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Segunda parte. Solo un hijo del mar.
Capítulo IV. Caminamos con las piernas torcidas.
Las peleas entre piratas no eran nada nuevo, ni tampoco las peleas entre hermanos. Ace solía discutir mucho con Luffy cuando eran niños. Sabía que, tras la experiencia cercana a la muerte de Sabo, Ace se había vuelto más blando con sus hermanos, y Sabo nunca perdía oportunidad de recordárselo. Pero esto era diferente. Todos en el Moby Dick eran adultos, incluido el propio Ace. Las peleas amistosas y los entrenamientos eran sin duda más violentos, aunque si se pasaban de la raya, recibían un castigo, como limpiar los baños (Ace odiaba ese castigo más que nada; jamás olvidaría cómo, en el baño del comedor, el Moby Dick había atravesado una ola terriblemente turbulenta, y Ace acabó apestando durante días).
Aun así, el Moby Dick le resultaba acogedor, una sensación distinta a la que había tenido en la montaña con los bandidos, ni en la casa del árbol. Tampoco era como la extraña, casi febril, sensación de protección que había sentido con Crocodile. No, era... familiar... Por supuesto, Ace quería a todos con quienes vivió en la Isla Dawn. Pero esto era diferente. Ace jamás podría reemplazar a sus hermanos. Estar en el Moby le daba la sensación de estar a solas con Sabo, sin preocuparse por decir algo que Luffy no entendiera o malinterpretara. Eran duros y a veces groseros, pero bueno, eran piratas.
En cierto momento, Ace llegó a considerar el Moby su hogar y a su tripulación su propia familia.
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Squard despertó con el suave murmullo de las olas. Había pasado toda su vida en el mar y se había acostumbrado a despertar con esa nana de la marea. Era tranquila y reconfortante, y también le recordaba a su antiguo barco, a cómo lo último que experimentó con su tripulación fue ese suave balanceo, como una nana, antes de perderlo todo.
Sus oídos oyeron el tintineo de la cuentas rojas a su lado. Dirigió su mirada al collar budista de Ace.
Él y algunos de sus hermanos habían sido emboscados en una isla donde tuvieron que detenerse para reabastecerse.
Ace estaba completamente absorto en sus sueños, su cabeza se balanceaba de un lado a otro al ritmo del Moby. Squard no era bueno para hacer amigos, ni tampoco para controlar su temperamento. Él y Ace habían tenido innumerables discusiones antes y después de que el chico recibiera el tatuaje que confirmaba su aceptación como hijo de Barbablanca. Sabía que eran hermanos, sabía que naturalmente debían cuidarse mutuamente, pero aun así sabía que no había sido el mejor hermano ni el mejor ejemplo para Ace. Ambos eran explosivos, y su juicio se nublaba fácilmente por casi cualquier cosa.
Este chico no solo era menor que él, había recibido insultos de su parte y, sin embargo, no guardaba rencor. Se comportaba como un verdadero hermano... Su mente adormecida se preguntaba cómo serían los hermanos de Ace. Una vez había visto un cartel de búsqueda de ese tal "Sabo", pero no había nada aún de ese Luffy del que Ace tanto presumía.
Squard apartó la mirada, ya fuera por incompetencia o vergüenza. No soportaba ver a ese chico frente a él. No era ningún secreto que el hombre de pelo rosa no era muy bueno controlando sus emociones, pero eso no lo eximía de responsabilidad. Ace era mucho más joven que él, y sin embargo, era mejor hermano mayor. Mares, qué vergüenza...
—¿Eh? —La voz de Ace a su lado lo sacó de su ensimismamiento. El chico casi se cae de bruces, pero por suerte sus reflejos, siempre demasiado rápidos, le permitieron agarrarse al borde de la camilla donde yacía Squard, quien rezó en vano para que el adolescente no se hubiera dado cuenta de que estaba despierto.
Por alguna razón, el universo no parecía estar de su lado, ni siquiera en esto.
—¡Squard! —Ace dijo con demasiado entusiasmo.
El mencionado frunció el ceño mientras intentaba incorporarse y, al mismo tiempo, apartar a Ace de la camilla.
—¿Qué pasó? —preguntó con la voz ronca por los gritos de aquella pequeña pelea.
—Nada grave, ganamos —sonrió el chico con orgullo—. Pero estabas tan agotado que te desmayaste en mis brazos.
Qué vergüenza. Volvió a pensar Squard.
La campana de la cocina sonó por todo el Moby, y Ace se levantó de un salto.
—Justo a tiempo.
—... ¿Por qué-? —Squard se detuvo, sorprendido por el egoísmo de su pregunta.
—¿Eh?
Squard respiró hondo e intentó calmarse, pero no pudo; la duda lo carcomía.
—Siempre estamos peleando, siempre discutiendo. ¿Por qué me ayudaste? —¿Por qué, de entre todos, elegiste ayudarme a mí?
Ace parecía desconcertado por su pregunta; a veces el chico podía ser un inepto.
—Porque somos hermanos, —dijo, mirando a Squard como si fuera tonto.
No sabía cómo responder ni qué sentir al respecto... Quizás si era tonto. Tantos años viviendo en el mar, solo para que un chico llegara y simplificara sus acciones por algo tan básico.
Los pasillos frente y a los lados de la enfermería resonaron con el repiqueteo de varias botas que se dirigían al comedor.
A Ace le rugieron las tripas. ¿Había estado con Squard todo el tiempo?
—Entonces...
—Vamos, pues, —dijo Squard, sintiendo que la vergüenza y la autocrítica le invadían. Sus piernas flaquearon un instante al tocar el suelo.
Antes de que pudiera si quiera besar el suelo, los brazos de Ace lo sujetaron.
—Sigues agotado. Aguantaron bien mientras llegábamos, —señaló Ace.
Squard se aferró a Ace con el brazo izquierdo mientras recuperaba el equilibrio para poder caminar sin dificultad. A su lado, vio otras camillas desordenadas, seguramente pertenecientes a sus otros hermanos que habían estado a su lado mientras peleaba.
Squard habló en voz baja, más para sí mismo que para su hermano.
—Eres un excelente hermano, chico.
—Jeje —rió Ace, y aunque no lo hizo con mala intención, Squard no pudo evitar el escalofrío que le recorrió la espalda—. Sí, bueno, Luffy no diría exactamente lo mismo.
El hombre parpadeó mientras Ace lo ayudaba a salir de la enfermería.
—¿Tu hermano...?
—Sí, definitivamente soy el segundo mejor hermano. —Se rió a carcajadas, como siempre hacía al hablar de su hermano.
Squard no se dignó a discutir sobre su evidente obsesión con su hermano mientras llegaban al comedor. Después de todo, todavía había momentos en que Squard no paraba de hablar de su antigua tripulación, y sabía que Ace había escuchado sus historias en completo silencio. Al menos debía devolverle el favor.
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Ace se sentó en el borde de la barandilla mientras leía la carta que Sabo le había enviado. Casi nunca se escribían debido a la vigilancia de los pájaros en el mar. Antes de recibir la primera carta de su hermano, ni siquiera sabía que era posible criar pájaros para enviar cartas ilegalmente.
—¡Oye, Ace! —El grito repentino de Thatch casi lo tira por la borda.
—¡¿Qué?! —preguntó, guardando la carta en el bolsillo antes de ponerse el sombrero y caminar hacia donde provenía la voz de su hermano.
Había una gran multitud en la parte trasera de la cubierta. Ace se acercó mientras sus hermanos hablaban en voz baja.
—¡Aquí estoy! —exclamó finalmente, deteniéndose frente al alboroto—. Dime.
Thatch emergió de entre la multitud, lo agarró de la muñeca y lo arrastró al centro.
Sus hermanos le sonreían, y otros le levantaban el pulgar. Inquietante.
Finalmente, al llegar al centro, Thatch lo arrojó al medio, donde se encontraban los demás antiguos Piratas Spade. Por suerte, Deuce lo atrapó justo a tiempo, y antes de que pudiera darse la vuelta y empezar a discutir con Thatch, los estruendosos gritos de sus hermanos lo detuvieron.
—¡Feliz aniversario! —gritaron todos contra el viento.
—Vaya fiesta sorpresa-yoi —oyó quejarse a Marco.
La risa de Barbablanca sonó como un trueno en el cielo.
Thatch regresó con grandes platos repletos en sus manos.
—Un año ya con nosotros, ¿eh? —Dijo Squard que traía tantas cervezas como cabían es sus manos.
—Oh si, —Tactch le ofreció el plato de su mano derecha, el aroma le provocó un hambre irremediable a Ace, —El mejor año que han tenido, ¿no creen?
Ace tomo el plato y empezó a comer.
—Para nada, —le respondió.
—¿Eh?
—El mejor año que hemos tenido —pensó en Luffy, Sabo, en Dadan y los bandidos, en Makino, pensó en Crocodile y ese viejo pesado de su abuelo Garp, —¡fue antes de que nos pusieran a limpiar los baños! -gritó con la boca llena.
