Chapter Text
Rengoku Kyojuro ha crecido viendo cómo el amor de las almas gemelas es de las cosas más puras y reales en el universo. Cada noche, cuando niño, su madre le contaba sobre cómo había conocido a su padre y cómo desde el primer momento en que se vieron, el hilo rojo que los unía se había revelado, dando por iniciada una travesía llena de amor e ilusión.
Kyojuro siempre deseó con ansias que llegara el momento de conocer a la suya.
Jamás se esperó que esta persona fuera un alumno en su primer día de clases, mucho menos que, cuando decidió hablar con él para hacer las cosas lo más cómodas posibles para ambos, este lo rechazara de manera tan contundente. Sin dejarle siquiera una brecha por donde escabullirse.
Mira escondido detrás de uno de los pilares de la escuela al chico que se supone es su alma gemela llorar sentando en un escalón de la escuela. Su pecho se contrae a la vez que siente múltiples emociones y dudas muy distintas en sí mismo. No puede comprender el actuar del chico, pero al verlo llorar así de desesperado, no puede evitar sentir un poco de empatía.
Decide no ser duro con él. Apenas se habían conocido ese mismo día y no conoce de nada la vida del otro. No sabe el contexto en el que ha crecido, ni sus creencias, moral, nada. Así que aleja de sus pensamientos las escenas pesimistas que se ha estado creando en esos últimos minutos y, con energía renovada, empieza a crear estrategias más simples y menos atrevidas para poder acercarse al chico.
Termina de revisar los papeles y documentos de los alumnos a su cargo un par de horas después. Sale del aula de profesores, esperando que su alumno ya no esté allí porque sino no sabe cómo salir del lugar y le urge regresar a su casa para llamar a su hermanito y contarle su día como de costumbre desde que se mudó a la ciudad al entrar a la universidad.
Para su fortuna, no hay rastro de Soyama. Se siente un poco decepcionado de igual manera. Su primer encuentro a solas no fue lo que él esperaba desde que tiene consciencia y siente que debe esforzarse el cuádruple de lo esperado para tener el acercamiento que él desea.
Con todas esas cosas haciendo ruido en su cabeza, sube a su auto y maneja en automático a su casa. Es solo al llegar que se da cuenta de lo peligroso que fue eso, pues ni siquiera se puso el cinturón de seguridad. Se queda dentro del coche un rato más, tranquilizando su corazón de la adrenalina que le inyectó en su sistema el descubrimiento de su imprudencia.
Entra a su casa, se quita los zapatos y se pone las sandalias de estar; enciende todas las luces de su casa, sin importarle la factura de la luz que le llegará después y se sienta en el sofá soltando un gran suspiro. Su celular resuena en el silencio acogedor de su hogar, sonríe al ver el nombre de su hermanito en la pantalla.
—¡Hermano!— le saluda Senjuro al primer segundo de la llamada—¿Cómo te fue hoy?
La emoción de Senjuro es contagiosa pues al momento en que escucha su voz y ve su imagen en la pantalla todas sus preocupaciones pasan a segundo plano.
—¡Senjuro! Hoy fue un gran día— le expresa con emoción y una gran sonrisa.
Procede a contarle todo su día, desde que se despertó antes de que su alarma sonara, hasta las horas extras que se tomó después de el horario escolar para afinar detalles de sus planeaciones y repasar datos básicos de algunos alumnos a los que debía ponerles más atención. Inevitablemente su mente divaga a Akaza, pues él es uno de esos alumnos con sus malas notas en la materia.
—¿Estás bien?— le pregunta su hermano menor después de que él se quedara callado más tiempo del necesario.
—¡Por supuesto!— dice con su sonrisa de vuelta— solo estaba pensando en lo difícil que será lidiar con un alumno de último año.
—¿Por qué?
—Si no aprueba mi materia no podrá graduarse— dice apenas notando ese detalle y su mente no puede evitar preocuparse por el futuro del chico que el destino le ha puesto— pero no creo que acepte mi ayuda— reflexiona.
—¿Solo es uno? — le pregunta Senjuro.
—No, hay otros dos, pero esos son de segundo año así que tengo más tiempo para trabajar progresivamente con ellos, con Soyama no tanto. Para no atrasarse un año deberá tener la calificación máxima en los exámenes de mitad de año— el estrés regresa a su cuerpo.
—Te espera mucho trabajo por delante, hermano. Por favor, cuida de tu salud.
Kyojuro le sonríe a la pantalla, bastante enternecido por la preocupación de Senjuro.
—No te preocupes, estaré bien— le tranquiliza— ahora cuéntame tú, ¿cómo te fue hoy? Fue tu primer día en la secundaria, de seguro estabas muy nervioso.
Senjuro empieza a contarle sobre su nueva escuela, nuevos compañeros y nuevos maestros.
***
Akaza recuerda con suma claridad su pelea con Kyojuro. Inevitablemente la emoción le corroe la punta de sus dedos, su respiración se vuelve más pesada. Hay momentos como este, en dónde la culpa queda en segundo plano y se deja llevar por las emociones de un encuentro que se le quedó impregnado en la piel y los músculos.
Tiene su uniforme de entrenamiento, está sudando, lleva horas encerrado en su habitación practicando sus movimientos de Soryu para cuando empiecen los clubes nuevamente.
Cierra los ojos y se deja llevar por los recuerdos. Imita cada golpe que dio con mucha menos fuerza e intensidad, pero la coreografía es la misma. Por un breve momento, deja de pensar en las muertes que causó, en las personas a las que se tuvo que comer y en las que se comió solo por placer y para aumentar su poder. Se centra únicamente en la emoción de un combate intenso y lleno de pasión como ese.
Justo cuando llega el final, el momento donde lleva su brazo al abdomen del pilar, se detiene y abre los ojos. Su respiración se agita junto a su corazón y la culpa le llena de náuseas.
"¿Qué estoy haciendo?"
Se pregunta con miedo. Él odia esa vida pasada, odia lo que vivió, lo que eligió hacer y absolutamente todo lo que él era. Se siente enfermo de haber disfrutado ese recuerdo en específico.
Relaja su postura y se sienta en el piso de piernas cruzadas y espalda recta. Quiere meditar para calmar sus ansias, un consejo que le dio su psicólogo hace un año, cuando los ataques de ansiedad eran mucho más frecuentes. Cierra los ojos, pone sus manos sobre sus rodillas y respira profundamente. Deja su mente en blanco y se concentra únicamente en los movimientos de su propio cuerpo ante cada inhalación y exhalación.
Dos golpes a su puerta interrumpen su frágil paz.
—¿Qué quieres?— dice con fastidio.
—Hora de cenar, Akaza.
—Lo haré luego.
—¿Luego? ¡Llevas encerrado ahí desde que regresaste de la escuela! ¡Sal!
Akaza no cambia su postura.
—Dije que luego. No estoy de humor, Hakuji.
El silencio detrás de la puerta le indica que su gemelo ha entendido el mensaje y los pasos posteriores solo lo confirman. Akaza vuelve a meditar. Después de media hora, concluye que está lo suficientemente relajado como para salir sin enojarse a cada rato por la molesta presencia y preguntas de su hermano.
Antes de salir a cenar, se da un baño bastante rápido y se pone una pijama. Su cabello aún gotea un poco cuando se topa con la mirada confusa de Hakuji.
—Pensé que ya no saldrías, ¿Todo está bien?
—Si, solo fue un día estresante.
—Tal vez debas comentárselo a tu psicólogo en tu siguiente sesión— comenta con fingido desinterés que no engaña a Akaza.
—Gracias, Hakuji, sé que cosas decirle y que no— responde a la defensiva.
—Ey, relájate un poco, solo intento ayudar.
Akaza suspira, sintiéndose culpable.
—Lo sé, lo siento. Estoy un poco tenso.
—¿Por algo en específico?
Le sienta mal mentirle a su hermano, pero no ve manera de contarle sobre su alma gemela sin entrar en detalles de su vida pasada. Ni siquiera está seguro que Hakuji le fuera a creer.
—No que yo sepa.
Se sienta en el sofá junto a su hermano para ver la película que este estaba viendo antes. Toma el plato que se encuentra en la mesa del centro y empieza a comer en automático. Se siente desconectado del mundo y Hakuji puede darse cuenta de eso, así como también sabe que Akaza no hablará sino quiere, por lo cual solo apoya su cabeza en el hombro del menor en una pequeña muestra de apoyo y cariño.
—Hoy...— empieza a decir Hakuji en un intento de distraer a su hermano— le dije a Koyuki que me gustaba.
Akaza deja de comer, la confesión le toma desprevenido y siente a su hermano tensarse un poco. No puede aguantar la risa, cosa que ofende al gemelo mayor.
—¿Tu alma gemela te gusta? Debió ser una sorpresa gigante— dice con sarcasmo y sigue riendo.
—¡No lo digas así, bastardo!— le recrimina Hakuji, tomando una almohada del sillón y golpeándolo con esta.
—¡Ya, ya basta!— lo detiene— solo es raro, ¿No crees? ¡Lo sabes desde el kinder!
—No quería apresurar las cosas ni forzarlas. No porque seamos almas gemelas significa que debemos estar en una relación automáticamente. Hay magia en conocerse y enamorarse de quién es, no de lo que se supone que es para ti— los ojos de Hakuji brillan de emoción. Akaza se da cuenta de lo mucho que ama a Koyuki y su corazón late feliz ante eso— lo sabrás cuando encuentres a la tuya— la precaria paz que tiene se derrite en un segundo, demasiado rápido y brusco como para poder guardar algo para sí mismo más tarde.
—Supongo— sigue comiendo.
Hakuji se da cuenta del cambio en su gemelo y se preocupa un poco.
—¿Supones? Tú siempre eres el más emocionado al hablar de eso— señala y Akaza se queda en silencio— Akaza— su voz se vuelve más suave y baja de volumen, como si Akaza fuera tan frágil que al subir la voz se pudiera romper en cualquier segundo. No está tan equivocado.
—Todo está bien— le asegura el menor, sin verlo a los ojos. Solo por eso, Hakuji sabe que miente. Pero lo deja pasar.
—¿Cuando es tu próxima cita?— pregunta en cambio.
—Mañana creo, se supone que era hoy, pero le surgió algo.
Akaza termina de comer, deja el plato en la mesa de enfrente y se acurruca en Hakuji, quien lo abraza sin pensarlo mucho. El celular de Alza vibra en su bolsillo y lo saca pesadamente, sus ojos pesan más de lo normal. Al desbloquearlo mira la hora y se da cuenta que estuvo cuatro horas entrenando.
"Con razón estaba tan preocupado"
Abre su aplicación de mensajes y entra al contacto de su psicólogo.
Psicólogo:
Buenas noches, Akaza, lamento la hora, pero puedo confirmar tu cita de mañana?
Sería a las 3 pm.
Akaza: 👍🏻
Confirmo
Hakuji ve de reojo la conversación, solo hay mensajes similares más arriba, de sesiones previamente agendadas y tomadas por su hermano. Se siente más aliviado al saber que lo que sea que le esté pasando por la cabeza podrá solucionarlo en su terapia de mañana. Inconscientemente aprieta el cuerpo de Akaza contra el suyo, mientras esté le envía mensajes a alguien que tiene agendado como "Estorbo", desvía su mirada no queriendo invadir más su privacidad.
—¿Sabías que te quiero mucho?— le pregunta en tono meloso, solo para molestarlo.
—¡Asco! ¡Suéltame, degenerado!
Akaza se libera del agarre y se levanta del sillón haciendo drama, se va a su habitación mientras escucha la risa de Hakuji resonar por la casa. Se recuesta en su cama y bloquea su teléfono. Son las nueve de la noche y se está muriendo de sueño. Quería hacer tarea de matemáticas, pero decide que su descanso es más importante y puede hacerla mañana. Se asegura de que sus alarmas estén encendidas antes de apagar las luces y dormir. Rogando que ningún sueño lo intercepte en el camino.
***
De vuelta en la escuela, Akaza se propone no cruzarse con Kyojuro más de lo necesario. Tiene historia, por alguna razón que lo vuelve totalmente loco, una hora diaria, mucho más tiempo del que considera necesario.
Se escabulle por los pasillos con una destreza que adquirió al prácticar lo que ha visto en sus sueños y flashbacks, a pesar de su obvia repulsión a todo eso, no es tonto, y sabe que clase de cosas puede agarrar para tomar ventaja en su vida actual. Hakuji le mira extraño cuando ve a su hermano asomarse por cada esquina que van a doblar o atravesar.
—Tal vez deberías salir temprano y adelantar tu cita, hermanito.
—¡Cállate!
—¡Esa no es forma de hablarle a su hermano, joven Soyama!— interviene una tercera voz que pone los pelos de la nunca de Akaza de punta.
—Buenos días— saluda Hakuji con una reverencia, mirando de reojo a Akaza porque eso suelen hacerlo al mismo tiempo, pero ahora ve a su hermano tenso y apretando los puños.
—Usted debe ser el gemelo mayor, he escuchado mucho de usted.
Hakuji se avergüenza un poco. El año pasado representó a su escuela a nivel nacional en un concurso de matématicas, lo que lo convirtió en una especie de celebridad dentro de la escuela y con los maestros.
—Llegarás tarde, vámonos— le jala Akaza del brazo para irse.
Hakuji apenas tiene tiempo de agitar la mano, despidiéndose del profesor que los ve con una sonrisa contagiosa a pesar de ser tan temprano.
—¿Qué ocurre contigo?
—Ese hombre me incómoda— admite en un susurro que Hakuji no puede analizar, su hermano lo dijo tan serio, que por un momento se pregunta si no se lo cambiaron por otro. Normalmente es un libro abierto para él.
—¿Pasó algo en su clase?— pregunta con curiosidad y preocupación.
—Algo así— el tono de la voz de Akaza solo baja más con cada palabra que dice.
—¿No me vas a decir?— pregunta.
—No— no le mira a los ojos y Hakuji casi puede sentirse un poco más relajado al notar que eso sí que lo puede analizar. Su hermano está demasiado avergonzado— lo dejaré pasar, tranquilo. Pero deja de arrastrarme así, arruinas mi uniforme.
—¿No quieres que Koyuki te mire desaliñado?— le pregunta en respuesta con tono burlón.
—Cállate— le responde demasiado avergonzado como para ser tomado en serio. Akaza se ríe.
Es en ese momento cuando Hakuji puede ver al hermano que perdió hace tres años. Uno bromista, relajado y demasiado impulsivo para su propio bien, pero su hermano a fin de cuentas. Agradece las sesiones que toma de vez en cuando, puede notar el cambio que han hecho en él y se promete así mismo proteger ese avance. Se mataría a sí mismo si eso hace que Akaza sea más feliz, pero claro, jamás se lo diría.
La campana suena y ambos entran en pánico al darse cuenta que llegarán tarde en el segundo día. Apenas pueden despedirse cuando sale corriendo cada uno por su lado en dirección a sus salones.
Akaza toca la puerta del salón en el que debería estar. Le abre el profesor Shinazugawa con el ceño fruncido, en cuanto este nota que es Akaza quien está detrás de la puerta una sonrisa retorcida le brota de los labios, poniendo nervioso al chico.
—Maravilloso— susurra el profesor antes de dejarlo pasar.
Akaza se plantea si no hubiera sido mejor simplemente faltar a esa hora, pero es demasiado tarde para arrepentirse. El profesor lo empuja ligeramente para que tome asiento.
Shinazugawa lo tuvo todo el día en el pizarrón resolviendo los ejercicios más difíciles, Akaza jura que el profesor se enfocó únicamente en agotarlo mentalmente antes que en enseñar algo verdaderamente útil.
—¡Si vas a llegar tarde, mejor no llegues!— dice en forma de despedida mientras los alumnos empiezan a salir a su siguiente clase.
El resto de clases hasta el descanso son más relajadas y, por ende, Akaza no puede dejar de pensar en su inminente encuentro con Kyojuro. Agradece cuando le llega un mensaje al celular, pero se replantea eso cuando ve el nombre.
Estorbo:
Mira mis uñas!!
Adjunta una imagen que Akaza no piensa abrir.
Akaza:
puedes dejar de mandarme mensajes tan seguido?
Estorbo:
eres tan malo conmigo 😭
Akaza:
no me hables a menos que sea para pelear
Estorbo:
😱 vas a volver?
me lo hubieras dicho antes! acabo de rechazar una oferta buenisima.
Les llamaré para agendar.
Akaza:
estoy algo tenso, creo que eso me ayudará un poco en lo que inician las actividades de los clubes.
Estorbo: Que mal :(
Espero que te sirva, akaza-chan, me esforzaré <3
—¿Otra vez en el celular, Soyama?— escucha la voz de Rengoku.
Akaza parpadea perplejo, no se había dado cuenta de en qué momento llegó al salón de historia, su última clase del día. Escanea el salón y se da cuenta de que ni siquiera Tanjiro ha llegado aún. Su humor no mejora.
—Ni siquiera ha empezado la clase— balbucea mientras guarda su celular en la mochila y se dirige a su asiento.
Siente el hilo rojo calentarse agradablemente en su dedo cuando pasa frente al profesor y su corazón se agita nerviosamente sin su permiso, sabe que Kyojuro ha de sentir lo mismo, pero al detenerse y observarlo no muestra signos de eso, solo mira los papeles en su mano.
—¿Pasa algo?— le pregunta Kyojuro, alzando su vista hacia él.
—Nada— dice y sigue su camino.
—Que bueno que llegas antes, hay algo de lo que quiero hablar— la voz hace eco en el salón vacío.
—Creí dejarlo claro ayer— Akaza deja caer su peso en la silla y tira su mochila sobre el pupitre para recostarse sobre él.
—No es sobre eso— carraspea Kyojuro, notablemente incómodo— me quedó claro, no te preocupes— hay un silencio que es incómodo para ambos. Kyojuro decide que lo mejor es rellenarlo— he estado viendo tu historial académico. No estás en muy buena posición actualmente, ¿sabes?
Mira a Akaza en busca de alguna reacción. El chico sigue recostado sobre su mochila mirando fijamente a Kyojuro, sus ojos no expresan nada más que aburrimiento.
—Si, lo sé.
—¿No te importa?
—Historia no es mi materia favorita, profe— la última palabra la dice con burla en su voz y gira los ojos.
—Akaza— advierte, Kyojuro.
—¿Dónde quedó el Soyama?
Kyojuro empieza a desesperarse.
—Si no apruebas un examen regulatorio y pasas el examen de medio año con la calificación máxima vas a tener que repetir el año.
Toda muestra de burla desaparece del rostro del joven, Kyojuro nota la tensión en el cuerpo del otro y duda por un momento. Hasta ahora solo podía pensar en Akaza como un joven bastante iracundo y sarcástico, nada de eso compaginaba y confundía a Kyojuro, pero es justo con expresiones como esas que le hacen creer que Akaza solo finge ser todo eso, no puede ni siquiera imaginarse el por qué lo que le provoca una profunda desesperación por conectar con el chico.
—Supongo que...— dice Akaza finalmente. Kyojuro decide dejar finalmente sus problemas personales con Soyama para verlo como lo que realmente parece ser: un chico perdido— no queda más remedio. Estudiaré más.
—Me temo que eso no es suficiente. El examen de regularización abarca todos los temas que ya reprobaste una vez y se hace en paralelo al examen de medio año— Kyojuro siente el estrés subir por sus sienes— el protocolo de la escuela es dar clases extras al alumno para regularizarlo.
—¡Jamás!— exclama alterado el chico, asustando un poco a Kyojuro en el proceso— prefiero reprobar a pasar más tiempo contigo.
Rengoku espera poder disimular lo mucho que le dolió escuchar eso de su alma gemela, se da cuenta de que el hilo le aprieta dolorosamente el dedo y que Akaza probablemente sintió eso, si se deja llevar por la expresión de sorpresa que le dirige a su propio dedo meñique.
—Tómalo como un pequeño sacrificio para no tener que verme el año que viene, ni ningún otro— dice Kyojuro con un poco más de brusquedad del necesario.
Parece que esas palabras eran el motor necesario para que la motivación de Akaza se encendiera ferozmente.
—¡Hubieras empezado por ahí!
La falta de modales no le molesta a Kyojuro, pero preferiría mil veces escucharlo hablándole formalmente antes que ver la creciente emoción de su alumno ante la oportunidad de no verlo otra vez. Se deprime un poco.
Tanjiro llega en el momento perfecto para ver a Akaza más feliz de lo habitual y a su profesor de historia notablemente triste. Los mira un par de veces antes de decidir tragarse sus preguntas y entrar haciendo una reverencia hacia el mayor. Detrás de él, llegan más alumnos y poco después la clase inicia con el humor de Rengoku renovado a simple vista, pero por dentro el nudo en su garganta le duele cada que habla. Y ese dolor se intensifica más al notar que Akaza parece más atento que el día anterior.
Al final de la clase, Akaza guarda sus cosas. Necesita ir a casa y comer algo antes de ir a su sesión esa misma tarde.
—Soyama— le llama Kyojuro.
—¿Si?
—Mañana empezamos con tu regularización, despeja tus actividades de 1 a 3.
—¿Dos horas?— pregunta con fastidio.
—Y las que sean necesarias— sentencia en mayor, mirándolo con severidad.
Akaza no dice nada más, asiente con la cabeza y sale un poco más deprimido de lo que se sentía hace pocos segundos.
Se encuentra con Hakuji de la mano de Koyuki en la salida y los tres se embarcan en una larga caminata a casa. Akaza escucha atentamente a Koyuki hablar sobre los clubes y lo emocionada que está por retomar sus pinturas después del descanso del verano. Hakuji habla sobre dejar el suyo, el Soryu le toma mucho tiempo y su prioridad en ese momento son los exámenes para la universidad.
—Además no soy tan bueno como Akaza— termina.
—No tienes que ser bueno— dice Akaza, mirando al piso— solo disfrutarlo y sé que lo disfrutas.
—El deporte solo ha sido un hobbie— aclara Hakuji— no me importa dejarlo.
—Eso significa que Akaza irá al torneo solo—interviene Koyuki.
—No, tendrá al equipo.
—No me llevo muy bien con ellos, Hakuji.
—Tal vez es hora de que lo hagas— el gemelo mayor mira con preocupación a su hermano, desde que entraron a esa escuela no ha escuchado que Akaza tenga ni un solo amigo y se preocupa por eso.
—Da igual, de todos modos no los volveré a ver al salir.
Koyuki y Hakuji intercambian una mirada de preocupación por el menor, pero no dicen nada. Hakuji espera con fuerza que la sesión de esa tarde ayude a su hermano a sentirse mejor, pues desde ayer, es obvio que su estado de ánimo ha empeorado a pesar de que sus vacaciones fueron buenas y relajadas.
Akaza llega como un torbellino a casa, se prepara un sandwich bastante sencillo para horror de Koyuki y sale disparado por la puerta, exclamando que llegará tarde a su cita si no se apresura.
La parejita se queda en silencio, ya acostumbrados a los repentinos picos tanto altos como bajos de Akaza, pero sin quitarse la sensación de preocupación por este.
El Soyama menor corre a través de las calles hacia el metro, apresurado por quemar su creciente energía haciendo cualquier cosa. Su pecho se siente a punto de romperse debido al aumento en los latidos de su corazón. Cuando llega al vagón finalmente se toma un minuto para respirar y sentarse, no sabía que estaba a nada de ahogarse hasta que tomó su primera bocanada de aire. Las personas le quedan mirando con extrañeza y muchos se alejan un poco de él, provocando que se sienta un poco mal.
Cierra los ojos con fuerza alejando esos pensamientos de su mente, agarra sus manos en un apretado puño mientras espera a que las estaciones pasen para llegar a su destino.
Cuando sale del metro, siente que puede respirar por fin en paz. La agitación de su pecho se disipa lentamente, dejándole solo una sensación de pesadez con la que puede lidiar fácilmente.
Camina por la calle buscando el edificio dónde habita su psicólogo. No puede evitar sentirse abrumado por la falta de gente en las calles cada que vez que visita el lugar, a pesar de llevar un año con esa rutina.
Entra en la recepción del edificio que buscaba y toca la mesa para ser atendido. Sale un señor con una sonrisa cordial en el rostro, la cual desaparece y da lugar a una más genuina en cuanto lo reconoce.
—¡Akaza! Que gusto verte por aquí de nuevo.
—Hola, igual— atina a decir, de repente un poco tímido.
—Puedes subir, el señor Yamamoto te espera.
—¡Gracias!
Va con paso apresurado hacia el elevador y los segundos que tarda en subir al piso que seleccionó le parecen más lentos de lo habitual. Cuando finalmente llega al número de apartamento que buscaba no se molesta en tocar la puerta. Lo recibe un hombre con cabello negro y ojos verdes que lo miran con severidad entre la oscuridad del departamento.
—¿No sabes tocar?
—El de la recepción dijo que me esperabas— se defendió Akaza.
—¿Y qué? por cortesía se toca, niño.
Akaza decide ignorarlo y pasa al departamento, dejando sus zapatos en la entrada junto a su mochila.
—Gracias por recibirme— dice en un susurro después de hacer una pequeña reverencia, casi a regañadientes.
—Siéntate, hice Lasagna— el pelinegro enciende las luces del departamento, cegando al joven por unos segundos antes de acostumbrarse a la luz nuevamente.
Observa la mesa y se da cuenta de que está servida de forma elegante y un poco fuera de lugar debido a que sus citas en realidad son bastante informales.
—Gracias— se sienta, el lugar está en silencio y solo se limita a observar a su amigo partir una pequeña ración de Lasagna todavía humeante. Cuando deja el plato frente a él, su estómago gruñe— Huele muy bien, Yushiro.
—Y sabe todavía mejor— presume.
—Ya veremos.
Al primer bocado, tiene que admitir que el chico tiene razón. Yushiro se sienta frente a Akaza y lo deja comer en silencio. Soyama apenas se da cuenta del hambre que tenía atorado desde el descanso en su escuela.
—¿Has estado comiendo bien?— le pregunta Yushiro cuando Akaza le pide una ración más.
—Si ¿y tú?— le pregunta con claras intenciones de molestar.
—Creo que en el hospital se están dando cuenta, aumentaron la seguridad en el banco de sangre— deja el plato frente a Akaza, a quien le brillan los ojos.
—Siempre puedes tomar de la mía— ofrece sin importarle mucho.
—Dijimos que solo en caso de emergencia— regaña Yushiro.
—A mí me parece una emergencia que puedan arrestarte por robar sangre de un hospital.
Yushiro se queda callado, claramente resignado.
—Conseguiré el material— dice a regañadientes.
—Le dije a mi manager que me consiga una pelea. Ultimamente no me siento muy bien— admite Akaza.
—¿Otra vez? pensé que después de que acabaste en el hospital habías tenido suficiente.
—Yo también, pero ya sabes cómo es esto.
—No, no lo sé. Tu situación es muy distinta a la mía— Yushiro recarga su rostro contra su mejilla y observa con un poco de asco como come Akaza— ¿qué pasó? ¿por qué estás tan ansioso esta vez?
—Me encontré con Kyojuro— dice sin rodeos, esperando que así la magnitud de la afirmación no sea tan fuerte. Fracasó.
—Eso... es malo— dice sin saber que más agregar.
—Vaya psicólogo— Akaza rueda los ojos y sigue comiendo.
—No soy psicólogo, pero sí deberías conseguirte uno— recomienda Yushiro con delicadeza, a Akaza no suele gustarle hablar de eso.
—¿Dónde encuentro uno que tenga experiencia tratando ex demonios arrepentidos?
Los dos se quedan en silencio un rato demasiado largo. Akaza termina de comer y se pone de pie para lavar su plato. Sus movimientos se sienten mecánicos y algo bruscos. No se siente mejor, pero sabe que hablar, y estar cerca en general de Yushiro le tranquiliza un poco. Deja de sentirse como un bicho raro, como si algo en su cabeza estuviera mal y se centra en aceptar que lo que sueña y recuerda durante el día fue real. Después de todo, Yushiro tiene más de 100 años vivo y vivió de primera mano todo con lo que Akaza sueña.
Se queda un par de horas más con él, observándolo pintar en silencio. La pintura de esa ocasión muestra a una mujer con el cabello suelto, recostada sobre una cama de flores mientras la luz del sol le resplandece en el rostro.
—¿En serio se veía así?— pregunta Akaza con escepticismo.
—Supongo, nunca pude verla bajo el sol.
—No, tonto. Me refiero a... así— señala el rostro de la mujer.
—Ella es la persona más hermosa que he conocido— dice con dulzura en su voz, un tono que Akaza solo le escucha cuando habla de Tamayo.
—Yo solo la vi una vez—admite Akaza— ya sabes, cuando estaba envenenando a Muzan—El nombre hace eco en el departamento, dejando a su paso un silencio frío y angustioso— no creo que haya sido el mejor escenario para apreciar la belleza de nadie.
—Es cuando más hermosa estaba.
Esta vez, Yushiro lo dice con tristeza. Una tristeza que Akaza reconoce muy bien, es la misma que siente él cada que recuerda el destino que tuvieron su hermano y Koyuki en el pasado.
Al salir del edificio son las 5 de la tarde. Ya no se siente con tanta energía como cuando llegó y puede caminar tranquilo hacia el metro. Las personas ya no lo miran como a un bicho raro y se siente invisible para los demás, extrañamente eso le hace sentir más cómodo.
Saliendo del tren se encuentra con un puesto que vende dulces caseros, lo piensa un poco antes de decidir comprarlos. Pide cuatro Taiyakis, dos para él y dos para Hakuji. Mientras espera a que le den su comida escucha una voz bastante chillona.
—¡Te dije que aquí lo vendían!
Una oleada de familiaridad le recorre la cabeza. Siente su hilo rojo tensarse en su dedo y sabe, con absoluto pesar, que Kyojuro está cerca.
—No volveré a dudar de ti— escucha claramente la voz de Kyojuro acercarse y solo puede desear fervientemente a que le atiendan más rápido.
El dueño del puesto le entrega su orden, Akaza se da vuelta con rapidez para irse lo más pronto posible, pero su suerte es mala, demasiado. Kyojuro está parado justo frente a él.
