"
Las voces de ambos pequeños resonaron en la cocina, llenándola de una energía vibrante, casi irreal. Alastor rió, con la estática que lo caracteriza, y comenzó a sacar los ingredientes con la gracia de un mago preparando un acto, su mente empezando a viajar con nostalgia y la añoranza, hasta el punto en donde era un pequeño niño emocionado por lo que su madre iba a cocinar en su cumpleaños.
"Entonces... ¡Algo especial!" -exclamó, alineando huevos, leche y especias con un movimiento preciso de sus manos, recordando como su madre lo hacía- "Tostadas francesas con croissants. Un desayuno digno de nuestro paladar refinado..." -le dio un pequeño golpecito en donde debería estar la nariz a ambos seres, sacándoles una risa en el proceso- "...o de diablillos traviesos, como tengo en esta ocasión~"
Nifthy asintió con entusiasmo y comenzó con su rutina practicada, su jefe cocina y ella empieza con la limpieza del hotel, aunque internamente quiere degollar a la princesa, es raro que el ciervo prepare ese tipo de platillos, aunque para muchos era algo simple, el valor emocional en ese bocadillo era igual de grande del que de la jambalaya. Mientras, el pequeño huevo no sabía qué hacer, quería ayudar a la ciclope, pero no le podía seguir el paso, así que queriendo sentirse útil, se acercó a Alastor.
"Patrón, yo quiero ayudar"
Alastor se giró ligeramente, observando al pequeño huevo con su típica sonrisa. Sus ojos, por un breve instante, reflejaron algo más; una sombra pasajera, algo denso y pesado que hizo que su sonrisa se tensara apenas un poco.
"¿Quieres ayudarme, eh?~" -murmuró con un deje casi melancólico mientras le alcanzaba un tazón- "¡Oh, mon petit assistant...! cuidado, que un error en la cocina de un Overlord podría ser el último..."
La estática se hizo presente en la atmósfera, al igual que varios símbolos de vudú, y como siempre a Frank no le importo, tomó el tazón en donde ya había una mezcla y con determinación, batió con todas sus fuerzas; sin notar cómo la expresión de Alastor se suavizaba, apenas un poco.
"Veamos cómo lo haces petit oeuf..." -le dio un pequeño golpecito en la cabeza y se volvió a enfocar en los ingredientes, el recuerdo de su propia madre cantando y bailando al ritmo del disco de vinilo mientras hacía su desayuno.
Como lo hacía bailar a pesar del traje de presentación, marchándose con harina y mermelada. Una pequeña risa se le escapó. Y entonces su padre llegaba con su horrible olor a rosas, nuevamente ebrio por vivir la desgracia de tener un hijo Omega.
Maldijo internamente. Todo iba bien... hasta que el olor conocido, se deslizó entre la vainilla y el azúcar, como una sombra sin invitación
El ciervo siguió con su trabajo, rompiendo huevos con facilidad y midiendo con precisión los ingredientes antes de agregarlos. Sus movimientos eran meticulosos, coreografiados como si el más mínimo error pudiera desmoronar algo más grande que la receta que estaba preparando.
Las tostadas se empapaban en la mezcla de vainilla y canela, absorbiendo el líquido como esponjas. Un segundo de más, y estarían demasiado blandas, demasiado frágiles.
Como él lo había sido.
Sus manos temblaron y en apenas un instante, su sombra apareció inconscientemente y emitió estática a su alrededor, como si quisiera devorar sus propios pensamientos antes de que llegaran a él.
El olor de la vainilla le recordó algo más dulce, más envolvente. Un perfume especiado, como un engaño, escondiendo el filo de un cuchillo detrás de un encaje bordado con precisión.
Rosie.
El aroma de la cocina fue sustituido en su mente por el de las flores secas mezclandosé con su aroma forzado, tan empalagosos que te ahogaban, que se adherían a la garganta como el sabor metálico de su propia sangre en varias ocasiones.
Su risa.
El peso de su mano.
Los hilos invisibles que parecían anudarse alrededor de su cuello con cada palabra dicha en ese tono dulce, en esa calma cruel que tanto conocía.
El sonido del aceite en la sartén lo hizo parpadear.
De repente, ya no estaba en aquella habitación con Rosie. Ya no sentía su perfume envolviendo su mente como la cadena en su cuello.
Estaba aquí. En la cocina del hotel. Con Frank y Nifthy.
Y el pequeño huevo estaba colocando la mezcla de los croissants en la sartén.
"¡¿Qué haces?!"
¡BAM!
La sartén voló por los aires junto con el tazón con la masa. Un tentáculo atrapó la sartén, la mezcla no sufrió tanta suerte... junto con Frank. Ambos terminaron en el suelo.
"Mon dieu, niño, ¿qué has hecho?" -Alastor parpadeó de nuevo, tratando de regular el posible ataque de pánico que parece estar empezando.
La mezcla estaba chorreando por los bordes de la mesa, Frank completamente cubierto de masa, Nifthy mirando la escena con sorpresa y diversión.
Pero él no veía nada de eso.
Su sombra vibraba con estática, temblando de forma casi imperceptible.
Había sido un accidente. Nada más. No había peligro. No había cuchillas ocultas tras sonrisas, ni dedos delicados jalando la cadena de su cuello. No estaba atrapado, no estaba atado.
Y sin embargo, sus músculos seguían rígidos, su mente aún anclada en un lugar donde el aire olía a flores marchitas y a promesas de veneno disfrazadas de caricias.
No está aquí.
Pero su cuerpo no lo sabía.
"Perdón..." -el pequeño huevo tomó su sombrero para intentar cubrirse el rostro- "Yo.. yo..." -se acurrucó sobre sí mismo, preparado para recibir algún grito que le recuerde lo inútil que había sido en su tarea- "Sé que... debí esperar una orden..."
Fue entonces cuando lo sintió, fue rodeado por los brazos ajenos.
Alastor hizo algo instintivamente, cosa que ya se está haciendo costumbre. Se permitió envolver al pequeño en un calor que se veía necesitaba y libera su aroma a fresas con crema, dedicándole palabras arrulladoras. Los ojos que lo miran de regreso reflejan sorpresa, pero un amor tan puro que solo lo puede brindar un niño, pero algo más se filtra en su mente.
La princesa.
El recuerdo de su tacto fue como un susurro en su piel, apenas perceptible, pero imborrable.
Sus manos en las suyas.
La forma en que su cuerpo encajó con el suyo al bailar, como si aquel instante en el que flotaron en el salón hubiese sido hecho a su medida.
Su risa, sincera.
Un sonido cálido, sin dobles intenciones. Sin trampas.
Por un momento, algo en su pecho se apretó, algo que no sabía cómo nombrar, algo que le ordenaba detenerse, cerrar los ojos, respirar ese aroma a pay de manzana sin miedo.
Pero... no podía.
No debía.
Esa calidez era peligrosa.
Más peligrosa que Rosie. Más peligrosa que Lilith.
Porque no era algo que pudiera combatir con una sonrisa o con una broma. Porque no tenía bordes afilados con los que pudiera cortarse y decirse que era una herida más que ignorar.
Era suave.
Era real.
Y era para él.
No.
Sacudió la cabeza.
No.
Se negó a permitirse ese pensamiento.
Era un error. Un lapsus momentáneo.
Un truco de la mente, eso era.
Alastor tensó su sonrisa, el nuevo toque de pequeñas manos en su abrigo trayéndolo nuevamente al presente.
"Patrón..." -Frank lo observó en silencio, sus pequeños ojos curiosos pero cristalizados por lágrimas que se niega a soltar- "De verdad... lo siento"
Alastor parpadeó.
"No te preocupes mi pequeña criaturita..." -se puso de pie cargando al huevo entre sus brazos- "Estoy seguro de que a Nifthy no le importa limpiar"
"¡Yo me encargo!" -la pequeña pecadora dio pequeños saltitos con un trapeador en mano, lista para la acción- "Pero que no vuelva a suceder"
Frank tembló ante la mirada trastornada de Nifthy, quien rió por su reacción.
"N-no"
"¡Así me gusta!" -Nifthy sonríe- "¿No lo crees chica mala?"
Un tenue aroma a café fue notado y Alastor volteó inmediatamente en dirección a la puerta de la cocina.
Lute.
"Eso... fue bastante raro..." -La exorcista estaba recostada en el marco, con una mirada curiosa y algo sonrojada- "De verdad no esperaba eso..."
Y luego, en un instante, su máscara volvió a su sitio.
"¿Raro? ¡Ja, ja, ja! Señorita Lute.., yo SIEMPRE soy raro~" -canturreó, incorporándose en un relámpago y dando la espalda al ángel, si no noto su presencia es que debía estar en serio distraído- "Disculpe la indiscreción... ¿Pero, qué hace despierta a las 4 de la mañana?"
"No podía dormir..." -carraspeó su garganta, inhalando inconscientemente el aroma en el ambiente, un deleite sin duda- "...y necesitaba un bocadillo"
"Ya veo..." -Alastor chasqueo los dedos para traer a la cocina un venado crudo, podrido, como le gustaba, con la esperanza que oculte de manera rápida su aroma- "Le prepararé un bocadillo ligero..."
"¿No deberías limpiar primero a ese huevo?" -Frank fue señalado, con la masa ya empezando a secarse-
"Frank puede esperar... ¿No pequeña criatura?" -El huevecillo asintió y no se quejo al ser dejado sobre la encimera, mientras el pecador rojizo colocaba las tostadas en la sartén- "Lamento mucho el pequeño desastre... ¿Quién diría que hacer croissants fuera una tarea de alto riesgo?"
Unas risas grabadas sonaron.
"¿Eres Beta?"
Alastor no respondió de inmediato. Su mirada se mantuvo fija en la sartén, como si pudiera obligarse a ignorar lo evidente. Lute no dijo nada. Solo entrecerró los ojos, sus alas se flexionan apenas. Estaba esperando.
"Ese olor..." -la Alfa habló finalmente, su tono bajo pero firme- "No es parte de la cocina"
La habitación parecía congelarse, el olor a café estaba empezando a expandirse.
"¡Por supuesto que no!" -Nifthy rió alzando su aguja con un sonrisa psicópata- "¡Es un nuevo aromatizante!"
"Huele... A miedo" -aunque ahora está amortiguado por el horrible olor a putrefacción que llegó de imprevisto, puede percibir el exquisito aroma- "A... Feromonas de..."
"¡Omega!" -la pequeña pecadora alzó un frasco de aerosol- "¡Aromatizante edición limitada! Especial para pecadores nostálgicos de un amor perdido" -quiso hacer un guiño, Pero terminó parpadeando- "¡Aroma frambuesa!"
"¿Eso... Es posible?" -no sabe que creer, es obvio que el aroma que olfateo hace instantes no es ese.
"Aquí todo es posible querida~" -se sacudió el saco en un movimiento simple, buscando quitarle importancia al asunto- "Estamos en el infierno después de todo..."
"Pero... ¿Vender feromonas?" -incluso si solo es un aromatizante, es como atentar contra la dignidad de los Omegas- "¿No es demasiado?"
"Son Omegas, querida..." -una chispa pasó por sus ojos- "a nadie les importa cómo se sienten aquí abajo..."
"Pero..." -no sabe cómo sentirse ¿Son tan insignificantes que hasta los usan como productos?
"En fin..." -volteó la tostada, para zanjar el tema definitivamente- "¿Le gustaría sus tostadas con mantequilla o algún acompañamiento?"
"Fresas..." -no necesitaba una lanza para saber que logró atravesar el corazón, bate sus alas con fuerza, tratando de disipar el tenue aroma que queda en el aire, notando que al pecador frente a ella no le gusta estar expuesto- "Con algo más... pero no se qué exactamente..."
"Ya veo..." -se dirige al refrigerador y saca un pequeño recipiente con la fruta- "¿Por qué este aperitivo tan especial?"
"No lo sé... Simplemente, quise un poco"
"Bien..."
Se quedaron un rato en silencio, hasta que la exorcista decidió mirar directamente al pecador.
"Yo soy una Alfa..." -no sabe cuando las palabras empezaron a brotar- "Adam es un Beta y es mucho más fuerte que yo..." -el recuerdo de ayer se le vino a la mente- "Vaggie... Con lo poco que he visto, no le tiembla la voz cuando habla..." -suspiró- "se ve terca... Pero no da su brazo a torcer... Es... Maravillosa" -sus ojos brillaron- "Aunque esté cayéndose a pedazos no lo demuestra hasta que le revienta en la cara..."
Esa confesión no estaba planeada. Se notaba por cómo apretó la mandíbula al terminar la frase.
"Tal y como tú..." -pudo ver cómo el ciervo tensó un poco su sonrisa- "O... Eso es lo que me parece..."
Hubo un silencio largo. Solo el chisporroteo del aceite aún caliente llenaba el espacio entre ellos.
"La casta no importa... pecadores, son pecadores... y tienes una excelente sazón" -respondió la exorcista y por primera vez en mucho tiempo, le sonrió sinceramente a alguien que no fuera Adam- "Pero, por ahora... ¿Puedo quedarme a desayunar?"
Él asintió.
"Claro, mon ange... Pero tú lavas los platos"
"Trato hecho"
Y entre los aromas combinados; la masa seca en el suelo, y el crujir suave del pan en la sartén, se cocinaba algo más difícil de nombrar.
"¿Me contará de su fijación por nuestra Omega rabiosa?" -Alastor, le dió vuelta a las tostadas, con una sonrisa traviesa.
"Vete al infierno"
"Ya estoy aquí cariño~"
Lute se sentó frente a él, pero por primera vez, no parecía un exorcista en misión. Solo alguien con hambre... de comida, de respuestas, y de algo parecido a compañía.
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Charlie está empezando a odiar las mañanas...
No solo significaban que el dulce sueño que tenía con el pelirrojo se acababa, si no, que ahora debía enfrentar una pesadilla sin opción a despertar.
¡Pensó que lo había hecho bien! ¿Aún estaba molesto? ¿Se sintió invadido? ¿Hizo algo en el baile que no le gustó?
Las tostadas francesas se quebraron con un sonido sordo entre sus dientes, mientras su aroma a pay de manzana comenzaba a tornarse en un olor a quemado.
"¡Estos croissants son el acompañamiento perfecto para ver mi película!" -AngelDust estaba feliz con la mermelada, chupando sus dedos con un ligero ronroneo- "¡En serio nunca me cansaré de las comidas de Sonrisas!"
Ahora están en una actividad grupal, mostrar y contar, y el albino había elegido mostrar una de sus películas porno, ¿Lo hacía a propósito? Nunca nadie lo sabría. Aunque ahora no tiene tiempo de sentirse avergonzada.
Su bello Alastor estaba conversando animadamente con Lute en la cocina, los podía ver desde lejos. Creyó que, cuando el resto de las exorcistas se marcharon ayer, el Omega ya no le prestaría tanta atención al ángel. Sin embargo, ahí estaba ella; un Alfa hablándole... ¡Incluso Niffty parece agradarle!
"Cerdo..." -Vaggie estaba incómoda, y supuso que Charlie también- "¡Por Dios! ¡Angel quita eso!"
"¿Qué?" -la araña no pareció importarle mucho- "Es el día de Mostrar y contar... Y yo quise mostrarles una de mis mejores películas..."
"Esto es muy incómodo..." -Sir. Pentious uso su capucha para dejar de mirar la escena y se retorció avergonzado, liberando su aroma a nuez moscada.
La rubia intenta calmarse, ignorando los sonidos que emite la televisión y la discusión entre los Omegas. Fija su mirada en la exorcista. No va a hacer una escena, no cometerá el mismo error de aquella vez. Ya recibió un fuerte regaño de parte de Husker cuando le confesó el segundo motivo detrás del cortejo en el baile.
Le gritó muchas cosas en ruso, mientras lamentaba lo que podría sufrir su pobre alma si el evento no salía bien para apaciguar el enojo del ciervo. Supone que es por eso que se esmeró más en ayudarla.
"Es una pésima actuación..." -Hablando de él, el gato alado decidió unirse a la conversación- "No es tan convincente..."
"Cara de verga..." -AngelDust se mostró ofendido, mientras comía el último croissant de su plato y liberaba su aroma a gelato- "¡¿Cómo te atreves a insultar mi arte en mi puta cara?!"
La rubia sigue con la mirada fija en la cocina, Alastor ríe de algo que Lute ha dicho, ni siquiera sabe que ha sido, pero sabe que ella puede ser más divertida. El sonido de su risa hace que el corazón se le apriete... y no en el buen sentido.
Pero no, Charlie Morningstar no se va a dejar caer en la desesperación.
"¡¿Falso?! oww~" -La voz de Angel la trae de vuelta a la realidad- "Debe ser por eso que soy un actor... mariquita" -se frotó la sien con fastidió- "Necesito... algo dulce"
Charlie vio una oportunidad.
"¡Te traigo más croissant!" -se puso de pie antes de que pudieran decir lo contrarió, en dirección a la cocina.
Charlie respira hondo, se arregla el cabello como si fuera a recibir una visita oficial, y toma una decisión digna de su linaje.
Va a improvisar.
Pero se queda quieta al ver como Alastor carga a esa pequeña criatura con tanto cariño, solo para que este jugueteé con sus orejas. Lute lo aparta suavemente... Parecían una familia.
Esa palabra le dolió más de lo que se atrevía a admitir
"¡Ahhhh!" -un grito interno que hubiera incendiado el hotel.
¡Es la princesa del Infierno! ¡Una Alfa de carácter... que está espiando a un Omega desde el marco de la cocina por quince minutos!.
Quizás solo tenía que entrar y decir algo ingenioso... pero ¡¿qué se supone que dice una cuando el hermoso y elegante Omega que le gusta está riéndose con otra mientras carga a un cachorro como si fueran una pareja?!
Puede ver a Angel en el sillón con su celular, esperando su bocadillo, incluso cruza miradas con el pecador alado, quien le alza una ceja y bebe una botella de licor mientras bufa.
Charlie lo fulmina con la mirada, sabe que se está burlando de ella. Al carajo, va a unirse casualmente a la conversación. Sonreirá. Fingirá. Y se mantendrá calmada. Como una señora refinada.
"¡Buenos días!" -atravesó la puerta con la sonrisa más forzada de su vida, cosa que obviamente se notó- "¡Qué agradable verlos a todos tan animados esta mañana! ¿De qué hablan?"
Ambos la miraron con confusión
"Oh... solo de la maravilla de la capacidad de liderazgo" -responde Lute agudizando la mirada- "Le contaba a Alastor un poco de las anécdotas de mis hermanas al entrenar"
"Y es ciertamente fascinante" -había un aire diferente en Alastor, sus ojos brillaron un poco ante la cercanía de la princesa- "La capacidad de un buen líder siempre es importante..." -habla en un tono teatral, mientras deja a Frank en el suelo- "...que sepa cómo llevar las riendas de la situación y saber ejercer su poder"
"Características de un ganador" -Lute inflo su pecho en orgullo- "Siempre me han gustado las almas así"
"Concuerdo con usted, Señorita Lute" -el ciervo soltó una pequeña risa estática, despidiéndose de Frank cuando se fue hacía Nifthy- "No me importaría compartir una botella de vino con pecadores así"
Un silencio incomodo reino ¡¿Ahora que decía?! Sabía de antemano que no tenía ninguna capacidad de liderazgo con mano fuerte.
"¡Bueno!" -dijo Charlie con un aplauso nervioso, demasiado fuerte para ser casual- "¡Yo también tengo habilidades de liderazgo! ...Cómo... organizar horarios... ¡Y animar al equipo! ¡Sí, eso! ¡Soy excelente animando!"
Lute alzó una ceja, visiblemente divertida. Charlie sintió cómo el calor subía por su cuello, como si ese gesto hubiera sido un reto
Alastor solo ladeó la cabeza, con una sonrisa que, por un momento, parecía más suave, dirigida sólo hacia ella.
Por un segundo... solo uno... Charlie se olvida de Lute y de Nifthy que ahora la está apuñalando en el pie.
Pero claro. Solo por un segundo.
"¡Charlie, mi dulce!" -Angel llega a la cocina, con su celular en mano- "Debo de irme..."
"¿Eh?" -su cuello se hubiera quebrado por la velocidad en la que volteó- "¡Pero tenemos muchas actividades hoy!"
"Es mi trabajo..." -su aroma se vuelve amargo un momento- "Y a menos que puedas convencer a mi jefe, no volveré hasta la noche"
"Pero... Pero..." -la rubia gruñó por lo bajo, empezando a seguir a Angel que se dirigía a la puerta, sin antes tomar un croissant- "No puedes irte así nada más..."
"Muñequita.... Es mi trabajo" -repite y a pesar de las quejas, salió por la puerta principal.
Charlie suspiró derrotada, y se dejó caer al suelo apoyada de la puerta cerrada, mientras Vaggi se acercaba se ponía a su altura para consolarla con el último sonido del taconeo del albino alejándose.
"Así que, deja que tus inquilinos salgan cuando quieran..." -Lute le lanzó una sonrisa burlona- "...y realicen actividades depravadoras..."
Charlie quiere arrancarle la garganta, ya es un hecho.
Sin embargo, se perdió más en la mirada de Alastor, como si esperará algún tipo de acción por su parte.
Algo en su interior hizo clic.
No era justo.
Estaban intentando mejorar, ¿no? Estaban sanando, juntos. Angel se estaba esforzando. ¡Todos lo hacían! ¿Y aún así debía salir a trabajar como si nada hubiera cambiado?
Charlie apretó los dientes bajo la mirada del pecador rojizo.
¿Con qué compartiría un vino con un líder de mano dura? ¡Ella será esa líder! Va impresionar a su bella fresa, ayudará a Angel y le cerra el hocico a Lute. ¡Todos ganan!
No era por celos, por supuesto que no.
No. Era cuestión de respeto. Era la princesa del Infierno. Y si ella decía que un residente suyo necesitaba descanso, entonces así debía ser.
Tomó aire, y con determinación se puso de pie liberando su aroma de pay a manzana.
"Voy a hablar con su jefe"
"¿Tú qué?" -Vaggie casi se atraganta.
"Voy a pedirle a Valentino que le dé unos días libres a AngelDust" -dijo Charlie con una sonrisa amplia, y trato de canalizar todo su optimismo en esas palabras- "Solo unos días... Para que pueda concentrarse en su redención"
"¿Vas a ir tú sola?" -Está vez fue el ciervo quien preguntó.
"¿Por qué no?" -alzó la cabeza- "Voy a ser amable... amablemente insistente, agresivamente educada"
"Eso no existe" -Lute bufa por la irracionalidad de la rubia.
"¡Pues lo voy a inventar!" -hecho una pequeña ráfaga de fuego, y se dispuso a salir, azotando la puerta.
Lo que hizo que la pared se cayera por la fuerza del temblor que provocó.
"¡Lo siento!"
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El edificio olía a perfume barato y pecado. Cada paso de Charlie resonaba por la acera de camino al estudio, como si estuviera marchando directo a la boca de la bestia... aunque ella no lo sabía.
No aún.
Estaba decidida. Firme.
"No es por celos" -se repetía internamente al entrar al estudio y pasar por la recepción como si nada-"Es por justicia. Solo eso. Justicia y... tal vez un poco de respeto. Un poquitito"
Y si Alastor terminaba impresionado con su temple de princesa firme pero justa, pues... bendito sea el Infierno.
Ignoró el llamado de unos asistentes al cruzar la gran puerta con decoraciones de corazón, decidida a hablar con ese Overlord.
"Así que aquí es donde sucede la magia"- admitió para sí, sin poder evitar notar que el lugar era bonito, aunque tenía demasiados corazones... incluso para ella- "Qué boni... ¡!"
Se calló de inmediato. El calor recorrió su cuello hasta la cara al ver a varios demonios completamente desnudos. Entre ellos, el albino.
"¡Lo siento!" -se cubrió los ojos como si pudiera borrar lo que vio, aunque más que vergüenza, lo que sentía era que le estaba faltando el respeto a su fresa- "¡No vi nada!"
Sonaba como excusa. Trató de no mirar. En serio, lo intentó. Pero una mano apartó la suya con brusquedad.
"¡Charlie...!" -No estaba segura de qué emoción marcaba ese tono, pero definitivamente no era alegría de verla- "¿Me puedes decir por tu puta abuela qué... qué haces aquí?"
"¡Soy la princesa del Infierno! ¡Y puedo ir donde yo quiera!" -respondió con el mentón en alto, mientras intentaba disimular su aroma a pay de manzana, que reaccionaba al revoltijo de feromonas del lugar- "Vine a conseguirte más tiempo en el hotel..." -agregó en un susurro, emocionada- "¿Dónde está tu jefe?"
Angel no respondió de inmediato. Su aroma se volvió amargo por un instante mientras alguien gritaba su nombre desde el fondo del estudio.
"Si crees que voy a dejarte hablar con Valentino..." -La araña se notaba alterada, probablemente porque temía retrasar la filmación- "Escucha... solo sal de aquí..."
"¡Oh! Pero mira lo que tenemos aquí~"
"Me cago en Dios..."
Charlie alzó la mirada. El pecador con aspecto de polilla se acercaba. Su aroma era como tabaco dulce con higos caramelizados y madera ahumada. Seductor, pero falso. Repulsivo.
"Princesa..." -dijo Valentino con una sonrisa depredadora- "¿Qué la trae por aquí a mi humilde calabozo del placer?~"
"Yo..." -Charlie dio un paso atrás cuando el gesto caballeroso se volvió lascivo, la lengua del Overlord recorriendo su brazo sin invitación. Aquel aroma dulce se volvió asfixiante, viscoso. Intentó sonreír- "Oh... jeje..."
"Qué adorable... espécimen" -dijo él, mientras Charlie liberaba un poco más de su propio aroma para protegerse. Pero eso sólo pareció excitar al otro- "¿No te gustaría audicionar? Puedo hacerte una estrella... y seremos mucho más ricos que tú... papito~"
"¡Carajo! ¡No!"
Sacudió su saco como si pudiera quitarse la sensación de suciedad que la envolvía. ¿Cómo es que Angel disfrutaba esto?
"He venido de manera agresivamente amable... para hablar de Angel..." -empezó a decir, pero se detuvo al ver el rostro de su huésped. El aroma de Valentino se volvió más denso- "Aunque, puedo esperar... no me gustaría interrumpir..."
Valentino se retiró, dejando un rastro amargo a su paso. Todos volvieron a sus posiciones con un gesto apenas perceptible.
La rubia apartó la vista. Angel estaba siendo rodeado por demonios más grandes que él. Sintió un nudo en el estómago. Así que se obligó a centrarse, y empezó a hablar con un demonio de la producción. Si iba a ser una líder, debía poder promover su proyecto sin canciones ni el apoyo constante de Vaggi.
Conversó animadamente, ignorando la mueca del técnico. Si todo salía bien, volvería al hotel con AngelDust, Alastor vería lo bien que podía controlar a sus futuros súbditos y Lute se retorcería de rabia.
Su aroma se volvió más dulzón solo de pensarlo.
"¿Qué está sucediendo...?" -La voz grave de Valentino la interrumpió.
"¿Disculpa...? ¿Hice demasiado ruido?" -preguntó con inocencia fingida. En realidad, no se disculpaba por él. Se disculpaba por Angel- "Le estaba contando a este amigo sobre mi hotel..."
"No pasa nada... princesita..." -su tono dejaba claro que sí pasaba algo- "No me molesta para nada que hables..."
"Bueno... si es así..." -se acercó a Valentino. Tal vez si le hablaba con sensatez, podía suavizarlo un poco- "Esta escena... es algo, violenta..."
El albino la miró. No supo identificar esa mirada, pero su aroma seguía dulce, así que tal vez había expectativa allí.
"Si gustas, puedo sugerir algunos cambios..."
Y tropezó.
No sabía cómo, pero cuando toco el suelo noto como salían chispas de los enchufes. Lo siguiente que supo es que el estudio estaba en llamas.
"¡Lo siento! ¡Yo...!" -Trató de apagar el fuego con su saco, inútilmente, hasta que una ráfaga de humo rosa con olor a tabaco extinguió todo de golpe- "Yo... puedo arreglarlo..."
"No te preocupes, queridita..." -dijo una voz detrás de ella. No supo cuándo se había acercado el Omega a Valentino- "Hay gente que se puede encargar de ello..."
Charlie estaba demasiado aturdida para hablar. Hasta que la polilla se llevó a Angel.
Silencio.
Eso fue peor que cualquier cosa.
La hizo estremecer.
Trató de ignorarlo, como siempre lo hacía.
Ignoró las miradas aterrorizadas de los demás.
Ignoró su aroma amargo.
Ignoró ese instinto que le gritaba que debía irrumpir en esa habitación y sacar al Omega que estaba bajo su protección.
Era normal... aquí... eso era normal.
Y después de minutos que parecieron horas... Angel salió.
Tenía un ojo morado y cayó sobre la cama del set como una marioneta sin hilos.
Valentino gritó y todos se movieron como si fueran una máquina bien aceitada.
"¡¿Cómo te atreves a tratarlo así?!" -El aroma de Charlie se volvió denso, con notas quemadas. Sus cuernos y cola surgieron sin control.
Uno de los suyos estaba herido.
"¡Charlie!" -El único que pudo detenerla fue el albino.
"¿Eh?"
"¡Ya fue suficiente!" -La tomó del brazo con una fuerza que la sorprendió- "¡Te pedí amablemente que te fueras... pero no lo hiciste!"
"Yo solo quería ayudar..." -No entendía por qué se comportaba así. Era obvio que Valentino lo había lastimado- "No pensé..."
"¡Pues sí, NO PENSASTE!" -Angel estaba temblando- "Si de verdad quieres ayudar..." -su voz se quebró- "...Vete a la mierda y déjame hacer mi trabajo..."
"Pero..."
La mirada de Angel bastó. No era odio. Era algo peor. Resignación.
Charlie se tragó todos los insultos que tenía guardados para esa polilla y se alejó con los ojos llenos de lágrimas.
Vaya que le fue maravillosamente.
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Alastor no sabe cómo sentirse al ver a Charlie llorar.
Ella solo entró al hotel con un rastro de olor a quemado, con una mirada fría y sus zapatos haciendo eco en el lobby.
La risa de Frank se fue calmando cuando alejó el pincel con el que estaba colocando algunos símbolos de protección vudú sobre su cascarón. También le servía para que resaltará del resto de los huevecillos de Sir Pentius.
Vaggie y Lute se habían retirado a practicar algo de combate; la serpiente había salido con algunas libretas, quién sabe a dónde... y Husker... solo le señaló a la princesa con un gesto desde el bar.
Inclinó la cabeza confundido, sin saber exactamente qué hacer. Por un lado, sabía que no es el mejor para consolar, él mismo entierra esas horribles sensaciones bajo cada capa posible, pero... ver cómo es Charlie quien está en el sofá hecha un ovillo, mientras lágrimas caen...
No se siente bien.
"Parece que a la princesa no le fue bien..." -Frank tomó su sombrero entre sus manitas, mirando con curiosidad a la rubia, mientras Alastor lo colocaba con cuidado sobre la mesa junto a Nifthy, quien había dado una pausa de su cacería de insectos para mirar a la princesa- "No sonríe..."
"Es lo que veo, mi criatura ovoide..." -El ciervo solo pudo ignorar la mirada directa de Husk en su nuca. ¿Acaso se olvida con quién está tratando?- "Y por lo que observo... tuvo una pequeña dosis de realidad"
La pequeña pecadora pareció satisfecha con esa posibilidad, pero Alastor...
Es Charlie. La que en estos días, se ha dado, cuenta que es increíblemente terca.
La que peleó con una reportera a puño limpio cuando insultó su proyecto.
La que decidió que era buena idea cortejar a un Omega como él.
No, no iba a aceptar que la Alfa, que lo tomó de la cintura y lo guió en un baile, se vea tan... triste.
"Sin embargo... no puedo permitir que alguien que me esté cortejando se vea... así" -invocó su bastón en un parpadeo, mientras le daba una mirada de advertencia a Nifthy- "¿Qué dirán los periódicos si se enteran de este acontecimiento cuando acepte?"
Las miradas de los pequeños, parecieron hacerle darse cuenta de lo último que había dicho.
"¡Si llego a aceptar, claro!" -el tono salió agudo debido a la vergüenza- "¡No es que lo esté considerando! No es eso... solo..."
Decidió callarse y desaparecer en sus sombras antes de que se hundiera más frente a sus dos Betas.
"Vaya, vaya... Pero mira a quién tenemos aquí~" -conforme lo vio, Charlie trató de limpiarse el rostro- "Creo que ya es algo tarde para eso, princesa..."
"Sí..." -su aroma se hizo más amargo- "Lamento que tengas que soportar a alguien tan patética..."
El pecador rojizo solo se quedó en silencio unos momentos, antes de mirar a su alrededor. Husker se había ido y sus dos pequeños estaban a una distancia prudente.
"Sí, definitivamente eres patética" -un rubor ligero se extendió cuando soltó algo de su aroma tímidamente. Giró su rostro, ignorando los ojos abiertos de la rubia- "Pero no te puedo culpar por tratar de ayudar a uno de los tuyos..."
Una de sus orejas se movió instintivamente al escuchar cómo Charlie se removía en su lugar, y agradeció internamente que su gabardina cubriera su cola inquieta.
"Soy una hipócrita" -la Alfa dio un pequeño aplauso y, de una luz dorada, cayó una pequeña escultura- "No soy aquella persona amable que pensé que era..."
"Nadie es perfecto, Charlie..." -su sonrisa se tensó cuando se dio cuenta de que la llamó por su nombre, ¡sin ningún acompañamiento! ¡Qué indecencia!- "Disculpe..."
"Repítelo"
Se volteó al sentir cómo el aroma antes amargo ahora irradiaba dulzor. Como ese pay recién salido del horno. Y es que la princesa había dejado surgir sus cuernos y su cola, la cual se movía rápidamente.
De alguna manera retorcida, se le hizo adorable.
"¿No estábamos a punto de pasar al tema de nuestro afeminado amigo?" -trató de volver al tema principal, ignorando cómo Charlie pareció extender su mano hacia su rostro colorado. Su aroma a fresas revelándose un poco más.
Y entonces su nariz recibió un aroma familiar, que aunque tenue... eclipsaba todo lo demás.
"Se suponía que te lo iba a dar cuando estuviéramos compartiendo una copa de vino..."
Un ciervo de madera, pequeño, tallado a mano y que desprendía una fragancia a Iris de Luciana, tenía múltiples símbolos de protección vudú pintados. Y cuando pensó que esa escultura no podía ser más hermosa... Charlie la tomó entre sus dedos y tocó el pequeño corbatín que tenía.
"Cheek to Cheek~"
Era la canción que cantó Charlie. Grabada... con su melodiosa voz.
No pudo evitar que sus ojos brillarán un poco.
"Nuestra canción..." -las palabras salieron sin que pudiera detenerlas.
Sin quererlo, aplanó sus orejas contra su cráneo. ¡¿Qué le sucedía?!
La sesión con Rosie debió haberlo dejado muy mal.
No fue tan brutal. Solo le devoró el hombro y ...la boca ¡Nada fuera de lo común!
Agradece que Lilith no haya estado... A esa Alfa le gustaba ir MUCHO más lejos.
¡Pero no explica por qué se está comportando así!
"Te ves adorable..."
Bien. Ya pueden enterrarlo vivo, renuncia a su título. Está seguro que ha vuelto a morir mínimo dos veces en los últimos minutos.
"No digas eso..." -trató de recomponerse, se ajustó el moño como si eso de alguna manera deshiciera la vergüenza que se apoderó de él- "Simplemente me tomaste desprevenido..."
"Entonces ya te voy sorprendiendo más de una vez~" -Charlie le dedicó una mirada confiada, mostrando una sonrisa coqueta. Su aroma a crema se hizo más fuerte- "Así que deberías empezar a preocuparte..."
Ahora no sabe qué hacer... quería que la princesa sonriera, pero no de esa manera... aunque no se queja.
No sabe cuándo los dedos de Charlie se colaron entre los suyos, apartando su bastón con delicadeza, con la excusa de darle el pequeño ciervo de madera. No la apartó.
Sus orejas seguían caídas cuando Charlie le giró el rostro para verlo a los ojos.
Esos ojos rojizos con iris dorado que parecían escanear su alma... hicieron que su sonrisa temblara, y su cuerpo se tensara cuando le apartó un mechón con suma delicadeza.
"Ahora, ya sé qué hacer..."
Y sin más, se alejó.
Con un ademán hizo que una nube dorada se esparciera por todo el lobby. Los aromas desaparecieron.
Como si ellos nunca hubieran conversado... y a la vez sí.
"¡Suéltame, Frank!"
Salió de su estupor para ver a Nifthy, amarrada con varios trapos de cocina. Bueno, eso explica por qué no apuñaló a Charlie.
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Las puertas del elevador se abrieron con un suave "ding".
Luces rojas. Muebles de terciopelo. Paredes tapizadas con fotografías borrosas que preferiría no examinar demasiado.
Conforme sus cabritos le avisaron que Angel había regresado, quiso bajar a disculparse, pero conforme pudo verlo... ya se estaba yendo, otra vez.
Gritó algo que no entendió bien, aunque se notó claramente de quién es la culpa: Husk.
Así que después de decirle al gato alado que lo cuidara y que no lo obligue a regresar, se puso en marcha.
Ahora, frente a ella estaba el despacho. Una puerta negra con detalles dorados y una gran "V" en el centro.
Charlie golpeó con fuerza. Una vez. Dos veces.
"¡¿Se puede saber quién...?!"
La voz chillona de Valentino se apagó apenas la vio entrar. La sonrisa presumida resbaló por su rostro, reemplazada por una expresión de genuina sorpresa. Y luego, diversión.
"Ohoho~ Princesa Morningstar..." -él encendió un cigarro y lo sostuvo con sus dedos como si tuviera todo el tiempo del mundo- "Qué honor inesperado..."
"Buenos días, Señor Valentino" -dijo Charlie, con la voz firme, el mentón en alto y su aura dulce elevándose con aroma a manzana caramelizada- "Vengo a hablar sobre AngelDust"
"¿Angel? ¿Mi súper estrella?" -se acercó, su aroma a higo le hizo guerra al suyo- "¿Acaso... Le dijo algo sobre mí?~"
"Solo quiero pedirle..." -continuó la rubia- "que le dé unos días libres. Nada permanente, solo... algo de descanso. Él ha estado trabajando mucho y-"
“¿Y tú crees que el mundo de los negocios se detiene solo por qué alguien necesita un descanso, Princesa?”
La risa de Valentino era horrible.
Pero no retrocedió.
No va a retroceder.
No por ella...
No por respeto.
Ver esa mirada, llena de esperanza.
¿Cómo va a poder proteger a Alastor si ni siquiera puede hacerlo ella misma?
¿Tiene el derecho de dirigir un proyecto tan grande cuando ni siquiera puede proteger a alguien de los suyos?
Así que decidió investigar un poco...
Angel merece un verdadero trabajo.
Y con todo lo que había descubierto en esas horas...
Era una idiota.
"No se lo estoy pidiendo como princesa" -replicó ella, firme, queriendo conservar esa pequeña chispa de optimismo- "Se lo pido como alguien que está tratando de redimirlo. Ayudarlo. Y este proceso requiere tiempo, comprensión... y humanidad"
Valentino la observó unos segundos. Dió una bocanada de humo. Luego, se echó a reír.
"¿Humanidad? ¿En el Infierno?"
La Alfa no se inmutó. Dio un paso adelante.
“Lo único que pido son unos días”
"Mira, Princesa..." -su tono bajó, más grave, más íntimo- "No funciona así..." -dio otra bocanada- "Angel firmó un contrato... Tiene obligaciones..." -su aroma higo se hizo fuerte- "Deudas... Lugarcitos que no puede... abandonar así como así”
Charlie frunció el ceño.
"¿Qué clase de contrato?"
Claro que lo sabía, para un ser demoníaco, 40 años no son muchos, así que solo tuvo que investigar un poco de la vida del albino para encontrar el anuncio de una nueva estrella cinematográfica...
"Uno infernal, muñequita~" -su sonrisa se volvió mucho más afilada- "Uno que lo ata a mí hasta que YO decida lo contrario..." -dio una pequeña risa triunfal- "que hace... Que me pertenezca~"
El mundo se detuvo, cuando esas palabras confirmaron sus teorías.
La voz de Husker se repitió como un eco lejano en su mente.
"Ese idiota sonriente tiene mi alma..."
Charlie dio un paso atrás, la dulzura empezando a ser reemplazada por olor a quemado.
Sintió como si la sangre dejara de fluir por un instante.
"¿No es por voluntad propia...?" -preguntó por última vez.
Valentino alzó una ceja.
“¿Tú pensabas que Angel lo hacía por gusto?”
Un segundo más.
Y luego todo hizo clic.
Las sonrisas fingidas. Los ojos cansados. El aroma a gelato que a veces olía a culpa. Las bromas cargadas de amargura.
"Entiendo..." -Solo eso... Porque de pronto, no le salía nada más.
El otro Alfa, complacido con el silencio, se puso de pie y dio una calada final a su cigarro.
"Así que no, princesa... No hay días libres... No hay redención, no para alguien como él... Angel es mío"
Se dirigió a la puerta de su oficina, listo para sacar a patadas a Charlie.
Hasta que una explosión de fuego dorado rompió el suelo bajo los pies del demonio.
La voz de Charlie tembló. No de miedo. De rabia.
"No... Es... tu esclavo. Y eso... termina hoy"
¿Cómo podrá mirar a los ojos a Alastor y decirle que era digna de cotejarlo?
¿Cómo va a ser tan doble cara de no pelear con uñas y dientes por alguien a quien aprecia?
Las pocas veces que ella vió a Angel sonriendo genuinamente... Fue cuando lo felicito por un dibujo.
¿Por qué?
¿Por qué dejó que sufriera aún estando bajo su techo?
La mirada aterrorizada de Valentino la satisface en todos los sentidos.
Ella es la Princesa del Infierno.
