Chapter Text
El amor no ve con los ojos, sino con el corazón
y por ello, al alado Cupido se lo muestra ciego a la razón.
Shakespeare. (Sueño de una noche de verano)
La semana se sintió interminable para Draco, quien se la pasó tratando de ignorar a Harry en las clases tanto como había sido ignorado, y estudiando hasta altas horas de la noche mientras continuaba preguntándose una vez más qué le había pasado al Gryffindor para irse así. Pero por fin llegó el sábado, el día de visita a Hogsmeade. Ir con Harry estaba descartado, por supuesto y, a pesar de una invitación de Millicent para compartir una mesa y unas cervezas en Las Tres Escobas, Draco decidió quedarse en el castillo. Simplemente no estaba de humor para formar parte de los intentos desesperados de la chica por dejar la marca Slytherin en el pueblo, y no había ningún asunto en particular que realmente necesitara o que no pudiera conseguir más fácilmente por medio de lechuza. Asumió que Harry había ido al pueblo como parte del Perpetuo Trío, y tenía tanto un sentimiento de alivio como de vacío ante el hecho de que no tendría lidiar con la presencia invisible del chico ese día.
Se pasó la mañana estudiando solo, como de costumbre, y después hizo su camino al usualmente ruidoso Gran Salón cuando fue la hora de la comida. Blaise era el único otro chico de séptimo año de Slytherin que se había quedado, y él y Draco hablaron interminablemente sobre Pociones mientras comían.
—¿Te puedo preguntar algo?, —preguntó con la boca llena de comida.
Draco encogió los hombros.
—Claro, —contestó, esperando otra pregunta acerca de la dificultad del proceso de preparación del Veritaserum.
—¿Qué le hiciste a Potter?
—¿Qué?, —la cabeza de Draco se levantó rápidamente. —¿Por qué?
—Ha estado mirándote durante toda la comida. De hecho, ha estado mirándote durante varios días, pero es mucho más obvio ahora que no tiene a sus pequeños amigotes alrededor.
Incluso después de todo ese tiempo sin vista, su primera reacción fue voltearse y mirar para verificar con sus propios ojos.
—¿Está Potter solo?, —preguntó controlando con esfuerzo su voz y el inútil impulso de voltearse.
—Sí. Aparentemente nosotros no somos los únicos que nos saltamos la visita a Hogsmeade, —dijo Blaise con una risa. —Entonces, ¿qué le hiciste? ¿qué pudiste haberle hecho?
Draco ignoró el desconsiderado comentario. El enojo de repente regresó con toda su fuerza. Harry no podía decirle dos palabras a él, ¿pero sí podía sentarse ahí y mirarlo toda la semana? No, él se iba a explicarse e iba hacerlo ahora. No había amigos en el camino ni clases a las cuales salir corriendo.
Empujó su silla hacia atrás.
—Tendo: mesa de Gryffindor, —le dijo a su Indicador avanzando tan rápido hacia sus indicaciones que si alguien se hubiese cruzado en su camino, a la esfera le hubiera sido imposible de advertirle a tiempo.
—Destino, —llegó la voz del Indicador. El objeto no podía reconocer personas específicas, solamente lugares. Así que ahora estaba en la mesa sin ninguna idea de dónde estaba Harry. Empezó a caminar por el lugar, al extremo de la mesa, donde el otro chico tendría que haber estado sentado si lo hubiera estado mirando.
—Potter, vamos a hablar. Ahora, —dijo, bajo pero claro, pasando una mano por la parte trasera de las sillas mientras caminaba al centro de la mesa.
No hubo respuesta.
—¿Quieres que eleve la voz y que esté diciéndole esto a toda la mesa?
—Basta, —siseó Harry; el nada amistoso tono llegó desde donde Draco ya había pasado.
Dio marcha atrás hacia el sonido hasta que fue detenido por una mano en su muñeca. El afecto en la indicación de Harry se filtró casi inmediatamente por su piel.
Draco volteó su cara.
—¿Quieres que me detenga? Bien. ¿Vas a hablar?
Hubo una pausa.
—Aquí no, —finalmente exclamó el Gryffindor, soltándole la muñeca. Escuchó una silla ser arrastrada hacia atrás. —Afuera. En la entrada del Gran Salón, —pasos retumbaron lejos de él mientras que él indicaba el destino al Líder.
Preocupado, Harry paseó por la entrada del Gran Salón durante los pocos momentos en que le tocó esperar a que Draco llegara. Se había apartado de Ron y Hermione esa mañana, quejándose de que estaba muy cansado para unírseles en Hogsmeade y porque necesitaba hacer tarea; dudaba que sus amigos le hubieran creído sus excusas, pero lo habían consentido, dejándolo solo para cavilar... y para mirar.
Draco salió del Gran Salón y se detuvo por un momento, obviamente tratando de detectar la posición de Harry.
—Escucho pasos, —acusó tan pronto como las pesadas puertas se hubieran cerrado detrás de él. —Si estás tratando de escabullirte, Potter, no va a funcionar.
Harry se detuvo pacientemente.
—Estoy justo aquí, así que puedes dejar las amenazas, —vio al otro chico ir en su dirección, deteniéndose cuando el Indicador le indicó el obstáculo. —¿Qué quieres?, —dijo bruscamente con más dureza de lo que había pretendido.
—¿Tú qué crees? Quiero saber qué diablos pasa contigo.
Harry se mordió el labio. Debía haber sabido que, eventualmente, Draco demandaría una explicación.
—No me has hablado en toda la semana. Siempre has insistido en que hable. Ahora es tu turno. Explícate.
A pesar de estar del lado equivocado de la furia del Slytherin, Harry notó que una vez más estaba siendo afectado por la proximidad del otro chico. Tomó una fuerte exhalación y volvió sus ojos hacia la izquierda de los grises de Draco, evitando mirarlo directamente.
—Simplemente me di cuenta de lo mucho que extraño estar con Ron y Hermione, —mintió. —Quería pasar más tiempo con ellos, eso es todo.
Draco dio un paso hacia atrás.
—No te creo.
Harry se encogió de hombros, esperando que Draco no pudiera escuchar la manera en que su corazón estaba golpeando en su pecho.
—¿Qué no se puede creer? Hemos sido amigos por siglos, es natural que los extrañe.
—¿Te tomó cerca de tres meses para notarlo? ¿Y cuando lo notaste, fue tan urgente que tuviste que salir corriendo sin poder dar una apropiada explicación?
—Bueno, ¿cuál creíste que fue la razón?, —lo desafió Harry lanzando la bolita desesperadamente hacia el lado de Draco.
—Oh, no lo sé, ¿tal vez simplemente te hartaste de mí a morir y no tuviste las agallas de decírmelo?, —Harry vio cómo el otro chico giraba su cabeza, dejando que su cabello se interpusiera entre lo dos, como no queriendo ser visto. —Jugaste un buen papel al ser comprensible, pero cuando realmente se presentó la situación, no pudiste lidiar con toda mi mierda más tiempo, —tomó un respiro. —La dependencia, la explosión... todo.
—Oh, no, Draco, —respondió Harry automáticamente, queriendo borrar inmediatamente el auto-odio que vio en el rostro del otro chico, bajo las amenazas del rubio. —En lo absoluto es eso.
La cabeza de Draco se alzó.
—¡Cómo te atreves!
—¿Qué?
—Mi nombre. Esta es la segunda vez que utilizas mi nombre. No te atrevas a usarlo para manipularme, no si has decidido que nuestra amistad es tan insignificante que no puedes ni siquiera decirme la verdad.
Harry maldijo en silencio. No había pensado en lo absoluto antes de abrir la boca... lo había dicho simplemente ante la emoción que había visto.
—Estoy diciéndote la verdad, —dijo. —Lo juro, no tiene nada que ver con tu ceguera.
—¿Entonces qué es? No más mentiras, Potter.
—Ya te dije, simplemente extrañaba...
Antes de que pudiera parpadear, la mano de Draco se había disparado y tomado la parte delantera de su jersey. Le tomó sólo unos momentos a sus ágiles dedos orientarse y subir al rostro de Harry.
—¿Qué estás haciendo?, —exclamó intentando alejarse. Pero una mano se deslizó detrás de su cuello, manteniéndolo en su lugar.
—Estoy "mirándote". Buscando la verdad. Tus palabras, tu voz... no están diciendo lo mismo y no tienen ningún sentido para mí. Pero nunca has sido bueno al ocultar de tu rostro la verdad, lo que en verdad estás sintiendo.
Harry se quedó paralizado ante la sensación de las manos de Draco sobre su piel, la calidez de su cercanía. Una mano erizó el vello de su nuca, y la otra estaba rozando sobre sus cejas, sus labios, todo. La cara de Draco llenó toda su visión, y la urgencia de inclinarse ante la palma que ahora tocaba su mejilla era casi abrumadora. No podía aguantar más tiempo.
—No, por favor, —susurró.
La mano no se movió.
—Dame una buena razón del porqué no.
—Porque... —Harry tomó un respiro hondo. El pulgar del Slytherin se deslizó un poco sobre su mejilla; su boca estaba a meros centímetros de distancia. El tiempo pareció alentarse, y pudo sentir sus barreras caer, caer... —Porque, —repitió, su voz temblando un poco, —porque me hace querer hacer esto.
Y, tomando el rostro de Draco entre sus manos, se inclinó y posó un suave beso sobre la boca del otro chico.
Luego, se soltó del agarre de Draco y huyó a su Sala Común.
No estaba seguro que fuera a bajar de nuevo alguna vez.
Draco estaba al pie de la escalera, preguntándose si estaba a punto de embarcarse en una búsqueda inútil.
Cuando Harry lo había besado esa tarde y después desaparecido, Draco se había mantenido inmóvil, aturdido. Sólo cuando había escuchado a algunos estudiantes emerger del Gran Salón, susurrando curiosamente y sin pensar sobre su confrontación con Harry, como si hubiera también perdido su sentido del audio como el de la vista, se había retirado a la biblioteca a pensar. Se sintió como si últimamente no hubiera hecho nada excepto pensar, con todo lo que le había pasado a él, a ellos. Ellos. Desde la pérdida de su visión, Draco había evitado estudiosamente el concepto de "ellos". En su propia falta de confianza, no había imaginado a alguien quisiera alguna vez un "ellos" con él. Pero, aparentemente, alguien lo quería. Harry. Al menos asumiendo que aquel beso realmente significara algo y si había alguna cosa en la que Harry fuera malo, era el engaño. Lo que significaba que en verdad quería a Draco.
Y Draco lo quería también. Por primera vez, se permitió volver a contemplar tales cosas, y, una vez que salió del shock, se dio cuenta instintivamente que había querido a Harry desde antes. Recordó cómo los dos se habían ajustado juntos en la escoba, cómo se había sentido la calidez de Harry bajo sus manos. Cómo se molestaban e igualaban el uno al otro, a pesar de que la ceguera, por lo general, lo dejaba sintiéndose en desventaja. No sabía cómo sería avanzar en su relación, pero no había manera de que dejara ese beso sin respuesta. Incluso ahora estaba recordando los suaves labios presionándose sobre su boca.
El problema era que el Gryffindor parecía haber desaparecido. Draco reconoció el miedo de Harry; el mismo estaba muy familiarizado con la urgencia de huir de situaciones que envolvían a otras personas, personas en cuyas reacciones no podías confiar. Y claramente, Harry no conocía los sentimientos de Draco; demasiado razonable, ya que él mismo no los había identificado hasta ahora. Así que ahora era tiempo para encontrarlo y decírselo. Sólo que... ¿dónde estaba?
Harry no había bajado a cenar. Draco no tenía siquiera que preguntar... Blaise había reído entre dientes dándole unas sinceras felicitaciones tan pronto como se había sentado para alabar la supuesta victoria en la pelea que Blaise pensó que había ocurrido. Draco no se molestó en corregirlo, en su lugar, se había sentado en silencio revolviendo su comida, preguntándose dónde estaba Harry. Buscar a alguien en el enorme castillo cuando podías ver ya era suficientemente malo. Buscar ciegamente, literalmente, iba a ser casi imposible.
Sin embargo, parecía razonable empezar por buscar en la Casa de Harry, por lo cual era que ahora estaba ahí, al pie de cierta escalera del este cerca del Gran Salón. Ni siquiera estaba seguro si podía encontrar la Sala Común de Gryffindor, nunca había estado ahí antes y, excepto por el recuerdo de que los Gryffindors iban y venían de esas escaleras, no tenía ninguna mejor noción de cómo llegar allá. Su Indicador había sido programado especialmente para él, con muchos de los salones permanentes de Hogwarts asignados internamente, pero no estaba seguro de qué tan extensa era la información, dado que no esperaba tener que ir a ninguna otra casa más que la suya.
—Eh... tendo, Sala Común de Gryffindor, —le dijo a su Indicador, anticipando completamente que no reconocería la orden.
Pero el dispositivo no dudó.
—Veintisiete escaleras arriba, —indicó. Y, rogando que estuviera en lo correcto y no a punto de perderlo en las profundidades del castillo, se apresuró a seguirlo.
Raramente iba a algún lugar no familiar y como en el tranquilo vuelo, se encontró increíblemente desorientado. Sus clases, su Sala Común, todos esos eran lugares que había visto alguna vez y le había hecho más fácil confiar en el Indicador y guardar un mapa mental de su posición mientras andaba solo. Ahora estaba caminando verdaderamente a ciegas a un lugar donde, si algo salía mal, no tendría oportunidad de regresar por su propia cuenta sin una persona no ciega. Asumiendo que pudiera encontrar a alguna.
Y subió y subió, luego bajó haciendo eco en un pasillo y subió más escaleras. No es de extrañar que Longbottom adelgazara al paso de los años, pensó. Todas estas escaleras le darían a cualquiera un buen ejercicio. Era un milagro que el flaco de Weasley no hubiera desaparecido.
Justo cuando se había convencido de que el Indicador se había confundido y que iba a terminar en el techo de cualquier lugar, el Indicador le informó que había llegado a su destino.
¿Ahora qué? Estaba "ahí", pero no tenía ninguna idea de dónde estaba ese "ahí", cómo lucía, o qué había alrededor de él. No había sentido tan desamparado ni perdido en mucho tiempo y, por un momento, consideró rendirse y elaborar otro plan. Sólo que su necesidad de hablar con Harry, de estar con él, armó su resolución. Si tenía que hacerlo, estaría ahí hasta que un Gryffindor llegara.
—¿Contraseña?, —una voz de anciana de repente habló por encima de él, seguida por un bostezo.
Draco brincó ante el sonido.
—¿Qué?, —¿acaso tenían un portero o algo por el estilo?
—Debes darme la contraseña, querido. No puedo dejarte entrar sin ella.
Draco dio un paso hacia la voz con una mano por delante.
—¿Quién eres? Por favor, sólo necesito ver a Harry... ¿podría decirle que estoy aquí?
—Lo lamento, no hay retratos en los dormitorios. Necesitas darme la contraseña.
—Pared, —advirtió el Indicador justo cuando la mano de Draco había encontrado la esquina de un marco grabado.
Las palabras volvieron a él.
—¿Eres un cuadro?, —preguntó.
—Sí, querido, ¿qué más sería? Ahora, ¿vas a darme la contraseña o no?
Bueno, al menos ahora sabía qué estaba enfrente de él. No estaba seguro si un cuadro parlante era más o menos irritante que una pared de piedra sin facciones, había días en los que no había prestado atención a sus pasos y se había pasado la entrada a Slytherin por unos centímetros y encontrarla de nuevo siempre era difícil.
—No... no puedo, —le dijo al retrato. —Voy a... ¿está bien si sólo espero aquí?
—Ciertamente, —llegó la respuesta. —Ahora, si no te importa, creo que voy a regresar a mi siesta...
Y Draco se encontró una vez más rodeado por el silencio. Se quedó donde estaba, esperando que otro estudiante llegara o saliera y fuera lo suficientemente generoso como para permitirle la entrada.
Por fin, escuchó el crujir del retrato al abrirse y se volvió inmediatamente, esperando que fuera alguien que conociera.
—¿Qué estás haciendo tú aquí?, —llegó la voz de un chico. Bueno, obviamente el chico lo conocía a él, pero Draco no pudo identificar inmediatamente al que habló.
—¿Puedes traer a Potter? Quiero hablar con él, —pidió rezando porque, quien sea que fuera, estuviera sintiéndose cooperador.
—Escuché que lo desafiaste o algo así en la comida. ¿Estás tratando de deslizarte adentro para terminar el trabajo?
Draco se mordió la lengua ante el insulto que estuvo a punto de salir de sus labios.
—Si estuviera intentando deslizarme adentro, no estaría pidiéndote la entrada, ¿o sí?, —luego dejó escapar un suspiro. —Mira, es importante. Por favor.
Vino un suspiro como respuesta.
—Sí, de acuerdo, dame un minuto para regresar y ver a dónde fue. No lo he visto en todo el día.
El retrato crujió de nuevo al ser cerrado, dejando a Draco calmándose y preguntándose si el chico convenientemente lo olvidaría. Sin embargo, no tuvo que esperar mucho tiempo, pues minutos después sintió el crujido del retrato abriéndose una vez más. Pero no era Harry.
—Malfoy, ¿qué estás haciendo aquí?
—Granger, —al menos, la voz de la chica era instantáneamente reconocible. —Necesito hablar con Potter... ¿puedes traerlo?
—No puedo.
—¿No puedes? ¿Por qué diablos no?
—Porque no va a bajar. Ni siquiera por nosotros.
—¿Qué?, —eso estaba volviéndose ridículo. —De acuerdo, eso es todo, —le dijo a Hermione, preparado para empujarla para pasar si era necesario. —La única razón por la que estoy aquí es porque él me persiguió hasta conseguir que dejara de aislarme tanto. Me hizo bajarme de mi trasero lastimero, y al menos trató de regresarme de nuevo al mundo. Así que me condenen si voy a permitir que ahora él se ponga a esconderse.
Hubo una pausa.
—De acuerdo, —dijo la chica.
—¿De acuerdo?
—De acuerdo, puedes entrar.
Draco no esperó a que la chica cambiara de opinión. Trató de avanzar hacia adelante, pero casi inmediatamente su Indicador chilló una advertencia: un obstáculo en su camino.
Se mantuvo en su posición, confundido.
—¿Obstáculo? Granger, ¿qué es esto?
—La entrada es un hoyo de unos dos pies de altura, —le explicó. Draco sintió una fría mano agarrando su muñeca, jalando su brazo hacía abajo hasta que tocó el borde de la entrada. Con su ayuda, el chico entró.
—¿Dónde está?, —preguntó una vez que estuvo completamente erguido otra vez.
—Creemos que en su cuarto. Ron vio sus anteojos en la mesita de a lado, y no es como si anduviera por cualquier lugar sin ellos. Pero, —y la voz de la chica se puso suave, —no va hablar con ninguno nosotros. ¿Qué te hace pensar que contigo sí?
—Hablará conmigo, —gruñó Draco. —Después de todo lo que... bueno, hay varias cosas que necesita saber. Y como dije, tengo algunas deudas que saldar, no se va alejar escondiéndose. No de mí.
—Malfoy, —ella se detuvo nuevamente. —Mira, no sé exactamente qué pasó hoy. Ron y yo fuimos a Hogsmeade y él se negó a ir. Sin embargo, varias personas que se quedaron me dijeron que hubo una especie de confrontación entre ustedes dos. Harry te ha defendido más de alguna vez, lo cual es la única razón por la que te estoy dejando entrar ahora. Pero si lo lastimas...
—Te lo prometo, no estoy aquí para hechizarlo, —replicó. Dudó por un momento, pero luego decidió tomar el riesgo y decirle un poco más; aunque pudo escuchar en la voz de la chica que ella aún no pensaba en esconderlo de él, al menos estaba ayudando. —No soy perfecto, Granger, pero tampoco soy quien solía ser. Confía en mí, —agregó con una sonrisa irónica. —Si alguna vez pierdes algo de tu ser, también verás al mundo de manera diferente. No me gusta pedir ayuda. Nunca lo hice. Nunca lo haré. Pero toda mi vida fue puesta patas arriba, y Potter, en su exasperante forma heroica, la acomodó y la hizo... mejor.
Hay muchas cosas que no sabes que él ha hecho, acerca de nosotros, pero que necesita ser platicado. Y apuesto a que hay una habitación llena de Gryffindors mirándome ferozmente justo ahora, así que, si podrías simplemente decirme dónde está su habitación, yo iré por mi cuenta.
Para su alivio, Hermione se rió en respuesta.
—No sé cómo lo sabes, pero estás en lo correcto. ¿Quieres que te lleve, en caso de que alguien trate de hacer algo más que mirar ferozmente?
—No, —contestó secamente. Aún era su naturaleza el inclinarse a negar cualquier ayuda innecesaria, y, la idea de ser defendido como un inválido le irritaba. —Voy a estar bien. Y, gracias a Potter, aún puedo hechizar a la gente con el mejor de ellos. ¿Dirección, por favor?
—De acuerdo, de acuerdo, —lo giró hacia la izquierda. —Hay una escalera a unos siete pies adelante. Sube hasta el tope y habrá una puerta a la derecha. Su cama es la primera a la derecha. Y Malfoy, —pausó. —Gracias.
Giró su cabeza hacia la voz de la chica.
—¿Porqué?
—Por aparentemente ser el amigo que Harry dijo que eras.
Se preguntó en realidad qué había dicho Harry sobre él, pero dejo pasar el comentario con un asentimiento de cabeza. No quería estar hablando con Hermione para nada... era por Harry por quien había hecho todo ese recorrido.
Se puso en marcha para subir las últimas escaleras.
Harry yacía acurrucado bajo sus mantas en la oscura habitación, preguntándose por millonésima vez qué lo había poseído para en verdad besar a Draco Malfoy. Había pensado sobre eso, había soñado despierto y dormido sobre eso, y se había resignado a mantenerse lejos del Slytherin tanto como le tomara sacar aquello de su cabeza. Entre más pensó en aquello, más sentido tuvo la declaración de Hermione de que él era bisexual. Aquello aún era bastante nuevo y perturbador en cierto modo, pero ahora que casi había pasado una semana, también supo que era verdad; tal como al haberse enterado que era un mago, supo que probablemente se acostumbraría a eso. No, el problema era especialmente su atracción hacia Draco, había trabajado tan duro para sacar al chico ciego de su caparazón, y habían creado esa precaria y extraña amistad, tan diferente a la que tenía con Hermione y Ron. Y lo había arruinado con su estúpida atracción. Gracias a Dios que nunca había querido siquiera besar a Hermione o a Ron -no estaba segur de haber poder resistido perder a uno de ellos.
Tampoco es que estuviera feliz de perder a Draco. Incluso cuando él había decidido alejarse, extrañaba bromear, la forma en que se empujaban uno al otro sin ser mandones como Hermione era, o relajados, como Ron seguido lo era. Recordó compartiendo la escoba, la forma en que habían volado juntos. Recordó la profunda intimidad del contacto. Lo que le recordó nuevamente el beso. Dulce, amargo, y estúpido, estúpido, estúpido. Apretó las palmas de sus manos contra sus ojos, deseando poder borrar la imagen que se reproducía una y otra vez en su mente, las manos de Draco tocándolo.
La puerta del dormitorio se abrió, y él se mantuvo acurrucado, esperando que, quien sea que fuera, simplemente tomara lo que necesitara y se fuera. Ron ya había ido una vez, llamándolo, pero Harry se había negado a hablar. Simplemente no podía. No podía explicar lo que había hecho, o cómo el beso había sido maravilloso y terrible a la vez. Era muy personal. Y estaba muy miserable.
Pasos se acercaron a la cama y escuchó el sonido de las cortinas siendo movidas.
—Ron, ya te dije, simplemente no puedo de...
—No es Weasley.
Harry brincó poniéndose en posición vertical en la cama. No tenía sus lentes y la habitación más allá de las cortinas de la cama estaba oscura, pero pudo distinguir una leve sombra contra la oscuridad.
—Malfoy, ¿cómo llegaste aquí?
—Un gigante me dejó en la ventana. ¿Cómo crees que llegué aquí? Subí esas diez millones de escaleras a tu Sala Común y Granger me dejó entrar. Y de paso, ¿ustedes Gryffindors no podían tener una forma más digna para entrar que pasar por el hoyo del retrato?
—¿Has venido hasta aquí para insultar a mi Casa?
Se oyó un suspiro en las sombras.
—No. Vine a hablar contigo, —el colchón se hundió cuando Draco se subió en la esquina de la cama, después las cortinas fueron cerradas y las borrosas sombras desaparecieron. Harry subió sus rodillas, lejos del peso de Draco. Creando una barrera.
—No quiero hablar.
—Potter, te la has pasado la mayor parte de los últimos meses recordándome que alejarse no es la respuesta. Así que aquí estoy. He hablado con varios de mis compañeros de Casa recientemente. Hablé con Granger esta noche, y he hablado un montón contigo, maldita sea. Lo último que puedes hacer es seguir tu propio consejo. Tú no me dejaste huir y ahora yo no te voy a dejar huir. No te vas a esconder por siempre. Vas a hablar.
—Dios, he creado un monstruo, —gimió Harry. Después tragó en seco. —Mira, si es por el beso, hagamos esto piadosamente corto. Lo lamento, lo juro, no lo volveré a hacer. Ahora, ¿me dejarías solo?
—No.
—¿Qué más quieres de mí?, —chilló Harry. No podía creer que Draco estuviera extendiendo aquello.
Hubo una pequeña pausa.
—¿Qué pasa si quiero que lo vuelvas a hacer?
—¿Qué cosa?
—El beso, —el colchón se movió cuando Draco se acercó. Una mano se extendió y encontró su pierna. —¿Era lo que deseabas?
Harry presionó su frente en las rodillas, deseando de nuevo que pudiera bloquear el recuerdo de su mente.
—Sí, —sofocó, el sonido apenas audible. —Yo no... digo, traté de no hacerlo, pero no pude, simplemente no pude y... —el contacto fue un shock a su sistema. Quería alejarse, pero tampoco podía soportar perder el contacto que tanto quería. —Por favor, —susurró, el sonido casi un gemido. —No estás ayudando.
La mano no se movió.
—Y tú no estás escuchando, —dijo Draco suavemente. —Sí, tenemos que hablar de lo que pasó hoy. Pero no es porque te odie. Me... me gustó. Y tú, —Harry lo escuchó tomar un respiro. —Quiero que lo vuelvas a hacer. Sigues... ¿aún estás interesado?
Harry no se movió. Su corazón estaba golpeando en su garganta.
—No puedes estar hablando en serio.
—Harry, mírame.
Levantó la cabeza, pero no había nada que ver.
—No... no puedo. Está completamente oscuro aquí adentro y, de todas formas no traigo mis lentes.
Hubo una especie de risa en la oscuridad.
—¿En serio? Bueno, entonces estamos en la misma posición, ¿no?—la mano pasó rosando sobre las mantas hasta que encontró su brazo y después su mano, —Entonces... mírame de la forma en que yo te miro. Con tus dedos. Y verás cuál es la verdad.
Harry sintió su mano siendo jalada hacia arriba hasta que hizo contacto con el rostro de Draco. Las facciones del otro chico estaban relajadas, sin ningún indicio de tensión o decepción. Las pestañas cuchichearon suavemente contra sus dedos, los labios se curvaron en una ligera sonrisa. El Slytherin se inclinó contra su mano mientras que ésta tomaba la mejilla ligeramente sin afeitar y frotó su pulgar sobre la suave boca. La lengua de Draco se lanzó afuera para marcar la yema exploradora y Harry contuvo el aliento ante la sacudida que sintió.
—¿Lo ves?, ¿lo entiendes?, —fue apenas un suave susurro, pero que decía muchas cosas.
Estaba abrumado. No había palabras para expresar sus sentimientos, su asombro, su deseo. Pero Draco pareció entender su silencio. Una mano se deslizó alrededor de su nuca y fue empujado y después se estaban besando, un poco incómodos al principio mientras trataban de encontrarse uno al otro en su respectiva oscuridad. Pero después las bocas se alinearon, y los labios se separaron y los besos se hicieron más fuertes, seguros. Las lenguas tomaron revelo a las manos como una forma de explorar, de aprender nuevos secretos de sabor, textura y calidez. Si el beso anterior había sido la pregunta, éste proporcionó la respuesta: Sí.
Cuando finalmente se separaron, Harry notó que aún no sabía qué decir.
—Entonces... ¿también eres bisexual?, —finalmente espetó.
Draco se rió.
—No, en realidad soy abiertamente gay. Lo he sabido por siglos. Aparentemente mis compañeros de Casa son más herméticos de lo que les he dado crédito, era más bien un secreto a voces en las mazmorras.
—Oh, —murmuró Harry, avergonzado. —Bueno, yo... yo apenas me di cuenta. Y... —elevó su cabeza, incluso cuando aún estaba muy oscuro para ver. —De hecho, he escuchado rumores... rumores de que te ibas a casar con una chica alemana de una familia oscura. ¿Cómo iba a saber que en realidad eras gay?
La voz en la oscuridad se volvió inesperadamente seria.
—Eso era cierto, los Malfoy se casan por la política, mi sexualidad no se consideró un impedimento en lo absoluto. Estaba todo arreglado.
Su corazón se hundió.
—Oh, —exclamó de nuevo. —Así que, supongo que eso significa...
—La boda está cancelada, —interrumpió Draco con una risa más áspera. —¿Crees que los Genenfurtners querrían estar asociados con un inútil muchacho ciego?
—¡No eres un inútil! —protestó Harry.
—Lo soy para ellos, —devolvió Draco. —Lo que sea que termine haciendo con mi vida, no voy a estar sirviendo al Señor Oscuro o algo remotamente parecido. Ellos no quieren nada que ver conmigo después del accidente, —su voz se transformó en un susurro apenas audible. —No creí que alguien me querría nunca. No así.
Harry se acercó cuidadosamente, encontrando el hombro del otro chico, siguiendo la vertiente de su cuello hacia su cabello. Cepilló algunos mechones dorados entre sus dedos.
—Yo te quiero tal como eres.
Sintió a Draco tomar su mano y besar su palma.
—Y yo te quiero, puede sepa desde hace tiempo quién soy yo, pero me di por vencido en poder actuar de acuerdo a eso. Después de que perdí la vista, creí que siempre estaría solo y el "querer" no existía. Pero después de que me besaste esta tarde, todo cambió. Me permití sentirme interesado, y estaba ahí, esperando. Así que, de cierta manera, yo también me acabo de dar cuenta de ciertas cosas.
—Desearía haber sabido antes que era siquiera posible. Por eso es que... entré en pánico, eso supongo. Pensé que mi interés arruinaría nuestra amistad, y que si me mantenía lejos de ti por un tiempo, podría ponerme en el lugar correcto. No sabía qué más hacer.
—Y todo lo que yo sabía era que de repente había perdido, sin ninguna explicación, a la única persona que parecía importarle.
Harry sintió sus mejillas ruborizarse.
—Lo lamento.
—Bueno, no diré que lo he olvidado por completo, pero lo estoy logrando, —unos dedos trazaron el contorno de su mano. —He tenido que aprender a confiar un montón en los pasados meses, algo en lo que no era terriblemente bueno. Confiar en que mi Indicador no me haría caminar hacia una pared, confiar en que la Pluma a vuela pluma tomara notas correctas, confiar en que las personas me informaran sobre lo que me rodea... todo. Pero tú me hiciste confiar en ti. Venías cuando decías que lo harías, me guiaste de regreso en una sola pieza, me volviste a subir a una escoba, y... has visto cosas que nadie más ha mirado. Ahora es tu turno. Prométeme que confiarás en mí, y que hablarás conmigo en vez de simplemente desaparecer si algo sucede.
Harry no dudó.
—Lo prometo.
Sabía que las palabras eran algo más fáciles que las acciones; muchas personas prometían cosas y después las rompían. Pero Harry, que había crecido sin ninguna razón para confiar en nadie, reconocía qué tan crucial era. ¿No había él tenido un objetivo al principio de todo aquello, al comprometerse a estudiar con Draco? Sacudió su cabeza mentalmente, odiándose a sí mismo por romper sus propias reglas con su comportamiento de la semana pasada. No más. Draco había confiado en él con su vida en más de una ocasión. Lo último que Harry podía hacer era confiar en él con el corazón.
La voz de Draco rompió el silenció.
—¿Qué piensas?
Harry cerró sus manos alrededor de las de Draco y las levantó.
—Ven y averígualo por ti mismo.
FIN
Ellos dicen que el amor es ciego para el corazón; yo digo que no amar es ceguera.
Victor Hugo.
