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Language:
Español
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Published:
2026-07-08
Updated:
2026-07-08
Words:
3,617
Chapters:
2/3
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21
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187

Nos conocimos en la playa

Chapter 2

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Cuando se separaron en la playa, el cielo ya estaba completamente oscuro.
Julián tuvo que volver a su departamento para ducharse y cambiarse después de toda la jornada de trabajo, mientras que Enzo regresó caminando por el paseo marítimo con la pelota bajo el brazo y una sensación extraña de ligereza en el cuerpo. Ni siquiera sabía cómo describirlo. Simplemente había sido un día genuinamente bueno.Y eso era algo que no le ocurría tan seguido como le hubiera gustado admitir.

Durante el trayecto de regreso descubrió que seguía sonriendo cada vez que recordaba alguna de las conversaciones con Julián. La forma en que se había burlado de él después de un mal pase. La facilidad con la que hablaba. Lo cómodo que había resultado estar a su lado después de apenas unas horas.

Cuando llegó al departamento se dio una ducha rápida, se cambió de ropa y salió nuevamente.
El bar estaba cerca del puerto. Era uno de esos lugares donde parecía haberse reunido medio continente para ver fútbol. Había camisetas de todos los colores posibles, un proyector gigante en una pared y un ruido constante de conversaciones mezcladas en distintos idiomas.

Enzo llegó primero y pidió una cerveza, después miró el reloj. Y después volvió a mirar la puerta.
Lo que era ridículo, porque Julián podía llegar cuando quisiera, o incluso cancelar.

Se conocían desde hacía unas horas. No era una cita, ni remotamente. Sin embargo, cuando finalmente lo vio entrar, sintió un alivio completamente desproporcionado.

Julián había cambiado el uniforme rojo por una campera liviana azul y unos jeans claros. El pibe tenía levante seguro si vestía así siempre.

El cabello todavía estaba ligeramente húmedo de la ducha. Y sonreía.

—Pensé que ibas a abandonarme.
—Y perderme un partido de Argentina.
—Buen punto.
Julián ocupó la silla a su lado, y la conversación volvió a fluir exactamente igual que en la playa.
Como si hubieran pausado una charla en lugar de conocerse esa misma tarde. Charlaban de todo aquello que normalmente uno no comparte con un desconocido, pero curioso fue que nunca se sintió como hablar con un desconocido.

A medida que pasaba el tiempo, Enzo empezó a notar pequeños detalles.
Julián escuchaba con atención.
Mucha atención.
No de esa forma educada en que las personas esperan su turno para hablar.
Escuchaba de verdad.
Recordaba cosas.
Hacía preguntas.
Se interesaba.
Y cada vez que se reía inclinaba apenas la cabeza hacia atrás, como si la risa lo tomara completamente por sorpresa. Era un gesto mínimo, pero Enzo se encontró observándolo más de una vez.

Argentina terminó ganando y el bar explotó en festejos, personas abrazándose, gente cantando, mesas golpeadas al ritmo de canciones improvisadas, y antes de que pudiera pensarlo demasiado, Julián lo abrazó.

Fue un gesto espontáneo, como el de cualquier argentino celebrando un triunfo importante.
Pero cuando se separaron, algo quedó suspendido durante una fracción de segundo.
Los dos parecieron notarlo, y los dos eligieron ignorarlo.

—Bueno —dijo Julián, levantando su vaso—. Al menos esta noche vamos a dormir felices —Julián sostuvo su mirada apenas un segundo más de lo habitual.
Después Enzo sonrió también, intentando que su mente perturbadora fesviara la conversación.

La cuarta cerveza llegó y en algún momento se acercaron a la barra dos chicas argentinas junto a ellos con intensiones de comentar el partido.
A su alrededor el bar era una fiesta y la música empezó apenas unos minutos después.
Alguien corrió mesas y de repente el lugar entero se transformó en una fiesta improvisada que hacía sentirlos como en casa.

Cuando sonó la primera cumbia argentina, Enzo fue el primero en salir a la pista y las chicas lo siguieron.
—No puede ser —se rió Julián desde atrás.
—¿Qué?
—¿Cómo que qué? Te sabés todas.
—Obvio —rió Enzo moviendo las manos y haciendo algun paso turro.
—Qué vergüenza.
—Vení a bailar —le insistió una de las chicas.
—Ni loco.

Dos canciones después estaba bailando igual.
Las chicas terminaron formando una ronda con ellos y la noche siguió avanzando entre risas, vasos vacíos y canciones que parecían conocidas por todos. Enzo bailaba sin preocuparse por absolutamente nada. Cantaba fragmentos de letras, marcaba el ritmo con los hombros y se movía con una naturalidad que llamaba la atención incluso sin proponérselo.

En algún momento, Julián empezó a observarlo.
Al principio sin darse cuenta, después cada vez más. No era solamente que bailara bien.
Era la forma en que parecía olvidarse de todo cuando estaba disfrutando. Como si durante esos minutos no existiera nada más que la música. Había algo contagioso en eso.
Algo que hacía difícil apartar la mirada.
Por suerte para él, las luces cambiantes del bar ocultaban bastante bien cualquier expresión sospechosa.

En un momento las dos chicas terminaron bailando con ellos por separado. Julián, mucho más tímido, se dejó arrastrar a la situación entre risas y haciendo girar a una de ellas en un paso de baile. Enzo no perdió oportunidad de burlarse.

—Mirálo al tímido.
—Callate.

Julián terminó riéndose pero no pudo evitar observar como la chica más alta pasaba sus brazos por el cuello del morocho de forma seductora y lo atraía hacía ella. Era una piba muy linda la verdad, y Enzo también.

Juli volvió a tierra y se enfocó en la chica frente a él que parecía no saber que hacer con él, seguro estaba aburridisima viendo como miraba a su amigo, debía estar pensando cualquiera analizó. Y justo cuando sonó una canción que Enzo adoraba y grito de emoción, le pidio a su amiga ir al baño.

Por primera vez en un buen rato quedaron solos en medio de la pista.

Enzo aprovechó inmediatamente.
—Dale, Juli.
—¿Qué?
—Bailá.
—Estoy bailando.
—Eso no cuenta.
—¿Quién decidió eso?
—Yo.

Enzo lo tomo de las caderas y lo movio de un lado a otro al ritmo de una canción de salsa o algo así. Bailar no era lo suyo, aun así terminó aflojándose un poco más. Y cuando lo hizo, Enzo descubrió que efectivamente bailaba muy bien. La canción terminó entre carcajadas.

Entonces Julián señaló una puerta al fondo del local.

—¿Salimos un rato?
—Dale, te deje por el piso —se río el morocho.

El patio daba directamente hacia la playa. El ruido de la música seguía llegando desde adentro, pero amortiguado por las paredes. Afuera corría una brisa fresca y el sonido de las olas volvía a hacerse presente.

Durante unos segundos permanecieron apoyados contra la baranda mirando el mar.

—La estoy pasando re bien —admitió Enzo.
—Yo también.
—Y bailás mejor de lo que querés admitir.
Julián soltó una risa avergonzada.
—No digas pavadas.
—Es verdad.
—Bueno, sí.
Los dos volvieron a reírse pero el sonido del celular de Julian los corto.

—Uh —se quejó.
—¿Qué pasó?
—Me cambiaron el turno. Mañana trabajo.
—Uh, estás re tomado —Enzo abrió los ojos—¿Vas a ir después de todo esto?
—Obviamente.
—Sos una persona responsable y eso me molesta.
—Es literalmente mi trabajo evitar que la gente se ahogue.
—Bueno, sí. Viéndolo así suena importante.
—Gracias —rió.
—No, gracias a vos por tomártelo en serio. Te admiro.

Julián sonrió. Y por alguna razón esa sonrisa volvió a provocarle a Enzo aquella sensación rara que llevaba apareciendo durante todo el día.
Un cosquilleo extraño.

Desde la puerta volvieron a escuchar los gritos de las chicas llamándolos.
—Creo que nos están buscando —dijo Julián.
—Puede ser.
—Vamos antes de que me reten.
Volvieron hacia la barra.
Una de las chicas ya estaba poniéndose la campera.
—Bueno —dijo Julián—. Voy acompañando a una de ellas hasta donde se está quedando.
—Ah.
—Queda de camino.
—Claro.
Por algún motivo, aquella respuesta produjo una pequeña punzada incómoda en el pecho de Enzo.
Completamente ridícula.
Y probablemente causada por el alcohol.
Julián ya estaba despidiéndose con las chicas cuando Enzo habló antes de que salga por la puerta.
—Che.
—¿Sí?
Julián se volvió.
Y por primera vez en toda la noche, Enzo pareció quedarse sin palabras.
—Yo...
Se pasó una mano por la nuca. La música se escuchaba de fondo.
—La verdad es que no sé muy bien cómo decir esto.
Julián esperó.
—Capaz estoy diciendo cualquiera.
—Puede ser.
—Gracias por la confianza.
Eso lo hizo reír.
Y ayudó un poco.
—No, en serio. Creo que el alcohol me está afectando más de lo que debería.
—Dale bobo.
—Pero estoy muy contento de haberte conocido hoy.
La sonrisa de Julián desapareció apenas lo suficiente como para convertirse en algo más suave.
Más atento.
—Yo también... Vení, salgamos un segundo afuera así te escucho mejor. Le digo a las chicas que me banquen un toque.

Salieron a la calle y se quedaron junto a unos autos estacionados. Afuera el clima era cálido, había varias personas fumando y charlando sobre la vereda.
—Dale, que me querías decir.
—Y... no sé.

Enzo bajó la vista un instante dudoso. Julian sintió una premonición.
—Supongo que me gustaría volver a verte.

Cuando levantó la cabeza nuevamente, Julián seguía observándolo.
Sin hablar.
Y eso hizo que los nervios empeoraran.
—Bueno. Perdón.
—¿Por qué?
— No sé.
— ¿Por qué te disculparías por eso? Nos caimos re bien.

Enzo abrió la boca para responder, pero no llegó a hacerlo porque Julián extendió la mano y apoyó suavemente los dedos sobre la suya.
El gesto fue breve y natural, pero bastó para que se quedara inmóvil.
—Me gustaría volver a verte también —dijo Julián.
Después sonrió.
Esa sonrisa tranquila que parecía resolver todo.
— De hecho, si querés, podrías venir mañana a la playa.
— ¿Sí?
— Sí.
— ¿Aunque estés trabajando?
— Aunque esté trabajando.
Por primera vez en varios segundos, Enzo volvió a respirar con normalidad y aflojo los dedos tensos qué no se había dado cuenta que tenía.
La sonrisa que apareció en su rostro fue tan evidente que hizo reír a Julián inmediatamente.

—Si las chicas nos ven de la mano van a pensar cualquier cosa —dijo en respuesta.
—No te había visto tan nervioso hasta ahora —se rió Julian en respuesta, sin dejar de mirarlo a los ojos. Enzo frunció el seño levemente, con su ego herido— En realidad no me importaba, no estoy interesado en ninguna de las chicas.
—Ah —respondió, relajandose un poco más— Pense que quizás...
—Posta, solo la iba a acompañar a la casa...
—Esta bien, no me tenes que dar explicaciones —respondió cortandolo rápidamente Enzo, mientras negaba con la cabeza nervioso— Yo...
—No pasa nada. Nos vemos mañana dale —dijo apretandole la mano una ultima vez y soltandola. Y antes de irse le dejo un beso en la mejilla.

Enzo estaba tieso. En que momento los astros se habían alineado a su favor tan rápido.

¿A Juli no le gustaban las minas? Se durmió con la pregunta viajando por su mente. Y a él.. ¿Le gustaba Juli?

Notes:

Lo sientooo si tiene errores, besitos

Notes:

Hola!! Escribí esto porque necesitaba sacar mis ganas de shippearlos en pleno clima mundialista🇦🇷 Puede contener errores sepan disculpar, es x mera diversión je