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Things That Don’t Matter (But Do)

Chapter 2

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Desde que anunciaron al próximo invitado de Mernosketti, ya no eran solo dos publicaciones shipeando a Manuel y Felipe.

Su página de inicio estaba llena y aunque algunos posts le hacían gracia, su sonrisa se desvanecía apenas se acordaba de que en menos de dos horas iba a presenciar una versión de Manuel que detestaba.

La de cuando buscaba desesperadamente agradarle a alguien.

Ya lo había visto antes. Muchas veces. Y sabía demasiado bien lo fácil que era caer en eso. Y lo sabía porque ya había estado ahí.

Porque cuando se conocieron, aún sin haberse visto físicamente, fue inmediato.

Para Lautaro la facilidad con la que conectó con Manuel fue tan rara que fue un antes y después en su vida. Por primera vez experimentó como se sentía encajar bien en algo, con alguien más bien.

Manuel lo notó primero, o al menos fue el primero en usarlo a su favor.

Le habló, le insistió, le ofreció una nueva vida y Lautaro sin garantía de que fuera a funcionar, terminó en Argentina para descubrirlo a su lado. Cruzó todo un continente por él. Por ellos.

No había plan real. Solo esa sensación constante de que se entendían demasiado bien para ser casualidad. Mientras más se conocían, para Lautaro, era más difícil ignorar el hecho que Manuel poco a poco formaba parte de su espacio, de su rutina, hasta de su mismo ser.

Desde entonces había sido así. Siempre sería así.

A veces se olvidaba de que él también había sido víctima de ese mismo encanto.

El lado bueno, se repetía, era que esos días no había tantas publicaciones sobreanalizando cada una de sus interacciones. Había hecho las paces con la idea que nunca iban a terminar, inclusive cuando el rubio dejara el stream, pero esa semana por lo menos Luciana no se había molestado por eso.

La chica entendía que era parte de la comunidad que los seguía, que nunca iba a estar “libre” del ship de su novio con su mejor amigo. Pero no podía pretender que le daba igual. No lo decía directamente, pero para Lautaro era evidente que a ella solo le hacía gracia cuando actuaba de esa forma con Santiago y en contraste ignoraba completamente las interacciones que lo involucraban con Manuel.

—Y no mucho más, pasar el rato —continuaba Luciana del otro lado del teléfono—. Por cierto, ¿ya llegó Fort? ¿Va solo o con la hermana?

—Viene solo —respondió Moski.

—Lástima. Son un show juntos… pero el chico también tiene su gracia.

—Si vos decís.

—Por cierto, el otro día me salió un edit de ellos dos —comentó ella, después del silencio corto que se formó.

—¿De los hermanos?

—No —rió Luciana—. De Felipe y Manuel.

—El marketing del emo dando resultados, che—soltó Lautaro, sin pensarlo mucho.

Luciana sonrió apenas, buscando la mirada de su novio a través de la pantalla, pero los ojos perdidos de Lautaro estaban en el techo.

–Se ven bien, posta, entiendo por qué la gente le sigue el juego.

—Ajá… —respondió Lautaro, sin mucho interés.

—Y bueno si… si no lo conociera de nada—continuó Luciana aumentado su sonrisa—. Hasta me creo que pasa algo.

Lautaro no respondió enseguida. Sintió la tensión en su mandíbula antes de girar los ojos.

—Y si, Manuel es experto en vender cuentos.

Luciana soltó una carcajada y con eso cerraron el tema. Hablaron de cosas triviales hasta que vio el mensaje de Manuel diciéndole que pronto empezaría el stream.

Lautaro se quedó mirando la pantalla del celular un segundo después de despedirse de su novia. La conversación sobre como su amigo sabía vender historias seguía dándole vueltas en la cabeza. Bloqueó el dispositivo y lo dejó sobre la mesa, como si eso bastara para sacarlo de ahí.

En la casa, el ambiente no era muy distinto. Excepto por una persona.

Manuel iba y venía entre su habitación y la sala con esa energía medio acelerada, característica de antes de un stream importante.

Revisaba cosas, acomodaba el escritorio, miraba la hora como si pudiera hacer que avanzara más lento o más rápido a la vez. Se había cambiado de ropa por tercera vez, pero Lautaro prefirió no comentar nada.

—¿Está todo listo? —preguntó sin mirar al más bajo que estaba ya sentado a su lado.

—Sí —respondió Balza por enésima vez desde el setup, fingiendo revisar una falla inexistente que pudiera arruinar en lo más mínimo su gran día.

Lautaro alternó la vista de Manuel a Balza sin decir nada, para finalmente fijar sus ojos en el primero.

Odiaba esa versión de Manuel Merlo. La que acaparaba todo un espacio para él, casi asfixiante, como si fuese imposible escapar de una fuerza que impedía apartar sus ojos de los ojiverdes por más de cinco segundos. Esa versión suya que hablaba más rápido, que llenaba los silencios sin dejar que se asentaran, que parecía ocupar el aire antes de que alguien más pudiera hacerlo. La que sonreía distinto, como si cada gesto de sus ojos y de sus labios estuvieran un poco más calculados sin dejar de parecer natural. Era la misma cara, la misma pose, la misma voz… pero no del todo la misma presencia. Y lo peor era que no había nada evidente que señalar, solo esa sensación incómoda de que Manuel podía volverse alguien completamente distinto sin dejar de ser él mismo.

Lo que más odiaba era que ni siquiera hacía falta. Que Manuel, tal como era, ya tenía más que suficiente para tener a quien quisiera a su antojo.

Ojalá no lo intentara tanto, pensaba. Ojalá fuera más fácil ignorar que, para todos, seguía siendo el mismo de siempre… y que solo él notaba que no.


El stream ya estaba en marcha, el pelinegro saludaba a cámara con esa facilidad suya, leyendo el chat mientras hablaba rápido, acomodando cosas entre frase y frase con la naturalidad de siempre. Lautaro estaba a un costado, medio recostado en la silla, interviniendo lo justo.

—“¿Y qué onda Felipe Fort?” —leyó Manuel en el chat—. Chicos, Felipe está por llegar. Se viene Felipe Fort en stream muchachos.

El chat se llenó de aplausos, emojis y mensajes que empezaban a correr cada vez más rápido.

—“La Moska está re contento hoy”—leyó, soltando una risa por la ironía del comentario—. Mirá vos… no sabía que eras tan fan, Lauti.

Lautaro ni se inmutó.

—Sí, olvidate… Ahora que lo decís igual me vendría bien algo de postre.

Manuel giró apenas hacia él, con una sonrisa que le tironeaba la comisura.

—¿Te pinta algo dulce?

Lautaro levantó la vista.

–Y… capaz.

—¿Capaz? –replicó Manuel levanto la ceja divertido.

—Si me dan ganas.

Manuel soltó una risa corta, negando con la cabeza, y Lautaro sonrió de vuelta antes de desviar la mirada.

Media hora después, Balza salió a recibirlo. Moski empezó a repiquetear la pierna contra el suelo, sin saber muy bien qué hacer con las manos, como si de golpe le estorbaran.

Sabía lo que todo el mundo conocía de Felipe: heredero de una familia millonaria, criado entre cámaras, atención mediática y ahora rodeado de marcas y desfiles. Alguien con una vida que, objetivamente, era interesante. Si no se lo pensaba tanto… capaz hasta le caía bien.

Cuando escucharon pasos aproximarse, Moski fijo su vista en Manuel que levantó su mirada apenas un segundo.

—Ese es —murmuró.

Se levantó de inmediato. Sus movimientos estaban cargados de una energía contenida como un depredador que sabe exactamente sus próximos diez movimientos para atraer a su presa.

El modelo entró con una sonrisa fácil, moviéndose por el espacio como si se tratara de una pasarela que dominaba.

—Buenas, buenas.

—Qué hacés, loco —respondió Manuel, acercándose a Felipe, para chocar sus manos. Compartieron una sonrisa cómplice como si se reunieran religiosamente todas las semanas.

La familiaridad con la que se saludaron hizo que Moski, de forma inconsciente, apretara la mano que descansaba en su rodilla. A él nunca le salía así con alguien nuevo, Manuel siempre lo hacía ver tan fácil.

Para Moski siempre había algo que ajustar, algo que le quedaba incómodo. La única vez que no había sido así… había sido con el chico que ahora no lo miraba.

Y sospechaba que así sería por el resto de la noche.

—Bueno, acá esta Felipe —anunció Manuel volviendo a cámara—. Ya lo conocen algunos.

El chat explotó. Felipe saludó otra vez, más relajado ahora, mirando la pantalla.

—Gracias por invitarme.

—No, por favor —respondió Manuel enseguida—. Teníamos que hacerlo igual. ¿Cómo andas Felipe?

—Bien, bien —dijo, acomodándose en la silla—. Emocionado de estar acá. Un poco nervioso, ¿se nota, no?

—Para nada, te ves re tranquilo —respondió Manuel. Felipe soltó una media sonrisa.

—Estoy medio improvisando.

—Y te sale bien —dijo Manuel, casi sin pensarlo.

Lautaro desvió la mirada un segundo.

Felipe dejó una bolsa sobre la mesa, como al pasar.

—Igual vine con soborno —agregó.

Manuel abrió los ojos, sorprendido.

—No, pará… así sí.

—Para compensar —dijo Felipe, encogiéndose de hombros.

Manuel agarró uno de los chocolates, riéndose.

—Esto ya suma puntos, eh.

—Viste —respondió Felipe.

Lautaro miró la bolsa de reojo, sin decir nada.

Tomó un chocolate y lo giró entre los dedos, jugando con la envoltura.

Al levantar la vista, notó a Manuel mirándolo apenas un segundo, justo cuando amagaba con abrirlo.

Lautaro lo cerró de nuevo y lo guardó para más tarde, metiéndolo en el bolsillo del abrigo que tenía a un lado.

El tema siguió un rato entre comentarios del chat, alguna risa suelta y cosas que iban apareciendo en pantalla, hasta que Manuel volvió a acomodarse en su silla.

—Che —retomó Manuel, apoyándose en la mesa—. Yo te quería preguntar algo.

Felipe lo miró.

—A ver. Decime.

—Lo del modelaje —dijo Manuel—. ¿Vos arrancaste muy joven o no? ¿Te costó?

—Más o menos —respondió Felipe—. Ya venía del ambiente, pero sí, medio lo hacía porque me pintaba cuando era más chico… lo de laburar en serio vino después.

—Claro… —asintió Manuel—. ¿Y ya debes estar acostumbrado, no? No debe ser difícil para un tipo como vos.

Felipe soltó una risa corta.

—Al principio es raro —dijo—. Pero después le agarrás la onda. Entre todo el estrés del momento termina siendo hasta divertido.

Manuel asintió, mirando el chat por un segundo. Lautaro sabía que Manuel quería hablar del desfile donde habían coincidido, pero no lo iba a preguntar él. Así que esta vez fue el rubio quien lo soltó.

—¿Y el desfile donde se conocieron? —preguntó Moski señalando con la cabeza a Manuel—. Ese estuvo bueno, ¿no?

Felipe asintió.

—Sí, bastante.

—¿Y viste muy nervioso a Manu? —siguió Moski.

Felipe giró apenas la mirada hacia Manuel.

—No parecía —respondió—. Estaba bastante cómodo. Onda encajó perfecto con el concepto. Menos mal que aceptaste la invitación.

Manuel soltó una risa corta.

—¿Sí?

—Sí —sonrió Felipe—. Tenés presencia.

Manuel bajó la mirada un segundo, divertido.

—Mirá vos…

—En serio —agregó Felipe—. Tenés futuro si te interesa.

Manuel levantó la vista otra vez.

—¿Decís?

—Sí, posta —dijo Felipe colocando una mano en su hombro—, …te acordás lo que te dije ese día. Que tenías que animarte más, que ese tipo de cosas te quedaban bien… es un mundo donde si te veo.

Manuel se quedó quieto un segundo. —Ah… sí —murmuró al final, con una media sonrisa—. Puede ser.

Felipe asintió, tranquilo.

—Y te salió bien.

Manuel no dijo nada, solo asintió otra vez, como guardándose el comentario.

Lautaro se balanceo despacio en la silla asintiendo también.

Sabía que si Manuel se ponía en serio con eso, le iba a ir muy bien, como todo lo que se proponía. Cualquiera con esa misma cara y la confianza que desborda no lo dudaría dos veces.

Felipe siguió hablando, contando de campañas, viajes, marcas, con esa naturalidad que hacía que todo sonara simple. Manuel lo escuchaba muy atento, casi como si tomara notas mentales. Cada tanto preguntaba algo más, como si no quisiera soltar el tema.

El chat seguía explotando, mezclando comentarios del desfile, clips y reacciones a todo lo que decían. El stream pasó rápido entre risas y anécdotas.

—Bueno, gente —dijo Manuel al final—. Vamos a ir cortando por hoy.

—Gracias por la invitación —agregó Felipe.

—Cuando quieras volvés —respondió Manuel—. Quedaron cosas para hacer.

El chat se llenó de despedidas.

Los tres se despidieron una vez más y Manuel cortó el stream. Tanto Felipe como Lautaro se estiraron en sus asientos.

—Estuvo bueno —Felipe rompió el silencio, acomodándose recto de vuelta en la silla.

—Sí, mal —dijo Manuel—. Gracias posta, no dejaban de pedirnos que vinieras.

—No hay de qué —respondió Felipe, revisando su celular—. Igual, si quieren voy a estar en un evento cerca… capaz ya tienen planes, pero si les pinta pueden venir.

Manuel asintió enseguida.

—¿Si? Claro, dale vamos—respondió Manuel con una gran sonrisa. Se levantó de la silla mientras se estiraba un poco.

—Voy por un abrigo y salimos —agregó, medio en automático, giro su cuerpo dispuesto a avanzar hacia su habitación.

Felipe lo siguió con la mirada y después giró hacia Lautaro.

—¿Y vos, Moski? —preguntó Felipe.

Lautaro no respondió de inmediato.

No tenía un plan firme con Luciana; solía ir a su casa después del stream casi siempre, especialmente los viernes, pero no era algo pactado. Podía ir más tarde, podía no hacerlo. No cambiaba mucho. Y además, Felipe le había caído bien. Decirle que no ahora le parecía más una falta de educación que una decisión pensada.

—Sí —dijo al final.

Felipe asintió, tranquilo.

—Dale.

Manuel, que había avanzado unos pasos, se frenó y giró apenas la cabeza.

—¿No vas para Pilar vos?

Lautaro lo miró un segundo.

—Capaz después —respondió—. Voy primero y veo.

Manuel frunció apenas el ceño, pero siguió hacia el cuarto sin darle más vueltas.

Un rato después salió ya con el buzo puesto, las llaves del auto en la mano.

—Listo —dijo.

Felipe y Lautaro ya estaban cerca de la puerta, en silencio, esperando para bajar. Manuel pasó la mirada entre los dos, como acomodando mentalmente sus ideas.

—Bueno —murmuró al fin—. Vamos entonces.

Salieron. Afuera, el aire estaba más frío de lo que parecía desde dentro.

Lautaro metió las manos en los bolsillos y sintió la envoltura del chocolate que había olvidado ahí.

Felipe se subió primero a su auto y le hizo un gesto a Manuel para que lo siguiera.

Manuel y Lautaro caminaron hasta el otro vehículo. Antes de subir, Manuel se detuvo un segundo.

Miró a Lautaro, como esperando escuchar algo que confirmara que al final no iba a ir con ellos.

Pero no llegó nada.

Manuel soltó el aire por la nariz, abrió la puerta y arrancó el auto.

Notes:

Holi, espero hayan disfrutado de este capitulo. Capaz queda uno o dos más no se que tanto quiero alargar la historia.

Notes:

Holii. Es mi primer fic asi que espero no esté tan mal.

Básicamente cai en la propaganda de Moski celoso por Felipe Fort.