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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-02-20
Completed:
2026-09-05
Words:
13,135
Chapters:
9/9
Comments:
6
Kudos:
25
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1
Hits:
238

Poeta Atormentado

Chapter Text

Micaela dobló la última blusa con manos temblorosas y la metió en la maleta. Fueron días de colapsos sentimentales y una montaña rusa de emoción, sin embargo todo terminaría ese mismo día al partir a su tierra natal.

El departamento que había sido su hogar temporal durante esas semanas ahora parecía un lugar extraño; vacío, frío y lleno de ecos que dolían. Hoy había sido la última reunión binacional. Los acuerdos se firmaron con apretones de manos formales, sonrisas diplomáticas y palabras sobre la cooperación reforzada entre ambos países fronterizos.

Todo salió bien. Demasiado bien para estar discutiendo temas políticos sin la presencia de González refutando y opinando todo, sin algún tipo de tacto.
No fue hoy, ni tampoco apareció los días anteriores.
La silla de Chile estaba enfrentada a la de ella, algo que por momentos la dejaba incómoda sabiendo que ese espacio vacío no volvió a ser ocupado. "¿Por qué?" Le dolía de solo pensar que por cada paso bueno que daba, el retrocedía diez más

Hoy terminaría todo, estaba ansiosa por volver y no tener que discutir más problemáticas fronterizas.
Cerró la maleta con un clic seco. Se miró al espejo del pasillo; tenía el cabello negro adornado con pinches dorados que le daban un aire elegante y distante, como si quisiera protegerse con la apariencia. Se alisó el vestido rojo con las manos, respiró hondo y se dijo a sí misma que estaba lista para volver a Lima. Para dejar atrás todo esto.

Dejó las maletas junto a la puerta, tomó el bolso pequeño y salió al pasillo.

Y entonces lo vio.

Manuel subía las escaleras con pasos pesados. El casco colgaba de su brazo izquierdo, el cabello revuelto por el viento de la carretera, la chaqueta de cuero oliendo fuerte a cigarro y a gasolina. Tenía ojeras profundas, la barba de varios días y una expresión que no era rabia ni tristeza... como si algo dentro de él se hubiera apagado.

Se detuvo al verla y por un segundo sus ojos se encontraron con los de ella, pero apartó la mirada rápido, como si doliera sostenerla.

—Ten lindo viaje —dijo con voz ronca, casi mecánica. Sacó las llaves, abrió su puerta y entró sin mirarla otra vez.

Micaela se quedó congelada. El “lindo viaje” le cayó como una cachetada seca pues no había emoción, no había afecto, no había nada. Solo la misma distancia que había sentido años atrás pero ahora mucho más dolorosa.

La furia le subió por la garganta como bilis y sin pensarlo dos veces, empujó la puerta de Manuel para entrar antes de que éste cerrara.

Manuel se giró sorprendido.

—OYE!, ¿¿¿¿QUE WEA????

—¡¿POR QUÉ ME HICISTE ESTO?! —gritó ella, cerrando la puerta de un golpe— ¿¿¿¡¡A QUÉ MIERDA ESTÁS JUGANDO HUEVON!!???

Manuel retrocedió un paso dejando el casco en la mesa.

—¿De qué hablai? No estoy jugando a nada!

—¡Mentira! —ella avanzó, los ojos dorados brillando con lágrimas de rabia—Me hiciste creer que sentías algo. Bailamos y cocinamos juntos, me mimaste como si yo fuera lo único que te importaba… ¡y después desapareces! ¡No vas a la reunión, no contestas mensajes, te vas sin decir nada! ¿Qué soy para ti? ¿Una forma de aliviar tu culpa y después tirarme como si nada?

Manuel apretó los puños, la voz saliendo baja y temblorosa.

—No es un juego, Mica. Es que…

—¡¿Qué?! —ella levantó la voz, con lágrimas cayendo—¿Que no me quieres? ¿Que todo fue mentira? ¿Que solo me ilusionaste para romperme otra vez? Porque eso es lo que haces, Manuel. Me das esperanza y después me dejas sola.— la voz empezó a quebrarse mientras se acercaba a él— m-me haces sentir pequeña, insignificante y tan poco... como si nunca fuera suficiente para ti!

Manuel dio un paso hacia ella, con ojos llenos de culpa y tristeza.

—¿Creís que no me duele? ¿Creís que me fui porque no te quiero? ¡Me fui porque te quiero caleta ya! — la tomó de los hombros para mirarla a los ojos dorados llenos de lágrimas contenidas — Conmigo siempre hay una frontera, una guerra, un error que no puedo borrar y tú lo sabes po — suspiró aguantando las ganas de llorar —¡Tu no eri feliz conmigo!

Ella negó con la cabeza, sollozando.

— No hables por mi, yo sé lo que quiero...—tragó saliva con un leve sonrojo en las mejillas.

— ¿Y qué quieres..?

La chica miró al suelo sintiendo las manos frías que recorrieron sus hombros hasta levantar su rostro. Los ojos de ambos se encontraron, con miradas llenas de confesiones por decir y emociones que batallaban por salir.
Se quedaron unos segundos hasta que Manuel respondió.

—Te amo, Micaela. Te amé desde mucho antes incluso...

Las lágrimas corrían por la cara de la chica que temblaba por el roce gentil de las manos que acariciaban sus mejillas.

—Entonces... ¿por qué te fuiste?... ¿Por qué me dejaste sola?

Manuel respiró hondo mientras se arrodillaba, metió la mano en el bolsillo trasero y sacó la cajita pequeña. La levantó hacia ella dejando ver el anillo que se encontraba en el interior. Un anillo de oro con un rubí rojo intenso y brillante, una joya lujosa que aún relucía a pesar de los años. El mismo que tenía antes de la Guerra, cuando soñaba con pedirle la mano.

—... Porque tenía miedo. Miedo de que me dijeras que no sientes lo mismo, que ya era tarde... Pero ya no puedo seguir viviendo con el peso de no decírtelo Mica.

Aclaró la voz tragando saliva y agarró valor para decir todo lo que sentía.

—Micaela… te amo y te amé todo este tiempo.
Te amo caleta desde que éramos cabros chicos y estar juntos es algo que siempre anhelé porque eri valiosa en tantos sentidos... Te amé cuando apenas empezabas a ser independiente y yo ya sentía que podía protegerte de todo. Te amé en medio de la guerra, aunque me odiara por lo que estaba pasando entre nosotros. Te amé después, cuando el silencio nos separó durante años y yo seguía guardando esta cajita como un weon que no se atrevía a soltarla.
Te amo ahora, con todo el miedo y toda la culpa que cargo, porque a pesar de todo lo que nos rompió… nunca dejé de sentir esto por ti.
No soy perfecto. Soy un país lleno de errores y de fronteras que nunca supe cómo cruzar, pero si todavía hay algo en ti que me quiere… si todavía creís que podemos intentarlo…—dijo con la voz quebrada—Quiero pasar el resto de mi vida intentando hacerte feliz, aunque me cueste toda la vida en aprender cómo. Porque vale la pena esperar por amor y tu eres la prueba de ello.… cásate conmigo señorita Prado. Si crees que aún no es tarde para hacerlo..

El silencio llenó el departamento. Fueron segundos tan impactantes que la joven no dejó de llorar de emoción.
Se inclinó frente a él para tomar su rostro con ambas manos y besarlo de forma intensa, desesperada, lleno de años de silencio, dolor y amor reprimido.

El chileno tenía al fin el "Acepto" anhelado. La besó varias veces mientras las risitas de ella hacían eco en el lugar.

Manuel soltó una risa aliviada y nerviosa antes de levantarse del suelo y sin decir nada más, la tomó por la cintura con ambas manos y la levantó en el aire como en las películas de princesas, girándola con cuidado mientras ella reía entre lágrimas. El vestido rojo se movió con el giro, y por un momento el departamento se llenó solo de sus risas y de su compartida ilusión.

— ¿Por qué tardaste tanto?—susurró la morena

—No quería perderte otra vez…— bufó mientras tomaba la mano de la morena y le colocaba el anillo de compromiso— y además, las historias dramáticas son mis favoritas-

Micaela observó el anillo con alegría de ver algo tan valioso y bien cuidado en sus manos. El rubí relucía brillando mientras movía la mano de un lado a otro.

— El color rojo te queda hermoso... Me acuerdo de pensar en lo bonito que te quedarían los rubíes...-

Micaela lo beso interrumpiendo al chileno que poco a poco se dejó llevar. Fue un beso suave al principio, lleno de alivio y ternura, pero pronto se volvió más profundo y cariñoso. Sus manos subieron hasta el cuello de Manuel, atrayéndolo más cerca. Él la abrazó por la cintura, respondiendo con la misma intensidad, sus dedos recorriendo suavemente su espalda mientras se besaban una y otra vez, como si quisieran recuperar todo el tiempo perdido.

En medio del beso, una hoja pequeña y arrugada se deslizó del bolsillo de la chaqueta de Manuel y cayó al suelo sin que él se diera cuenta.
Micaela se separó un poco, aún con los labios cerca de los de él, y miró hacia abajo. Vio el papel doblado y lo recogió con curiosidad.

—¿Y esto? —preguntó desdoblándolo.

Manuel se quedó quieto, el rostro enrojecido de golpe.

—Es… nada, solo un papel que olvidé tirar, dámelo po que es basura

— ¡Oe no! déjame leer— se giro un poco para evitar que se lo quitara de las manos.

Micaela leyó las primeras líneas y sus ojos se abrieron con sorpresa y ternura.

"Tesoro en vida, mujer de ensueños.
Mapa indescifrable cuyas fronteras se borran cuando duermes,
y se endurecen al despertar.

Ojalá tenerte... En cuerpo y alma."

Levantó la vista hacia él, con los ojos dorados brillando de emoción.

—¿Así que sigues escribiendo poemas para mí? —preguntó bajito, con la voz entrecortada.

Manuel asintió, avergonzado pero sin poder ocultar la sonrisa.

—Nunca dejé de hacerlo… aunque nunca me atreví a mostrártelos.

Micaela sonrió entre lágrimas y lo abrazó de nuevo, besándolo con más fuerza.

—Entonces guárdalos… porque los quiero leer a todos!

Ambos países enlazaron sus cuerpos en abrazos cariñosos, acariciando con ternura su forma mas humana.
Querían amarse sin pensar en nada mas que disfrutar las cosas que creían olvidadas, dándose el amor que quedó pendiente tras años de distancia.

Planearon el resto del día entre risitas bajas y mimos lentos: toques furtivos, besos íntimos que recorrían con deseo la geografía de la piel, como si estuvieran redescubriendo un mapa que ambos conocían de memoria.

Se acomodaron en el sofá, abrazados, mientras hablaban en voz baja de lo que harían a partir de ahora.

— ¿Queri disfrutar la mañana conmigo y más tarde salir a comer?

Ella suspiró tranquila mientras trazaba círculos en el pecho del castaño con la yema de los dedos.

— Solo si no te asusta tener a una chica encima varias horas..— se sentó sobre la cadera del joven tendido en el sofá. El peso de ella lo hizo exhalar de golpe; Manuel no podía dejar de mirar la figura de su amada con el vestido rojo subiendo un poco por el movimiento.

Con risitas juguetonas, Micaela empezó a mecerse con suavidad, calentando el ambiente frío del departamento. Cada movimiento sutil arrancaba un suspiro al chileno, que la observaba boquiabierto, como si no pudiera creer que esto estuviera pasando de verdad.

— ¡Tu no me asustas para nada!— dijo agarrando con ambas manos la cadera de la peruana, ejerciendo más presión en la zona.— ....mierda de verdad que no me esperaba esto ni en mis mejores sueños

La risa de él era nerviosa y caliente. Sabiendo la invitación tan clara, la giró con cuidado hasta dejarla acorralada entre el sillón y su cuerpo. Con el corazón latiéndole con fuerza, se inclinó para poseer sus labios nuevamente.

Ella le regaló una sonrisa luego de aquel beso lento envuelto en deseo y cariño.

— hmm disfrutemos las horas entonces flaco..-

Manuel soltó una risa baja contra su boca y la besó otra vez, más profundo, más seguro. Sus manos recorrieron la cintura de Micaela con una ternura que contrastaba con la urgencia de antes, como si por fin pudiera tomarse el tiempo que siempre había querido. Ella rodeó su cuello con los brazos y se dejó llevar, sintiendo cómo el peso de los años se iba disolviendo entre cada caricia.

Cuando el beso se suavizó, se quedaron frente a frente, respirando el mismo aire. Manuel apoyó la frente contra la de ella y susurró casi sin voz.

—Ya no me voy a ir, Mica. Ni hoy, ni mañana… ni nunca.

—Más te vale huevón… porque esta vez no te voy a dejar escapar.

Manuel rió bajito y la abrazó con fuerza, escondiendo el rostro en el hueco de su cuello. Ella cerró los ojos y se aferró a él sintiendo por primera vez en mucho tiempo que el futuro no era una frontera que cruzar, sino un camino que podían recorrer juntos.

"Hermosa mujer, tu eres mi flor carmín,
de pétalos que queman la piel,
y endulzan el corazón...

Te amo con ese amor que duele y sana,
con el anhelo de volver a tocarte,
de sentir otra vez tu calor...
y saber que, por fin,
ya no tengo que extrañarte.

Quédate, mi flor carmín,
que yo ya no sé vivir
sin el calor de tus pétalos,
ni el dulzor de tu nombre.
Micaela Prado"

 

Afuera en la gran ciudad, el día seguía su curso. Adentro, los países que habían cargado con demasiada historia se permitían, por fin, simplemente amarse.

Y en la quietud de aquel departamento, el resto del mundo dejó de importar...

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Notes:

muchas frases y palabras de cada país las leí o escuché :) no quería que sonaran tan neutros al hablar**