Chapter Text
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Ella por unos lapsos de segundo detuvo sus fervientes ojos en mí… pude sentir esa agonía, ese deseo; lo mejor que pude hacer fue darle la espalda, una recta y arraigada. Solo me tomé un segundo hasta poder soltar ese suspiro ahogado en mi cuerpo y, por fin, pude pronunciar aquellas frases poco claras y estúpidamente inconclusas.
—No… no es que te esté buscando yo… solo estoy— mis labios parecían detenerse antes de poder analizar mis movimientos juguetones con mis manos y esos tontos encajes que molestaban; solo pude chasquear los dedos en un torpe intento de buscar algo ridículo de Rook o el mismo Vil.
—No sé por qué siempre estás donde yo estoy, tu presencia es, parece— me detuve un segundo y mis palabras parecían encontrarse con algo— sí, eso, tu presencia es “perenne”.
Después de pronunciar ese concepto tan extraño en mi propio vocabulario, me detuve a esperar una mísera respuesta, pero ella calló; ni su respiración podía hacerme ver o sentir que estaba ahí, y después de entonar valor con una mueca extraordinaria, una de las cuales a Vil le partiría su ridículo maquillaje verme, tomé valor y volteé solo para darme cuenta de que aquella chica caminaba… no, eso no era diferente; ella, ella corría, lo que la hacía feliz, y detrás de ella dos chicos, uno con un cabello vivaz que parecía una llama llena de pasión y un sonar; a su lado estaba el otro joven que parecía una ola fuerte, y el punto de en medio, una sombra oscura que parecía disolverse entre ellos. Lo odio. Cómo cae… cómo se desliza… cómo la rodea como si la protegiera del mundo. Demasiado delicado. Demasiado… tranquilo. No debería verse así cuando se está yendo.
—¿Por qué brilla así? Ni siquiera debería notarlo. Es solo cabello… solo… maldita sea.
…
Entonces mis pensamientos se inundaron y lo único que pude pensar fue en su cabello y en …
—…
—…
—¿Qué? ¿Qué demonios estoy pensando? Tch.
No. No. No. Me desespera. Eso es lo único que importa. Siempre aparece, siempre estorba, siempre. Bien. Concéntrate.
Necesito, necesito llamarla de alguna forma. Algo molesto. Algo que encaje…
En ese torbellino lleno de emociones recordé el nefasto nombre que Rook había elegido para esta chica, el cual era «Fleur de minuit»… en eso yo la llamaría… tomé un segundo para escuchar mi teléfono y revisar la desesperación de Rook al llegar tarde para la tonta rutina de medio día de Vil; no pude evitar sentirme tan infeliz al tener que estar en un lugar que no me pertenece.
Aunque el tiempo era demasiado imprudente, no me fue imposible escribir en mi celular una lista de palabras ofensivas para esa chica; tener un lenguaje pueblerino para insultar nunca me había hecho más feliz. Sí, era infantil, pero algo dentro de mí se emocionó:
• Dornenblume (flor de espina)
• Unkrautblüte (flor de mala hierba)
• Nachtkraut (hierba nocturna)
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El silencio en el dormitorio duró exactamente tres segundos. No pude evitar quedar absorta al contemplar aquel desastre y entonces decir aquellas palabras:
—…Grimm —mencioné su nombre muy despacio, mirando la estantería caída, los papeles quemados y una lámpara partida en dos—. ¿Quieres explicarnos… esto?
—¡Fue un accidente! —maulló Grimm, erizando el pelaje—. ¡La cosa esa explotó sola!
Ace se cruzó de brazos, mirando el desastre con una sonrisa incrédula.
—Claro… porque las tazas no se lanzan solas contra la pared, ¿verdad?
—Y los cajones tampoco se arrancan mágicamente del escritorio —añadió Deuce, suspirando mientras recogía libros del suelo—. Grimm… ¿qué hiciste?
Grimm evitó sus miradas.
—Solo… intentaba cocinar algo.
Los tres se quedaron en silencio.
—…¿Cocinar? —repitió Yuulu.
—¡Quería hacer algo especial! Pero luego el fuego creció, luego quise apagarlo, luego algo explotó y después… bueno… —señaló el cuarto destruido— pasó eso.
Minutos después, Grimm barría murmurando, Deuce cargaba cosas pesadas con determinación, Ace intentaba arreglar algo que probablemente no debía tocar… y yo reparaba lo que podía con paciencia infinita.
Suspiré suavemente.
—La próxima vez que quieras cocinar, Grimm…
—¿Sí?
—Nos avisas antes de destruir el edificio.
Grimm infló el pecho.
—¡La próxima vez saldrá perfecto!
Ace levantó una ceja.
—Por favor, no haya próxima vez.
Y mientras el sol entraba por la ventana… el dormitorio sobrevivía. Apenas.
