Chapter Text
Fue rápido, demasiado rápido, una llamada, un hospital, un pasillo demasiado blanco y, después, silencio.
Joong no supo exactamente en qué momento todo comenzó a sentirse diferente. Quizá fue cuando vio a su madre llorar por primera vez. Quizá cuando regresó a casa y encontró el lugar demasiado silencioso. O quizá cuando entró en la habitación de su padre y comprendió que ya no volvería a verlo sentado allí.
Durante los primeros días, sus amigos intentaron acercarse.
Janhae fue la primera. Se sentó junto a él durante el almuerzo sin decir demasiado.
—No tienes que hablar —le dijo simplemente—. Puedo quedarme aquí.
Joong asintió, pero no respondió.
Al día siguiente, sus compañeros del equipo de baloncesto fueron a buscarlo después de clases.
—¿Quieres venir con nosotros?
—No.
—¿Seguro?
—Sí.
Y esa vez tampoco explicó nada.
Con cada día que pasaba, Joong hablaba menos. Dejó de quedarse después de los entrenamientos, dejó de responder mensajes y dejó de hacer bromas. Incluso cuando estaba rodeado de personas, parecía encontrarse a kilómetros de distancia.
Janhae fue quien más insistió. Una tarde lo encontró sentado solo en las gradas.
—Joong.
Él levantó la mirada.
—¿Qué?
—No tienes que hacer esto solo.
Joong bajó la mirada hacia sus manos.
—Sí tengo.
—No.
—Jan...
—No estoy intentando reemplazar a nadie —dijo ella suavemente—. Solo quiero que sepas que estoy aquí.
Joong permaneció en silencio. Durante unos segundos pareció que iba a responder, pero finalmente negó con la cabeza.
—Lo sé.
Janhae no insistió. Se quedó sentada a su lado unos minutos más antes de levantarse.
—Cuando quieras hablar, voy a estar ahí.
Joong asintió, pero cuando ella se fue, volvió a quedarse solo.
No quería hablar. No quería salir. No quería escuchar que todo estaría bien cuando sabía que nada volvería a ser como antes. Solo quería que el dolor desapareciera.
Pero no desaparecía.
Pasaron varios días.
Dunk se enteró de lo ocurrido por otros compañeros. Por primera vez en meses, todo lo demás dejó de importar. Había intentado mantenerse al margen. Había aprendido a no buscar a Joong, a no acercarse demasiado y a respetar la distancia que existía entre ellos.
Pero aquello era diferente.
Era Joong.
Y su padre había muerto.
Dunk sabía que no podía simplemente aparecer en su casa. Pero tampoco podía fingir que no le importaba. Así que esperó. Esperó hasta encontrarlo solo.
Fue unos días después del funeral, cuando vio a Joong sentado en unas gradas vacías detrás del gimnasio.
Dunk estuvo a punto de seguir caminando. Quizá era lo correcto. Pero entonces lo vio.
Joong tenía la mirada perdida y parecía completamente diferente al chico que Dunk conocía. Ya no sonreía. Ya no hablaba con sus amigos. Incluso su forma de caminar había cambiado.
Dunk apretó los labios. No podía dejarlo así.
Se acercó lentamente.
—Joong...
Joong levantó la cabeza.
Durante unos segundos ninguno dijo nada. Parecía sorprendido de verlo.
—¿Qué haces aquí?
Dunk bajó la mirada.
—Quería saber cómo estabas.
Joong soltó una pequeña risa, pero no había nada de alegría en ella.
—No estoy bien.
Aquellas tres palabras fueron suficientes. Dunk sintió un nudo en el pecho. Joong apartó la mirada y respiró profundamente, intentando contenerse.
—Todos siguen preguntándome eso.
Dunk permaneció en silencio.
—Mi mamá pregunta si estoy bien. Mis amigos preguntan si necesito algo. Los profesores preguntan si quiero faltar a clases.
Su voz comenzó a quebrarse.
—Pero nadie sabe qué decirme.
Dunk dio un pequeño paso hacia él.
—Joong...
—No sé qué hacer, Dunk.
Y entonces comenzó a llorar.
No como cuando eran niños y alguno de los dos se lastimaba jugando. Esta vez era diferente. Era un dolor que Dunk nunca había visto en él. Joong se cubrió el rostro con ambas manos, intentando detener las lágrimas, pero no pudo.
Dunk no pensó. Simplemente se acercó y lo abrazó.
Joong se quedó inmóvil durante un segundo. Después se aferró a él, hundiendo el rostro en su hombro mientras lloraba.
Dunk cerró los ojos. Durante aquel instante, no existían los meses de distancia ni todo aquello que había quedado sin decir. Solo estaba Joong. Su mejor amigo. El chico que ahora necesitaba a alguien.
Dunk pasó una mano lentamente por su espalda.
—Está bien...
Joong negó contra su hombro.
—No está bien.
Dunk sintió que los ojos comenzaban a arderle.
—Lo sé.
Permanecieron así durante unos minutos, sin intentar solucionar nada, sin hacer preguntas. Solo estando juntos.
Cuando Joong consiguió calmarse un poco, se apartó lo suficiente para respirar.
—Hoy fue peor.
Dunk giró ligeramente la cabeza hacia él.
—¿Qué pasó?
Joong se quedó mirando sus manos.
—Mi mamá estaba ordenando unas cosas de mi papá y encontró una caja con algunas de sus cosas.
Dunk no dijo nada.
—Había una foto mía cuando era pequeño —continuó Joong con una pequeña sonrisa triste—. Ni siquiera recordaba que existía.
Dunk sonrió apenas.
—¿Era bonita?
—Era horrible.
Dunk soltó una pequeña risa.
—Entonces seguramente era bonita.
Joong también sonrió, pero la sonrisa desapareció rápidamente.
—Lo extraño.
Dunk sintió un nudo en el pecho.
—Lo sé.
Joong respiró profundamente y se pasó una mano por el rostro.
—No sé cómo se supone que debo hacer esto.
—No tienes que saberlo.
Joong lo miró.
—¿No?
Dunk negó con la cabeza.
—No. Puedes estar triste. Puedes llorar. Puedes enojarte. Puedes extrañarlo todos los días si quieres.
Joong permaneció en silencio.
Dunk lo observó durante unos segundos.
—No tienes que fingir conmigo.
Aquellas palabras hicieron que los ojos de Joong volvieran a llenarse de lágrimas.
—Estoy cansado, Dunk.
Dunk no respondió.
Joong tragó saliva.
—Estoy cansado de que todos me pregunten si estoy bien cuando no lo estoy. Estoy cansado de tener que decir que puedo manejarlo.
Su voz se quebró.
—No puedo.
Dunk lo miró durante unos segundos.
—Entonces no lo hagas.
Joong bajó la cabeza.
—¿Qué?
—No tienes que manejarlo ahora.
Joong se quedó completamente quieto.
Y, por primera vez desde la muerte de su padre, dejó de intentar contenerse.
Las lágrimas comenzaron a caer silenciosamente. Dunk no dijo nada. Solo se quedó a su lado. Cuando Joong finalmente apoyó la cabeza sobre su hombro, Dunk no se movió. Permaneció allí mientras su amigo lloraba, dejando que sacara todo aquello que había estado guardando durante días.
Después de un largo rato, Joong habló en voz baja.
—Gracias.
Dunk negó suavemente.
—No tienes que agradecerme.
Joong permaneció apoyado en su hombro.
—Sí tengo.
Dunk no respondió. Simplemente se quedó allí con él.
Y Joong no sintió que tuviera que esconder lo que estaba sintiendo. No necesitaba explicar nada. No necesitaba fingir que estaba bien. Dunk tampoco intentó hacerlo hablar. Solo permaneció a su lado.
Hasta que el sol comenzó a bajar y las gradas quedaron cubiertas por la sombra del gimnasio.
Entonces Joong levantó lentamente la cabeza.
—¿Te vas?
Dunk lo miró. Por un instante pareció que iba a decir algo, pero solo negó con la cabeza.
—Todavía no.
Joong asintió.
Y se quedaron allí un rato más, sin hablar, compartiendo aquel momento.
Porque algunas veces no hacía falta recuperar lo que habían sido. Bastaba con que, por unos minutos, ninguno de los dos tuviera que estar solo.
Los meses siguientes fueron más difíciles de lo que Joong había imaginado.
Después de la muerte de su padre, las cosas en casa comenzaron a cambiar poco a poco. Al principio fueron detalles que apenas notaba. Su madre empezó a trabajar más horas, algunas cosas dejaron de comprarse y las salidas que antes eran normales se volvieron cada vez menos frecuentes.
Joong intentaba no preguntar. Sabía que su madre estaba haciendo todo lo posible y no quería añadirle más preocupaciones.
Pero una tarde, al llegar a casa, la escuchó hablando por teléfono desde la cocina.
—Sí, entiendo... —hizo una pausa—. No, todavía no podemos cubrirlo.
Joong se detuvo en el pasillo.
No quiso escuchar más.
Regresó a su habitación y cerró la puerta.
Durante los días siguientes comenzó a notar cosas que antes pasaban desapercibidas. Su madre revisaba las cuentas hasta tarde. Algunas facturas permanecían sobre la mesa durante días y, en una ocasión, incluso la escuchó hablar de reducir ciertos gastos relacionados con la escuela.
Joong intentó convencerla de que no se preocupara.
—Puedo buscar un trabajo después de clases.
—No.
—Mamá...
—No vas a dejar que esto afecte tus estudios.
Joong guardó silencio.
Pero sabía que ya estaba afectándolos.
Poco después comenzó a faltar a algunas actividades. Dejó de comprar comida en la cafetería y empezó a llevar algo de casa. También dejó de participar en ciertas actividades del equipo porque algunas requerían gastos que ya no podía justificar.
Janhae fue una de las primeras en notarlo.
—¿Por qué ya no vienes con nosotros después de clases? —preguntó una tarde.
—Estoy cansado.
—Siempre estás cansado últimamente.
Joong sonrió débilmente.
—Estoy bien, Jan.
Ella lo observó durante unos segundos.
—No te creo.
Joong soltó una pequeña risa.
—Lo sé.
Janhae no insistió. Solo caminó a su lado.
—Pero si necesitas algo, me lo dices.
—Sí.
—Lo digo en serio.
—Lo sé.
Días después, Janhae escuchó por casualidad a unos compañeros hablar de que Joong quizá tendría que cambiarse de escuela.
Se quedó inmóvil.—¿Qué dijiste?
—Que Joong podría irse. Parece que tiene problemas de dinero.
Janhae sintió un nudo en el estómago esa misma tarde fue a buscarlo y lo encontró guardando sus cosas después del entrenamiento.
—Joong.
Él levantó la mirada.—¿Qué pasa?
—¿Es verdad que podrías dejar la escuela?
Joong se quedó quieto.—¿Quién te dijo eso?
—No importa. Respóndeme.
Él bajó la mirada.
Eso fue suficiente.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque no quería preocuparte.
—Soy tu amiga. Ya estoy preocupada.
Joong suspiró.—No quiero que nadie tenga que preocuparse por mí.
Janhae negó con la cabeza.—No puedes decidir eso por todos los que te queremos.
Joong no respondió.
Ella suavizó la voz.—No tienes que contarme todo. Pero no vuelvas a hacer como si no estuviera pasando nada.
Después de unos segundos, Joong asintió.—Está bien.
Janhae le dio un pequeño golpe en el brazo.—Bien.
Pero cuando se alejó, seguía preocupada, no podía dejar de pensar en la posibilidad de que Joong realmente tuviera que irse.
Dunk se enteró poco después, estaba saliendo de clases cuando escuchó a unos compañeros hablar sobre Joong.
—Parece que va a cambiarse de escuela.
Dunk se detuvo.—¿Por qué?
—Problemas económicos. Desde lo de su papá, creo.
No necesitó escuchar más, esa misma tarde buscó a Janhae la encontró cerca de la entrada de la escuela.
—Jan.
Ella se giró.—¿Qué pasa?
—Necesito pedirte un favor.
Janhae lo miró con curiosidad.—¿Qué favor?
—Habla con tu mamá sobre Joong.
Ella frunció el ceño.—¿Sobre qué exactamente?
—Sobre la posibilidad de que tenga que dejar la escuela.
Janhae lo observó en silencio.—Ya sé que tiene problemas.
—Entonces sabes que necesitamos hacer algo.
—¿Qué estás pensando?
Dunk respiró profundamente.—Tu mamá trabaja como directora del departamento de talleres técnicos. Tal vez pueda averiguar si existe algún programa de apoyo o una beca que pueda ayudarlo a quedarse.
Janhae asintió lentamente.—Puedo preguntarle.
Dunk pareció relajarse.—Gracias.
Pero antes de que ella pudiera marcharse, él añadió—Solo... no le digas a Joong que fui yo.
Janhae volvió a mirarlo.—¿Por qué?
—No quiero que lo sepa.
—Dunk, si mi mamá consigue ayudarlo, podría preguntarse cómo pasó.
—Puedes decirle que tú te enteraste y quisiste ayudarlo. Eres su amiga. No sería extraño.
Janhae cruzó los brazos.—¿Y tú vas a quedarte completamente fuera?
—Sí.
—¿Por qué?
Dunk apartó la mirada.—Porque no quiero que piense que estoy intentando volver a acercarme.
Janhae permaneció en silencio durante unos segundos.—¿Eso es todo?
Dunk la miró.—Sí.
—No te creo.
Él suspiró.—Jan...
—Eres tú quien lleva meses manteniéndose lejos de él, pero cuando descubres que puede perder la escuela, vienes directamente a buscarme.
Dunk no respondió.
—No quieres que sepa que estás ayudándolo y tampoco quieres que yo te diga que él está sufriendo. Entonces, ¿qué estás haciendo exactamente?
—Intentando solucionar un problema.
—No —dijo Janhae—. Estás intentando cuidarlo sin que él se dé cuenta.
Dunk bajó la mirada.
Janhae lo observó durante unos segundos antes de preguntar:
—¿Todavía lo quieres?
Dunk permaneció inmóvil no tenía sentido negarlo.—Sí.
La respuesta salió tan baja que casi se perdió entre el ruido de los estudiantes que pasaban cerca.
Janhae no pareció sorprendida.—Lo imaginé.
Dunk soltó el aire.—No quería que nadie lo supiera.
—¿Por eso te alejaste?
Él tardó unos segundos en responder.
—Me enamoré de él.
Janhae guardó silencio.
—Y no sabía qué hacer con eso —continuó Dunk—. Pensé que alejarme sería más fácil.
—¿Lo fue?
Dunk sonrió con tristeza.
—No.
Janhae bajó la mirada. Ahora entendía por qué, incluso después de tantos meses, Dunk seguía pendiente de Joong.
—¿Él sabe algo?
—No.
—¿Nunca se lo dijiste?
—Nunca.
Janhae asintió lentamente.—Entonces no voy a decirle nada.
Dunk levantó la mirada.—¿De verdad?
—De verdad.
Hizo una pequeña pausa.
—Pero voy a ayudarlo.
Dunk asintió.—Eso es lo único que quiero.
—Y tampoco le diré que fue idea tuya.
Dunk dejó escapar lentamente el aire.—Gracias.
Janhae lo observó durante unos segundos.—Solo espero que algún día puedas decirle tú mismo por qué te importa tanto.
Dunk bajó la mirada.—No creo que llegue ese día.
Janhae no respondió. Sabía que no podía convencerlo de algo para lo que todavía no estaba preparado.
—Vamos —dijo finalmente—. Mi mamá puede ayudarnos a averiguar qué opciones tiene.
Dunk asintió.—Está bien.
Y comenzaron a caminar juntos.
Dunk no sabía si aquella ayuda cambiaría algo, quizá Joong nunca descubriría quién había estado detrás de la beca. Quizá nunca volverían a hablar como antes. Quizá, con el tiempo, la distancia entre ellos se volvería todavía más grande. Pero, por ahora, eso no importaba Joong iba a quedarse en la escuela y para Dunk, eso era suficiente.
Las semanas pasaron y, finalmente, llegaron las vacaciones.
Joong tenía planeado ir a casa de su abuela durante un tiempo, pero antes de terminar el semestre había tomado una decisión que iba en contra de los deseos de su madre: buscar un trabajo de medio tiempo.
No quería verla esforzarse cada vez más para cubrir los gastos de la casa mientras él simplemente permanecía de brazos cruzados. Así que comenzó a buscar pequeños trabajos después de clases y terminó consiguiendo algunos turnos en un restaurante.
No era fácil. Algunas noches llegaba a casa agotado, con los pies adoloridos y apenas con energía para quitarse los zapatos. Pero prefería eso a sentir que no estaba haciendo nada para ayudar.
Aquella tarde acababa de regresar de uno de esos turnos cuando recibió una llamada de Janhae.
—¿Hola?
—¡Buenas noticias, Joong!
La voz de Janhae sonaba tan emocionada que Joong no pudo evitar sonreír un poco.
—¿Qué pasó?
—Escuché que mi mamá tuvo una junta con los directivos. Van a dar becas a los mejores estudiantes de la escuela y tú estás dentro del rango.
Joong se quedó en silencio.
—¿Qué?
—Lo que escuchaste. Tienes posibilidades de recibir una beca.
Joong dejó caer el cuerpo sobre la silla de su escritorio.
—Jan, no tienes que hacer eso.
—No digas que no lo mereces, Joong. Yo no tuve nada que ver con que te eligieran. Te la ganaste tú.
—Estoy seguro de que tú tuviste algo que ver.
Janhae soltó una pequeña risa.
—Bueno... tal vez sí hablé con mi mamá.
Joong negó con la cabeza, aunque ella no pudiera verlo.
—Lo sabía.
—Pero, Joong, escucha. No te eligieron porque yo se lo pedí. Fuiste tú quien consiguió estar entre los estudiantes seleccionados. Además, no es solo para ti. Gracias a ese programa, otros dos estudiantes también tendrán la oportunidad de recibir una beca.
Joong permaneció unos segundos en silencio.
—¿De verdad?
—Sí.
Por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa apareció en el rostro de Joong.
—Eso es... genial.
Janhae sonrió al escuchar su voz.
Había pasado tanto tiempo desde la última vez que había escuchado a Joong sonar realmente feliz que, por un momento, se quedó sin palabras.
Pero entonces recordó algo.
—Y no soy la única que se preocupa por ti.
La sonrisa de Joong se apagó apenas.
—¿Qué quieres decir con eso?
Janhae dudó.
Sabía que no debía decirlo. Había prometido guardar el secreto de Dunk. Pero también sabía que, después de todo lo ocurrido, quizá Joong merecía conocer al menos una parte de la verdad.
—Digamos que esta idea vino de alguien más.
Joong frunció el ceño.
—¿De quién?
Janhae cerró los ojos por un instante.
Esperaba que aquello ayudara a Dunk. Quizá, después de tanto tiempo, Joong necesitaba saber que él no había desaparecido por completo de su vida.
—La idea vino de Dunk.
—¿Qué?
—Sí. Aunque no lo creas, todavía le importas.
Joong se quedó completamente quieto.
Por un instante, volvió a aquel día detrás del gimnasio. Recordó a Dunk sentado a su lado, escuchándolo hablar de su padre. Recordó sus brazos rodeándolo cuando ya no pudo contener las lágrimas. Recordó la tranquilidad que había sentido aquella tarde después de tantos días sintiéndose completamente perdido.
Había pensado que quizá, después de aquello, su amistad volvería a ser como antes.
Pero Dunk había vuelto a alejarse.
Había seguido ignorándolo y Joong había terminado convenciendo a su corazón de que aquel momento no significaba nada.
—No lo sé —murmuró.
—Te lo aseguro.
Joong guardó silencio.
—¿Por qué no me lo dijo él?
Janhae no supo qué responder.
—Porque... ya sabes cómo es Dunk.
Joong soltó una pequeña risa.
—Sí. Lo sé.
Janhae sonrió.
—Pero quería que supieras que no estás solo, ¿de acuerdo?
—Gracias, Jan.
—No tienes que agradecerme.
Después de eso, la conversación cambió de rumbo. Janhae comenzó a preguntarle por sus planes para las vacaciones y Joong terminó contándole que pensaba pasar unos días con su abuela antes de volver a casa.
Hablaron durante un buen rato.
Joong volvió a reír varias veces.
Pero, aunque siguió conversando con Janhae como si nada hubiera ocurrido, había una pequeña parte de su mente que no dejaba de repetir las mismas palabras.
La idea vino de Dunk.
Por primera vez en mucho tiempo, sintió algo que se parecía a la esperanza.
No era suficiente para pensar que las cosas volverían a ser como antes. Tampoco quería hacerse ilusiones.
Pero saber que Dunk todavía se preocupaba por él significaba que quizá aquel vínculo que había creído perdido no había desaparecido por completo.
Quizá, muy en el fondo, todavía seguían siendo amigos.
Después de terminar la llamada, Joong se quedó unos segundos sentado frente a su escritorio.
Entonces recordó algo.
Abrió uno de los cajones y sacó una pequeña pulsera.
La sostuvo entre los dedos.
La había aprendido a hacer durante el campamento un año atrás. Había hecho una para Janhae y otra para él, pero para la de Dunk se había tomado un poco más de tiempo.
Había añadido sus iniciales.
Recordaba perfectamente el día en que pensaba dársela.
Solo que nunca llegó a hacerlo.
Dunk había comenzado a ignorarlo antes de que Joong pudiera encontrar el momento adecuado.
Aun así, Joong nunca había sido capaz de tirarla.
La había guardado todos aquellos meses en el mismo cajón, esperando, aunque fuera en secreto, que algún día pudiera ponérsela en la muñeca y decirle que la había hecho para él.
Pasó el pulgar sobre las pequeñas letras.
—Todavía la tengo —murmuró.
Y, por alguna razón, aquella idea le hizo sonreír.
Fue la última vez que Joong supo algo de Dunk.
Hasta ahora.
Abrió los ojos de golpe.
Durante unos segundos no supo dónde estaba. El recuerdo se desvaneció lentamente y dejó paso al presente, pero la sensación permaneció. Aquella misma sensación de pérdida. Aquel vacío que había creído olvidado.
Hasta que la puerta se abrió de golpe.
Joong levantó la cabeza.
Dunk entró en la casa.
Estaba sudado, con el rostro completamente rojo, probablemente por haber corrido hasta allí. Parecía agitado, como si hubiera llegado con tanta prisa que ni siquiera hubiera pensado en detenerse a recuperar el aliento.
Joong se levantó de golpe.
—¿Dunk...?
El movimiento fue demasiado rápido y casi perdió el equilibrio.
Dunk no esperó.
Cruzó la habitación en unos segundos y se lanzó hacia él, rodeándolo con los brazos.
Joong se quedó completamente inmóvil. No sabía qué estaba pasando. No sabía por qué Dunk estaba allí. No sabía por qué lo abrazaba después de tantos años.
Pero no importaba.
Porque en cuanto sintió sus brazos alrededor de él, algo dentro de Joong se calmó. La ansiedad que no se había dado cuenta de que llevaba consigo comenzó a desaparecer. El vacío también.
Solo quedó el calor de su cuerpo, la seguridad de aquel abrazo y una tranquilidad que le resultaba demasiado familiar.
Como si una parte de él hubiera estado esperando exactamente aquel momento.
Joong cerró lentamente los ojos y, sin entender todavía qué estaba pasando, abrazó a Dunk de vuelta.
