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Birthday week ficlets

Chapter 7: Franco x Oscar 2

Notes:

Último ficlet. Este es especial; es una historia que quería hacer realmente, pero evalué la cantidad de angst que tendría y mejor no…

Oscar en el vencedor de los 54th Juegos del Hambre, Franco es su mejor amigo, un marinero del Distrito 4. Oscar está enamorado de Franco y decidió que el mejor día para decirlo fuera en la cosecha del Tercer Vasallaje.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

—Tengo… Tengo algo que decirte, Fran.

El marinero levantó su vista hacia su mejor amigo; lo estaba acompañando ese día hacia la plaza del distrito. Estaban haciendo el mismo camino juntos, como aquella vez, la que se suponía que iba a ser la última vez de ambos. Sin embargo, veinte años después, allí estaba Franco acompañándolo hacia el mismo pasillo y luego lo vería subirse a la tarima una vez más.

—¿Qué pasa, Osc?

El vencedor de los quincuagésimos cuartos Juegos del Hambre suspiró y observó nervioso a su alrededor, donde el resto de los habitantes del distrito callaba al verlo pasar. Él no fue como Finnick, no fue Annie y estaba a años luz de Mags. Él siempre se sintió inferior, un cobarde frente a ellos. Él se había elegido a sí mismo más veces de las que puede contar.

La única vez que decidió no ser egoísta fue para no ser una carga para él.

—Yo… Es que es algo que me guardé por mucho tiempo.

—¿Qué? —preguntó Franco y lo tomó del hombro para frenarlo. Los ojos verdes que iluminaban sus días lo escanearon con curiosidad.

—Te lo quería decir antes, te juro, no me puedo ir sabiendo que…

—Oscar… —lo llamó cuando bajó su cabeza. —¿Qué sucede? ¿Es algo sobre la perra? La voy a cuidar con mi alma, lo sabés.

El hombre negó y vio la hora en el reloj de su muñeca. No tenía más tiempo, tenía que decirle. Si lo elegían, podían despedirse o no en el Palacio de Justicia, pero él ya había sacado de su pecho ese peso tan grande. Pasó saliva y miró a su alrededor, había demasiada gente en las calles. Tomó su mano y lo llevó hacia un callejón, sabiendo que estaba yendo en contra de las reglas.

—¿Estás loco? Te van a matar, Oscar, no te puedes ir.

—Ya sé, ya sé, pero… No…

—¿Qué pasa? Me estás preocupando. Hablamos de todo, de qué pasa con tus cosas, con la perra, tengo su comida, me voy a llevar tus flores, también ya tengo lo que me dejaste. Dejé el sobre en la mesa, las perlas las guardé en…

—Te amo.

—Sí, yo también, lo sabés. ¿Qué faltó?

—Te amo, Fran —repitió. Su mejor amigo lo miró con el ceño fruncido y abrió su boca para replicar, pero él no lo dejó. —Te amo. No… No como amigos, mejores amigos, sino…

—¿Qué?

—Perdón, perdón, es que… No me quiero ir con esto guardado.

—Oscar…

—Siempre, toda la vida, no te lo dije cuando me nombraron, tampoco cuando volví y…

—Cuando volviste, te alejaste, Oscar.

—Ya sé, ya sé. Pero hice bien. Si sabían que eras lo más importante para mí, te habrían matado como a ellos y… Nunca pude, no encontré momento y esto creció cada vez más y…

Dos agentes de paz aparecieron a su lado haciéndolos sobresaltar. El jefe estaba detrás de ellos con una sonrisa escalofriante.

—¿Queriendo huir, Piastri? Ni la loca esa lo intentó.

—No, no, estaba… Estábamos hablando de algo.

—¿Te traemos el té también, imbécil? Camina —ordenó, sus ojos marrones se posaron en Franco, que aún estaba en shock frente a él. —¡Llévenselo! ¡Antes que le abra la cabeza! No tenemos todo el día.

Franco observó cómo lo arrastraban hacia la tarima con ojos llorosos y rostro pálido. No sabía qué estaba pasando por su mente, pero no imaginaba que fuera algo bueno. Se había arriesgado y había perdido. Se iría y la única persona que podía ir a saludarlo no iría porque la había cagado. Cerró sus ojos para no verlo más y llorar.

Su mejor amigo. Su ancla. Su gran amor.

El único que estuvo a su lado luego de que mataran a toda su familia, incluso cuando lo alejaba constantemente. Franco, con quien había planeado una vida en alta mar solo porque no querían tener responsabilidades. Franco, en quien pensó cada día cuando estuvo en aquella Arena veinte años atrás, y en los años que siguieron.

No hubo nunca nadie como él. Nadie lo comprendió, ni lo ayudó con las pesadillas, con el trauma y con el tener que llevar niños cada año como él. Solo Mags sabía de su secreto y ella misma lo había convencido de hablar. Suspiró y frunció los labios cuando la vio; ella comprendió de inmediato. Quiso estirar su mano hacia él, pero no la dejaron.

Se colocó junto a Finnick y el viejo Bob, ganadores de los sexagésimo quintos y los trigésimos juegos respectivamente. El himno resonó por los parlantes, la escolta ya estaba frente al micrófono. Intentó buscarlo entre la multitud, pero no estaba donde le prometió que iba a estar. Su corazón martillaba fuerte contra su pecho al verla acercarse al micrófono con Mags a su lado.

—Finnick Odair.

El aire salió de sus pulmones, estaba vivo, no sería parte de aquella masacre. Volvió a buscarlo, pero no estaba allí, no lo vería de nuevo hasta que todo terminara en el Capitolio. Caminaron en silencio hacia el Palacio de Justicia, abrazó con cariño a Mags, aunque ella parecía sostenerlo y no al revés. Le sonrió cuando se separaron y señaló detrás de él.

Franco estaba allí, esperándolo.

Corrió hacia él, el marinero lo abrazó con su rostro contra su cuello. Acariciaron la espalda del otro despacio, como si no tuvieran el tiempo contado.

—Osc… Yo creí…

—No, no me vas a tener que ver así otra vez —susurró sin deshacer el contacto.

—Yo… Voy a empezar todo acá, como te prometí —murmuró Franco y se separó apenas de él. —Y…

—No te expongas mucho, por favor.

—No.

—Franco… —advirtió.

—Que no, me sé cuidar, Osc.

—Yo… Tengo que… Ya sabés.

—Sí —susurró cuando vio a los agentes de paz entrar para buscar a Finnick. —Osc…

—Te voy a extrañar.

—Yo también, Osc y… También me gustas.

—Te amo.

Oscar apenas alcanzó a rozar aquellos labios antes de que se lo llevaran al tren.

Notes:

Pido mil disculpas por la demora, me pasó todo por encima pero hemos llegado al final

Espero que les haya gustado.

Notes:

Espero que les haya gustado y nos leemos mañana ♥