Chapter Text
Martín estaba tiradísimo en el sillón, esperando que Juhoon saliera de bañarse. Había puesto el jarrito a calentar leche para tomar la merienda con su novio mientras escuchaba unos temitas en YouTube desde la tele.
Le encantaba escuchar música; no era secreto para nadie. De todo: rock, pop, jazz, R&B, soul, glam, progresivo y más (aunque no lo diga, también K-pop).
Podría estar dos días contándote sobre toda la música que le gusta. De hecho, esa fue una de las primeras cosas que compartió con Juhoon cuando empezaron a conocerse. Martín se avergonzó de hablar tanto y le pidió perdón por flashear confianza. Pero Juhoon, lejos de enojarse, le respondió que no había drama y le contó que también conocía parte de la música que le gustaba. Incluso mostró que estaba familiarizado con la música de Spinetta, cosa que hizo que Martín, como buen gordo fan del rock nacional, no pudiera controlar la emoción y lo invitara a su casa a escuchar música cuando quisiera.
Y así llegamos hasta hoy: re novios y viviendo juntos desde hacía medio año.
Era linda esa parte de la rutina, donde Martín era medio colgado y Juhoon el chico aplicado que se encargaba de hacer las compras para que su novio no viviera a base de Pedidos ya y McDonald’s.
Ahora Martín esperaba que saliera del baño para merendar rico. Él mismo se había encargado de hacer unas medialunas con jamón y queso y una chocolatada caliente para el fresquito que hacía afuera, en la ciudad porteña.
— Gordooo, pasame mi mascarilla de arroz que dejé en la heladera, porfa. Me la re cagué olvidando.
Su novio gritó desde la puerta entreabierta del baño, de donde salía un vaporcito que inundaba el pasillo.
—Uh, ahí voy, amor. Bancame un cacho.
Martín se levantó del sillón y fue hasta la cocina. Buscó dentro de la heladera y, al no encontrarla, pegó el grito:
— Amooor, donde está? No la veo. Está lleno de tuppers la heladera, loco.
—Es el tupper de vidrio, gordo. El que tiene como una babita blanca. Está al fondo, fijate bien.
—Ya está, ya está.
Martín le alcanzó la mascarilla a Juhoon por la abertura de la puerta y apoyó una mano contra la pared.
—Te falta mucho, Jju? Ya va a estar la merienda.
Preguntó con un pucherito mientras lo miraba por el espacio que dejaba la puerta entreabierta.
—Ahí voy, gordo. Bancá que me hago el skincare y salgo. Subile al tema ese, que está bueno.
Martín sonrió, le robó un beso y volvió al sillón para subirle el volumen a la tele. Estaba sonando un temón de Charly: “Nuevos trapos”.
Se sentó feliz en el sillón a ver unos TikToks más, esperando a que su novio saliera.
Cuando escuchó la puerta del baño, se levantó de un tirón y fue a la cocina a hacer rapidito la chocolatada y poner las medialunas en la sartén para que estuviera todo calentito.
Puso todo sobre la mesa mientras su novio terminaba de ponerse crema frente al espejo del pasillo, tarareando otra canción que sonaba.
“Sombras en los álamos”. Temón.
—Ya está, Jju. Vení.
— Voooyyyyy
Juhoon se sentó al lado de Martín y agarró la chocolatada, que estaba re calentita y rica, como solo su novio sabía hacerla. Él era medio especial con la comida, por no decir rompehuevos.
—De cómo hacés la merienda vos?
—Bueee… Uno no puede ser buen novio, que ya se quejan.
Respondió Martín con una sonrisita.
Juhoon soltó una risa.
—Mentira, gordo. Te salió muy rica.
De repente, su tema empezó a sonar en la tele.
—Uh, mirá, Jju. Tu tema.
“Alma de diamante” sonaba de fondo, resonante y nostálgica, mezclándose con las luces amarillas de la sala de estar y el olor a lluvia y humedad que entraba por las paredes.
Ese tema les traía recuerdos. Particularmente a Martín. La primera noche en el departamento, rodeados de cajas sin desempacar llenas de los equipos de música de Martín y de los libros de la carrera de Juhoon, se habían puesto a bailar esa canción mientras se reían y se dedicaban la letra.
—Alma de diamante… Y aunque el sol se nuble después, sos alma de diamante.
Cantaba Martín mirando a Juhoon para, acto seguido, pegarle un mordisco a su medialuna.
—Cielo o piel, silencio o verdad… Sos alma de diamante.
Complementaba Juhoon, mirándolo de reojo con una sonrisita de enamorado.
—Faaa… Qué pedazo de novio que conseguí, loco. Lindo, cocinero y gordo fan del rock como yo. Te amo, Jjuuuu.
Sentenció Martín, loquito de amor.
Juhoon se rio y tomó lo último que le quedaba de la chocolatada, dejándose un bigotito de la misma arriba del labio.
Martín lo vio y le robó un beso, saboreando el gusto dulce a nesquik que le había quedado.
Juhoon, rojo hasta las orejas. Como el primer día.
