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Había silencio en la sala de juntas. Todos los ojos se miraban entre todos y la espera empezaba a ser fastidiosa. El manager les había llamado hace una media hora antes, pero no les habló sobre el tema a atender, así que ahí estaban todos, casi queriendo comerse los dedos por la ansiedad. Finalmente, luego de un rato, la puerta se abrió y el manager se presentó frente a todos en compañía del equipo de la división 1. Todos saludaron y se acomodaron de nuevo en sus asientos, exigiendo las respuestas con la mirada.
—¿Qué sucedió está vez? —se atrevió a preguntar Bang Chan.
—No son tan buenas noticias, chicos —habló el manager.
—El velador del edificio donde viven Minho, Felix, Seungmin y Jeongin nos llamó diciendo que ya van cuatro veces que una pareja de chicas ingresa al edificio para merodear por los pasillos —contó—. El señor Park ya nos dijo que las ha corrido un par de veces, pero ellas siguen intentando ingresar cuando se distrae por un segundo.
—¿Hablamos de un par de locas? —intervino Seungmin.
—Sí, Mijeon también nos dijo que le ofrecieron unos cuantos millones de wones para vender su información en estos últimos días—suspiró—. Era de esperarse ahora que su popularidad está en aumento.
—¿Qué haremos entonces? —indagó, Chan.
—Hemos encontrado dos complejos de departamentos cómodos para ustedes al otro extremo de la ubicación de sus hogares actuales, incluso pueden mudarse la semana entrante sin embargo... Tendrán que dividirse en parejas.
—¿En parejas?
—Sí, Chan, sabemos que no les agrada la idea de volver a separarse, pero estarán relativamente cercanos, y ahora nuestra prioridad es su seguridad y los departamentos no son tan grandes.
Los ocho se miraron entre ellos, dudosos y claramente asustados por la revelación. Ninguno quiso opinar más al respecto y sólo continuaron con su silencio.
—¿Cómo les gustaría dividirse? —indagó la cabecilla de la división.
—Hagámoslo al azar —sugirió Chan—. Será más fácil si un papel nos lo dice.
Todos aceptaron y Hyunjin se encargó de escribir sus nombres en una hoja de papel. Con los trozos ya doblados, los dejó frente a todos y nuevamente las miradas se dispararon.
—Inicia tú, Changbin —permitió el más alto.
Changbin le sonrió y le golpeó lindamente en el hombro, haciéndolo rodar los ojos con falso fastidio.
—Espero que me toques tú —deseó tomando el papel.
Todos guardaron silencio una vez más, expectantes con el resultado. Changbin desdobló el papel y sus ojos se abrieron simultáneamente, dejando asombrados a Han y a Hyunjin que estaban a su lado.
—De ninguna manera... Realmente le tocó Hyunjin —exclamó Han.
Los demás se sorprendieron, buscaron el papel de Changbin mientras se hacían bulla y se burlaban de Hyunjin, pero tuvieron que seguir cuando el manager lo pidió.
—Han, tu turno.
El aludido asintió. Miró los papeles que habían sido revueltos por Felix y luego de un momento pescó su papel.
—Me tocó Minho-hyung —enseñó el nombre, apuntando al otro.
—¡Oh, mi alma gemela! —apuntó de regreso, para luego chocar las palmas.
Un nuevo nombre fue retirado. La cantidad de papeles disminuyeron otra vez y cuatro pares de ojos se miraban tentados.
—Seungmin, tu turno.
—¡Ooooh!, tienes que elegir a Chan-hyung, eso será fascinante —demandó Minho con la burla en su rostro.
Seungmin le mostró el dedo medio y tomó su papel sin pensarlo mucho. Lo desdobló y el resultado fue evidente cuando Felix saltó de su silla y lo abrazó.
—¡Ah, Seungmin-ah! Es justo como cuando se mudaron a nuestra casa antes del debut —lloriqueó.
—De acuerdo, entonces como última pareja están Jeongin y Chan —retomó, la mujer, anotando en su libreta—. Vuelvan a casa y empaquen sus cosas para el viaje, el vuelo a Milán será en dos días y mientras están afuera, nosotros nos aseguraremos de trasladar sus cosas a los nuevos departamentos.
Los chicos asintieron. El manager y los otros se marcharon y de nuevo se miraron entre ellos, ahora con los sentimientos encontrándose en sus estómagos.
—Estaremos bien —consoló el mayor de todos.
•°•°•°•°
El regreso a casa esa misma tarde fue de cierto modo, melancólico. Los integrantes del departamento lindo estaban más serios de lo que podían ser. A pesar de lo graciosa que había la situación del juego, nada quitaba el verdadero contexto detrás de aquello.
—Iré a mi habitación —anunció Jeongin.
—Yo también —le siguió Felix.
Los dos restantes miraron el camino de sus compañeros y luego se dirigieron instintivamente a la habitación del mayor que ambos habían adoptado como su guarida. Minho comenzó a acarrear sus cosas mientras Seungmin simplemente se acostó en la cama y se abrazó con la almohada de pulpo del mayor. Había una pequeña tensión entre ambos, pero ninguno de ellos quería hablar, en realidad, lo querían evitar, mas era claro que el asunto era inevitable.
—No te vas a deshacer de mí —habló Minho cuando doblaba un par de camisas.
—¿Qué?
—Tú y Yongbok van a quemar la cocina, tienen que tener alguna supervisión —explicó.
—Ah, me ofende, pero sí, es seguro que quememos la cocina o que Changbin termine retándonos por alimentarnos con pura comida a domicilio —aceptó.
Los dos sonrieron en sus propias posiciones. Minho continuó en su labor, pero se detuvo cuando acomodó sus tenis de pareja con el menor en su maleta de viaje.
—Recuerda siempre llevar toallas limpias a la ducha, porque Yongbok no te la dará, mucho menos si está jugando.
—Tú deberías comprar un asistente de casa, no creo que Hannie vaya a apagar la luz de tu habitación cuando te quedes dormido.
—Oh, por dios esto está siendo ridículamente triste —burló el mayor—. Guarda silencio antes de que comiences a llorar, Seungmin-ah..., de cualquier modo, vamos a vivir en el mismo edificio y estoy casi seguro de que estarás más en mi casa que yo por culpa de Han y sus ataques de inspiración.
Seungmin asintió sin querer decir más y enterró el rostro en la almohada. Cerró los ojos y se quedó en calma escuchando el movimiento de Minho con sus cosas.
Aunque no lo demostró con tanta evidencia, Seungmin estaba sintiéndose triste porque de alguna manera se sentía como si los estuviera perdiendo a todos. Sí, era verdad que tenían sus propias habitaciones y mucho más espacio para ellos solos sin embargo, iba a extrañar cruzarse con sus amigos en el pasillo e iba a tener que adaptarse de nuevo a la idea de verlos a todos juntos sólo en la agencia porque cada uno atendía sus actividades individuales.
—¿Estás llorando?
—No.
—Seungmin-ah~ —llamó risueño—. De verdad no tienes por qué ponerte tan sentimental, idiota.
—Tú no lo entiendes —acusó—. Déjame en paz y sal de aquí.
—Estás en mi habitación.
—Entonces yo me voy.
Seungmin se despegó de la almohada y sus ojos rojos lucieron, al igual que las mejillas húmedas. Bajó de la cama y arrastró los pies, malhumorado, pero no alcanzó a tocar la puerta porque fue jaloneado del brazo y luego aprisionado en un abrazo. Minho le empujó la nuca contra su hombro y le palmeó la espalda, tratando de no ser tan duro. Minho adoraba ser juguetón y cínico con su cachorro sin embargo, en ese momento le estaba siendo difícil no ponerse sentimental además, podía sentir los pequeños espasmos a consecuencia de los sollozos.
—Tenemos que ser un grupo que siga vigente hasta los setenta años —declaró el menor.
—¿Por qué hasta los setenta?
—Porque yo no pienso empujar la silla de ruedas de Chan-hyung.
Minho se burló, aparentando un poco más. Entendía al menor porque solían reunirse en el comedor a las altas horas de la noche para tomar cerveza y hablar de todo. Se habían confesado sus temores en alguna madrugada y ahora podía entender que era esa parte la que estaba mostrándose en el castaño.
—Hey —lo alejó, atrayendo su rostro para mirarlo—. No importa si son las tres de la mañana, ve a visitarme o llámame cuando te sientas abrumado, no nos vamos a separar —aseguró—. Te quiero, estúpido.
•°•°•°•°•
La llegada a Corea fue tranquila. Estaban contentos por el éxito de su presentación y los proyectos que seguían. Estaban cansados y en ese momento esperaban por irse a dormir sin embargo, la alegría se tambaleó al llegar a sus respectivos dormitorios.
Las cajas con sus pertenencias que anteriormente habían acomodado junto a la puerta; ya no estaban. Ya no habían adornos sobre las tarimas ni pertenencias de los menores botados por ahí. Todo estaba silencioso y en la casa sólo estaban presentes los muebles pertenecientes al departamento.
—Parece que esto es todo —suspiró Felix—. No me vayan a extrañar mucho.
—Calla, harás llorar al niño —sentenció Minho, cubriendo los oídos de Seungmin.
Jeongin sonrió ante la escena y tomó su teléfono, acercándose a la mesa del comedor. Se sentó y comenzó a teclear la pantalla con las miradas ajenas encima suyo.
—Tengamos una última cena los cuatro —propuso.
Ninguno rechistó. Los tres restantes se acercaron al menor y tomaron asiento en sus respectivas sillas, sabiendo perfectamente que iba a ser la última vez que tomaran esas posiciones. Jeongin bajó el teléfono y con aquello fue suficiente para saber que el pedido había finalizado. No hablaron mientras tanto, sólo se quedaron en silencio, mirando a sus alrededores y de vez en cuando compartiendo algunas miradas entre ellos.
El timbre sonó al paso de unos minutos. Jeongin y Felix se acercaron a la puerta para acarrear las cosas mientras Seungmin y Minho se encargaban de acomodar las sillas. Estaban acostumbrados a dividirse las tareas y ahora no habían platos ni servilletas para acercar.
Los cuatro se acomodaron cuando todo estuvo en orden y finalmente se miraron con una sonrisa. Jeongin tomó un trozo de pollo con sus palillos y lo alzó frente a él.
—¡Disfrutemos nuestra última cena! —exclamó.
—¡Disfrutemos nuestra cena!
Los cuatro chocaron sus piezas de pollo y comenzaron a comer. Los gemidos de gusto resonaron y las corcholatas de las botellas explotaron. La cerveza sabía dulce a pesar del momento amargo. Se sonreían y se pasaban las cosas en silencio.
Las horas pasaron con ellos llenos y borrachos. Hablaban sobre las otras noches que habían compartido con anterioridad. Reían a carcajadas y lamentaron sus viejas costumbres que ahora quedarían como buenos recuerdos.
Ya para las tres de la mañana, el primero en caer fue Jeongin. El lindo niño terminó cayendo dormido en el sofá y Minho tuvo que llevarlo hasta su habitación. Media hora después, el sentimentalismo golpeó a Seungmin. Felix y Minho trataron de tranquilizarlo diciéndole que no se iban a separar del todo sin embargo, él continuó lamentando que tuvieran que diluirse todavía más. Finalmente la pelea terminó cuando Minho lo cargó sobre su hombro como costal de papas y lo depositó en su cama.
—Es un dramático —señaló el rubio cuando el mayor volvió.
—Cuida muy bien de él, Yongbok-ah —amenazó—. Aún es un poco inmaduro y honestamente me da un poco de miedo que ustedes dos compartan el departamento.
Felix sonrió ante el comentario. Bebió tranquilamente de su vaso y pensó un poco antes de acomodarse.
—Lo cuidaré bien en tu lugar, hyung, aunque no me haría mal que nos visitaras para cuidar de tu cachorro.
—Iré —prometió, bebiendo de su vaso. Mantuvo el trago entre sus labios por un momento y luego miró de vuelta al pecoso—. Tal vez esto sonará un poco extraño viniendo de mí, pero te quiero Bokkie y de verdad, quiero que me tengas en cuenta si necesitas de un zape o un consejo.
—Estás siendo tan ridículo como Seungmin —acusó burlón.
—¡Yah!
Felix se burló más y se levantó de la silla dando un último sorbo. Sonrió brillante y se acercó a su mayor.
—Gracias por ser un buen hyung en todo este tiempo —lo abrazó—. Definitivamente, Seungmin-ah y yo te extrañaremos en casa.
Felix lo abrazó y el otro correspondió aprovechando los efectos del alcohol para darse el valor de no quejarse. Le rascó la nuca y se balancearon un poco en la soledad del salón.
—Descansemos ya —propuso el menor.
Minho asintió. Se alejó del pecoso y palmeó su trasero para alentarlo a irse. Bostezó cuando lo vio cerrar su puerta y se dedicó a recoger la basura. El pecho se le oprimió cuando se vio sólo y los efectos de su borrachera lo pusieron sentimental, agradecía que los menores ya estuvieran dormidos y se dio la libertad de lagrimear por pura melancolía.
Para la mañana siguiente, Minho despertó en su habitación. Recordó la realidad agridulce cuando vio el vacío de su habitación y se levantó de la cama cuando escuchó los ruidos de afuera. Se estiró con los pies ya en el suelo y se encaminó a la salida.
—¿Seungmin?
El castaño se giró sobre sus talones con una sonrisa. Llevaba el teléfono en mano y el rostro hecho un desastre.
—Buenos días —saludó—. ¿Pudiste dormir?
—Sí, pude hacerlo... ¿Dónde están Yongbok y Jeongin?
—Se adelantaron a la agencia..., ya recogieron todo lo que les quedaba, así que ya no volverán acá —explicó.
Minho asintió, aún con los pensamientos aturdidos. Restregó los puños en sus ojos y luego se quedó quieto cuando distinguió el par de vasos humeantes sobre la mesa del comedor.
—Antes de irnos... Creí que sería bueno si compartimos un último café.
—¿Sigues siendo sentimental?
—No será lo mismo, hyung, lo sabes —señaló—. Viviremos en el mismo edificio, pero no por eso podremos compartir un vaso de café en boxers, ni tampoco saldrás de tu habitación a la media noche, sólo para acompañarme a beber cerveza.
—De acuerdo —concordó—. Tienes razón, no será lo mismo.
Minho se sentó en la mesa y Seungmin le siguió. Ambos chocaron sus vasos y comenzaron a beber en silencio como hacían cada mañana. El canto de los pájaros y el amanecer azulado los acompañaban como de costumbre. En otro momento, probablemente hablarían de preparar la cena para los cuatro o convencer a los otros dos para reunirse en la sala. Hablarían de algunas mejoras para la ducha o sobre el hecho de que le tocaba a Seungmin lavar las toallas del baño sin embargo, ninguno en ese momento tenía algo para mencionar.
Las memorias seguían recorriendo sus pensamientos y sus miradas chocaban de vez en cuando exigiendo por la creación de un plan entre ambos para más tarde, pero nunca llegó. Aún así, la presión del silencio se volvía sofocante. Seungmin sonrió con melancolía en los labios y un brillo intenso en los ojos. Minho le esperó con paciencia y tiró de su mano para recorrer el flequillo corto del menor, con el único propósito de hacerlo reaccionar.
—Entonces... Esta vez definitivamente tú y yo nos divorciamos.
—¿Qué? ¿De qué hablas tan de repente?—sonrió.
—Me dejarás cuidando a la niña y tú te irás con mi hermano —continuó.
—Eres un imbécil, Kim Seungmin —acusó divertido—. Pero sí... Por favor, cuida de mi bebé.
Seungmin sonrió cuando su gato hyung le siguió el juego. Bebió de su café y se quedó pensativo un momento, con los dedos golpeteando al vaso.
—Será difícil separarnos luego de tantos años viéndote la cara.
—Lo sé, también pienso lo mismo.
—Los divorciados pueden volver a casarse en el futuro, ¿No?
—Sí, creo que pueden hacerlo.
Seungmin asintió en silencio. Sonrió de nuevo, sintiéndose sensible sin embargo, tragó el nudo en su garganta y miró a su hyung con los ojos llenos de brillos.
—Hagamos los negocios de una pareja divorciada que no puede vivir sin el otro, ¿quieres?
—Está bien, Seung, hagamos negocios de divorcio —aceptó—. Pero me encantaría si mi exesposo me vuelve a conquistar invitándome a tomar café por las mañanas y tardes.
—Trato hecho.
Y así, los dos estrecharon la mano para luego beber su último sorbo de café compartido en su ahora viejo departamento.
