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Español
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Published:
2026-09-09
Updated:
2026-09-16
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14,056
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2/9
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La muñeca y el soldadito de plomo

Chapter 2: ¡Caos, camiones y caramelos!

Chapter Text

En cuanto Plumbum abrió los ojos, se preguntó dónde estaba. No reconocía el techo de madera ni la suavidad de la cama. Se sentó en el lecho y miró a su alrededor. La habitación era azul oscuro, con algunas líneas rojas en la parte superior. Había un baúl sin candado y una librería llena de libros de historia de lugares aleatorios. Pasó una mano por su rostro para intentar espantar el sueño. En cuanto lo hizo, se sorprendió al sentir la dureza de su cuerpo. Inspeccionó su mano y los recuerdos del día anterior llegaron a él lentamente: la vigilancia, la computadora, el circo, la abstracción.

Se levantó de la cama, preguntándose si ese nuevo día sería tan caótico e interesante como el anterior. Al darse cuenta de que esperaba algo en especial, se sorprendió a sí mismo. ¿Cuándo fue la última vez que se levantó preguntándose cómo sería su día? Generalmente, solo empezaba su rutina antes de ir al trabajo o agarrar un libro.

—Oye, Pomni, ¿cómo dormiste?

La voz de Ragatha se escuchó al otro lado de la puerta, por lo que decidió salir. Se sentía extraño el no ducharse ni cambiarse de ropa, pero suponía que eso era innecesario en el circo.

Al salir de su habitación, encontró a Ragatha frente a la puerta de Pomni.

—¿Sigues dormida? —Sonrió la muñeca con incomodidad. —Si quieres puedo dejarte un rato más. Despertaré a Plumbum.

—No hace falta, ya estoy despierto.

La muñeca se sobresaltó al escuchar su voz. En cuanto sus ojos se encontraron, sonrió. —Oh, hola. ¿Cómo dormiste?

—No me quejo. —Se encogió de hombros. —Aunque es incómodo dormir con este sombrero.

La puerta de Pomni se abrió. La bufona se mantenía cabizbaja, sin animarse a salir del cuarto. Ambos juguetes la vieron con diferentes grados de preocupación.

—¡Ahí estás!  —Ragatha intentó sonar animada. —Espero que te encuentres bien, ya sé que lo de ayer fue un papelón.

Pomni entrecerró los ojos, obviamente angustiada. —Un… “papelón” … 

La muñeca frotó su brazo, sin saber qué decir. Plumbum intercaló su atención entre ambas y decidió intervenir.

—Eso no pasa seguido, ¿verdad?

Ragatha empezó a negar con las manos, alterada.  —¡No, no, no! ¡Les aseguro que no es común!  —Observó a los dos, Pomni aún lucía afectada. —¡A veces pasa… pero no es común! Digo, en los últimos años ha pasado unas… ¿seis… veces?

—¿Años?

—¿Seis veces?

—¡Pero no hay de qué preocuparse! —Puso ambas manos en sus caderas, sonriendo ampliamente. —¡Creo que lo están haciendo muy bien! Pero si necesitan tiempo… ¡está bien también!  —Pomni balbuceó algo similar a un “ah”; su estado aún no cambiaba. Plumbum, por su parte, intentaba sacar cuentas de qué tan seguido se abstraía la gente considerando lo poco que sabía de la compañía. — Ah, bueno… olvidémonos del tema. Caine nos tiene una aventura nueva, y por cómo nos la pinta, creo que esta va a ser muy divertida.

Finalmente, Pomni salió de su cuarto y los tres se dirigieron al escenario principal.

 

—¡La aventura de hoy es “Caos, camiones y caramelos”! —Gritó la IA mientras arriba suyo aparecían las palabras “Candy Carrier Chaos” en inglés. —¡Así es! ¡El reino Cañón Caramelo perdió su recurso más valioso! —De un lado apareció Bubble, quien sacó su lengua e hizo aparecer un recipiente oscuro. Caine señaló el objeto con gran euforia. — ¡La miel de maple!  —Giró su bastón y señaló al grupo con un dedo. — ¡Y depende de ti llevar a estos amargos ladrones ante la dulce y cremosa justicia!

—¿Un reino entero de caramelo? —Preguntó Bubble. —Parece empalagoso.

—¡Sí, muy empalagoso! —Concordó Caine.

—Parece… “¡BEEEEEEEEEEP!”

El presentador del circo miró a su compañero con terror. —Bubble, no puedes decir eso…

El grupo entero terminó de escuchar la explicación, sin embargo, Zooble fue el primero en comentar, cruzándose de brazos.

—Hmm… no. —Sentenció antes de darse la vuelta y marcharse.

—¡Zooble, espera! ¡Probaré una nueva IA en esta aventura! ¡Es cincuenta y siete veces más inmersivo!  —Intentó convencerle Caine, flotando detrás del avatar abstracto.

—¡Uh, inteligencia artificial! —Sonrió Jax antes de darle un codazo juguetón a su compañero de circo.  —¿No quieres jugar con la nueva IA, Zooble?

—Uhm… sí… no. —Respondió colocando los ojos en blanco.

Mientras todo ello ocurría, Ragatha les sonrió a los dos nuevos miembros de forma más exagerada de lo necesario.

—¡Wow! ¡Qué divertido! ¿Qué les parece, chicos?

Plumbum frotó su mentón con una mano mientras tenía una ceja alzada. —Suena interesante, pero… ¿Por qué el título estaba en inglés si nosotros hablamos español?

—Siendo honesta… tampoco tengo idea…

—Entonces… —Empezó a decir Pomni, quien aún parecía consternada por los eventos del día anterior. — ¿El resto de nuestras vidas vamos a tener que… rolear?

—Bu-Bueno… —Tartamudeó Ragatha.

Caine apareció de repente. —¡¿Por qué se quedan tiesos?! ¡El reino Cañón Caramelo los necesita ya!

Terminó de gritar y un portal de colores rosa y lila apareció junto a ellos. Sin previo aviso, la IA los empujó, llevándolos a un nuevo escenario.

 

Las palabras “Candy Canyon Kingdom” aparecieron en el aire mientras una voz en off decía el título en español. Plumbum vio las palabras con cierto recelo. Aunque entendía que ese mundo carecía de lógica, ese detalle lo incomodaba más que el hecho de que estuvieran siendo transportados en un carro hecho de dulces, que era impulsado por un animal de caramelo.

—No lo entiendo… si hablamos español, ¿por qué los títulos siguen apareciendo en inglés? —Preguntó mientras se acercaban al reino.

Jax le contestó con tono de burla. —¿Acaso no es obvio? ¡El imbécil que está escribiendo esto no sabe inglés, así que está usando el doblaje en español!

A pesar del tono petulante, Plumbum decidió responderle con calma. —Ayer le hablabas a una audiencia, ¿y ahora dices que alguien escribe esto?

—Bueno, en teoría los videojuegos y los programas de televisión tienen escritores y espectadores. —Mencionó Gangle.

Kinger asintió con la cabeza. —¡Y programadores!

Ragatha negó con la cabeza. —Uh, no estoy segura de que los programas tengan programadores…

—¿Entonces quién programa los programas? —Preguntó la pieza de ajedrez.

Plumbum abrió la boca para responder, pero de inmediato la cerró al quedar desconcertado por ese detalle. Ragatha abrió ampliamente su ojo ante la pregunta; Jax alzó una ceja, sin querer pensar en ello; Pomni los vio con desconcierto y Gangle jugó con sus manos.

Llegaron a las inmediateces del reino y un gran puente de caramelo descendió para permitirles el acceso. Al cruzarlo, fueron recibidos por una enorme cantidad de maniquíes de diversos colores que les daban la bienvenida con aplausos y vítores. Plumbum miró la escena con asombro, sin notar que sus ojos pintados brillaron con una fascinación que no había sentido desde que era niño.

Aunque en el mundo exterior había asistido a parques de diversiones y ferias temáticas, su interés por ellos quedaba opacado por largas filas de espera o por no ser capaz de dejarse llevar por el ambiente festivo. El lugar que se presentaba ante él era diferente, era “real”, podía ver una honesta alegría en esos personajes creados por computadora y experimentar el olor dulce que rondaba el aire. No pudo evitar sonreír ante lo que veían sus ojos. Era como ver un sueño infantil hecho realidad.

De repente, notó que Ragatha se levantó y empezó a saludar al público, correspondiendo el sentimiento que provocaba su llegada. Por un momento, Plumbum dudó de si imitar su gesto; nadie más lo hacía: Jax parecía hastiado por la introducción, Gangle estaba cohibida por la cantidad de gente, Pomni lucía ansiosa y Kinger estaba concentrado en “conducir” al animal, aunque este se moviera solo.

Miró atentamente a Ragatha, quien se esforzaba por disfrutar de la aventura a pesar de que sus compañeros no lo hacían. Se preguntó si eso ocurría seguido o si realmente no le importaba que nadie siguiera el juego. Tras pensarlo un poco, se levantó y también empezó a saludar a la gente, aunque con un poco de timidez.

—¡Gracias por venir, héroes! —Gritó un NPC del público.

Plumbum se sorprendió ante la euforia que expresaba el público y un sentimiento cálido invadió su pecho. Sin saber qué hacer, volteó a ver a Ragatha, quien le dedicó una sonrisa que parecía decir “¿ves? No es tan malo”. Con más seguridad en sus acciones, el soldadito de plomo regresó su atención a la multitud, continuando con los saludos.

Una vez que llegaron frente al castillo, todos bajaron. Plumbum le ofreció su mano a Pomni y Gangle, quienes aceptaron su ayuda para descender. Mientras lo hacía, alzó una ceja al notar que Ragatha optó por bajar por uno de los lados laterales del carro, en vez de usar la salida correspondiente. Supuso que, al no tener un guion, podían hacer lo que quisieran. La idea de no seguir las reglas lógicas lo incomodó un poco.

—¡Wow, Kinger, mira este castillo! —Comentó la muñeca con evidente emoción mientras se acercaban a la entrada. Juntó ambas manos y su expresión adquirió un matiz más infantil. —¡Es asombroso!

—También tiene insectos de caramelo. —Agregó la pieza de ajedrez. — ¡Es precioso!

—¡Sí, este lugar es tan genial! —Dijo Gangle con alegría hasta que un NPC la empujó al suelo, rompiendo su máscara.

—¡Miren! ¡Es la princesa! —Gritó el maniquí de color morado.

Plumbum se apresuró en ayudar a Gangle a levantarse y le pasó las partes de su máscara.

—¿Estás bien?

—Sí… siempre pasa…

Antes de que pudiera cuestionar por qué la usaba si siempre ocurría, de dentro del castillo apareció una princesa vestida de rosa. La atención de todos los integrantes del circo se enfocó en ella.

—Ah, ustedes sois los caballeros valerosos enviados por Dios para ayudarnos con nuestra catástrofe.

Ella alzó un brazo para mostrar un vitral en la cima de su castillo, el cual mostraba a Caine con la lengua asomada. Plumbum arqueó una ceja al percatarse de que la deidad de ese mundo era la IA. Supuso que tenía sentido, ya que él había creado ese escenario.

—Así es, Su Alteza, ¡qué hermoso reino! —Exclamó la muñeca. —Amo el color.

La princesa rió. —Me caes muy bien.

—Mira, Pomni. —Se dirigió a la bufona, que parecía abatida. —Ya le caemos bien a la princesa.

—No soy una niña. No me trates como una. —Respondió la bufona de forma tajante, pero no agresiva.

Plumbum no dijo nada al respecto, aunque consideró que nada de lo que dijo Ragatha, ni su tono, implicó tratar a la más baja como una niña. Optó por mantenerse al margen; esperaba que Pomni mejorara su humor al final del día. Parecía peor adaptada que él.

—Asumo que sabréis de su misión. —Dijo la princesa mientras bajaba las escaleras de su palacio. —Los bandidos que nos robaron usan un vehículo moderno de miel, así que pensamos que lo mejor era darles vuestro propio vehículo.

Todos dirigieron su atención al lugar que señalaba la princesa. De entre la multitud, apareció un gran camión que atropelló a uno de los maniquíes. Mientras Jax celebraba la violencia, el soldadito de plomo entrecerró los ojos haciendo un gesto de dolor.

Pomni, aún con los hombros bajos, preguntó. —¿En qué periodo de tiempo se supone que estamos?

La pregunta hizo que Plumbum frunciera el ceño en un gesto pensativo. —Históricamente… en ninguno. El puente me hizo pensar en la edad media europea, quizás entre los siglos XI y XV, donde generalmente había fosos alrededor de las fortalezas. Sin embargo, ese camión no corresponde a ese período histórico. Se inventó aproximadamente 300 años después, aunque no estoy seguro de que se base en ningún modelo real.

Se cruzó de brazos, intrigado y ligeramente molesto por la imprecisión histórica. Al notar que nadie hablaba, examinó su lado. Todos los habitantes del circo lo veían con sorpresa y algo de confusión. Por alguna razón, se sintió avergonzado de la repentina atención. Sabía lo que ocurriría ahora: alguien se mostraría sorprendido por sus conocimientos históricos, otro preguntaría dónde lo aprendió y luego lo interrogarían sobre datos aleatorios de historia. Siempre ocurría lo mismo.

Se encogió de hombros, restándole importancia a su diatriba. —Me gusta la historia.

—Qué nerd… —Murmuró Jax.

—Entonces si hay un camión… —Comentó Gangle, nerviosa. — ¿Esto es más con Age of Empires, pero con mods?

—¿Qué es eso? —Preguntó Kinger.

—Pues…

Plumbum abrió los ojos, algo sorprendido de que no cuestionaran su conocimiento. Se sintió extraño, pero la falta de previsibilidad en sus reacciones se sintió como una brisa fresca de verano.

La princesa soltó una sutil y elegante risa disimulada antes de sacar de su vestido una llave y alzarla.

—Esta es la llave para entrar al reino cuando volváis. —Se acercó a Ragatha y le entregó el objeto con cuidado. —Confío en que no dejaréis que caiga en malas manos.

—Puede contar conmigo, Su Alteza. —Contestó la muñeca, sujetando un extremo de su vestido e inclinándose en una reverencia.

Plumbum, utilizando a Ragatha como referencia, hizo lo propio, imitando la reverencia de los caballeros. —Por nuestro honor, nos aseguraremos de que su reino vuelva a estar a salvo, Su Alteza Real.

—Ah, por favor, díganme Loo. —Pidió la princesa.

Ragatha rió e hizo un gesto con los dos dedos índices, como si fueran pistolas. —Perfecto, Loo. —Expresó antes de dirigir su atención a Plumbum, quien miraba la interacción con una sonrisa.

Jax, apartado del grupo, empezó a gritar. —¡Pido adelante!

El resto del equipo empezó a dirigirse al camión. Aún no terminaban de acercarse cuando Jax se asomó en la puerta y gritó “¡Gangle, maneja!”. Para sorpresa de Pomni y Plumbum, nadie cuestionó el hecho de que Jax agarrara a la mujer y la sentara en el asiento del piloto. Los recién llegados intercambiaron miradas y se encogieron de hombros, suponiendo que era una interacción normal dentro del circo.

—¡Hasta pronto, bravos caballeros! —Se despidió la princesa a la distancia. —¡Todos confiamos en ustedes!

Por dentro, el camión era de tres carriles de asientos. En la parte delantera solo había dos asientos, que fueron ocupados por Jax como copiloto y Gangle como conductora. En la siguiente fila se sentaron Ragatha y Pomni, seguidos en la tercera línea por Plumbum y Kinger.

Al principio, el viaje fue tranquilo. Nadie se animaba a hablar, aunque el silencio no los incomodaba. En cierto momento, Jax empezó a hablar.

—Muy bien, Gangle, cuando los alcancemos, saltaré hacia ellos. Entraré y les dispararé hasta que no los puedan reconocer. —Dijo, sacando un arma de la guantera de su asiento.

La aparición de un arma alarmó a la bufona, al soldadito de plomo y a la conductora.

Gangle habló con nerviosismo. —Creo que eso atenta contra los derechos humanos…

—Tú estás atentándome los oídos con tu lloriqueo. —Se quejó el conejo, utilizando la pistola para señalar sus orejas y luego a ella, como si no tuviera en sus manos un arma letal. —¡Conduzca, conductora!

Plumbum empuñó sus manos de madera, deseando quitarle la Remington Spartan recortada, que seguramente era de calibre 12, de las manos. Ese tipo de arma no debía estar en posesión de alguien tan poco cuidadoso.

—Hey, Pomni, creo que podrías ayudarnos con esto. —La voz de Ragatha lo distrajo. Desde su asiento, la vio hablar con la bufona. —Cuando los alcancemos podemos…

—¡Podemos marcar territorio! —Gritó Jax, levantándose sobre su asiento y sonriendo de forma inquietantemente traviesa. —¡Así!

Sin previo aviso, el conejo tomó a la bufona del cuello y la arrojó por la ventana del techo del camión, lanzándola por los aires. Tanto la muñeca como el soldadito de plomo vieron la escena con horror.

—¡Pomni! —Gritó el soldadito, intentando alcanzar la ventana para buscarla.

A su vez, Ragatha pasó del estupor a la furia. —¡Jax!

 

Plumbum logró subir al techo del camión y observó con miedo cómo la bufona había quedado entre los dos camiones. Desconcertado, notó que los brazos de Pomni se estiraban de forma caricaturesca. Pensó que eso parecía doloroso.

—¡Pomni! —La llamó. —¡¿Estás bien?!

No recibió respuesta, pues la chica aún se encontraba demasiado aterrada para formular palabras.

Jax se asomó por dentro del camión, aún sonriente. —¡Ah, estás perfecta! ¡Solo quédate así! ¡Voy a buscar una cosita!

Plumbum miró a Jax desaparecer nuevamente dentro del camión. Guiado por el miedo a que algo malo le ocurriese a Pomni, y por sentirse en riesgo por estar sobre un camión en movimiento, gritó como hacía años no lo hacía.

—¡¿Qué eres?! ¡¿Un sociópata?!

Pomni, también impulsada por la rabia, logró formular una sola oración. —¡Jax, me %$@!# tu madre…!

El soldadito de plomo asintió con la cabeza y la señaló con el dedo. —¡Y yo la ayudaré en eso!

Sin prestarles atención, el conejo volvió a asomarse. —Oigan, estaba seguro de que había una bazuca aquí, pero…  no la estoy viendo…

Kinger también se asomó, con un salvavidas redondo color rojo y blanco que lanzó. —¡Pomni, toma esto!

El objeto rebotó en la cabeza de Pomni. Mientras los recién llegados intentaban entender cuál era el plan de la pieza de ajedrez, el conejo reapareció con la bazuca.

—¡Muy bien, Pomni! ¡Quédate justo ahí, y yo cruzaré encima de ti!

—¡¿Estás demente?! —Gritó Plumbum

—¡¿Es en serio?! —Gritó Pomni.

Sin querer, el agarre de la bufona se desestabilizó y terminó soltando poco a poco todos sus dedos hasta que se desprendió del camión de su equipo. Salió volando, logrando aterrizar en el vehículo de los bandidos. Mientras Plumbum pensaba en cómo llegar hasta ahí, Jax empezó a quejarse.

—Bien hecho, Pomni. Ahora no tengo un puente.

Justo cuando el conejo terminó de hablar, un lagarto morado y rosa con sombrero salió del camión enemigo.

—¡Ajá, te atrapé! —Movió sus brazos, dándose cuenta que eran muy cortos. —Ay, no alcanzo… ¡Agh!

Un zapato salió disparado de la bazuca que tenía Jax en el hombro. Su sonrisa era radiante y maliciosa.

—¿Cómo rayos sabes manejar una bazuca?  —Preguntó Plumbum, más horrorizado por la habilidad del conejo que impresionado.

—¿Por qué? ¿Acaso no sabes usar una, anciano? —Presumió Jax.

Ante la respuesta llena de arrogancia, Plumbum decidió ignorarlo. Al regresar su atención a Pomni, notó que no se habían librado del lagarto, sino que este se mantenía en contacto con el camión al sostener una cuerda.

—Aún sigue ahí, pásame la bazuca. — Jax miró su arma y la lanzó hacia el lagarto, fallando en el tiro. Plumbum frunció el ceño. —¡Jax!

—¿Qué? ¡De todas formas ya usé el único tiro! —Sonrió.

En medio de su conversación, el camión enemigo tomó un desvío por un camino rocoso, obligando a Gangle a tomar la vía más segura. Plumbum se sostuvo a uno de los tubos de escape del camión para no caer por el movimiento rápido.

—¡Ay, se puso bueno! —Jax volvió a entrar al camión. —¡Oye, Cintitas, ve contra ellos!

Plumbum decidió también ingresar, seguro de que no era buena idea mantenerse en el techo por el estado del camino.

—Creo que no…—Empezó a decir Gangle.

—¿No se supone que seas obediente y calladita? —Cuestionó Jax. —¡Hazlo!

De repente, una turbulencia se hizo presente y todos los que se encontraban en el camión se movieron estrepitosamente, chocando contra el suelo, techo y paredes. Las únicas excepciones fueron Jax y Gangle, aunque la última solo porque tenía el manubrio entre las manos.

Una vez que terminó el movimiento, Plumbum se sobó la cabeza, sintiendo un extraño dolor en la pierna.

—Ugh… —Se quejó Ragatha. —¿Están todos bien?

—¿Podrías hablar más fuerte? —Preguntó Kinger— Es que tengo unos cuchillos…

Ante lo dicho, el soldadito de plomo alzó la cabeza y perdió el habla al ver tanto a la muñeca como a la pieza de ajedrez con cuchillos en las cabezas. Aunque generalmente no tenía miedo, ver algo así lo perturbó.

—Sus… sus cabezas… —Fue lo único que pudo decir.

Ragatha miró arriba, notando un cuchillo carnicero clavado en su frente. —Oh…  gracias…

Se lo quitó sin mayor esfuerzo y sin dejar heridas, al mismo tiempo, Kinger sacudió su cabeza como si fuera un perro, librándose de todos los cuchillos a la vez. Una vez que terminaron de quitarse las armas del cuerpo, la muñeca se enfocó en Plumbum. El soldadito de plomo parecía anonadado y horrorizado por lo que veía. Ella intentó sonreír forzadamente para intentar calmarlo; por un momento había olvidado que ver algo así solía ser traumático para los recién llegados.

—¡Oh, no te preocupes! ¡Esto es… esto es inofensivo! ¡Digo… duele un poco, pero no es la gran cosa!  —Forzó una risa e hizo un gesto con la mano, como restándole importancia.

—¿De… De verdad?  —Preguntó el soldadito de plomo.

Kinger también se dirigió a él, asintiendo con la cabeza. — ¡Por supuesto! ¡No parece que estés sufriendo por tu pierna!

—¿Por mí qué…? —Plumbum miró sus piernas, notando que una de ellas estaba apuñalada por decenas de cuchillos. El grito no salió de su boca, en cambio, se rió con nerviosismo. No entendía su propia reacción; sentía que podría desmayarse. —Ah… sí… no duele… tanto…

Ragatha escaló por los asientos para llegar a él. —Déjame ayudarte.

Kinger siguió a la muñeca y entre los dos quitaron los cuchillos de la pierna de plomo. Plumbum miró todo el proceso con escepticismo. Intentó regular su respiración para no entrar en pánico. Mientras tanto, los tres escucharon la conversación que ocurría adelante.

—Oye, Gangle… ¿y si los chocamos?

—¿Qué?

Ragatha detuvo sus primeros auxilios y se levantó para señalar a Jax con el dedo. —¡No los choques! ¡Pomni aún sigue a bordo!

Jax se estiró lo suficiente para tocar la cara de la muñeca y la empujó con fuerza para que cayera. Inesperadamente, al momento de chocar contra el suelo se clavó con otros tres cuchillos que no provenían de ninguno de los tres afectados anteriores.

—Genial, será más épico. —Escucharon decir a Jax.

—¡¿Por qué hay tantos cuchillos aquí atrás?! —Se quejó Ragatha, quitándose un cuchillo de sus costillas.

Mientras ella gritaba, Plumbum empezó a tomar los cuchillos y pasárselos a Kinger, quien los tiraba por la ventana del techo del camión. Ragatha tenía razón, ¿por qué había tantos?

Estaban tan concentrados en su tarea, que ninguno escuchó cómo seguía la conversación de adelante. Sin embargo, cuando iniciaron los choques, supusieron que el conejo había logrado convencer a la mujer hecha de cintas.

—¡¿Siempre es así?! —Inquirió el soldadito de plomo, sujetándose al asiento.

—¡Sí!  —Contestó Kinger.

—¡Lamentablemente!  —Concordó Ragatha, también aferrándose a los asientos.

Una vez la turbulencia desapareció, Kinger encontró un ancla.

—¿Dónde estaba y cómo llegó…? —Plumbum dejó de hablar y se masajeó las sienes mientras Kinger salía afuera con un “¡Pomni, toma esto!” —Creo que aún no me acostumbro a este lugar…

La confesión descolocó a Ragatha, quien miró con preocupación al soldado de plomo. Por un momento, se olvidó del caos que estaba ocurriendo afuera y se concentró en la apariencia abatida del recién llegado. Sus cejas se arquearon en señal de preocupación.

—Plumbum…

Antes de que pudiera decir algo, el camión hizo un movimiento y todo volvió a descontrolarse. Unas púas aparecieron de un lado de la pared, apuñalando a Ragatha por detrás. La mirada de los dos se topó, pero la muñeca intentó sonreír.

—Es-Estoy bien… de verdad…

Nuevos movimientos en el camión, este empezó a dar vueltas. Las púas desaparecieron, dejando en libertad a Ragatha, sin embargo, la sensación de caerse llenó el lugar. Apenas hubo tiempo para entender qué estaba ocurriendo cuando impactaron contra un río de chocolate.

 

No supo qué ocurrió. Su cuerpo dolía, pero no tanto como debería. Sentía el chocolate amargo entrar por su boca, pero no se ahogaba. No era capaz de sentir nada más que la sustancia espesa que lo rodeaba. De repente, una estructura sólida lo empujó desde abajo y empezó a elevarlo. Un sonido extraño llamó su atención y se percató que estaba en el río, sobre el camión. Miró a su alrededor, el resto del equipo estaba ahí, igual de afectados que él.

—¿Todos están bien? —Preguntó Ragatha.

Plumbum respondió con un quejido y un “creo”. Gangle, por su lado, fue sincera. —No.

—Qué mal… —Respondió la muñeca mientras Kinger salía del interior del camión. — ¡Pobre Pomni! Espero que esté bien…

—¿“Pobre Pomni”? —Repitió Jax con enojo. —¡¿Y qué hay de nosotros?! ¡Estamos a nada de convertirnos en Augustus Glooped!

Apenas el conejo terminó de hablar, un sonido amortiguado, como burbujas reventándose, llamó su atención. Desde el río de chocolate dos ojos gigantes se asomaron. Sin demora, un monstruo deforme hecho de chocolate y dientes de caramelo emergió de las profundidades.

—¿Y eso? —Pronunció la criatura con voz grave y burbujeante, como si cada palabra que dijera hiciera explotar una burbuja espesa. —¿Me engañan mis ojos? —La criatura los rodeó, como si estuviera examinando a una presa. —¿Un regalito directo desde las puertas del reino? ¡Buen provecho!

La criatura usó sus patas para levantar el camión y se preparó para devorarlos. Los integrantes del circo entraron en pánico, a excepción de Jax, quien tuvo que sujetarse del camión para no caer.

—¡Alto, alto, alto, amigo! —Suplicó Ragatha.

—¡Espera un segundo! —Rogó Plumbum.

La muñeca continuó. —¡No somos comida, ni caramelo, ni nada de eso! ¡No quieres comernos!

El monstruo los miró con evidente confusión. —¿No son caramelos? ¿Cómo quieren que coma algo que no es de caramelo? ¡Perdonen!

Inmediatamente, la criatura los bajó con cuidado y desapareció en las aguas oscuras de chocolate. Plumbum se asomó al borde, mirando el río con confusión, aún algo aturdido. Al ver a un ser tan grande y grotesco, había asumido que deberían luchar utilizando todas las armas que estaban en el camión. Eso era lo más esperable considerando lo poco que sabía de películas y series de televisión: el grupo encuentra un monstruo que intenta comerlos, así que deben defenderse. Nuevamente comprobaba que el circo no seguía una lógica determinada.

—Fue… ¿así de fácil?

Ragatha suspiró aliviada, llevando una mano a su pecho. —Por suerte… por eso no hay que saltar a tomar medidas precipitadas. ¡Se consigue mucho hablando!

—¡Aburrido! —Intervino el conejo.

Kinger se acomodó cerca de ellos y habló con alegría. —Pomni siempre se pierde de los monstruos babosos gigantes.

Una vez que la criatura volvió a asomarse, Jax la interrogó. —¿Y qué se supone que eres?

—Soy el dulce de leche. Solía vivir entre las murallas del reino, pero fui expulsado por esa amarga princesa después de comerme a los deliciosos habitantes del pueblo. —Explicó con enojo hasta llegar a la última parte. —¡Oh, eran deliciosos! Aún escucho sus voces… gritando… en mí.

El grupo creyó que, por un momento, el ambiente se volvió más oscuro y que escucharon el leve eco de gritos de agonía, sin embargo, no estaban seguros de que eso fuera real.

—Oh, no… —Expresó Ragatha, llevando nuevamente una mano a su pecho. —Eso suena a genocidio…

La criatura se movió, apareciendo detrás del grupo. —¿Realmente es genocidio si uno lo disfruta? —Sonrió con malicia. —Respóndeme eso.

Jax contestó con una sonrisa inmensa. —Es un excelente punto.

Ragatha miró a ambos con horror. —Uh, no, ¡no lo es! —Gritó al mismo tiempo que se paró sobre el camión.

—¡Sigue siendo asesinar a cientos de personas! —Agregó Plumbum, también incorporándose para ver con enojo al conejo. —¡Y es un crimen de lesa humanidad!

Jax puso los ojos en blanco. —Oh, genial, ahora son dos… —Los miró por sobre su hombro. —¿Por qué no me lo dejan a mí antes de que se dé cuenta de que el cabello de Ragatha parece regaliz?

Ante eso, la muñeca agarró su propio cabello. —¡Jax!

Kinger miró a la muñeca. —¡Ay, wow! ¡Sí es verdad!

—Eso no es… —Plumbum examinó atentamente el cabello de lana y llevó una mano a su mentón. Entrecerró los ojos; no podía negar la realidad. —De hecho… sí podría confundirse…

—¡Paren! —Exclamó la muñeca, sin poder creer que los tres estuvieran de acuerdo.

Queriendo terminar con el escándalo, terminar la aventura y ver algo de violencia, Jax se dirigió a la criatura con suma seguridad.

—Bueno, señor “de leche”, parece un hombre cuerdo con metas muy nobles.

—¡Oh, no lo soy! —Sonrió de forma torcida. —Si supieras cuáles son mis hobbies… ¡Ay, te enfermarías!

Se aclaró la garganta. —Como le decía… por suerte yo sé cómo entrar en el castillo. —Sacó la llave de su bolsillo y empezó a hacerla girar. —Si es que usted nos ayuda primero.

Ragatha empezó a rebuscar en sus bolsillos, confundida. —Oye, ¿cuándo me las…?

—¡Cállate, cabeza de regaliz!

Tanto la muñeca como el soldadito de plomo lo vieron con indignación y enojo. Al parecer, cuando se trataba del conejo eran capaces de coordinar sus emociones. La única razón por la que ninguno de los dos intervino fue que, para su desgracia, el conejo parecía tener un plan y que estaba funcionando.

Kinger apareció desde el interior del camión.  —¡Toma, ponte esto! —Dicho eso, cubrió la cabeza de Ragatha con un balde, sorprendiendo a Plumbum.

La criatura ladeó la cabeza, examinando la llave. —¡Oh, tú debes ser un gran maestro cerrajero! ¡Que vino a liberarme de mi prisión al aire libre!

—Sí, lo soy. —Contestó Jax, orgulloso. —Solo necesito que me ayudes a atraer a unos malditos bandidos ante la justicia.

Su petición se vio interrumpida cuando un camión cayó al lado del monstruo, salpicando todo a su alrededor con chocolate líquido. Tanto el monstruo como los integrantes del equipo vieron el vehículo y a los dos lagartos que salían de este en estado de confusión.

—Vi a la muerte hacer un blackflip… —Pronunció uno de los reptiles de dulce.

—Alto. —Dijo Ragatha, alzando un poco la cubeta y percatándose de la escena. —¿Qué acaba de pasar?

 

Minutos más tarde, todo el grupo estaba en calma. Amarraron a los bandidos y subieron los dos vehículos sobre la espalda del monstruo de dulce de leche, quien se arrastraba pacíficamente de regreso al reino. Jax y Gangle estaban sobre el vehículo que les había entregado la princesa Loo, buscando a Pomni con unos binoculares. Específicamente, la mujer hecha de cintas examinaba los alrededores mientras el conejo se limitaba a descansar.

Sobre el otro camión se encontraban Kinger y Ragatha, quienes interrogaban a los bandidos sobre lo ocurrido con Pomni. Al parecer, ellos tampoco sabían su ubicación y habían perdido el contacto con su propio hermano.

—Oigan, ¿están seguros de que desaparecieron? ¿No fue que se cayeron o algo?

Uno de los lagartos respondió. —Bueno, no estoy seguro, pero… Sí, seguramente.

—El jefe no desaparecería con una payasa. —Agregó el otro lagarto, antes de hacer una leve pausa y agregar: —…muy inusual…

Ragatha se angustió más. —Bueno, eso es muy preocupante…

Kinger, que ahora tenía el cubo en la cabeza, intentó tranquilizarla. —Bueno, si todo va de mal a peor, le podemos pedir a Caine que la encuentre.

Ella suspiró y observó su regazo. —Me preocupa más que la esté pasando peor que ayer…  Aún parecía no recuperarse del todo de esa experiencia…  —Tras un momento de silencio, su único ojo se dirigió al soldadito de plomo.

A diferencia del resto, Plumbum había optado por sentarse directamente sobre el monstruo. Llevaba ya un rato mirando el firmamento, con una expresión impasible, sumido en sus pensamientos. Le habían ofrecido que se uniera a ellos para interrogar a los bandidos, pero este había rechazado la oferta, insistiendo en que necesitaba un momento a solas. Ragatha apretó la falda de su vestido.

—Y creí que Plumbum se estaba adaptando bien… pero… ¿Viste cómo reaccionó con lo de los cuchillos? Creo que… —Se frotó el brazo. —Ninguno de los dos lo está pasando bien…

—Es mucho que procesar para cualquiera. No lo tomes personal. —Pronunció con sabiduría la pieza de ajedrez. —Recuerdo que a ti te tomó mucho acostumbrarte.

—O-Oh… ¿sí? Me sorprende que lo recuerdes. —Sonrió, feliz de que el mayor pudiera tenerla en sus memorias pese a su general falta de lucidez.

—¿Recordar qué?

De repente, Jax se levantó y tomó los binoculares antes de voltear a ver a los bandidos.

—¿Tienen un segundo camión volador?

—¡Sí! —Respondió inmediatamente uno de los lagartos. —Ah, no, no… —Se corrigió tras pensarlo un poco. —No tenemos ninguno.

De repente, del cielo cayó un segundo camión con miel de maple, el cual golpeó directamente contra la cabeza del monstruo, lastimándolo de gravedad y empezando a esparcir su cuerpo por los alrededores. Plumbum gritó al verse arrastrado por la corriente, que afortunadamente lo dejó a pocos metros de distancia.

—Es mi final… —Pronunció el monstruo antes de perder su forma y, presuntamente, fallecer.

El soldadito de plomo soltó un suspiro que delataba agotamiento. Se levantó del suelo y sacudió su ropa pintada antes de acercarse a Gangle y Kinger, quienes estaban más cerca. Los tres bandidos se abrazaban. Por alguna razón, la escena le causó extrañeza al soldadito de plomo. Parecía que las emociones de ellos eran reales, aunque era consciente de que eran programas de computadora.

—¿Por qué hay dos camiones ahora?  —Preguntó Gangle.

Kinger se acercó al camión extra y giró la llave, bañándose en un líquido café dorado. —Este tiene miel de maple también.

—Ah, sí, parece que sí… —Agregó el lagarto recién llegado.

—¿Se habían robado dos? —Preguntó Plumbum, confundido. —Pero si solo los vimos con uno.

—No preguntes… —Contestó Pomni, acercándose a ellos junto a Ragatha. —De verdad, no lo hagas.

Al verla sonreír con una calma que no la había visto tener desde que llegaron, el soldadito de plomo le devolvió la sonrisa.

—¿Te encuentras bien, camarada novata?

Ella se rascó la cabeza y se encogió de hombros. —Digamos que… estoy un poco mejor que antes.

El lagarto verde con amarillo que llegó con Pomni carraspeó.  —Eh, bueno… No les molesta si mis amigos se llevan este con ellos, ¿verdad? —Preguntó, señalando el camión extra.

Ragatha llevó una mano a su cintura, dudosa. —Supongo… O sea, ya que hay dos no habría problema.

El lagarto que vino con Pomni empezó a desatar a sus amigos y hermanos. Mientras ellos hablaban, Ragatha se acercó a Jax, quien jugaba con los restos del monstruo Dulce de leche. El soldadito de plomo se acercó a ellos, más desconcertado por el comportamiento infantil del conejo que por preocupación.

Ragatha se inclinó levemente sobre Jax y adquirió un comportamiento suave, como si efectivamente le hablara a un niño. —Vamos, tal vez haya sangre, muerte y violencia en la próxima aventura.

—¡Ja-ja-ja! ¡Qué tierno! —Aparentemente, Jax se dio cuenta de su trato y no le gustó.

Plumbum suspiró, ya cansado del conejo. —¿No puedes ser amable?

—¡No! ¡Tú también cállate!  —Bramó el conejo, aún con el ceño fruncido.

Justo en ese momento, Pomni se acercó a ellos en compañía del lagarto. —Ah… Ragatha, este es Gummigoo. —Lo presentó, mostrándose algo tímida pero más expresiva que antes. —Y él va a venir con nosotros al circo.

—¡Oh! ¿Eso no nos dará ningún problema? —Preguntó.

—Su realidad fue como que… súper destruida.

Ante eso, Plumbum alzó una ceja. —Espera… ¿quieres decir que él sabe que…?

Gummigoo asintió con la cabeza. —Sí, pero no quiero que mis hermanos lo sepan…  —señaló a los otros lagartos, quienes jugaban con los restos del monstruo Dulce de leche. —Dicen que la ignorancia es felicidad… y quiero que ellos se mantengan así.

Pomni le dedicó una sonrisa a Gummigoo antes de volver a dirigirse a Ragatha. —Sentía que tenía que ofrecerle algo. En vez de… abandonarlo aquí.

Ante lo último, el soldadito de plomo asintió con la cabeza. Suponía que eso era lo más humano de hacer, no sería correcto abandonar a un ser sintiente en un escenario del que no sabían si continuaría existiendo una vez que abandonaran el mapa. Por lo poco que sabían él y Pomni, quizás Caine desecharía el lugar para tener espacio de crear uno nuevo.

—Bien. —Aceptó Ragatha, con tono cariñoso. —Lindo de tu parte, Pomni.

Justo en ese momento, Jax se incorporó. —¡Argh! ¡Llevemos el tonto camión al tonto reino de una vez!  —Se quejó antes de cruzarse de brazos, como si fuera un niño haciendo un berrinche.

 

Impulsados por el deseo de terminar la aventura y no específicamente por las palabras del conejo, el grupo regresó al reino. Aunque al principio el pueblo temió a Gummigoo, la princesa se mostró extasiada ante su presencia, creyendo que lo ejecutarían por sus crímenes. El lagarto y Pomni se miraron antes de soltar un “sí” evidentemente falso. Al parecer, el programa de cada NPC era diferente, pues la princesa nunca dudó de las palabras de ellos.

—Gracias a vosotros, caballeros, nuestro reino volverá a prosperar. —Anunció la princesa llena de felicidad una vez que estuvieron en la ceremonia de agradecimiento. —Imagino que fue una tarea difícil.

—Ni te lo imaginas… —Murmuró Jax, aún molesto.

Un portal idéntico al que los había traído apareció junto a la princesa.

—¡Adiós, valerosos caballeros! ¡Disfruten de la ejecución de ese bandido! —Mencionó con exceso de alegría, aun creyendo en la mentira.

—Sí… —Concordó Pomni, con sonrisa forzada. Tanto ella como Gummigoo alzaron sus pulgares en gesto aprobatorio. —Eso es lo que haremos…

Todos se dispusieron a cruzar, cuando un sonido atrajo la atención de Jax.

—¡Oigan! ¡Quizás no dejé la puerta abierta para nada!

De inmediato, el grupo que lo acompañó en toda la aventura comprendió a qué se refería.

—¿Uh? ¡¿Qué?! —Gritó Ragatha, horrorizada. —¡Pensé que estaba muerto! ¡¿Dejaste abierto?!

Plumbum movió los brazos, mostrando su enojo. —¡La aventura terminó! ¡¿Esto era necesario?! ¡Es un genocida!

Cerca de ellos, la princesa Loo habló con voz temblorosa. —Espera un momento…  ¿“Genocida”? ¿Qué fue lo que hiciste …?

A lo lejos se escuchó la risa macabra del monstruo de Dulce de leche retumbando por el lugar. Ragatha y Plumbum intercambiaron miradas, sin poder creer que el plan original del conejo hubiera tenido éxito.

Jax sonrió y corrió a la salida, seguido por el resto, que no podía evitar ver atrás con creciente preocupación.

—¡Bueno, un placer ayudarlos! ¡Nos vemos, bye!

Al llegar, Plumbum miró el suelo y se frotó la frente. —Todo fue en vano…

—Espero que estén bien… —Murmuró Ragatha.

Caine apareció justo frente al grupo. —¡Bienvenidas, mis pequeñas hamburguesas fritas!

Mientras la IA les daba la bienvenida, el lagarto que acompañaba a Pomni examinaba el lugar con atención.

—¿Este es el circo? —Gummigoo acomodó su sombrero, satisfecho con la apariencia del recinto. —Me puedo acostumbrar.

—¡Oops! —Exclamó Caine. —Parece que uno de estos se les escapó.

—Espera, ¿qué?

El anfitrión del circo chasqueó los dedos y Gummigoo explotó en un centenar de confeti, ante la mirada horrorizada de Pomni. El resto del circo presenció la escena sin sorpresa, a diferencia de Plumbum, quien miró los restos con sorpresa.

—Él no… ¿qué?  —Preguntó Pomni, mirando los restos de su amigo esparcidos por el lugar.

Caine se acercó a la bufona. —Yo sé que ustedes adoran a los NPC’s, pero si me empiezo a olvidar de quién es humano y quién es NPC ¡¿Quién sabe lo que…podría… pasar?! —La IA quedó flotando en el aire, con la mirada perdida y el cuerpo flojo.

La bufona siguió en estado de shock, mirando el suelo, sin ser capaz de reaccionar. Poco a poco, una risa histérica empezó a hacerse presente hasta volverse maniática. Plumbum la vio con lástima, notando que parecía hacerlo para no llorar. Se acercó a ella y le frotó suavemente la espalda, sin saber qué más hacer para consolarla. Él mismo se sentía abrumado por los sucesos del día. No tenía palabras de aliento, solo buenas intenciones.

Ragatha se acercó a ellos con tono triste. —De verdad lo siento, Pomni… al menos lo intentaste.  —Sonrió de forma consoladora, pero era evidente que no intentaba ser condescendiente con su dolor —Quizás vuelva a salir en una aventura en el futuro. A Caine le gusta reutilizar NPCs cada tanto.

—¿Sería él mismo? Me refiero a… ¿el mismo Gummigoo? —Preguntó Plumbum, notando que la realización de lo ocurrido empezaba a llegar a la bufona.

Ragatha se frotó un brazo y vio el suelo.  —Eso… depende…

El silencio se instaló entre los tres, quienes vieron el piso con tristeza. De repente, Zooble se acercó a ellos y se dirigió a la muñeca.

—Ya preparé todo.

Ragatha miró a los recién llegados y después se enfocó en la bufona. —Hey… Pomni, ¿quieres venir al funeral de Kaufmo? —Sus palabras la hicieron reaccionar. La más baja alzó la cabeza para verla con confusión. —Hacemos un pequeño tributo para recordar a quienes se abstraen. Este se tuvo que retrasar un poco con la llegada de ustedes y por… todo.

Kinger se acercó a ellos. —Es lo menos que podemos hacer para honrar su memoria.

Los recién llegados intercambiaron miradas, ninguno de ellos había esperado algo así.

 

La ceremonia empezó con un tono solemne, primero habló Ragatha, después Gangle, seguido por Kinger y Zooble. Durante el transcurso, la expresión abatida de Pomni empezó a transformarse en una sonrisa que parecía transmitir calma. Por su parte, el soldadito de plomo pensó en lo que estaría ocurriendo en el mundo exterior.

No podía negar que estaba preocupado por sus familiares y amigos en el mundo exterior, sin embargo, no sentía el impulso de querer abandonar ese lugar. Imaginó, tanto como pudo, a todos sus seres queridos rodeando un ataúd simbólico despidiéndose como la gente del circo despedía a Kaufmo. Deseó poder mandarles un mensaje anunciándoles que estaba bien, pero que no sabía si podría regresar.

—¿Crees que nos podremos acostumbrar?

La voz de Pomni atrajo su atención. La miró por el rabillo del ojo; la bufona no despegaba sus ojos de la ceremonia. Siguió su ejemplo, intentando no faltar el respeto a la memoria de Kaufmo. Por un momento, dejó de pensar en qué ocurriría afuera y empezó a prestar atención a lo que ocurría frente a él: diversas personas que no parecían tener mucho en común se despedían de un preciado amigo. Ninguno escogió estar ahí, no tenían la necesidad de hacer la ceremonia, no estaban forzados a ser amigos o llevarse bien. Sin embargo, ahí estaban, mostrando que la existencia de Kaufmo fue valiosa y que su pérdida los afectaba, al igual que los afectaron las otras abstracciones.

—No estoy seguro… —Vio a Ragatha limpiarse el ojo y abrazar a Kinger. Parecía esforzarse en mantener la calma pese a que estaba profundamente herida.  —Pero al menos sé que aquí tenemos personas que se preocuparán por nosotros.

—Sí… —Pomni sonrió. —Creo que tienes razón.

Notes:

¡Alguien me escribió preguntándome si podía escribir un fanfic con su OC, obviamente no pude negarme!