Chapter Text
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Pasaron tres días después de esa conversación con Gong Yoo, teniendo un acercamiento. Después de eso, conversamos más. Podría considerarlo una persona especial; reía de cosas que para los demás podían parecer tragedias, tanto para la vida de los demás como para la suya propia. Aunque me pareció perturbador, también lo considero algo único de él. No miente en el aspecto de sus gustos, como su fascinación por la música clásica. Casi no escucha música moderna, aunque hay unas pocas de su gusto. Suele ver documentales; su comida favorita es Japchae y le encantan los dulces de menta.
Dice que su madre solía darle dulces como premio de pequeño, cuando iban al doctor o tenía un logro. Sin duda, a pesar de ser aterrador al momento de verle lleno de sangre en el traje y la máscara, sé que sigue siendo aquel hombre al que puedo llamar amigo, aunque una parte de mí no lo considera correcto, pero apacigua mi tranquilidad en este caos.
Los juegos estaban por terminar y mi estadía aquí también. Necesitaba volver pronto. Tomé vacaciones en el trabajo después de lo que pasó; me las concedieron, pero no podía preocupar más a mi madre, aunque le dije que viajaría. Por mientras, yo seguía haciendo mi trabajo, de preferencia sirviendo en la cocina. In-ho hizo algo para poder hacerme la vida más fácil, pero no podía asegurarme de que en algún momento no volvería con los cadáveres.
Me mantenía en la cocina limpiando. Para este momento, había pocos círculos preparando escenarios, otros limpiando el lugar del juego anterior, otros les daban la cena a los jugadores. Había triángulos por donde quiera, supervisando nuestro trabajo. Volteaba a mirar y pude distinguir a Gong; era uno de los únicos altos que había, y aparte siempre se mantenía cerca del lugar donde estaba. Parecía un perrito guardián, algo un poco tierno. Me reía por mi pensamiento, llamando la atención de otros guardias.
—¿Qué es tan divertido? —009 preguntó. No parecía angustiado por ser descubierto; no había tantos triángulos cerca de nosotros más que Gong—. ¿Quién es tu guardián, eh?
—A nadie, solo a alguien que conocí —seguí avanzando para poder limpiar otros lugares, a lo que 009 me siguió.
—Veo que solo trabajas en cocinas, ¿algún problema en particular? —Su voz sonaba burlesca, como si quisiera información de mi parte.
—Nada en particular, solo se me acomoda mejor esto -
—Claro, ¿y tu perro guardián no tiene nada que ver? —Se acercó a mí dejando un espacio casi nulo. Ok, esto es incómodo. Me alejé de él y antes de reclamarle, Gong interfirió.
—¿Qué hacen? —Su pregunta fue no tanto hacia mí, sino hacia él, y en su voz podía oírse una extraña molestia, que incluso pudo erizarme, aunque no podría decir si en un mal sentido.
—Oh, nada, lo siento. Solo pensé que mi compañero tenía algo en su máscara —su excusa fue lamentable, pero Gong la dejó pasar—. No quise incomodarte —habló ya que Gong se alejó un poco.
—Era innecesario, búscate una mejor excusa
—Solo quería probar un punto, en el cual acerté —me quedé viendo, iba a preguntar, pero uno de los triángulos que no era Gong pasó cerca de nosotros, así que volví a lo mío. Cuando se fue alejando, volteé de nuevo, escuché un suspiro de su parte y me miró—. Hablo de que ese hombre, que está detrás de ti, siente algo por ti.
—¿De qué hablas? Go... él, solo somos amigos. Lo único que puede sentir por mí es lástima o cierta confianza.
—Claro, porque ponerte a la defensiva por alguien que solo es tu amigo es muy normal.
—Obviamente, para eso son amigos; no todos buscan algo más —ya que terminamos de limpiar, hicimos fila para poder dejar las cosas de limpieza y poder descansar.
—Dítelo hasta que te lo creas —al dejar las cosas, hicimos la fila y nos dirigimos a los dormitorios. Aunque tengo una habitación en la parte restringida, creo que es mejor aparentar que sigo las órdenes de aquí. Lo único distintivo es que mi dormitorio no tiene una cámara, pero nadie tiene por qué saberlo.
Me quité la máscara y el traje. Ya que tengo un poco de ropa aquí, me quité la camisa negra que se lleva debajo, algo sudada, y me puse una limpia blanca con un pantalón suelto para dormir del mismo color.
Pensar en lo que sentía por Gong Yoo era confuso. Sin duda me agradaba. Al momento en que lo conocí y supe de dónde me conocía, me pareció un acosador y un loco sádico más, pero interactuar con él, sin duda, cambió mis pensamientos sobre él. Aún pienso que es un loco sádico, aunque uno lindo, cariñoso y atento, una actitud que solo me muestra a mí, lo que hace que mis sentimientos por él sean extraños, pensando que podría intentar algo con él y al mismo tiempo ser solo un amigo más, con el cual pueda contar en este infierno en el que me entrometí.
La puerta fue tocada, sacándome de mis pensamientos. Aunque era hora de cenar, nunca tocaban la puerta para eso. Me acerqué a la puerta y Gong habló detrás de esta. Al abrir, vi a un soldado con dos charolas de comida y bebidas, una de las cuales parecía ser Soju.
Me quité para darle paso y solté una risa antes de cerrar la puerta.
—Creí que este hotel no era de cinco estrellas —bromeé un poco.
Era la única persona con la que podía relajarme. Lo vi quitarse lo que cubría su rostro y, de inmediato, recordé lo que 009 había dicho: ¿sentimientos por mí? No creía que alguien como Gong pudiera estar con alguien como yo. No es que me considerara un mal partido, pero nuestros pensamientos, ideas y creencias no eran para nada compatibles. Además, él era un Adonis, y lo más probable era que se acercara a mí por causa de mi hermano.
—Bueno, el trato es solo para muy pocas personas, como podrás ver —dijo mientras tomaba asiento donde usualmente comía, mientras yo me acomodaba en la esquina de la cama—. Te traje un platillo especial hoy.
Me pasó la charola y la acomodé sobre mi regazo. Puse mi bebida a un lado. Al destapar la comida, el vapor nubló mi vista por unos segundos, pero cuando lo vi, supe que era mi comida favorita: Janchi Guksu, el mismo platillo que mi madre solía preparar en ocasiones especiales, como aquella vez que salí de la sala de operaciones con un riñón nuevo.
—Creí que te gustaría. No sabría decir si sabe igual de bien que me contaste, pero espero que así sea —destapó su comida y pude notar que también era su platillo favorito.
Lo vi tomar sus palillos y empezar a comer.
—¿Tú preparaste todo?
—Digamos que uno de mis tantos pasatiempos es cocinar. —Por su forma de ser, siempre pensé que quemaría la cocina antes de preparar algo decente, o que se quemaría él primero y luego la cocina.
—Gracias —tomé los palillos que estaban a mi lado y llevé un poco de fideos a mi boca, soplando ligeramente para enfriarlos. Estaban en su punto exacto. Probé el caldo con una cuchara y su sabor me recordó a casa. No diría que era igual al de mamá, pero no estaba nada mal.
Levanté la mirada y encontré sus ojos fijos en mí, esperando mi veredicto.
—Sabe delicioso.
—Me da gusto que sea de tu agrado. Si no, lo intentaría de nuevo hasta que saliera excelente.
Nos quedamos en silencio un rato. Solo se escuchaban los sorbos y el tintineo de las cucharas contra los platos. Cuando terminé, tomé un poco del refresco que me había dado.
—Si puedo hacer algo por ti en agradecimiento, puedes pedírmelo —Mis palabras salieron demasiado rápido. Me sorprendió haber soltado ese pensamiento sin filtro. Él se quedó en silencio un rato, como procesándolo. Sus ojos pasaban de mí a algún punto de la habitación, claramente pensando en qué pedir.
—¿Lo que sea? —Apartó la poca comida que le quedaba, se levantó de su asiento y se sentó a mi lado con una botella de soju en la mano.
—Mientras no sea algo con lo que no esté de acuerdo ni me lastime ni lastime a otros —se quedó pensativo un instante, pero no tardó en hablar de nuevo.
—Toma un trago conmigo —sacó de su bolsillo dos vasos medianos de vidrio—. ¿Qué dices?
—¿Solo uno?
—Solo uno
Me levanté, tapé la charola y la puse en la mesa junto con la suya. Volví a la cama y me puse frente a él. Me entregó un vaso casi lleno, se sirvió en el suyo y dejó la botella en el suelo.
—Salud —Chocó su vaso con el mío y bebió. Imité su acción y sentí el calor recorrer mi cuerpo—¿Cómo te has sentido en este tiempo?
—Gracias a que In-ho me ha permitido pasar más tiempo limpiando la cocina y dando almuerzos... creo que, si te refieres a mi sanidad mental, se está restaurando. Gracias por preguntar.
Tomé otro sorbo. Sabía que un vaso de soju no me embriagaría, pero sí me daría una sensación de tranquilidad.
—Creo que eso amerita otro favor, ¿no?
—¿Por qué lo dices? —Lo miré confundido. Él se veía completamente sobrio, aunque su vaso estaba vacío. Supuse que no era de los que perdían la razón rápido.
—Digamos que cierto repartidor le dijo a su superior que si su hermano seguía viendo cadáveres, acabaría con un trauma grave... así que... —Se acercó y ladeó mi vaso, tomando un poco de lo que me había servido—. ¿Por qué no otro favor?
—Mis términos siguen siendo los mismos— Su rostro estaba muy cerca del mío. Mi mano se movió por instinto, atreviéndose a rozar su piel. Suave. Limpia—¿Estás ebrio?
—No —Su mano recorrió mi mejilla hasta llegar a mis labios. —¿Y tú?
—No lo creo.
Nuestros rostros se acercaron más, hasta quedar a un suspiro de distancia. No era algo que me molestara. La emoción y el deseo recorrieron mi cuerpo. No podía pensar en otra cosa más que en él.
—Entonces, ¿estás de acuerdo con esto? —Sentí su respiración mezclarse con la mía. Sin responder, uní mis labios con los suyos. Gong pareció sorprendido, pero no tardó en corresponder.
Fue un beso lento, cargado de emociones. Mis manos viajaron de su rostro a su cabello, mientras las suyas descendían de mi cuello a mi torso, luego a mi abdomen, hasta llegar a mi cintura, acariciándola.
Se separó un momento, dándome un respiro, y me miró, como si pidiera más.
—¿Eso responde tu pregunta? —Él asintió y comenzó a repartir besos por mi hombro y mi cuello. Ladeé la cabeza, dándole espacio.
Luego alzó el rostro y me besó de nuevo, esta vez más profundamente. Sus manos se aferraron a mis caderas y me atrajo hacia él hasta sentarme en su regazo.
—Jun-ho, ¿seguro que quieres ver hasta dónde llega esto? - Mi cabeza era un desastre, y ya estoy bastante excitado para saber que tenía una erección y que mi acompañante también
—¿En serio quieres detenerte ahora? —Mi cadera se movió en círculos. Gong apretó su agarre sobre mí y dejó escapar un gruñido.
—Sé que parezco alguien que va rápido, pero la verdad... quisiera hacer las cosas bien contigo -Su voz sonaba jadeante. Saber que me deseaba, pero al mismo tiempo quería ganarse mi confianza, encendiendo algo dentro de mí.
—Creo que eres un hombre que sabe lo que quiere… y sin duda, tenemos bastante tiempo para seguir conociéndonos. —Lo besé de nuevo, disipando cualquier duda que pudiera quedarle.
Su lengua recorría mi boca, los toques subían de tono, la ropa fue estorbando y desapareciendo, el aire se volvió denso y los roces intensos, apenas perceptible recorrió mi piel, encendiendo una chispa que había estado latente. El ritmo de su respiración se entrelazó, acompasado, mientras la proximidad se volvía una dulce tortura. Cada gesto era una invitación y cada pausa un abismo cargado de expectativa. Sus dedos exploraban con cautela, como si memorizaran el momento, mientras el deseo se dibujaba en la calidez compartida. El tiempo parecía suspenderse, atrapado en la promesa de lo inevitable.
Gemidos, y gruñidos se escuchaban en la habitación, uno que otra mordida y rasguño iban de paso, ya sea en su espalda o mi cuello, mi cuerpo colapsaba en momentos, temiendo no aguantar el placer recibido, pero su mirada hambrienta llena de cariño, me hacia querer mas, lagrimas de placer salían de mis ojos y el las limpiaba con suavidad, el clímax estaba cerca, y el parecía no cansarse, pero al momento de acabar, toda la adrenalina se bajo, se sintió una relajación y tranquilidad que era indescriptible, nos tumbamos en colchón y tapamos nuestros cuerpos. Junto su cuerpo con el mío y recargo mi cabeza en su pecho; podía oír su corazón latir.
—Esto... —me acosté sobre él, dándole la cara para poder mirar los lindos ojos que solo me miraban a mí— ¿no es algo de una sola vez, o sí?
—No es algo que yo quisiera —su pulgar pasaba por mi mejilla, cerca de mi ojo, limpiando lo que quedaba de lágrimas—. ¿Que tal que cuando regresemos, tengamos una cena?
—Si quieres algo formal, tendrás que conocer a mi madre; a mi hermano ya lo conoces
—Sobre eso, quisiera que tu hermano no supiera por el momento, y no en un futuro cercano, si quieres tener un novio
—¿Te asusta mi hermano? —Una risa escapó de mis labios, y él solo comenzó a negar
—No, solo no creo que quiera saber que hice, lo que me dijo que no hiciera con su hermanito.
—Por favor, en estos momentos está más concentrado en cierto jugador que en mí —los recuerdos de mi hermano viendo su pantalla de habitación, mientras se miraba el trasero de una persona estaban en mi mente ahora, sacudí la cabeza intentando alejar esos pensamientos
—¿El jugador 456?
—¿Lo conoces?
—Digamos que es un tipo interesante —una sonrisa apareció en su rostro, lo cual hizo que una parte de mí sintiera un pinchazo.
Después de eso pude oír los toques en la puerta de Gong Yoo pidiendo por su ropa
—Por favor Jun-ho, no quieres que me muera de frío o sí
—El jugador 456 podrá prestarte algo de ropa, te lo aseguró.
