Chapter Text
La certeza que lo había impregnado en el pasillo no sobrevivió todo el día.
En un cubículo del baño, encerrado, Gotak sentía cómo la calidez en su estómago se había solidificado en una bola de ansiedad fría y pesada.
«¿Y si me equivoqué?» Sus pensamientos no daban tregua. «¿yo..he cambiado?»
Su mente, en un acto de sabotaje, empezó a repasar una galería de caras.
Chicas de su clase, bonitas, sonrientes, divertidas. Nada.
Fue un vacío plano, como mirar un paisaje simple por la ventana desde un tren en movimiento.
Luego pensó, otros chicos. Compañeros del equipo, amigos.
Atractivos, guapos. Nada allí tampoco.
Pero entonces… Sieun.
La imagen de Sieun el primer día de clase, con esa seriedad que desafiaba a todo el mundo a acercarse, le golpeó con una claridad brutal.
Sí, era… bonito. Demasiado bonito.
Era algo completamente obvio y todos lo decían. Pero para Gotak no había sido solo eso. Fue como encontrar un punto de referencia en un mapa desconocido. Algo en su mirada lo había anclado desde el principio. ¿Era siquiera eso relevante? ¿Decía algo?
Tal vez, tal vez no se sentía atraído por los chicos.
Pero sí por Sieun.
Y Sieun era un chico.
Por lo tanto…
No. La ecuación no cuadraba. Se movió hasta llegar a los lavamanos, mojándose el rostro para ver si así podría tranquilizarse.
Obviamente, no funcionó.
Era una contradicción que le hacía daño en el cerebro. Un fallo en su propio sistema.
¿Cómo podía ser? ¿Era posible que la atracción no fuera una categoría amplia, sino un imán que solo se activaba con una persona específica en todo el universo?.
La idea era a la vez aterradora y profundamente solitaria.
O era algo más...¿Era amor?
Gotak suspiró mientras salía del baño. Necesitaba despegarse.
Pero por supuesto, justamente lo vió—lo vió—cruzar el pasillo. Y Gotak, abrumado por el colapso silencioso de todo lo que creía entender sobre sí mismo, giró la cabeza y fingió no verlo.
Necesitaba un momento para asimilarlo todo.
.....
El resto del día se desarrolló tras una capa de algodón.
Los sonidos llegaban amortiguados a sus oídos, y las horas pasaron como un borrón.
Gotak se movió de clase en clase como un autómata, su mirada fija en el encerado pero sin registrar una sola palabra. Su radar, sin embargo, estaba hiperactivado. Sabía exactamente en qué punto del pasillo estaba Sieun, cuándo entraba o salía del aula, sin necesidad de volverse a ver.
Era un conocimiento agotador, una tensión constante en la nuca.
O tal vez solo estaba perseguido ante todo eso.
En el almuerzo, se sentó en una esquina de la cafetería, lejos de su grupo habitual. Observó cómo Sieun comía solo, leyendo un libro, completamente ajeno al torbellino que había desatado.
Gotak iba a estar solo hoy. Baku probablemente estaría siendo sociable, charlando con el equipo de básquetball.
Juntae pasó por el pasillo del comedor y para suerte de Gotak, no lo vió, este simplemente siguió su paso y finalizó sentándose junto a Sieun.
Y por supuesto, allí, entre el murmullo de los estudiantes y el olor a comida, llegó la segunda oleada del colapso: el odio.
No era un odio hacia Sieun. Era un odio feroz y silencioso dirigido hacia sí mismo.
Gotak se odió a si mismo por todo lo que sentía.
«¿Por qué no puedes ser normal?», le escupió su propia voz interior. Es decir...¿Por qué tiene que ser tan complicado? Es solo una persona. Una persona. ¿Por qué esto tiene que derribarlo todo? Se odió por su confusión, por su miedo, por la incapacidad de encajar esta nueva pieza en el rompecabezas que creía ser.
Se odió por haber ignorado a Sieun, por ser un cobarde.
....
El timbre de salida sonó como un disparo, liberando un torrente de estudiantes por los pasillos. Y por supuesto, Gotak se dejó arrastrar por la corriente, sumergido en un mar de ruido y cuerpos que chocaban contra él. Su mente, sin embargo, estaba a kilómetros de distancia, anclada en el recuerdo de unas manos ásperas, una marca en el hombro y el silencio cargado de una mirada triste y serena....
Mierda, esos ojos que siempre se ven tan tristes pero bonitos y....
De repente, una mano pesada pero familiar se posó en su hombro, sacudiéndolo de su ensoñación.
—¡Oye, Gogo! ¿Es que te hemos hecho algo o qué? —La voz de Baku era un quejido teatral que cortaba el bullicio—. Parece que te escabulles como si fuéramos fantasmas asustandote.
Gotak parpadeó, forzando sus ojos a enfocarse en la cara redonda y preocupada de Baku. Y entonces, como si un imán girara su cabeza, su mirada se desvió justo detrás de su amigo. Allí, caminando con una sincronía que parecía coreografiada, estaban Juntae y Sieun.
Juntae, con su postura siempre erguida y su mirada serena, escuchaba algo que Sieun, un paso más cerca de lo habitual, le decía en voz baja. Una sonrisa casi imperceptible jugueteaba en los labios de Juntae, una expresión tan rara que hizo que el estómago de Gotak se contrajera. No era solo que estuvieran juntos; era la facilidad con la que lo estaban. La intimidad silenciosa que se respiraba en el espacio que compartían.
Tragó saliva, sintiendo cómo un rubor traidor le subía por el cuello. Se sintió torpe, desgarbado, como si sus propias extremidades le pertenecieran a otro.
—Yo… no los he estado ignorando —logró balbucear, desviando la mirada hacia sus zapatos. Su voz sonó extraña, incluso para él.
—¡Pfff! ¡Mentiroso! —Baku le dio una sacudida cariñosa—. Oye, Juntae ¿Verdad que Gogo parece que nos evita como a la peste?
La pareja se detuvo frente a ellos. Sieun miró a Gotak con una leve curiosidad, mientras que Juntae posó en él sus ojos tranquilos y analíticos. El silencio se extendió un segundo demasiado largo, y Gotak estuvo seguro de que todos podían escuchar el violento repiqueteo de su corazón.
—No lo creo —declaró finalmente Juntae, su voz un lago de calma—. No lo haría.. ¿No es cierto, Gotak?
—Claro que no. Jamás los ignoraría. —Las palabras le sabían a ceniza. La mentira le salió naturalmente en automático.
—Mmmn, bien.. Me alegra oír eso—Baku sonrió, amplia y genuinamente, apretándole el hombro una vez más antes de soltarlo—. Entonces, sin más excusas, ¡vamos al gimnasio! El equipo de prácticas nos espera.
—¿Entrenarán hoy? —preguntó Juntae, dirigiendo la pregunta al grupo, pero su mirada se encontró fugazmente con la de Sieun.
—Sí, practicamos para el campeonato regional. Necesitamos pulir, hemos cambiado posiciones entre jugadores. ¿Ustedes vienen? Podrian juzgar si mejoramos o no—insistió Baku, con esperanza.
—Tenemos deberes pendientes en la biblioteca—respondió Sieun suavemente, esta vez fue él quien habló, y Gotak notó cómo Juntae asentía en concordancia, como si fuera una decisión tomada en conjunto desde hace mucho tiempo.
La confirmación le golpeó en el pecho. Biblioteca. Juntos. Lejos de él. Una mezcla de alivio y de una desolación profunda se agitó en su interior. Al menos, en la cancha, podría intentar ahogar estos sentimientos mientras practicaba.
Forzando una sonrisa que le tensó los músculos de la cara, asintió.
—Nos alcanzan luego, si es que pueden ¿verdad?
Juntae y Sieun compartieron una mirada por un segundo y luego asintieron.
—Perfecto, sería genial verlos allí. Ahora...debemos irnos, Gogo.—lo apresuró Baku
—Sí, claro. Vamos al entrenamiento.
Mientras se alejaba con Baku, no pudo evitar lanzar una mirada furtiva por encima del hombro. Los vio girar en la esquina del pasillo, Juntae y Sieun, sus siluetas fundiéndose en la multitud como dos partes de un todo perfecto.
....
Sí, definitivamente debía ser amor.
Gotak llegó a esa conclusión porque...sino ¿que más sería?
De todas formas, aún con la energía embriagadora de conocer algo nuevo e inexplorado, que normalmente debería ser tan emocionante y hasta hermoso, para Gotak aquel momento no tuvo nada de bueno.
Para una primera experiencia, el amor se sintió como una condena. Gotak lo vivió como una tortura extrema, un secreto incómodo alojado bajo su piel. Inquieto, que picaba y quemaba todo.
¿El amor se debía sentir así de desgarrador? ¿Era asi de angustiante cómo quien tiene un reloj que le anuncia los minutos de vida que le quedan? ¿O era porque era hacia un chico?
La duda se enredaba en su estómago, un nudo de confusión y miedo. Gotak recordaba haber querido morirse, solo un poquito, el día en que supo que había caído rendidamente por Sieun.
Un suspiro pesado, cargado de cansancio mental, se le escapó en medio del entrenamiento de baloncesto. Tenía los brazos ardiendo por las flexiones, pero era nada comparado con el caos dentro de su cabeza.
Se estaba sobrexigiendo, sí. Definitivamente, pero era preferible a estar un minuto quieto y escuchar las voces de su cabeza a todo volumen.
—¿Qué tienes? —preguntó Baku, a su lado. Había terminado de hacer sus cien flexiones de brazo contando las últimas 50 de 10 en 10—. Ah, ya te has cansado...
«Maldito tramposo», pensó Gotak, con un dejo de envidia. La facilidad de Baku para todo siempre lo exasperaba.
—No me he cansado. Tú tampoco, ya que hiciste trampa.
Baku abrió los ojos como platos, fingiendo una inocencia que no poseía.
—¿Que dices?. ¡No,no, no! Yo no hago trampas. Esto es difamación.
—Contaste de diez en diez. Eso es trampa, tonto. No cuentan.
Baku exhaló, fingiendo un dolor profundo, y volvió a colocarse en posición.
—¡Está bien, tú ganas! Las repetiré, pero solo porque tu pureza atlética me inspira. —Gotak no pudo evitar una leve sonrisa y continuó con sus propias flexiones. Le faltaban bastantes.
Al cabo de un momento, Baku se detuvo de nuevo. Esta vez, su expresión era más pensativa. Se sentó y observó a Gotak con una intensidad que resultaba incómoda, hasta que este no pudo ignorarlo más y lo miró fijamente.
—¿Qué? —gruñó Gotak, sentándose también y secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano.
—Si no estabas cansado, ¿por qué suspiras como si el mundo se fuera a acabar? ¿Qué te trae tan agobiado, eh? —Baku se acercó, y antes de que Gotak pudiera reaccionar, le alborotó el cabello con la mano.
Gotak se alejó rápidamente, como si lo hubiera electrocutado.
—¡Quita tus sucias y sudorosas manos de mi cabello! Ya te dije que no me pasa nada.
—Mientes. Actúas raro. Muy raro. Algo te pasa —Baku frunció el ceño, escudriñándolo—. Y lo voy a descubrir, tarde o temprano.
—Pffr. Buena suerte intentándolo. No hay nada que descubrir.
—Sí, sí. Ya verás —Baku miró hacia los lados, y de pronto, una sonrisa pícara se dibujó en su rostro. Señaló algo detrás de Gotak—. ¡Oye, mira! ¡Sí vinieron a vernos! ¡Eh! ¡Hola, Sieunnie! ¡Juntaeee!
El corazón de Gotak dio un vuelco tan violento que sintió que se desprendía de su sitio. Baku se puso de pie de un salto y corrió hacia las gradas, donde Juntae y Sieun se acercaban, rodeados de su típica aura calmada que parecía enfriar el aire bochornoso del gimnasio.
«Justo lo que me faltaba. Ver a Sieun aquí, ahora, conmigo sudando como un cerdo y sintiéndome como un idiota», pensó, mientras se ponía de pie con una calma que no sentía y seguía a Baku con pasos que esperaba parecieran naturales.
—¡Qué bueno que vinieron! —decía Baku, eufórico—. El entrenamiento está aburrido porque aún estamos calentando, pero luego haremos práctica de partido. Será más entretenido, ¡prometido!
—¿Sabes? Para ser el capitán, eres muy poco serio —se quejó Gotak, buscando refugio en la familiaridad de la queja, y chocó su hombro contra el de Baku.
Este rodó los ojos, haciendo una mueca.
—Tú eres el poco serio. ¿Verdad que yo soy serio, Sieun-ah?
Sieun, que había estado observando la escena con su habitual expresión impasible, se mordió el labio inferior, como si contuviera una risa o un comentario mordaz.
—No lo eres—dijo, su voz clara y tranquila cortando el aire.
—¿Qué? Me rompes el corazón. ¡Juntae, ayúdame!
Juntae sonrió, un gesto amable y un poco divertido.
—Bueno...no eres muy serio. Pero sin ofender...
—¡Ouch! ¡Traicionado por mis propios amigos! —Baku se agarró el pecho con dramatismo, como si acabaran de asestarle un golpe mortal. Su mirada se desvió hacia el resto del equipo, que había aprovechado el distractor para dejar de hacer flexiones—. ¡Oigan! ¿Qué creen que hacen? ¡A calentar! ¡Aquí no hay descanso!
Tan rápido como había llegado, Baku se fue, repartiendo órdenes y regaños entre los jugadores, quienes, resignados, volvieron a sus posiciones.
—Vaya, me equivoqué. Sí es un capitán bastante estricto —comentó Juntae, sonriendo con simpatía.
—Es un tonto —murmuró Gotak, pero su suspiro no logró ocultar un dejo de cariño. Sin querer, su mirada se encontró con la de Sieun, que ya no observaba a Baku, sino que lo miraba a él fijamente. Esos ojos oscuros y serios parecían ver directamente a través de todas sus capas, hasta el secreto que ardía en su pecho.
Esos ojos tan bonitos que gritaban: "Sé tu secreto. Sé tu sucio secreto" es voz alta. O bueno, así lo sentía Gotak.
El pánico lo inundó. Su mente se quedó en blanco.
—Y-yo debería ir a practicar. Sí, iré. Me voy. Adiós, nos vemos—logró balbucear, dando media vuelta de forma tan brusca que casi tropieza con sus propios pies.
«Qué idiota tan patético», se maldijo internamente, sintiendo cómo las orejas le ardían. Caminó de vuelta a la cancha con la determinación de un condenado.
Baku, viéndolo regresar, sonrió ampliamente.
—¡Bueno, ahora que Gotak volvió, y ya terminamos el calentamiento, vamos a practicar el partido de verdad! ¿De acuerdo, equipo?
Pero Gotak apenas podía oírlo. Solo sentía el peso de una mirada en su nuca, una presencia que convertía cada uno de sus movimientos en un suplicio y una bendición al mismo tiempo. El amor, definitivamente esto que sentía era amor. Tenía que serlo y lamentablemente...era la peor y más maravillosa de las torturas.
....
La práctica termino a la hora habitual. Gotak fue a asearse antes de acercarse a sus amigos.
Cuando llegó, Baku ya estaba allí. Haciendo pasadas para hacer reír al grupo.
Al parecer había hecho un buen chiste.
—Hey, muchas risas...—expresó cuando llegó.
La risa de Juntae se apagó, dejando un silencio cómodo que rápidamente comenzó a sentirse incómodo para Gotak. Baku, siempre en movimiento, estiró los brazos hacia el cielo con un gruñido satisfecho.
—Bueno, esto ha estado genial, pero me está entrando un hambre feroz. Podría comerme un jabalí entero —dijo, frotándose el estómago dramáticamente. Su mirada se posó en Juntae y Sieun con una sonrisa pícara—. ¿No se nos unen? Conozco un puesto de tteokbokki increíble a dos calles.
Invitados por ser nuestros fans número uno.
La propuesta cayó como un balde de agua fría sobre Gotak. Por un lado, la idea de pasar más tiempo cerca de Sieun lo ponía nervioso. Por el otro, la posibilidad de que se fueran y él se quedara con la imagen de esa despedida lo aterraba aún más.
Juntae miró a Sieun, buscando su aprobación silenciosa.
—Suena bien. ¿Tú qué dices, Sieun-ah?
Sieun lo pensó por un momento que a Gotak se le hizo eterno. Luego, encogió levemente los hombros.
—Está bien.
Dos palabras. Dos simples palabras que hicieron que el corazón de Gotak diera un vuelco peligroso contra sus costillas.
—¡Excelente! —exclamó Baku, ya comenzando a caminar—. ¡Dense prisa, perezosos! ¡El tteokbokki no se va a comer solo!
El aire de la tarde era fresco, un alivio después del calor del gimnasio. Caminaban por la acera, Baku y Juntae al frente, sumergidos en una animada conversación sobre los mejores lanzadores de la liga. Gotak y Sieun iban un paso detrás, sumidos en un silencio palpable.
Gotak sentía cada centímetro de espacio que los separaba. Intentaba concentrarse en la nuca de Baku, en los anuncios de las tiendas, en cualquier cosa que no fuera el chico que caminaba a su lado. Podía sentir el leve balanceo de la manga de la chaqueta de Sieun, tan cerca de su propia mano.
«Di algo, idiota. Cualquier cosa», se ordenó mentalmente. Pero su cerebro, usualmente rápido para las réplicas, solo producía un zumbido estático.
—El entrenamiento... fue intenso —dijo Sieun de pronto, su voz tranquila cortando el silencio como un cuchillo.
Gotak se sobresaltó tanto que casi tropieza con una baldosa suelta
—¿Eh?..Ah, sí. Sí, lo fue. Baku es un esclavista con el calentamiento—respondió, demasiado rápido, sintiendo que sudaba de nuevo.
Sieun asintió lentamente, sin mirarlo.
—Se nota. Pero tu resistencia es buena. Aguantaste bien los cuartos.
Gotak lo miró de reojo, sorprendido. Sieun había estado prestando atención. A él, específicamente. No era un comentario general sobre el equipo. Un calor que nada tenía que ver con el ejercicio se extendió por su pecho.
—Oh, uh, gracias —logró balbucear—. Es solo... costumbre, supongo.
—Mmmn—fue la única respuesta de Sieun, pero no sonó a desinterés. Sonó a... consideración.
Llegaron al puesto de comida, un lugar pequeño y acogedor con un delicioso olor a caldo picante y fritura. Baku, en su papel de anfitrión entusiasta, pidió de todo: tteokbokki humeante, odeng en brocheta, y incluso twigim crujiente.
—¡Coman, coman! —instó Baku, repartiendo los palillos.
Mientras comían, la dinámica fue extrañamente natural. Baku y Juntae llevaban la mayor parte de la conversación, pero esta vez, Gotak encontró el valor para intervenir un par de veces, haciendo una broma o comentando una jugada. Cada vez que hablaba, sentía la mirada de Sieun sobre él, no intrusiva, sino... presente.
En un momento, Gotak, distraído por un comentario de Baku, fue a tomar su vaso de agua al mismo tiempo que Sieun extendía la mano para coger el suyo. Sus dedos rozaron el borde del vaso de plástico al mismo tiempo. Fue un contacto mínimo, fugaz, pero para Gotak fue como una descarga eléctrica. Retiró la mano como si se hubiera quemado.
—Lo siento...—murmuró, mirando su tazón de tteokbokki con una concentración repentina.
—No es nada—respondió Sieun con calma, tomando su vaso y bebiendo un sorbo como si nada hubiera ocurrido.
Pero Gotak, que ya no podía evitar mirarlo, notó algo. Una leve tensión en la mandíbula de Sieun. Un parpadeo un poco más rápido de lo normal. Eran detalles ínfimos, casi imperceptibles, pero para alguien que lo observaba con la intensidad de un astrónomo buscando una nueva estrella, eran enormes.
Baku, siempre el más ruidoso, se recostó en su silla con un suspiro de satisfacción.
—¡Eso sí que es reponer energías!—anunció a nadie en particular, frotándose el estómago.
Juntae asintió con una sonrisa.
—Estaba realmente bueno. Gracias por la recomendación, Baku.
—¡Claro! Solo lo mejor para mis mejores amigos y mis fans, por supuesto—dijo Baku con una risa, lanzándole un guiño a Juntae. Su mirada pasó entonces a Gotak, que jugueteaba nerviosamente con su palillo—. Oye, y tú, ¿por qué estás tan callado? ¿Te cayó mal la comida?
Gotak parpadeó, sacado de su ensoñación.
—¿Qué? No. No, para nada. Estaba… pensando.
—¿Pensando? —Baku arqueó una ceja, escéptico—. Eso suena peligroso.
Juntae rió entre dientes. Gotak, en un intento desesperado por parecer normal, desvió la mirada hacia Sieun, buscando… no sabía qué. Complicidad, quizá. Lo que encontró fue que Sieun ya lo estaba mirando. No con intensidad, sino con esa curiosidad tranquila y un poco impenetrable que lo caracterizaba. Sus ojos se encontraron por un instante demasiado largo antes de que Gotak, sintiendo que el pánico crecía en su pecho, mirara rápidamente hacia otro lado.
Fue entonces cuando Sieun habló, su voz serena dirigida a Baku, pero sus palabras resonando directamente en el conflicto interno de Gotak.
—La jugada del tercer cuarto—dijo Sieun—. La del pase alto. Fue interesante.
Baku frunció el ceño, tratando de recordar.
—¿Cuál? Ah. ¿Cuando Gotak casi roba el balón?
Sieun asintió levemente, sin apartar los ojos de su vaso de agua.
—Sí. Fue un buen salto. Pero se anticipó.
Gotak se quedó helado. No era un halago ni una crítica. Era solo un análisis. Pero el hecho de que Sieun no solo recordara una jugada suya tan específica, sino que se tomara el tiempo de analizarla en voz alta, hizo que una oleada de calor le subiera por el cuello.
—Bueno, él siempre es un poco impulsivo —dijo Baku con naturalidad, encogiéndose de hombros—. Es parte de su estilo.
—Sí—fue todo lo que dijo Sieun, y alzó la mirada de nuevo hacia Gotak. Esta vez, había algo en sus ojos, un destello de algo que podía ser… ¿aprobación? ¿O solo interés deportivo? Gotak era incapaz de descifrarlo, y esa incertidumbre lo volvía loco.
—Bueno, deberíamos irnos —anunció Juntae, consultando su teléfono—. Se hace tarde.
Las despedidas fueron rápidas y sencillas. Baku y Juntae intercambiaron un "nos vemos" fácil. Cuando le tocó el turno a Gotak, este solo logró asentir con la cabeza, evitando por completo mirar a Sieun directamente.
—Cuídense —dijo Juntae. Sonriente.
—Adiós—dijo simplemente Sieun. Sus ojos oscuros lo miraron por un momento, como un sutil reconocimiento y luego se fue.
Baku suspiró, con cansancio y probablemente lleno de tanta comida.
—Vamos, Gotak. Otra vez pareces en trance. ¿Seguro que estás bien?
Gotak asintió mecánicamente, empezando a caminar mientras su mente repetía en bucle las miradas compartidas con Sieun en la noche. No habia sido nada y, al mismo tiempo, lo había sido todo.
Baku hablaba a su lado, haciendo comentarios sobre el partido y la comida, pero Gotak no escuchaba una palabra. Solo podía pensar que, en el silencio y la sutileza, en los análisis de jugadas y los roces accidentales, se estaba librando una batalla silenciosa en su corazón. Y por primera vez desde que se dio cuenta de sus sentimientos, permitió que una pequeña y temeraria esperanza se colara entre la confusión.
Tal vez, solo tal vez, no estaba completamente solo en esto.
¿Podía eso ser siquiera posible?
...
El camino a casa se sintió como caminar a través de un sueño. Las luces de la ciudad se difuminaban en su visión periférica, y la voz de Baku era un murmullo lejano, un zumbido constante que no lograba penetrar la niebla de sus pensamientos.
"—... así que si logramos mantener esa defensa en el próximo partido, creo que tenemos una oportunidad real contra los demás instituciones. ¿No crees, Gotak? ... ¿Gotak?"
Baku lo golpeó suavemente en el brazo, sacándolo de su ensimismamiento.
—¿Eh? Sí, claro —farfulló Gotak, sin tener idea de lo que estaba afirmando.
Baku se detuvo, cruzando los brazos con una expresión de fastidio amistoso.
—No me has escuchado una palabra, ¿verdad? Estás más raro que de costumbre. ¿Seguro que no te golpeaste la cabeza durante el partido?
—Estoy bien —mintió Gotak, reanudando la marcha con la esperanza de que Baku lo siguiera y dejara el tema.— Solo estoy cansado.
Baku no se convenció, pero afortunadamente no presionó más. En su lugar, soltó un bufido y cambió de tema.
—Bueno, al menos Sieun parecía interesado en el juego hoy. Hasta dio su opinión técnica. Eso es raro, normalmente es como hablar con una pared cuando trata de deportes.
El nombre, como siempre, hizo que Gotak se pusiera en alerta máxima.
—S-sí. Supongo.
—Aunque tenía razón —admitió Baku con un encogimiento de hombros—. Te anticipaste en esa jugada. Si hubieras esperado un poco más, la habrías interceptado. Es bueno tener una perspectiva externa.
Gotak asintió, incapaz de confesar que el análisis de Sieun estaba grabado a fuego en su memoria, no como una crítica a su juego, sino como una prueba de que existía en la mente del otro chico, aunque solo fuera como un jugador de baloncesto.
Se separaron en la esquina de la calle de Gotak con el habitual "nos vemos" de Baku.
Finalmente a solas, Gotak dejó que sus hombros se hundieran, la fachada de normalidad desvaneciéndose por completo.
Al llegar a su habitación, se dejó caer sobre la cama, mirando el techo. Cerró los ojos y, como un tonto, repasó cada momento de la noche.
Cada recuerdo era una brasa que avivaba el fuego confuso en su pecho. ¿Estaba leyendo demasiado? ¿Era solo su desesperación la que convertía cortesías básicas y observaciones neutrales en señales?
"Su salto es bueno."
La frase resonó en su cabeza. Sieun no era de halagos vacíos. Si lo dijo, era porque lo pensaba. ¿Y por qué iba a pensar en el salto de Gotak a menos que... a menos que lo estuviera observando demasiado?
Se giró de lado, enterrando su rostro ardiente en la almohada con un gemido de frustración. Esto era peor que cualquier entrenamiento, peor que cualquier partido. Al menos en la cancha, las reglas eran claras. Esto... esto era un territorio inexplorado y aterrador.
Estaba perdido. Completamente y irrevocablemente perdido.
Y lo peor era que, en medio de todo el caos, una parte de él ni siquiera quería encontrar el camino de regreso.
Sí. Definitivamente ahí fue consciente. Gotak recuerda muy bien que fue ese el momento exacto donde lo supo con claridad. No había otra explicación.
El estaba total e irremediablemente enamorado de Sieun.
