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Perlas de Acero en un Mar Cerceta

Chapter 2: Realidades Multifacéticas

Notes:

Hola, personita!
Aquí vengo con un nuevo capítulo de este inusual ship jsjsjsjjs
Espero que cualquier persona que lea esto esté súper bien!
Si leyeron el capítulo uno antes del 17 de septiembre de este año les recomiendo releer porque hice una pequeñas modificaciones uwu.
Igual no son tan significativas, lo más importante es que el proyecto de Jumin ahora es una productora de música jdjj
Sin más que decir espero que lo disfruten:)

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Capítulo 2

Realidades Multifacéticas

Jumin todavía seguía de pie en medio del lujoso restaurante con notable indignación cuando sintió unas cuantas miradas de los otros comensales. Con mucho orgullo recuperó su compostura y se dispuso a salir de aquel lugar.

—¿Disfrutó su velada, señor?—interrumpió sus pensamientos y vergüenza la melodiosa voz con ligero acento de un chico cuando estaba a punto de salir—Su comida, quiero decir.—corrigió cuando Jumin dio la vuelta para verlo y notar los divertidos ojos cían de aquel host.

«¿Nuevo turno a esta hora? No recuerdo a este chico como host», se cuestionó Jumin sin prestarle atención a aquella energía familiar que emitía aquel chico menor que él.

—Fue una propuesta gastronómica encantadora y bien lograda, bien acompañada con un vino exquisito. —dijo el azabache recuperando su característica serenidad pero con una mirada todavía incómoda.

—Es de mi agrado saber que ha quedado satisfecho. —agregó aquel chico de cabello marrón claro mientras veía con evidencia cómo contenía una gran carcajada que Jumin no supo si era por su escena minutos atrás o su forma de hablar.

—Sí—respondió el ojigris con desdén—, buenas noches. —Se despidió tajante antes de dirigirse a la salida: «No estoy para más humillaciones hoy», pensó sin muchos ánimos.

—¡Que pase buena noche, señor!—se despidió con gracia el muchacho cuando ya le daba la espalda en su camino a la salida y escuchaba cómo se le escapaban pequeñas risas que se volvían grandes carcajadas mientras más se alejaba Jumin. «¡Qué niño más impertinente!» pensó el pelinegro ya irritado.

 

Ya en la acera revisó su celular para regresar a su hotel. Notó que eran las diez con diez minutos cuando recibió un correo y sin pensarlo mucho lo abrió:

De: Park, Yumi 

<y.park@C&Rinternational.net>

Para: Han, Jumin

<j.han@C&Rinternational.net>

Estimado, Sr. Han. Le hago presente la lista de candidatos a entrevistar para los puestos de Asesor de política comercial y Director de alianzas internacionales el día de mañana. 

  • Thomas Smith
  • Jessica Johnson
  • Armin Arlert
  • Miguel Gonzalez

También encontrará adjuntos los currículos e informes de los candidatos, todos se ven muy prometedores.

P. D.: Mis sinceras disculpas por el retraso de esta información.

—Ay…asistente Park ¿otra vez?— Suspiró Jumin para sí mismo con frustración, mientras ojeaba por encima a los candidatos. 

Desde que Jaehee tomó la decisión de renunciar a C&R hace tres meses para seguir su sueño de abrir su propia cafetería el trabajo del pelinegro aumentó en exceso de forma exponencial. La salida de la castaña no fue una sorpresa para nadie, pero lo que no recordaba Jumin era lo difícil que era conseguir un asistente que pudiera llevar su estilo de trabajo; y clara ha sido la evidencia con el desfile de asistentes de las últimos meses. Cinco diferentes asistentes que en mayoría no llegaron ni a las dos semanas, dejando así a la sexta y más reciente víctima, Yumi Park, que valientemente ha sobrevivido tres semanas.

«Sigue siendo un viaje de trabajo», recordó el azabache con amargura y cierto cansancio cuando los recientes mensajes de Saeyoung diciéndole que todavía lo esperaban eran muy tentadores. Era su cumpleaños después de todo, a pesar de que el bar no se parecía en nada a los lugares que él frecuentaba, si servía como distracción con sus amigos y una forma de lavarse la vergüenza previa. ¿Qué más daba?

Revisó la dirección; estaba bastante cerca de su ubicación, más de lo que esperaría para la diferencia entre ambos lugares.«¿Y ahora cómo voy?» Se cuestionó a sí mismo: no tenía un carro ni su chofer privado, y por más cobarde que sonara pedir un taxi en aquel lugar desconocido le aterraba. Revisó el GPS y la ubicación una vez más: «No está tan lejos y tengo dos piernas después de todo», y decidió no pensarlo mucho. Una caminata no le viene mal a nadie de vez en cuando, ¿verdad?

Durante los siguientes veinte o treinta minutos no dejó de pensar en aquel muchacho del piano y en la humillación que había sufrido, rematada con la descarada burla de aquel joven host: «Tú también te habrías reído ante tal desaire. ¿No es así, Jihyun?». Hasta que poco a poco el ambiente fue cambiando, los restaurantes de alta clase y sitios de recreación costosos y elegantes se transformaron en un ambiente mucho más alborotado. El ritmo de la música en todos los establecimientos, que sonaban a destiempo, retumbaba en su pecho. El penetrante aroma del alcohol, cigarrillos y otro humo que estaba seguro de que no quería saber qué era le provocó un pequeño ardor en sus pulmones. Sin duda alguna, esto era demasiado salvaje para él. Por más inseguridad que pudiera sentir, decidió mostrarse confiado y con carácter. Todo el mundo parecía divertirse con naturalidad. «No seré el niño rico gallina de turno», se armó de valor el azabache.

Finalmente allí estaba, aquel brillante cartel con letras en luces led, “The Pearl”, que decoraba la entrada de aquel sencillo bar que parecía vibrar debido al volumen astronómico de la música. El azabache intentó llamar a sus amigos uno por uno sin recibir respuesta alguna, pero siendo francos, ¿quién podría notar un teléfono en aquel escándalo? Después del décimo intento  prefirió rendirse y se animó a entrar con la esperanza de encontrar a sus amigos dentro.

Cuando entró, logró visualizar aquel sitio tan diferente a lo que él conocía. Las paredes eran negras y había detalles dorados como en el restaurante del que venía. Los posters, fotos y cualquier recuerdo de aquellos músicos y estrellas de rock que habían pasado por ese lugar para luego triunfar que adornaban las paredes junto a hermosos dibujos y fotografías de las costas de Los Ángeles le daban un toque que te hacía sentir como si hubieras viajado en el tiempo, donde el pasado, el presente y el futuro de la música coexistían al mismo tiempo frente a los ojos del espectador usando el mar como un hilo que los unía y enredaba.

Solo era un salón con una estructura muy sencilla pero funcional, una barra en la entrada, mesas altas con largos taburetes en el medio de la sala y al final la joya del local, un escenario sencillo pero con buena iluminación, y por lo estridente de aquella música que le estaba por reventar los tímpanos también podía decir que tenía muy buen sonido, con una gran pista entre el escenario y la mesas donde se concentraba el público, ¡Era un bar y una sala de conciertos juntos! Sin duda, era increíble cómo, a pesar de decorar espacios con los mismos elementos, estos podían transmitir vibras totalmente distintas, una transición que podía ir desde la elegancia adinerada hasta la rebeldía alternativa .

«Perfecto, a este ritmo no podré ni escuchar mis propios pensamientos», pensó ya no muy feliz y ya no tan seguro de su maravillosa decisión de aventurarse a un bar en una ciudad desconocida, mientras intentaba amortiguar la fuerte música techno que le empezaba a irritar usando sus manos para cubrir sus oídos. Recorrió todo el sitio con su mirada en un intento fallido de encontrar a sus amigos. El sitio estaba abarrotado de jóvenes de todo tipo, y las mesas a más no poder, pero lamentablemente ninguno era alguno de sus amigos. No le fue difícil llegar a la conclusión de que se encontraban en aquel tumulto jóvenes bailando desenfrenados sin ningún orden. «Ni loco», pensó con mofa ante la idea de unirse a ese desastre solo para encontrarlos.

—¡¿Se te ofrece algo, viejo?! —escuchó a duras penas desde la barra. Jumin volteó y vio a la barista de mirada algo cansada y extrañada por la vestimenta del pelinegro.

«¿Es en serio?¿Te vistes con algo un poco formal y de repente eres un “viejo”?», pensó ofendido, sin entender aquel vocativo coloquial e ignorando por completo que él sabía que su vestimenta no podía considerarse “un poco”  formal, mientras la mujer que él aseguraba que era mayor que él seguía esperando una respuesta.

—¿Cuáles son los vinos que tiene? —preguntó resignado, después de todo, lo mejor que podía hacer era esperar cerca de la barra hasta que sus amigos regresaran.

—¿Vino…en un bar? —preguntó curioso aquel extraño sentado a su lado en aquel ruido.

—¿Algún problema? —Contraatacó Jumin con su expresión seria y sin ánimos de ser burla de cualquier extraño por tercera vez esa noche.

—Tampoco te ataques, viejo. —respondió aquel extraño relajado pero divertido dejando expuestos los tatuajes de serpientes y figuras sin sentido en sus muñecas y brazos. —Solo digo que esto no es más que un bar, no alguna gala cara o lo que sea. Aquí se bebe cerveza, claro que un joven con tanta clase como usted se merece algo más fino. ¿Un whisky quizá? —Siguió con un chasquido y ahora con una voz y sonrisa aduladoras mientras le ordenaba un whisky a la barista que lo veía con clara irritación y desprecio.

—Disculpe mi agresividad. —dijo el ojigris derrotado pero sereno a la barista —Supongo que tienes razón.—concluyó en un suspiro, a punto de aceptar la bebida con consuelo. Lo que no esperó el azabache fue el paro repentino del gran bullicio del lugar.

«Sería justicia», se dijo a sí mismo con ironía. La pista se despejó parcialmente a medida que varios jóvenes se dirigieron a sus mesas en aquel silencio, hasta que fue interrumpido por el estrépito chillido de un micrófono recién conectado que lo hizo tapar sus oídos instintivamente otra vez.

—Buenas noches —interrumpió aquella hipnótica y severa voz con acento que alertó al ojigris—, ¿cómo se encuentran todos esta noche? —Animó con picardía aquel muchacho desde el escenario a los jóvenes del lugar.

—Esto ya es un chiste–. Declaró con incredulidad a Jumin para sí mismo mientras la muchedumbre del lugar alentaba con vigor al joven de ojos cerceta, sonriente y confiado.

«Alemán…», se dio cuenta el azabache de que aquel acento era indiscutiblemente alemán.

—Bien—soltó el castaño de forma juguetona—, primero, todos, démosle un gran aplauso a Mike, el dueño de esta leyenda viva de la ciudad —resaltó el muchacho, alzando la cerveza junto a él en el suelo mientras la multitud que llenaba aquel bar se unía en aplausos—. Hombre, eres grande y gracias por dejarnos estar aquí—finalizó con un sorbo jovial y relajado a su cerveza.

»Pero creo que ya es suficiente de él, ¿no es así? —interrumpió pícaro para llevarse ahora los vítores—. Vayamos directo al grano y demos comienzo con ¡I WANNA BE YOUR SLAVE de Måneskin! —gritó el de ojos cerceta seguido de una ovación ensordecedora—. Yo soy Eren Jaeger. Y nosotros somos Stahlvögel—declaró con soberbia.

Dada así la entrada de aquella voz marcada por el compás de la batería, no necesitaba nada más en aquel coro:

—I wanna be your slave, I wanna be your master… ‘Cause you could be the beauty and I could be the monster…

Jumin jamás había escuchado una voz como esa: adictivamente ronca, pero muy melódica. El ojigris no sabía ni qué pensar, atónito, quizás por el imposible balance que era el deleite de aquella voz… o la electrizante familiaridad que lo paralizó. «No es posible», cuando esos ojos cerceta, ahora con un delineado negro en el lagrimal, agregándoles una profundidad intimidante, se encontraron otra vez con los suyos. «Mierda», pensó el azabache más no apartó la vista mientras el castaño incorporaba su guitarra a la canción, observando como en el fuerte brazo derecho del moreno había un tatuaje que resaltaba en su piel oliva, una delgada línea que le rodeaba su extremidad que asemejaba una espina dorsal.

—I wanna be your sex toy, I wanna be your teacher…I wanna make you love me, then I wanna leave ya… —continuó el castaño con aquella voz ahora seductora y sonrisa burlona, todavía sosteniendo una mirada descarada sobre el joven de ojos grises.

Inevitablemente, Jumin no pudo soportarlo mas, desviando la mirada con vergüenza mientras sentía el calor en sus mejillas. 

«Ya se me subió el vino a la cabeza», se consoló con la poca dignidad que le quedaba. «¿Quién demonios es este tipo?», bufó con frustración mientras poco a poco alzaba la vista de nuevo a aquel muchacho que empezó a tararear.

–And I’m a bad guy who’s searching for redemption…A motherfucking monster who’s searching for redemption… —el castaño cantó el puente de la canción para seguirle con su guitarra en evidente gozo.

«¿De verdad es el mismo hombre?» logró pensar Jumin en medio del shock sin dejar de ver a aquel muchacho otra vez, «Hace menos de una hora se encontraba bien peinado y vestido en un esmoquin, en un elegante piano, tocando una pieza angelical…Y ahora… ¿está así?» se cuestionó el azabache refiriéndose a la nueva vestimenta del castaño: una franela sin mangas negra que dejaba sus fuertes brazos y anchos hombros, pantalones cargo oscuros, y botas militares, junto con su cabello liso castano oscuro hasta los hombros que ahora se encontraba suelto. «¿Acaso se cree perro?» se preguntó el ojigris al notar aquellas cadenas que decoraban los pantalones del cantante.

–I wanna make you quiet, I wanna make you nervous…

«Lo lograste»

–And if you want to use me, I could be your puppet…–susurro el castano con descaro todavia mirando al pelinegro.

«Trato» paso por la mente de Jumin, mientras seguia hipnotizado por la guitarra del muchacho que siguio su voz.

–I wanna be your slave, I wanna be your master–. Concluyo el de ojos cerceta en un susurro cantado mientras veia a joven azabache, mientras aquella multitud se armo en un coro de aplausos y gritos.

«De acuerdo…suficiente bebida por esta noche» apenas pudo pensar el de ojos grises mientras apartaba la mirada y trataba de recobrar la compostura de aquellos desvergonzados pensamientos anteriores. 

—Emmm… pana, ¿sí vas a querer el trago?—le preguntó con curiosidad aquel hombre de tatuajes notorios junto a él, a quien ya había olvidado por completo—. Se me duerme el brazo—insistió, mostrándole la bebida que sostenía con su brazo izquierdo.

—Oh…mis disculpas —respondió el azabache un poco avergonzado—, hoy estoy un poco despistado. Le agradezco, pero me temo que me tendré que negar…

—Ok, creo que ese fue un gran inicio, ¿o me equivoco? —Se reincorporó aquel muchacho en el escenario seguido del ánimo de todo el establecimiento. —La estamos pasando en grande, y no es por eso que me apena decirles que solo tenemos tiempo para una canción más—. Dijo con lástima el castaño a la par de la gente—¡Hey, hey, no más caras largas! ¿Quién aquí conoce a una pequeña banda llamada Linkin Park? —preguntó con sarcasmo y el público se animó de nuevo como por arte de magia.

«Es bueno», reconoció el azabache refiriéndose a su trato con el público y una suave ambientación de la banda empezó en crescendo.

—Siempre he creído que cuando vamos a un bar es porque buscamos algo— prosiguió mientras empezaba a tocar algunas suaves notas en la guitarra—. Es por eso que me gustaría invitar a mi bajista y amigo, ¡Reiner Braun, a buscar un lugar donde pertenecer! —exclamó el castaño mientras aquel bajista rubio y alto se acercaba al frente del escenario hacia un micrófono, cuando tanto la guitarra como el bajo estallaron en la canción.

—When this began… —cantaron los dos chicos al unísono, seguido del rap de aquel rubio robusto con los cantos del de ojos cerceta de fondo.

El azabache observó que era un hombre de complexión gruesa, bastante alto, quizás un poco menos de metro noventa. Se veía tranquilo por la serenidad de sus ojos dorados, y tenía una vestimenta que, aunque seguía siendo alternativa y relajada junto a su ligero vello facial, no se comparaba para nada con el castaño. Aun así, se tenía que reconocer que aquella impostada y dramática le quedaba. «No es mi estilo, pero no suena mal», pensó el ojigris con curiosidad por aquella música urbana.

—Just stuck, hollow and alone… And the fault is my own, and the fault is my own… —seguía rapeando el de ojos dorados.

«Ya veo», se dijo el azabache cuando escuchó esa frase, armándose de valor para acercarse a la pista que daba al escenario. O eso hacía, hasta que llegó aquel coro que lo hizo parar en seco a él junto a su tensión. La dinámica entre el rubio y el castaño había cambiado, dándole protagonismo al muchacho de ojos cerceta y a su guitarra, con un verso en específico que le quedó a Jumin en la cabeza: «Somewhere I belong». «¿Qué es esto?» se refirió el azabache al cambio en la voz del castaño, que seguía siendo el mismo registro rasgado de antes, pero esta vez se sentía diferente y el de ojos de acero quería descifrarlo.

Y así volvió la dinámica anterior con el rap del rubio, mientras el azabache se adentraba más y más sin entender por qué su pulso era más rápido y notorio. Cuando el castaño volvió a cantar, hizo que Jumin se detuviera otra vez mientras cerraba los ojos con impotencia. «¿Por qué?» solo pudo pensar cuando sintió su respiración pesada junto a sus segundas lágrimas de la noche, siendo lo peor que estas venían cargadas de rabia y furia.

—I will never be anything ‘til I break away from me…I will break away, I’ll find myself today…—cantó el castaño con más fuerza y luego bajando la intensidad provocando que Jumin volteara a verlo otra vez.

«¿Puedo hacerlo?» El azabache ni siquiera entendía a qué se refería él mismo. Pero pudo notar que aquellos ojos cerceta también se encontraban sumidos en las lágrimas, junto a sus manos, aún tocando el instrumento, con certeza parecían aferrarse a la guitarra como si su vida dependiera de ello. Y allí el ojigris escuchó el coro por última vez mientras le prestaba atención a la letra por primera vez.

—I wanna heal, I wanna feel what I thought was never real…I wanna let go of the pain I’ve felt so long…—cantó el castaño gutural y desgarrador.

«¿Qué?…» apenas pudo pensar mientras comprendía el sentimiento con la voz del rubio de fondo: (Erase all the pain ‘til it’s gone). «Esto duele», aceptó el pelinegro mientras se rendía a dejar salir sus lágrimas hacia aquella dolorosa interpretación.

—I wanna heal, I wanna feel like I’m close to something real… I wanna find something I’ve wanted all along…

Cada verso dolía más que el anterior. Y aun cuando las punzadas en el corazón del azabache eran más intensas y su respiración más difícil de sostener, no podía apartar la mirada.

—Somewhere I belong… —cantó el castaño para que sus ojos cerceta encontraran al azabache otra vez.

«Yo también» fue lo único que pasó por la mente de Jumin mientras el castaño seguía repitiendo el verso del coro para finalizar la canción sin apartar la mirada del otro, aun cuando ambos estaban empapados en lágrimas, para así finalmente terminar. El repentino silencio fue opacado por la ensordecedora ovación de todos los presentes, pero no dejaron de ver al otro. «¿Qué le pasó a este hombre?»

 

Notes:

Okkk, eso vendría siendo todo por hoy jsjsjs
Si llegaron hasta aquí gracias de todo corazón lo aprecio mucho <3
Sinceramente no estaba muy segura de si continuar la historia porque mi beta reader volvió a leer el primer capítulo desde hacía unos meses que no lo hacía, y el feedback fue bastante negativo, y fue un poco como si no valiera la pena seguir ;w;
De todos modos ya tenía el capítulo listo así que, ¿por qué no subirlo?
No sé cuándo vuelva a subir otra parte, así que me gustaría saber si hay alguna personita que quiera que continúe ^w^
Cualquier comentario es bienvenido y me disculpo por cualquier error que se me haya pasado por alto.
¡Un millón de gracias!!! ^w^

Notes:

Eso fue todo por el primer capítulo. Gracias por leer y agradecería mucho si quisieran compartir su opinión y en especial si quieren que continúe. Nos vemos!!! >~<