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Tic toc...
Tic toc...
Las manecillas del reloj andando eran lo único que se escuchaba en ese recibidor, enfrente de la puerta se encontraban los mejores amigos de la pareja, Kyojuro y Tanjiro ambos eran pareja. El menor de los mencionados traía una caja algo descuidada; en ella estaban dos gatos, uno con pelaje blanco casi plateado muy peludo que miraba todo desde dentro de la caja; debajo del mismo había un gatito de pelaje dorado escondido mirando todo con miedo. -Verás...Zenitsu— Comenzó a hablar con Tanjiro, su mejor amigo, que se encontraba enfrente. —Encontré a estos pobres gatitos y esperaba que les pudieras dar hogar, al menos un tiempo, ¿sí?
—No.— Tanjiro y su pareja quedaron perplejos ante la respuesta; no se esperaban que el Agatsuma respondiera así. —Vamos, Zenitsu, no podrías dejar a estas dos cositas en la calle, ¿verdad?— habló en un pobre intento de chantajeo que no daba resultado; entonces el rubio flameado tomó la palabra para ayudar a su novio. —Joven Agatsuma, en verdad no creo que sea un problema tener unas mascotas; además, a Tengen le gustan los gatos.
Zenitsu se veía algo pensativo. Si adoptaba a los mininos Tengen solo se encargaría de mimarlos y darles de comer, claramente él recogería sus heces porque su novio era muy manchón para terminar no haciéndolo. Esa era la razón por la cual no quería a los gatitos, pero con Tanjiro haciendo carita de perrito con esos ojos que hacían parecerle un ángel y con su profesor de historia sonriéndole para que los adoptara, era muy difícil decirles que no; ese par de soles lo habían chantajeado, de nuevo.
La pareja de chantajistas ya se había ido a dejarles otro par de mininos al azabache que impartía Educación Física y al albino que impartía matemáticas; no había que hacer mucho camino, ya que ambos maestros eran pareja y vivían juntos. Solo estaban Zenitsu y dos mininos en silencio en ese apartamento, Zenitsu estaba esperando a su pareja que llegara del trabajo para darle la noticia de que ahora son padres de dos mininos. —Llegué a casa, pichoncito —gritó desde la entrada con notable alegría; en cambio, su novio estaba serio, sentado sobre su sofá. —Tengen, tenemos que hablar.
Tengen sudó frío, pensando que quería hablar Zenitsu, tal vez ¿quería terminar con él?, ¿se acabó el agua caliente de nuevo? ¿Olvidó alguna fecha importante? Muchas preguntas, pocas respuestas. —No, Tengen, no voy a terminar contigo — respondió el rubio, conociendo a su pareja, debió hacerse muchas preguntas tontas en su cabeza. —Que alivio... Bien entonces, ¿qué sucede? —Tengen podía morir en paz, al menos la peor de sus dudas no era verdad.
—Tengen....Somos padres.— Ok, esa no se la esperaba, la noticia le cayo como balde de agua fría. —¡DIOS, ZENITSU! ¿TUVISTE UN HIJO CONMIGO Y NUNCA ME DIJISTE? — Eso fue lo único que se escuchó en todo el departamento, debido a que Zenitsu le tiró un cojín en la cara a Tengen para que se callara. -¡NO, IDIOTA!
—Uff...Zenitsu, por un momento creí que tenía un hijo y no estaba enterado.
—Pues con lo mujeriego que eras antes de ser pareja no me sorprendería que eso fuera verdad.
—Pero es en serio, ya tenemos hijos.
—Pichoncito, explícate.
Y así el Agatsuma le contó todo a Tengen; sorprendentemente, Tengen nunca notó la caja donde estaban los gatitos dormidos hasta que su novio los señaló. —¡Estos gatos son muy extravagantes, definitivamente son mis hijos!— Extrañamente, Zenitsu tenía el presentimiento de que esos gatos se parecían mucho a ellos, pero según él claramente era su imaginación, ¿o no?
