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Let Me Into Your Heart.

Chapter 5: Egoísmo.

Summary:

Después de ver a Brian con Obed Armando no tiene de otra que reflexionar un rato. Para desgracia de todos, sus reflexiones llevan a una pequeña discusión.

Notes:

No tengo mucho que decir esta vez. Este es probablemente el capitulo mas largo hasta el momento, me gusto mucho. Para mas sazón, escuchen una secuencia de “As you are.” De The Wekeend y “Pink Matter” de Fran Ocean.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text


Narra Obed.

—Oye, Brian, ¿tú sabes cuál es el colmo de un pendejo?

Resulta que pasar tiempo con este pocho no era nada difícil una vez que lograbas que te dijera mas de dos palabras. Aunque en lo personal yo era así también. Estábamos echando el wey en el campo de entrenamiento, nomas sentados en el césped.

Los partidos amistosos habían terminado con una goleada de 5-1 en nuestro favor contra Serbia. Lo que significaba que en una semana comenzaba el mundial. México contra Sudáfrica, en nuestra casa, frente a miles de aficionados. Que pinches nervios.

—No, pues no se. ¿Cuál?

Una de las cosas que me agradaban del güero era lo sencillo que era hablar con él. Te escuchaba y casi no te interrumpía. Aunque eso era más o menos inútil cuando ponías a dos cabrones que no hablaban mucho juntos. Curiosamente mi omega confiaba en él lo suficiente para pasar más tiempo con él, al menos más que con cualquier otro alfa del grupo. Incluido Mateo.

—Enamorarse de alguien que solo lo ve como un psicólogo de parejas.

—¿Qué?

Orale… hasta yo me saqué de pedo por mi confesión. Lo digo en serio, este wey tenía algo que me hacía confiar en él. Además, sentía que me estaba ahogando por seguir guardándome esto, ¿Qué mejor que contarle a alguien que estaba igual de miserable que yo?

Brian se me quedo viendo con cara de que no entendía ni madres. Honestamente, yo habría estado igual. Él se tomo su tiempo para analizar mis palabras, y yo, mientras tanto estaba agarrando fuerzas para seguir hablando.

—¿Quién es el pendejo?

Definitivamente era una persona de pocas palabras. Brian suspiro, moviéndose para sentarse frente a mi apoyándose en sus brazos, ahora estábamos cara a cara, aunque el parecía tener mucha más confianza que yo.

¿Cómo le digo que el mismo wey por el que lleva toda la semana rabiando de celos es el mismo pendejo que me trae todo confundido?

—Bueno, digamos que es… O sea, no sé si me gusta ¿Sabes? Esta como raro.

Bravo pendejo, que gran explicación. Esperaba que Brian no notara de quién estaba hablando; eso era temita para después. Por lo mientras el se me quedo viendo con la cara toda seria, como si se estuviera reiniciando su Google interno.

—¿Tu cómo te diste cuenta que Armando te gustaba?

Solté una pequeña risita ante la mirada de pánico de Brian. Se puso como colorado y comenzó a balbucear con ese acento que todavía no se le quitaba.

—No yo no… debo decir… quiero decir…no me…

Creo que le queme el cerebro por error.

Pero para este punto incluso Memo me había preguntado si Armando y Brian estaban juntos o algo así. Nomas ellos y unos cuantos mas no se daban cuenta; más que nada porque Brian no disimulaba la cara de asco que ponía cuando veía al Hormiga con Mateo.

Y Armando no se quedaba atrás, cuando no estaba con Mateo era como si no pudiera quitarle las manos de encima a Brian. “Par de putos” había dicho Israel. Y pues la neta si, para que negarlo.

Brian parecía empeñado en negarlo, pero yo sabia que eso tampoco tenia mucho sentido para él. Si o si era consciente de sus sentimientos, porque desde comienzos de semana había estado evitando encontrarse con Armando durante demasiado tiempo.

El entrenamiento no contaba porque ahí todos estábamos concentrados en dar el máximo. Pero en los vestidores, en el comedor, las piscinas o demás Brian se alejaba. A mí me había parecido divertidísimo hasta que Armando me comenzó a ver feo cuando a Brian se le ocurrió de repente andar pegado a mí.

Ah pues precisamente eso nos había llevado a ambos a estar aquí. No habíamos acordado nada, pero él no quería saber de Armando mientras estaba con Mateo en nuestra habitación, y yo por mi parte no quería escuchar a Mateo presumir de su novia otra vez.

Cuando su cerebro volvió a hacer su jale Brian finalmente hablo, con voz de resignación.

—Ni idea pa’. Me di cuenta de que me cagaba verlo compartir nuestras cosas con Mateo y ya. Me tocó reflexionar con Junior H de fondo. Uno no le ve sentido a los corridos hasta que los vive.

Asentí en silencio, pero una sola pregunta me quedó atrapada en la garganta.

¿Neta, quien reflexiona con el Junior de fondo? Para eso tenemos a Espinoza Paz.

—Personalmente, el álbum que más me gusta de Junior, es el Sad Boys For Life II.

—Puras arrastradas, Obed.

Mira quién lo dice.

Al menos nos desviamos un poco del tema, aunque por su expresión supe que recordar que ahora mismo Armando esta con Mateo no le gusto nadita.

¿Somos hombres o pendejos? Pues los dos. Por eso me dejé caer completamente sobre el pasto. El cielo estaba nubladon; según Google era el aire normal de aquí. Pinche México mágico y su aire lleno de smog.

—Es una pendejada que me guste ese wey. Para empezar porque tiene novia, en segunda porque tiene amante y ya para acabar de chingar porque no le gustan los omegas.

En retrospectiva, si estoy muy pendejo.

Brian suspiro, ya era algo muy de él suspirar cuando estaba conmigo, no sé si de frustración o cansancio. Diría mi mamá: “Se te va a escapar el alma de tanto suspiro”.

Se recostó sobre el pasto también, aunque sus manos daban pequeños golpecitos sobre su estómago viendo al cielo igual que yo.

Ojalá nadie viera esto porque iban a pensar una mamada muy romántica. La realidad es que los dos estábamos mas o menos igual de chingados.

—Pobre de ti wey, te enamoraste de un pendejo. Pero pendejo de los grandes.

—Dame soluciones, no problemas. padre santo. Además, yo no dije que me gustara, dije que estaba confundido. Son cosas diferentes, Brian.

—¿Qué tiene de diferencia? Eres o no eres mi cawn y por la forma en que hablas, estás jodido. Are you open mind o pendejo.

Pinche wey. Me dice estas cosas como si el no llevara días evitando a Armando. No toco de otra; aunque la quiera regresar, Brian no va a dejar que esto sea sobre él.

—A ver, let’s take this. ¿Qué es lo que te gusta de él?

Sería una gran pregunta. Si tan solo supiera cómo responderla. Ya lo había dicho: lógicamente hablando no había nada que me gustara de Mateo.

—No se. No se como paso. Solo… Se que no es normal si el corazón se acelera y las manos te sudan. No es la primera vez que me gusta alguien, pero creo que si es la primera vez que me siento de esta forma. Estoy confundido, poque no se como paso ni que hacer con esto.

Esa era probablemente la mejor explicación que podía dar al respecto. Mateo era un chico agradable. Pero nada más. No tenía nada que como una pareja me agradara, por no mencionar que era un infiel de primera que me había contado su mentira con confianza.

 Genuinamente, ¿qué pedo conmigo?

 Brian interrumpió mi crisis externa con un pequeño bufido.

—Pues, entonces no tienes de que preocuparte. Estas enamorado de la sensación, no de quien quiera que sea esta persona.

—¿Cómo puedes enamorarte de una sensación?

¿Cómo es posible que te guste más una sensación que una persona? No tiene sentido. Al menos no para mí, pero Brian parecía entenderlo bien.

—Pues, es como cuando metes un gol. Te gusta ganar; eres futbolista, si no te gustara no estarías en donde estas. Me refiero a que todos nosotros amamos la sensación del gol, la victoria; el poder regodearte porque tu gol es lo que separa el marcador.

O en una relación. Tengo amigos que ya ni siquiera quieren a sus parejas, pero están tan acostumbrados a esa persona y la comodidad que eso les trae que tampoco hacen nada para salir de ahí.

Quizá Brian tenia razón. Si era así, que alivio. De cualquier forma, me había ayudado, era un buen amigo.

Con un suspiro de alivio—se me estaba pegando la costumbre del mexicoamericano— me levante del césped, sacudiéndome los pantalones.

—Bueno, pucheritos, yo mejor me voy a dormir, no quiero que el Vasco nos regañe mañana por ir desvelados.

Brian asintió, volviéndose a sentar erguido en el pasto para darme un golpecito en la cadera a modo de despedida, yo comencé a caminar, pero una idea cruzo mi mente.

Él me había ayudado, lo justo seria que yo lo ayudara también, ¿no?

—Ah y Brian. — Eso llamo su atención, estiro el cuello para verme, alzando las cejas en una pregunta silenciosa.

—No tienes que preocuparte mucho, Mateo no quiere a Armando de esa manera. Él es el imbécil con novia y amante.


Narra Armando.

Ya eran las doce y Brian no había regresado. El muy hijo de la chingada seguramente seguía con Obed.

Me estaba cansando, la verdad. No soy pendejo, sé que no hemos estado pasando tanto tiempo juntos, principalmente por el entrenamiento, las reuniones de estrategia o las grabaciones de marketing.

Eso no quería decir que me gustara verlo pegado a Vargas. Me cagaba que en lugar de buscarme a mí al finalizar los entrenamientos fuera directo hacia él.

Y hoy no fue la primera vez, nada más salir de las duchas se le había pegado como chinche. Antier había elegido sentarse con él en la cena. Nada mas faltaba que lo metiera a dormir a nuestro cuarto, en su cama.

Ahora que lo pienso la sola idea me revuelve el estómago. Se supone que yo estaba viendo el clásico de clásicos del anime de deportes —Slam dunk para los compitas— pero no tengo idea en qué momento había comenzado a mover el pie de un lado a otro.

Yo estaba ansioso. Mi omega estaba entre enojado y ansioso y, aunque en general nuestros instintos estaban bajo mi control, en esta ocasión ni siquiera pude contener el aroma a disgusto que se esparció por la habitación.

Los había visto por error en el campo, cuando regresaba del cuarto de Mateo. El muy perro llevaba veinte minutos hablándome de una Beta que se le hizo guapa y yo ya estaba desesperado por salir de ahí. Apenas eran las nueve, pero ya estaba cansado y quería irme a dormir.

Grave error caminar por el balcón este en lugar de tomar la ruta directa.

Brian estaba correteando a Vargas por el campo de entrenamiento, el alaskeño iba pateando un balón y ambos luchaban: Obed por no dejar que Brian se lo quitara y Brian por quitárselo.

Se complementaban en eso. Por sus posiciones en futbol, Obed era centro campista defensivo; Brian, ofensivo.

Que perfecto.

Pendejo yo, porque me quede viéndolos hasta que se sentaron en el césped, como si fueran grandes amigos, conversando bajo las estrellas. Obed lo conocía de mes y medio y ya tenía la confianza para reír con él, empujarlo. Ayer incluso lo había abrazado.

Esa imagen vuelve a mi de golpe y tengo que apretar los ojos para evitar dejar escapar otra ola de feromonas. Todo en la habitación debía oler como yo a estas alturas. A mi enojo, mejor dicho.

Aunque eso era mucho mejor que oler a Vargas.

Mis ojos se mueven hacia la maleta de Brian. Estaba abierta a los pies de su cama; tenía varias prendas desperdigadas por ahí y su aroma irradiaba tenuemente. De ese lado de la habitación las notas acidas del caramelo quemado se fundían con el inocente Bacardí.

Pero también hay chocolate bajo todo eso. Chocolate con…arándanos. Vargas huele exactamente así.

Esto es una muy mala idea.

Antes de que mi auto control me detenga ya estoy frente a la maleta, me siento nervioso de repente. No es la primera vez que toco algo tan personal como su ropa, una vez incluso le robe una camisa que me gusto, aunque eso fue diferente porque me la termino regalando. Pero esto era diferente.

Me agache en el lugar, tragando saliva mientras mis manos temblorosas sujetaban una camiseta de la pila. No, esta no era.

 La que olía como Vargas debía estar revuelta entre las demás, si la dejaba ahí ese aroma se le iba a pegar al resto de prendas. No me resulto muy difícil encontrarla entre el olor de Brian.

Era una de las camisas de compresión que Guti usaba, sin tirantes y de color negro. Me hizo fruncir el ceño aún más. Estas eran camisas interiores, ¿Cómo había llegado el olor a Obed ahí? ¿Por qué Brian había dejado la camisa sin lavar?

No olía mal. Obed era un omega, como yo. Naturalmente su aroma era dulce. Según yo a Brian no le gustaban las cosas dulces, le gustaba un poco mas el picante, pero tampoco en exceso.

El aroma a chocolate me estaba empalagando, y si de todas formas ya estaba aquí, había que arreglarlo. Tallé un poco la camiseta contra mis muñecas sobre mis glándulas odoríferas, dejando el olor a canela en el algodón. Aunque el olor desapareció, eso no bastaba, arrojé la estúpida prenda al cesto de ropa que estaba en una equina de la habitación.

Mañana mismo les pediría a las muchachas del servicio que lavaran la ropa.

Slam dunk se seguía reproduciendo en la pantalla del cuarto, pero yo estaba mas entretenido viendo el reloj. Doce veinte. Ya era tarde, mañana no teníamos entrenamiento sino reunión de estrategia con el Vasco y Rafa.

Pero Brian seguía sin llegar.

Estar con Obed debía ser entretenidísimo. Mañana lo iba a intentar, solo para comprobar si era así de divertido.

Cuando la puerta se abrió, el reloj ya marcaba las doce treinta. Brian no noto que yo estaba sentado en mi cama, con los brazos cruzados sobre el pecho, observando cada movimiento que hacía el güero. Venia distraído con su teléfono; probablemente le deseaba buenas noches a su amiguito Obed.

Que coraje que ni siquiera estando los dos solos me mirara. Yo no me iba a quedar así, bufe para llamar su atención, pero ni siquiera eso funciono.

Me estaba ignorando a propósito.

A mí me valía madres, esto no se iba a quedar así.

—¿Fue divertido?

Así mismo debió sentirse Reo al ver volver a Nagi. Que pinche dolorcito de pecho.

Brian levanto la mirada dos segundos, parecía sorprendido de oírme hablándole. Pero no me contesto y eso me hizo enojar más. No había nada llenando el silencio entre nosotros, Slam Dunnk había dejado de reproducirse hacia cinco minutos, con la clásica pantalla de Netflix “¿Sigues mirando?”  siendo lo único que ocupaba la pantalla.

No, Netflix, ahora no.

Ahora mis ojos estaban ocupados con Brian, quien había arrojado su teléfono a su cama y comenzaba a caminar hacia el baño.

No pude evitar el gruñido de burla que dejé salir ante eso. Mi omega estaba tan fúrico como él. Y la furia volvió a encenderse cuando aun desde la pequeña distancia entre el y mi cama pude oler a Vargas de nuevo.

—Dije que sí fue divertido.

Hijo de puta contesta.

—De que hablas Armando.

No te hagas pendejo.

Todo el puto mundo sabe, Memo ya me cago por tu pinche culpa. No puede ser que no sepas.

¿Para empezar, como es que de un día a otro decidiste que Obed era más divertido que yo?

Y, para colmo te haces el desentendido, hijo de tu pinche madre. La señora no tiene la culpa, pero tu te estas pasando de imbécil.

—De Obed, Brian, ¿es divertido estar con él?

Obed no tiene la culpa. Eso es lo que me dijo Israel en la tarde. Técnicamente, Obed es la victima de lo que sea que traigamos Brian y yo. O eso dice Israel.

Yo personalmente digo que, si todos saben que soy mala copa no me deberían de invitar a la peda. O, en pocas palabras: ¿Por qué putas madres Brian llevaba ignorándome dos semanas?

—Pues sí, somos amigos, eso hacen los amigos cuando están juntos. Divertirse, ¿no?

¿Amigos que se corretean por un balón y luego sientan a mirar las pinches estrellas? Eso lo hacíamos nosotros, no tan así pero definitivamente eso era una cosa de nosotros.

—¿Amigos como nosotros o otra clase de amigos?

Eso Armando, arriésgate. A ver si no quedas como pendejo otra vez.

Pinches emociones estúpidas ojalá no existieran.

Pero ya era muy tarde. Para empezar porque Don Memo Ochoa ya me había aventado una sesión de terapia en la tarde sobre porque al parecer me gustaba Brian y todos podían verlo menos yo.

“Es la forma en la que se miran morro. Todo el mundo te dice que siempre son los ojos, de lo que uno primero se enamora. Porque son las ventanas del alma. Es cierto, siempre son los ojos.”

Brian tenia ojos como de guijarro, a veces se veían como verdes, en fotos los tenía grises y el juraba que eran azules. Ahí si tenia que darle la razón, eran azules. Como pardos con manchitas grises pero azules a final de cuentas, uno tenía que prestar atención o podías perderles el color.

“Es demasiado obvio. Así miraba yo a mi Dayana antes de casarnos. Solo miras así a alguien con quien sabes que vas a echar vida, y mira ya voy por mi segunda princesa.”

El piojo y su perfecto matrimonio. Pero no se equivocaba. Aunque no me gustara admitirlo en voz alta, lejos de la cancha, los trofeos y la fama. Esa era la meta, poéticamente hablando, amar y ser amado.

Todavía era muy joven.  Eso decía mi mamá. Que me faltaba probar mundo y conocer personas. Y capaz sí. De morrito había tenido más novias cuando vivíamos en Aguascalientes. Todavía el año pasado me había llevado una lluvia de burlas de mis compañeros por ir a un partido todo marcado del cuello.

Capaz si soy muy joven, pero no soy tan pendejo.

Ya se que no es normal tener a mi omega todo alborotado por una sola sonrisita de Brian. Mucho menos casi llorar esa vez que me dedico su gol. Eso no me quitaba el miedo.

Nunca había querido ser uno de esos omegas que se veían super pequeños y sonreían dulces y tímidos. Quizá mi visión era algo recortada porque para ser justos, una gran parte de los otros omegas que yo conocía eran de clase alta y a todos les gustaba ser mimados.  

A mí también me gustaba, pero eso solo lo hacia mi familia.

Brian era una de esas personas a las que solo conoces una vez en la vida. Desde el comienzo había llegado con sus ojos todos paniqueados y su actitud timida. Groseramente pensé que era un alfa recesivo, pensé que Carla nos había mentido a todos cuando dijo que el nuevo era un alfa.

Lo hicieron una vez cuando dijeron que Mateo era un omega y todo el mundo lo trato con moñitos su primera semana. Yo me había reído porque lo conocía desde antes y sabia que no era así.

Brian no. Físicamente era un alfa, olía como un alfa, era un alfa. Un alfa que me había confesado lo difícil que había sido sentirse bienvenido en el Chicago Fire. Un alfa que me había mostrado su peor inseguridad y confió en mi para guardar su secreto.

Nunca se había mostrado como alguien agresivo o dominante. En todo caso era yo quien solía buscar su contacto, quien le daba empujones, quien lo tocaba con confianza.

Teníamos confianza.

Él me había mostrado sus secretos, sus defectos y el peor de sus miedos. Y yo hice lo mismo, porque sabía que no diría nada. Aunque Mateo era mi mejor amigo ni siquiera él tenia esas partes de mí.

“Tengo miedo, ¿sabes? Aunque aquí el futbol puede jugarlo quien sea no quiere decir que no critiquen mas a unos que a otros.”

Había fallado el tiro que nos daría el campeonato de clubes del cierre 2025. 18 de diciembre y el balón se me había ido de las piernas. Los abucheos fueron terribles, las lagrimas de los aficionados me partían el corazón y mas tarde cuando todo quedo en silencio y solo éramos Brian y yo en nuestra habitación leer los comentarios de odio fue inevitable.

“Por eso deberían de dejarlos en la cocina.”

“Jugaría mejor debajo de mi de lo que lo hace en el campo.”

Comentarios que me daban asco. Me revolvían el estomago y me llenaron los ojos de lágrimas. Brian lo había notado inmediatamente, a pesar de que cinco segundos antes había estado por quedarse dormido.

Se levanto de su cama, camino hacia la mía y me quito el teléfono de las manos. Y justo cuando estaba por reclamarle se acostó en diagonal a mí. Su cabeza estaba a un lado de mis pies y aprovecho para hacerse espacio.

—Nada mas te gusta comerte la cabeza con esas pendejadas. Si se creen tan buenos que vengan y lo hagan ellos. Go to sleep Nando.

Se quedo dormido en mi cama con mi teléfono bajo las costillas.

Él era como mi papá en ese sentido. No me dejaba hundirme en mis pensamientos, no me permitía dejar que me afectara. Me vio llorar múltiples veces sin decirme nada, solo estando a mi lado en silencio.

Creí que era un error al comienzo. Pensé, estúpidamente que una vez que se adaptara a los demás dejaría de necesitarme a mí.

Incluso mi omega estaba cómodo, contento con nuestra amistad. Feliz con su cercanía.

Yo sabía, lógicamente, que Brian eventualmente tendría alguna pareja. Una novia, un novio, el lo merecía, era amable, afectuoso y guapo. Un buen partido por donde lo vieras.

Quizá ese era el problema.

Yo quería que tuviera todo eso, quería verlo feliz. Aunque eso me rompiera un poco el corazón.

Pero ahora me estaba acobardando.

Por favor Brian. Mírame un poco más.

No quiero que tus ojos volteen a ver a nadie más, no a Obed. Quier ser yo, necesito ser yo.

Aunque sea una contradicción a todo lo que había querido.

Aunque exista la posibilidad de que no me quieras como yo te quiero. Rómpeme el corazón si eso deseas. Pero no dejes de mirarme.

Solo contigo puedo ser el verdadero yo. Así que no te apartes más de mí.

—Amigos normales, Armando. Como tu y Mateo.

Dudo que sea así. Mateo y yo nos conocemos desde niños, si, pero éramos sublimemente diferentes, a el nunca le contaría mis sentimientos. Estoy seguro de que Obed tampoco lo haría.

—Mateo y yo no somos esa clase de amigos. Es alguien con quien puedo divertirme, pero no hablar. Obed… tu y el ¿Hablan?

Yo los había visto hablando. Pero, una cosa es ver, y otra muy diferente, saber de que hablaban.

—El habla y yo escucho. ¿Qué hay de diferente?

Creo que esta es la conversación mas larga que hemos tenido en dos semanas. Me alegra que no hable tanto con Obed, me da gusto que sus sonrisas sean solo de diversión y no de alegría.

La alegría es para la cancha, para cuando celebra, para cuando puedo verlo yo. Es egoísta querer eso para mí.

Lo sigo con la mirada mientras se mueve por la habitación. Dejando un rastro ligero del aroma de Vargas que debe habérsele pegado cuando jugaban. Ya no me importa, para la mañana ese olor debería de haber desaparecido.

Solo estoy pensando en que ya no quiero reclamarle nada. Técnicamente no tengo derecho.

Esa mierda duele.

Me trago el nudo de nerviosismo que tengo atorado en la garganta. Se supone que ya tenía planeado que decir y ahora que lo tengo frente a mi no se que decir.

No sé si debería decirlo.

No quiero que te alejes. No quiero alejarme, no ahora que ya me acostumbré a tu presencia. No quiero dejar lo que tenemos tú y yo.

Si la química en la cancha se apaga, si los tablones ya no hablan de “nosotros” entonces, ¿qué va a quedar para mí?

¿Quién va a sostenerme si tropiezo? ¿A quien voy a contarle sobre el nuevo anime que estoy viendo?

Si soy honesto, esto no es justo. No lo es para ti.

Deseo que sigas con tu vida, que seas un gran futbolista, que algún día seas un campeón. Y quiero disfrutar de eso contigo, quiero ser quien celebre los goles a tu lado, a quien le dediques cada logro.

—H-Hay mucha diferencia. Conoces a Obed de hace una semana, ¿puedes contarle las pesadillas que tenías de niño?

Yo me las se todas. Te aterraba romperte alguna pierna. Tenias miedo del sonido de los aviones al despegar. Tu peor miedo era no ser nada.

Como si no fueras a llegar, como si pudieras desaparecer.

Yo nunca te dejaría desaparecer. No desapareces si todo el tiempo estas en mi mente. No podría olvidarte si lo se todo.

Tu lo sabes todo.

Mi miedo infantil a las hormigas, mi miedo a fallar, como estuve a punto de rendirme. La forma en la que me rio, la manera en la que me alejo, como no confió fácilmente y peor aún, amo con todo el cuerpo al amar.

¿No te has dado cuenta?

Los abrazos, las palmadas, el permitir que me toques el cabello y peor aún, olerme de cerca.

Esto me va a doler.

—Ya no quiero ser tu amigo si es así.

Dime que no es así, dime que esa parte de ti es solo para mí.

—Mira quien lo dice.

Ahora si me estas mirando. Gracias a dios, me estas mirando.

—¿De qué hablas?

—¿De que hablo? Blue Lock

Tu cara parece de disgusto, ¿qué tiene que ver esa pendejada ahorita? Mi cara de confusión parece desesperarte más.

—¿Soy un reemplazo para ti, Armando? ¿Alguien que puede llenar el espacio que Mateo ocupaba cuando se fue?

No, claro que no. Mateo nunca podría ocupar tu lugar. Sin darme cuenta ya estoy de pie, frente a ti.

—No tengo puta idea de que estas hablando. Pero la respuesta es no. Acabo de decirte que con el no se puede hablar. ¿Crees que mateo conoce una cuarta parte de lo que conoces tu? La respuesta es no.

Pareces sorprendido. Quiero seguir, necesito seguir.

—Lo conocí de niños y luego jugamos un rato juntos en chivas. Pero no es lo mismo y nunca lo va a ser. No se que paso estos días, que parece que no me conoces. Pero te invito a dejarlo salir, ya que estamos aquí.

—Bueno Armando. Yo también pensé que éramos especiales, yo pensé que Blue Lock era nuestra cosa, que era solo de nosotros.  

—Lo es.

—No, no es así. Mateo te lo mostro antes.

—Vimos dos putos capítulos y luego el se rio porque la animación era cagada. Es especial, es de nosotros. Pero que bueno que sacas el tema, yo pensé que las retas nocturnas eran solo de nosotros. Ahora resulta que Obed también puede tener eso.  

Suena muy pendejo enojarse por un partido chiquito de fuchibol. Pero me enojo mas cuando me doy cuenta que estas a punto de reírte.

—¿De que chingados te ríes Brian?

—Tu cara Armando. Siempre es tu cara.

De repente me congelé en mi lugar. Tu frente se golpea contra mi hombro y dejas salir un suspiro tembloroso. Ahora que me doy cuenta todo tu cuerpo tiembla.

Hueles a tristeza. Tu aroma se vuelve mas tenue cuando alcanza mi nariz. Odio ese olor, lo odio con fuerzas.

—Brian…

—Perdón. No pensé que jugar con Obed fuera a molestarte. Solo… quería dejar de sentirme así por un rato.  

—¿Así como?

—Pesado.

Mis brazos se mueven por puro instinto para tocarte. Te rodeo con suavidad por los hombros, de repente sintiéndome mal por hacerte pasar esto.

—Si te sentías así ¿no era mejor decírmelo?

—No es tu responsabilidad arreglar mis problemas.

—Ya se. Pero yo quiero hacerlo. Tú haces eso conmigo todo el tiempo, déjame ser quien pueda ayudarte también.

Mi camisa se humedece donde descansan tus ojos. Se que estas llorando, pero no puedo hacer nada más. Nada mas que esto, quedarme aquí para ti, sostenerte mientras lo dejas salir.

Creo que yo también podría llorar. Me siento un poco miserable al verte así, al sentir tu cuerpo temblando. Mi mano se desliza hasta tu cabello, acariciándolo suavemente de la misma forma en la que tú haces conmigo.

Incluso así, dentro de mi hay un enfermizo sentimiento de dicha. Porque aun soy yo quien puede verte así. En quien confías para sostenerte.  

Arriésgate Armando. Arriésgate a ver si ganas.

Mi voz tiembla un poco cuando la fuerzo a salir.

—Oye, Brian.

—Mande.

—Te quiero.

Madre santa. Madre santa. Madre santa.

—Armando. Yo también te quiero.


 

Notes:

Espero que hayan disfrutado leyendo, así como yo disfrute escribiendo esto. Si es así pueden dejármelo saber en comentarios, o no, jaja.
Por otro lado, acabo de estrenar otro fanfic de estos dos ambientado en Hannibal NBC, así que tenemos un nuevo horario. De ahora en adelante este fanfic será actualizado un día si y el otro no… Pero no detendrá las actualizaciones, así que no se molesten.
Sa-yo-na-ra.

Notes:

Eso fue todo por el momento. De nuevo la idea vino de un clip en twitter, aunque esta vez el fic tendrá varias partes.
Como siempre espero que les guste y si es asi voten y comenten, especialmente esto ultimo porque me pone de buen humor leer sus ocurrencias.
Cualquier cosita nos vemos en twitter.
Ciao.