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It's all a lie, my dear

Chapter 4: El juicio de la Diosa

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

 

 

 

 

 

 

 

 

Aegon sabia que su estupidez se comparaba a la de su padre, de otra manera no sabia por que no se le había ocurrido el entrar al palacio por medio de los pasadizos para llegar con discreción y no por la puerta por la que todos los nobles entraban. 

- Aegon, soy una diosa, no iba a permitir que me metieras por los pasadizos de la Fortaleza como una mera mortal.- Dijo la ¿madre? ¿doncella? al momento.

Este se descoloco por un momento hasta que pensó que los dioses probablemente sabían lo que pensaba cada humano. Tal vez era uno de sus tantos poderes.

Pero, ¿Que hacia una diosa en el mundo de los mortales? ¿Si vinieran no querrian destacar lo menos posible? Este lugar estaba lleno de fanáticos religiosos como su madre que harian lo posible para que la fe de los siete siguiera siendo la religion hegemonica en Westeros, ellos no querían ni necesitaban otros dioses.

El sonido del Caballero anunciando su entrada lo despertó de sus pensamientos, no estaban ni cerca ni en su habitación, ni en las habitaciones de sus hermanos, estaban en la sala del Trono, donde iba a ser el reclamo de Vaemond Velaryon. Al entrar todas las miradas recayeron en el ellos, el Gran Salón de la Fortaleza Roja nunca se había sentido tan asfixiante, el rey Viserys, apenas era un espectro de carne y hueso sostenido por su corona, con media cara hundida y escondida bajo una mascara de oro fundido, presidía desde el trono mientras Vaemond Velaryon reclamaba Driftmark a gritos, señalando con dedos acusadores a los hijos de Rhaenyra. Su madre y su abuelo se miraban pensando en que de no haber llegado el rey, posiblemente habrían ganado Driftmark para su causa. 

"Te dare un propósito, Aegon" El entró primero. Pero no era el príncipe desaliñado que todos conocían. Caminaba con una extraña rigidez, su capa de seda verde arrastrándose y ensuaciandose volviéndose negra de la puntas. Detrás de él, el aire empezó a vibrar. 

Una mujer caminaba a su lado. No, no caminaba; parecía que flotara. Llevaba una túnica que no parecía tela, sino luz líquida tejida en hilos de obsidiana con muchos encajes. Su cabello azabache flotaba levemente como si estuviera bajo el agua de un océano cósmico, y su piel... su piel emitía un resplandor dorado tan puro que hacía que el oro de las coronas de los Targaryen pareciera latón barato. Portaba una corona que en conjunto con su velo brillaban por las joyas que contenían. Sus labios se mostraban de un color rojizo y las mejillas rosadas; todo en ella parecía celestial.

Caminaba segura de donde pisaba con los ojos cerrados. 

-¡Aegon! -La voz de Alicent cortó el silencio como un látigo.- ¿Qué es esta insolencia? ¿Cómo te atreves a interrumpir el juicio del Rey con una... con una mujer de la calle?-

Otto Hightower dio un paso al frente, su rostro rojo de furia contenida.
-Guardias, manden al príncipe Aegon a sus habitaciones y su acompañante a las celdas. Sir Criston, adelante.-

Criston Cole avanzó, pero antes de que pudiera poner una mano sobre el hombro de Aegon, Marduk alzó la mirada.

Fue un movimiento sutil, pero el salón entero pareció sumergirse en un vacío de sonido. Sus ojos, esos océanos de sabiduría y tormenta, se fijaron en Otto. El aire se volvió pesado, cargado de ozono, como el momento exacto antes de que un rayo golpee la tierra. Y de hecho asi había sido, el momento en el que levanto la vista un rayo se había escuchado.

-Silencio, estupido mortal -dijo Marduk. Su voz no fue un grito, pero resonó en los huesos de cada noble presente, desde el caballero más joven hasta el Rey moribundo.- He caminado entre estrellas antes de que tu estirpe aprendiera a encender fuego en las cuevas. No me dirijas la palabra, no eres nadie.- Dijo haciendo una mueca en su hermosa cara.

Viserys, desde el trono, soltó un jadeo ahogado. Su ojo nublados por la enfermedad se abrieron de par en par. Por un segundo, el dolor de su cuerpo desapareció ante la presencia de la Creadora. -¿Una diosa...? -susurró el Rey, intentando levantarse.-¿Syrax? no, no. Tal vez Vaghar o Meleys.- Decia mientras trataba de levantarse.

-Madre, abuelo... lamento la tardanza. Pero me pareció que los asuntos de Driftmark son insignificantes comparados con la visita de quien nos dio el aliento de vida. Ella dice ser Marduk. Y yo, por una vez, he decidido ser un buen anfitrión.- Dijo Aegon a su familia materna extendiendo los brazos y mostrando con ahinco a Marduk.

Alicent estaba lívida.
-¡Esto es una blasfemia! ¡Los Siete son los dioses verdaderos! ¡Esto es un truco de magia de algún burdel de Lys! Aegon, te lo ordeno por última vez...- Decia moviendo sus manos enojada.

Marduk dio un paso al frente. Con un simple gesto de su mano, las sombras del salón cobraron vida propia, arremolinándose alrededor de los pies de la Reina Verde, inmovilizándola. No era magia de sangre, no eran trucos valyrios; era el tejido mismo de la realidad obedeciendo a su dueña. Y Aemond, el perfecto hijo de su madre. Sin poder soportar las humillaciones contra su madre inmovilizada por las sombras despertó su furia. Aemond dio un paso al frente, ignorando la presión gravitatoria que Marduk ejerce en el ambiente. Su único ojo brilla con un odio paralizante hacia la diosa.

-¡Suéltala! -ruge Aemond, desenvainando su acero con un sonido metálico que corta el aire divino.-¡Maldita bruja!-

Aemond lanza una estocada ciega, movido por la ira pura. Pero Marduk ni siquiera se mueve. La hoja de acero valyrio se detiene a escasos centímetros de su garganta, no porque choque con algo sólido, sino porque el metal empieza a ponerse incandescente, al rojo vivo.
Marduk lo mira con una tristeza infinita, reconociendo en él la misma chispa de ambición, dolor y enojo que tenía An.
-Pequeño dragón de un solo ojo... -dice ella, y su voz hace que Aemond caiga sobre una rodilla, no por respeto, sino porque la diosa aplica un peso exorbitante sobre el.- Tu ira es un incendio en una caja de fósforos. Quieres protegerla de mí, pero no eres mas que un simple mortal que puedo destrozar con solo virar mi dedo.-
Aemond suelta su espada, que ahora es un trozo de metal deformado por el calor, y jadea, sintiendo no solo el peso que parece ser de un mundo sobre su espalda sino del dolor que le provocan las quemaduras en sus manos.

-Vuestra fe es pequeña y vuestros tronos son de astillas -sentenció Marduk, mirando hacia el Trono de Hierro.- He venido buscando paz, pero solo encuentro veneno en vuestras lenguas. Aegon me ha ofrecido un techo. ¿Quién de ustedes se atreverá a contradecirme?-

Vaemond Velaryon se quedó mudo, su reclamo olvidado. Rhaenyra miraba a la mujer con una mezcla de terror y fascinación. La corte entera, miles de nobles y sirvientes, cayeron de rodillas al unísono, no por orden del Rey, sino porque sus cuerpos simplemente no podían resistir la presión de estar ante la Fuente de Todo. Se escucharon susurros y oraciones.

Aegon disfrutó cada segundo del terror en los ojos de su abuelo. Por fin, alguien era más poderoso que los Hightower. De hecho, mas que los Targaryen. Lo único que mantendría a raya a las personas con dragones eran los mismos dioses. Y hoy, la Creadora misma había bajado del lugar celestial para venir a juzgarles.

Y la cereza del pastel para los verdes: Helaena. 
Claro que es la unica que no parece asustada. Se acerca un paso, jugueteando con un hilo de seda entre sus dedos, con la mirada perdida en el aura dorada de Marduk. Sus palabras salen como un aire frío que recorre el salón. "El espejo se rompió y la luz se escapó de la caja negra. El tejedor busca su hilo, pero el hilo ha encontrado un nido de dragones. Cuidado con el que no fue creado, porque el vacío tiene hambre y el hambre tiene nombre."

Y, por un instante Marduk tenia en su mirada algo que no solo tenia nostalgia sino compasión, lastima. Ella bien sabia del destino de la princesa Helaena, un final que, si bien no había querido eso, no podia hacer nada contra eso ya que todo desataba en el final de la casa Targaryen. Si no sucedían las diferentes situaciones, todo el destino planeado cambiaria, y ella no quería regresar para saber en que iba a repercutir.

¿Pero, y si...?

¿Si tan solo...? 

Para que esta niña viviera, para que los hijos de Rhaenyra viveran. Para que ella sentara las bases de mas reinas. 
Para que los Targaryen sigan viviendo. 
Para que Daenerys tenga mas apoyo en su lucha contra los otros.

Claro que el show no podia ser nada mas de los verdes. Tambien tenia que unirse Daemon.
-Los cielos tienen un sentido del humor muy retorcido.- Su mano aprieta el pomo de su espada sintiéndose ansioso.- ¿Esta aquí para dar su opinion del reclamo del hermano de Corlys Velaryon.- 
Rhaenyra estaba palida, la llegada de una diosa, junto a su hermano. ¿Su legitimidad estaría puesta en duda?

¿Que era un decreto real al lado del apoyo de una diosa?

Al parecer Otto también lo pensaba por que le dio una odiosa sonrisa a Rhaenyra y su familia.

-Empezare con esto, si.- El silencio en el salón era tan denso que se podía escuchar el siseo de las antorchas. Vaemond Velaryon, con el rostro sudado y la ambición grabada en las arrugas de su frente, dio un paso al frente, tratando de recuperar su postura ante la presencia de la Diosa.

-Su excelencia... si es quien dice ser, sabra que la sangre no miente -balbuceó Vaemond, señalando a los hijos de Rhaenyra.- Reclamo Driftmark para proteger la pureza de mi estirpe. No podemos permitir que bastardos se sienten en el Trono de Pecios.-

Marduk extendió su mano y, de la nada, una balanza de luz blanca y sombras puras se materializó en el centro del salón. En un plato parecia haber un corazon y en el otro una estela de luz dorada que conforme pasaba mas el tiempo se hacia gris casi negra. La balanza osciló violentamente. Vaemond sonrió, creyendo que la "sangre" pesaría más. Pero entonces, la balanza se detuvo con un golpe seco que resonó en el Trono de Hierro.

Marduk inclinó la cabeza. Sus ojos se tornaron de un gris mercurio, como si estuviera leyendo hilos invisibles que conectaban a todos los presentes. Ignoró a Vaemond por un momento sopesando.

-La sangre es pesada y llama a la lealtad con la familia, pero la tuya parece agua —sentenció Marduk, mirando a Vaemond con un desprecio que lo hizo encogerse—. Tú no buscas justicia, pequeño mortal. Buscas el eco de tu propio nombre en una silla de madera. Tu corazón está lleno de sal y envidia, no de honor.-

-La unica persona capaz de decidir que hacer con la casa de su esposo es la princesa Rhaenys, y ya se tu respuesta. El decreto de tu Rey se mantiene, y los compromisos de el principe Jacaerys y el principe Lucerys con las princesas Baela y Rhaena se oficializan.- 

Vaemond, cegado por la humillación y la furia, gritó.
-¡ELLOS SON BASTARDOS! -rugió, señalando a Luke y Jace y volteandose a Rhaenyra comento.-¡Y ELLA ES UNA ZORRA!-

Pero antes de que Daemon pudiera dar un paso para decapitarlo como en la historia original, Marduk simplemente chasqueó los dedos. El sonido fue como el cristal rompiéndose. La cabeza de Vaemond se desprendio de su cuerpo, y algunos pudieron ver antes de vomitar; la boda habia desaparecido.

-He escuchado suficientes gritos de hombres pequeños por hoy -dijo Marduk con una frialdad absoluta.- Rhaenyra, tus hijos tienen el peso de tu protección, que nadie se atreva a mover un dedo contra este juicio o descubriran que tan destructivo puede ser un dios.- 

 

 

 

 

 

https://imgur.com/a/4MNhKI7

(La diosa entrando al Salon)

Notes:

Holaaaa les puse el link para que pudieran ver como se veia la diosa entrando al Gran Salon, algo que si se me olvido poner fue como se saco de onda Aegon al ver que estaba vistiendo diferente.
Espero les guste y nos vemos en Missio Salvatoris y en Borradores.

Notes:

Hola a tod@s.

Esta es una historia que se venia haciendo desde hace mucho, espero que le den mucho apoyo a esta y las demás.

Tk, A.