Chapter Text
YO, CONFIESO
Eduardo se abrió paso:
E: - ¡Hasta que das señales de vida, Fernando Mendiola!
Eduardo corrió a abrazarlo y sin soltarlo le inquirió:
E: - ¿A quién hay que felicitar por el bodorrio?
La alegría de ver a su amigo perturbó a Fernando lo suficiente como para no medir sus dichos:
F: - ¡A mí! Sí, sí, a mí hay que felicitarme.
Fernando se señalaba el pecho y le hacía jaranas a su amigo, que se reía con impetú:
E: - Ja, ja, ja, no me digas ¿y quién va a ser la afortunada?
F: - Aquí la Licenciada Padilla, con ella me voy a casar.
Fernando le guiñó un ojo a Eduardo y los dos rieron sonoramente.
E: - Estás más loco que nunca, Fernando.
F: - No, nada de loco, ni un chino de loco ¡mira, mira, los traigo todos bien aplacaditos!
Los dos reían como niños. Leticia no sabía cómo reaccionar, sólo atestiguaba:
E: - ¿Y cómo ibas tú a convencer a Lety de amarrarse contigo?
Fernando se puso serio. Había demasiado para explicar y ya desde su visita anterior Fernando temía el sermón de Lalo. Por lo mismo, Mendiola optó por ser sincero y a la vez mentiroso:
F: - Le dije que la amo. ¿Suficiente, no te parece?
Leticia no hacía ni un movimiento, ni siquiera pestañaba.
E: - Es una muy buena razón ¡te felicito hermano! Yo ya me la sabía que sentías algo por ella.
Eduardo abrazó de nuevo a Fernando y ahora los dos futuros esposos no entendían nada. Se miraron. Fernando recordó de inmediato, Eduardo había estado para el santo de Lety, el día antes de que él y ella intimaran por vez primera. ¿Acaso ya se le notaba? ¿Él ya estaba enamorado de ella desde hacía tanto tiempo? Leticia no quería ni siquiera darle un segundo pensamiento, a miedo de tergiversar las palabras de Lalo e ilusionarse sin sentido alguno. El silencio de Fernando la inquietaba aún más pero cuando aquel habló prefirió que nunca hubiera pronunciado nada.
F: - Sí je, je, je ¡tan perceptivo siempre mi Lalo! ¿Y qué, te quedas para ser mi testigo?
E: - ¿No le vas a pedir a Omar?
F: - ¿Al baboso ese? No, ni borracho... y hablando de borracho ¿a qué no sabes? Ya ni tomo.
Leticia, por temor a no aguantar la situación, prefirió sentarse en su silla. Al fin ella dijo algo:
L: - Eduardo... ¿no te sorprende?
E: - No, para nada Lety... y de veras, estoy muy contento por ambos, los felicito.
L: - Pero... yo era la asistente de tu amigo, él era mi jefe...
E: - ¿Y eso a qué viene? Lety yo desconozco de prejuicios y aquí mi amigo Fernando creo que también. Lo importante es que ustedes se quieran, y Fernando es un chavo muy bueno. Porque tú lo quieres ¿verdad? Aún así loquito como es.
F: - ¿Qué húbole, Lalo? Y claro que me quiere ¿qué preguntas son esas 'mano?
Fernando le sostuvo la mirada a Leticia, a la espera de una respuesta coincidente.
L: - Claro ji, ji, ji, yo lo quiero mucho...
Fernando había dejado la puerta entre abierta por lo que Aldo no necesitó llamar. Leticia terminó su declaración:
L: - ... lo quiero muchísisisisisimo a Fernando.
