Chapter Text
Gangle no era ingenua.
Ni era tonta.
Si dijera “nunca me di cuenta…” o “nunca noté nada extraño” estaría mintiendo.
Gangle lo sabía. En el fondo, siempre lo supo.
No hubo un momento en que sus ojos se abrieran a más no poder y dijera “Oh”, ni una escena bajo las estrellas en la que notó que Jax la miraba como si fuera el sol.
No.
Se percató poco a poco.
Lo notó en la forma en que sus manos se rozaban. En la mirada de decepción que Jax le dedicaba por un segundo cuando ella apartaba la mano.
Lo notó la primera vez que Jax la llamó “cariño” en privado. En sus mejillas sonrojadas y en la forma en que apartó la mirada con expresión de pánico y felicidad.
Lo notó cuando lo descubrió mirándola y él no apartó la mirada, sino que le dedicó una sonrisa radiante, no traviesa.
Lo notó cuando él lloró en sus brazos, mostrándose más vulnerable que nunca.
Lo notó cuando mutuamente se buscaron para llorar la abstracción de Kaufmo.
Lo notó cuando él lloró al darse cuenta de la verdad.
Gangle lo notó.
Gangle siempre lo supo.
Pero se negó a creerlo.
Quizás no sabía qué pasaba por la mente de Jax, de su estrafalaria idea de que eran pareja, pero sí era consciente de sus sentimientos.
Simplemente, decidió ignorarlo porque era más fácil creer que Jax era extraño que pensar que podía gustarle.
Jax era molesto, infantil e inmaduro. Siempre la molestaba y se empeñaba en arrastrarla a su caos. Si él hubiera sido honesto desde el principio, seguramente ella lo hubiera visto con lástima y dicho que estaba agradecida, pero que no podía corresponder sus sentimientos. Que seguramente era un capricho infantil, un pequeño “crush” nacido de la cercanía, nada más… que pronto pasaría.
Sí, eso hubiera dicho y habría menospreciado los sentimientos de Jax.
Era más fácil minimizar los sentimientos de Jax que intentar entender su lógica. Si le gustaba, ¿por qué rompía su máscara? Si la quería, ¿por qué le hacía bromas y comentarios tan crueles? Si la amaba, ¿por qué no la trataba con gentileza y devoción?
Pero ahora no podía seguir negándolo, no cuando lo vio destruido en el suelo, suplicando la más pequeña señal de amor correspondido.
Él buscaba una respuesta y ella no pudo dársela. No porque no lo amara, sino porque ni siquiera se había detenido un momento de su vida a considerar que la relación de ellos pudiera relacionarse con ese concepto tan abstracto.
Y, aunque no sabía muy bien qué pensar, estaba segura de algo: debía hablar con él.
Debía entender qué pasaba por su cabeza.
Debía entender cómo llegó a esa idea.
Debía entenderlo para entenderse a sí misma.
Gangle lo buscó durante varias horas. No estaba segura de dónde lo encontraría, solo que había salido de la carpa principal.
Buscó en el lago, en el bosque, en el tobogán de agua y en las dos casitas que en realidad nunca habían usado. No lo encontró por ninguna parte. Pensó en escalar la montaña, pero antes de hacerlo observó al sol. Generalmente, el astro guardaba silencio por órdenes de Caine, pero no perdía nada con intentarlo.
—Señor Sol, —llamó Gangle, sintiéndose como una niña pequeña— ¿ha visto a Jax? —Sí, definitivamente se sentía como una niña en un cuento infantil.
El astro la miró con curiosidad. —¡Oh, finalmente alguien se digna a hablarme! ¡Hola, Gangle! ¡Sí, lo he visto!
—¡Oh, qué bien! ¿Puede decirme dónde está?
—¿Por qué habría de decírtelo? ¡Nunca me hablas! ¡Todos me ignoran! ¡Sé que prefieren a esa tonta de la Luna! ¡Debería incinerar a todos con mis rayos y matarlos!
—¡No! —gritó Gangle, extendiendo sus manos. — ¡También te apreciamos a ti! ¡Es solo que Caine suele llevarnos a aventuras en otros escenarios y nos regresa casi a la hora de la cena! ¡Por eso no te hablamos mucho! ¿Me ayudas, por favor? ¡Prometo organizar un picnic bajo el sol para que no te sientas solo!
—Hmm… —el sol mantuvo su sonrisa infantil—. ¡Muy bien! ¡Pero no olviden el bloqueador solar! —una de sus astas de luz se extendió, señalando cerca del circo—Se fue por ahí.
Gangle sonrió ampliamente. —¡Gracias, Señor Sol!
—¡Hasta luego Gangle, rómpete una pierna!
La mujer quiso creer que esa frase era una extraña referencia a su máscara.
Una vez que Gangle llegó al lugar, comprendió por qué no había encontrado a Jax la primera vez que investigó. Si no fuera porque el área era más reducida, simplemente hubiera vuelto a ignorar el agujero en el suelo y habría pensado que era un minijuego de Caine esperando ser activado. Ahora que lo examinaba con más cuidado, se percató de que no era un simple agujero, sino una madriguera. Nunca había visto uno en el mundo real, pero se parecía a las que había visto en caricaturas y fotografías de internet.
—¿Jax…? —llamó con voz temblorosa. La anticipación de hablar con él le revolvió el estómago. —¿Estás ahí? —No recibió respuesta. Miró al sol para corroborar si estaba en el lugar correcto; el astro asintió con cara de presumido. —Jax, sé que estás ahí, no me ignores.
Al continuar sin una respuesta, se agachó frente a la entrada. El interior estaba oscuro, por lo que no era factible mirar ni entrar. Tras pensar en los pros y contras, optó por seguir la lógica de las caricaturas e intentar sacar al conejo por la fuerza. Introdujo uno de sus brazos al interior, estirando la cinta lo más que podía. Palmeó el suelo y las paredes hasta que encontró algo suave, peludo y cálido. Asumió que era una de sus orejas y la tiró hacia fuera.
—¡Ey, suelta, suelta! ¡¿No sabes lo que es el espacio personal?!
Gangle soltó su mano y retiró su brazo. Se quedó en el suelo esperando hasta que Jax se asomó, sacando la mitad de su cuerpo y sobándose la retaguardia con molestia.
—¡¿Nadie te dijo que la cola de los conejos es delicada?! ¡Casi me la arrancas!
Gangle se sonrojó al percatarse de qué había tocado. —Lo… lo siento… pensé que eran tus orejas.
Jax entrecerró los ojos. —¿Entonces ibas a tirar mis orejas? ¿Acaso eres un mago o algo así?
—Solo… —empezó a hablar, pero su voz poco a poco empezó a flaquear —solo quería hablar contigo…
Al verla en ese estado, el conejo suspiró y puso los ojos en blanco. —Lo que sea… ¿cómo supiste dónde encontrarme?
—El Señor Sol me lo dijo.
Por muy infantil que sonara la respuesta, Jax sabía que era un hecho completamente plausible dentro de ese mundo digital. Miró con furia al astro, quien silbaba como si fuera inocente de cualquier cargo.
—Soplón. —Murmuró con recelo antes de volver su atención a Gangle. El solo tenerla cerca hacía que le ardiera el corazón y que el nudo en su garganta reapareciera. —Entonces… ¿qué quieres? ¿Vienes a reírte de mí?
—¡¿Qu-qué?! ¡No, no vine a eso! Yo solo…
—¿Tú solo…?
Gangle miró sus manos, que descansaban en su regazo, para no enfrentar a Jax. —Realmente… no sé qué decirte.
El conejo soltó un bufido y posó su mejilla en una mano mientras el codo lo apoyaba en el suelo.
—Entonces ¿viniste a buscarme e involucraste a un NPC sin saber qué querías decirme?
Aquellas palabras la hicieron sentir vergüenza. —No es que no sepa qué quiero decir, es que no sé por dónde empezar.
—Te ayudaré en eso: no tenemos nada de qué hablar. —Salió de su madriguera y sacudió su ropa.
—Pero, Jax… tú creías…
Empuñó las manos, el picor en sus ojos volvía. No quería volver a llorar. No quería ver a Gangle y no quería tener esa conversación.
—¡No importa lo que yo creía! ¡No era real! ¡Ja! —Forzó una sonrisa. —Debí suponerlo, ¡nada en este circo es real! ¡Ni tú, ni yo, ni nosotros, ni este lugar ni ese estúpido sol! ¡Ya deja de vernos, %$@!#!
El sol exclamó ofendido. —¡Grosero! ¡Ugh, odio las peleas de amantes! ¡La próxima vez no me involucren! —Se alejó del lugar, provocando que el cielo adquiriera los tonos del atardecer. Gangle dudaba que hubiera ocurrido antes.
—¡No es una pelea de amantes, pedazo de %$@!#! —Gritó con fuerza, antes de que sus orejas cayeran lentamente. Sus hombros empezaron a temblar, la realidad volvía a su mente y era tan dolorosa como en el instante en que descubrió la verdad. Cuando volvió a hablar, su tono de voz era bajo y sonaba como si hablara más para sí mismo que para otros. —…no lo es…
Gangle lo observó atentamente, notando que el temblor era por el esfuerzo que hacía para no sollozar. La culpa volvió a invadirla; no quería que se sintiera así. No le gustaba ser la responsable de ese sentimiento.
—Jax…
—¡No digas nada! —Ordenó antes de agacharse y abrazar sus piernas, volviéndose un ovillo. —Solo… no digas nada.
La mujer obedeció y ambos se mantuvieron en silencio hasta que la luna apareció. Afortunadamente, el nuevo astro no dijo nada. En el lugar solo se oía el artificial sonido de los grillos, un búho a la distancia y el sollozo ahogado de Jax.
Permanecieron así durante bastante tiempo, hasta que las lágrimas del conejo casi se secaron. En cierto momento, Jax alzó su mirada y encontró a Gangle examinando el agujero en la tierra.
—¿Qué es tan interesante?
Gangle no se alarmó por su voz. —Me preguntaba por qué hiciste una madriguera; está bonita.
Soltó una risa amarga —Ribbit me dijo que si hacía cosas que encajaran con mi avatar me sentiría más tranquilo… Pero ahora que lo pienso, nunca la vi croar o nadar en el lago, así que seguramente me tomó el pelo. —Desvió la vista y su voz adquirió un tono de rencor— no sería la primera vez…
Gangle se acercó a él y se sentó a su lado. Abrazó sus propias piernas. —Entonces… ¿ella fue quien…?
—Ella y Kaufmo, —asintió, ¿de qué servía actuar todo altivo? Había perdido todo atisbo de dignidad en la aventura —Me hablaron de esta tontería de… relaciones tácitas y conexiones en las que no necesitas hablar. —Volvió a sonreír con amargura. — Me vieron la cara de tonto, esas cosas no deben existir.
—¡Oh, conozco ese tipo de romances! —Jax arqueó una ceja; Gangle miró el horizonte, sin fijarse en nada en particular. —No hay muchos animes con esa trama, pero sí mangas de romance. Son muy bonitos y es emocionante ver que poco a poco sus sentimientos crecen hasta que los personajes se declaran.
—Entonces… ¿sabes de ese tipo de romance y no te diste cuenta que éramos pareja?
Gangle lo observó con una mueca. —Uh… Jax, realmente no entiendo… —tragó saliva —no sé qué parte de nuestra relación la consideraste romántica… ¿qué fue lo que te dijeron?
Jax se sonrojó al recordar esa conversación. Había pasado mucho tiempo, pero en su memoria estaba grabado cada detalle. Había considerado narrar ese momento en su discurso de bodas. Claro, después de convencer a Cain de organizar una.
—Bueno, te lo diré, pero quiero que sepas que ambos eran unos genios manipuladores.
—De acuerdo.
—De verdad, eran los mejores, solo superados por mí.
—Ajá.
—Y solo me dejé convencer porque… —su voz se apagó lentamente. Miró fijamente a la mujer a su lado y esta comprendió qué iba a decir. Las mejillas de ambos se sonrojaron y desviaron la mirada. —En fin, primero me dijeron que a las chicas les gustaban los chicos malos, ¿si quiera eso es real?
—Bueno… —Gangle mordió su labio, avergonzada— sí, un poco… pero es más una fantasía, nos parecen…
—¿Ajá? —Alzó una ceja, interesado en qué es lo que diría.
Gangle se tapó las mejillas con ambas manos, intentando ocultar su rubor tras las cintas rojas.
—Son… uhm…. ¿atractivos?
Jax movió sus cejas sugerentemente. —¿Soy atractivo? — Gangle balbuceó una respuesta incoherente, arrancándole una pequeña risa al conejo.— Tranquila, Cintas, entiendo…
Sonrió ligeramente, sintiendo que su cuerpo se relajaba un poco a pesar de que la opresión en su pecho continuaba.
—Entonces… también me dijeron que les gustaba cuando los chicos eran un poco malos con ellas, que eso mantenía la relación interesante. —Al ver la ceja arqueada de Gangle, adivinó sus pensamientos. —Sí, sabía que esa parte era sospechosa. —Cambió su postura, estirando sus piernas y apoyando sus palmas en el suelo para mantener el equilibrio. —Después me hablaron de estas cinco cosas que hacen las parejas tácitas. —Levantó una de sus manos, alzando uno de sus dedos. — Uno: pasar tiempo juntos. —Gangle asintió con la cabeza, ese requisito lo cumplían, aunque era porque Jax forzaba esa conexión. —Dos: siempre querer hablar. —Gangle frunció el ceño. —Oh, ya pusiste esa cara… —Se dejó caer hacia atrás, acostándose en el pasto. —¡Ya, dilo! ¡Termina de matarme!
Gangle giró su cuerpo para encararlo, colocando ambas manos sobre su propio regazo. —No quiero que te sientas mal, pero… nunca hemos tenido… charlas significativas.
Jax alzó una ceja. —Pero siempre hablamos, ¡especialmente antes de que apareciera Zooble! ¡Y no digas que yo te hablaba primero, tú también empezabas conversaciones!
—No digo que no lo hiciéramos, pero, Jax, nunca hablamos… así. —señaló entre ellos. — Generalmente solo conversábamos sobre lo que ocurría en el circo, o tú me molestabas y yo lloraba…
—¿Eso no es suficiente? —Preguntó con desinterés, sin entender el verdadero problema.
Gangle frunció el ceño y colocó ambas manos en sus caderas —Para mí no. ¡Nunca sé cuándo estas bromeando y cuando no!
La miró con genuina confusión. —¿Qué? No es tan difícil.
—¡Lo es! —Gritó antes de volver a encogerse sobre sí misma, —por eso no me siento cómoda a tu lado… —el corazón de Jax dolió al escuchar esa confesión y se enderezó rápidamente, percatándose de que el tema era más serio de lo que creía originalmente. Gangle se tapó el rostro. —Nunca sé si lo que dices busca herirme o quieres que ría, si quieres incluirme en lo que haces o utilizarme como una herramienta… es… es confuso y horrible. No me gusta.
Jax gateó cerca de ella, deteniéndose cuando sus piernas casi chocaban entre sí.
—¡Espera! ¡Esa nunca fue mi intención! ¡Nunca he querido herirte! —Hizo ademán de querer sostener su mano, pero se quedó paralizado y la retiró. Temía ser rechazado. —Me gusta el dolor ajeno, no lo niego… y es gracioso ver tus reacciones… ¡pero la idea es reírnos después de un rato, no torturarte o algo estúpido como cree Zooble!
Gangle permaneció en la misma posición. — ¿Qué hay de la máscara?
Él ladeó la cabeza mientras entrecerraba los ojos— ¿Qué ocurre con ella?
—¿Por qué siempre la rompes? Te he dicho que no me gusta…
—Eh… ¿ya te lo he dicho? Me gusta verte llorar.
Gangle quitó las manos de su rostro y vio a Jax como si fuera idiota.
—Entonces… ¿te gusta hacer llorar a tus novias?
Jax abrió los ojos con sorpresa. — ¡¿Qué?! ¡No! —La señaló con el dedo como si su mano fuera una pistola —Solo a ti. —Al no recibir respuesta, comprendió cómo se podían interpretar sus palabras. —¡Espera, no, no me refería a…! ¡No es como suena! —Se apartó un poco y colocó una mano sobre su propio rostro mientras fijaba una distancia determinada con la otra. —¡Dame un momento! ¡Solo dame un momento! ¡Necesito ver cómo…! ¡Soy malo con esto! ¡¿Okey?!
Suspiró profundamente para calmarse. No le gustaba esta conversación, pero, si era honesto, la necesitaba. Quería saber qué hizo mal. Tal vez Kaufmo y Ribbit le jugaron una broma de pésimo gusto, pero él pudo usarlo a su favor. Pudo haber enamorado a Gangle poco a poco hasta que ambos llegaran a ser una verdadera pareja; pudieron descubrir el malentendido antes, reírse y agradecer a Kaufmo y Ribbit por haberlos unido de una forma tan poco ortodoxa. Pero habían pasado años y Gangle no se percató de lo que él pensaba y él nunca sospechó que algo estaba mal. No cabía duda: había sido un pésimo “novio”.
—Tus expresiones… —comenzó a decir. Sentía como si en su garganta hubiera una piedra que frenaba sus palabras, por lo que soltar cada palabra era un suplicio. — Me gusta ver tus expresiones… son… graciosas y… ¿lindas? Supongo. —Gangle se sorprendió ante esa revelación. Siempre supuso que a Jax le gustaba ver sus reacciones, pero nunca consideró que encontrara encanto en ellas. —Cuando sonríes de forma tímida es… y a veces haces esa cosa con tu boca que la hace parecer como si fueras un gato. ¡Y cuando estás solo con tu máscara de tragedia eres tan emocional! ¡Dejas de disimular y es agradable! La máscara de comedia no está tan mal, pero no eres tan expresiva.
Gangle asintió, intentando entender todo. —Entonces… ¿rompes mi máscara porque quieres verme ser más expresiva?
—Bueno… eso y por el gag visual.
—¿Gag?
—¿Oh? ¿No sabes lo que es? Verás, en la comedia…
Gangle le tapó la boca con una de sus manos. —Sé lo que es un gag visual, dibujo mangas. —retiró la mano, notando la expresión de alegría agridulce en el rostro del conejo. Intentó ignorarlo. — Estoy intentando comprender, ¿entonces no rompías mi máscara por diversión sino para cumplir un gag?
Jax alzó una ceja. —Uh… pues sí, ¡la gente ama los gags visuales! —Vio a la nada —¡¿Verdad, espectador?!
No se sorprendió por el intento de romper la cuarta pared. —Jax… ¿por qué no me dijiste que para ti era un gag visual?
—Porque era obvio.
—No lo era.
—Para mí sí.
—Pero para mí no, ¡pensé que lo hacías para torturarme!
—Y yo pensé que estabas de acuerdo. —comentó en tono casi acusador.
—¡¿Qué te hizo pensar que estaba de acuerdo con que rompieras mi máscara a diario?! —Alzó ambos brazos, intentando expresar su exasperación. — ¡Literalmente he llorado por eso casi todos los días!
—Bueno… —se rascó la nuca, —nunca hiciste un verdadero esfuerzo por recuperarla.
—¿Qué?
Jax la señaló. —¡Estás hecha de cintas, Gangle! ¡Podías estirarte y agarrarla! ¡Podías inmovilizarme! ¡Pero solo te quedabas quieta y me decías que no! ¡Pensé que era parte de nuestra rutina cómica!
Gangle volvió a pasar ambas manos por su rostro. Oh, mierda, Jax era más imbécil de lo que pensó. Y, a la vez, sintió que era algo entrañable.
—… pasemos a la tercera cosa que hacen las parejas tácitas.
Jax siguió sin entender el problema, por lo que se encogió de hombros. — Era buscarse en momentos de peligro o tristeza…
—¡Oh! —Las mejillas de Gangle se sonrojaron. —Supongo que eso sí lo cumplimos… en parte…
Las orejas de Jax descendieron. Comprendió de inmediato a lo que Gangle se refería: habían compartido momentos de vulnerabilidad, se habían consolado mutuamente cuando estaban de luto y se aseguraron de que el otro estuviera bien. Sin embargo, él nunca la buscó para ser su consuelo. En reiteradas ocasiones supo que ella se sentía mal, pero permaneció a la distancia, diciéndose a sí mismo que no quería presionar a Gangle a hablar de temas que no quería.
Empuñó ambas manos. Zooble tenía razón, era un cobarde. No se quedó al margen porque esperara que Gangle se acercara, lo hizo porque no sabía cómo ser su apoyo, su consuelo. Las ganas de llorar volvieron y tuvo que frotarse los ojos con un brazo para eliminar cualquier lágrima fugitiva. Había querido ser el apoyo de Gangle, pero nunca supo cómo y nunca se molestó en intentarlo. Quizás todo lo que necesitaba era una palabra de apoyo o estar a su lado, pero ni siquiera eso le pudo dar.
—Lo siento… —dejó salir, sorprendiéndose a sí mismo.
Observó a Gangle con pánico al notar su confusión. A pesar de todo, ella no habló. Parecía esperar a que continuara.
Jax tragó saliva. Era malo con las palabras; era malo expresando lo que pensaba y quería, pero ese era el momento de hacerlo, ¿verdad? Si no tenía una relación con Gangle, al menos podía hacerle saber lo que sentía. Podía transmitirle todo lo que nunca pudo decirle.
—Lo siento por… —se tomó su tiempo para encontrar las palabras correctas. Las lágrimas empezaron a agruparse en sus ojos. Pestañó varias veces para evitar que salieran, fracasando en el intento. — por ser un mal novio… —cada palabra se sentía como un puñal que se había enterrado a sí mismo. Volvió a hacerse un ovillo, sintiéndose pequeño e insignificante. —Y hacerte sufrir en vez de cuidarte.
Gangle quedó anonadada. Desde que conocía a Jax, nunca lo había escuchado disculparse genuinamente con alguien, ni siquiera con Kinger, Ribbit o Kaufmo. Nuevamente, la culpa la invadió, pero esta vez mezclada con algo que desconocía. Por un momento, consideró darle algún consuelo, pero no podía. Jax le había hecho mucho daño, aunque fuera sin intención, aún dolía. A pesar de eso, podía sentir que algo desconocido empezaba a ocupar un espacio dentro de su pecho. No era amor, sino algo más importante para sí misma.
Sus propias lágrimas empezaron a derramarse sin control. No sabía cuánto tiempo estuvo esperando esas palabras, de hecho, ni siquiera sabía que las necesitaba.
—Gracias… —susurró con la voz entrecortada, — por… disculparte.
Por reconocer su dolor.
Por hacerla sentir que no había exagerado.
Por intentar sanar algo que él mismo había dañado.
Jax la miró por el rabillo del ojo, aún llorando. Le dedicó una sonrisa lastimera, llena de arrepentimiento y pesar. Sabía que no merecía ese agradecimiento, había sido una basura de persona.
Gangle le dedicó una sonrisa. Se sentía cansada, pero quería terminar esa conversación como correspondía.
—¿En qué consiste la cuarta cosa? ¿Tener contacto físico o algo así?
Jax negó con la cabeza, sin borrar su sonrisa cansada. Él también estaba agotado.
—No, esa es la quinta. La cuarta era compartir comida, ya sabes, alimentarse mutuamente o comer del mismo plato.
Gangle arqueó las cejas, pero aún así rió. —¡Eso explica por qué a veces me robabas la comida!
—Y comía de tu tenedor sin permiso. En mi mente eso era romántico.
—¿No hubiera sido mejor que tú intentaras alimentarme?
Jax se sonrojó súbitamente y desvió la vista. —Lo intenté…
No se atrevió a explicar más. No quería narrar como más de una vez vio su tenedor con pastel o con una comida que Gangle amaba y pensó en decirle que probara un poco. Cada vez que quiso intentarlo, sus mejillas se ruborizaron y el pánico lo invadió. Sentía que podía explotar si veía la cara de felicidad de Gangle por algo que él le hubiera dado.
Como si la mujer hubiera escuchado sus pensamientos, soltó otra pequeña risa, enternecida por su reacción.
—Lo del contacto físico…
El conejo suspiró. —No lo digas, ya lo sé: yo te agarraba sin permiso, te obligaba a estar a mi lado y blablablá. —Se enderezó un poco, mirándola con cansancio, afecto y resignación. —Ahora lo entiendo.
Gangle le dedicó una sonrisa cansada. —Sí, pero en eso no estabas del todo equivocado.
Sus palabras se sintieron como una corriente eléctrica. Jax, anonadado, alzó aún más la cabeza. Su mente divagaba entre cientos de recuerdos, intentando diferenciar cuáles momentos fueron impuestos por él y malentendidos y cuál pudo ser verdadero. Llegó a la respuesta al mismo tiempo que Gangle inclinó la cabeza ligeramente y habló.
—Yo te busqué cuando Kaufmo se abstrajo. —El corazón de Jax volvió a latir con fuerza; ese era uno de sus recuerdos más preciados, porque había sentido que él y Gangle habían llegado a un nuevo nivel de cercanía. —Estaba preocupada por ti… pero también quería que me consolaras y abrazaras.
Sus palabras trajeron un alivio que Jax no creía merecer. La euforia que sentía junto a ella regresó, no de forma abrazadora, sino tranquila, como la espuma de mar rozando la arena.
—Podías ir con Ragatha… Zooble, Kinger… incluso Pomni… —Enumeró, sin darse cuenta que estaba auto menospreciando su capacidad de apoyarla. —¿Por qué… yo? Si tú no me… —No se atrevió a terminar la frase; dolía demasiado.
—A pesar de todo, sigues siendo preciado para mí, Jax, como todos en el circo. —Explicó calmadamente, sin hacer más pausas de las necesarias. No quería darle falsas esperanzas. —Y, además, después de lo de Ribbit… pensé que ambos habíamos llegado a un tipo de acuerdo tácito de apoyarnos en situaciones así.
—Tácito… —repitió Jax. El término sonaba pesado y amargo en su lengua. —¿Sabes qué? Creo que odio esa palabra.
—Tiene su encanto. —Se encogió de hombros.
Sin decir más palabras, ambos se dedicaron miradas significativas y contemplaron el cielo estrellado, haciéndose compañía por bastante tiempo.
No se preocuparon por seguir hablando, ni desentrañar más recuerdos. Habían llegado a un punto común, entendiendo qué había salido mal y qué momentos eran reales. Ahora solo les quedaba entender, cada uno por su cuenta.
A lo lejos, escucharon murmullos. Giraron en dirección al sonido, descubriendo al resto de los integrantes del circo alejarse rápidamente mientras murmuraban en voz baja y se empujaban mutuamente para esconderse. Jax frunció el ceño.
—Mirones.
—Solo están preocupados. —Comentó Gangle, al mismo tiempo que se paraba y le extendía la mano a Jax. —¿Regresamos?
Jax observó su mano y después el rostro de la mujer. Su mirada pasó de molesta a una de amarga felicidad. Le parecía irónico que pudiera tomar su mano cuando la ilusión de ser pareja había terminado. Había pasado años esperando ese momento, y ahora que lo tenía justo frente a él, le daba más dolor que gozo.
Tomó su mano y se incorporó. Al estar de pie, tardó un momento en soltarla. Quería recordar su tacto, su calidez, lo delgado que era, pero lo significativo que se sentía tenerla en su mano. Quería recordar cada segundo y saborearlo como si fuera la última gota de agua que tomaría en su vida.
Por un instante, consideró decir adiós a ese sentimiento, pero llevaba tanto tiempo sosteniéndolo sin apoyo, que dudaba que pudiera deshacerse de él fácilmente.
—Lo siento… —musitó Gangle. —Por no amarte…
Las palabras dolieron, pero era un sufrimiento al que Jax creía estar acostumbrándose.
—No hay problema, Cintas. De todas formas, soy muy genial para ti.
Soltó su mano.
Tenía que hacerlo, no por él, sino por ella.
Tenía que hacerle creer que la olvidaría. Lo haría por Gangle. Porque era el tipo de persona que viviría con culpa si sabía que él había decidido continuar amándola.
Podía hacer eso, se dijo, él era un experto en interpretar papeles. Podía fingir ser el chico que olvidó a su desastroso primer amor en menos de un día.
Empezó a caminar, alejándose de ella.
—Hasta la siguiente aventura, Gangle.
Eso era todo.
Era el final.
—¡Jax, espera!
Ella corrió hacia él y frenó su camino al colocarse en medio. El conejo dio un sobresalto al verla pararse frente a él, sonrojada y obviamente apenada. Su corazón dio un brinco y tuvo que repetirse mentalmente que no tuviera esperanzas. Gangle ya lo había rechazado; se había disculpado por no amarlo. No había razón para emocionarse.
Sin embargo, él ya debería saber que no entendía a Gangle.
La mujer alzó su rostro con una determinación pocas veces vista en ella. Tenía las manos empuñadas en cada extremo de su cuerpo y parecía frágil, como si fuera a desmoronarse ante la más mínima brisa del viento.
—Yo… ahora mismo no te amo. —Repitió, logrando que el conejo frunciera el ceño en confusión. —Pero… pero… —Su osadía empezó a flaquear. Cabizbaja, jugó con sus manos. —Déjame pensarlo…
Jax tartamudeó un momento, antes de sonreír con incredulidad. Sentía que su corazón iba a estallar en su pecho. Era una sensación horrible, horrible y gloriosa a la que le gustaría aferrarse.
—Cintas, si esto es una broma…
—¡No lo es! —Gritó, volviendo a bajar las manos. Parecía derrotada. —Solo… dame tiempo… por favor… tengo mucho en qué pensar...
El cantar de los grillos rellenó el silencio incómodo que apareció entre ellos. Jax la estudió en detalle: su expresión, su lenguaje corporal, la forma en que apenas movía los pies, en cómo parecía hacer un esfuerzo por no moverse. Se veía patética y, a la vez, adoró esa imagen. No porque quisiera reírse, sino porque quería protegerla.
Soltó una estrepitosa carcajada que le hizo inclinar la cabeza hacia atrás. Tapó su propio rostro con una mano.
—¡Qué idiota! —se dijo a sí mismo. Había pasado tantos años esperando, ¿qué más daba esperar un poco más? Al menos ahora tendría una respuesta clara. Miró a Gangle, quien parecía preocupada por su reacción. Negó con la cabeza. —Solo no me hagas esperar para siempre. Un hombre tiene sus límites.
La sonrisa regresó al rostro de Gangle, quien asintió energéticamente.
—Será solo un poco, lo prometo.
Dicho eso, ambos regresaron al circo, sin tocarse ni dirigirse más palabras.
Al llegar a la entrada, se encontraron con casi todos los integrantes restantes del circo. Gangle le dedicó una última sonrisa a Jax antes de dirigirse a su habitación. El conejo suspiró, ahora venía la segunda conversación de la noche y la que menos quería tener.
Pomni se acercó primero, seguido por una Ragatha melancólica y una Zooble que se negaba a verlo. Kinger no estaba por ninguna parte.
Jax se cruzó de brazos. —¿Ahora qué quieren? ¿Tienen más secretos míos para exponer al mundo?
—Queríamos disculparnos —dijo Pomni, a pesar de ser la que menos había alterado las aguas. —Sabíamos la verdad, pero no te lo dijimos de inmediato.
“De todas formas no les hubiera creído”, pensó Jax, pero no iba a reconocerlo en voz alta.
Ragatha dio un paso al frente. —No queríamos… —Lo observó con sumo arrepentimiento. Al notar el semblante del conejo, desvió la vista. —Perdón, Jax… por intentar molestarte y decir esas cosas… no entendía que era tan serio para ti y, aunque lo hubiera sabido, no debí actuar así.
Ah, entonces él tenía razón. Ella, y en menos medida Pomni, habían intentado provocarlo y hacerlo enojar. Ahora se alegraba de no haber reaccionado, pudo haberse humillado aún más.
Se encogió de hombros, fingiendo desinterés. —Ni siquiera me importa, perdedoras. —Mintió. —Ahora, si me disculpan… —estiró su cuerpo en un gesto teatral. —Hay una cama que tiene mi nombre.
No alcanzó a dar ni dos pasos cuando la voz de Zooble lo frenó.
—Jax…
—¡Argh! —¿Acaso no podían dejar que un conejo se hundiera en su miseria? Aparte, tenía que prepararse mentalmente para posiblemente ser rechazado formalmente. No tenía tiempo que perder. — ¿Qué?
El avatar abstracto se abrazó a sí mismo. Sus cejas estaban caídas en señal de preocupación y culpa.
—Siento haberte expuesto así… yo solo… me preocupaba por Gangle…
Lo sabía, era comprensible. Tras la conversación con la mujer hecha de cintas, ahora tenía claro que su comportamiento no había sido del todo correcto, especialmente porque nunca supo comunicarse. Sin embargo, no pensaba darle las gracias a Zooble por hacerle ver la verdad y escapar de quizás una eternidad de mentiras.
—Lo que sea. No lo pienses mucho. Pasado pisado y esas cosas.
Retomó su camino, sin detenerse cuando Zooble volvió a hablar.
—Gracias por quererla tanto.
Quiso reír, ¿qué era eso? ¿Un tipo de bendición? ¿Un visto bueno? Realmente no le interesaba la aprobación de Zooble, sin embargo, no pudo evitar sonreír cuando supo que nadie la veía.
Dejaría que la culpa les carcomiera un poco más. Él había sufrido, Gangle había sufrido, ¿por qué ellos no podían sentir el peso de sus actos un poco más? Después de unos días todo se calmaría y actuarían como si nada hubiera pasado.
Una vez estuvo en el pasillo, se encontró con Kinger, quien llevaba almohadas nuevas a su fortaleza.
—Ey, Kinger, buenas noches.
La pieza de ajedrez se tomó un momento para recordar quién era, antes de sonreír con los ojos.
—¡Oh, Jax! ¡No te había visto en todo el día!
—No, por supuesto que no.
—¡Tenía que decirte algo muy importante!
El conejo ladeó la cabeza, sin borrar su sonrisa. Aunque estaba agotado, no serviría de nada ser grosero o desquitarse con Kinger. Él no entendería por qué estaba así.
Inesperadamente, una mano se posó en su cabeza, entre sus orejas, y le dio suaves caricias paternales. Los ojos amarillos se abrieron ampliamente, no recordaba la última vez que alguien le mostró tal muestra de afecto.
—Gangle es una gran chica y tú eres un buen muchacho. No te rindas.
Genial, ahora recibía ánimos de una figura paterna. Se alejó rápidamente, avergonzado y agradecido. Aunque fuera un comentario al azar, se sintió más reconfortante de lo que le hubiera gustado admitir. Le dedicó una sonrisa incómoda.
—¿Acaso parezco ser de los que se rinde? —Preguntó, a pesar de que unos instantes atrás estuvo a punto de hacerlo. —Descansa, y que no te coman los bichos.
—¡¿Bichos?! ¡¿Dónde?!
Sin quedarse a ver el espectáculo que quizás había provocado, entró a su habitación.
Tenía mucho que pensar.
Pasaron los días.
Las semanas.
Y aún no hablaban de su tema pendiente.
Se trataban con naturalidad, como si nada hubiera pasado. Las bromas casuales se retomaron con normalidad, pero esta vez la máscara no fue rota intencionalmente.
Gangle empezó a reírse más de sus payasadas, pero también empezó a decirle un severo “Jax” cuando este cruzaba algún límite.
El cambio más significativo fue que ella le había sugerido ser compañeros en algunas aventuras. Jax no pudo ocultar su emoción, se encontró gritando un “¡sí!” más alto de lo esperado, terminando avergonzando a los dos. Y, por supuesto, siendo el blanco de miradas cómplices.
Según Zooble, quien parecía sentirse con derecho a hablar de su inexistente relación, Jax era “como si una represa se hubiera agrietado y ahora se rompió”. Aunque él entendía a lo que se refería, prefirió desviar la atención diciendo que ahí no había represas.
Casi tres semanas después de la revelación. Pomni lo invitó a dar una vuelta por los jardines del circo.
—Repíteme por qué estamos aquí.
—Porque necesito tu ayuda.
—Sí, pero no me has dicho para qué, ¿destruiremos el parque de diversiones?, ¿haremos grafitis en las montañas? ¡Debes avisarme para preparar las cosas, no tengo el bolsillo del gato robot!
—¿El qué?
—¿El gato robot? ¿Doraemon?
Pomni alzó una ceja y él frunció el ceño, ¿cómo es que ella no conocía esa serie? ¡Era un clásico!
—¡Oh! —exclamó una tercera voz—. ¡Me encanta ese anime!
Los pasos del conejo se detuvieron al escucharla. Desconcertado, dejó de mirar a la bufona para buscar con su mirada a Gangle. La mujer de cintas estaba sentada debajo de un árbol, cómodamente situada en medio de una gran manta cuadriculada, junto a una canasta de picnic.
Miró la escena con estupefacción, intentando entender qué pasaba.
Pomni le dio un golpecito en la espalda.
—Buena suerte, Romeo. No lo arruines esta vez.
Jax dio un brinco al percatarse de qué estaba ocurriendo. Volteó para ver a su amiga marcharse, quien le dedicó una sonrisa y un gesto afirmativo con la mano. Uno de sus ojos se crispó; no podía creer que hubiera caído en el truco más básico del mundo.
Ahogó un suspiro. Fuera lo que fuera a pasar, necesitaba prepararse mentalmente. Esbozó su mejor sonrisa falsa y se acercó a Gangle con paso despreocupado. No debía ilusionarse, a pesar de que la preparación le indicaba que se avecinaba lo que tanto añoraba.
—¿Qué hay, Cintas? Oye, ¿era necesario todo eso? Pudiste invitarme tú misma.
Gangle cubrió su boca con una mano, intentando ocultar una risa.
—Sí, pero creí que te pondrías más nervioso si te invitaba yo.
Él no podía negar eso. —Por supuesto que no.
Se sentó sobre la manta, asegurándose de que estuvieran a una distancia adecuada. Últimamente se fijaba en esos pequeños detalles.
—Entonces, ¿por qué estamos aquí? ¿Te cansaste de la comida de Caine? Porque si es eso lamento informarte que esto también está hecho de un montón de ceros y unos.
—Me gusta la comida de Caine, estamos aquí por otra cosa.
La sonrisa de Jax flaqueó. Sí, era el momento.
Abrió la canasta de picnic y sacó un sándwich. Se apresuró en comerlo de una mordida, ante la mirada paciente de la mujer.
—¿Oh? ¿En serio? ¿Qué cosa? —Preguntó mientras buscaba qué más comer, intentando concentrarse en cualquier otra cosa que no fuera la realidad.
Sentía que sus manos sudaban y su corazón latía con una prisa casi dolorosa. No estaba listo. No estaba listo para escuchar lo que fuera a decir Gangle.
De repente, las manos de cintas se posaron en las suyas, frenando cada uno de sus movimientos. Jax observó sus manos unidas un instante y siguió su forma hasta el rostro blanco que lo miraba con calma y afecto.
Poco a poco, fue derrumbando sus barreras. Suspiró. Soltó el canasto y se acomodó en su lugar.
—Bien… ¿de qué quieres hablar? —Esbozó una sonrisa forzada. —¿Ya estás lista para rechazarme oficialmente?
Estaba listo.
No estaba listo.
Pero debía estarlo.
Debía ser fuerte.
Y fingir que dejaría de amarla.
A pesar de que había deseado volver a tomar su mano cada día desde la revelación.
Gangle negó suavemente con la cabeza, sorprendiéndolo.
—He estado pensando mucho, Jax… y aunque reconozco que no te comprendo muy bien… —Apretó ligeramente la mano de Jax; este tragó saliva. No quería ilusionarse. —Me gustaría hacerlo, ¿me dejarías aprender más de ti?
Jax frunció el ceño, confundido. No entendía, o no quería entender, a qué se refería. —¿Te refieres a… ser amigos?
Ella volvió a negar. —No, lo que sigue.
Los ojos amarillos se abrieron de par en par mientras sus pupilas negras se hacían pequeñas. Sus orejas se enderezaron y su cola empezó a moverse rápidamente. Tuvo que hacer un esfuerzo consciente por mantener sus pies quietos.
No, no podía ser verdad.
Tenía que estar soñando, tenía que ser otra broma.
Gangle soltó su mano lentamente, como queriendo darle su espacio. Definitivamente ella se había preparado para cualquier posible reacción.
—Entonces… —un ligero rubor adornó sus mejillas blancas. —¿Quieres que te lo pregunte yo…? ¿o prefieres hacerlo tú?
Jax dio un sobresalto y miró en todas direcciones.
—¡¿A-Ahora?!
No tenía nada preparado. No había flores cerca que pudiera conseguir, no estaba arreglado; pudo haberle pedido a Caine una ropa más elegante. ¡Y era de día! ¡Gangle seguramente prefería un escenario romántico bajo la luna o en medio de un atardecer! Oh, bueno, ella organizó el picnic, así que seguramente creía que estaba bien.
Gangle se encogió un poco sobre sí misma.
—Si te arrepentiste…
—¡No! —Gritó, colocándose de pie y apretando sus párpados con fuerza.
Suspiró, intentando serenarse. Había pensado en decenas de escenarios para ese momento y, aunque el escenario actual no se parecía en nada a lo que había imaginado, había una constante que quería cumplir.
Abrió los ojos y miró a Gangle con determinación.
Se arrodilló; se sentía ridículo, pero sabía que era el tipo de cursilería que a Gangle le gustaba.
—Cintas… —No, ese apodo sonaba mal. —Gangle… —Ahora se arrepentía de haberle puesto ese nombre tan ridículo. —Te gustaría… —Ahogó un grito de agonía. Podía hacerlo, se dijo. Tenía una segunda oportunidad para estar con Gangle y no lo desperdiciaría. Tomó una de sus manos y dijo con la mayor seriedad posible. —¿Quieres ser mi novia?
Fueron solo unos segundos, no tenía que esperar respuesta: ya sabía lo que ella diría.
A pesar de eso, la satisfacción que lo invadió al ver la radiante sonrisa de Gangle lo hizo querer derretirse.
—Sí, Jax, quiero ser tu novia.
No pudo evitar jalarla hacia él y abrazarla.
Gangle no tardó en corresponder el abrazo. Acurrucó su cuerpo contra el de él. La sensación de sus cuerpos tocándose fue más satisfactoria de lo que hubiera pensado.
Le había tomado un tiempo, pero su decisión fue clara y, cuando llegó a ella, no hubo ninguna duda en su interior. No podía negar el creciente afecto que estaba sintiendo por el conejo y él había demostrado que podía escucharla. ¿Cómo podía negarse a aceptarlo si él ya había demostrado ser incondicional? Quererlo estaba siendo mucho más fácil de lo que había imaginado.
Aún tenían grietas y cosas por resolver.
Pero ya tendrían tiempo de solucionar eso.
Esta vez, Jax enamoraría a Gangle y la haría feliz.
Esta vez, Gangle entendería a Jax y le daría afecto.
Solo debían empezar a comunicarse.
