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| Americano |

Chapter 7: 0;07

Summary:

Acerca del trauma de Poe, la intimidad y su tensión sexual no resuelta, traumas, traumas y desenlace...

Notes:

Descripciones gráficas de violencia típicas del canon.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Edgar está solo.

Se encuentra a sí mismo despertando, solo en su habitación, no hay siquiera luz del sol filtrándose por la cortina oscura de la ventana. Sabe que hay algo raro, sabe que algo ha perdido, mas no logra averiguar qué le falta.

Se siente pequeño, no como el hombre de metro noventa que siempre es, sino como un niño o adolescente, incluso sus cosas están hechas a la medida para alguien más pequeño. Lo cual, también es realmente extraño. Incluso si se trata de Edgar más joven, él era muy alto para lo promedio.

Escucha sollozos. No sabe de qué dirección provienen, pues el sonido se opaca por la puerta y las paredes.

Los sollozos parecen de algún conocido, pero no identifica de quién es.

Curioso, se quita las sábanas y sale de su cama. Camina hasta la puerta y la entreabre un poco para oír lo que hay del otro lado y no está seguro de por qué se muestra acceso a otra habitación en vez del pasillo de Moby Dick; mucho menos entiende porqué hay un hombre que solo ha visto en fotos y un pequeño Ranpo.

El hombre lleva una espada en su mano derecha y la otra se mantiene cerrada, su mirada es dura y penetrante, haría llorar a cualquier enemigo que lo tuviera enfrente. Pero el pequeño Ranpo no llora, lo intenta pero por el mismo lado, lo desafía. Su respiración es irregular, lo que demuestra su miedo ante la situación, sin embargo su mirada es de rencor y odio, sus iris están consumidos por flamas verdes de ira que solo respaldan más su punto.

—¿Te crees muy listo? —ante la pregunta del hombre, el pequeño Ranpo retrocede unos pasos arrastrándose con su columna y sus manos. —Te crees muy listo.

Lo siguiente que Poe observa es un corte limpio en medio del pecho del pequeño Ranpo.

Después, todo es blanco. No hay nada más que blanco y un Edgar parado en ese vacío inmenso. Después aparece otra puerta. Desde luego duda en abrirla, pero sin soportar más estar en ese estado puro que lastima la vista, él se acerca y abre la puerta.

En esta sí encuentra el pasillo de la ballena que estaba buscando desde un principio. Para su mala suerte, no es el único, muchos de sus compañeros y amigos están corriendo en dirección a la salida convencional.

—¡Edgar, Edgar! —Herman se acerca con ímpetu y lo toma de las manos, instando a que ande por sí solo y siga a la multitud —Estamos bajo ataque, Edgar, tienes que ayudar a evacuar, sobre todo a los más jóvenes.

Ah, recuerda esto. Sin embargo, ¿por qué lo recuerda? Aún no ha pasado.

Algo inaudible sale de su garganta, mas sigue las indicaciones dadas y se dispone a ayudar.

Él ayudó en la transformación de Moby Dick para equiparla con lo necesario y más para que fuera una base aérea, sabe todas las salidas, rutas de evacuación y conoce cada habitación como la palma de su mano. Se dirige a la zona más cercana que no ha sido evacuada. Toca tres puertas diferentes mientras espera la respuesta de la anterior. Cuando todos salen a la vez, les dice qué hacer, a dónde ir y a quién seguir.

Dos de sus compañeros lo alcanzan desde atrás.

—¡Edgar, estás bien! —se acerca la dulce chica de cabello castaño y atuendo extravagante —Parece ser que Fukuzawa y Francis salieron para una confrontación directa. Herman sigue dentro de la ballena, pero quiere que evacuemos y buscar que Lucy resguarde a los más que pueda.

—Una vez que todos estemos afuera, revocará a Moby Dick y la invocará de nuevo más lejos en unos kilómetros —dice su otro compañero al lado, Hawthorne —. Me parece arriesgado, pero asegura que funcionará.

No importaba si era o no arriesgado, Edgar mantiene su confianza por completo en el hombre y en los otros dos que pelean por su seguridad. Siempre procurando la vida de niños y adolescentes, que por las propias.

Un silbido por la izquierda los petrifica en sus lugares. Para cuando voltean, un misil se asoma por los grandes ventanales frente a ellos, frente a Edgar, Margaret y Hawthorne.

Margaret se para frente a ellos, reaccionando más rápido y, esperando al primer segundo que el misil rompió el cristal, para activar su poder. Lo pudo haber logrado, mas el misil era muy rápido para su poder apenas entrenado. Ella no logró esquivarlo, sin embargo Hawthorne se posó frente a ella para cubrir el daño pese a las quejas y vociferaciones de Edgar.

Moby Dick se destruyó en ese segundo.

Margaret y Edgar no volvieron a ser los mismos después de ver el cadáver de su amigo en las condiciones en las que terminó.

Lo último que Edgar recuerda de lo que vio, era el desmembramiento del brazo cubierto por la sangre carmesí que se coagulaba poco a poco, revelando que Hawthorne usó su poder para cubrirlos, y que aún en ese estado apenas se desactivaba la habilidad.

Edgar perdió el aliento y cayó al piso.

Todo se volvió negro.

—¡Basta! —gritó Poe saltando sobre su cama, con el corazón acelerado y la respiración atorada en su garganta. Sentía que no estaba respirando ¿Por qué no estaba respirando?

Sus manos frías se sacudieron ante la sensación caliente de otro par de manos, bajó la vista y la volvió a subir, aunque la mayor parte de la habitación estaba sumida en la penumbra nocturna, la luz que siempre deja encendida para Ranpo, iluminaba lo suficiente para ver los ojos verde preocupados y asustados de Ranpo.

—Ya estás de vuelta —lo dijo, al ver sus ojos, porque sí, se despeinó tanto entre su pelea con las sábanas y el sudor pegándose en su frente y rostro que dejó visibles sus ojos. Una minúscula parte, pero era más de lo que usualmente deja ver.

—¿De... vuelta? —arquea una ceja y Ranpo abre más sus ojos —¿A dónde..? ¿A dónde me fui?

—Al lugar al que todos regresamos cuando nos duele demasiado algo.

Ranpo ahora se ve más relajado.

—Perdón —Poe se rasca la mejilla por la inquietud de haber sido un escándalo —. ¿Te asusté?

—Sí, un poco —es demasiado notorio como para mentir —. Aunque no te disculpes, no es que sea la primera vez que veo a alguien teniendo una pesadilla.

—Déjame adivinar —Poe finge que piensa un poco las cosas —¿Dazai y Yosano? —Ranpo cruza los brazos y Poe se ríe ante esa actitud —Ya, ya, perdón, pero debes admitir que no es ningún secreto.

—Tal vez sea verdad.

Oh, no, definitivamente es verdad, pero Poe no se atreve a decirlo y Ranpo no vuelve a tocar el tema, solo se quedan mirando esperando a que el contrario empiece un nuevo tema de conversación, de preferencia sobre la razón de que estén así en primer lugar.

No obstante, ninguno dice nada. Las cálidas manos de Ranpo aún tocan las frías de Poe, y aunque ambos están conscientes del toque, ninguno pretende anularlo ni apartarse. Los ojos verdes de Ranpo no están tan abiertos y sorprendidos como hace unos momentos, tampoco están por completo cerrados. Algunos cabellos estorban en su mirada, y cuando quiere hacer algo al respecto, la mano de Poe que sujetaba, ahora aparta su mechón rebelde.

Sus pieles se rozan de nuevo, pero diferente, y Ranpo siente un escalofrío que logra disimular a duras penas. Poe tal vez se dio cuenta, porque curva levemente sus labios hacia arriba. Imperceptible en cualquier otro momento, no ahora que se encuentran tan cerca.

La mano de Poe sigue cerca de su cabello, no sabe a dónde llevarla porque apartarse no es una opción.

Entonces roza la mejilla de Ranpo y la reacción que le otorga es hechizante. Pareciera al principio un leve rechazo ante la duda de ser tocado de nuevo y sin aviso, terminando con un correspondido ladeo de su cabeza para unirlos aún más. Sus mechones danzan entre su frente y sus ojos, desperdiciando el esfuerzo de Poe de mover los obstáculos para apreciarlo. Bufa divertido por ello.

Ejerce una fuerza tierna, que acerca a Ranpo a su posición sin lastimarlo, no puede resistirlo. Hace solo unos días descubre que siente algo por Ranpo, no sabe qué es, no se atreve a averiguarlo, y ahora están así. Están así y Poe sabe lo que malditamente significa.

Debe estar loco, aunque no le importa estar loco. No le importa si está loco, porque entonces la locura lo hace ver esos hermosos ojos verdes como si fueran gemas, ese hermoso cabello azabache bailando con el viento. Entonces la locura lo hace ver estrellas pero también lo hace tocar el cielo.

Y es injusto.

Poe exhala exasperado, muy cerca de Ranpo como para que no lo sienta.

—Ranpo, si yo... —él lo observa esperando a que anule su duda sin tener que soltar su pregunta. De verdad se nota que no entiende lo que está pasando, y que aún así le gusta. Pero sabe que debe preguntar. Sabe que debe estar seguro, que Ranpo debe estar seguro. Al menos de que sabe lo que es esto —Si yo te besara ¿Qué harías, Ranpo?

Porque Yosano le explicó. Yosano le dijo.

—¿Qué debo hacer? —pregunta. Genuinamente. Y Poe siente que lo aplastan.

Edogawa Ranpo no conoce el amor.

Y tiene sentido. Y es jodidamente injusto.

—¿Dije algo malo? —debió estar poniendo una cara pesada pues desde luego Ranpo se iba a dar cuenta del desánimo en su mirada.

—No —tranquiliza, lo intenta tranquilizar a él, porque tranquilizarse a sí mismo es una pérdida de tiempo —. No es nada que sea culpa tuya.

Bajo esos ojos esmeralda que lo examinan de arriba abajo se siente presionado para sacar todos sus sentimientos y obligarlo a decir qué era lo que le preocupaba de toda la situación, mas no sería capaz de decirlo. No quiere preocupar más a Ranpo, no ahora, no cuando recién una semana pasó desde lo de Dostoyevsky.

—¡Dostoyevsky! —se escucha un grito desde fuera de la habitación y Poe se pregunta si sigue dentro de su sueño o está despierto en la realidad y Fyodor solo fue muy oportuno —¡Que ni siquiera se te ocurra!

Esa parecía ser la voz de Dazai sin duda.

Edogawa también se vio consternado por la interrupción desde luego, no todos los días se puede escuchar a Dazai perder la paciencia por algo y, de entre las muchas personas que hay dentro de Moby Dick, Ranpo era quien mejor lo sabe.

Dostoyevsky irrumpió en la habitación, empujando la puerta sin importarle la cosa.

Al entrar, la mirada que le dirigió a Poe no duró ni dos segundos, mas la dirigida a Ranpo fue hecha con resentimiento puro. Le cerró la puerta en la cara a Dazai y le colocó el seguro para evitar que arruine sus planes, aunque fuera por un minuto eso le daría una ventaja sobre la situación que estuviese pasando.

Con furia tomó el brazo de Ranpo y lo estrujó en su rencor. Para Poe, era increíble pensar que la condición débil de Fyodor pudiera ayudar a lastimar a Ranpo, pero al menos uno de los dos tenía permitido ver la luz del sol y no depender de vitaminas, así que hacía un poco de sentido que fuera fácil lastimarlo sin siquiera estar ejerciendo una fuerza fuera de lo común. Y sí, supo que lo estaba lastimando porque Ranpo abrió los ojos por la brusquedad y el miedo (tal vez de recuerdos más que por la situación).

—¿Se puede saber qué diablos haces, Dostoyevsky? —pregunta Edgar al alcanzarlo e interrumpir el movimiento por medio del agarre entre Fyodor y el brazo de Ranpo —No puedes simplemente entrar de esa forma y llevarte a mi compañero de cuarto —romper el agarre fue una tarea simple, afrontar los ojos furiosos del ruso fue mucho más complejo —. Mucho menos tienes permitido lastimarlo así.

—Sí puedo y no necesitas saberlo —simplificó —. No me importa si eres el hijo de Herman, si quiero hacer algo yo lo hago.

Aprovechando el desconcierto en el que dejó a Poe, Fyodor volvió a tomar las mismas medidas bruscas y se llevó a Ranpo al baño junto con él y los encerró al primer instante en que tuvo oportunidad.

—¿Qué mierda le pasa al seguro de tu puerta? —bociferó Dazai desde el pórtico habiendo forzado la cerradura. Enojado. Bastante enojado.

—Son cerraduras de seguridad extrema —contestó Poe y ya no volvió a recibir preguntas de su parte, sino que se enfocó en la puerta del baño exhalando porque al parecer era igual a la que estaba en la entrada de su dormitorio.

Claro, Poe era el único que tenía cerraduras así dentro de Moby Dick, y está seguro que solo una caja fuerte igualaría su seguridad.

—¡Fyodor! —golpeó la puerta con su puño un par de veces, sin rendirse aún con la cerradura. Viendo eso, Poe comenzó a buscar la llave que tiene guardada, creyendo que sería más rápido —¡Ranpo no escuches nada de lo que te diga!

—No te va a oír, la habitación está insonorizada —otorgó Poe sin dejar de buscar la llave que no estaba en su lugar —. El baño no lo está, pero es lo suficientemente amplio como para que el poco sonido que entre y salga se pierda.

Edgar se sintió culpable por alguna razón, ya que nunca pensó que las medidas que había implementado en su habitación para lograr sentirse seguro pudieran causar un conflicto de esta magnitud.

De repente, el silencio en el que estaba absorto el baño se volvió ruido sordo, como de una pelea; y si Dazai ya estaba lo suficientemente angustiado como para atrasarse en abrir la cerradura, ahora lo estaba más. Cada sonido se escuchaba como forcejeo de una pelea, entre los pasos que rechinaban inevitablemente en el piso pulido, hasta el remanente de un grito convertido en murmuro.

No pasó mucho más antes de que Dazai lograra forzar la cerradura, y a Edgar ni siquiera le dolió por inutilizarla, ambos solo entraron y vieron la figura de Ranpo en el suelo, a unos centímetros de tocar la regadera, su cara estaba llena de golpes que comenzaba su transformación a moretones. Fyodor volteó a verlos con golpes repartidos, en menor medida, demostrando quién terminó recibiendo más palizas.

Los ojos en la mirada de Fyodor eran fríos, Edgar sintió un pánico terrible y no tiene ganas de pensar en lo que debió sentir Ranpo, porque él estaba...

Él estaba tirado en el piso con una cara seria e imperturbable.

El rostro de Ranpo no remarcaba ninguna emoción y no supo si eso era bueno o malo porque esto le estaba afectando de alguna forma, ¿o no?

Poe se dirigió a Ranpo para ayudarlo a levantarse, y cuando Fyodor se fue sin siquiera decir nada más, Dazai lo siguió para reclamarle todo lo que quiso decirle desde, probablemente, los gritos por el pasillo.

—Poe-kun —le habla, pero no lo mira. Hay un punto específico al que mira, pero ya no hay nadie allí y Edgar piensa que se está perdiendo de algo —. ¿Crees que alguien me extrañaría si yo faltara?

¿Por qué dice eso? ¿De qué está hablando?

—Claro, Ranpo —guía su mirada hasta su propio rostro —Desde luego que están Yosano, Dazai y —su pausa logra sacar de su desconcierto al hombre —, bueno yo, por supuesto.

Entonces el silencio abunda y se aparta para ir a su cama por su cuenta, Poe solo lo observa, le da una mirada rápida al baño buscando el botiquín, lo toma y se dirige a donde ve a Ranpo sentado con la mirada en blanco.

Se acerca con mucho cuidado a su lado, lo menos que quiere es asustarlo y que rechace su tacto y su cuidado.

—¿Estás pensando en algo? —es obvio que está pensando en algo, pero Edgar solo finge demencia esperando que el contrario tenga la confianza para hablar —¿Quieres hablar de lo que sucedió con Dostoyevsky?

No hay respuesta, ni siquiera un asentimiento de cabeza o algo que le indique si debería seguir hablando o debería guardarse sus preguntas para después. No cree que haya un después adecuado para hablar sobre lo que pasó allí adentro, de todos modos no va a presionar si eso afecta la mente de Ranpo.

Los golpes recibidos en la cara son ahora moretones, algunos se han hinchado a estas alturas, otros llevan más tiempo.

Poe comienza asegurándose de que las heridas no sean tan fuertes, tocando con delicadeza las zonas donde lo golpearon, admirando la belleza en sí misma pese a lo que podría referirse como imperfecciones. Sus ojos conectan nuevamente con lo de Ranpo, descubriendo sus pensamientos a través de un prístino cristal.

—¿No te importan mis heridas? —tal vez aún no lo entienda.

—No —responde Poe —. En lo más mínimo.

¿Cómo importarle? Su rostro puede asemejarse a la belleza personificada aún con toda la carga que lleva en cada expresión y en cada célula de sus ojos. ¿Las heridas mentales? Las procurará todo lo que sea necesario.

Las cejas de Ranpo se levantan ante la sorpresa de una respuesta tan rápida, corta, concisa. Parecía que esperaba que lo pensara un poco más.

Para Edgar, no había necesidad de pensar nada.

Edgar es un ser humano, y a pesar de lo que muchos piensan, le gusta el ser humano. Para Edgar, el ser humano es un cuerpo lleno de cicatrices y defectos que se personifican unos con otros y que todos ellos crean a una persona. Las imperfecciones relatan las vivencias de uno y respaldan la personalidad y el carácter.

—Las imperfecciones no son para tanto.

Pese a la respuesta, Ranpo no se ve muy convencido. Mueve su flequillo a un lado y lo mira directo a los ojos, buscando un ápice de duda.

—Tú me odias.

—No —Yo te amo —. Nunca odié quién fuiste. Sino lo que hiciste.

Los ojos esmeralda de Ranpo se cubrieron por una capa muy fina de cristal acuoso, solo pudo parpadear para evitar que se derritieran.

La mano en la frente de Poe cayó en el colchón y, temblorosa, dobló la parte inferior de la prenda de Ranpo. ¿Qué estaba haciendo el chico ahora?

Los ojos de Poe lo miraban fijamente sin entender sus acciones.

Sin aviso previo, Ranpo se quitó la playera y la tiró a un lado de su almohada. Después se quitó el pantalón de su pijama hasta quedar en boxers frente a la vista avergonzada de Poe.

—¿Me odias ahora? —Ranpo se señaló el pecho, el abdomen, las piernas, la espalda, los antebrazos.

Las cicatrices en su cuerpo eran discretas y hechas a la medida, provenientes de cuchillos, pistolas y una katana, ese corte profesional no podía provenir de ningún otro medio. Poe apretó los labios ante la vista. Una enorme impotencia lo recorrió.

Atravesando su pecho y abdomen, había una cicatriz demasiado grande que no pudo evitar quedarse viendo.

—Me odias —declaró, pero eso no sonó acusatorio. Era más bien como una realidad autoimpuesta que no tenía nada que ver con los verdaderos sentimientos de Poe.

Se acercó, era una distancia peligrosa.

—Nada me hará odiarte —juró. Porque no eran solo palabras, Edgar cada segundo que pasaba cerca de él se volvía más loco y más devoto a su presencia. Su corazón se derretía por cada acción, cada palabra, cada mirada que le dedicaba, aún sabiendo que no transmitía lo mismo que él quería recibir.

—He hecho muchas cosas terribles que merecen ser odiadas —Ranpo lo miraba acercarse pero no se rendía ante la estúpida de que Edgar lo odie.

Si solo lo supiera. Si tan solo entendiera qué es el amor y no la idea vaga que le hayan tenido que contar para mantenerlo a raya en su base, se lo diría. Le diría cuánto lo ama pese a cualquier cosa que haya podido hacer en el pasado.

Porque entonces entendería que no hay una razón lógica por la cual se haya enamorado de él, así como tampoco existe razón alguna para odiarlo como él piensa que hace.

Poe no es muy sutil con la necesidad que tiene de pegarse al cuerpo de Ranpo, porque no es tan fuerte, y porque sabe que al momento de que le ponga un alto o le muestre incomodidad, se detendrá. No recibe ni una mala reacción cuando arrastra su dedo por una de las cicatrices en el antebrazo de Ranpo (no es tan desvergonzado para tocar su pecho o abdomen).

—Dime cada cosa terrible que hayas hecho y... —y déjame amarte de todos modos —permíteme quedarme a tu lado.

Podría jurar que por unos segundos la respiración de Ranpo se detuvo ante sus palabras, y deseó fuertemente que no haya leído su mente.

Ranpo tiene unos pocos años menos que él, los dos son adultos, aún así no puede evitar pensar que se está aprovechando de su vulnerabilidad y que debe parar. Su cuerpo quiere seguir recorriendo la piel cosida y cosida de Ranpo, su mente le dice que pare. Sus ojos quieren memorizar cada parte de él, su nariz quiere olfatear su aroma hasta que memorice cómo huele el aire cuando él está cerca, su boca quiere encerrar los labios del contrario. Pero su mente quiere saber acerca del daño.

Y no lo quiere asustar, así que se aleja poco a poco con tanto dolor. Casi siente que la piel de Ranpo le robó un pedazo de la suya, porque arde profundamente como si hubiera dejado una parte de él ahí.

Le acerca las prendas que tiró anteriormente y lo deja volverse a vestir.

—Yo no estuve siempre en la base —la mirada de Ranpo estaba decaída y eso fue suficiente para romper el círculo vicioso de los pensamientos de Poe —. Tú sabes que mis padres murieron cuando yo tenía seis —Poe asintió —. La policía me recogió pero el comandante nos interceptó de camino a la comisaría. Él mató a los policías para llevarme a su base. Eso no lo hizo frente a mí, pero yo sé que así fue.

Ranpo todavía recuerda la mano extendida hacia su pequeño cuerpo parado en el campo, diciendo que todo estaría bien. También recuerda la otra mano dirigida a la katana en su cintura.

—No intentó mentirme cuando llegamos a la base; el comandante me dijo la situación, me dictó las reglas y me mostró mi habitación —continuó —. Unos días después conocí a Mori.

Esa habitación era blanca y tenía tonalidades distintas de gris, el diseño no se parecía en nada a donde estaba hace unas semanas, pero los colores y la vista nunca cambió.

—Los siguientes seis años aprendí estrategias con Mori y la educación básica para tomar en cuenta en las planificaciones —miró al estante repleto de libros al lado de la cama de Poe —. Supongo que nunca creyeron que sería importante hablarme sobre libros que no sean de historia.

—Y yo asumo que ni siquiera te contaron toda la historia —porque si estaba el hueco de los derechos humanos, temas románticos y de la sexualidad, Poe no quiere imaginarse qué otras cosas omitieron por su beneficio.

—Si yo me equivocaba en alguna planificación, había castigos. Muy severos —por instinto se cubrió el abdomen con los brazos, y los brazos con las manos —. Eran apenas lo suficiente para desmayarme, pero en ese entonces no era tan grave —. Ranpo apretó sus labios como si fuese a llorar. Miró el techo, evitando decir lo que iba a decir —. Hasta que... Hasta que Yosano llegó.

No era culpa de su amiga, lo sabe. Lo que pasó no estuvo en sus manos y jamás la culpará.

—El comandante vio una oportunidad en su poder de curación —unas lágrimas lograron escapar de uno de sus ojos —Después de todo, yo no me pude adaptar rápido pese a los castigos, y él me necesitaba con vida.

Pero a veces no puede evitar pensar que de no haber estado ella, las medidas que tomaba su comandante no hubieran llegado a tal extremo para dejarlo al borde de la muerte varias veces.

De no haber estado Yosano en esa base, ¿Ranpo habría siquiera sabido el peligro que realmente corría estando allí?

Los ojos de Poe rodaron en terror. Conoce muy pocos detalles específicos de la habilidad de Yosano, pero sin duda sabe una cosa que ella se encarga de especificar cada vez que alguien nuevo entra a Guild, antes de que le pidan un tratamiento.

El requisito de estar al borde de la muerte para que su habilidad funcione sin distinción.

—Él nunca usaba su katana contra mí, le gustaba repetirme que solo la usaba con sus enemigos y que yo no era uno de ellos —la voz de Ranpo empezó a temblar. Todo era tan vívido —. Usó cuchillos, agujas, pistolas, sus habilidades de combate —a este paso, su cuerpo se puso rígido y parecía fuera de sí —. Un día lo hice enojar de verdad. Yo tenía quince esa vez.

—Oye, oye, mírame —dijo Poe para distraerlo de su creciente angustia. Ranpo lo alcanzó con la mirada, recordó cómo respirar y continuó —. Está bien. Estás bien.

—Yo siempre tuve mis sospechas sobre la muerte de mis padres, buscaba una respuesta sobre eso a escondidas de Mori y el comandante —eso era el trato que usaron para atraerlo a Guild. Claro que debió notar que algo era extraño sobre eso —. Debí haber estado muy cerca de la verdad, siendo honesto ya no lo recuerdo.

Sus memorias sobre lo que buscaba estaban borrosas, pero lo que pasó ese día jamás podrá salir de su mente.

—Fui descubierto por un descuido y el comandante se enfureció tanto conmigo —su mano se acercaba a su pecho de a poco, donde Edgar recordaba esa marca recién descubierta —. Él me castigó por primera vez con su katana. Me cortó a la mitad del pecho. Y no dejó que Yosano me tratara. Todavía tengo secuelas de la herida.

Mientras más escuchaba, más terror le daba a Poe. Pensar que todo eso vivió Ranpo a una edad temprana, fue horrible.

—Yo tenía quince —repitió para su dolida alma —. Desde entonces empezó a ser más autoritario, más temperamental y nunca dejaba de observarme.

No dudó un segundo en protegerlo con sus brazos y reposar la cabeza de Ranpo en sus hombros mientras permitía un llanto infinito. Los sollozos de Ranpo se amortiguan por la posición, es demasiado difícil controlarlo. Después de los seis años nadie le permitió llorar así, no sabe cómo controlarse. Honestamente tampoco quiere controlarse.

La herida ha cicatrizado, pero todavía duele.

En otra circunstancias, con otra persona, Poe sabría cómo consolarlo, diciendo cosas cargadas de sentimiento igualitario "yo también sufrí por la guerra" pero es incapaz. No porque intente mentir. Considerando de todas las cosas de las que se culpa Ranpo, no puede solo llegar y decir que algo en lo que él fue partícipe (involuntariamente, pero partícipe de todas formas) lo afectó tanto en su vida.

De nuevo, pudo haberlo dicho con cualquier otra persona.

¿Qué quedaba por decir para ayudarlo?

—Ya estás a salvo, Ranpo —sus brazos se enredan todavía más para no dejar que vea la expresión que pone ante la verdad soltada —No vas a volver allí, estás lejos de él. Estás a salvo, porque estás conmigo ahora.

Poe quiso que alguien lo golpeara en la cara por decir algo tan revelador y estúpido al mismo tiempo. ¿Que él era capaz de salvar a Ranpo de todo el daño que Fukuchi Ouchi causó por dos décadas? Una completa locura. Aunque si el mundo se lo permitía, si le daban la oportunidad de permanecer al lado de Ranpo por más tiempo lo ha de intentar. No tienen que estar en una relación romántica para que lo quiera proteger de todos modos.

—¿Vas a quedarte conmigo? —lo dijo con tanta confusión posible, como si pese a todo lo ocurrido durante la charla no pudiera concebir a la idea de que alguien en verdad lo aprecia y que estaría dispuesto a todo por él —. Deberías estar resentido conmigo. La guerra debe haberte quitado mucho.

Si no entiende el amor, mucho menos entenderá la razón del por qué haría algo tan loco.

—Ranpo, son cosas que pasan en cualquier guerra —no por ello quiere decir que estén bien, pero de todos modos —. La guerra es lo que me arrebató gran parte de las cosas que he llegado a disfrutar, no te culpo por ello. Mírame —Poe forma un espacio entre ellos para señalar el desorden en su escritorio —, me he quejado acerca de lo que ocurrió en el pasado. Pero [yo también soy parte de la guerra].

Cualquiera en esta base tiene que entender que todos son parte de la guerra. Incluso si han sido un producto secundario de ella, ninguno tiene más derecho que otro de culpar a Ranpo ni juzgar lo que hizo. Porque para empezar, todos a diferencia de él, están aquí por cuenta propia. Hayan actuado en consecuencia de la parte que les arrebató muchas cosas, no importa nada de eso ahora.

No fue su decisión estar bajo el mando de Fukuchi, incluso lo trajeron a Moby Dick bajo sus términos y sin siquiera preguntar. Lo cual en este punto, es vergonzoso admitir que pudo ser la mejor opción al ver su sufrimiento.

¿Cuántas veces ha de haber implorado salir de ahí? ¿Cuántas veces pensó en salir vivo? O a cualquier costo.

Es impensable que el único no dotado de una habilidad sea el primero al que le tienen miedo. El primero en ser juzgado, señalado y usado como chivo expiatorio para justificar toda la sangre que ha corrido por ambos bandos en esta guerra cruel, sin sentido y aparentemente eterna.

—Nada de esto es tu culpa ni está en tus manos el llevar ese peso.

Hubo un silencio pesado que le dio un vuelco a Poe en el estómago. Algo no iba bien, después de esa plática no podía solo ignorar las pequeñas reacciones que Ranpo hacía cada vez más. Incluso cuando Fukuzawa entró después de unas horas para avisar una vez más que Moby Dick haría una parada en una ciudad costera de Japón pudo apreciar los pequeños y más imperceptibles movimientos del ceño de Ranpo.

Por ejemplo ahora, se le veía perdido, temblando en un mismo sitio sin saber qué hacer o decir.

Era obvio que regresar al país natal de su nacimiento y sus traumas no le caería muy bien; debía ser eso seguro. Hablaría con Herman y Fukuzawa (los hombres más comprensivos) respecto a quién ideó una parada como tal y, sobre todo, avisándole a Ranpo.

Unos golpes se hicieron presentes en el lugar, después de la visita de Fukuzawa, nadie más había venido a ver el estado en el que se encontraban. Eso era muy raro, ni Yosano ni Dazai se hacían presentes por la zona.

Nadie más iba a abrir si no era él así que se dirigió a la puerta observando a Ranpo en todo momento, se le veía bajo presión y no está seguro de por qué. El culpable es en definitiva Fyodor, sin embargo, al no querer hablar de eso no está muy seguro de poder ayudar como debería de hacerlo.

—¡Edgar! —la voz susurrante de Louisa lo tomó desprevenido. De todas las personas en Moby Dick era a la que menos esperaba, claramente.

No es que no hablen mucho, de hecho ha pasado un tiempo extenso desde su última interacción cara a cara, si no lo notó fue por la presencia constante e Ranpo y el revoltijo de emociones en el que se encontraba gracias a él. Verla es un soplo de aire fresco en el rostro.

No por mucho, desde luego. A veces hay momentos tan tranquilos que lo hacen parecer como alguien con una vida cotidiana que pueden hacer que olvide unos segundos el entorno de guerra, batallas y estrategias en el que se ven envueltos.

Ella lo jala hacia afuera de su habitación y cierra la puerta de inmediato.

—Tenemos problemas —sus manos tiemblan del miedo, se le nota preocupada por más que quiera mantener la postura de una miembro digna de Guild, como le dice a veces Fitzgerald —. Dazai y Yosano están desaparecidos. Nadie los ha visto a bordo de Moby Dick y tememos una intrusión confirmada.

Los ojos púrpura de Poe, bañados en todo el cansancio imaginable por no dormir bien a causa del trabajo y cuidado a Ranpo, se encienden por la noticia.

—¿Quién fue el último en verlos? —ella agita la cabeza con suavidad para confirmar lo que ambos temían. Nadie ha dicho nada.

—Ahora mismo están pidiendo que todos los busquen.

Poe ve una duda en su lenguaje corporal, casi tan obvio como cuando está insegura de alguna estrategia y le quiere pedir algún consejo.

—¿Pero...?

—Quien pidió esa orden fue Fyodor —el ceño de Poe se frunce de inmediato, de solo recordar lo que fue a hacer dentro de su habitación para intimidar a Ranpo. Definitivamente algo tiene que ver —. Llámame loca, pero últimamente no confío mucho en los movimientos que hace. Son más agresivos, más arriesgados y dejan muchas bajas, no solo de los enemigos.

¿Qué debería de hacer? ¿Acatar la orden de búsqueda inmediata? ¿Informar a Ranpo? ¿Cuidarlo?

Hay algo reconfortante en tener a las mentes más brillantes del siglo trabajando en el mismo lugar, sin embargo, cuando no eres una de ellas y solo posees un conocimiento seguro y apenas del mismo calibre que ellos, es una desventaja que solo recae en la confiaza.

¿Hicieron mal en confiar en Fyodor?

Él mismo dijo que estaba obteniendo algo a cambio de trabajar con Guild, nunca dijo qué era ni cuál sería el precio. Se decidió un acuerdo con base en la confianza ciega.

—Puedo cubrirte si no quieres ir a patrullar —accede Louisa a sabiendas de su problema con salir de su cuarto.

—Si entro ahora y me ve así de alterado, lo sabrá enseguida —no hay mucho que se le pueda ocultar a Ranpo. Menos cuando ya te conoce lo suficiente —. Tampoco lo quiero dejar solo.

No había tiempo para las dudas en una inminente amenaza, en especial en una guerra, sin embargo aquí estaba Poe, dividido entre el temor y el amor sin saber a dónde debería apuntar su brújula. Ser racional implicaba tomar una decisión sin sentimientos, algo que nunca se la ha dado bien por completo pues es una persona demasiado sentimental.

El trauma generado por ese día que da una advertencia similar a la de hoy lo ha tenido despierto durante noches de interminables destellos de luna llena. Si hubiera actuado más rápido, si hubiera pensando más rápido, si hubiera sabido qué hacer, si hubiera. Varias formas de salir de aquella situación se le han cruzado la mente desde hace años, usando su habilidad, la de Margaret, la de Hawthorne. Eso nunca más va a volver a importar, porque no va a regresar a ese momento.

Lo único que es capaz de hacer [hoy] es hacer lo que debió en aquél momento.

—Iré a buscarlos también —decidió —. Solo debo hablar con Ranpo antes de dejarlo aquí.

—¿Quieres que busque a alguien para que lo cuide mientras no estás? —ofreció la dulce mujer. Poe no dudó en negarle la oferta.

—Una mala fachada solo lo hará comprenderlo más rápido —de sus labios escapó una involuntaria sonrisa, de solo acordarse de las caras que Ranpo hace cuando deduce algo, o sus ojos emocionados cuando sabe que está en lo correcto, lo llenan de alegría.

Louisa, siendo tan perspicaz como es, lo nota de inmediato y no sabe si es mejor entrometerse con una pregunta algo fuera de lugar o callarlo. Pero vaya, no son buenos amigos por nada.

—Perdona si me estoy entrometiendo en algo, pero ¿acaso ha sucedido algo entre ustedes? —sutil, interesada, quizá feliz por su amigo.

La preocupación se revuelve en vergüenza pigmentando el lienzo de su rostro con un tono rojizo que es común apreciar en su amigo cuando algo lo apena, en ella misma de hecho, es lo mismo y diferente a la vez. Nuevo, algo inexplorado. No está mal.

—Hablemos de eso más tarde —ese día lo va a aplazar hasta que se convierta en un jamás.

Poe entra inseguro a la habitación donde Ranpo lo espera en el mismo sitio donde lo dejó antes de salir.

—¿Ranpo?  —debe fingir que no le hiere la forma en que no reacciona a su voz. Es frustrante ver cómo todo el progreso que estaban logrando se vio aplastado por la intromisión de una sola persona con la más mínima idea de perdonarlo. Se debe acercar para que sepa que le hablaba a él, pese a que ya ha dicho su nombre —Aún no hemos comido nada, ¿no? Iré por algo para ambos y podríamos comer aquí mientras leemos algo, o si quieres ver una película estaría bien de igual forma.

Ranpo evita verlo, Poe no puede ignorar el dolor en el pecho.

¿Debería quedarse? ¿Ir?

La decisión ya tomado lo deja dudando de nueva cuenta. No puede evitar pensar que está tomando una decisión equivocada una vez más, como todos los días de su vida ha hecho.

Está por recostarse a un lado del cuerpo sentado de Ranpo, indicio de que se quedará a su lado hasta que todo pase y esté cien por ciento seguro de que no hay peligro a la vista. No es que sus habilidades en combate sean mucho mejores que las de él, pero al menos es capaz de defenderlo de algo. Y siendo honesto, entre que le pase algo a Ranpo, o que le pase algo a él mismo, es obvia la respuesta.

Entonces Ranpo deja ver una sonrisa de compasión que estuvo guardando.

—Sí, me gustaría comer contigo otra vez, Poe —sus ojos están abiertos por completo haciendo ese esfuerzo extra, pese a ello no está retando a sus contrarios morados. 

Él mira algo a la lejanía, como si no existiera en el momento en el que están ahora, como si hablara de un futuro no tan próximo y, a decir verdad, eso asusta un poco a Edgar.

Lo ama y confía en él, ha pasado por tanto que no sabría decir cuándo miente y cuándo es sincero. Quiere confiar en que no hará nada estúpido, de todos modos no hay algo que lo ponga en una situación real de peligro en este instante así que, ¿debería preocuparle?

—Volveré enseguida —si no encuentra nada en quince minutos volverá a la guarida que ha creado con Ranpo. Es un tiempo tan limitado que no deja lugar a que haga algo significante, es la necesidad de mantenerse cerca la que le grita que no se aleje de él ni lo pierda de vista durante un periodo tan largo.

—Prepararé las cosas para cuando vuelvas.

¿Ranpo?  ¿A quien mal acostumbró para que no moviera un solo dedo mientras él estaba aquí?

Había algo sugerente, pero Poe lo resolverá en cuanto regrese.

Al momento de salir de su habitación, no sabe reconocer si el aire se siente más pesado aquí o allá adentro. Los ventanales se ven lejanos, cercanos, como si hubiera brazo y medio de extensión en el pasillo que por cada paso que da se vuelve más estrecho. Hay ventilación igual que siempre, pero no le llega a los pulmones.

Los colores del cielo se difuminan con el reflejo del sol en el vidrio, y aunque podría haber dicho que era un día hermoso hace unos minutos hablando con Louisa no tan lejos de su puerta, no está inequívoco de afirmarlo como verdad ahora que no entiende si es de día o de noche.

Uno lo sabría si voltea la cabeza a los ventanales gigantes. Poe no puede, ni siquiera logra eso. Ha decretado que es mejor vivir en la ignorancia y que, de ser el caso que el peligro se avecine desde el otro lado surcando el basto cielo, no lo quiere saber hasta el momento del impacto.

Un ruido de algún ducto lo hace dar un respingo ahí mismo, mira por todos lados saltándose la bestial cara del cielo que lo presiona a cada instante. Cree que ha sido un pájaro estrellándose en un cristal al no percibir nada en el cambio del ambiente. Otro sonido de nuevo, y luego una voz quejándose.

—¿Yosano? ¿Dazai? —no está seguro de si lo que escuchó era una voz, bien podría estar hablando solo y reafirmando la teoría de volverse loco.

Una vez más, una voz opacada por muros y muros interminables de acero inoxidable y fibra de carbono lo hacen dudar de su sanidad mental. Va caminando más cerca de la voz hasta que dobla en la esquina y busca la fuente de tal desesperante situación.

Un ducto de lavandería.

No es de salir a tirar su ropa a los ductos, los empleados suelen respetar sus problemas y van por ellos para tirarlos en su lugar. Pese a ello, es el arquitecto e ingeniero que mejor conoce las remodelaciones que se le han hecho a Moby Dick, por lo que este ducto no es algo nuevo de lo que no se haya percatado antes.

Con duda de una sorpresa no agradable, abre la puerta que da directo a una tubería prismática para la recolección y lo que ve es algo tanto desconcertante como evidente. Con que esta era la razón por la que no los encontraban.

—¡Poe! —gritó Yosano desde dentro —¡Algo de ayuda, por favor!

Ahí yacía ella, trepando los resbaladizos muros de metal a duras penas con sus manos sin los característicos guantes ni sus hermosos tacones rojos, solo una figura de resistencia que la hacía ver como una mujer diferente por completo de cómo se encontraba en días ajenos.

No tardó en tenderle una mano para que se deshiciera de la incómoda posición y le diera paso a otra que casi sentía le arrancaría extremidad por extremidad. Su fuerza no era equiparable con la de ella, casi los termina tirando a ambos de regreso al interminable ducto que se los tragó una vez. A duras penas y con mucho esfuerzo la pudo sacar.

Cuando ella tocó el piso de losetas en por el que siempre caminaba, un estruendo los colocó y tiró hacia abajo.

—Yo no fui —dijo ella como broma.

Un sonido diferente se extendió por dentro del ducto esta vez, con un quejido adolorido y una irritación cada vez mayor.

—¡Dazai! —ella reaccionó de inmediato —¿Estás bien?

—¡Estoy harto! —se oyó a duras penas, el eco de su voz los alcanzo hasta el final por pura conveniencia —¡Fyodor lo va a pagar caro!

—¿Fue Fyodor? —una alerta se encendió en su cerebro.

—Sí. El desquiciado nos encerró en el cuarto de lavado cuando lo perseguimos después de lo que le hizo a Ranpo —ella se veía exasperada por todo, ni imaginar cómo estará Dazai —. Yo... me siento algo estúpida por no haberlo visto venir.

—Preocuparon a todo Guild, creyeron que estábamos bajo ataque —algo no cuadraba.

Encerrarlos no era nada fácil y hasta carecía de sentido; si tanto quería estar lejos de ellos podría haber solo ido a su habitación y esperar a que se aburrieran de él y se largaran para ver cómo estaba Ranpo. Luego estaba esa orden absurda por buscarlos.

—Una trampa.

La vista periférica de Yosano se enfocó en él, desconcentrada en su (ahora) antigua tarea de ver cómo sacar a Dazai del abismo.

—Qué idiota soy —sus manos pararon en su cabeza apretando su cerebro, una reprimenda personal por cada una de las veces que falló en proteger a alguien.

—Poe. Poe, respira —Yosano le arrebató sus propias armas de la cara para que la mirara fijamente —. ¿Qué es una trampa? Por favor dime.

—Encerrárlos. Pedir que los buscara. Decir que estábamos bajo ataque. Todo era una distracción.

—¿Distracción? —estaba escasa de información pero lo seguía como podía —¿Para qué?

Decirlo en voz alta nunca tiene el mismo efecto que solo pensarlo, es como el llamado para que lo irreal se materialice, para que lo que no querías creer que era verdad tomara forma física y pudiera darte miedo de verdad.

—Ranpo —los dos dijeron al mismo tiempo.

Notes:

UN AÑO. Pero aquí estamos. Estoy trabajando en el capítulo final y un posible epílogo.
Sí, un capítulo más y finaliza la historia. Tal vez vaya a ser el más largo, no sé.

Notes:

Todavía no entiendo del todo cómo se usa Ao3, ¡así que téngame paciencia si algo dice cualquier cosa incoherente!