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La próxima vez que abrió los ojos, aún no podía creer que tenía una segunda oportunidad.
Después de ese día, donde la emoción nubló su mente y se abalanzó sobre Damian para abrazarlo como un hombre sediento, las cosas, en retrospectiva, habían mejorado muchísimo.
Para consternación de Kon, que lo había interrogado sin parar cuando pasó de negarse a cada misión con Damian, a rogar por cada una de ellas, él había pasado tres meses enteros sin separarse de Damian. Siempre que podía, le pisaba los talones, siguiéndolo sin falta. Los hermanos de Damian habían pasado de burlarse sin parar a tomarlo con calma y una leve burla bien escondida.
Jon no podía estar más feliz. Desde ese día en que abrió los ojos de esa horrible pesadilla (porque solo podía pensar en ello como una pesadilla), sus días habían sido un torbellino de risa y felicidad, desde sus misiones hasta salidas casuales a lugares que nunca pudo visitar con el hombre que amaba.
Sí, en retrospectiva, debería estar feliz y tranquilo.
Excepto que no estaba tranquilo en lo absoluto.
Se había esforzado enormemente por demostrar que sentía algo más que amistad por su amigo. Pero para alguien que tenía la inteligencia emocional de una piedra, aquello le parecía un cambio demasiado rápido, demasiado abrumador. Y aunque no había problemas entre ellos, Jon empezaba a perder la paciencia y desesperarse.
Sabía que Nika no tendría relación alguna con Damian en mucho tiempo, y sin embargo…
Le molestaba la idea de Damian libre para que otros tuvieran la oportunidad de robar su corazón. Los celos retorcían su estómago en un nudo incómodo y lo convertían en un hombre mezquino y molesto.
Ese día sus mayores pesadillas se hicieron realidad.
Se suponía que Nika no tenía relación alguna con Damian. No todavía. Entonces, ¿por qué? ¿Por qué Nika estaba en la mansión ese día?.
Se quedó flotando incómodamente fuera de la ventana, observando las figuras encorvadas sobre la mesa en el cuarto de Damian.
En el cuarto de Damian.
Jon puso su mejor sonrisa de servicio al cliente y preguntó con falsa tranquilidad:—¿Tenías visita, Dami?
Nika levantó los ojos de la mesa y los fijó en ellos.
—¿Quién...?
Damian habló rápidamente, antes de que Nika completara la frase.
—Este es Jon. Jon, esta es Nika —Damian los presentó rápidamente, sus ojos verdes llenos de indiferencia—. Mi madre la envió para darme unas cosas.
Sus ojos se posaron de nuevo en la mesa y pasó por alto la forma en la que se analizaron mutuamente las personas en la habitación.
Nika frunció los labios y recogió su bolsa. Se arregló el cabello blanco sobre la cabeza y se dirigió a la ventana.
—Me voy. Si hay otras noticias te aviso.
Subió al borde de la ventana y, sin dirigirle una segunda mirada a un Jon paralizado en la ventana, saltó y se perdió de la vista.
Se hizo el silencio y, cuando Jon todavía estaba fuera de la habitación, Damian levantó una ceja.
—¿Te vas a quedar afuera? ¿Debería cerrar la ventana?
Jon despertó de su trance y entró rápidamente.
—¿Qué hace ella aquí? —preguntó. Su voz se quebró a mitad de la frase, un nudo de intranquilo miedo en su estómago—. ¿Desde cuándo?
Damian se alejó de la mesa y se sentó tranquilo en el piso, un cuaderno de dibujo a su lado."¿Desde cuándo qué?,suenas como un ex celoso."Su voz pretendía transmitir una broma que no llegó a los oídos de Jon.
—Bueno, no lo soy, pero creo que debería serlo si así me respondes.
Se paró erguido cerca de la ventana. Su voz no tenía nada de la calidez habitual.
Damian frunció los labios. Sus ojos analizaron el porte rígido de Jon y suspiró con molestia.
—¿Qué te pasa hoy? —murmuró, volteando los ojos.
—Mi madre la envió —dijo—. Solo la conozco de hace dos semanas.
Jon caminó y se sentó cerca de Damian, sus codos tocándose. El calor ajeno y el olor suave y amanerado llenaron sus sentidos al instante.
Casi quitó la molestia y el miedo que sentía. Eso nunca pasó en su vida pasada; se suponía que faltaba mucho para que Damian conociera a Nika, para que ambos empezaran a conocerse, a empezar a sentir algo por el otro, para que al final ellos…
Jon se obligó a respirar y a calmar su mente. Nada de eso pasaba todavía. Fue ingenuo de su parte pensar que sus acciones no cambiarían el rumbo de las cosas, pero si eso pasaba, estaba en sus manos asegurarse de mantener alejada a Nika de Damian.
—No me dijiste nada —masculló al fin—. Pensé que no había secretos entre nosotros.
Damian curvó su boca con una sonrisa y chocó sus codos, recordando una vieja promesa, cuando ambos eran más jóvenes.”Nunca dije que no podía haber secretos entre nosotros.”
—Tú lo asumiste —rió bajo—. Además, han pasado años. Éramos solo niños.
Volteó su rostro y se permitió una rara y leve sonrisa.
Jon sintió cómo un rubor empezaba a formarse en sus orejas cuando volteó la mirada y se encontró de frente con los ojos verdes, la piel morena como canela y los cabellos negros revueltos de Damian. Había crecido para convertirse en un hombre muy atractivo, algo que la élite de Gotham nunca se cansaba de nombrar. Su cuerpo musculoso y bien formado, sumado a su carácter reservado, volvía locas a las jóvenes de la alta sociedad.
Jon sintió cómo los celos, mezclados con el miedo a perderlo de nuevo, nublaban su mente.
—¿Jon?
Jon se encontró sopesando sus opciones, y cuando la sonrisa de Damian se borró lentamente de su rostro, llenándose de confusión, tomó una decisión.
Damian terminó casado con Nika, enamorándose de ella, porque ninguno de los dos se atrevió a dar el primer paso.
—Ey, no me ignores —Damian movió una mano frente a Jon.
Pero Jon recordaba muy bien una caja desgastada y las cartas húmedas mezcladas con dibujos debajo de unas escaleras en la azotea de un edificio maloliente.
Al final, Jon encontró que no había razón para dudar.
—Maldición, Jon, si sigu…
—Me gustas.
Jon tomó la mano extendida de Damian entre las suyas y la apretó. Sus dedos encajaron perfectamente entre los suyos y una presa se rompió cuando los ojos de Damian se abrieron incrédulos.
—Me gustas, Damian. Te amo. Siempre te amé.
Llevó a sus labios la mano de Damian y colocó un beso casto en ella.
—Amo cada parte de ti. Ya no puedo, no lo soporto, Dami. Quiero algo más que una amistad, quiero…
Damian ya no pudo soportarlo. Su rostro se tornó de un bonito color rojo y arrancó su mano de los labios de Jon. Se arrastró por el suelo de su habitación intentando alejarse.
—¿¡Te volviste loco!? ¡Jon! ¿¡Qué demonios!?
No llegó muy lejos.
Jon se aferró a su tobillo y lo arrastró fácilmente cerca de él. Damian intentó patear su estómago, pero solo logró que ambas piernas envolvieran su cintura. Su rostro se volvió anormalmente escarlata.
Arrastrándose lentamente por encima de su cuerpo, Jon se acomodó entre sus piernas y se recostó suavemente en el vientre ajeno. Sus brazos se envolvieron posesivamente alrededor de sus caderas.
—Jon…
Damian se quedó quieto, sin palabras, la confusión y la vergüenza nublando su mente.
—Déjame terminar, por favor —la voz de Jon se convirtió en una súplica al final—. Quiero besarte, quiero abrazarte. Ya no quiero sentir que en cualquier momento te puedes enamorar de alguien más y dejarme atrás. Damian, ¿podríamos ser algo más que amigos?
Sus brazos se apretaron alrededor del cuerpo ajeno y hundió la cabeza en la tela de la camisa, esperando una respuesta como quien espera el juicio de un verdugo.
Damian respiró profundamente por encima de él y, vacilante, sus manos se enredaron en los rizos oscuros de su cabeza, acariciándolo suavemente.
Se quedaron así unos minutos que parecieron eternos, hasta que un murmullo rompió el silencio.
—Y..e..am..
Incluso con su oido super desarrollado,Jon fue incapaz de escuchar lo que dijo,alzo la cabeza y sus ojos chocaron con los verdes de Damian.
—¿Que…
—Yo también te amo—dijo Damian,su mejillas estaban sonrojadas,pero todo en él mostraba una firme decisión—Te amo Jon.
Tal vez porque ambos ya sabían lo que sentían el uno por el otro, pero Damian parecía tranquilo, incluso un poco aliviado. Su rostro no mostraba las arrugas habituales de molestia y su corazón latía firme. Fuese lo que fuese, un enorme alivio llenó todo el cuerpo de Jon, con tal fuerza que sintió las lágrimas escapar de sus ojos azules.
¿Quién iba a saber que todo podía ser tan fácil? Y qué idiota era Jon, qué cobarde fue en otra vida.
Por encima de él, Damian abrió los ojos en estado de shock.
—¿Estás llorando? —preguntó Damian, incrédulo. Intentó levantarse, pero los brazos alrededor de su cuerpo no hacían ademán de soltarlo—. Jon… suéltame.
Jon negó con la cabeza y las manos de Damian se deslizaron por su cuero cabelludo hasta llegar a sus mejillas, limpiando las lágrimas.
—Estoy feliz —dijo al fin—. Estoy tan feliz… ahora somos…
Damian alzó las cejas y su rostro se sonrojó un poco más. Brevemente se preguntó si era posible sonrojarse tan rápido como dejar de hacerlo. Tal vez sería un problema más adelante.
—¿Novios? —interrumpió. Una sonrisa se extendió por su rostro—. No sabía que te gustaban las etiquetas, Kent.
Jon se rió, ahora mucho más relajado.
—Si así impido que otros se acerquen, creo que sí.
Sus manos se deslizaron por los costados del cuerpo ajeno y disfrutó del escalofrío apenas disimulado que sintió bajo sus manos.
—¿Puedo besarte? —preguntó en un murmullo. Se inclinó hasta cubrir por completo el cuerpo más bajo, y sus manos quedaron a ambos lados de la cabeza de Damian—. ¿Por favor?
Damian tragó saliva, su sonrisa confiada borrándose lentamente. Jon siguió el movimiento de su manzana de Adán, sintiéndose un poco drogado por la cercanía de sus cuerpos: el latido acelerado bajo él, la piel morena deliciosamente sonrojada y los labios brillantes de saliva.
Cuando Damian asintió y sus brazos se envolvieron en su cuello, Jon no dudó.
Se abalanzó sobre él con tal fuerza que la cabeza de Damian chocó contra el suelo, arrancándole un gemido que rápidamente se perdió cuando Jon invadió su boca con la lengua, explorando su calidez mientras ambas lenguas luchaban por dominar.
Pero Jon no necesitaba respirar como Damian. Pronto el aire dejó de llegar a los pulmones de este y soltó un gemido ahogado. Sus manos jalaron con fuerza el cabello rizado y sus ojos lagrimearon. Encima de él, Jon siguió explorando su boca con un hambre obsesiva.
Finalmente, Damian empujó su pecho y giró la cabeza con brusquedad hacia un lado. Jon siguió sus labios brillantes y soltó un quejido lastimero.
—Dami…
Un hilo de saliva los separaba y los ojos brillantes de Damian volvieron a adquirir su habitual severidad.
—Ya no —soltó—. Alfred y los demás están aquí.
Jon bufó, molesto, pero una sonrisa se extendió por su rostro, tan brillante como el sol. Se inclinó y dejó un beso fugaz en su mejilla.
—Entonces… —dijo, sus manos acariciando distraídamente el cuerpo ajeno— soy el novio del guapo multimillonario Damian Wayne-Al Ghul.
Damian soltó una risita y puso los ojos en blanco con molestia fingida”Seguro que eres muy afortunado granjero.”
Sus ojos se encontraron y ambos rieron
suavemente.
Se quedaron en el suelo, tumbados, hablando de cualquier cosa, hasta que la oscuridad cubrió la habitación y ambos se quedaron dormidos.
La próxima vez que abrieron los ojos, se encontraron bajo la atenta mirada de varios pares de ojos.El sonido de una cámara sonando.
La mansión esa mañana fue un caos para Damian y Jon.
Jon no lo cambiaría por nada del mundo.
(Nika siguió en contacto con Damian durante dos meses más, para gran irritación de Jon, aunque no fue nada que un beso y una larga conversación no arreglaran.
Nika está absolutamente fascinada por la relación de ambos, aunque nunca lo deja ver.)
