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La vida en un beso

Chapter 2: Calles secretas de miel

Summary:

De Paul efectivamente arregla lo que hizo.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Volver a su casa vacía luego del mundial no era lo mejor, después de pasar semanas con sus compañeros, charlando, jugando y divirtiéndose, el contraste con su propia vivienda era simplemente deprimente. Demasiado desolado y silencioso, eran cosas que con Rodrigo no iban para nada.

 Se encontraba recostado en el sillón de cuero blanco con un brazo detrás de su cabeza como almohada y la otra sostenía el celular, curioseando un poco por instagram se topa con un vídeo de la pelea en el final del partido contra España, rápidamente al ver el protagonista de tal escándalo su mente comienza a recordar con lujo de detalle todo lo que había pasado ese último día.

 

Desde ese día no habían hablado más, si bien se habían despedido y tal, no se habían dirigido la mínima palabra. Eso no es que le molestara, sino que algo dentro suyo lo sentía incorrecto. Sabía que las cosas habían terminado mal, luego de la terrible vergüenza que dió al no responderle la confesión a su compañero en el baño.

 

En su defensa no se lo esperaba, es más, él pensaba que sólo atraía a Leandro sexualmente y nada de sentimientos románticos de por medio (claramente un error).

 

Resopla cansado mientras va a la parte de los chats en esa misma aplicación. Deslizó el dedo hasta encontrar los mensajes con Leandro, hace desde antes del mundial que no hablaban y la última conversación era él mismo enviándole un reel nada gracioso que fue respondido con un “es re vos” y ya.

 

Se mordió el labio levemente, antes de comenzar a escribir un “hola, todo bien?” que fue borrado rápidamente, estaba seguro de que el bostero no quería tener una conversación casual, menos con él. Pero por otro lado también quería disculparse y por algo tenía que empezar, había actuado como un boludo con alguien que simplemente tuvo la mala suerte de enamorarse de él.

 

“Holaa, quería hablar un rato con vos“¿Estás?”

19:17

 

Fué simple y casual. Ideal como un inicio, entonces antes de arrepentirse presionó enviar y apagó su celular dejando que la respuesta llegará a su momento.

 

Se levantó del sillón dispuesto a hacerse algo para comer pero mientras iba hacia la cocina escuchó sonar su teléfono, haciendo que volviera casi de inmediato a buscarlo y ver si era él.

 

Para su completa decepción no era Leandro, sino Martina. Una chica con la que no tenía nada serio pero de vez en cuando se juntaban para acostarse, simple y llanamente sexo casual. Era el mensaje típico que decía “nos vemos hoy?” que casi siempre respondía con un sí, pero esta vez dudó.

 

No es que no quisiese algo de sexo, de hecho era algo que necesitaba en ese momento, casi siempre después de perder un partido era lo que buscaba pero lo que no estaba seguro era si quería que fuera con ella la cuestión.

 

Ella era realmente hermosa, lindas tetas, una cintura fina, piernas largas y bronceadas y un rostro demasiado exquisito. Una belleza total, pero en todo el viaje de regreso a casa y los pocos días que había estado en su hogar no había pensado en ella ni una vez, era su amigo quien llenaba sus pensamientos noche y día. No podía dejar de fantasear con él, con los preciosos ojos claros, la mandíbula marcada, el pelo revuelto y húmedo y esos labios gruesos que eran demasiado besables para su gusto.

 

Más allá de lo físico, realmente lo extrañaba como su amigo y compañero, pensar que la relación se pudo haber acabado por una “pequeña” confusión lo ponía mal.

 

Cuando estaba a punto de responderle a Martina, la notificación del mensaje de Leandro se llevó por completa su atención.

 

“hola, no creo que sea bueno que hablemos”

19:25

 

Rodrigo sonrió levemente, por lo menos le había contestado con un hola y no lo había bloqueado directamente. Siempre había que ver el lado bueno de las cosas.

 

“Entiendo, pero creo que sería mejor si aclaramos un par de cosas”

19:26

 

Lo pensó un segundo para luego escribirle:

 

“Te extraño”

 

El mensaje fue visto al segundo de haberlo enviado, sin embargo no fue respondido con la misma rapidez y eso lo puso nervioso.

 

“¿Querés venir a mi casa? Estoy solo”

“Osea para hablar nomás”

19:29

 

Movió la pierna demasiado ansioso para su gusto, él nunca se ponía así por nadie (mucho menos por un hombre) pero éste no era cualquier hombre y su mente lo sabía, haciéndoselo recordar en cada momento.

 

“bueno voy, pero no tengo mucho tiempo”

19:33

 

“vos no te preocupes, es rápido”

 

Contesta al segundo, ya un poco más tranquilo y bloquea su celular sonriendo tontamente para luego dirigirse a la cocina de nuevo, está vez se preparó un café y mientras esperaba subió hasta su habitación rápidamente para echarse algo de perfume y mirarse al espejo. Se veía normal, casual y cómodo con ropa de casa, así que decidió quedarse con esas mismas prendas, en lugar de eso se puso a acomodar antes de la llegada de su amigo.

 

Si bien la casa nunca estaba sucia, sí algo desordenada, era una persona que simplemente dejaba las cosas donde le parecían en el momento y seguía con otras, lo que lo llevaba a tener objetos que nada que ver en lugares que no iban.

 

Leandro ya había estado en su casa varias veces aunque la mayoría era junto con otras personas de por medio, muy pocas veces se encontraban a solas ellos dos, hasta puede que hayan sido tres veces; Una había sido porque el ojiclaro al parecer estaba tan aburrido en su propia casa que se había auto-invitado a cenar en la suya para luego irse sin mucho lío. La siguiente vez fue cuando quedaron de juntarse con otros dos chicos más para jugar al truco y ninguno de ellos apareció, lo que los llevó a ambos a quedarse hablando cómodamente toda la noche. Y por último, fue la vez que habían salido a tomar algo tranquilo por el cumpleaños de un amigo en común y el bostero terminó completamente borracho sin siquiera poder pararse bien.

 

Se acuerda como esa noche lo había llevado a su propia casa ya que Leandro había insistido en ir, por lo que sin mucho remedio lo hizo. Esa vez el bostero había estado totalmente expresivo, mirándolo descaradamente y sonriéndole coqueto. Él claramente lo había dejado pasar, pensando en que tal vez su amigo había estado solo por mucho tiempo. De todas formas al otro día había amanecido con una notita que le pedía perdón por las molestias y desde ahí nadie volvió a sacar el tema.

 

Cuando el café estuvo listo bajó y se sirvió una taza, en una que le había dado Dibu para uno de su cumpleaños, blanca y repleta de imágenes de su cara con una frase que decía “el motorcito”. Era su favorita.

 

Pasando sus dedos por el pelo corto que tenía, se dirigió de nuevo al sillón mientras encendía la música en la casa y buscaba un tema que fuera tranquilo pero con ritmo. Necesitaba ocupar su mente en otra cosa, estaba intranquilo y algo nervioso de hablar con Leandro a solas, no había preparado muy bien qué decir y tenía miedo de cagarla aún más de lo que estaba.

 

Sus pensamientos se fueron hasta el susodicho una vez más, recordando como siempre se reía de sus chistes, o cuando dormían la siesta en la misma cama, obvio con otras personas en la habitación pero siempre terminaban acostados juntos. Hasta sus propios compañeros un día le sacaron una foto donde se veía a ambos cómodamente abrazados, también recuerda como Leandro ese día se había puesto rojo al despertarse y toparse con él de frente, lo que lo había hecho tomar una distancia prudente. Luego de eso lo había comenzado a enviar por completo.

 

En ese momento suena su teléfono, sacándolo de sus pensamientos; era un mensaje del bostero anunciando su llegada, aproximadamente más de media hora después de confirmarle que venía. Se tomó su tiempo, supuso.

 

Rápidamente fué para habilitar su entrada por las rejas de enfrente, viendo cómo entraba su auto por el jardín delantero para luego abrirle la puerta de ingreso a su casa.

 

Se apoyó en el marco de la puerta, observándolo bajar del vehículo con unos lentes de sol (¿para qué? si era de noche) una remera manga larga negra algo pegada al cuerpo y unos jeans desteñidos que simplemente lo hacían lucir muy bien.

 

Se lo notaba algo incómodo mientras subía los tres escalones de la entrada, pasando las palmas abiertas por el pantalón y sonriéndole levemente lo saludó.

 

– Hola Rodri –

 

– Hola Lean, pasa que afuera está medio fresco – Le sonreía mientras se movía a un lado para dejarlo entrar, cerrando la puerta detrás de él una vez que lo hizo.

– Vamos al salón, que me preparé un cafecito hace rato y no me lo pude tomar todavía –

 

Paredes pareció dudar pero de igual forma lo siguió hasta la sala, sentándose a su lado en el sillón y dejando los lentes sobre la mesita.

 

– ¿Quieres algo para tomar? ¿O comer? Tengo lo que pidas –

 

– No, ya comí en mi casa igual –

 

Entonces reinó un pequeño silencio demasiado incómodo para ambos, Rodrigo lo seguía mirando fijamente y Leandro se estaba poniendo cada vez más tenso. No debería haber aceptado juntarse, mucho menos después de la embarazosa situación luego de la confesión que hizo, no por lo que había dicho en sí (es más, no era para nada romántico lo que había hecho) sino la completa cara de confusión que había puesto De Paul, como si por cada palabra que escuchaba le hubieran crecido tres nuevas cabezas. Horrible.

 

Paredes había pasado unos días en su casa con una tranquilidad inigualable, aunque al llegar lo primero que hizo fue decirle al plantel de Boca que lo pusieran como titular en el siguiente partido, era simplemente porque tenía demasiada frustración acumulada y qué mejor lugar para dejarse llevar que el propio campo de juego. Claramente no era para poder evadir todo pensamiento relacionado con la final o con el hombre que tenía enfrente, no.

– Eh, bueno. Entonces voy a buscar mi café y vuelvo así charlamos –

 

Rodrigo rápidamente se dirigió a la cocina, una vez allí se apoyó en la encimera mirando fijamente la máquina de café. No pensaba que iba a ser tan difícil hablar con él luego de eso, una cosa era chatear y otra era verle la cara y tener que dialogar sobre lo sucedido. Pero Rodrigo Javier De Paul puede ser muchas cosas, pero no era un cagon, no iba a echarse atrás por unos ojitos claros que lo evitaban a toda costa.

Armándose de valor, se sirvió una buena cantidad de café y volvió a la sala, encontrándose con un Leandro que no se había movido un centímetro de lugar.

 

– Bueno, te dije que vinieras para que hablemos. Así que eso vamos a hacer – Sentándose frente a él en la mesita ratonera lo agarró por los hombros. – Escucha, voy a ser directo. Perdón por no responderte en el baño del hotel, estaba muy sorprendido como para hacerlo. La cuestión es que nunca me había puesto a pensar en nosotros de esa manera, si sabía que somos re buenos amigos y nos re entendemos como compañeros, pero pareja? Ni en mis sueños, una re boludez. –

 

En la cara del bostero iba acentuándose cada vez más profundo un ceño fruncido. Por cada palabra que escuchaba salir de la boca de su amigo su arrepentimiento de haber ido, crecía. Por suerte eso no pasó desapercibido para Rodrigo, quien frenó en seco su discurso, para nada ensayado (claramente) y replantearse bien lo que había dicho de principio a fin.

 

– Ósea, para… No me escuches, no preparé nada para decir y la estoy cagando de vuelta. –

 

– Está bien, si vos pensas eso estás en tu total derecho, yo ya te dije más o menos lo que pienso – Trata de tranquilizar Leandro, al mismo tiempo en el que quitaba suavemente la mano de De Paul que seguía en su hombro para luego levantarse del sillón.

 

– Lea no, para.– Pensando cuidadosamente lo que iba a decir a continuación, siguió. –Te extrañe una banda… Somos una dupla muy buena y no quiero que esto termine, aunque en este momento no sé muy bien lo que siento por vos, déjame que lo descubramos juntos. Sé que no te quiero perder por nada del mundo – Suplicó Rodrígo levantándose al mismo tiempo y abrazando su cintura para no dejarlo escapar.

 

– … ¿Sí? Porfa Lean – Hablando bajito fue aproximando su rostro al ajeno, sin cerrar la brecha del todo.

 

– Rodri… Me estás matando – Suspirando el ojiclaro colocó ambas manos en su pecho, con intención de alejarlo.

 

– Perdóname, Leandro. Si queres me pongo de rodillas, fue una boludez de mi parte. No tenía intencion de lastimarte – 

 

Paredes se quedó en silencio, no esperaba realmente unas disculpas tan desesperadas. Lo que lo hizo considerar que tal vez se había apresurado en sacar conclusiones precipitadas. Por otro lado, la cercanía de Rodrigo lo estaban tentando demasiado, necesitaba un respiro.

 

– Lean... Decime qué querés que haga –

 

La voz demasiado lastimera e implorante le envío cosquilleos por todo su cuerpo. Sin importarle la advertencia de su propio juicio llevó las manos que antes pretendían separarlos, hasta su cuello para besarlo apresuradamente.

 

De Paul soltó un jadeo satisfecho, dejando a Leandro tomar el liderazgo del beso, que fue transformándose en algo más urgente sin llegar a lo bruto como la primera vez. Los labios se movían en una sincronía perfecta, complementándose y sin dejar un espacio en la boca del otro sin ser besada, sus lenguas se encontraron al cabo de unos segundos entrelazadas y sedientas.

 

El sabor de Paredes lo estaba haciendo enloquecer de a poco, algo dulce se acentuaba en lo profundo y quería tenerlo todo. Codicioso, lo abrazó con más fuerza contra su cuerpo, escuchando el suspiro que lanza su compañero al instante. De un momento a otro, siente como el bostero los da vuelta para empujarlo contra el sillón para luego sentarse encima suyo, retomando el beso.

 

– Me gustas muchísimo, ¿sabes? – Murmuró el ojiclaro contra su boca, como si fuera un recordatorio.

 

– A mí igual… Perdón por no decírtelo antes – Responde colocando ambas manos en su espalda baja.

 

– Gracias por decirlo está vez – Le sonrió Leandro echándole una mirada rápida a su entrepierna. – ¿Ya estás duro? – Con una pequeña risa el 5 de Boca llevó una mano hasta el miembro de su compañero de selección, palmeando por encima.

 

– Déjame boludo, le pasa a los mejores –

 

Una carcajada se escapa de los labios ajenos, separándose apenas para verlo a los ojos por unos segundos. Rodrigo se queda totalmente inmóvil bajo la pecaminosa mirada que lo acaparaba todo, era hipnotizante tenerlo tan cerca, sentir su peso en sus muslos y su caliente respiración contra su boca.

 

– Sos imposible cuando me miras así, cualquiera cae rendido ante esos ojitos lindos –

 

– Pero no me importa que cualquiera lo haga, quiero que vos lo hagas –

 

– Mmh… Vas por muy buen camino entonces – Y volvió a besarlo, decidido a cortar con la pequeña charla y demostrarle con acciones lo que era capaz de provocar.

 

Empujando las caderas de Leandro hacia sí mismo lo hizo acomodarse hasta sentarse sobre su duro pene, moviéndolo suavemente de atrás adelante hacia frotarlo contra él.

 

Ah… Para, no lo vamos a hacer de vuelta con ropa – El bostero lo separó con una mano de por medio, antes de agarrar los costados de la remera blanca de Rodrigo para sacarla de una vez por todas. Observando descaradamente y sin ningún tipo de pudor cada centímetro de su pecho, aunque ya lo había visto tantas veces sin ropa, está vez se sintió diferente, algo más… especial por así decirlo. Sus ojos brillaron sin querer tocarlo todavía, quería atesorar está imagen para siempre en su mente.

 

De Paul sonrió complacido, haciéndole lo mismo para liberarlo de la ropa que traía puesta y pasando sus manos por la piel desnuda de su abdomen plano, para luego trazar con la yema de los dedos la bombonera tatuada en su pectoral izquierdo. Sintiendo como se le iba erizando la piel bajo su toque, volvió a besarlo vigorosamente, deleitándose en como Leandro se estremecía jadeando.

 

Agarrandolo de la cintura lo empujó de espaldas contra el sillón, apresurandose a desabrochar su pantalón y bajarlo junto con sus boxers negros.

 

– Estás hermoso, dios – musitó con la voz algo ronca, comenzando a besar y chupar la piel de su cuello e ir bajando de a poco por su pecho y estómago. Escuchando a Paredes jadear y gruñir debajo de él no hizo más que alentarlo a seguir.

 

Al llegar al filo de su cadera le envío una rápida mirada de confirmación para poder continuar más allá. Al recibirla, bajó hasta el miembro húmedo que tenía enfrente, rozando suavemente con sus labios el tronco y complacido al observar la sacudida en la espalda baja de su compañero.

 

Leandro separó los muslos para dejarle más espacio entre ellos, llevándose el antebrazo para cubrir un poco su rostro sintiéndose de repente demasiado expuesto.

 

Por su parte, Rodrigo dejó varios chupones a lo largo de los gruesos muslos del bostero, divirtiéndose un rato con él hasta que por fin pasó su lengua por todo el largo del pene lloroso, degustando el sabor salado que persistía en su boca.

 

Rodri… Dale – La voz quejumbrosa del ojiclaro lo hizo sonreír inmediatamente.

 

– Pedimelo y lo hago – Lo retó pasando otra vez la lengua para provocarlo.

 

Ahh… Chupamela de una vez, tarado – Aún cuando quería sonar firme, no llegó a los oídos del otro como tal, y como no era lo que buscaba escuchar como respuesta negó con la cabeza alejándose.

 

– Podés hacerlo mejor que eso, no estamos en la cancha donde te tenés que hacer el malo – Susurra apretando distraídamente uno de sus pezones y frotando con una rodilla la entrepierna desnuda del otro.

 

Rodri… – Gimió el bostero cerrando los ojos en el proceso antes de volver a hablar. – Porfa… Porfavor chupamela. –

El calor le subió por toda la cara, sintiendo de a poco como la vergüenza iba recorriendo su ser. No duró mucho, ya que al instante de decir eso su boca se abrió en un gemido silencioso y ahogado cuando el calor abrasador de los labios ajenos lo envolvieron, haciendo que todo su cuerpo sufriera un espasmo que no pudo contener.

 

El otro jugador levantó la mirada, con una devoción que ni el mismo sabía de dónde había salido succionó la cabeza del miembro de su compañero para luego bajar de nuevo, repitiendo el proceso un par de veces hasta encontrar el ritmo con el que se sintiera a gusto. Sintiendo la dureza en su lengua y el gusto salado del pre-semen que emergia de él, llevó su mano hasta los testículos masajeandolo para estimularlo aún más.

 

Leandro gemía sin poder aguantarse, moviendo sus caderas hasta embestir la boca que lo aprisionaba. Se sintió a si mismo tocar el fondo de la garganta, levantando la vista culpable al oírlo toser y apartarse de lo que estaba haciendo.

– Perdón, se me fue-

 

– Shh, tranqui que no pasa nada – La voz ronca de Rodrigo lo tranquilizó, retomando rápidamente su trabajo con la boca antes de llevar la mano que estaba en sus bolas hacia su trasero, rozando con el dedo índice la hendidura.

 

El ojiclaro se sobresaltó un poco alejándose levemente, pero su mente estaba demasiado ocupada en el mar de placer que estaba sintiendo en ese momento como para realmente percatarse. Hundió su cabeza aún más en el sillón, queriendo que De Paul acelerará el ritmo pero a su vez tampoco quería presionarlo, simplemente deseaba sentir todo lo que su compañero estuviera dispuesto a darle y eso lo desesperaba aún más.

 

Rodrigo se apartó, escuchando el gemido frustrado de la persona debajo de él. En respuesta le sonrió, dejándole un fugaz beso en sus labios abiertos que buscaban alimentarse de aire.

 

– Tengo unas re ganas de metertela – Habla apresuradamente sacándose el pantalón que lo oprimía desde hace tiempo, quedando completamente desnudo ante él y esperando impaciente por su respuesta.

 

Mordiendo su labio, el bostero lo miró de pies a cabeza unos segundos para luego asentir frenéticamente. – No sabes las veces que fantasee con verte así, hacelo. – Esperando que fuera respuesta suficiente, abrió lo más que pudo sus rodillas como invitación para seguir.

 

– Dios, gracias Lean. Sos hermoso así – Sin perder ningún minuto, se acomodó otra vez arriba de él. Primero lleva su mano hasta su propia boca para escupir y luego dirigirla hasta la abertura de su compañero.

 

Algo nervioso, Paredes se acomoda apoyándose en sus antebrazos para observar sus movimientos. Él ya se había tocado en esa zona antes, pero era completamente distinto sentir a otra persona hacerlo.

El primer dedo llega como una intrusión molesta pero aguantable, haciéndole soltar un suspiro corto y sonoro. Sin mucha espera, De Paul comienza a mover su mano para embestirlo con el dedo, viendo cómo el índice desaparecía en el interior de su compañero de equipo.

 

Levantó la mirada para asegurarse de que el susodicho estuviera bien, para su tranquilidad no se lo veía molesto o incómodo, al contrario, luego de un par de embestidas él mismo comenzó a mecer su cuerpo para encontrarlas como si no le fuera suficiente, soltando de su boca sonidos tan lacivos que tuvo que apartar la vista. Ver así a su amigo, al hombre que en la cancha era una completa bestia fue sorprendente, verlo tan perdido en el placer que le generaba un mísero dedo lo consumió por completo.

 

Metió un segundo dígito y con ambos en el interior aceleró la constancia, metiendo y sacando de una forma despiadaba solo para verlo deshacerse en sus manos.

 

Los codos que sostenían a Leandro cedieron, dejando caer su espalda acompañado de un gemido ronco. Su interior ardía por la invasión, pero no podía negar lo bien que se sentía tenerlos. De un segundo a otro todo su cuerpo se sacudió cuando una embestida particularmente fuerte chocó con algo dentro suyo que lo hizo delirar del éxtasis.

 

Las pupilas de Rodrigo se dilataron al verlo y soltó un jadeo contenido antes de volver a golpear ese punto que hacia que las piernas de Leandro temblaran.

 

Rodri… Rodrigo metemela – Su voz salió entrecortada y agitada, con un gemido lastimero cuando los dedos de su compañero lo abandonaron.

 

– No te quiero lastimar – Susurró De Paul dejándole un beso debajo de la oreja.

 

– No lo vas a hacer, dale… No me hagas perdirte porfavor – 

 

– Sos capaz? –

 

– Dale, pajero –

 

– Bue, re mandon para lo que estás pidiendo – Sonríe Rodrigo, besando su frente antes de separarse para estirar su mano y así abrir un cajón de la mesita a su derecha, sacando de ella una cajita de condones.

 

Agradeciendo de que el ojiclaro no preguntara porqué tenía eso allí, se lo colocó en su pene demasiado duro y lo alineó en la entrada del otro. 

 

– Decime si querés que pare – 

 

, dale vos hacelo – 

 

Adentrándose de a poco en el apretado agujero, jadeó cerrando los ojos para concentrarse. Sintió el cuerpo debajo suyo tensarse y un agarre ceñido en su muñeca izquierda.

 

Leandro sentía que se desgarraba por dentro, el dolor era casi insoportable. Lo hacía contener la respiración a medida que la verga de Rodrigo se abría paso en su interior.

 

– La querés toda? – Musitó De Paul con voz pesada directamente contra su oreja, enviándole cosquillas por todo su cuerpo.

 

Él solo pudo asentir en respuesta, más allá del dolor que sabía que era pasajero quería sentirlo plenamente dentro suyo, el corazón le latía con fuerza en su pecho y sus piernas temblaban por el esfuerzo de relajarse. Aún asi nunca se había sentido más satisfecho en toda su vida, siempre fué alguien ambicioso y voraz que no paraba hasta conseguir lo que quería, eso implicaba cosas y personas. Por lo que tener a Rodrigo ansioso por estar adentro de él lo complacía por de más. 

 

Completamente dentro, Rodrigo se detuvo para dejarlo acostumbrarse. Realmente estaba apretado, por lo que para distraerlo lo beso profundamente en sus labios, que fue devuelto con una desesperación casi absurda. Llevó una mano por encima de la cabeza de Leandro, en el posabrazos del sillón y con la otra le acarició la cintura.

 

Un momento después Paredes empezó a mover por si solo las caderas, separándose del beso para pedirle que se moviera y pasando los brazos por su cuello, aferrándose a él. A De Paul no se lo tenían que pedir dos veces, sentía las bolas apretadas de tanto estarse conteniendo por lo que comenzar a penetrar a su compañero fue un suspiro de alivio.

 

Al inicio fué algo lento, sacando un poco su pene para luego volver a meterlo con un fuerte choque. Haciendo que por cada embestida Leandro gimiera entrecortado en su oído. Al cabo de unos minutos y al notar como se iba haciendo más fácil el ingreso, volvió a arremeter contra su interior con más fuerza y profundidad, retirandose casi por completo antes de introducirlo con potencia y precisión, llegando a una frecuencia constate.

 

El enfrentamiento entre ambos cuerpos rápidamente se hizo oir por toda la casa, haciendo eco en las paredes vacías, las pieles desnudas se encontraban ímpetuosamente una y otra vez. Leandro estaba experimentando tantas cosas a la vez que su mente se encontraba en blanco, sin poder dejar de gemir con cada impacto que resonaba por todo su interior, haciéndolo temblar y arquearse, clavando sus cortas uñas en la espalda ajena. La euforia en su corazón se apoderaba de todo su ser, los cosquilleos eléctricos que iban directo a su parte baja lo dejaban indefenso ante la persona que lo estaba haciendo explorar está nueva faceta de él.

 

Rodrigo gemia dejándose llevar con fruicion del momento, algo errático llevó sus caderas con más intensidad contra su compañero, agarrandolo de la cintura con tanta fuerza que estaba seguro de dejarle marcas. El sillón chilló al moverse de lugar al mismo tiempo en que Leandro clamó pidiendo por más, con esa voz tan varonil y sensual que casi lo hizo terminar en el momento.

 

El ambiente cada vez más caluroso y cargado de deseo era asfixiante, ambos se encontraban sudorosos aún con el clima frío de afuera, el café olvidado en la mesita se había enfriado ya hace tiempo y la música que ni se escuchaba casi, pasó a un segundo plano. Lo único que importaba eran ellos dos.

 

El 7 de argentina ya algo agitado y con la boca algo seca observó al hombre debajo de él. Sin poder contenerse y recordando su primer encuentro lo ahorcó con la mano que estaba sosteniéndose del mueble blanco, sintiendo bajo su palma como el aire intentaba ingresar por la boca de Leandro, quien no se había quejado aún, más bien parecía plenamente dichoso de la situación en la que se encontraba.

 

La rapidez de las embestidas lo dejaban aturdido, sumándole ahora el poco aire que le llegaba a su cuerpo lo estaban llevando al límite. Por cada golpe en su abusada prostata lo hacía delirar del placer. Todo su cuerpo se había entregado plenamente al hombre que le estaba dando la mejor cogida de su vida.

Un gemido ahogado que se asemejó al nombre de Rodrigo se escapó de los labios de el bostero, llevando su mano hasta su propia entrepierna olvidada para darle unas cuentas sacudidas más antes de terminar sobre su abdomen, con un jadeo quebrado sus ojos se volvieron blancos por unos segundos.

 

Su interior se apretó al momento del climax y junto con el, la mano que estaba en su garganta lo hizo. En unas cuantas embestidas más Rodrigo también llegó al orgasmo, adentrándose lo más profundo que pudo antes de soltarlo para dejarlo respirar.

 

Leandro tosia cuando el aire nuevamente llenó sus pulmones, con la respiración totalmente destrozada cerró los ojos para calmarse a si mismo. Sintiendo el instante en que De Paul se retiraba de su interior, dejándolo completamente vacío.

 

– Fuiste muy bueno Lean… Te ves demasiado caliente cuando terminas – Escuchó la voz suave de Rodrígo seguido de unos besos cortos por todo su cuerpo. 

 

– Fué… Fué realmente bueno – Al oir su propia voz ronca se aclaró la garganta, abriendo los ojos para encontrarse con su compañero, aún sin ropa mirandolo atentamente.

 

Intentó sentarse pero una fuerte punzada de dolor en su espalda baja lo hizo frenarse en seco.

 

– Disculpa, ¿querés que te traiga agua o algo? – La preocupación del otro jugador lo hizo fruncir el ceño.

 

– No me trates como si fuera de vidrio, boludo. Ya se va a pasar. –

 

– Mmh – Dudó Rodrigo, pero de todas formas aceptó sabiendo lo terco que (ambos) podían llegar a ser. – ¿Ya estás satisfecho? Porque yo no tengo drama en otra ronda –

 

Leandro lo miró empujándolo juguetonamente. – Déjame descansar unos minutos, no fue a vos a quien le rompieron el orto –

 

– Tenés razón, mala mía –

 

– Si querés podemos cambiar de posiciones, así vemos que tal– y Leandro fué callado por un beso con demasiada saliva e intensidad. Descolocandolo un poco y haciéndolo perseguir los labios del otro cuando se alejó.

 

– Callado y sin más que gemir debajo mío te ves mejor. – Susurró entrelabios, dándole dos palmadas en la mejilla.

 

– Que boludazo que sos – 

 

– Un boludazo que te gusta demasiado, mucho más allá del sexo y los besos al parecer – Recordando la confesión de Paredes en el baño le sonrió victorioso cuando el otro jugador se quedó en silencio. – Por suerte para vos, también me gustas de esa forma – 

 

Ofreciéndole una mano que fue rechazada, lo guió hasta su habitación donde seguramente tomarían un baño, sin importarle la ropa que dejaban tirada atrás, mañana le prestaria algo de la suya a Leandro y tal vez con algo de suerte se quedaba a pasar otro día más juntos.

 

 

Notes:

Rarisimo escribir sobre sexo la vdd, pero quería hacerlo.

Notes:

Los finales y el mundial son cosas muy feas para gente con el corazón de pollo. De todas formas pensaba escribir.

 

Argentina por siempre 🇦🇷