Chapter Text
—¡¡Charly Garcíaaaa!! — Faray saltó a la pileta, salpicando los bordes y a Suwie, que pasaba por al lado de la pileta. —Bue hijo de mil puta, ¡MI PELO FARAAY! — El paraguayo se quitaba el cabello mojado del rostro mientras volvía a la superficie. Farfa los miraba sentado en la parte llana, el agua también le había llegado a él pero no parecía importarle.
Un poco alejado de la pileta y la familia, estaba Rich, quién trazaba la figura del azabache y su torso expuesto con la mirada. Cada cicatriz y músculo bien pulido era un cumplido a su buen gusto en hombres. El wither sonrió orgulloso mientras bajaba la vista a su teléfono donde tenía anotado su plan de hoy.
Aparentemente, anoche, antes de acostarse a dormir Suwie tocó a su puerta. El wither con sus pantuflas y pijama puesto abrió silenciosamente, evitando despertar al azabache que yacía dormido en el extremo ajeno de la cama. La felina estaba allí con su celular en mano para pedir permiso de ir mañana a casa de vYurita o "Yuri" como se lo había presentado a él, un amigo de Faray que vivía cerca.
Ese "mañana" es hoy y si hoy los niños se fueran toda la tarde, les darían paso libre a Farfa y él a estar solos, el momento perfecto para tener una cita y hablar sobre lo que ambos sentían por el otro, sería romántico, clásico, tendrían una cena con velas y Rich ya estaba ansiando poner en marcha su plan.
Han pasado... TANTO juntos, sin ser nada. La idea de algún día perder a su caballero sin que éste haya sabido sobre lo que él sentía por Farfa lo vuelve loco, lo tiene dando vueltas en su oficina por momentos, momentos donde se plantea realmente si deba seguir con la fachada de compañerismo-amorío extraño que estos dos tenían. Habían momentos dónde un roce, una mano en el hombro, una risa compartida, el silencio dónde la única melodía que podían escuchar era la respiración del otro, dónde el único paisaje era sus labios entrepartidos, la mirada ajena, el pecho que subía y bajaba con cada suspiro.
Una gota le cayó en la pierna, explotando la burbuja de sus pensamientos... pero no le dio mucha importancia, estaba cerca de la pileta y los chicos seguramente-
Luego cayó otra gota, esta vez en su cabeza, Rich se llevó la mano a la cabeza para corroborar si había sido cierto o era su imaginación.
Y luego otra... y otra... y se había largado a llover.
El wither rápidamente tomó sus pertenencias y la ropa de Farfadox dentro de la casa, los otros seguían riendo con la pileta y la lluvia hasta que comenzó a tronar. El caballero ordenó a los menores a salir por su seguridad.
Ahora los tres estaban dentro, empapados y enrollados en sus toallas como sushi. Rich los miró frunciendo el ceño, —Vais a mojar toda la casa, vayan a ducharse y vestiros. — El tono en su voz mostraba un poco de molestia por el charco de agua bajo los tres sushis, sin embargo, la verdadera razón era ajena a esta situación...
Farfadox subió mientras se sostenía la toalla a la cintura, los dos menores lo siguieron como si fuesen una familia de patitos y rápidamente desaparecieron de la planta baja.
El wither suspiró bajo, observando la puerta vidriada que da al patio adornarse en gotas de lluvia, el descontento en su rostro no parecía irse a ningún lado. Decidió ponerse a limpiar el agua que habían esparcido los tres anteriormente mencionados por toda la entrada, con alguna esperanza de que sea una tormenta corta y que pudiesen ir aunque sea en coche.
Varios minutos después, los cuatro estaban reunidos en la mesa almorzando y charlando de lo usual. El único que no intercambió palabras era el señor de la bedrock, muy encerrado en sí mismo mientras acababa su plato cabizbajo. Farfadox lo miró de reojo, conoce a Rich y sabe cuando algo no le gusta a su compañero.
Una mano lentamente se posó sobre el antebrazo del híbrido, levantando la vista para encontrar el cuarzo de los ojos del caballero fijos en él.
—¿Todo bien? — Fue una pregunta simple, no quería presionarlo. —Sí, solo estoy cansado. — Respuesta poco creíble para esa cara de pocos amigos, pensó Farfadox.
Entonces decidió no seguir para evitar un choque frente a sus hijos. Luego de almorzar, Farfa se ofreció a ayudarlo a levantar la mesa pero Rich no parecía querer ayuda ni interacción con nadie, estaba centrado en su propio mundo y no parecía estar muy alegre que digamos. El azabache no entendía que iba mal...
Pues en la cabeza del wither, la agenda estaba sufriendo un desmoronamiento total dónde sus planes ya estaban perdiendo el equilibrio debido a este contratiempo llamado clima. Pues, solo quedaban dos días, solo dos días para poder declararse al caballero y el plan sufría un problema por culpa de cosas que él no podía cambiar! Rich a veces odiaba lo duro que él podía ser consigo mismo acerca de sus planes pero la perfección era un dote suyo bien reconocido ¿Cómo podría fallar en demostrarle eso al hombre que ama? era realmente frustrante y, honestamente, el witherskeleton sentía que la propuesta se alejaba mil pies a la distancia.. casi imposible a este paso.
A veces Rich se preguntaba a sí mismo ¿Qué podría pasar si él se propusiera ante Farfadox? ¿A caso el caballero se reiría como aquellas veces que él lo invitaba al cine o a una cita antes en Elitecraft...? O quizá se asquee ante la idea de formalizar su relación, eso explicaría su rechazo ante el contacto físico entre ambos frente al resto, quizá la fachada de ser tímido era para esconder que le daba asco el salir con otro hombre... O tal vez el wither ya estaba delirando de tanto escuchar sus propios pensamientos y el chorro del fregadero caer sobre sus manos callosas por la bedrock.
—Papá — Rich se volteó, era su hija. El wither arqueó una "ceja" en respuesta. —Ehmm... al final parece que se cancela la juntada en lo de vYurita.
—.....Qué?
—Sí, es que por la lluvia dice que no le dejan los papás. O eso me dijo Faray.
La felina se encogió de hombros, sentía la molestia en la mirada de su padre... pero no entendía porqué? No es como si la juntada fuera para él. Bajó las orejas algo avergonzada y se desapareció de su vista, sentándose en el sofá de la sala. Faray estaba allí y se quedaron conversando.
El caballero observó toda la secuencia y, aún confundido, decidió confrontarlo.
—Rich, ey, esperame — Exclamó mientras lo seguía por las escaleras, el wither no parecía interesado en detenerse. —¿Qué quieres, Farfadox? — El descontento en su tono era notable.
—"¿Qué quiero?" ¿Qué te pasa a vos? Le trataste re feo a Suwie ahí abajo y no hablaste en todo el almuerzo, ¿Se puede saber qué te molesta?
—Te he dicho que no me pasa nada, estoy cansado, punto final. — El caballero frunció el ceño ante la vaga respuesta
—¿Cansado y ya? Dejá de mentirme, Rich, estás re enojado. Decime porfavor quiero ayud... — Antes de poder terminar la oración, el golpe de la escoba lo detuvo, seguido de la voz de Rich.
—¡Qué no me pasa nada, Dios! ¿¡Lo puedes dejar ya!? — La expresión de Farfa se puso en blanco, sorprendido ante el grito del ajeno, quién lo miró enfurecido unos segundos.
Lentamente, Rich notó como el rostro del caballero se oscureció, y con la mandíbula firme contestó. —Enojate todo lo que quieras entonces, no me vengas a buscar después. — Bastó con decir eso para luego darse media vuelta y bajar sin mirar atrás.
La figura del azabache desapareció en unos segundos, mientras Rich lo miraba irse, soltó el palo de la escoba y dando pisotones se encerró en la habitación de ambos.
—Casi nunca los veo pelear así... — Esbozó por lo bajó, con la vista en los escalones para luego voltear a la felina cabizbaja, tenía las orejas bajas y una expresión de tristeza. Faray suspiró y le dio un apretón en el hombro, Suwie lo miró. —Ey, vos tranquila, ya seguro para la noche se arreglan.
—No es eso... — Suwie se echó atrás en el sofá, con la cabeza en el respaldo y la vista al cielo, Faray la miró atentamente —Es solo que... me siento mal.
—¿"mal"?
—Sí, porqué no puedo ser útil a veces con papá, y no siempre nos vemos o pasamos tiempo juntos así. Es difícil saber lo que el otro quiere cuando paso tan poco tiempo junto a él.
Algo en Faray hizo click, como si automáticamente hubiese conectado con la felina ante sus ojos, Suwie jugueteaba inquietamente con sus manos mientras miraba al techo, como si pudiera encontrar la respuesta allí arriba.
—Es frustrante, te entiendo, yo quizá viva con mi viejo...pero no quita el hecho de que casi siempre está trabajando y no tiene mucho tiempo para pasarlo conmigo.
—¡Papá también! — El salto de la felina tomó desprevenido al pelinegro, luego se reincorporó —A veces está tan centrado en sus trabajos que la semana que tengo con él la tengo que mover a la siguiente...y la siguiente, y así.
Suwie a veces sentía mucha vergüenza ante cometer errores frente a su padre, Rich. Un hombre tan honorable y tan respetable como él claramente no querría una hija torpe y olvidadiza como ella ¿No?, se propuso a ser ejemplar en construcciones y su conocimiento por el mapmaking tal como su tío para poder sorprenderlo. A veces una simple aprobación del wither ponía a la felina saltando de regocijo, pero esas aprobaciones pasaron por "Ahora no, Suwie" "Perdóname princesa, estoy ocupado" "¿Por qué no se lo muestras a tu mamá?" que quizá no eran malintencionadas pero ciertamente herían a la pequeña Suwie. Algo que nunca tuvo confianza de decirle a su padre.
—Pero que par de padres ausentes tenemos... — ambos riendo ante el comentario.
Faray entonces posó nuevamente su mano en el hombro de Suwie, esta vez ambos intercambiando la mirada. —Mirá el lado positivo, quizá a veces nuestros papás no estén presentes todo el tiempo, pero nos tenemos a nosotros. — Una sonrisa se formó en el rostro de la menor, entonces el paraguayo la invitó a un abrazo.
Quizá no compartan la misma sangre, pero a veces, Faray era como un hermano para Suwie, estaba ahí siempre que ella lo necesitaba, invitándola a sus planes y cuando Farfa llegó a su vida junto a él la acogieron como una integrante más en el grupo. A Rich a veces no le gustaba la posible mala influencia pero... ¿Qué podría negarle a las risas y felicidad de su hija cuando volvía con dolor en las mejillas de tanto reírse con sus amigos? Ningún padre puede negarle la felicidad, mucho menos a su princesa.
—Qué cursi igual... — Admitió la menor en medio del abrazo, Faray se separó y le dio un leve golpe en el hombro, fingiendo ofensa —Eyy!
De los escalones se volvió a oír pisadas, era el caballero y no lucía muy feliz que se pueda decir. Ambos menores se detuvieron a mitad de las risas para mirarlo, de repente la sala estaba en completo silencio mientras que Farfadox caminó hasta el sillón y se sentó en paralelo a los chicos, cruzado de brazos mientras desvió la mirada. Los dos intercambiaron miradas, como si hacerlo les daría el poder de leer mentes y volvieron a fijarse en su papá...bueno, solo para Faray.
El pelinegro aclaró la garganta —Ehh... Pá.. — Rápidamente Farfa fijó su vista en su hijo, el cual se asustó ante la penetrante mirada del mayor, titubeando al hablar —Bueno- Suwie y yo íbamos a jugar algunos juegos de mesa para pasar la tarde...por la lluvia y eso, el internet no anda tan bien como siempre.
La felina se encorvó hacia delante y asintió con la cabeza —¡Sí! Justo iba a buscarlos en nuestra habitación. ¿Querés jugar, Farfa? — La leve sonrisita nerviosa de ambos fue lo que detonó un suspiro por parte del ajeno, inclinándose hacia delante lentamente. —Bueno, está bien, juego con ustedes.
Entonces en un pique, Suwie subió las escaleras a buscar los juegos de mesa.
A veces tomaba un buen rato calmar la tormenta, precisamente no la de afuera, que rugía y salpicaba gotas en las ventanas del balcón de la habitación. En la tenue luz de velador y la oscuridad del cuarto, Rich estaba sentado al borde de su lado de la cama, cabizbajo y sin intención de moverse a otro lado.
Sus manos atesoraban la pequeña cajita aterciopelada, como si fuera un secreto que solo él pudiera guardar. El wither entrecerraba los ojos mientras se agachaba a reflexionar, ahora con la cabeza un poco más tibia y el silencio que la habitación le otorgaba era mejor para él organizar sus planes a solas.
Aun que así quisiera, había algo que le taladraba la memoria, como cuando alguien sopla en tu torre de naipes para fastidiarte, ese recuerdo borra toda anotación en su cabeza. Es la imagen del caballero bajando esas escaleras, el rostro que llevaba y el tono en que lo dijo.
"Enojate todo lo que quieras entonces, no me vengas a buscar después."
Dios mío, ¿Cómo se le ocurre haberle gritado así a Farfadox? Rich se llevó una mano a la frente, suspirando bajo su propio peso, la culpa sumando una buena cantidad. Pronto, otro recuerdo se sumó a molestarlo como si de picarle con un palo se tratara...
La imagen de la felina con las orejas bajas, esa postura de temor y tristeza ante la respuesta de su padre. Le partía el corazón recordar la forma en que se dirigió a dos de las personas más importantes para él, esta vez esbozó un quejido inaudible a otros oídos más que el suyo, ahora llevándose ambas manos al rostro mientras dejaba la cajita a un lado. —Soy un tonto, de verdad.
Entonces oyó la puerta de la habitación abrirse lentamente, una figura familiar asomándose con las orejitas bajas. —¿Papá? — Suwie murmuró, con la idea de que su padre estaba durmiendo, se llevó una sorpresa cuando vio que el wither rápidamente se movió por la habitación hasta la puerta para atenderla.
—Suwie... — La mirada entristecida del mayor, como si hubiese cometido algo maldito, Suwie titubeó al hablar —Ahh... yo sé que no estás de humor ahora, pero- pero Farfa, Faray y yo vamos a jugar juegos de mesa y... quería saber si querés... — La invitación fue interrumpida por un abrazo repentino por el de tez grisácea.
Suwie quedó perpleja unos segundos, antes de lentamente reciprocar el abrazo tierno de su padre, eran sus disculpas.
Aquellas veces que Rich se negaba o posponía sus momentos de calidad juntos, él era consciente de lo que dolía para la pequeña Suwie, y siempre que volvían a tener tiempo juntos éste la recibía con un fuerte abrazo, de esos que te sostienen cuando sentís que te caes, de esos que te dan calor en el mas fuerte de los inviernos, ese abrazo de padre. Luego se tomaba el tiempo de sentarse y dejar que su hija le contara todo lo que hizo, lo que quería mostrarle antes y las mejoras que pudo o no pudo haber agregado. Era su forma de pedir perdón.
—En un rato bajo, vale? — Suwie asintió, Rich le regaló una sonrisa mientras le dio una caricia en la cabeza, así la felina recuperó el brillo de esos ojitos preciosos. El padre la vio bajar las escaleras con las cajas en mano y escuchando el cuestionario de la sala preguntando el por qué tardó tanto, recordó.
Aún en la puerta de la habitación, decidió guardar la cajita una vez más, preparándola para un mejor momento que este y volvió a salir al pasillo. Rich se dirigió a las escaleras y... por unos segundos se detuvo, se detuvo a escuchar. Eran Farfa y los chicos riendo ante el juego de mesa que estaban compartiendo, quejas y reclamos que terminaban en carcajadas por las bobadas de los dos hombres. La risa de Suwie era ciertamente la que le alegraba oír, su princesa.
Luego escuchó la voz del caballero, y como si su corazón reaccionara a este se detuvo unos segundos ante los nervios. Casi se olvida del hecho de que ambos estaban peleados... ¿Qué haría él allí abajo? No iba a armar otra escena, no querría que los chicos la vieran.
Estas vacaciones ciertamente no estaban saliendo como el señor de la bedrock lo esperaba, pero... escuchar a los tres ahí abajo reírse y compartir el rato realmente compensaba todo lo que parecía perdido a ojos de Rich. —Pero que tonto soy... realmente me cegué por algo superficial — Se murmuró a sí mismo, como si de un sermón se tratara.
Y lentamente, con miedo y coraje tomados de la mano, bajó las escaleras, buscando a lo que él esperaba llamar Familia.
—¡No se vale, yo te tiré un bloqueo amarillo!
—Pero yo tenía uno rojo, te hice espejito.
De pronto el silencio invadió la sala cuando el wither hizo presencia entre los sofás y tomó asiento, Farfadox lo miró apenas de reojo mientras que Suwie y Faray lo saludaron como si nada. Rich sentía la fija y penetrante molestia en su pecho ante los ojos puestos sobre él, en situaciones así se pondría detrás de Killer y esconderse en sus dos metros y cuatro centimetros de altura...
—¿Ya estás mejor, Rich? — El paraguayo rompió el silencio, un gran alivio que fuese él honestamente —Mis disculpas por haberme encerrado, ya estoy mejor. — El corazón frío y oscuro como la bedrock le latía a mil por hora.
El azabache suspiró y Rich giró su atención hacia él completamente, —Que bueno, ya aburría jugar con estos dos burros — El quejido de los menores era inaudible para el wither cuando frente a sus ojos estaba la pequeña sonrisita del caballero, visible solo y exclusivamente para él. Las mejillas se le enrojecían disimuladamente mientras rió leve ante el comentario ajeno. —¿Puedo jugar?.
—Claro que sí, Rich. — Esbozó Farfadox, seguro y feliz de volver a tener a su compañero junto a él.
La tarde a veces pasa rápido si la compañía es buena, cuando las risas y las charlas alargan la partida pero acortan el tiempo, para la familia ya era casi la hora de cenar y los adultos no sabían que cocinar así que se retiraron de los juegos para ponerse a cocinar... Farfa aprovechó a mirar por la ventana y para sorpresa suya la lluvia había terminado.
—Mirá Rich, ya no llueve — El wither se asomó a echar un ojo, el caballero lo miró a él —¿Todavía querés hacer lo que tenías planeado? — Esa pregunta lo dejó mirando las pocas gotas de agua resbalarse por la ventana de la casa. Rich titubeó un poco, dudando de su respuesta hasta que simplemente soltó:
—Nah, honestamente lo que hicimos hoy fue mucho mejor. — Sonrió al azabache, quién no terminaba de entender qué era lo que tanto lo había molestado hoy más temprano... pero verlo así era mejor que seguir peleados, así pensó Farfa.
Luego de un rato de mirar la ventana, el estómago del caballero rugía por alimentar esos músculos... el azabache se miró la panza y luego a su ajeno.
—¿Y si pedimos delivery?
—Por mí bien.
Cenaron una deliciosa picada a pedido de Faray y Farfa, quiénes conocían un local cerca donde vendía rico y barato. A Rich le pareció okay y Suwie se deleitó con los sanguchitos de jamón y queso que venían con la picada, todos cenaron gorditos y contentos. Al final del día, solo eran Farfadox y Rich los restantes en la planta baja, con toda esta lluvia, juegos y la cena, los chicos estaban más que muertos de sueño, subieron como zombies a dormir a sus habitaciones... La casa una vez más estaba silenciosa.
El dúo se encontraba en el patio húmedo del hogar, las ranitas y chicharras haciendo una orquesta de noche mientras que la luz de la luna y las estrellas les brindaban foco para cantar, solo eran Rich y Farfa público de tal concierto. La brisa fresquita de la tormenta no parecía dar mucho efecto con la humedad que se había levantado.
—Puajjck! Que calor de mierda... — El caballero se llevó las manos a la cintura, Rich miraba el cielo estrellado —Es solo la humedad de la lluvia, seguro que para mañana se pasa... — Respondió con suavidad, como si fuera la verdad definitiva.
Una vez más, el silencio era cómplice de las palabras que no se decían, de sentimientos no hablados y suspiros que contaban latidos ahogados. Las cuencas vacías del wither giraron a mirar otro lado, buscando encontrar las palabras acertadas. —Lamento haberte tratado así más temprano, Farfax, estuve tan cegado por algo que no era importante y... te herí. Los herí a ambos. — Las manos callosas jugueteaban con el borde de la camisa mientras esperaba lo peor.
Farfadox lo miró, esos luceros brillantes a la oscuridad de la noche analizaban con cuidado la figura del larguirucho ante él y entre deseos no dichos encontró una forma de hablar —Está bien, al menos lo que te molestaba ya pasó, o no? — Rich se volteó para darle frente y asentir —Sí sí, era... era un berrinche mío, nada más — Rió algo nervioso, el azabache compartió la carcajada. Cuando las risas se apagaron, se cruzaron las miradas de ambos masculinos, pero ya no había vergüenza y mucho menos alguien que los mirara mas que las ranas y las chicharras al cantar.
El caballero juraba que si se quedaban en completo silencio, podría escuchar su propio corazón golpear contra su esternón de lo ansioso que estaba por tener a Rich tan cerca suyo, —Sabes... sobre lo que hablamos anoche en la playa, — Escucharlo atentamente era prioridad, de verdad lo pensó, pero esos labios lo tentaban a actuar sin pensar. Bajando la mirada al canto ajeno, rápidamente se rescató y murmuró un suave —Mhmm... — Mientras desviaba la vista a otro lado.
—Tú sabes que me lo tomo enserio, no? Para mí no es ninguna broma lo que yo siento por tí, Farfadox. — Inevitablemente, Rich estaba comenzando a caer en la misma trampa de querer, desear, actuar sin pensar y dejar que lo que tanto anhelaban por años los emboscara y llevara puestos como corriente de un río sin más.
—Yo... — Cada segundo que pasaba era tentación a probar, a dejar todo y lanzarse a él. Rich ya no aguantaba más, quería decirlo y soltarlo de una vez por todas pero la mano que le tomó la mejilla no dejó acabar su oración, cuando esos labios se cruzaron con los suyos. Finalmente, Farfadox había besado a Rich.
El wither llevó sus manos a los hombros bien definidos del caballero, quién levemente levantaba el mentón para poder tomar lo que es suyo, para poder besar a Rich, para poder sentir que esto es real, para poder decir
—Te amo, Rich — Suspiró al separarse del ajeno, apenas unos centímetros del rostro del otro, donde las respiraciones se intercambiaban y una risita escapó del híbrido más alto. —Yo más, Farfadox. — El caballero acarició con el pulgar las mejillas de su amado, ruborizadas, tal como las del azabache. Farfa nunca se lo diría a Rich pero este es de sus recuerdos más preciados de ahora hasta siempre.
Curiosamente ambos no van a dormir esta noche, quizá porqué por fin pudieron darse un beso...o quizá porqué finalmente escucharon al otro decir lo que sienten, indiferentemente de lo que fuera, esta noche había sido el desastre más perfecto a los ojos de Rich. Finalmente cerraron la distancia entre ambos para regalarse un beso ante la luna y las estrellas.
