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Ahí estaba. Parado frente el teléfono público a fuera del hospital.
Lo observaba con nervios, y sin ganas de usarlo, aunque sabía que tenía que hacerlo. Pero, no sabía a quién llamar primero. Entonces decidí hablar con ambos. Marque el teléfono de mis padres con pocas ganas, pegando el teléfono a mi oído, escuchando el timbre antes de que lo tomaran.
Mi respiración se aceleró al igual que mis latidos cuando estos pararon, y la voz preocupada de mi madre preguntaba quién era.
-Uh...Ma'…Soy yo...- Dije en voz baja, mirando alrededor de la pequeña cabina de cristal en la cual estaba. No había nadie alrededor pero aun así sentía la necesidad de revisar, pero mi mente me recordó lo que tenía que hacer y suspire. -¿Podrías llamar a…- Suspire, -los padres de Karen…? Tengo noticias…- Sabia que mi tono no ayudaba la situación, ya que cuando hablo de nuevo se escuchaba más preocupada.
-Claro amor, ¿pero por qué no me dices que ocurre? ¿Cómo está él bebe, está sano?- Preguntaba ella, haciendo mi ánimo descender varios miles de kilómetros más. Simplemente le dije que se apresurara, ya que tenía que regresar adentro. Oía como marcaba los números eran marcados apresuradamente y el tono comenzaba de nuevo.
No tardo por ser contestado, una voz gruesa y masculina resonando del otro lado, -Señor, hola… ¿Podría por favor llamar a su esposa? T-Tengo noticias…- Murmure, escuchando como llamaba a su esposa, y está soltando lo que hacía para acercarse al teléfono.
Respire hondo al escuchar su animada voz, era tan parecida a la que una vez Karen tuvo…Solté el aire que tenía en mis pulmones, preparándome mentalmente para lo que venía. Si solo vivieran más cerca, y hubieran estado, no tendría que estar aquí, explicando que su hija había muerto dando luz a su nieto.
-Karen…um…Karen…- Cubrí mi rostro con una mano, tomando otro suspiro antes de seguir, -Es un varón y sano…D-Decidí- Nos decidimos por Andrew…- Mis ojos se llenaban lentamente de lágrimas de nuevo, y respire hondo, tratando de que no temblara mucho mi voz.
En el otro lado de la línea escuche los respiros de alivio entre los cuatro, mi mamá lanzándome preguntas otra vez. Pero la voz de Sr. Banery la interrumpió, -¿Y Karen? Se que le prometimos que bajaríamos lo mas rápido que pudiéramos pero no encuentro su regalo!- Rio, obviamente avergonzada.
Me quede sin habla, mi boca secándose de momento. ¿Por qué? Seguía hablando y solo me frustraba más. No quiero decirle, pero el momento en que cerré mis labios los abrí de nuevo...Sin pensarlo comencé a escupir todo, mis lágrimas recorriendo de nuevo mis mejillas.
-¡Ella murió! Ka...Karen no lo soporto y el doctor no pudo hacer nada ¡Perdóname! ¡No pude hacer nada!- Caí de rodillas, sollozando como la noche anterior. De nuevo me hacían recordar el momento y mi rabia crecía otra vez, -¡Lo siento! ¡Está muerta! ¡La perdí... y no se por qué!-
Al otro lado de la línea había un silencio asqueroso. Nadie decía nada mientras yo solo lloraba. Hasta que un sollozo se escuchó a lo lejos, pude reconocerlo como la madre de Karen. Mi alma se rompía de nuevo mientras sus llantos crecían más altos hasta gritos. Parecía que habían dejado caer el teléfono ya que se escuchó un 'tud'.
-Perdón...- Murmure derrotado. Mis padres estaban callados, y lo entendía.
Estuvimos así por un buen tiempo, ya podía sentir las miradas de las personas que pasaban. Eso ya no importaba, mi mente estaba en otro lado mientras mi mano libre golpeaba el vidrio de la cabina. Cuando por fin me canse suspire, me había quedado sin lágrimas hace un rato y mi garganta había sido abusada por al menos la quinta vez en dos días.
-Hijo...- Vino la voz ahogada de mi padre por primera vez, -Mejor ve a descansar y cuida de el...Los cuatro iremos pronto.- Y con eso colgó. Tome mí tiempo respirando y calmando mis nervios antes de decidir levantarme para hacer justo lo que él me había dicho.
Alguien daba leve golpes a la puerta, haciéndome voltear algo asustado y sorprendido. Rápidamente me puse de pie al ver una pequeña niña con una melena oscura y ojos grandes y azules. No podía tener más de unos cinco años con esa baja estatura y la pureza que irradiaba de ella.
'Que querrá...' Me pregunte a mí mismo al verla tocar de nuevo, lentamente me acerque para abrirle, bajando la mirada para encontrar la tímida de ella.
-Señor, ¿por qué llora?- Pregunto ella inocentemente.
Tarde varios segundos en contestarle, arrodillándome para mirarla cara a cara. Era tan pálida, -Um... Solo tuve un mal día pequeña, ¿Estás aquí sola, y tus padres?- La niña solo asintió y apunto hacia una pareja no muy lejos, ambos parecían estar en una discusión ya que sus voces hasta se escuchaban acá. -Vale, vamos donde ellos...-
Ofrecí mi mano y ella la tomo, mi mano cubría completamente la frágil de ella, -Sabe...No debería sentirse tan triste, estoy segura que todo va a estar bien.- Alzo su tierna cara, mostrando una sonrisa tan llena de esperanza. Y por alguna estúpida razón sus palabras me hicieron sentir más liviano, y no pude evitar la leve sonrisa que ahora adornaba mi rostro.
Pronto estuvimos frente a los adultos que aun peleaban como si no notaran a nadie más a su alrededor. Tosí, tratando de llamar su atención, y al parecer funciono, ambos voltearon hacia nosotros con una rapidez inhumana, la joven chica tomando un leve color rosa al darse cuenta de que los habían cachado así.
El hombre a su lado bajo la mirada a la niña, tomándola y alejándola de mi tan pronto había puesto la mirada en ella, lo cual me hizo fruncir el ceño. No les había parecido muy importante donde estaba y como se encontraba su hija solo unos minutos atrás.
-Tienen una pequeña muy inteligente...-
Ambos asintieron extrañados y tome eso como mi señal para irme. No me parecería raro si le dijeran algo parecido a '¡No debes hablar con extraños, personas como él te harán daño!' ya que honestamente debo de parecer un vagabundo.
Ya que todo eso estaba hecho, solté el aire que no sabía guardaba en mis pulmones. Mi cuerpo relajándose notablemente.
Entre de nuevo el edificio de solo unos cinco pisos, usando el elevador para llegar al necesitado, donde por fin podría tomar a mi hijo y llevarlo a nuestra casa. ¡Habíamos pintado su cuarto de diferentes colores! ¡Llenado de juguetes y peluches!
Karen y yo-
Karen y yo acabábamos de pintar las paredes de verdes y azules y marrones. Creamos una selva con dibujos de monos y tigres, cualquier animal que ella pudiera dibujar estaba en las paredes. Ya era de noche afuera, pero a ninguno nos importó mientras admirábamos nuestro trabajo. No se veía tan mal.
Ella sonreía de oído a oído, apretando mi mano cada vez que miraba el pequeño proyecto. Nunca pensamos que este momento llegaría tan pronto. Los meses habían pasado tan rápido que casi se nos había pasado hacer el baby-shower, tan engrosados en preparar el cuarto perfecto para nuestro hijo. La familia de ambos quería ayudar, pero me negué, diciendo que era algo que teníamos que hacer solos.
Creo que me arrepiento ahora, después de arduas horas tratando de montar las cosas las cuales ahora estaban esperando a ser descubiertas. Las tuvimos que cubrir luego de que Karen accidentalmente derramara algo de pintura verde en la cuna de madera. Con algo de creatividad ella decidió arreglarlo haciendo hojas en esta, cubriendo así el reguero.
La acerque a mí, sorprendiéndola con un beso en su blanca frente. Simplemente me sonrió, parándose de puntitas para besarme en los labios con una ternura que siempre hacia mi corazón olvidar como palpitar. Sus bonitos ojos marrones estaban llenos de amor cada vez que los miraba, haciéndome sonreír ampliamente, -Te amo,- Me escuche decir.
-Yo también te amo…-
