Chapter Text
Octubre 29, 2023.
Madrid, España.
Nicolás estaba, como casi siempre, mirando el techo de su cuarto. Siente el picor en sus ojos después de llorar, así como la piel de sus mejillas tensa por la forma en que presiona sus dientes con fuerza. Su pecho sube y baja, intentando calmar los sentimientos tan tristes que agobian su mente en esos momentos. Una secuencia de hechos que lo había dejado así, llorando escondido, pero de la cual no se arrepentía. Desde hace años se sentía perdido a pesar de estar consiguiendo todo lo que quería, pero esta vez que quería pelear por algo estaba todo en su contra. El club, sus entrenadores, su propia familia…
Esa mañana, con la ilusión brillando en sus ojos, le pidió a sus padres si podían reunirse en la tarde para contarles algo que deseaba con todo su corazón. Ellos aceptaron, extrañados por tanta efusividad en un adolescente tan reservado como lo era su hijo. Lo esperaron en la mesa redonda de la cocina, su hermanita no estaba presente porque en ese horario siempre duerme la siesta y siente que fue lo mejor, porque ni él anticipa lo que saldría de esa conversación.
– Es que, bueno, ustedes saben lo mucho que me apasiona el fútbol. Y en ese tiempo volví a mirar seguido los partidos de Boca, como antes con papá… así que, estaba pensando, si es que podría ir a Brasil a ver la final. – Lo comentó con cierta timidez, a pesar de que había pensado muchísimo las palabras que utilizaría para pedirlo. Sus dedos están entrelazados entre sí bajo la mesa, cayendo en la costumbre nerviosa de juguetear con sus manos, de golpear su pie contra el suelo, esperando con ansias la respuesta de los mayores. Pero lo miran con cierta severidad, más que nada su padre, quien se apresura en negar en silencio. Los hombros del rubio caen, sintiendo el peso de la decepción, mezclado con la desesperación.
– Nico, es una locura. Jamás viajaste solo, además el club me envió un mensaje con la fecha de tu debut y lo anunciarán en estos días. Perderías tiempo, descanso y energía en esa boludez. – El hombre ríe mientras termina su argumento, desmereciendo la situación con un movimiento de su mano, interpretando que esto es sólo un pequeño capricho adolescente de su hijo. A pesar de que nunca fue así, sabía que en algún momento él desearía cosas banales como viajes caros y demás cosas, se encargaría de guiarlo por el mejor camino para que no pierda sus valiosas oportunidades, él sólo era un niño al final.
Pero él nunca esperó el golpe en seco de las manos del rubio contra la mesa, mirándolo con enojo por su respuesta. – ¡No es una boludez! Es lo que yo quiero, ¿por qué nadie me pregunta qué quiero hacer yo? ¿No puedo decidir sobre mi vida? – Su rostro está ardiendo mientras subía la voz, su madre intentando apaciguar las aguas con tal de que no perturbara el sueño de su hermana. Siempre las cosas fueron así en su familia, jugando a la casita de cristal y la sonrisa impresa en la cara. Está tan harto de esa mierda, no puede soportarlo.
– ¡Pues que mierda! Que me tiro de la escalera y me quiebro la pierna, a ver qué le dices a todos esos imbéciles. – Vio la figura de su padre alzarse de la silla, pero ni siquiera le dio tiempo a retrucar la conversación porque salió de la cocina hecho una furia, con pasos fuertes que resonaron todavía más mientras subía las escaleras para encerrarse en su cuarto. El golpazo de la puerta fue tan intenso que seguro despertó a toda el barrio, pero poco le interesaba en su estado ácido de tanta furia. De tanta bronca, como seguro diría él.
Debía admitir que su desespero con ir a presenciar la final no estaba motivado únicamente por su deseo de ver en vivo a Valentín, a su valen. Se removía en su interior una sensación que ya no podía controlar cada vez que lo veía a través de la pantalla, más de una persona lo calificaría como algo poco sano ya. Pero no había nada en su vida que fuera totalmente sano, ni siquiera que se asomara. Toda la vida encerrado entre muros traslúcidos, siendo un muñeco de escaparate con la esperanza de llegar al éxito que todos esperaban de él. Y volar. Nicolás soñaba con volar lejos de España todas las noches, desde muy pequeño mirando a la noche por la ventana, buscando a la luna, rogándole que lo dejara volar y le diera algo, alguien, lo que sea. Él era muy creyente de la sabiduría de la luna, de verdad sentía que ella había puesto a Valentín Barco en su camino. No se lo dio servido en bandeja de plata, obvio. Seguramente se debía a que ella sabía de la fortaleza del rubio, sabía que él podía lograrlo a fin de cuentas.
Sólo que ahora se encuentra en una calle sin salida, no sabe qué puede hacer si es que sus padres no están dispuestos a cooperar con el único deseo que les hizo saber en toda su corta vida. El hipo del llanto le remueve el cuerpo, maquinando en su mente qué podría hacer para llegar hasta allá. No maneja el dinero necesario, ya que de todo eso se encargan sus padres porque él es demasiado inmaduro, en palabras de sus padres. Vaga por sus opciones hasta que en su mente se enciende la única opción disponible, aunque sería una línea de favores. Busca el celular abandonado entre las mantas de su cama, la luz artificial le quema un poco los ojos pero recorre su lista de contactos hasta dar con alguien que podría ayudarlo. Julián.
holaa juli, cómo estás?
sé que es muy random, pero es que no sé si recuerdas cuando hablamos de que soy hincha de boca
hola gallego
todo bien, vos?
no podría olvidar tal desgracia
ando maso
jaajja lo siento amigo
es que te hablaba porque quiero ir
a la final
pero no consigo nada:( conoces a alguien?
Pasaron algunos minutos y, a pesar de que su mensaje aparecía como leído, el mayor no había contestado. Soltó un suspiro de frustración absoluta, sintiendo que volvería a llorar otra vez hasta que sintió su celular vibrando con más intensidad, viendo una llamada entrante de Julián iluminarse. Dudó mucho, no sabría qué decirle, pero lo hizo porque no podía desaprovechar ninguna oportunidad.
– ¿Hola? – murmuró bajito, sintiendo apenas habló el tono magullado de su voz. – No me digas que estás llorando por las entradas, amigo. Ahora sí, eh. – Se escuchó la risa del cordobés a través de la línea, eso le sacó una risa también a Nico, aunque salió gangosa por la congestión del llanto.
– Un poco sí es por eso, es que es difícil..
– Tengo mucho tiempo, Nico. Contame, me preocupa un poco que estés mal.
– Es que, bueno, de verdad es difícil. Hay muchas cosas en mi cabeza ahora, aunque todas desembocan en este tema… Mi familia es medio una mierda, amigo. Estoy agotado. Odio vivir en Madrid, odio el club, odio a mi padre. Odio sus putas frustraciones porque es que- joder, ¿por qué tengo que ser yo? ¿Por qué tengo que ser sí o sí futbolista? No soy Nicolás aquí. Soy el jugador, Nicolás. Ni siquiera su hijo Nicolás- no soy nadie, estoy perdido y… – No pudo contener el sonido de un sollozo escapando de sus labios, las mejillas empapadas de lágrimas que intentaba limpiar con el roce brusco de sus manos. Se terminaría lastimando la piel, otra vez, lo que le haría comerse las quejas de su madre pero no podría importarle menos mientras al otro lado de la línea sólo escucha las palabras reconfortantes de Julián diciéndole que respire de a poco, que se concentre en inhalar y exhalar, que no se apure porque él está ahí. Porque él lo está escuchando, por primera vez.
– Me sentí perdido por tantos años, inclusive llevaba meses pensando si quería seguir o no con el fútbol. Y sé que te parecerá una tontería, pero encontré a alguien que me hace sentir que no lo estoy del todo. No tiene mucho sentido, porque él no sabe quién soy de verdad y yo soy más bien como un fan. Pero quisiera que me vea, que sepa quién soy, saber si es que de verdad podríamos llevarnos bien, saber si es que tengo una op- – El tono de su voz se había acelerado a pesar de estar respirando mejor, pero se detuvo apenas supo que iba a decir algo que lo delate demasiado. Nunca había dejado sus sentimientos al descubierto, no sabía si podría hacerlo alguna vez ¿ahora Julián se reiría de él? ¿Pensaría que es un niño tonto?
– Yo creo que seguro tenes una oportunidad, Nico. A pesar de que no sé quién sea este misterioso chico, solamente puedo asumir que es de Boca. Una lástima para mí, voy a tener que soportar a más bosteros cuando tengas un noviecito. – El mayor intenta aligerar la situación con unos toques de gracia, mezclados con el tono reconfortante y suave que siempre lleva su voz. Julián ve al rubio como un hermano menor, ahora podía verlo más al descubierto. Las pocas veces que compartía con él, terminaba sintiendo que ese nene tenía unas barreras demasiado altas, contenido en su propia mente. Ahora podía entender un poco más de ese pequeño mundo donde vive el español, muriendo de ganas por darle un abrazo y decirle que todo iba a estar bien. Aún así, podía ayudarlo ahora mismo para reconfortar un poco esa angustia.
– Bueno che, ahora que ya hablamos de esto tenemos que seguir a lo importante: necesitas esas entradas. Calculo que también tendría que ayudarte con el viaje. Puedo hacerlo. Leandro es amigo de la dirigencia, así que en dos patadas te consigue eso. Y yo me ocupo de tus pasajes y demás cosas, ¿sí? Vamos a conseguirte a ese pibe, Nico.
Noviembre 30, 2023.
Las cosas parecían ir mejorando de alguna forma para Nicolás, llevaba estos días hablando con Julián por mensajes planeando el gran movimiento y a la par hablando sobre sus sentimientos complejos. Tuvo que confesarle quién era el objetivo de sus afectos, claro está, pero el cordobés fue más que positivo y lo apoyó en todo. El mundo del fútbol profesional era una colmena, saber cosas de un jugador era demasiado fácil si tenías los contactos necesarios y el mayor los tenía, así que recolectó todo lo posible sobre su crush y cada tanto le actualizaba mediante mensajes y audios las cosas que se enteraba. Por ahora todo eran opiniones positivas, detalles sutiles y demás, ninguna polémica, ningún secreto sucio. Parecía ideal para él, por lo menos hasta esa mañana que el castaño le encendió todas las alarmas de su mente con un sólo mensaje.
“Me contaron que tiene una ex, pero cortaron hace unos meses. Dicen que lo cagó”. Las palabras iluminadas en la pantalla del celular se repitieron en la cabeza de Nico una y otra vez, sin saber muy bien cómo procesarlas. Estaba solo, sentado en la mesa redonda de la cocina. La tensión con su familia no se había aligerado y, en un intento por demostrar su firmeza, se negaba a ir a los entrenamientos. Así que ahora tenía el suficiente tiempo solo, abandonado en su hogar, rechazado por los demás al no estar cumpliendo los deseos de su padre. Le interesaba poco, ya que todo parecía estar saliendo a su favor. Hasta ese momento. Novia, novia, novia. Novia. Recostó la cabeza sobre la madera, su frente de lleno contra el frío del material mientras sus ojos se cierran con fuerza. Escucha que el celular sigue sonando, seguro son más mensajes de su amigo diciéndole que no le preste demasiada atención a ese detalle. Pero es imposible, ¿cómo no va a pensar en eso? En alguien que podría, con el peso de la palabra ex-novia, interponerse entre su objetivo de tenerlo a él. De ser suyo.
Entre respiraciones e intentos de calmarse, tomó otra vez su celular para ver que sí, eran mensajes de Julián. Le decía que no se preocupara obvio, porque según su fuente Valentín ya no tenía intenciones de volver. Aún así le dijo también el nombre de la chica y bastó sólo una pequeña búsqueda en Instagram para encontrarla. Se levantó de la mesa para dirigirse a su cuarto una vez más, mientras su dedo vaga por la pantalla bajando por las publicaciones de la chica. No puede negarlo, es hermosa. El cabello largo y rubio rozándole la cintura, la sonrisa conformada por una hilera de dientes perfectos, una piel que no parecía tener ni una sola marca de esas que todos tienen, menos ella se ve. Es como una muñeca, un cuerpo delgado con las curvas ubicadas en los lugares indicados. Y ante todo, esa apariencia de que no mataría ni a una mosca. Soltó un bufido mirándola, pedazo de mosca muerta. No podía creer que alguien tuviera todos sus sueños e hiciera esa estupidez, otra muestra de que el destino quería a Valentín con él.
Y aunque estaba seguro de que era algo escrito en las estrellas, no pudo evitar la nube negra que se posó sobre su cabeza. Una catarata de dudas amenazó su cabeza, preguntándose si en realidad alguien como ella era lo que quería el pelirrojo. Estuvieron juntos mucho tiempo, ¿no? ¿Qué le aseguraba que no estaba por ahí buscando una versión de ella mejorada? Una mujer. Delicada, fina, hermosa mujer.
Si algo era sumamente obvio, es que Nicolás no es una mujer. Le da gracia hasta admitir eso en su propia cabeza. Pero además de no ser una mujer, tampoco era un hombre con aspecto fino. Su cuerpo, a pesar de tener apenas 18 años, se conforma de músculos duros y entrenados por los años de fútbol, de gimnasio. De darlo todo. Su piel es tensa y dura, nada parecido a la suavidad de la piel femenina. Todo su cuerpo tenía el aroma varonil de sus perfumes, de sus lociones, nada similar a los perfumes dulces y florales que seguro estaba acostumbrado a sentir el jugador. Se levantó de su cama para mirarse en el espejo, admirando el cuerpo que había repasado en su mente antes. En la comodidad de su cuarto, se permite sacarse la camiseta y el pantalón de entrecasa que lleva, observando en el reflejo. Sus dedos recorrieron la piel propia, sintiendo los vellos que se negó siempre a sacarse a pesar de que todos los demás jugadores lo hacían, sintiendo lo firme de él. No eran las curvas afinadas de una mujer, era el cuerpo duro de un deportista de alto rendimiento. Se frustró rápido, a pesar de que él nunca había sentido inseguridades físicas. Las personas siempre le decían a Nicolás que es hermoso, sobre todo las mujeres. Todos halagaban sus ojos, sus facciones firmes, su altura y porte. Siempre estuvo seguro de que, si fuera por rostro y cuerpo, ganaría cualquier cosa en su vida.
¿Pero ahora qué haría? Todos esos atractivos masculinos no estaba seguro de que pudieran lograr surtir efecto en otro hombre, más si ese hombre también compartía su vida sólo con mujeres. Comenzó a caminar en círculos por su cuarto, solamente saliendo de ese camino un momento para alejarse hacia su escritorio, donde tiene uno de los altavoces donde a veces pasa música. Piensa que quizás eso lo podría ayudar a relajarse, su playlist de música que había hecho con el objetivo de familiarizarse más con Argentina. Algunas le recordaban a Valentín, otras le recordaban a sus pequeños momentos compartidos con los amigos que hizo en la selección, otras le recuerdan a los momentos de verano donde visitó a sus familiares siendo muy pequeño. Estaba lleno de mezclas, canciones que eligió él y recomendaciones de internet. La canción que empieza a sonar lo derrite un poco más.
“Tan sólo dime que me amas y dejaré de aullarle a la luna, que entendes mucho más que yo a este mundo y sus criaturas”. La voz de Miguel Mateos resuena por las paredes de su habitación mientras Nicolás tararea y se sienta delante del espejo, todavía semidesnudo, ahora comenzando el análisis milimétrico de su rostro para compararse con ella, más que nadie. A pesar de que todos halagan su rostro, el rubio puede ver desde cerca la piel llena de las pequeñas marcas que la adolescencia y las hormonas dejaron en él, algunos pequeños lunares, los vellos de su cara raspando al tacto. No sería como darle un beso a ella, cuando el pelirrojo pudiera sentir el roce de esos vellos en él, ¿será que habría alguna forma de sacarlos por siempre? Sonaría como una tontería, tampoco tenía a quién preguntarle. O quizás también debería comenzar alguna rutina de cuidado para la piel, solía ver a su madre colocarse productos distintos antes de acostarse. Y a veces solía verla maquillarse también, un ritual tan femenino e íntimo que se sentía extraño viéndola también, sentía que interrumpía ahí. Que no era su universo. Aún así se pregunta si eso le gustará al argentino, ¿disfrutaba de ver a su ex-novia maquillada? ¿De verla usando vestidos, faldas, lencería? ¿De verla arreglarse el largo cabello? ¿De verla en todos los rituales de la feminidad?
Mientras la música sigue sonando por todas partes, el rubio se levanta para salir del cuarto, tomando camino hacia la habitación de sus padres. Allí encaró directo hacia el baño privado, lugar donde fue testigo de su madre algunas veces. Un baño lo suficientemente amplio para dividirse en dos, él ahora parado frente a la parte que le pertenece a su madre. Delante tiene miles de productos que no reconoce, asume que esos son los que su madre utiliza para mantener una rutina de cuidados, ya que sabe muy bien el bolso donde se guardan los maquillajes. Ya no está a la vista por todas las veces que su hermana utilizó las cosas para jugar, ¿qué pensaría su madre al verlo en esa situación? Una risa sin gracia escapó de sus labios, esa mujer que ahora ni le dirige la palabra.
Tomó un producto que, después de leer la etiqueta, supo que era para limpiar la cara. El gel se sintió viscoso entre sus dedos largos, llevando los mismos a pasar por la piel de su rostro y esparcirlo. Se formó una capa fina de espuma blanca, la cual comenzó a frotar con un poco de fuerza. Sentía que estaba sacándose esa sensación sucia de no ser suficiente, de no alcanzar a ser lo que él quería. Y con la cara roja, no sabe si de enojo o irritación, el agua fría le ayudó a limpiarse todo el producto. En el espejo, su piel se veía más luminosa, al tacto se sentía diferente y eso le agradó. Lo siguiente en ser parte de su experimento fue una crema, la consistencia era mucho más firme pero al pasarla por su piel era más fácil de aplicar. Se aseguró de cubrir todo su rostro, imaginando en su mente que eso lo ayuda a estar un paso más cerca del jugador que habita en sus sueños.
Quizá es demasiado infantil de su parte, pero siente que todo eso de verdad lo ayuda a conseguir lo que quiere. Más cuando siente la piel de su rostro más suave, un aroma suave pero agradable gracias a la crema. Su cabello no es largo, más bien es corto y le cuesta bastante peinarlo, pero con un poco de esfuerzo logra sentir que está más presentable al reflejo. Piensa en el bolso y su contenido, aquello lo pone nervioso otra vez. Siente que está haciendo algo prohibido cuando lo saca del cajón, abriéndolo para ver su contenido. Hay muchas cosas allí, puede identificar algunas como labiales y rubores, esos que su madre siempre usaba para eventos importantes. Sus manos temblaban mientras sostenía las cosas, mirándose otra vez al espejo. Si alguien entrara en esos momentos, se armaría otra batalla familiar.
“Sacame de este lugar y llevame muy lejos. Rodeame de espejos, quiero ver sólo tu reflejo”.
De todas formas agarró con más firmeza lo que reconocía como un labial, evitando los temblores del miedo. Con inexperiencia lo pasó por sus labios, mismos que siempre estaban resecos y lastimados por morder los pequeños pedacitos de piel sueltos. Era brilloso, apenas dejaba un color en la piel, se sentía más como un humectante. Pero lo hacía verse diferente.
Quedó tildado por algunos minutos, la imagen del espejo era diferente a lo que el día a día de Nico comprendía. No presta nunca atención a los detalles, a su cabello despeinado o su rostro con ojeras por la falta de sueño. Sólo que ahora puede verse y sentir que está diferente, que de alguna forma se siente bonito. Bonito de una manera en la que nadie habla de los hombres. Más delicado, más fino. Se asoma una pequeña sonrisa en ese rostro que estaba sombrío por el pensamiento de ser rechazado, de ser ignorado por un ente hermoso que se alza por encima de todos. Por una mujer.
Se pregunta si él lo consideraría bonito así. Si lo miraría desde el marco de la puerta, apoyado contra el mismo, con una sonrisa ladina. Si le diría algún cumplido, si le diría que ya están llegando tarde. Si besaría sus labios húmedos por el brillo, si sentiría el mismo sabor a frutas que ahora él mismo siente. Si amaría su atención a él mismo. Si amaría su belleza más de lo que alguna vez amó la belleza de ella.
Noviembre 2, 2023.
El sol apenas se está asomando por la ciudad de Madrid, el reloj sobre la mesa de luz marca las 8:00 a.m y se escucha a través del espacio el ruido de la alarma en el celular de Nicolás. La habitación, como siempre, está impoluta. Lo único nuevo: un carry on perfectamente armado para unos días en Brasil. Era sólo una valija y a la vez una declaración firme de su posición. Nicolás estaba decidido a irse, ya se lo había comunicado a su familia y enfrentaría las consecuencias necesarias, nada le interesaba a partir de haberse decidido a manejar los hilos de su destino.
Su cuerpo se removía con pereza entre las sábanas, agarró el teléfono para apagar la alarma y lo dejó de lado. A decir verdad, él no es alguien que utiliza mucho su celular. Tenía siempre las notificaciones de todo apagadas, siempre sin sonido y su actividad diaria era poco y nada. A sus redes sociales subía algunas cosas relacionadas al deporte, entrenamientos y demás, de vez en cuando alguna foto suya si se sentía en el ánimo de hacerlo. Dedicaba la mayor parte de ese tiempo en pantalla a saber sobre el inquilino de su mente. Su primer pensamiento de las mañanas y el último antes de dormir.
La razón por la que se levantó con ánimos, dirigiéndose rápido a su baño personal para ducharse y comenzar su proceso de arreglarse. Ese día era su vuelo, por fin. Comenzaría su recuento de horas hasta estar allá. Estaría toda su vida agradecido con Julián, quien le había resuelto hasta el alojamiento. Además de decirle que un amigo suyo lo recibiría en el aeropuerto, casualmente alguien que también iba al partido y eso le haría más fácil todo. Nico nunca había viajado solo, así que estaba un poco nervioso.
Disipó esos pensamientos concentrándose en la pequeña rutina de productos para el rostro que había conseguido comprarse después de su primer experimento, estaba bastante cómodo con ella y le vendría bien contando con el clima tan diferente que hay en Brasil, así su cara no se veía como un desastre en el momento menos oportuno. Todavía no se anima al brillo en público, por más que apenas sea algo que se note. Siente que será una señal para que sea verdad lo que todos siempre sospecharon que saldría a la luz algún día y no sabía si estaba ya en ese punto de valentía. Poco a poco, como le había dicho su amigo antes.
Ya había preparado la valija, así que sólo le quedó tomar la mochila que llevaría con él durante el viaje. Cargador, auriculares, documentación necesaria, demás cosas por urgencia, todo lo que utilizó antes para arreglarse y, obvio, la libreta azul que lo había comenzado todo. Su secreto más preciado, junto con su amor, El celular lo llevaba dentro del bolsillo de una campera fina, ya que la brisa comenzaba a ser helada en Madrid. Allá sería totalmente diferente.
Cuando bajó con sus cosas para irse, sin intenciones de llegar tarde, se cruzó con sus padres que lo miraban desde la misma cocina de siempre. Ya no iban a intentar detenerlo, eso habían dicho antes. Y que se iba a arruinar la vida, eso también dijeron. No iba a negar que la vista lo detuvo unos minutos, sintiendo ese pequeño dolor formarse en su pecho. Cómo dolía no ser aceptado en el lugar que te vió nacer, pero todavía más le duele el encierro. Cual pájaro en el cascarón, Nico quiere salir al mundo. Y sus padres, la distancia entre él y el mundo, una capa más que tendría que romper.
Siguió su camino, cruzando la puerta de la elegante casa de ensueños. El ruido de las ruedas de la valija en el cemento y él, dejándolo todo atrás. Ni siquiera diría que era sólo por amor, porque nadie le aseguraba que su cuento de hadas se hiciera realidad. Diría que era el producto de todos los años reprimido en un cuadrado, que eran los años de fingir, de entregar, de ceder, de escuchar y callar. Los años que había desperdiciado viviendo por otros. Dejar atrás el lugar donde vivió tantos años, aunque no tuviera ni una sola certeza sobre lo que vendría después, le sacó el peso de los hombros que llevaba años cargando. En la vereda, observando el hermoso día sobre su cabeza, esperó el auto que vendría a llevarlo al aeropuerto y una vez llegó, emprendió su camino. No había vuelta atrás, quizá su mejor resultado en años.
El trayecto de espera fue tedioso por sus nervios, pero lo transitó lo mejor posible para ser primerizo en esto de los viajes. A eso de las 12:30 a.m el avión estaba despegando del aeropuerto, dejando atrás todo como figuras pequeñas y difusas. Pensó que su vuelo sería de los más comunes, pero Julián lo sorprendió con un vuelo de primera clase donde estaba más que cómodo, con muchísima privacidad. Ya allí, acomodado y más aburrido, decidió tomar su celular. Algunas notificaciones, mensajes del cordobés que le respondió rápido, hasta que llegó a una notificación que tuvo que verificar más de una vez porque ¿qué? ¿Esto era de verdad?
¿Valentín lo había seguido en Instagram? Terminó con una mano sobre su boca porque sino iba a gritar y seguro todos lo odiarían en el avión. Esto tenía que ser irreal. Solamente lo siguió, no había mensajes, ni más interacciones. Sólo lo siguió, pero eso era algo tan irreal para él. Nicolás nunca lo había seguido, avergonzado de que quizás lo viera como raro, demasiado ocupado sobre pensando. Apretó con rapidez el botón para seguir de vuelta y fue a contarle a su único confidente.
JULI
ME SIGUIÓ EN IG VALEN?????
me jodessss nico
que jugador este culiado
dios no sé qué debería hacer
o no se hace nada?
mmm subite alguna historia
haciendote el lindo
a ver qué hace el guaso
Lo que el mayor le recomendaba suena como una buena idea, considerando que él es su único amigo y sí tiene experiencia en esto que ellos llaman chamuyo. No sabía en qué ángulo podría sacarse la foto, sentado en el avión. Aprovechó que la cortina del costado podía cerrarse para tener más privacidad, una vez así se sacó la campera, debajo llevaba la única camiseta de Boca que tenía. Era un poco vieja, un talle un poco pequeño para su nuevo desarrollo corporal, pero era temporal hasta llegar allá. Ya con la cámara abierta, analizó el ángulo, sintiendo un poco más de valentía subió un poco la tela para exponer un poco de su cuerpo delgado. Rogaba que se viera, por lo menos, un poco atrayente para el pelirrojo.
Después de debatirse mucho rato sobre si estaba bien o no, con vergüenza de pedir alguna opinión, terminó por subir la foto antes de pensarlo demasiado otra vez. Sus mejillas estaban rojas, aguantando la timidez por subir algo así, ya que nunca se había animado a hacer algo que lo hiciera sentirse deseado por los demás. Pero para todo había una primera vez.

Instagram | @nicopaz1o
¡@colo.barco ha indicado que le gusta tu historia!
Casi demasiado rápido, su celular volvió a sonar. Demasiado increíble para comenzar.

