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Peso ligero

Chapter 10: Sindrome

Notes:

Este capítulo puede ser algo técnico, ya que se aborda como se llega al diagnostico de Ranma, intenté que fuera lo mas fluido posible sin dejar de ser realista.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Ranma

 

 

Ranma se levantó antes de que nadie despertara. No por costumbre, sino porque el insomnio le había espantado el sueño a mitad de la noche. Cuando el sol comenzó a asomarse, se rindió.

 

Se movió evitando despertar a Akane en el proceso. Se vistió con cuidado, la cabeza le pesaba, pero el mareo de la noche había cedido. Iba a dejar una nota en la cocina indicando que se había ido al hospital, antes de que Kasumi lo detectara y pudiera interrogarlo.

 

– ¿Qué crees que estás haciendo?

 

Nodoka estaba en el pasillo, con el abrigo puesto, no parecía enfadada, más bien preparada.

 

– Al hospital, tengo la revisión.

 

– Lo sé, por eso mismo voy contigo – con eso se caía su plan de ser discreto.

 

– Mamá, no es necesario. Puedo ir solo.

 

– Eres menor de edad, Ranma. Y aunque no lo fueras, no pienso dejar que vayas solo a una consulta donde van a decirte si tienes algo grave o no.

 

Ranma abrió la boca para protestar, pero algo en la mirada de su madre lo detuvo.

 

– Está bien – cedió, saliendo junto a ella.

 

No quería ver la cara de preocupación de su madre ni los puños apretados de Akane. Bastante tenia con su propia tensión. Pero parecía que el destino tenia otros planes con él.

 

 

El hospital a esa hora olía a desinfectante y silencio. Nodoka caminaba a su lado sin decir nada, Ranma notó que apretaba el asa de su bolso más de lo necesario. Los hicieron pasar a una pequeña sala de consultas, adjunta al área de hematología, la enfermera tomó una nueva muestra de sangre a Ranma antes de dejarlos solos para esperar al médico.

 

El médico que los recibió no era el mismo de urgencias. Este era mayor, más serio, con gafas de metal y una mirada que parecía pesar cada una de sus palabras antes de pronunciarlas.

 

– Siéntese – dijo a Ranma, señalando la camilla. Luego miró a Nodoka – ¿Usted es…?

 

– Su madre. Nodoka Saotome.

 

El médico se limitó asentir. Ranma obedeció, sentándose en el borde.

 

– Soy el doctor Hoshimo, desde hoy su hematólogo – Ranma sintió un nudo en el estómago, su hematólogo, ¿por qué necesitaba tener un hematólogo? – He revisado sus análisis de anoche. ¿Sabe por qué está aquí?

 

– Porque me dieron un golpe, sangré y me desmayé – respondió Ranma, intentando sonar despreocupado.

 

– ¿Cuándo empezó a sentirse mal?

 

Ranma dudó.

 

– Unas semanas. Tal vez un mes, al principio solo era cansancio, luego se agregaron los dolores de cabeza, náuseas, falta de apatito…

 

No le gustó el suspiro que escuchó venir de Nodoka.

 

– ¿Otros sangrados? Además del de la nariz – Hoshino anotaba sin levantar la vista.

 

Recordó el episodio de la mañana anterior, cuando Akane le prestó su espejo.

 

– Ayer, en las encías, pensé que era el cepillo.

 

– ¿Moretones?

 

– No que haya notado.

 

– ¿Ha perdido peso?

 

Ranma se quedó callado, miró de reojo a Nodoka, no tenía sentido, pero sentía avergonzado por cada síntoma que confesaba.

 

– Si, he bajado de peso – no se atrevió a confesar que ese era lo que mas le molestaba, mucho menos decir que sabia la cantidad exacta de kilos que había visto bajar en la bascula en las últimas semanas.

 

– ¿Entrena con regularidad?

 

– Soy artista marcial – dijo Ranma, con un dejo de orgullo – todos los días, o bueno, lo intento.

 

Hoshino levantó la vista por primera vez.

 

– ¿Ha podido mantener su rutina normal?

 

– No – Ranma bajó la mirada.

 

Hoshino asintió, anotó algo mas y cerro el expediente.

 

– Bien, ahora necesito examinarlo.

 

El médico lo hizo retirase la camisa. Ranma obedeció a regañadientes. Lo revisó de pies a cabeza, le pidió que abriera la boca para revisar las encías. Después se detuvo en uno de sus brazos donde le preguntó cómo se había hecho unas marcas rojizas sobre el hombro derecho, Ranma no las había visto antes. Cuando le preguntó por otra marca en su rodilla izquierda, Ranma la atribuyó a un roce con la puerta.

 

El médico no dijo nada, solo anotó. En la espalda, cerca de las costillas, había más marcas. Algunas amarillentas, otras más recientes.

 

Ranma se quedó mirando su propio cuerpo como si fuera de otra persona.

 

– No los había notado – murmuró.

 

– Es normal – dijo Hoshino al final de la exploración, cuando le permitió volver a vestirse y tomar asiento – con las plaquetas tan bajas, los moretones aparecen solos, a veces sin que uno recuerde haberse golpeado.

 

– Se desmayó por que su hemoglobina estaba en siete – el médico no levantó la vista del expediente – y sangró sin parar porque sus plaquetas bajaron a doce mil, una persona sana tiene más de ciento cincuenta mil, ¿sabe lo que eso significa?

 

Ranma negó con la cabeza. Nodoka se inclinó hacia adelante.

 

– ¿Qué significa, doctor? – preguntó ella.

 

– Que su cuerpo está destruyendo sus propios glóbulos rojos y sus propias plaquetas. Se llama síndrome de Evans, es una enfermedad autoinmune rara y delicada.

 

Ranma parpadeó. Síndrome. Enfermedad. Delicadas

 

– ¿Es grave? – su madre formuló la pregunta antes que él. La vio de reojo, tenia la vista fija en el médico, con sus manos apoyadas en el regazo, temblando ligeramente.

 

– Puede serlo si no se trata. Por eso vamos a empezar el tratamiento hoy mismo.

 

– ¿Está seguro? – Ranma frunció el ceño al preguntar.

 

– ¿Perdón? – Hoshino lo miró por encima de las gafas.

 

– Que si está seguro – Ranma se incorporó un poco de la camilla – ¿se hicieron todos los estudios? ¿no pudo ser solo por el golpe?

 

– Ranma – dijo Nodoka, en voz baja.

 

– Es que no puede ser – insistió él, con una risa nerviosa – Yo estoy bien, siempre he estado bien, últimamente solo un poco cansado, nada más, por el estrés, los exámenes ¿No puede repetir los análisis? A lo mejor se equivocaron. A lo mejor la máquina.

 

– Ranma – la voz de Nodoka fue mas firme esta vez, Ranma se detuvo.

 

El médico no parecía ofendido. De hecho, algo en su expresión se suavizó.

 

– Es normal dudar – mencionó – la mayoría de los pacientes lo hace, pero los análisis se hicieron dos veces, una en urgencias, y la mas reciente esta mañana. Los resultados son consistentes.

 

Ranma bajó la vista. Sentía la mirada de su madre sobre él, pero no quería verla. No quería ver la preocupación en sus ojos. No quería ser el motivo de esa preocupación.

 

– ¿Hay posibilidad de que esté equivocado? – preguntó Nodoka, tomando el relevo, con voz calmada – ¿De que sea otra cosa?

 

– Siempre hay un margen de error en medicina – admitió el hematólogo – por eso vamos a hacer otras pruebas, pero el cuadro clínico encaja, el cuadro clínico, los síntomas que ha tenido, la anemia, el sangrado espontaneo, la fatiga, es síndrome de Evans hasta que se demuestre lo contrario.

 

El doctor Hoshino comenzó a interrogarlo para complementar su historia clínica, a escudriñar en los síntomas que llevaba semanas minimizando, los cuales comenzaban a encajar en el rompecabezas de la enfermedad. Les explicó lo que vendría: corticoides a dosis altas, transfusiones cuando hicieran falta, reposo absoluto.

 

– ¿Y el entrenamiento? – preguntó, aunque ya se imaginaba la respuesta.

 

– Prohibido hasta nuevo aviso.

 

Nada de ejercicio, nada de golpes, nada de esfuerzos. Cada palabra caía como una losa sobre los hombros de Ranma.

 

– Pero yo soy artista marcial – dijo, como si aquello pudiera cambiar algo.

 

– Pues ahora es un artista marcial con una enfermedad que puede matarlo si recibe un golpe en un lugar equivocado – respondió el médico sin inmutarse – así que olvídese de las peleas por ahora. Concéntrese en no morirse.

 

Ranma se quedó en silencio, mirando sus propias manos.

 

No prestó atención cuando el médico comenzó a explicar a su madre el tratamiento con el que comenzarían, en los efectos secundarios esperados o los datos de alarma.

 

En su cabeza solo se repetían las restricciones que lo confinarían por las próximas semanas o meses.

 

– Si tiene fiebre, si le sale un moretón nuevo sin causa, si le sangra la nariz y no para en cinco minutos, llamen a urgencias. No lo piensen. ¿entendido?

 

– Entendido – respondió Nodoka por él mientras tomaba la receta que le extendió el médico.

 

– Lo veré en una semana para revalorar y hacer otras pruebas – volteó a ver a Ranma específicamente – si empeora, vuele antes. No sea valiente. Eso es una orden.

 

Ranma asintió, salió de la consulta con las piernas temblorosas.

 

Síndrome de Evans. El nombre le sonaba a cosa de viejos, no a algo que pudiera tener un artista marcial diecisiete años.

Notes:

Con esto tenemos un diagnostico y una perspectiva de lo que le espera a Ranma, solo advierto que las etiquetas que estoy utilizando son por que el hurt/confort es mi genero de fanfic favorito, así que advertidos están, esto apenas se va poniendo bueno jeje

Notes:

Estos capítulos no han sido revisados, si ves algún error puedes comentarlo.

Se agradecen sus opiniones!!