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Como la viralidad vino se fue, cosa con la que Pau ya había contado cuando Lamine les enseñó la publicación con una gran cantidad de likes. El sabía que era imposible que consiguiesen nada de un vídeo viral que no mencionaba su banda.
Porque lo peor era que el vídeo que habían publicado era sobre la batalla que habían presenciado antes del concierto por la afinación del bajo de Gavi. A la gente le había hecho gracia, eso era todo. Nadie estaba interesado en su banda.
Habían pasado dos días y sus seguidores no habían subido mucho, aunque había que admitir que si que habían conseguido algún nuevo seguidor no era un furor por su nada. No pasaba nada, solo estaban empezando, ya habría otra oportunidad para volver a conseguir la misma viralidad y poder formar una carrera de un vídeo gracioso.
En esos momentos, Pau se encontraba mirando al vacío de su armario, se suponía que se estaba preparando para salir con sus amigos, pero llevaba más de diez minutos perdido entre sus pensamientos, como llevaba pasándole desde aquel concierto.
“Esto me lo puse ayer para salir” murmuró para sí mismo mientras que sostenía una camisa en sus manos, “con esto pasaré mucho calor” pasó a la siguiente prenda “no” y volvió a pasar, hasta que ya no le quedaba ninguna opción. “¿Y qué se supone que me pongo? No tengo nada para salir” murmuró, estaba frustrado y no sabía muy bien el motivo de su frustración, ya que, al final del día, solo era ropa que llevaría unas horas para salir con sus amigos.
Tras muchas montañas de ropa apiladas en las esquinas de su habitación decidió rendirse y llamar a alguno de sus amigos para preguntarle sobre la ropa que llevarían, y desde ese punto de partida buscaría entre las montañas de ropa para conseguir algo parecido. Al primero que decidió llamar fue a Gavi, no sabía muy bien el motivo de su selección ya que Pau terminaría llamando a Lamine y seguiría sus recomendaciones a pie de letra, ya que el era el que más sabía a la hora de vestirse, aunque a veces sus prendas fuesen un tanto llamativas. Y eso es lo que hizo, llamó una, dos, y hasta tres veces al número de Gavi, pero no tuvo respuesta en ninguno de los intentos. Perfecto, en el momento que más necesitaba ayuda y convenientemente no estaba disponible.
¿Cómo era posible que, una persona que se pasaba la mitad del día observando cualquier cosa en la pantalla de su móvil convenientemente cuando era necesitado para algo importante no contestaba a su móvil? Pau no lo podía entender, pero tampoco podía tardar más de lo que estaba tardando, por lo cual tomó la vía rápida, llamando a Lamine, el cual le respondió al segundo tono de su llamada: “¿Pau?, preguntó con un tono relajado, “¿qué pasa? estoy intentando arreglarme” “se supone que yo también, pero acabo de vaciar mi armario y no encuentro nada que me guste lo suficiente para salir.” En la manera en la que Pau hablaba se podía encontrar la frustración que había acumulado desde que había comenzado su odisea para encontrar algo que ponerse.
“Bro no te ralles, ponte la camisa esa que te pusiste hace unos días con un pantalón que pegue y ya, pero no te ralles por un outfit para salir un rato.” Mientras tanto, a la otra línea, Pau se encontraba buscando como loco dicha camisa, porque, como era de esperar, estaría en una de las dos montañas que había, y tendría que encontrarla lo antes posible. “Vale, estoy intentando buscarla, pero creo que voy a tardar un poco” dijo mientras que se reía nerviosamente. “No te pierdas en tu desorden” se rio, “oye Pau, ¿sabes algo de los demás?” “antes de llamarte a ti lo he intentado con Gavi pero no lo ha cogido, y eso que lo he llamado tres veces…” ahora se había pasado al primer montón de ropa que había sacado, en el cual sospechaba que se encontraba la ropa que estaba buscando desde hace cinco minutos.
“Pues espera que voy a escribirles para que se unan a nosotros” “perfecto….Lamine, acabo de encontrar la ropa, dame tres minutos que me voy a cambiar” y así fue, mientras que seguían en llamada Pau se cambió silenciosamente, aunque el silencio fue interrumpido abruptamente cuando Lamine comenzó a reírse como si hubiera sido poseído por algún ser.
“Lamine…¿estás bien? llevas riéndote por como cinco minutos” le preguntó Pau con un tono curioso, ya había terminado de cambiarse y se encontraba frente a su espejo intentando arreglar su pelo para que se viera decente. “No te vas a creer lo que ha soltado…” se rio, “¿quién?” “Mikel, acaba de poner en twitter algo de una cenita en casa de su amama-” “¿y eso es lo que te está dando gracia, es enserio Lamine que te estás riendo de eso?” “no, no me has dejado terminar, porque después de eso ha puesto un hashtag” Pau asintió a lo que dijo, aunque Lamine no le viese, “¿y….que ponía?” “goloso.”
En ese momento Pau comenzó a reírse con la misma magnitud con la que Lamine se había reído unos escasos minutos atrás. Realmente lo que había publicado su amigo no tenía gracia, pero toda la frustración se fue cuando escuchó lo que ponía en el hashtag. #Goloso.
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“Bueno Mikel, ¿qué tan golosa ha estado la cenita del uno al diez? preguntó Gavi con un tono burlón. Habían terminado reunidos todos en casa del mismo Gavi, ya que, aún era pronto para salir a hacer nada por la calle. “Madre mía…” respondió tapándose la cara, “ya no se puede decir nada porque os reís de todo” “ahí le has dado” añadió Lamine, “pero responde a nuestra pregunta, ha estado muy golosa la cena o no” “si. Ha estado muy bien, ¿contentos?”
A todo eso, Pau se encontraba observando la escena silenciosamente, solo emitiendo algún sonido cuando se reía. Siempre había sido así con su grupo, el miraba atentamente la escena riéndose ocasionalmente, dejando a los demás que siguiesen las conversaciones. Aún así, terminaba interviniendo, ya fuese porque alguno le preguntaba algo directamente o porque tenía algo valioso que añadir a la conversación.
En este caso él no tenía nada que añadir, ya que toda la conversación giraba entorno a un tweet que su amigo había publicado, el cual sus otros dos amigos les había hecho mucha gracia (aunque tenía que admitir que a él también le había parecido gracioso, pero era mejor que sus amigos no lo supieran)
En algún momento, la tarde había pasado sobre sus ojos y ahora, los cuatro amigos se disponían a salir de la casa de su amigo hacia la casa de un amigo que los cuatro tenían en común para pasar lo que quedaba de día juntos. Como siempre.
Aunque, para Pau, esa noche significaría un giro de como creía conocer a sus amigos. Porque, ¿qué se supone que tienes que hacer cuando descubres que la persona que pensabas ser sólo era un gran montaje de una gran mentira que tu inconsciente había creado para no sentirte defraudado por uno mismo?
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“¿Cuánto falta? estoy cansado de andar.” Preguntó por millonésima vez Gavi, “pues como cinco minutos más o menos” dijo dijo Oyarzabal mientras resoplaba, harto de tener que volver a escuchar la misma pregunta de siempre, “es el mismo camino que siempre hacemos, para este momento tendrías que saber por que calles tenemos que ir y cuanto falta”, “pero no lo sé, por lo cual voy a seguir preguntando porque llevo cansado desde hace un buen rato”, “pues te va a tocar seguir cansado hasta que lleguemos, y te aviso que aún queda un poco.”
Era estúpida la discusión, siempre terminaban de esa manera, pero en una parte, a Pau le hacía gracia la contraposición del cansancio de uno de sus amigos por andar y el cansancio del otro por escuchar a su amigo casando de andar quejarse y preguntar todo el rato cuando quedaba. Aún así, cinco minutos después de la discusión se plantaron en frente del bloque de pisos dónde vivía Pedri. “Ya hemos llegado Ga-” “lo sé, se reconocer el bloque dónde vive mi mejor amigo.”
“No hay quién te entienda…” suspiró Oyarzabal mientras que tocaba el timbre de la casa de Pedri, esperando a que abriese a los cuatro amigos. Una vez dentro subieron todos al piso dónde se encontraba su amigo, “venga abre la puerta Pedri, que nos aburrimos” dijo Gavi, un poco más alto de lo necesario. “Tu, cállate que son las 10 de la noche y mis vecinos me van a usar como figura para un paso de semana santa si sigues hablando tan alto” Pedri ya había abierto, buenas noches supongo. “Venga, entrar antes de que nadie salga a gritarnos” y así hicieron, los cuatro chicos entraron a la casa de Pedri, pasando por el recibidor y el largo pasillo blanco lleno de decoraciones y algunas puertas que daban a distintas habitaciones que eventualmente terminó en el amplio salón.
Aún siendo un piso, la casa de Pedri se podía considerar grande. Definitivamente era mucho más grande que la casa de Gavi, en la que habían estado antes de marcharse.
“¿Queréis algo de beber? No os puedo ofrecer mucho pero algo tenemos” “¿de qué estamos hablando exactamente?” preguntó Lamine, el cual ya se había tumbado en el sofá junto a Gavi, “pues…agua, aquarius o cocacola” dijo mientras observaba a la pareja tumbada, “no hay nada más, mi hermano y yo se supone que tenemos que ir mañana a por más cosas porque ahora mismo no tenemos nada en estos momentos.”
Mientras que Pedri buscaba lo que cada uno le había pedido de la escasa selección de bebidas, Pau y Oyarzabal se colocaron en sus respectivos sitios: Pau optó por sentarse al lado de dónde Lamine se había tumbado y Oyarzabal sentado en frente del sofá junto con Pedri, que había ya vuelto con las bebidas de todos.
“¿Y qué se supone que vamos a hacer?” preguntó Lamine mientras que veía algo en la pantalla de su móvil, “ya me lo diréis vosotros, que sois los que habéis venido aquí a destrozarme todo y a que mis vecinos me odien” “oye que te he preguntado, pero no me has respondido por lo cual hemos venido” se sumó a la conversación Gavi. “Pues a la siguiente aprende a llamar crack, que no me había llegado la notificación.”
“La discusión es innecesaria” pensó Pau, ya que, Pedri sabía que iban a su casa y también, los cuatro amigos sabían perfectamente que a Pedri no le importaba que fuesen a su casa, ya que siempre que alguien tenía que poner Pedri terminaba ofreciéndose. Siempre había sido así.
Aunque los cuatro amigos hubieran formado una banda Pedir también formaba parte del gran grupo, él nunca se había fijado por el mundo musical, pero aún así se encontró en primera fila en su primer concierto y siempre estaba presente en sus ensayos, aún en esos en los que un concierto debut era un sueño inalcanzable, o en los primeros ensayos en los que Lamine no controlaba como lo haría en un futuro el arte de la batería y Gavi solo estaba comenzando a aprender a tocar el bajo gracias a Oyarzabal.
Incluso les había ayudado a la hora de componer canciones, porque siempre habían sido los cinco, aunque Pedri no tocase nada su espíritu se notaba en la forma en la que actuaban en el escenario, en ciertas letras de su pequeño y corto repertorio y en todo lo que tuviera que ver con la banda. El era uno más.
Y aún estando rodeado de todos sus amigos Pau parecía que todo su foco de atención residía en su amigo que estaba tumbado a su lado, viviendo en su propia burbuja aunque dejando una ventana abierta para poder seguir comunicándose con sus amigos. Desde la noche del concierto se había dado cuenta en la manera en la que siempre terminaba buscándolo con la mirada, como buscaba obtener toda su atención cuando intervenía en las conversaciones y en la manera en la que se ponía nervioso cada vez que se encontraba cerca de su amigo. Pero eso era normal, siempre se había sentido de esa manera cuando se trataba de su mejor amigo.
Era algo normal que ocurría entre mejores amigos, porque al final, era la persona en la que tenía más confianza, era normal que tratase de buscar a su amigo entre todo el mundo para poder sentirse más cómodo, aunque la definición de cómodo incluyese el nerviosismo que todo su cuerpo experimentaba cada vez que se abrazaban, cada vez que el chico de pelo rizado le tocaba el pelo para acomodarlo o como fue al primero que buscó una vez que el concierto terminó, ignorando el hecho que sus otros amigos estaban más cerca que él.
Pero Pau no lo iba a sobre pensar en ese momento, al menos esperaría a llegar a su casa para poder pensar solo, sin que nadie lo molestase.
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El día siguiente por la tarde los cinco había vuelto a quedar, esta vez con el pretexto de componer alguna letra nueva, ya que Pau había acumulado algún que otro borrador de varias canciones. Habían quedado en su casa, el sitio en el que desde hace años practicaban para conseguir su sueño de tener un concierto. Ahora ensayaban para poder conseguir sacar una carrera de éxito de un sueño.
Como siempre, el primero en llegar fue Oyarzabal, al cual le siguieron Gavi y Pedri, que habían venido juntos y finalmente Lamine, que como de costumbre había llegado muy justo de tiempo. “Bueno ya estamos todos” dijo mientras que sostenía su libreta entre las manos, “procedo a enseñaros lo que tengo hasta ahora y miramos”, “cuba, un segundo” me interrumpió Oyarzabal, “Gavi, ahora que tenemos todo el tiempo del mundo y no tenemos ningún estrés que nos suba el cortisol,¿quieres que te enseñe a afinar tu bajo?” “Venga vale, cojo mi bajo y nos vamos a esa esquina” dijo mientras señalaba una esquina que estaba alejada de dónde los demás se encontraban, así, harían el mínimo estorbo posible.
“Como decía, mirar y dar opiniones, así podemos comenzar a mirar melodías y tal y sacar algo si es posible” dijo mientras dejaba su libreta abierta con el borrador en el suelo para que los otros dos pudieran leer con claridad lo que había escrito. “Me gusta esta metáfora” señaló Pedri a una línea, “tiene mucho sentido con todo el contexto de la canción, me gusta.” “A mi también me gusta, tiene razón Pedri, tiene sentido esa metáfora con todo el contexto de la canción” añadió Lamine a la conversación. “Bueno pues habrá que esperar a que estos dos resuelvan algo, que por lo que parece van muy mal y pensar en cómo sacar partido a las letras” a lo que los otros dos chicos se rieron, porque al otro lado de la sala, Gavi y Oyarzabal estaban mirándose desafiantemente mientras que Gavi tocaba muy desafinado su bajo. “Van a terminar matándose” añadió Pau, “pero es muy gracioso ver como Gavi intenta no subirse por las paredes” “oye que os estamos escuchando perfectamente, y que sepais que estoy avanzando.”
“Define el concepto de avanzar Gavi” añadió Lamine, haciendo que los demás se riesen. “A ver, Gavi lo está intentando, pero es muy difícil que aprenda a afinar en media hora.”
Y entre risas y sonidos horripilantes que provenían del bajo de Gavi pasaron la tarde, aunque hubiera sido olvidado el libro con las letras en el suelo de la casa de Pau y no habían avanzado nada en toda una tarde, parecía que la banda avanzaba lentamente, como si de un koala se tratase. Ahora solo les quedaba saber para que lado eran los avances y no perder la ilusión de perseguir un sueño común que fabricaron con tan solo 12 años.
