Chapter Text
Haymitch sentía que flotaba o tal vez volaba; nunca en su vida había estado rodeado de tanta agua. El lago lo hacía sentir ligero, tranquilo… libre. El agua fría relajaba cada músculo cansado de su cuerpo y, por primera vez en mucho tiempo, sentía que podía respirar sin el peso del Distrito 12 sobre los hombros.
Entonces observó la cabaña.
Maysilee salió de ella y caminó hacia la parte trasera. Desde donde estaba pudo verla sacar unas tinas viejas y llenarlas con agua del lago, justo como le había mencionado antes. ¿Eran para él? Solo pudo pensar eso.
Después ella empezó a acercarse nuevamente al agua. ¿Iba a entrar otra vez? Haymitch avanzó apenas hacia la orilla hasta que finalmente volvieron a encontrarse.
—¿Te gusta, Abernathy? —preguntó Maysilee mientras dejaba que el agua se moviera entre sus manos—. Es lo más cerca que vamos a estar de la libertad.
Haymitch frunció apenas el ceño.
—¿Lo dices por el lago… o por el Capitolio?
—Lo digo por todo. —Maysilee sonrió.
El sol iluminaba su cabello mojado y, por un instante, Haymitch olvidó completamente qué iba a responder.
—¿Cómo encontraste este lugar, Maysilee?
—Es un secreto —espetó ella jugueteando con el agua.
—¿Es de tu familia? Porque estoy bastante seguro de que todo esto es completamente ilegal.
Ella soltó una pequeña risa.
—¿Tú sigues las normas? Pensé que nadie en el Distrito 12 lo hacía realmente. Antes de ser ciudadanos, somos humanos con necesidades. Si el gobierno no las satisface, estamos en nuestro derecho de romper algunas reglas… ¿No crees?
—Eh… sí, supongo —soltó Haymitch.
¿Qué demonios pasaba con esta chica? Los Abernathy tenían la fama de problemáticos; todos los conocían, pero los Donner… nunca había oído nada de ser rebeldes o bueno, él no sabía que Maysilee Donner tenía esa parte rebelde escondida bajo todos esos collares elegantes y vestidos bonitos.
—Y la cabaña es mía… bueno, mía y de Merrilee —continuó ella—. Aunque a Merrilee le parece que está demasiado lejos y que venir aquí es peligroso, así que técnicamente yo estoy a cargo.
Sonrió apenas.
—Mi abuela me la dejó.
Haymitch notó inmediatamente el cambio en su voz.
Maysilee apreciaba esa cabaña más que cualquier otra cosa; era su lugar seguro, su refugio, su santuario, lo más preciado que le había dejado su abuela, y Haymitch Abernathy había masacrado su intimidad con su presencia.
—Veo que tu abuela las quería mucho a ti y a Merrilee… ¿Cómo se llamaba?
—Es un secreto.
Haymitch soltó una risa nasal.
—¿Todo es un secreto contigo, Maysilee?
—No, realmente. Solo haces demasiadas preguntas. Digamos que la historia de mi familia es… reservada.
—Ya veo…
Aunque, sinceramente, él no terminaba de creérselo. Nadie en el Distrito 12 conocía ese lago, absolutamente nadie.
—Perdona por invadir tu privacidad, Maysilee.
La necesidad de disculparse volvió a golpearlo de repente.
Maysilee lo miró en silencio.
El agua reflejaba la luz sobre su rostro y Haymitch pudo notar cada detalle: sus pestañas largas, sus ojos claros iluminados por el sol y esa expresión que parecía esconder más cosas de las que decía.
Dios.
Maysilee Donner era realmente hermosa.
—No pasa nada… bueno, sí pasa, Haymitch, yo… ¿Puedo pedirte un favor?
Ahí estaba su momento; debía pedirle a Haymitch que mantuviera a Burdock lejos de ese lugar; por nada en el mundo Burdock Everdeen podía llegar a su santuario
—Claro. El que quieras.
—Asegúrate de que Burdock no encuentre este lugar. Es lo último que me queda de mi abuela… es mi santuario.
Haymitch unió los puntos al instante; por eso había salido corriendo, por eso inspeccionó toda la cabaña al llegar. Había pensado que Burdock había descubierto el lago y a lo mejor sí lo hizo, pero no llegó a la cabaña de Maysilee.
—Lo intentaré —sonrió él.
Eso era extraño. Quizá era la primera vez que hacía algo por Maysilee Donner, pero sentía que se lo debía; ella había hecho feliz a Sid
—¿Tiene que ver esto con “katniss”?
Maysilee abrió apenas los ojos; la había descubierto. Ella había reaccionado exactamente igual en la escuela.
—Katniss son unas plantas que crecen cerca del lago.
—Ya veo… por eso pensaste que Burdock había llegado aquí cuando le dio esas flores a Asterid.
—Así es. —Maysilee sonrió; estaba tratando de dar respuestas más cortas para que él no preguntara más.
—Maysilee… gracias por los toffees. A Sid le gustaron muchísimo.
—Me alegro.
—¿Cómo sabías que le gustarían?
Ella soltó una pequeña risa.
—Tuve una corazonada, creo.
Realmente no lo había pensado demasiado; simplemente asumió que a cualquier niño le gustaban los dulces.
Haymitch dudó unos segundos antes de volver a hablar.
—Maysilee… tal vez mi mamá vaya a la confitería a preguntar por los toffees. ¿Podrías no mencionar nada sobre las gominolas? —dijo juntando las manos en forma de súplica.
Ella soltó una risa divertida.
—Claro. No pasa nada.
Haymitch suspiró aliviado.
—Por cierto… ahora que lo pienso, ¿qué hacías limpiando tan temprano? ¿Tus padres te castigaron o algo?
Maysilee abrió los ojos indignada.
—¡¿Qué?! ¡No! ¿Acaso no me ves capaz de hacer las cosas por mí misma, Abernathy?
Haymitch la observó unos segundos.
—La verdad… no.
Eso bastó.
Maysilee recogió agua con ambas manos y le lanzó un chorro directo al rostro.
—¡Oye!
La risa de ella resonó por todo el lago.
Y Haymitch, sin siquiera pensarlo demasiado, le devolvió el ataque. El agua golpeó a Maysilee en plena cara y ella soltó un grito entre sorprendido y divertido.
—¡Abernathy!
Ahora era ella quien le arrojaba agua nuevamente.
Y después él.
Y luego ella otra vez.
En algún momento dejaron de intentar hablar; solo podían escuchar sus propias risas
Reían mientras el agua salpicaba alrededor de ellos y el lago brillaba bajo el sol de la tarde.
Haymitch no recordaba la última vez que se había sentido así de ligero, así de libre, así de ¿feliz?.
Maysilee tampoco parecía la misma chica creída y distante de la zona comercial; no llevaba collares elegantes ni miradas arrogantes, solo era ella con el cabello mojado pegándosele al rostro, riéndose tan fuerte que apenas podía respirar y lanzándole agua como una niña pequeña.
Y joder… Se veía hermosa, muchísimo más hermosa así.
Haymitch cayó en cuenta de algo: Maysilee Donner no era para nada la chica que él creía conocer ni la que decían las habladurías.
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Habían salido del lago. Maysilee estaba recostada sobre la manta, boca arriba y con los ojos cerrados, intentando convencerse de que Haymitch Abernathy no acababa de mojarle completamente el cabello. Había tenido que soltarlo para que se secara bajo el sol y ahora las puntas húmedas se pegaban a su piel; realmente esperaba que su cabello se secara antes de llegar a la escuela.
Por su lado, Haymitch se estaba lavando con la barra de jabón que Maysilee le había dado; era de esos que él nunca se podría permitir. Era suave en comparación con los jabones que paseaban por el beta; a lo mejor por eso Maysilee tenía la piel tan fina.
Cuando terminó, se acercó a la manta; ella seguía con los ojos cerrados, tranquila, como si realmente confiara en que él no haría nada raro y, por extraño que fuera… ninguno parecía incómodo por la poca ropa que llevaban. Aunque Haymitch debía admitir que verla pasearse así por la cabaña había sido una completa distracción.
Se dejó caer a su lado sobre la manta; desde ahí él podía observar de cerca sus pestañas, su nariz pequeña, el brillo del sol sobre su piel húmeda…
Entonces bajó la mirada y ahí estaba el prendedor de sinsajo que Maysilee había tirado tiempo atrás; se encontraba justo al lado de ella.
Haymitch estiró apenas la mano para tomarlo cuando—
—¿Qué haces, Abernathy?
Haymitch dio un pequeño salto del susto; Maysilee acababa de abrir los ojos y, como si lo hubieran atrapado robando algo, apartó la mano rápidamente.
—¡Nada! Nada… solo me da curiosidad —dijo señalando el prendedor torpemente.
Maysilee abandonó su postura relajada y se giró de lado, apoyándose sobre un brazo mientras miraba el sinsajo en la mano de Haymitch.
—Fue el último regalo que me dio mi querida abuela. Lo atesoro más que a mi propia vida… después de esta cabaña.
Y a Haymitch casi se le detuvo el corazón; podría jurar que había estado a segundos de cometer una estupidez enorme. Podía notar cuánto amaba Maysilee a su abuela, o no usaría la palabra "querida" antes de la palabra "abuela" siempre que se refería a ella. Maysilee amaba a su abuela y eso lo había dejado clarísimo.
—Ya veo… lo siento mucho. No sabía que era tan importante para ti. Es que nunca lo usas y… bueno, pensamos que no te gustaba.
Maysilee levantó una ceja.
—¿“Pensamos”? ¿Te refieres a Lenore Dove?
—…Sí. Creo.
—No está bien tomar las pertenencias de otras personas, Abernathy. Al menos no, si no te las ofrecen.
Haymitch bajó la mirada; ahora se sentía terriblemente mal. Si hubiera tomado el prendedor, le habría hecho un gran daño a Maysilee; ayer probablemente no le habría importado demasiado robar ese prendedor, pero ahora… Ahora conocía esta versión de Maysilee, la chica que cantaba sola frente al lago, la que lloraba cuando nadie la veía, la que cuidaba ese lugar como si fuera sagrado.
—Lo sé… y no lo tomaría, no sabiendo lo que significa para ti. —Sonrió Haymitch.
Maysilee lo observó unos segundos. —¿Lo prometes? —Susurro
—¿Qué si lo prometo? Claro.
—¿Prometes que mantendrás mi prendedor a salvo de tu chica? —dijo Maysilee extendiendo el dedo meñique hacia él.
Haymitch parpadeó confundido unos segundos. ¿Qué era eso que trataba de hacer Maysilee? En un instante lo recordó: era la forma en que Maysilee Donner hacía promesas; lo hizo con sus amigos cercanos y luego se volvió popular en los chicos de la zona comercial; solo ellos lo usaban.
Se acercó y enlazó su dedo con el de ella.
—Lo prometo. —respondió Haymitch sonriendo
Entonces separaron sus dedos.
—¿Cómo aprendiste eso? —preguntó él—. ¿Lo inventaste tú?
—Es un secreto —contestó ella cortantemente.
Haymitch soltó una risa. ¿Por qué todo era un secreto con ella?
—¿Eres una chica Covey o qué? Porque tienes demasiados secretos
Lo dijo medio en broma… pero realmente empezaba a sospecharlo, es decir, la forma en que cantaba la letra de la canción, algunas cosas que insinuó en la mañana y muchos detalles más que sabía que estaba dejando pasar por alto.
Maysilee cambió ligeramente la expresión y Haymitch lo notó enseguida; otra vez estaba tocando un punto sensible.
Ella volvió a recostarse boca arriba.
—Mhm… ¿Es un secreto? —dijo burlonamente ella mirando al cielo
Maysilee realmente no sabía qué responder; estaba empezando a sospechar que Haymitch Abernathy no era tan idiota como decían por ahí, ¿o cómo demonios lograba acercarse tanto a la verdad cada vez que hablaban? ¿Cómo podía estar dándole justo en el clavo con sus preguntas? Era eso, o ella era demasiado obvia; los chicos de la zona comercial no le prestaban tanta atención a las pequeñeces.
—Mi familia es reservada con su historia. Ya te lo dije.
—Entonces eso es un sí, Maysilee. —Haymitch sonreía divertido.
Para él era realmente gracioso verla acorralada por sus propias evasivas.
—Por la forma en que cantas y la letra de la canción… ya me lo veía venir. ¿Tu abuela te la enseñó? ¿Verdad?
Maysilee abrió los ojos de golpe.
—¡¿Qué?!
—Sí, definitivamente fue ella.
Haymitch empezó a reír.
—¡Lo sabía!
Y entonces Maysilee agarró la cosa más cercana a ella, su vestido, el que tenía al lado, y comenzó a golpearlo con él.
—¡No asumas cosas, Abernathy!
—¡AY! ¡Oye, eso cuenta como agresión!
—¡Cállate!
Le dio otro golpe con el vestido.
Haymitch soltó una carcajada.
—¡Maysilee Donner atacándome con un vestido! ¡Qué humillante manera de morir!
—¡Te lo mereces por entrometido!
Ella volvió a golpearlo, esta vez directamente en la cara.
—¡DIOS, Maysilee! ¡Eso tenía un botón!
Maysilee intentó seguir pegándole, pero Haymitch atrapó el vestido antes de que volviera a atacarlo. Por un segundo, ambos quedaron forcejeando con la tela tan cerca, riéndose juntos.
Maysilee fue la primera en soltarlo.
—No husmees en la historia de mi familia… es raro, ¿sí? —replicó ella intentando sonar seria.
—Lo siento —respondió él, todavía sonriendo.
Y ambos terminaron riéndose otra vez.
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Lo último que recordaba Haymitch era estar echado junto a Maysilee Donner sobre una manta tomando sol; ahora ella ya no se encontraba a su lado. Él se había quedado dormido y ella se había ido; estaba ahí solo tirado sobre la manta.
Después de unos segundos reaccionó y se dio cuenta de que Maysilee había acomodado parte de sus ropas bajo su cabeza a modo de almohada. Lo había hecho ella, porque estaba completamente seguro de que cuando cerró los ojos no había nada allí.
No sabía cuánto tiempo había estado durmiendo, aunque intuyó que no mucho, pues el sol aún estaba ahí, cerca del lugar donde lo vio antes de tomarse una pequeña siesta. Haymitch parpadeó confundido. ¿Dónde estaba Maysilee? Miró alrededor y entonces la vio; ella estaba dentro de la cabaña.
Se acercó a la cabaña y ahí estaba ella, sentada frente al pequeño espejo agrietado mientras se peinaba el cabello. Su hermoso cabello dorado, ahora completamente seco, caía sobre sus hombros como si brillara bajo la luz que entraba por la ventana. Se veía preciosa. No, preciosa, no bastaba; Maysilee Donner era hermosa.
—May-si-lee… —la llamó, deletreando su nombre.
Ella se sobresaltó y giró la cabeza hacia él.
—¿Ya te despertaste, Abernathy? —ella sonrió con diversión—. Ya debemos irnos.
¿Ya se tenían que ir? ¿Por qué? Él quería quedarse un rato más allí, lejos del Distrito 12, lejos del ruido… No sabía qué cara estaba poniendo, pero debió ser una que demostraba claramente que no quería irse, porque Maysilee soltó una pequeña risa y dijo:
—Cuando te sientas cansado, puedes venir aquí a relajarte un rato —dijo mientras dejaba el peine a un lado— Solo cumple tu promesa, mantén a Burdock lejos de este lugar… y no robes mi prendedor.
Haymitch la miró a esos bellos ojos celestes.
—Gracias, Maysilee… y lo prometo. Haré todo lo que esté en mis manos para que nadie descubra este lugar —dijo acercándose a ella.
Ella lo observó un segundo, como si estuviera decidiendo si creerle o no.
—Gracias, Abernathy.
Maysilee salió de la cabaña con el peine en mano y lo guardó en la mochila. Después buscó entre la ropa improvisada que había servido de almohada para Haymitch y tomó su vestido para ponérselo.
Haymitch volvió la mirada hacia el interior de la cabaña, avergonzado, y se centró en observar el lugar.
Mira este lugar… Pensó.
Tenía cama, ropero, escritorio… lo básico. No lo había observado antes, pero parecía bonito. Acogedor. Salió de sus pensamientos cuando Maysilee se acercó a él con su ropa en brazos y se la ofreció.
—Toma, Abernathy. Cámbiate.
Le entregó la ropa y salió de la cabaña cerrando la puerta detrás de ella.
—Gracias… —murmuró Haymitch.
Ella debía pensar que le daría vergüenza cambiarse frente a ella, aunque, siendo honestos, Maysilee no parecía sufrir de esa clase de vergüenza. Había estado caminando por toda la cabaña en ropa interior sin parecer incómoda ni por un segundo; eso solo lograba ponerlo más nervioso.
Maysilee se sentó sobre la manta y volvió a hacerse la trenza, idéntica a la que llevaba esa mañana en la escuela. Miraba el lago mientras terminaba, y justo cuando Haymitch salió completamente cambiado, ella le sonrió.
Se levantó de la manta y le dio su mochila a Haymitch. Él se quedó quieto con la mochila en brazos mientras ella volvía a entrar a la cabaña para guardar el prendedor en un cajón.
Haymitch estaba apoyado sobre la pared de la cabaña con la mochila de Maysilee en brazos.
¿Qué demonios llevaba ahí dentro? Pesaba más que la mochila de Lenore Dove.
Luego la vio salir, agarrar la manta, extenderla, sacudirla y doblarla antes de volver a meterla en la cabaña. Finalmente salió y cerró la puerta.
Lo miró y dijo:
—Toma, llévatela.
Le extendió la barra de jabón.
Haymitch parpadeó.
—¿Estás segura?
—No pasa nada. Tú tienes una mitad y yo la otra. —Y volvió a sonreírle.
Dios, ¿por qué ella seguía siendo amable con él?, pensó Haymitch
—Gracias Maysilee.
Maysilee asintió y le pidió la mochila de vuelta, pero él decidió cargarla todo el camino de regreso al Doce. Entonces se adentraron en el bosque, rodeando el lago
—Tenemos que volver antes de que terminen las clases —comentó ella—. Si mi bella hermana no me encuentra a la salida de la escuela, viviré el resto de mi vida vigilada.
Haymitch soltó una pequeña risa.
—Suena terrible.
—Lo es —rio ella— Tú también tienes cosas que hacer, ¿no es así?
Él la miró de reojo.
—Como todos —sonrió—. Tengo que trabajar… pero gracias, fue… agradable pasar tiempo contigo.
Ella sonrió.
—Espero que también nos llevemos todos bien en la pradera el domingo.
Haymitch tardó un segundo en entender; por supuesto, Burdock
Era obvio que Maysilee estaría ahí; era la mejor amiga de Asterid, y él era el mejor amigo de Burdock. Vería de nuevo a Maysilee Donner el domingo
—Seguro que sí… Burdock estaba emocionado esta mañana. Le brillaban los ojos. Creo que harán oficial su relación el domingo —dijo él.
Maysilee sonrió, aunque Haymitch notó un pequeño cambio en su mirada.
—Sí. Asterid estaba emocionadísima cuando me lo contó —dijo sonriendo.
Haymitch lo supo; era una sonrisa falsa y ahí estaba de nuevo Maysilee Donner, la chica presumida del Distrito 12.
—¿No te cae bien Burdock? —preguntó Haymitch— ¿Por qué es del beta?
Maysilee lo miró confundida.
—¿Qué? No, para nada —dijo ella
—Entonces…
—Sé que yo no le caigo bien, pero sinceramente no me importa. Es problema suyo si no le agrado, no mío. No voy a cambiar para caerle bien a un chico.
—Entonces es por Asterid.
Ella suspiró —Asterid es mi amiga y estaré feliz por ella y voy a apoyarla… pero hacer oficial su relación significa que las cosas se volverán más serias y bueno…
—Igual harán oficial su relación.
—Para sus amigos, Abernathy. No para sus padres.
Haymitch la miró confundido.
—¿No se lo dirá a sus padres?
—¡Claro que no! Si sus padres se enteran de que está con alguien del beta, la echarán de casa.
Haymitch guardó silencio un momento
—Entonces debemos prepararnos para recibir a Asterid March en el beta —sonrió él.
—Pienso que el cambio puede ser duro para ella. No tendrá las comodidades que le dan sus padres… es complicado.
Haymitch podía imaginárselo; él más que nadie lo sabía. Sabía perfectamente lo que significaba vivir en el beta: hambre, frío... Ahora sí que podía entender un poco mejor a Maysilee.
La miró.
—¿Por eso no querías que Asterid estuviera con Burdock?
—Sí. No es que me caiga mal “Burdie” —dijo haciendo una mueca irónica al decir el apodo— ni nada por el estilo. De hecho, me parece alguien astuto. Sabe cazar y eso… pero Asterid está acostumbrada a una vida diferente.
—Creo que Asterid estará bien. Yo trataré de ayudarla en todo lo que esté a mi alcance si llega a vivir en el Beta —respondió él.
May lo miró; sus ojos azules parecían tener toda su atención puesta sobre él.
—Espero que así sea. Quiero a Asterid y espero que realmente sea feliz con “Burdie” —dijo regalándole una sonrisa.
—¿Crees que le convendría estar con un chico de la zona comercial?
—¡Que no! Bueno… No es eso. Simplemente podría vivir con sus padres sin apresurar las cosas… creo.
Haymitch la miró.
—No pasa nada. Igual espero verte el domingo —sonrió él.
—Ahí estaré —sonrió Maysilee.
Siguieron caminando en silencio unos segundos hasta que Maysilee se detuvo de golpe y Haymitch hizo lo mismo
—Mis collares… ¿Puedes sacar mis collares?
Haymitch parpadeó confundido.
¡Claro!
Tenía el vestido, la correa rosada alrededor de su cintura y la trenza a un lado… pero no llevaba los collares. Podía ver su cuello desnudo y, bueno, después de todo ya había visto mucho más que eso.
—Claro —dijo él mientras rebuscaba en su mochila.
Los encontró y se los entregó.
—¿Me puedes ayudar? —preguntó ella.
—Sí, sí, obvio.
Haymitch se colocó detrás de ella y le abrochó los collares alrededor del cuello.
Pensó que seguramente era Merrilee quien normalmente hacía eso y cuando Maysilee encontrara pareja… ¿Sería su pareja quien la ayudaría con los collares? ¿Tal vez Otho Mellark? Tendría que preguntarle algún día qué pasaba con ese chico.
—Ya está, Maysilee.
—Gracias —dijo ella sonriendo.
Siguieron caminando.
—¿Y bien? —preguntó ella de pronto—. ¿A Lenore Dove le gustaron las gominolas?
Haymitch casi tropezó. —¿Qué? Eh…
Maysilee sonrió divertida—Volvieron a pelear, ¿no es así? Ahora en la escuela.
¿Cómo lo sabía Maysilee Donner? Es decir, él se lo había contado en la mañana, en la confitería, pero la pelea de la escuela, no.
—No… bueno, sí. Es que las cosas con ella se han vuelto complicadas.
—La has liado esta mañana y parece que lo volviste a hacer en la escuela. Impresionante, Abernathy.
—¡No fue mi culpa! Solo dije algo que no le gustó y explotó.
—Eso suele pasar cuando dices cosas estúpidas.
—¡No digo cosas estúpidas!
—Claro que sí.
Haymitch soltó un suspiro frustrado.
—Solo… no entiendo por qué todo termina convirtiéndose en una discusión sobre el Capitolio. Últimamente nuestras conversaciones son sobre lo horrible que es el Capitolio. Ella puede quejarse todo lo que quiera, pero yo tengo una familia que mantener, Maysilee, no tengo tiempo para hablar de algo que no está en mis manos cambiar. Solo quiero pasar un rato agradable con ella, el poco tiempo libre que tengo. ¿Por qué malgastarlo hablando de cosas que no van a cambiar sin importar cuántos actos rebeldes haga?
Había hablado demasiado; ni siquiera se dio cuenta del momento en que se le fue la lengua y lo había hecho de nuevo igual que esta mañana, desahogándose con la rival de su chica. ¿Qué tenía en la cabeza?
—Abernathy, si Lenore Dove te escuchara, considérate hombre muerto —rio ella.
—No quise expresarme así.
—Pero lo hiciste.
Él pasó una mano por su cabello.
—Solo sé que… hablar con ella se ha vuelto como caminar sobre minas. Tengo que estar siempre alerta con mis palabras.
Maysilee lo observó un momento antes de hablar.
—Bueno, creo que ahora mismo ustedes dos están en páginas completamente distintas. Trata de entenderla un poco más.
—Sí, ya lo sé. Siempre termino yendo detrás de ella buscando su perdón. Estamos atrapados en ese patrón desde hace algunos meses. ¿No debería pensar ella también un poco en cómo me siento yo?
—Tal vez —admitió Maysilee—. Pero probablemente dices cosas horribles o Lenore Dove no se enojaría de la nada.
—No digo cosas horribles.
—Abernathy… seguiste a una chica hasta el bosque, la espiaste mientras nadaba y estoy completamente segura de que estabas pensando: "Si le llevo este prendedor, a Lenore Dove me va a perdonar". Tu criterio no es precisamente confiable.
Haymitch abrió la boca, luego volvió a cerrarla. ¿Ella había notado sus intenciones con el prendedor? Y él solo tenía buenas intenciones, solo estaba preocupado por ella.
—…Eso no cuenta.
Maysilee soltó una carcajada.
—Claro que cuenta.
Él negó con la cabeza mientras sonreía sin querer.
—Bueno… y a todo esto, ¿cómo te enteraste de lo sucedido con Lenore Dove? O sea, yo te conté esta mañana en la tienda, pero lo del colegio, ¿cómo lo supiste?
—Ah, es que la vi salir corriendo de la escuela.
Claro, él la había visto con Otho Mellark cerca de la entrada.
—Entonces… ¿Me viste salir?
—A ti no. A Lenore Dove sí.
Haymitch se quedó callado un segundo.
—Ah, espera… tú estabas con Otho Mellark, ¿verdad?
Maysilee giró el rostro lentamente hacia él.
—Sí.—Sonrió ella.
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Haymitch tenía curiosidad. Quería preguntar más sobre la relación que Maysilee tenía con Otho Mellark. No es que fuera chismoso… simplemente sentía curiosidad. Recién empezaba a conocer a esa chica y cada minuto descubría algo nuevo sobre ella; sin embargo, no supo en qué momento el camino de regreso se volvió tan corto, porque ya habían llegado a la cerca que marcaba el inicio del Distrito 12.
Cruzaron la cerca y fueron directo hacia la escuela. Bueno… él acompañó a Maysilee hasta allá; recorrieron las calles del Doce mientras la gente trabajaba como cualquier otro día, pero muchos se quedaban mirándolos demasiado. Más de lo normal.
¿Era porque Maysilee Donner estaba caminando al lado de un chico del Beta? Ella pareció notarlo también. Lo miró de reojo y luego bajó la vista hacia las mochilas.
—Abernathy… dame mi mochila. Llamas mucho la atención cargándola tú. Quiero decir… ya es raro que lleves dos mochilas.
Haymitch miró la mochila que cargaba. Claro, era eso; no es que la mochila de Maysilee fuera especial, pero tenía personalidad propia. Todos sabrían que la mochila que lleva es de una chica y era aún más raro que llevara 2 mochilas
Haymitch soltó una risa baja y le entregó la mochila.
—Lo siento, aquí tienes.
Ella sonrió.
—No pasa nada… aunque creo que ya deberías ir a tu casa, ¿no? De aquí me voy a la escuela.
—No importa, te acompaño.
Maysilee lo miró unos segundos antes de sonreír otra vez.
—Gracias…
El camino hasta la escuela pasó demasiado rápido. Haymitch incluso le preguntó si la mochila pesaba mucho, pero ella simplemente respondió que llevaba lo mismo todos los días y, en un abrir y cerrar de ojos, ya estaban frente a la entrada del colegio; ahí terminaba todo.
Se despidió de Maysilee y ella le regaló una última sonrisa antes de entrar. Mientras Haymitch se alejaba, alcanzó a ver a Merrilee salir corriendo hacia su hermana para abrazarla. Tras ella salían Julius Undersee y Otho Mellark...
Haymitch apartó la mirada y siguió caminando en dirección al Beta mientras avanzaba por las calles del Distrito 12, solo podía pensar en todas las preguntas que seguían atoradas en su cabeza. Algunas se habían disipado después de pasar el rato con Maysilee, pero otras persistían con más fuerza que antes.
Recordó lo nervioso que había estado cuando todo ocurrió. La forma en la que ella lloró. Cómo cantaba. Cómo sonreía. Cómo, por un momento, dejó de parecer la chica presumida que todos creían conocer. Se dio cuenta de que realmente no sabía mucho sobre Maysilee Donner; aún no la conocía completamente y sentía una necesidad absurda de querer saberlo todo sobre ella.
