Chapter Text
Alastor no se movió de sus piernas, aunque ahora había un grupo completo de los amigos de Charlie rodeándolos.
Emily se había sentado justo a un lado de ellos. Alastor uso sus largas piernas para mover en banco giratorio y no tener que darle la espalda a ella. Parece que la opción de levantarse no existía, así que Charlie tuvo que aguantar todo eso.
Está bien. No fue tan malo.
―¡Esta cena fue un fiasco! ―Dijo Emily, aunque no parecía enojada―. La lluvia complico todo y la comida se atrasó. ¡Fue muy triste!
―Lo siento mucho, querida ―le dijo Alastor y sonó casi sincero.
Emily se encogió de hombros.
―No importa. Ya mismo llega la comida y las personas están bailando y divirtiéndose. ¡Y hay una banda en vivo! Ese es un extra muy bueno.
¿Había una banda?
Charlie no lo había notado.
Y ella, realmente, no estaba muy concentrada en la conversación entre Emily y Alastor. En su lugar, estaba enfocada en Angel, que estaba sentado a su otro lado, mientras que Cherri y Pentious estaban de pie.
Al ver a su amiga, Charlie quiso levantarse y darle su asiento, pero luego recordó que, se supone, nadie sabe de su embarazo, así que, no lo hizo. Aunque mentalmente empezó a planear una excusa para hacer que ella se sentara.
O eso era lo que quería hacer, hasta que Angel le mostró el video que claramente grabó de Alastor y ella besándose.
Charlie ni lo vio. Apenas notó que era ella, apartó la mirada y se puso a pedir que lo borraran.
―¡No haré eso! ―Angel estaba que se partía de la risa―. Charlie, es sorprendente que sigas vivas luego de eso.
―¡Déjame en paz!
―Creo que fue lindo, Charlie. ―Pentious fue amable, aunque aún parecía burlón―. Evite hacerlo en público la próxima vez.
―Bien que te gustó verlo ―dijo Cherri, sonriendo.
Un chiste interno de su grupo de amigos, que Charlie ya ni recuerda cómo fue que empezó, era que Pentious era algo así como un voyerista. ¡No era verdad! Pero era gracioso burlarse de él por eso y, en cortas ocasiones, él también seguía el juego a un chiste imbécil hecho por imbéciles.
Eso eran todos.
Imbéciles.
―No, pierde chiste cuando más personas miran al mismo tiempo ―dijo Pentious, con una sonrisa socarrona.
Cherri soltó una risa y lo golpeó en el hombro. Angel se rio aún más fuerte. Y Charlie…
Mierda, ella se quería morir.
Fue entonces cuando empezó a sonar un tambor. Un ritmo inconfundible de jazz llenó la sala y Charlie escuchó a su prima gritar de emoción.
―¡Amo esa canción!
Emily salió casi que, corriendo, buscando a Vaggie.
Luego, Alastor se levantó. Se volteó hacía Charlie, extendió su mano como invitación y sonrió.
―¿Bailamos? Soy mejor bailarín.
¿Mejor que quien?
¿Pentious?
¿Alastor estaba celoso de Pentious?
¿Cómo por?
―¡Vamos, Charlie, deslúmbranos a todos! Pero sin lengua, por favor.
Okey, no, Charlie se levantó, tomó la mano de Alastor y casi que salió corriendo a la pista de baile. ¡No podía soportar estar tanto tiempo con sus imbéciles amigos!
Aun así, cuando estuvo lo suficientemente lejos, se volteó y le gustó ver que Cherri se había sentado justo donde ella había estado.
•••
La banda apenas había tocado las primeras notas cuando a Charlie le brillaron los ojos.
Siempre le pasaba con el jazz: era como si su cuerpo entendiera antes que su cabeza que la noche estaba a punto de ponerse buena. Claro, ella no era una fan a muerte del género, pero su familia, en general, tenía una preferencia grande por música así. Nunca lo había entendido al completo, pero le gustaba. ¡Y era buena bailándolo! Aunque no mucho. Ella, normalmente, solo se concentraba en divertirse.
Pero cuando Alastor le ofreció la mano, con esa sonrisa tranquila, confiada, que solo usaba con ella últimamente, el corazón se le aceleró un poco más de lo normal.
Por la música.
Siempre por la música.
Siempre, mierda.
En cuanto tocaron la pista, la energía alrededor pareció plegarse, como si todos hubieran decidido hacerse a un lado para mirar. Claro, eso no era verdad, pero a Charlie le encantaba sentirse la dueña de la pista cuando bailaba.
Era buena bailarina y era una de las cosas de su corta lista que presumía a mucho orgullo, casi siendo molesto. O eso le habían dicho los torpes que no sabían mover la cadera al ritmo de la salsa.
Si, Charlie se convertía en una ególatra idiota cuando se trataba de bailar.
Ella miró a Alastor, y la forma en la que la miraba justo antes del primer paso, como si el simple hecho de bailar con ella fuera lo mejor que le había pasado en semanas, le hizo sentir bien.
―¿Te gusta el jazz? ―Preguntó ella.
Alastor sonrió con confianza.
―Amo el jazz. El género musical más encantador de todos. Aunque admito que disfruto más cuando hay cantantes de por medio. ―Alastor se acomodó los lentes―. Emily disfruta más las puras instrumentales.
Charlie frunció un poco el ceño.
Ella no preguntó por Emily.
Sin embargo, simplemente apartó ese pensamiento de su mente.
Charlie arrancó con un movimiento de hombros juguetón, y él soltó una risa corta. Ya sabes, esa risa que le salía cuando algo le encantaba más de lo que pretendía mostrar. Ella, por supuesto, no prestó atención. Estaba muy ocupada divirtiéndose.
―¿Lista? ―Preguntó él, acercándose más a ella y Charlie, incluso, pensó que Alastor iba a besarla. De nuevo.
Oh, que mierda.
Ella rodó los ojos, porque quería alejar esa necesidad extraña de querer que él si volviera a besarla. Pero, no, eso sería demasiado. A Charlie no le gustaba sentir que se estaba acostumbrado a Alastor.
Realmente era un pensamiento extraño.
―¿Cuándo no? ―Dice ella, esperando lucir super confiada.
Y parece que si fue así, porque Alastor le sonrió con cariño, y no perdió ni un segundo.
Él la hizo girar, y a ella se le escapó un pequeño wow que solo Alastor pudo escuchar. Se movían rápido, tan rápido como pensaban. Cada giro la hacía reír y cada agarre firme de él la hacía confiar, como siempre. ¿Qué hablas Charlie? Como hace menos de dos semanas, torpe. Ni que lo conocieras de años.
Alastor no fallaba. Nunca fallaba. Sabía exactamente cuándo soltarla, cuándo sostenerla, cuándo empujarla suavemente para lucirse. Cuando acercarse tanto que Charlie empezó a frustrarse porque siempre aparentaba ir a besarla, pero no lo hacía.
Menudo imbécil.
¡Todos son imbéciles!
El muy cabrón se acercaba a ella y la tomaba por la espalda y la inclinaba hacía atrás. Charlie, como la tarada que era, soltaba una risita, mientras seguía bailando.
Hasta ella era una imbécil.
Alastor le tomó una pierna y la levantó. Charlie lo tomó del cuello y sonrió, con los ojos cerrados, mientras se dejaba caer un poco hacía atrás. Él le apretó el muslo como una caricia ruda que a ella le gustó.
Y él la dejaba lucirse. También. Porque ni modo que la tuviera en segundo plano.
La tomaba de las manos, la alejaba y la atraía a él como si nada. Charlie se reía, porque era la primera vez en mucho tiempo que bailaba con alguien a quien no se le enredaban los pies.
Incluso, tuvo que admitir muy para sus adentros, que Alastor se movía más rápido que ella. Era un poco complicado seguirle la corriente en ocasiones. Él parecía no tener tiempo para burlarse, pero si le sonreía con burla cuando sentía que se equivocaba un poco.
Charlie creía que Alastor, en su mente, la estaba llamando rubia tonta en francés.
Cada vez que la música subía, subían también ellos: más rápidos, más audaces, más cómplices. Se acercaban tanto que sus respiraciones casi se chocaban, solo para separarse de golpe en un estruendo poderoso de batería, cada uno siguiendo un camino distinto para reencontrarse en el siguiente compás.
Mierda, era como si siempre hubieran estado destinados a bailar juntos. Como si eso fuera lo primero que tuvieron que hacer al conocerse. Como si… Como si sí, puta madre.
Y cuando Charlie se lanzó a la pequeña acrobacia, que era una levantada improvisada, totalmente innecesaria, pero absolutamente perfecta para hacerlo quedar en ridículo solo porque ella no iba a soportar que Alastor bailara mejor que ella, él la atrapó sin esfuerzo, riéndose como si hubiera estado esperando ese capricho suyo toda la noche.
―¡Eso fue nuevo! ―Dijo él, mientras la giraba otra vez, como si ambos tuvieran una coreografía planeada.
Espera.
Ah, claro.
Novios falsos que planean coreografías de jazz.
Si, eso tiene sentido.
Tal vez.
―¡Improviso bonito! ―Exclamó Charlie, soltando una carcajada cuando sus pies tocaron el suelo―. En cualquier cosa, ¿sabes?
Alastor le sonrió, se lamió los dientes superiores, chasqueó las muelas y sonrió con desafió.
―Ya veremos.
La banda entró en su clímax y ambos se movieron como dos llamas alimentándose mutuamente. No había pasos promedio: solo pura alegría, pura energía, puro amor al ritmo. Bailaban con el corazón abierto, los pies furiosos y el alma ligera.
Charlie se sentía viva, al completo, y, aunque el sudor empezaba a brillar en sus sienes, ambos parecían saber lo mismo: esto no terminaba aquí.
Porque iban a bailar más canciones. Obvio.
El último golpe de la batería llegó como una explosión, y ellos cerraron la rutina chocando las frentes, respirando fuerte, sonriendo como quienes acaban de ganar algo que no sabían que estaban compitiendo.
Bueno, ya, parece que el baile vuelve a Charlie una pendeja sensible nivel saiyajin.
Los lentes de Alastor le golpeaban un poco el rostro. Charlie sentía que su sudor se mezclaba con el de él. Y sus manos, casi de forma instintiva, fueron a la nuca de ese hombre. Ese maldito hombre.
Él la miraba como si quisiera decir algo. Algo importante. Algo grande. Y Charlie, que nunca se dio cuenta, por primera vez notó que temblaban los dedos al verla.
Como le había pasado desde el primer momento, pero parece que ella estaba muy idiota para notarlo.
―¿Otra? ―Preguntó él, con voz baja.
―¿De verdad se pregunta? ―Respondió ella, y tiró de su mano antes de que él pudiera respirar.
Alastor soltó una risa, pero la detuvo un poco, para su total pesar.
―¿No quieres algo de beber primero?
Charlie pensó en Husk. Miró hacía el bar y lo vio, atendiendo a Angel y hablando como si fueran amigos de toda la vida. Luego, volvió a mirar a Alastor.
―Quiero seguir aquí.
Los ojos de Alastor brillaron. Su sonrisa creció. Sus pupilas se dilataron. Y Charlie se dio cuenta que amaba verlo así.
Ser la responsable de esa reacción le hizo sentir orgullo.
Alastor, quizás contento con la respuesta de Charlie, decidió ignorar la música y solo… Moverse con ella. No bailaban, sino que él simplemente la tomó de la muñeca y la hizo dar una vuelta.
―¿Sabes que canción fue la que acabamos de bailar?
Charlie negó.
―Sing, Sing, Sing de Benny Goodman.
Charlie no sabía quién era ese tipo.
―Qué bonito.
―¿Sabías ―empezó él, con ese tonito que anunciaba un dato curioso innecesario― que Benny Goodman era tan perfeccionista que obligaba a los músicos a ensayar aunque estuvieran enfermos?
Ella alzó una ceja.
―¿En serio?
Alastor asintió. La hizo dar una media vuelta, solo para hacer que su espalda se recargara contra su pecho. Sus manos seguían juntas, pero los brazos de Charlie quedaron cruzados.
―Sí. ―Él le habló en esa pose, acercándose un poco, solo un poquito―. Decía que el swing no podía pasar desapercibido. Que, si algo era bueno, tenía que sentirse… hasta en los huesos.
Ella rio, ignorando a propósito el énfasis suave en la frase.
―Eso suena a ti ―dijo ella―. No te enfermas, pero si pudieras obligarme a ensayar contigo, lo harías.
Charlie no lo dijo en mal plan. De hecho, simplemente estaba siguiendo la falsa conversación que tienen como los dizque novios que son.
Él fingió indignación.
―¿Obligarte? Por favor. A ti solo hay que invitarte y ya estás tirándote a la pista.
¿Eso fue un chiste de doble sentido?
Oh, claro, las parejas hacen esa clase de chistes porque… Porque cogen, mierda.
Si, tiene sentido.
Fue por eso que Charlie, un poco nerviosa, se acurrucó más cerca de Alastor. Giró un poco su cabeza y, en un susurro que quería que fuera escuchado por todos los cercanos, dijo:
―Porque me encanta bailar contigo.
Alastor solo la miró como si acabara de decirle algo peligrosamente dulce.
―A mí también ―respondió en voz más baja de lo necesario―. Me encanta tirarme a la pista contigo.
Charlie soltó una risa temblorosa. Luego, Alastor enterró su cara en su cuello y la sacudió un poco. No la beso ni nada, pero si le causó cosquillas y ella se rio con más ganas.
―¡Ya, basta, sueltamente!
―No suelto lo que me encanta, corderito.
Vaya, Alastor si era bueno actuando.
Él volvió a darle una vuelta, alejándola de él. Charlie sonrió, un poco encantada. Luego, él volvió atraerla hacía sí mismo, pero esta vez marcó una distancia que a Charlie confundió por un momento. Entonces, él flexionó su pierna izquierda, mientras que mantenía la otra estirada, y, sin soltar los brazos cruzados de Charlie, hizo que ella se recostara sobre él.
¡Oh, Charlie entendió la pose!
Levantó su pierna un poco y sonrió, divertida.
―¿Qué canción suena ahora? ―Preguntó, sin dejar de mirarlo.
Alastor no contestó al instante. Prefirió mirarla por un tiempo, con los ojos brillantes.
―My Baby Just Cares for Me de Nina Simone ―dijo él, como si fuera una verdad universal.
Charlie sonrió un poco más suave.
―Me gusta ese nombre. ¿Y qué hay con ella?
Alastor suspiró y volvió a incorporarse. Nunca dejó de mirar a Charlie. Soltó sus manos un momento, pero solo para volver a tomarlas de mejor forma. Pegó su frente a la de ella.
―Nina Simone escribió esta canción ―empezó él, mientras ella no podía dejar de mirarlo― para alguien que la hacía sentir… diferente.
Ella entrelazó sus dedos con los de él.
―¿Diferente cómo?
―Como si el mundo fuera más fácil. Como si no tuviera que esforzarse para sentirse bien con una persona.
Ella sonrió, con un suspiro tembloroso saliendo de ella. Alastor le devolvió la sonrisa, aunque la de él parecía más satisfecha que otra cosa.
―Eso suena bonito ―dijo Charlie, de forma sincera, en un susurro.
―Sí, lo es ―respondió él, mirándola de forma tan suave que ella sintió que se estaba perdiendo de algo―. Porque no se encuentra a alguien así todos los días.
Ella asintió, cómodamente.
Pero no supo si la comodidad venía de lo que le contó o si del propio Alastor.
•••
Dos canciones más y ellos si fueron por tragos. No los atendió Husk, cosa a dejó a Charlie un poco inquieta, pero estaba tan cansada que no pensó mucho en ello.
Aunque ella estaba sudando, el salón era cerrado y tenía un aire acondicionado tan fuerte que a Charlie empezó a darle un poco de frío. Alastor lo notó muy rápido y, cumpliendo su papel de caballero, se quitó el saco y se lo puso.
Le quedaba grande, olía mucho a él y Charlie decidió que no se lo iba a devolver.
―Eres una gran bailarina, querida ―dijo él, con una bebida en sus manos―. Salud por eso.
Charlie sonrió y chocó su vaso con el de él.
Honestamente, no sabía que estaba bebiendo con exactitud, pero esperaba que fuerza dulce. Cuando se bebió todo el contenido de un trago, supo que era whisky.
Ella hizo una pequeña mueca. Nunca ha sido muy fan de esa bebida.
―¿Qué está sonando ahora? ―Preguntó, simplemente para hablar un poco.
Alastor tarareó un poco.
―¿En serio no reconoces ninguna canción?
―Apenas recuerdo una canción de Frank Sinatra, no me pidas mucho.
Él asintió, bebió su bebida y luego se pidió otro.
―At Last de Etta James.
―Me siento genuinamente impresionada por no reconocer ninguno de los nombres que has dicho.
Alastor soltó una risa y se recargó en la barra, mirando a Charlie con los ojos entrecerrados en una expresión de calma total y casi cariño.
―Es una canción… muy especial.
Ella sonrió.
―Es preciosa.
―Sí. ―Él se acercó más―. Etta James la interpretaba pensando en… en el momento en que encuentras a alguien que… que te cambia el ritmo. Que hace que todo encaje. Que…
Charlie lo miró, curiosa.
―¿Qué…?
Él tragó saliva.
―Que te hace sentir que llegaste por fin al lugar correcto ―dijo, casi temblando, pero con una honestidad limpia casi genuina.
Y Charlie… Ella sonrió como si él hubiera hecho un comentario bonito sobre música, nada más. Porque fue algo muy lindo y le gustaba sentir que Alastor tenía un lado sensible.
Se preguntó si era así con su familia. Quizás lo era más con su hermana.
―¡Ay, qué lindo lo dices! De verdad deberías dar clases de apreciación musical. ¡Lo explicas tan bien!
Él cerró los ojos un segundo.
Se bebió la bebida de un solo de nuevo, dejando caer de golpe el vaso en la barra.
―Me lo han dicho antes.
―¿En serio? ¡Eso es genial!
―Es un maldito mentiroso.
Charlie se volteó, encontrando a Husk limpiando una copa larga con una sonrisa presumida en el rostro. Ella sintió que una sonrisa creía en su cara y, casi sin quererlo, buscó acercarse un poco a él.
No pudo. Alastor la tomó del hombro y le impidió moverse. ¡Y solo tuvo que usar una mano para eso!
―Husk-
―A Alastor nunca le han pedido que de clases. Él odia enseñarles cosas a las personas.
Husk tenía una sonrisa muy grande. Era la clásica sonrisa que pone una persona cuando molesta a su mejor amigo. Muy cercana, tierna y sincera. Hizo que en Charlie creciera un sentimiento reconfortante y mucho.
―¿En serio? ―Charlie sonrió con torpeza―. Yo pensé que sería un presumido.
Husk negó.
―Él siempre ha dicho que solo les enseña a las personas que valen la pena.
Charlie parpadeó, un poco confundida.
Volteó a mirar a Alastor. Y él no la miraba, en su lugar, la evitaba. Su cabello despeinado le cubría la cara, pero Charlie era capaz de ver un sonrojo prominente en él.
Parecía casi avergonzado.
Ella no entendió el porqué.
Pero sintió que se estaba perdiendo de algo muy obvio.
―Creo que quiero irme a la cama.
Alastor aun no la veía, pero asintió.
―Buen plan.
