Chapter Text
Las llanuras de Lifaus se extendían bajo un cielo despejado, los prados se mecían al ritmo del viento. Un carruaje avanzaba con calma por el camino principal, dirigiéndose hacia las tierras de los Miload.
En su interior, Subaru sostenía un espejo de comunicación.
La imagen del capitán Marcos se reflejaba con claridad.
—La aparición de actividad del culto ha cambiado los parámetros de la misión —explicó con tono serio—. El emperador Vincent ha solicitado que se te envíe con apoyo adicional. La emperatriz de facto, Medium, sugirió específicamente a la señorita Rem, identificada como sirvienta del Marqués Mathers.
Hizo una breve pausa, suspirando.
—Honestamente, habría preferido asignarte a alguien de la orden como el caballero Julius… pero la situación política con Vollachia es delicada. Y, por alguna razón, tienes una relación… peculiar con el emperador.
Subaru hizo una mueca.
—Eso es darme demasiado mérito, capitán. Solo nos toleramos mutuamente porque nuestros objetivos coinciden.
—Eso ya es más de lo que muchos diplomáticos pueden decir, caballero Natsuki.
La llamada terminó poco después.
Más tarde, en la mansión Miload, el ambiente era completamente distinto.
El almuerzo transcurría en relativa calma.
Meili dormía en su asiento, abrazada a una cría de Wolgarm, ajena a todo.
Frente a ella, Subaru y Emilia compartían la mesa.
—¿Sucede algo, Subaru? —preguntó ella con suavidad.
Él dudó un momento.
—Emilia-tan… yo…
—¿Es por tu misión en Vollachia? —interrumpió con preocupación—. Si quieres, puedo hablar con Vincent para que envíen a alguien más. No tienes que cargar con todo tú solo.
Subaru negó lentamente.
—Es sobre Rem.
Emilia parpadeó.
—Oh…
Una pequeña risa nerviosa escapó de sus labios.
—Supongo que… tarde o temprano tendríamos que hablar de esto. Nuestra situación es… algo extraña ¿Verdad?.
Subaru bajó la mirada.
—Lo siento… Se que soy una basura ponerte a ti y a Rem en algo así. Pero quiero hacer las cosas bien y…
Antes de que pudiera continuar—
La puerta se abrió de golpe.
—¡Natsuki-san!
Otto entró apresurado, con varios documentos en mano.
—¡Respuestas desde la capital! Tu transporte a Vollachia llegará mañana por la tarde.
El momento se rompió.
Subaru y Emilia intercambiaron una mirada incómoda.
—Eh… sí, entendido —respondió Subaru—. Mañana estaré camino a ver a ese idiota de Vincent.
Otto suspiró.
—Natsuki-san... Por favor, evita referirte así al emperador de Vollachia. Se que tienen una amistad muy particular pero es una bomba de tiempo diplomática.
—Tranquilo Otto —replicó Subaru—, el menor problema de esta misión es un emperador enojado.
Otto negó con la cabeza.
—Eres incorregible… Debo ajustar el papeleo para tu salida por la frontera. Disculpe mi interrupción, Emilia-sama.
—Hasta luego, Otto —respondieron ambos.
—¡Te quiero mañana temprano en mi despacho! —añadió antes de salir.
La puerta se cerró.
El silencio regresó.
Emilia se levantó y comenzó a recoger los platos, dándole la espalda.
—Subaru… —dijo en voz baja—. Desearía que no tuvieras que estar siempre en el centro del caos. Confío en ti, pero cada vez que te involucras… terminas enfrentando peligros como arzobispos, brujas o dragones. Un solo error y podrías….
Subaru la observó.
—Lo sé Emilia-tan.
Se levantó.
—Pero fue mi decisión cuando decidí ser caballero... junto a quien le jure mi lealtad.
Se arrodilló frente a ella.
Emilia se giró, sorprendida.
Subaru sacó una pequeña caja.
—Emilia, Solo Emilia… no puedo prometerte que serás la única. Y me siento cada día de mi vida una escoria por ponerte a ti y a Rem en esta extraña relación que tenemos.
Respiró hondo.
—Pero sí puedo prometerte mi amor eterno y asegurarte que en mi corazón siempre tendrás el primer lugar.
Abrió la caja.
Un anillo de oro, coronado con una gema blanca como el hielo.
—Debido a la selección real, no podemos formalizarlo aún… pero—
La miró a los ojos.
—¿Aceptarías ser mi prometida? Aún debo hablar con Rem al respecto pero quería que fueras la primera…
Los ojos de Emilia se iluminaron.
—¡Sí! ¡Claro que sí!
Se abrazaron.
Un gesto sincero, cálido… cargado de todo lo que habían vivido juntos.
—De verdad eres incorregible, hacer que una candidata al trono y una de las sirvientas a su cargo estén contigo —murmuró ella con una sonrisa—. Pero aun así… te amo, Subaru.
A la mañana siguiente…
La luz del sol iluminaba suavemente la mansión Miload.
Subaru despertó en su habitación, estirándose con pereza. Se levanta de la cama y revela su torso desnudo y solo unos pantalones cortos que cubren lo necesario.
—¿Subaru? ¿Ya estás despierto?
—Sí, Emilia-tan —respondió mientras se levantaba—. ¿Lista para hoy?
La puerta del baño se abrió apenas.
Emilia asomó la cabeza, su hombro desnudo se extiende peligrosamente fuera del marco.
—Sin pendientes para hoy. ¿Y tú?
—Nada hasta que llegue la escolta para Vollachia.
Subaru pensó un momento.
—¿Qué te parece si visitamos Arlam antes de que me vaya?
Ella sonrió.
—Me gusta como suena eso.
Hizo una pausa.
—¿Qué debería ponerme?
Subaru alzó una ceja.
—Lo de siempre… ¿Qué estás usando ahora?
—¿Ahora mismo?
Su voz sonó ligeramente juguetona.
—Mi anillo de compromiso.
Subaru se quedó en silencio un segundo.
Luego sonrió de forma pícara. El caballero ni tonto ni perezoso salta la cama e ingresa al baño.
La puerta se cerró suavemente.
Las voces de ambos continuaron, entre risas y jugueteos, mientras el día comenzaba.
—¿No tienes que verte con Otto para coordinar el papeleo antes de tu transporte?
—Otto puede manejarlo bien por su cuenta.
Afuera, el mundo seguía en movimiento.
Pero por ese breve momento—
Solo eran ellos dos, entre el vapor del baño que oculta sus cuerpos desnudos compartieron un beso de puro amor.
