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Chapter 35: Libro tres: Revolución espiritual

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El vacío en la memoria

 

Guillermo caminaba con las piernas adoloridas y tenía su melena rizada despeinada de tanto caminar, se detuvo frente a un sauce cuyas hojas brillaban con un tono planeado eléctrico — A ver, a ver — murmuró rascándose la nuca — Se supone que después de la casca de los Guerreros del sol debía girar a la derecha ¿Eso es un loto o una boca con colmillos? — de entre sus densos rizos asomaron dos pequeñas cabezas peludas. 

 

La tarde se convertía en noche y las ardillas espirituales empezaban a dejar un rastro de polvo estelar y una de ellas, la más inquieta saltó sobre su hombro y le señaló un sendero que brillaba. Guillermo sentía el cuerpo adolorido por aprender aquella danza y había subido picos sagrados para encontrarse con los dragones del Sol y la Luna; su fuego antes errático y débil por las dudas, se había transformado. Cerró los ojos para concentrar su energía en el centro de su pecho y al abrir las palmas, no surgió el típico naranja violento del fuego de guerra; en su lugar una flama verde esmeralda, pura y vibrante, bailó entre sus dedos.

 

Era la llama de la vida, el secreto de los Guerrero del sol. 

 

— Es hermosa ¿verdad? — les preguntó a sus pequeños polizones. 

 

La segunda ardilla soltó un chillido agudo y se enterró de nuevo en su cabello, asustada por una sombra que cruzó el cielo púrpura. Guillermo se dio cuenta entonces de que el paisaje había cambiado drásticamente: los árboles ya no tenían raíces, sino que flotaban sobre un mar de niebla blanca.

 

Ochoa contuvo el aliento al notar que no estaba en el mundo humano — ¿Cómo chingados llegué al mundo espiritual? — se preguntó así mismo. 

 

El silencio era absoluto, roto solo por el crujido de sus propias botas y las ardillas empezaron a tirar de sus rizos, una hacia la izquierda y otra a la derecha como si intentaran pilotar su cabeza para sacarlo de ahí. 

 

— Tranquilas pequeñas, si los dragones me consideraron digno de la flama eterna, este lugar no debería ser mi fin. Solo es un desvío... un desvió muy extraño — murmuró algo inquieto. 

 

Una figura ancestral de forma de lémur gigante lo observaba desde la rama de un árbol y Guillermo ajustó su cinturón mientras respiraba con calma antes de caminar. Sabía que su fuego no solo servía para luchar; en la penumbra del mundo espiritual, su nueva luz sería el faro que lo llevaría de vuelta a casa. La niebla se cerró sobre las botas de Guillermo como si tuviera dedos fríos y las ardillas empezaron a chillar en sintonía tirando de sus mechones — algo no está bien — susurró y de entre los árboles de tronco retorcido emergió un espíritu calamar de color violeta oscuro con ojos que brillaban como carbones encendidos. 

 

— ¿Eres un amigo? — preguntó Ochoa mientras se ponía en guardia hasta aquel calamar emitió un rugido sordo que hizo vibrar el suelo hasta que el calamar espiritual se lanzó contra el mexicano — Yo que pensaba llevarte a mi pueblo a comer unos buenos tacos, culero — reaccionó por puro reflejo y se plantó firmemente en el suelo e inhalo profundo y al exhalar lanzó una ráfaga de fuego fuerte como un cuchillo. 

 

El espíritu se dividió en tres sombras más pequeñas rodeando a Memo y el mexicano sintió un hueco en el pecho, una sensación de vacío lo distrajo. 

 

¿Quién soy?

 

¿De dónde vengo?

 

Se preguntó de golpe e intentó recordar el nombre de su ciudad, su vida de pequeño, a sus padres, pero solo había una neblina mental tan espesa como lo que lo rodeaba. Justo cuando los espíritus oscuros se preparaban para un ataque coordinado una voz serena y profunda resonó — Es la primera vez que veo alguien que tenga una llama verde, joven guerrero; representa la vida y si lo usas con sabiduría iluminara tu camino y el de otros... pero si lo usas con miedo se apagará, si los usas con ira y odio se tornara oscura. — De detrás de una roca surgió un hombre robusto de barba blanca y ojos amables, sentado frente a una mesa de té que parecía haber estado allí siempre: el tío Iroh. 

 

Los espíritus oscuros se detuvieron al instante, intimidados por la presencia del anciano y se desvanecieron en el bosque — Llegas justo a tiempo para el té de jazmín. Es excelente para calmar los nervios después de una pelea — dijo sonriente. 

 

Guillermo se fue acercando con cautela y sus manos aún desprendiendo chispas verdes se fueron apagándose lentamente; las ardillas saltaron de sus rizos directamente a la mesa para olisquear unos pasteles de arroz — No sé quién eres... ni quién soy yo — confesó Memo sentándose frente a él — Sé que los Guerreros del Sol me dieron este fuego, pero después de eso... todo esta borroso. No sé como llegué aquí — explicó. 

 

Iroh lo miró con compasión mientras servía una segunda taza — El Mundo Espiritual tiene una forma curiosa de reflejar lo que llevamos dentro. A veces, para encontrar el camino a casa, primero debemos recordar por qué salimos de ella. Pero no te apresures, por ahora disfruta de este té. Los recuerdos son como las hojas en un río; eventualmente, todas llegan a la orilla — Memo tomó la taza sintiendo por primera vez una calidez que no venía de sus propias llamaradas. 

 

Iroh sopló suavemente sobre su propia taza y el vapor comenzó a girar en patrones complejos que imitaban la forma de los rizos de Guillermo — Bebe, joven guerrero. El té de raíz tiene la propiedad de asentar no solo el cuerpo, sino las crónicas del alma — explicó con una sonrisa enigmática. 

 

De la tetera no salió más té, sino un chorro de agua que cobró vida propia y se fue transformando en un pequeño espíritu rana con escamas doradas que saltó directamente al rostro de Guillermo — ¡mírenlo! ¡El guardián del avatar ha vuelto! — croó la rana con una voz chillona antes de deshacerse en una carcajada de burbujas — ¡pero se le olvidó usar las manos para algo que no sea fuego! — y de pronto ahora unos monos con máscaras de teatro bajaron de los árboles colgado de sus colas; uno de ellos le arrebató a Guillermo una de las ardillas que estaban en sus rizos y empezó hacer malabares con ella y la ardilla, lejos de asustarse parecía estar disfrutando del juego. 

 

— ¡Memo! ¡Memo! — canturrearon los monos al unisonó — ¿Dónde dejaste tu fuego? ¿Y tus recuerdos? ¡Pareces un fénix desplumado con ese cabello alborotado! —

 

Guillermo se puso de pie un poco aturdido y las llamas verdes brotaron de sus palmas por instinto, pero no de forma agresiva, sino una reacción nerviosa al sentir que podría entender su poco de su pasado — ¿Me conocen? — preguntó mirando a los monos. 

 

— ¡Oh, eres muy famoso, Memito! — dijo un espíritu de libélula gigante, revoloteando cerca de oreja — Siempre jugábamos en el mundo de los humanos ¿no recuerdas? ¡Siempre le hacías bromas a tus maestros! Tu nombre es tabú... — susurró lo último causando tensión en Guillermo. 

 

Iroh soltó una carcajada jovial mientras rescataba a la segunda ardilla que intentaba robarle un pastelillo del manga hasta que miró la expresión de Memo — Los espíritus no ven el tiempo como nosotros, Guillermo. Para ellos, tú siempre has estado aquí y siempre te has ido... Su alegría, sus palabras son una forma de decirte que, aunque tú no te reconozcas, el universo sabe quién eres — explicó buscando desviar la tensión nacida tras lo último dicho por aquella libélula. 

 

Iroh hizo un gesto con la mano y el humo de la fogata se volvió verde, reaccionando a la energía de Memo. En el centro del humo, apareció una figura: Guillermo, vestido con una armadura distinta, frente a una puerta inmensa como si fuera algún tipo de rey con una extraña marca en la frente. 

 

— Ese... soy yo — susurró Memo, sintiendo una punzada de dolor en la sien — Pero ¿Qué significa? —

 

— Eso es lo que el Mundo Espiritual está tratando de recordarte — respondió Iroh, volviéndose serio por un momento — Cruzaste el portal por una razón, Guillermo. Tu fuego verde es la llave, pero tu memoria es el mapa. —

 

De repente los espíritus bromistas se quedaron quietos y el bosque se fue oscureciendo mientras las ardillas se iban escondiendo profundamente en los rizos de Memo; algo se iba acercando y no quería bromear... simplemente quería una colección más.

Notes:

Nota autora: Quítenme ya el internet y netflix JAJAJA y si Guillermo sería el villano por esta vez. (?)