Chapter Text
Olviden lo que dije… esto es el infierno.
Apenas llego con Dodo al gimnasio, una voz aturdidora nos recibe.
—¡ESCUCHEN, PEQUEÑAS ALIMAÑAS!
—ME LLAMO STAN LEE, PERO PARA USTEDES “SEÑOR LEE”. HOY COMENZAMOS SU ÚLTIMO AÑO ESCOLAR, ASÍ QUE LOS HARÉ SUFRIR DANDO SU MÁXIMO. NO QUIERO QUEJAS NI LLORIQUEOS.
Cuando termina su discurso, me dispongo a unirme al grupo de estudiantes que me toca. Por suerte parece que Dodo también va conmigo.
Al mirar a mi alrededor me sorprendo. Parece que hay otro humano en esta escuela, solo que este tiene pelo…
El profesor vuelve a gritar antes de que pueda pensar mucho más.
—¡ESCUCHEN! AHORA MISMO ME DARÁN DIEZ VUELTAS DESPUÉS DE CALENTAR, Y EL QUE PARE HARÁ EL TRIPLE. ¡ASÍ QUE EN MARCHA!
Después de eso empezamos a calentar.
—Vaya… parece que el profesor no mentía, ¿verdad? —comento mientras miro a mi amigo.
—L-la verdad no sé c-cómo completaré estas v-vueltas… —responde con nerviosismo.
Le doy una palmada en el hombro.
—Tranquilo. Estaré a tu lado para que no te quedes atrás.
Dodo parpadea un par de veces antes de preguntar con cierta duda:
—¿Somos amigos?
—¿Eh? Claro. Me caes bien… a-al menos que no quieras.
—N-no me refería a eso… pero gracias.
Después de esa breve charla comenzamos a correr. La verdad es que esto no es difícil, pero tampoco quiero destacar demasiado, así que me mantengo al lado de mi amigo para llevar un ritmo normal.
En la tercera vuelta, alguien se pone a correr a mi lado.
—Oye, amigo… ¿eres nuevo por aquí?
Bajo un poco la velocidad para poder hablar.
—Sí. Me mudé hace unas semanas. Por qué la pregunta?
El otro humano se encoge de hombros.
—Solo curiosidad. Además eres humano como yo… aunque también te pareces un poco al director en altura.
—Un gusto. Me llamo Alph. A. Rius, pero puedes decirme Alpha.
—Igualmente. Soy Anon.
No alcanzamos a decir mucho más porque la voz del profesor vuelve a resonar por todo el gimnasio.
—¡MUY BIEN! PARECE QUE TENEMOS A DOS PARLANCHINES AQUÍ. ¡USTEDES DOS ME DARÁN DIEZ VUELTAS MÁS!
Será cabrón…
Miro de reojo al otro chico y noto que tiene la mirada baja.
—Alpha deja de ojearme el bulto.
—Mmm… qué pedazo, Anon.
Intento contener la risa, pero fallo cuando él también empieza a reírse de su propia broma.
La reacción del profesor no tarda.
—¡ASÍ QUE TIENEN MÁS ENERGÍA! ¡CINCO VUELTAS MÁS ENTONCES!
Después de completar las vueltas, veo a mi amigo tirado en la pista, jadeando como si hubiera corrido una maratón.
Me acerco y lo sacudo un poco por el hombro para ver si sigue consciente.
—Vamos, amigo. Ya terminó la clase.
Dodo intenta incorporarse, todavía sin aliento.
—¿C-cómo es que sigues tan tranquilo… después de tantas vueltas? —pregunta mientras trata de levantarse.
—La verdad, esto no es nada comparado con el entrenamiento de mi papá.
Me mira con sorpresa antes de responder con tono claramente sarcástico.
—¿Qué? ¿Acaso te entrenan para combatir con bestias?
Me limito a rascarme la nuca, sin saber muy bien cómo responder a eso. Papá me ha hecho entrenar y luchar contra él muchas veces, aunque casi siempre termino perdiendo.
La única vez que logré ganarle fue por qué se distrajo
—T-tienes que estar bromeando, ¿verdad?
Me encojo ligeramente de hombros.
—Ah, sí, claro… no importa mucho. Ya terminó la clase, así que es mejor que siga con mi horario. Te deseo suerte, Dodo. Nos vemos.
Después de decir eso, salgo corriendo para dirigirme a mi siguiente clase.
A mitad del camino, sin embargo, choco con alguien sin darme cuenta.
Cuando bajo la mirada, veo a una chica stego color lima tirada en el suelo y un montón de cartas esparcidas alrededor. Decido agacharme para ayudarla a recogerlas y arreglar mi descuido.
Me agacho rápidamente para recoger algunas de las cartas y le extiendo una.
—Lo siento mucho, no veía por dónde pasaba. Toma.
La chica stego empieza a responder con tranquilidad.
—No te preocupes, la ver—
De repente se detiene a mitad de frase. Sus ojos se fijan en la carta que tengo en la mano y, sin avisar, me la arrebata.
Observa la carta unos segundos antes de murmurar:
—La torre…
Frunzo el ceño, confundido.
—¿Qué?
Levanta la carta y la observa con atención, girándola ligeramente para enseñarme la carta
—Tu carta es la Torre. Representa cambios repentinos… y revelaciones importantes.
Inclina un poco la cabeza mientras sigue mirando la ilustración. Parece que realmente se lo está tomando en serio.
¿Cambios repentinos? ¿Acaso está loca?
La chica levanta la mirada casi al instante, frunciendo ligeramente el ceño antes de hacer un pequeño puchero.
—No estoy loca. Solo me gusta leer las cartas del tarot.
Parpadeo un par de veces, sorprendido de que haya respondido exactamente a lo que estaba pensando.
—Ah… lo siento —me rasco la nuca con algo de vergüenza—. Tengo la mala costumbre de murmurar lo que pienso a veces. Perdón si te molesté.
Observa mi cara unos segundos más, como si estuviera intentando decidir si creerme o no. Luego su expresión se suaviza un poco.
—Bueno… mientras no digas cosas demasiado feas, supongo que no hay problema.
Se agacha de nuevo para recoger las cartas restantes y comienza a ordenarlas con cuidado.
—Además, la Torre no es necesariamente algo malo —añade mientras acomoda el mazo—. A veces solo significa que algo en tu vida va a cambiar de golpe.
La miro con cierta desconfianza.
—Eso suena exactamente como algo malo.
Se encoge de hombros.
—Depende de cómo lo veas.
Yo solo suspiro mientras le paso las últimas cartas que quedaban en el suelo.
La chica termina de ordenar sus cartas y vuelve a mirarme con una sonrisa despreocupada.
—Me llamo Stella. Un gusto en conocerte Por cierto… ¿te gusta el anime? ¡Te pareces a Saitama! Solo te falta el traje.
…
Me voy a tirar del techo si esto sigue así.
Suelto un pequeño suspiro mientras desvío la mirada.
—Sí… ya me lo han dicho antes.
Stella parece emocionarse todavía más al escuchar eso, como si acabara de confirmar una teoría importante.
—¡¿En serio?! Entonces seguro que ya viste One Punch Man, ¿no?
Levanto las manos con resignación antes de que siga con el interrogatorio.
—La verdad, Stella, tal vez podamos hablar en otro momento. No quiero llegar tarde a ciencias.
Doy medio paso hacia atrás mientras intento salir de la situación con algo de dignidad.
—Nos vemos luego.
No voy a mentir: que mencionara que me parezco a Saitama me molestó un poco. Ya tengo suficiente con papá llamándome así cada vez que tiene la oportunidad.
Pero antes de que pudiera alejarme, la chica stego me alcanza y se pone a caminar a mi lado.
—¿Vas a ciencias? Yo también. Es una de mis últimas clases. ¿Qué tal si vamos juntos?
Genial. Simplemente genial. A este paso solo falta que un ave me cague encima para terminar de arruinar el día.
Suelto un suspiro resignado.
—Bien, vamos. No veo problema.
Lo digo mientras sigo caminando, ya aceptando que, al parecer, ahora tengo compañía para ir a ciencias.
Espero que esto no se vuelva una costumbre..
La clase de ciencias pasó sin mucho escándalo. El profesor Farnsworth me hizo presentarme frente a todos y el tema de hoy fue una teoría sobre los campos magnéticos. Supongo que mañana haremos alguna práctica.
Durante la clase noté que Stella tenía problemas para entender algunas preguntas, así que terminé uniéndome a ella para hacer equipo. La verdad, no estuvo tan mal… claro, si dejamos de lado que insistió en que viéramos anime juntos más de cinco veces.
—Vamos, Anon-kun, ¡de seguro te gustará!
La miro con cansancio.
—Si dejas de decirme Anon-kun, me lo pienso
Stella parpadea un par de veces, como si estuviera procesando lo que acabo de decir.
—¡Genial! Por cierto… ¿mañana en el almuerzo estarás libre?
Levanto la vista del cuestionario por un momento.
—Claro. ¿Para qué?
—Quiero presentarte a una amiga. Es la presidenta del club de jardinería, y quería saber si te interesaría unirte. Ya sabes… eres nuevo y todavía no tienes club, ¿verdad?
Lo pienso unos segundos mientras vuelvo a mirar las preguntas del cuestionario.
La verdad, no me vendría mal. Además, tarde o temprano voy a tener que unirme a uno de todos modos. Y el club de jardinería no suena tan mal. Mamá ya me ha hecho ayudar varias veces en su jardín, y siendo honesto… tampoco es un mal lugar para relajarse un rato.
Termino de escribir la última respuesta antes de encogerme de hombros.
—Claro, ¿por qué no?
Dejo el lápiz sobre la mesa mientras entrego la hoja.
—No suena tan mal.
La chica abre los ojos con sorpresa.
—¡¿De verdad?! ¡Te aseguro que no te arrepentirás, Anon-kun!
La miro en silencio unos segundos.
—Stella…
—¿Qué pasó? ¿Hice algo mal?
Suspiro.
—Volviste a decirme Anon-kun.
Veo cómo la chica stego se queda congelada por un momento. Luego su mirada baja lentamente hacia el suelo, claramente arrepentida.
—Eh… tranquila, no pasa nada —digo intentando animarla, aunque no parece funcionar mucho.
Genial. Ahora parece que acabo de patear a un cachorro.
Me voy a arrepentir de esto, pero tampoco puedo dejarla así.
—Mira, está bien. No hay problema con que me digas así… pero, por favor, que no sea tan seguido. ¿Está bien?
Stella levanta la cabeza otra vez.
—Ok, lo intentaré… pero solo si aceptas ver SAO conmigo.
Que alguien me tire un rayo, Jesús Raptor.
—Bien… pero será el sábado. Quiero hacer algunas cosas primero.
Después de esa conversación, las clases terminan. Mientras guardo mis cosas, noto que algunos estudiantes están murmurando algo sobre un concierto.
Supongo que es el concierto que mencionó Naser… pero la verdad preferiría no ir. Mamá se enojaría mucho si la hago esperar.
Justo cuando estoy a punto de irme, una mano se posa sobre mi hombro.
Al girarme, veo la figura del director detrás de mí.
—¿Director Spears? ¿Sucede algo?
El hombre ajusta ligeramente sus gafas antes de responder con tranquilidad.
—Joven Anon, qué bueno verlo. No se preocupe, solo quería preguntarle qué tal lo ha tratado mi escuela.
Me encojo un poco de hombros.
—La verdad, me ha ido bien. Las clases han estado bien… mucho mejor que en mi antigua escuela. Eso se lo aseguro
El director asiente ligeramente.
—Me alegra escucharlo. ¿No se quedará para el concierto?
Niego con la cabeza.
—La verdad no, director. Mi madre me espera en casa para unos asuntos.
El hombre vuelve a acomodarse las gafas antes de responder.
—Entiendo. En ese caso, cuídese, joven Anon. Que le vaya bien. No se olvide de pasar mañana por mi oficina para firmar unos papeles.
—Claro, director. Estaré a tiempo mañana. Gracias —respondo antes de despedirme.
La verdad, este día no estuvo tan mal… si no contamos a esa chica melocotón fulminándome con la mirada cuando no le he hecho absolutamente nada. Así que, por mi propio bien, es mejor no acercarme.
Cuando llego a casa abro la puerta y subo directo hacia mi habitación. Antes de que comience la cena, doy un salto para llegar al segundo piso. Mamá siempre dice que use las escaleras, pero esto es mucho más divertido.
—¡¿Qué te he dicho de subir así, jovencito?!
—Perdón, mamá.
Una vez en mi habitación, me quito el reloj. En casa no lo necesito, y la verdad es mucho más cómodo estar sin esa cosa.
Después me pongo un conjunto recién lavado: la misma chaqueta, la misma camisa… pero al menos con mejor olor.
Bajo para la cena, atraído por el aroma de las costillas deliciosas que mamá siempre prepara
Bajo a la sala y veo a papá en su sillón habitual, revisando algo en su teléfono.
—Hola, papá. ¿Cómo te fue hoy?
Sin levantar mucho la vista de la pantalla, responde con calma.
—Bien, hijo. ¿Tu madre ya te dijo sobre la misión a la que me iré?
Asiento mientras me recuesto un poco en el respaldo del sofá.
—Sí, me lo avisó en el instituto. ¿El tío Cap también estará contigo?
Papá suelta una pequeña risa.
—Ya lo sabes, somos un equipo. Además, parece que vendrá a visitarnos este año cuando tenga tiempo.
Al escuchar eso, una sonrisa se dibuja en mi rostro. El tío Steve fue una de las primeras personas que me enseñó varias cosas. Incluso una vez intenté lanzar su escudo como él me enseñó… aunque digamos que lo mandé un poco demasiado lejos.
Papá deja el teléfono sobre la mesa.
—Steve dijo que la misión durará unas semanas. Al parecer hubo algunos problemas y unos villanos se escaparon, así que estaré en contacto cuando pueda.
—No te preocupes, papá. Yo vigilaré la casa mientras no estés.
Él sonríe con orgullo.
—Ese es mi muchacho.
Unos minutos después, mamá se asoma desde la cocina.
—La cena está lista. Y dime, ¿cómo te fue hoy, Nonny?
Me acomodo en la silla antes de responder.
—Bien, mamá. Conocí a un nuevo amigo. Se llama Dodo, es un híbrido como yo.
Papá arquea una ceja con curiosidad.
—Parece un nombre interesante. ¿No hubo problemas hoy?
—No, nada… bueno, el receso fue un poco extraño. Estaba sentado y una chica—
Pero antes de que pueda terminar la frase, mamá sonríe como si acabara de ganar un Óscar.
—Así que una chica, ¿eh?
La miro con advertencia.
—Ni se te ocurra, mamá. Además, la chica solo me dijo que me largara de su mesa porque era de su club o algo así.
Mamá solo responde con un simple:
—Ajá.
Y sigue cenando como si nada.
Después de eso subo a mi habitación y me dejo caer en la cama para descansar. Mañana será un mejor día. Tengo que reunirme con Stella para conocer a su amiga, así que lo mejor será dormir.
Aunque… esa compy de la cafetería también parecía tener problemas con los agentes del gobierno. Y se veía un poco tierna
...
—Al día siguiente—
BIP
BIIP
BIIP
La destrucción de mi dulce sueño resuena en mi cabeza.
Todavía tengo sueño, así que decido darme una ducha antes de ir al instituto. Supongo que acostarme tan tarde tampoco ayudó… ayer me quedé charlando con stegostar123. Estuvo insistiendo para convencerme de ver la segunda temporada de SAO.
Pero ni de chiste voy a ver esa bazofia.
Bajo las escaleras para desayunar y noto que papá ya no está. Probablemente se fue temprano por su misión.
Mamá habla desde la cocina.
—Buenos días, Nonny. Tu padre tuvo que irse más temprano a su misión. ¿Qué tal despertaste?
—Bien, mamá. Hoy veré a qué club unirme, ya sabes… para pasar el rato.
Mamá tararea mientras prepara el desayuno y deja una taza de café frente a mí.
—Está bien, pero no olvidarás llevar tu monitor, cariño.
Carajo. Casi lo olvido.
Subo rápido a mi habitación, me lo pongo y vuelvo a bajar.
—Listo, mamá. Cuídate, nos vemos.
Tengo que salir rápido porque las clases comienzan pronto, y digamos que sin alguien que me lleve en auto el camino se hace más largo.
Por suerte llego temprano.
Pero al subir las escaleras de la entrada principal del instituto noto a la chica melocotón parada allí, mirando alrededor como si estuviera esperando a alguien.
¿Será Naser? Después de todo, es su novia… ¿no?
Justo cuando estoy a punto de subir las escaleras, ella me detiene.
—¡Buenos días! Eres Anon, ¿verdad?
—Sí, el mismo. Perdón, pero… ¿cómo sabes quién soy?
La chica se lleva una mano al pecho, como si acabara de recordar algo.
—Ah, cierto, disculpa. Soy Naomi, la presidenta del consejo estudiantil. Naser y yo éramos tu comité de bienvenida, pero no te encontramos.
Ya veo… así que por eso se me quedaba mirando.
Aun así, esa sonrisa suya me da mala espina.
Se ve falsa desde kilómetros.
—Cierto, una disculpa. Había llegado más temprano, pero no te preocupes, ya tengo mi horario. Al parecer hubo un error con las optativas —digo mientras saco la hoja de mi mochila.
Antes de que pueda terminar de hablar, Naomi me arranca el horario de las manos.
Literalmente.
Caray… esta chica sí que es molesta.
Mientras revisa la hoja, su cara pasa por varias emociones. Primero sorpresa… luego nerviosismo… y ahora parece enojada.
Frunzo el ceño.
—Naomi… ¿estás bien?
Ella parpadea un par de veces antes de recuperar su sonrisa habitual.
—S-sí, sí. Estoy bien. Me alegra que hayas solucionado tu inconveniente, Anon. Ahora, si me disculpas, tengo que irme.
Me devuelve la hoja, ahora un poco arrugada.
¿Qué le pasa a la gente últimamente? Uno no puede hacer nada sin que alguien se enoje por cualquier cosa.
…Y mira quién lo dice.
Me río por dentro por ese mal chiste.
Bueno, es hora de seguir con la rutina. Hoy quiero salir a ver la zona y ver si puedo ser de ayuda para la ciudad. Papá me dijo que disfrutara mi vida escolar, pero no creo que pase nada si investigo un poco los alrededores.
Después de todo, vamos a vivir aquí por un buen tiempo… todo por ese incidente de Rock Bottom.
Sacudo la cabeza.
Mejor seguir adelante. No quiero llegar tarde en mi segundo día, y además el director quería verme temprano en su oficina.
Será mejor no hacerlo esperar.
Mientras me acerco al pasillo de la oficina del director, veo a Naser siendo acorralado por… ¿una mancha morada?
La verdad parece que está a punto de recibir un ataque de cuernos, aunque logra detenerlo con facilidad.
—Trish, cálmate, por favor. Yo solo quería que tuvieran una audiencia.
—¡MENTIROSO!
Miro alrededor. Los estudiantes siguen caminando como si nada estuviera pasando.
Supongo que esto es algo bastante normal por aquí.
Así que decido evitar problemas y continuar hacia la oficina del director.
Cuando llego, toco la puerta.
No tarda en responder.
—Pase.
Entro.
—Buenos días, director. Vengo por lo que me dijo ayer.
El director Spears levanta la vista de su escritorio
—Buenos días, joven Anon. Cierto. Necesito que firme estos papeles, ponga su huella aquí y… que firme unos papeles más.
…
¿Qué?
—Disculpe, director… no entiendo.
El hombre suelta una pequeña sonrisa.
—Es una broma. No se preocupe, solo firme aquí.
Después de firmar el documento, el director abre un cajón y saca una tarjeta.
—Tome. Esta tarjeta le permitirá salir más temprano de clases si alguna vez se encuentra en situación de emociones fuertes o en una emergencia. Pero recuerde usarla solo en esos casos, joven Anon.
—Muchas gracias, director. Tranquilo, no la usaré demasiado.
El director asiente con una leve sonrisa.
—Eso espero. Ahora vaya a sus clases, no debería llegar tarde.
Guardo la tarjeta en mi mochila y me retiro rápidamente. Pero apenas salgo de la oficina me encuentro cara a cara con el profesor Wu.
—Buenos días, profesor Wu.
El hombre inclina ligeramente la cabeza a modo de saludo.
—Buenos días. Veo que ya estás listo para empezar las clases.
—Sí. La verdad solo vine a hablar con el director antes de ir a mi clase de lengua.
—Me alegra ver que es responsable —responde con tranquilidad—. No lo interrumpiré más. Yo también necesito hablar con el director.
—De acuerdo, profesor.
El profesor entra a la oficina y yo sigo mi camino por el pasillo.
La verdad, el profesor Wu me parece alguien agradable… pero aun así hay algo en él que me inquieta. Es demasiado tranquilo. Incluso para parecer un profesor.
De todas formas, no ha hecho nada extraño, así que es mejor dejar de pensar demasiado en eso.
Además, hoy me toca clase doméstica. Tal vez pueda encontrar a Dodo para ver si me ayuda a buscar un club al que unirme.
Preferiría no entrar a ninguno, pero es obligatorio… y mamá no pararía de preguntarme si pienso unirme a alguno.
Ahora que lo recuerdo, Stella mencionó algo sobre que su amiga era la presidenta de un club.
Tal vez pueda buscarla en el receso y ver qué dice
POV — Naomi
No.
No, no, no.
—¿Cómo que cambió su optativa…? —murmuro mientras camino por los pasillos.
El papel frente a mí no miente. Horarios actualizados.
El nombre de Anon ya no está en la clase de música.
Ahora está en clase doméstica.
Doméstica.
Mis uñas se clavan apenas en el borde del papel mientras respiro hondo. Lento.
Esto no tiene sentido.
Yo misma verifiqué su horario la semana pasada. Me aseguré de que coincidiera con el de Fang. Mismo salón. Mismo espacio cerrado donde la interacción sería inevitable.
Las probabilidades estaban a mi favor.
El nuevo: socialmente torpe, sin círculo definido.
Fang: La maldita desviada emocionalmente inestable, necesitada de validación externa.
Un empujón correcto.
Un comentario aquí.
Una coincidencia allá.
Y el resto se desarrollaría solo.
Era perfecto.
Entonces… ¿por qué?
Respiro profundamente otra vez.
Cálmate, Naomi.
Estoy segura de que habrá una forma de hacer que se junten.
Después de todo, lo hago por mi querido Nasy. Últimamente le da demasiada atención a esa hermana suya… hasta el punto de que ya ni siquiera hemos salido en semanas.
Necesito que deje de preocuparse tanto por ella.
Y para eso haré lo que sea necesario.
Después de todo, mi futuro ya está planeado.
Una esposa perfecta.
Y su esposo perfecto.
No voy a dejar que nadie me quite eso.
Ni siquiera un mísero humano pobretón de quinta.
POV — Anon
Las clases pasaron volando. Lo bueno es que encontré a Dodo. Lo malo es que él tampoco tiene ni idea de a qué club unirse.
Así que aquí estamos, en la cafetería, buscando a Stella… pero no la encuentro por ningún lado.
—¿Estás seguro de que es buena idea buscarla en medio de la cafetería? —pregunta Dodo mientras mira a su alrededor.
—Tal vez no fue la mejor idea —me encojo de hombros—. Con toda esta multitud no voy a encontrarla ni de casualidad. Mejor busquemos una mesa para comer.
Caminamos hacia las mesas del fondo, donde casi no hay mucha gente. Entonces Dodo señala una.
—Mira, una mesa vacía. Sentémonos allí.
Ni loco.
—Esa ya está reservada por un club o algo así —digo rápidamente—. Una compy me lo dijo ayer… y estaba bastante agresiva solo porque me senté ahí. Así que mejor busquemos otra.
Miro alrededor buscando otra mesa libre. Por suerte hay una no muy lejos.
—Ven, Dodo. Sígueme. Esa mesa está vacía. Dudo que aparezca otro club de la nada a insultarnos por esta.
Lo digo con ironía.
Error.
Unos segundos después de sentarnos, la compy aparece otra vez… con su amiga.
—Eh, tú, skinnie.
A veces pienso que tengo algo que atrae la mala suerte.
—Dime qué pasa —respondo—, porque estoy bastante seguro de que la mesa de tu club está allá.
Señalo la mesa vacía detrás de ellas.
La compy cruza los brazos.
—No confío en los nuevos. Especialmente en los que aparecen de la nada. Solo vine a disculparme por mi comportamiento de ayer.
Su amiga parece nerviosa.
—Sc-schizo… dijiste que solo ibas a disculparte…
—Y eso estoy haciendo —responde sin apartar la mirada de mí—. Solo que aún no confío en él. Y míralo está calvo estoy segura que eso no es normal en los humanos sin contar ese aparato que lleva en la muñeca
...
Juro que la próxima persona que me remarqué mi calvicie la estrelló contra el asfalto
Termino mi sándwich y respiro hondo para calmar mis latidos en el monitor de frecuencia antes de hablar.
—Escucha, estamos bien. No hay problema. Lo que menos quiero es llamar la atención, así que dejemos eso en el pasado, ¿sí?
La compy parece satisfecha con la respuesta. Se da la vuelta para irse a su mesa con su amiga.
Pero antes de alejarse se detiene.
—Tal vez no seas un federal después de todo… pero aún no confío en ti.
Me señala con dos dedos.
—Te estaré vigilando.
—Gracias… ¿supongo?
Me giro hacia Dodo.
—Oye, ¿quieres seguir buscando un club al que unirnos después?
Entonces noto algo raro.
Dodo está mirando fijamente a alguien.
Sigo su mirada.
La amiga de la compy… Judee.
Chasqueo los dedos frente a su cara.
—Dodo. Tierra llamando a Dodo. ¿Estás bien, amigo?
—Ah… sí, sí. No hay problema.
Se aclara la garganta.
—Oye… ¿no dijiste que ellas eran parte de un club?
—Sí… ¿por qué?
—Bueno… nosotros estamos buscando uno. ¿No sería buena idea preguntarles?
Lo miro como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo.
—Espero haber escuchado mal… porque literalmente hace veinte minutos te dije que no me quieren cerca.
—Sí, pero ya se disculpó —dice encogiéndose de hombros—. No sería mala idea intentarlo, ¿no crees?
A veces pienso que la gente olvida todo lo que digo.
Suspiro.
—Bien. Pero si no funciona, te diré “te lo dije” en la cara.
—Trato hecho —dice Dodo—. Aunque creo que es mejor intentarlo mañana. El receso ya casi termina.
—Bien. Oye, ¿qué optativa tienes al final del día?
—Clase doméstica. ¿Por?
DING DONG DING DONG
—Bueno… supongo que nos vemos a última hora. Tenemos la última optativa juntos.
Me levanto.
—Nos vemos, Dodo.
—Claro, Anon.
Las clases pasaron sin mucha gloria después de eso. En ciencias me tocó trabajar solo, pero no me quejo. Pude aprender un poco del profesor… aunque el viejo parecía que se iba a dormir en cualquier momento.
Mientras la clase sigue con normalidad, empiezo a pensar en un plan para esta noche.
Seguro mamá no se dará cuenta. Tiene el sueño bastante pesado cuando duerme.
Así que lo mejor sería salir apenas esté dormida.
El otro punto que tengo que pensar es dónde hacer una ronda de vigilancia.
Escuché que Skinny Arrow y Little Troodon son las zonas de Volcadera con más criminalidad.
Skinny Arrow sería la mejor opción… pero también significaría llamar más la atención. Es probable que la policía esté más alerta en esa zona.
Así que solo me queda Little Troodon.
Antes de que pueda seguir divagando sobre lo que haré esta noche, escucho el timbre que anuncia la última clase.
*DING DONG DING DONG*
Bueno… supongo que lo resolveré más tarde.
Ahora tengo que ir a clase doméstica.
Camino hacia el aula y veo a Dodo esperando cerca de la entrada, mirando su horario como si fuera un mapa del tesoro.
—¿Qué tal, Dodo? ¿Cómo vas, amigo?
—Q-qué tal, Anon… —dice levantando la vista—. Estaba esperando para entrar, ya sabes… no quería equivocarme de aula.
—Bueno, vamos entonces. Después nos dejan sin lugar donde sentarnos.
Entramos al aula juntos.
El salón es bastante grande para ser una clase optativa. Hay varias mesas largas con utensilios de cocina, estufas pequeñas y armarios llenos de cosas que probablemente terminaré rompiendo accidentalmente.
Supongo que ya sabemos a dónde va el presupuesto de la escuela.
Buscamos unos asientos que no estén demasiado lejos del frente… pero tampoco tan cerca como para que el profesor nos escoja primero cuando quiera voluntarios.
Me dejo caer en la silla junto a Dodo.
Mientras esperamos, empiezo a mirar alrededor.
Hay algunos estudiantes hablando entre ellos, otros revisando sus teléfonos… y unos cuantos que parecen tan confundidos como nosotros.
—Oye —susurra Dodo inclinándose un poco hacia mí—… ¿tú sabes cocinar?
—Depende de qué cuente como cocinar.
—¿Qué significa eso?
—Que sé hacer cereal… y calentar cosas en el microondas.
Dodo se queda en silencio unos segundos.
—Eso… no suena muy prometedor.
—Tranquilo —respondo—. Si algo sale mal siempre podemos decir que era una interpretación artística de la receta.
Dodo suelta una pequeña risa nerviosa.
Unos segundos después la puerta del aula se abre.
El profesor entra.
Vaya.
Es un Allosaurio.
Pero no uno cualquiera. Es más alto que la mayoría de los que he visto, y su postura es bastante recta, casi militar. Lleva un traje perfectamente limpio, lo cual me hace pensar que probablemente no tolera errores en la cocina.
Genial.
El profesor deja una carpeta y algunos utensilios sobre el escritorio antes de caminar al centro del salón.
El ruido de la clase se va apagando poco a poco.
—Buenas tardes, estudiantes.
Su voz es grave y firme.
—Soy el profesor encargado de la clase de economía doméstica. Mi nombre es Patrick Arik, Tengo 33 años. Mi casa está en la sección noreste de Volcaldera Bluffs, donde está Lil Troodon, y no estoy casado. Trabajo como docente que imparte la asignatura optativa de Estudios del Hogar y llego a casa todos los días a más tardar a las 8 p.m. No bebo, pero ocasionalmente fumo. Estoy en la cama a las 11 de la noche y me aseguro de dormir ocho horas, pase lo que pase. Después de levantarme, me pongo una máscara de hielo para reducir la inflamación en los ojos, luego hago una serie de 1000 crunches estomacales, después una sesión de estiramientos y remato con un tratamiento de exfoliación facial, generalmente no tengo problemas para iniciar el día con energía, fresco como una lechuga, vengo al trabajo sin fatiga ni estrés por la mañana. Me dijeron en la enfermería que no había problemas en mi último chequeo. Estoy tratando de explicar que soy un profesor que desea que sus alumnos aprendan a tener una vida muy tranquila y ordinaria. Tengo cuidado de no molestarme con minucias, como ser una buena o mala persona, que me haría perder el sueño por la noche. Así es como trato con la sociedad, y sé que eso es lo que me trae felicidad. Aunque, si tuviera que pelear, no perdería con nadie.
Vaya… eso sí fue bastante específico. Solo le faltó decir cuál es su color favorito.
Pero algo me intrigó.
Eso último de que no perdería contra nadie sonó casi como un desafío… y no es algo que esperaría escuchar de un profesor.
Decido no darle mucha importancia.
—El tema de esta clase será más teoría sobre la nutrición —continúa el profesor Patrick—, ya que en la siguiente clase realizarán un trabajo grupal basado en lo que aprendan hoy. Así que espero mayor atención a la clase… y sin interrupciones.
Después de eso comienza a explicar sobre alimentación saludable, higiene y cuidado personal. Lo básico.
Aunque hay algo que me incomoda un poco.
El profesor no deja de mirarme de vez en cuando.
Supongo que nunca ha visto a un humano antes… ¿eh?
De seguro ganarle sería fácil…
—¿Acaso dijo algo, joven Anon?
Carajo.
—No, profesor Patrick. Solo estaba repasando unas cosas.
El allosaurio me observa unos segundos más antes de asentir.
—Espero que así sea, joven Anon. Mañana, en la práctica, quiero ver su desempeño. El señor Wu tiene altas expectativas en ustedes.
Luego mira hacia mi lado.
—Eso también va para usted, joven Donovan.
Dodo se endereza en su silla.
—C-claro, profesor Patrick.
La clase continúa con normalidad… si “normal” significa que el profesor se pone a explicar con lujo de detalle algo tan simple como lavarse las manos.
En serio.
¿De verdad alguien necesita una explicación tan profunda para eso?
Cuando finalmente termina la clase, recojo mis cosas y salgo junto a Dodo.
Nos despedimos en la salida del edificio. Parece que un Familiar lo va a recoger.
Por suerte mi casa no queda muy lejos, así que la caminata no se hace pesada.
Cuando entro a casa, mi madre me recibe desde la cocina.
—¿Cómo te fue hoy en la escuela, Noni?
—Bien, mamá. Un profesor medio raro en la última clase… pero nada fuera de lo normal.
La veo tararear mientras termina de cocinar un filete.
—Ya veo. ¿Y decidiste a qué club vas a meterte?
Carajo.
Me había olvidado completamente de eso durante el receso.
—No, mamá… pero mañana voy a buscar uno.
Subo las escaleras antes de que empiece a hacer más preguntas.
Una vez en mi habitación me doy una ducha rápida y saco una muda de ropa limpia.
También dejo preparada otra… por si las cosas se complican esta noche.
Bueno, Anon.
Ahora solo toca esperar.
Esperar a que mamá termine de cenar, comer tranquilo… y luego largarme cuando esté dormida.
Espero que no se dé cuenta.
No como esa vez en Rock Bottom.
No quiero que me castiguen otro mes entero.
Otra vez.
Salgo de mi habitación y voy a la sala, donde mi madre ya está sirviendo la cena.
—Filetes de cerdo… mis favoritos. Gracias, mamá. Ya tenía tiempo sin probar este manjar.
—No te preocupes, Noni. Sé que te gustan —dice sonriendo—. Pero recuerda: después de cenar, a dormir temprano. No quiero que te quedes hasta tarde viendo tus series.
—Nada de quedarse hasta tarde. Entendido.
Mi madre entrecierra los ojos, mirándome con sospecha.
Por un momento parece que intenta detectar si estoy mintiendo.
Después de unos segundos decide que no.
Cena tranquila.
Plan intacto.
Después de cenar subo a mi cuarto y espero.
Pasan dos horas.
Finalmente escucho algo que confirma mi victoria.
Los ronquidos de mamá.
Bueno.
Es hora de empezar.
Abro la ventana con cuidado y salgo por ella.
La zona de Little Troodon parece un buen lugar para empezar la vigilancia. No hay muchos policías… y tampoco muchas cámaras.
Eso significa que puedo cubrir más perímetro.
Me agarro al borde de un edificio y empiezo a trepar.
Lo bueno de tener sangre gamma es que mis capacidades físicas están bastante mejoradas.
Mientras llego al techo no puedo evitar pensar en algo.
Me pregunto cómo estará papá…
Ya han pasado unas horas desde que se fue a su misión.
Finalmente llego arriba.
Me pongo de pie y miro la ciudad iluminada.
—Bien, Little Troodon…
Estiro los brazos.
—Veamos qué tienes para mí. Es HORA DE APLASTAR
https://youtu.be/BrTcDrbA2wA?si=_n_X0aJnOgQKACkb
