Chapter Text
—Oye, Catnap...
—¿Mnn?
—¿No crees que es raro que el Prototipo no haya dado señales de vida estas últimas semanas?
—Mnn.
Dogday hace un puchero. Theo está medio dormido, pero lo cierto es que incluso si no lo estuviera no escucharía a Dogday. Prefiere no hacerle mucho caso cuando tiene dudas sobre el Prototipo, aún confía en que lo seguirá tanto como él cuando entienda su divinidad.
El perro roza la cabeza con Theo a modo de reclamo. Incluso se tira encima suya y le muerde un poco la oreja. Catnap solo se aguanta una risa y le deja ser.
—¡Catnap!
—El Prototipo está ocupado en los laboratorios, es nuestro deber estar atentos por si Poppy y el resto de los herejes aparecen.
—¿Y qué hace en los laboratorios? ¿No crees que es extraño que se haya llevado a los niños abajo? ¿Que es raro que haya bloqueado todas las salidas y que haya mandado a Huggy arriba para que nadie salga ni entre? —Dogday lo zarandea un poco, como si moviéndolo pudiera cambiar las ideas rígidas de Theodore.
El gato lo empuja suavemente, aunque es suficiente para quitar a Dogday de encima suyo— Está protegiéndonos. Protegiendo este paraíso, ¿por qué te cuesta tanto entenderlo?
—¿Por qué te cuesta tanto entenderlo a ti? —Marc habla dolido, como si se estuviera desesperando—, todos lo han notado, algo no está bien... Incluso está controlando la comida que llega a todos, Catnap. Piggy lleva días muriéndose de hambre.
—PickyPiggy siempre tiene hambre.
—Yo también tengo hambre —murmulla el perro, palpándose el estómago—, tengo mucha hambre.
—...
—Y sé que tú también tienes hamb-...
Theo levanta la pata y deja al descubierto lo que parece una barra de pan mustio, los ojos de Dogday brillan de solo verla. Theo la empuja en dirección al perro, serio.
—Come.
Dogday mira el pan y luego mira a Catnap. Sacude la cabeza, sus orejas golpeteandole las mejillas— ¡No! No es esto a lo que me refiero, a-además es tuyo.
Theo suspira sonoramente y vuelve a recostarse— No queda mucha comida en la fábrica. Pronto tendremos que comer la carne de los cuerpos amontonados en la prisión, y sé que te resistirás a hacerlo. Será mejor que comas mientras puedas.
Marc parece horrorizado. Se lleva las manos a la boca como si estuviera aguantando el impulso de vomitar. Theo lo conoce, Marc acabará comiendo los cuerpos porque es una persona resiliente, pero no quita que la parte más blanda de él se resista y se reniegue bajo su falsa justicia y bondad.
Así, tampoco le sorprende cuando Dogday acaba agarrando el pan mustio y comiéndoselo entre lo que distingue como sollozos. Lo escucha gruñir por el hambre, lloriquear por el futuro que vendrá. A veces piensa que Dogday es mucho más débil de lo que cree, pero confía en que se equivoca.
—Gr-gracias, Catnap —dice, con la voz aún ahogada por el llanto.
Theo niega— Deja de llorar. Ya no eres un crío.
En realidad es mentira, ambos siguen siendo niños. Pero después de todo lo que han visto y todo lo que han hecho, ¿se pueden seguir considerando como tal? Theodore cree que no.
Marc asiente y murmura un «lo siento» para luego acurrucarse contra Catnap. A pesar de todo, Theo le corresponde rodeándolo con su cuerpo y empezando a frotar su cabeza con la del perro. Marc tarda un rato más en dejar de llorar, pero cuando lo hace, tiene el rostro de Catnap entre sus patas y está volviendo a rozar la nariz con la suya. Se ha vuelto un gesto especial entre ellos, algo que, de alguna manera, simboliza mucho más que un simple abrazo o una caricia.
Entre suaves roces de nariz, ambos acaban quedándose dormidos.
(...)
Poppy ha sido capturada, o asesinada, no lo sabe. Todo el mundo habla de cómo el Prototipo la hizo desaparecer. Theo está tranquilo, el grupo hereje ahora parece estar bajo control. Oh bueno, no exactamente...
Hace unos días, Hoppy, Kicken y Craftycorn desertaron de su fé. No sabe la razón, y tampoco piensa demasiado en ello. No volvió a saber nada más que el hecho de que bajaron hasta el dichoso Refugio Seguro con ese grandulón de masa plástica. Tampoco ha hablado con Dogday sobre esto, aunque está seguro de que también lo sabe. Simplemente no entiende cómo abordar con él la separación de quiénes una vez fueron sus supuestos amigos. Quizás debería intentar consolarlo, pero teme ablandarlo demasiado con tanta misericordia. Marc es fuerte, lo tiene claro, no quiere volverlo débil.
—¿Ha pasado algo en la escuela? Bubba dijo que has prohibido la entrada —comenta Dogday en un murmuro. Sentado en una de las camas vacías de Hogar Dulce Hogar, pasa las páginas de un libro como si las acariciase, muy delicado.
Theo asiente, ronronea a los pies de Dogday— El Prototipo ordenó la cuarentena de ese edificio.
—... Ya veo.
Le sorprende que Dogday haya aceptado el hecho sin refutar. Levanta un párpado y mira con disimulo al perro, que sigue leyendo como si nada. Irónicamente y a pesar de todo, Marc ha pasado varios días muy tranquilo, muy sumiso ante todo lo que el Prototipo hace. Se pregunta si tiene que ver con que sus amigos se hayan ido.
—También han llegado nuevos juguetes a la PlayHouse —comenta Theo, esperando alguna reacción de parte del canino, pero no la ve. No parece emocionado ante la posibilidad de hacer nuevos amigos.
—Vaya —Es lo único que dice.
—...
Quiere sacar el tema, y se queda un buen rato pensando en cómo, pensando en qué decir. Entonces logra articular— Los que ya no están... no pienses en eso.
Dogday aprieta un poco el libro, responde— No pienso en eso. No pienso en nada, Catnap.
—... no lo parece, has estado ido. Si quieres llorar hazlo, puede que seas un crío después de todo.
—...
Pasan varios segundos en los que Marc parece volver a optar por la indiferencia... O eso creía. De repente el perro cierra el libro de golpe y lo aparta a un lado. Theo esperaba que Dogday se lamentase o llorara, pero parece irritado— No están muertos, ¿sabes? Solo han elegido otro camino, ¿por qué actúas como si estuviéramos en guerra? Todos somos-... Ahg, déjalo, no lo vas a entender —dice, y agarra de nuevo el libro, sacudiéndolo un poco antes de abrirlo.
—Pronto estarán muertos.
—...
—Nadie que traicione al Prototipo merece salir con vida. Despierta, ellos ya no son tus amigos —Theo frota la cabeza contra las piernas del perro, a modo de caricia—. Son herejes, Dogday. Tienes que olvidarlos.
Y para Theo es una verdad indudable. Nadie que piense en contra de su Dios, de la deidad que tantas veces le ha salvado y que tanto les ha dado, merece seguir respirando. Theodore, como un niño huérfano, fue rescatado cuando a su corta edad había considerado dejarse morir. Un crío triste, sin nadie que lo protegiera de las agujas, del dolor y de la soledad. Las terapias dolían, cada experimento dolía, pero nada se asemejaba a lo mucho que arañaba su corazón saber que nadie estaba para él. Que cuando lloraba, no tenía a nadie a quién llamar por consuelo.
El Prototipo se convirtió en ese alguien. Es por eso que nadie podrá reemplazarlo.
Dogday parece coger aire, respirar profundo antes de responder— Quizás eres tú quién debería despertar, Catnap. ¿Siquiera te estás escuchando? —El perro se levanta, parece calmado dentro de su enfado—. Estás hablando de tus amigos, de nuestros amigos.
—... No son-
—Entiendo que no fueras cercano a Kickin, ¿pero cuántas tardes pasaste con Craftycorn viendo al resto jugar? ¿Cuántas veces Hoppy te invitó a participar? Hablas de ellos como si no fueran nadie, como si fueran iguales a esas personas que nos hicieron tanto daño —Dogday se agarra el dije de sol colgado de su collar. Lo aprieta con tanta fuerza que parece a punto de romperlo—, ¿«herejes»? ¿Si y-yo me fuera... Si yo decidiera que no quiero continuar con esto... También sería solo un hereje para ti?
Theo traga, no sabe si sus palabras, si el humo, o si sus sentimientos. Pero traga y baja la mirada al suelo de madera, a sus garras asomándose entre sus zarpas. Dice, con su voz sumamente distorsionada— Tú no vas a irte.
—...
Y en ese momento se da cuenta de que no era lo que Dogday quería escuchar. Levanta la vista, busca las pupilas del perro, su suavidad característica, pero solo encuentra dos cuencas vacías. Los brazos colgando a ambos lados del cuerpo del canino y el dije de sol con una grieta atravesando su centro. Dogday fuerza lo que parece el atisbo de una risa, una risa cargada de decepción que suena a lágrimas.
—¿Sabes qué, Catnap? Olvídalo, voy a ver cómo están PickyPiggy y Bobby —El perro se gira y, apartándose por completo de Theo, se dirige hacia la puerta y desaparece por ella.
Theo se queda mirando por donde se ha ido, pensativo. Baja las orejas y, entre un gruñido, intenta volver a dormir. Por supuesto que no lo consigue, no puede dejar de pensar en la manera en la que Dogday le ha mirado antes de irse, en sus cuencas cansadas... Incluso la caja de voz parecía haberse roto con ese último «ólvidalo».
Olvídalo.
