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Bajo control

Chapter 10: Háblame mas

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Chapter Text

¿No lo había alucinado, verdad? Por un instante, casi pareció que Kacchan iba a besarlo. Dios mío, Dios mío. Gritó de emoción en su interior y se llevó las manos al rostro, que aún le ardía. Habían pasado quizá diez minutos desde que Kacchan había salido de casa, e Izuku seguía ahí, como un tonto, plantado frente a la puerta, intentando detener su corazón acelerado.

Recordaba con absoluta nitidez la calidez de sus brazos, su respiración tan cerca de su rostro, la forma en que lo había apretado contra su cuerpo. Sin duda, había sido el mejor abrazo que había recibido nunca. En esos brazos se había sentido a salvo, completo, como si nada malo pudiera alcanzarlo.

Tardó bastante en irse a la cama, y aún más en conciliar el sueño, pero al final lo consiguió. Ojalá Kacchan lo llamara pronto, ojalá su misión terminara rápido. Ya quería volver a verlo.

Quizá el plan que había tenido desde el inicio —acercarse un poco más a su espacio personal— había sido una buena idea. ¿Y lo de mudarse juntos? Kacchan había dicho que sí. Había dicho que sí. Izuku estaba en las nubes. La promesa de todo lo bueno que estaba por venir le calentó el corazón de una manera especial, suave y luminosa.

 

 

 

Dos semanas habían pasado. Había intercambiado varios mensajes con Evan, pero aún no habían concretado otra cita. Izuku tampoco sabía si realmente quería seguir saliendo con él; al parecer, sus citas eran un desastre, y sus horarios simplemente no encajaban.

Entre otras cosas, durante esos días había salido a beber un par de fines de semana con Shoto y Ochako. Ellos lograron animarlo un poco, sobre todo porque desde que Kacchan se había ido no había tenido ninguna noticia suya. Sí, Kacchan lo llamaría. Y si aún no lo había hecho, seguramente era porque no podía. Aun así, Izuku se moría por escucharlo, por saber cualquier cosa de él. Si algo le hubiera pasado, estaba seguro de que ya lo sabría… pero no había nada. Y de igual manera, no podía evitar sentirse nervioso.

La semana siguiente se mantuvo ocupado buscando un nuevo hogar, lo cual también lo llenaba de una emoción suave y expectante. Un buen espacio para él y para Kacchan. Shoto le había dicho que era un gran paso, y también le había preguntado, con su habitual franqueza, si ya habían dado el siguiente. Cuando Izuku lo negó, Shoto solo mantuvo su expresión estoica, aunque Izuku creyó percibir en ella un atisbo de incredulidad… o quizá de tristeza. Fuera lo que fuera, decidió ignorarlo.

Tenía varios lugares que quería visitar cuando Kacchan regresara. Quería asegurarse de que también fuera un sitio que al rubio le gustara de verdad. Esperaba que, viviendo ahí, pudieran pasar aún más tiempo juntos.

También estuvo buscando modelos de autos y visitó algunas concesionarias, aunque todavía no encontraba nada que le convenciera por completo.

Cuando finalmente se dio cuenta, faltaban solo tres días para el campamento y Kacchan aún no había regresado. Si no volvía a tiempo, Shoto le había asegurado que podía cubrir su lugar… pero Izuku esperaba, con todo su corazón, que no fuera necesario.

 


Era de noche.

Recién bañado, Izuku acomodaba la maleta que contenía todo lo necesario para las dos semanas que pasaría en el campamento cuando su teléfono vibró sobre la mesita de noche. Se apresuró a tomarlo, con la esperanza latiéndole en el pecho. Al ver el nombre en la pantalla, el que había estado esperando, contestó de inmediato.

—¡Kacchan!

—Hey, nerd.

La voz de Kacchan le hizo cosas terribles a su corazón. Se le aflojaron los nudos del cuerpo de puro alivio. Estaba genuinamente feliz de escucharlo.

—¿Todo bien? ¿Ya terminaste?

—Sí. Estoy llegando al hotel. Llegaré pasado mañana; lo más seguro es que tenga que alcanzarte en el campamento.

Kacchan había cumplido. Lo estaba llamando en cuanto tuvo oportunidad. Izuku lo sabía. Podía escucharlo caminar, y luego algo pesado caer al suelo.

—¿Y tú estás bien? ¿No estás herido? —preguntó rápido— Puedo preparar tu maleta para el campamento, no hay problema.

—Estoy bien. Solo me muero por una ducha caliente. Supongo que si haces la maleta me ahorrarás tiempo… aunque también podría hacerlo al llegar. —Hubo una breve pausa— ¿Tú como estas? ¿No te metiste en problemas?

Izuku escuchó eco del lado de Kacchan, y después el sonido inconfundible del agua cayendo. Seguramente por fin se estaba dando la ducha que tanto ansiaba.

Mientras seguían hablando, el ruido del agua y los movimientos de Kacchan despertaron su curiosidad.

—¿Vas a ducharte, Kacchan? —preguntó. Sin darse cuenta, retorcía los dedos en el dobladillo de su camisa. No quería colgar, pero sabía que debía dejarlo descansar. Algún día iba a desesperarlo por puro egoísmo.

—Bueno, eso estoy haciendo, nerd.

—¿Qué? Pero vas a mojar el teléfono ¿Estoy en altavoz? ¿Compartes habitación con alguien?

—No voy a compartir habitación con ningún maldito extra —bufó— Dejé el teléfono en la pared. Hay un espacio donde no llega el agua. Bastante práctico.

Izuku sonrió, y el pensamiento se le escapó antes de poder detenerlo.

—De haber sabido que lo único que hacía falta para compartir la ducha contigo era un espacio en la pared, le habría hecho un agujero al baño.

—No sabía que querías compartir el baño conmigo dentro —dijo Kacchan.

Izuku se congeló.

Se dio cuenta, horrorizado, de que lo había dicho en voz alta. La vergüenza le inundó los sentidos.

—Y-yo… e-estaba hablando de... de ahorrar agua —balbuceó— Campañas de conciencia ambiental

—Ajá. Claro. Que te den entonces, nerd —gruñó Kacchan, claramente molesto… o fingiendo estarlo.

La imagen de Kacchan duchándose mientras hablaban envió un calor intenso al cuello, las mejillas... mas abajo. Intento ignorarlo. No pudo.

—Bueno… hazlo.

Durante dos largos segundos, Izuku no escuchó nada más que el agua cayendo y el estruendo de su propio corazón en los oídos.

—¿Tantas ganas tienes, eh, Izuku? —La voz de Kacchan era baja, contenida.

Izuku no sabía si había arruinado todo… o si había cruzado una línea de la que ya no quería volver. Tragar saliva fue lo único que pudo hacer antes de responder, con todo el miedo —y el deseo— del mundo.

—Sí.

—Aprovechando justo cuando me estoy bañando… diciendo esas cosas —continuó Katsuki, con la voz baja.

Izuku cerró los ojos y tembló apenas, como si el sonido le recorriera la piel.

—Quiero que te mires —añadió Katsuki, la voz ronca— Porque yo no puedo verte y, aun así, sé exactamente cómo estás ahora…

Hubo un chasquido suave; quizá Kacchan había apoyado el brazo contra la pared. El agua ya casi no se escuchaba, apenas unas gotas cayendo de forma irregular.

—¿Y bien, Izuku? —murmuró— ¿Te comió la lengua el gato… o prefieres que sea yo?

El tono grave de Kacchan le daba vueltas a la cabeza. Izuku tenía demasiadas palabras atrapadas en la garganta, pensamientos peligrosos, deseos que le quemaban la lengua. Quería decirle todo: lo que imaginaba, lo que anhelaba, lo que estaba conteniendo con demasiado esfuerzo. Pero necesitaba estar seguro. Seguro de que Katsuki también lo quería así.

—K-Kacchan… —susurró— ¿Por qué me estás provocando? ¿Es porque… tú también tienes ganas?

Katsuki soltó una risa baja.

—¿Me sueltas algo así y ahora te haces el inocente? —replicó— ¿Sabes lo difícil que es escucharte así? Con esa vocecita tuya, justo cuando estoy lejos e intentando relajarme.
—…Y sí —añadió tras una breve pausa— Te tengo muchas ganas.

Izuku tragó saliva y se sentó en el borde de la cama, el corazón desbocado.

—Q-Quiero que te relajes, Kacchan —dijo, con voz suave— Quiero ayudarte… como tú quieras.

—Sabía que dirías eso —respondió Katsuki— Siempre tan dispuesto.
Su voz se volvió más lenta, más cargada— Puedo imaginarte ahora mismo… concentrado, nervioso, intentando no perder el control.

Izuku cerró los ojos.

—Sí, Kacchan —respondió, con la respiración agitada— Lo intento.

—Pero no lo estás logrando, ¿verdad?

La voz de Kacchan era un susurro profundo, hipnótico, como si cada palabra rozara la piel de Izuku antes de llegar a sus oídos.

Izuku sintió cómo el calor se extendía por todo su cuerpo, un fuego lento que lo consumía desde adentro. Sabía que no podría resistir mucho más.

—K-Kacchan… —susurró, la voz quebrada por el deseo— No puedo… no puedo evitarlo.

—No tienes que hacerlo.

La respuesta de Kacchan fue grave, dominante, y esas simples palabras fueron suficientes para que Izuku cediera por completo. Con manos temblorosas, deslizó los dedos bajo el borde de sus pantalones cortos, encontrando su miembro ya completamente erecto y palpitante, la punta húmeda de necesidad. Al cerrar los dedos alrededor, un gemido ahogado escapó de sus labios, seguido de una embestida lenta y tortuosa.

Del otro lado de la línea, Katsuki jadeó.

El sonido fue como una chispa en el aire, encendiendo aún más los sentidos de Izuku.

—¿Y tú? —preguntó entrecortado, aunque ya lo sabía. La respiración agitada de Kacchan, esos pequeños ruidos que nunca soltaba… Izuku podía imaginarlo perfectamente: la espalda apoyada contra la pared húmeda del baño, una mano entre sus muslos, moviéndose con esa intensidad calculada que lo volvía loco. Pero quería oírlo. Necesitaba oírlo.

—¿En serio me lo preguntas? —Katsuki resopló, pero su voz estaba cargada de algo más que irritación— Estoy aquí… —hizo una pausa deliberada, y en el fondo se escuchó el roce de piel contra piel— …pensando en cómo te verías si estuvieras delante de mí.

Izuku apretó los dientes, las caderas arqueándose involuntariamente hacia su propio puño.

—¿C-cómo?

—Jodidamente perdido. —Kacchan gruñó— Con esa cara tan linda. Y esas pecas… —otro sonido húmedo, otro jadeo contenido— …apuesto a que no puedes dejar de tocarte.

Izuku no lo negó. No podía. Cada palabra de Kacchan lo empujaba más allá, más rápido, más desesperado. 

Dime más —rogó, la voz convertida en un hilo de sonido.

Katsuki rio, bajo y peligroso.

—Te escuchas incapaz de ocultar lo mucho que me deseas. Puedo imaginarte... con tus mejillas rojas, los labios entreabiertos. Mirándome como si no existiera nada mas.

Izuku apenas podía contener los gemidos que escapaban de su garganta, cada palabra de Kacchan era como una caricia directa a su piel, intensificando el fuego que ardía dentro de él.

—Y tus manos… —continuó Katsuki, su voz más grave, más urgente— Esas manos que no pueden dejar de tocarte, moviéndose con desesperación. Apuesto a que estás cerca, ¿verdad? Que apenas puedes aguantar.

—S-sí… —susurró Izuku, las caderas moviéndose frenéticamente contra su propio puño— Kacchan, tan cerca…

—No te detengas —ordenó Kacchan, su respiración entrecortada— Déjate llevar. Quiero oír cómo te pierdes por mí.

Izuku obedeció, los músculos tensándose mientras la ola de placer lo arrastraba hacia el borde. Cada jadeo, cada gemido de Katsuki al otro lado de la línea lo empujaba más allá, hasta que finalmente estalló, con un grito ahogado escapando de sus labios, los dedos de los pies curvados, el corazón desbocado, mientras el calor lo inundaba por completo.

Del otro lado Izuku escucho a katsuki gruñir con la voz quebrada, estaba seguro que también había llegado y eso envió un placer abrasador a todo su cuerpo.

—Kacchan… -Dijo con las mejillas ardiendo, incapaz de entender como habían llegado a eso, totalmente incrédulo, esos sonidos que había escuchado de su Kacchan, Dios, era tan apasionado. 

Pasaron unos segundos sin que ninguno dijera nada.

—¿Todavía ahí, ´Zuku? —La voz de Katsuki, áspera pero más suave ahora, lo hizo estremecerse de nuevo.

—S-sí… —balbuceó Izuku, mordiendo su labio inferior. Su mente aún navegaba entre la incredulidad y una felicidad que le quemaba el cuerpo— ¿Y tú? ¿Estás… bien?

Un gruñido familiar, seguido de un suspiro exasperado.

—No preguntes estupideces. Claro que estoy bien. —Sonaba casi tímido

Izuku rio entre dientes, el rubor subiéndole hasta las orejas. "Kacchan, siendo timido…" Era demasiado para su corazón.

—Tengo que dormir —soltó Katsuki de golpe— Mañana es largo.

—Sí —respondió Izuku— Claro.

Dudó. Solo un segundo.

—Kacchan…

—¿Qué?

—Me alegra que hayas llamado.

Del otro lado no hubo respuesta inmediata. Solo una exhalación lenta.

—…Ajá.

La llamada se cortó sin despedida.

Izuku se quedó mirando el teléfono unos segundos antes de dejarlo sobre la cama. Se recostó boca arriba, el corazón aún acelerado, pero ya no por la emoción… sino por la incertidumbre.

No se sentía arrepentido.
Pero tampoco tranquilo.

Ahora no sabia muy bien como iba a mirarlo cuando llegara el momento.

Quiza esto no estuvo del todo bien.

Notes:

Nunca había escrito una escena asi y espero no haberlo hecho tan mal q.q

Notes:

Este es mi primer fic, tengan compasión. Hace mucho tiempo no escribo nada y últimamente necesito más de estos preciosoooos! Espero lo disfruten 💚🧡
Esperen los siguientes capítulos ✨