Chapter Text
Ser el novio de Gilberto no...
pero espera, ¿sí eran novios? ¿Pareja? ¿Qué?
Gil se le había confesado. No le dijo exactamente "seamos novios" con esas palabras, pero Kenneth así lo había inferido. Porque si no, ¿qué eran? Sabía que en muchos países fuera de Latinoamérica era común ser pareja sin siquiera aclararlo, pero en México no. Normalmente algo ostentoso -ya dependía de la persona-, pero siempre se le preguntaba a la otra parte. Normalmente el hombre a la mujer... solo que en este caso los dos eran hombres. Así que... ¿quién le tendría que preguntar al otro?
Pero a lo que iba: no sabía qué eran ambos ahora. Si bien ya no se podía llamar amigos, tampoco se definía su relación, y eso a veces lo confundía. Ser "casi pareja" de Gilberto no era muy diferente a cuando eran muy amigos -si recordaba bien, Gil siempre le enviaba mensajes sin falta de "buenos días" a las seis de la mañana-. Pero sí había un cambio. Ahora se llamaban todas las noches, no importaba si eran apenas cinco minutos. Estaban ahí, y eso le hacía sonreír como un idiota. Incluso a veces se le olvidaba cenar por esperar la llamada. Podían reír y bromear como en los viejos tiempos, y aunque solo habían pasado dos semanas desde su nueva rutina, Kenneth sentía que podía morir de felicidad. Pero aún no. Todavía quería hacer muchas otras cosas... como pedirle a Gil ser su pareja.
Ese era el plan. Después de que les avisaron que iban a ver el partido de Inglaterra vs México, lo había pensado con detalle: cuando México ganara y él se encontrara con Gil después, ahí le diría "Gilberto, ¿quieres ser mi chavo?". Eso le sacaría una sonrisa a Gil y Kenneth un poco de humillación, pero a veces de eso se trataba del amor. Aww, cómo lo quería.
Pero no pasó.
En su lugar, la actitud de todos se destrozó en ese estadio. El momento idóneo que había planeado tumba quedó bajo la lúgubre derrota colectiva, incluyendo la de él mismo y, sobre todo, la de la selección.
Podía ver los rostros rojos que intentaban contener las lágrimas. Y cuando vio a Gil ahí, su corazón se rompió un poco. No lo suficiente para ponerse una capucha y un cubrebocas, buscar a Gilberto y brindarle un poco de consuelo, aunque no sirviera de mucho. Solo lo suficiente para hacerle entender que no estaba decepcionado. Ni siquiera le había rondado por la cabeza hasta que Gilberto se disculpó. Así que lo abrazó fuerte y también tuvo que contener las lágrimas al escucharlo tan destrozado... hasta que escuchó la voz de ¿Bárbara? ¿Kamila? Y Gilberto se separó de él tan rápido que parecía haber quedado quemado.
¿Por qué actúas así?
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Habían pasado algunas horas desde ese artículo nefasto y Kenneth aún no podía tocar su teléfono. Estaba en la sala, con Jessica revisando algunas cosas con el ceño fruncido en su laptop y José Ignacio caminando de un lado hacia otro. Sus pasos resonaban en la habitación, que estaba envuelta en una tensión insoportable desde que le pidieron sentarse en medio del sofá.
—Veamos —Ignacio por fin dejó de caminar y se pasó las manos por el cabello-. Dime, Kenn. Tú eres el de lógica. Digo, conoces cómo son los medios desde hace años y cuando te hicimos firmar el contrato sabías que esto estaba prohibido.
En ese momento Jessica pasó a su lado y le enseñó la tableta con las fotos que ya se le habían grabado a fuego en la retina.
Alejandro, que estaba al otro lado, abrió levemente los ojos y lo miró preocupado. Gabi hizo cara de "ya nos descubrieron" y se tapó con una mano para disimular. El día anterior, cuando Kenneth quería ir con Gilberto, le había dicho a Gabi que le cubriera la espalda. El cual aceptó encantado diciendo que serían como ninjas... algo que claramente no sucedió, viendo cómo estaban en esa situación.
—No hice nada —se cruzó de brazos y se maldijo un poco por responder, pero es que era verdad. Prácticamente no se le veía la cara ni cualquier rasgo que lo delatara. Obviamente, si se ponían muy intensos tal vez alguien sí lograría identificarlo -relacionarlo con alguna teoría o prenda-, pero ¿quién lo haría?
José Ignacio parecía querer decir algo, pero simplemente se sentó a su lado y se encorvó para quedar a su altura.
—Kenneth, cuando vi las fotos esta mañana te reconocí al instante. Espera... antes de que digas algo, sí, no te ves. Prácticamente podría ser cualquier otra persona. Pero mira más de cerca... ¿lo ves?
Sí, sí. Un detalle pequeño, pero que ahí estaba: unas botas color café, las que trajeron directamente de Corea y con las cuales había grabado un video bailando y varios más. Cerró un poco los ojos y una mueca se formó en su boca. No era demasiado grave. De seguro mucha gente tenía unas similares.
—Podría ser cualquiera.
—¡Pero no es cualquiera! ¡Eres tú! ¡Integrante de Santos Bravos y artista bajo el sello de HYBE! ¡Entiende!
Todos en la sala se sobresaltaron. Alejandro prácticamente corrió a su lado y se dirigió a Ignacio.
—Pero no le grites, fue un error.
Jessica, que estaba a su lado, se acercó solemnemente y le puso una mano en el hombro a Kenneth. Le sonríe de lado y trata de mantenerse firme antes de romperse por completo por el grito.
—¡Un error que les podría costar sus inicios, Alejandro! Escuchen... no me molesta su vida privada... pero ¿cómo lo digo? A mí no me molesta, a Jessica no le molesta y al staff no le molesta. Pero son un grupo nuevo. Se están inmersiendo poco a poco en el mercado... tienen que mostrar cierta ¿disponibilidad? Hacia Dual.
Kenneth arrugó el rostro. Escuchó claramente los jadeos indignados de Kaue y Drew, que se habían unido a la sala hacía quien sabe cuánto. Pero Alejandro fue el que se irguió por completo y, con el tono más indignado que pudo, preguntó:
—¿Disponibilidad? ¿Él? ¿Un adolescente?
—Lo sé, Alejan-
—Lo entiendo de todos nosotros —Ale señaló a cada uno en la sala. Todos asintieron casi al unísono; Drew un poco después, en lo que Kaue le traducía—. Pero Kenn es todavía un niño. Tiene que vivir lo que él quiera.
Ignacio dio un suspiro cansado. Los miró con una cara triste y Kenneth sabía que no era culpa de él. Hasta cierto punto comprendió toda la situación y sabía que había sido descuidado de su parte.
—Se escucha mal, y te pido una disculpa, Kenny. Pero el contrato fue muy específico. Puedes salir con tus amigos, sí, pero solo a eventos autorizados por nosotros. Y sé que el Mundial fue autorizado por nosotros, pero no después de... y menos que te estuvieras escondiendo y abrazando a alguien a ciegas de todos... Se puede malinterpretar.
—Es el colmo. ¿Y qué si sí hay algo? —Gabi rompió su presencia de estatua en la sala y, con su típico acento rápido, interrumpió.
Ignacio lo calmó con las manos y tomó un sorbo de agua antes de hablar nuevamente.
—No tiene nada de malo, chicos... A lo que quiero llegar es que no se puede malinterpretar que tú tengas pareja, ya sea hombre o mujer. Eres el maknae. Suena asqueroso, lo sé... Pero mira, la imagen coqueta que mantienes en redes está bien, pero es para el fandom. No puedes salir de ahí. En tus relaciones personales, más allá de ellos, no se puede ver así. Rompe esa imagen.
José Ignacio mantenía una mueca igualmente disgustada en toda su explicación. En algún momento Kaue comenzó a palmear su cabello. Drew estaba en la cocina, partiendo un mango y preparándolo con chile. Sus miradas se cruzaron brevemente y Drew le señaló el mango y después la boca. Kenneth le dio una pequeña sonrisa, agradecido con el gesto.
—¿Recuerdas lo que pasó con tu amiga? ¿Cómo era... ehh...?
—Celi.
—Eso, Celi. ¿Recuerdas que te tuvimos que pedir que dejaras de grabar con ella?
Kenneth ascendió pesadamente y comenzó a jugar con sus dedos. Ya sabía a dónde quería llegar.
—Así es, Kenneth. El fandom se pone algo... pesado... cuando ocurre este tipo de situaciones.
—We really can't let your image take a hit... -Jessica comenzó a hablar a su lado, tecleando más cosas en su laptop y después mostrando estadísticas que iban en picada por allá de 2023 y 2024—. Look at what happened with Joshua from Seventeen. There was huge backlash and a lot of outrage. Fans flat-out stopped buying merch just over dating rumors because, in a way, they felt hurt.
Y oír eso solo hizo que un golpe de culpa, con miles de voces en su cabeza repitiéndole que si algo salía mal con Santos Bravos sería su culpa, se acrecentara. No quería que por un error de él, el grupo bajara las ventas tan maravillosas que venían manejando.
—Tiene razón, Kenny. Todavía no estamos muy seguros de cómo será la reacción de Latinoamérica, porque es un grupo latino y nuevo, pero ya viste que hay diversidad sobre aquello y preferimos irnos por lo seguro —José Ignacio continuó, esta vez mucho más serio. Kenneth simplemente comenzó a morderse el labio y a tronar los dedos por el exceso de emociones. A pesar de que todos estaban ahí, el pecho se le cerraba y la piel le picaba—. ...Y otra cosa, es feo decirlo, pero así es. Estamos en México. Sigue siendo algo ¿cerrado? Ese chico, con el que estabas, juega fútbol, y profesionalmente, Kenny. Revisé los datos de Mora, su equipo, relación con redes, todo eso. Él no tiene que cuidar su imagen tanto como tú, pero está en ascenso. Consiguió millones de suscriptores en unos días. Y su equipo, donde juega, es allá en Tijuana. ¿Entiendes lo que significa eso? ...Si no quieres que él tampoco se vea afectado, no se les puede ver en público. Obviamente tampoco podrás. Estaremos ocupados en los próximos meses.
—Entendido —le dio una sonrisa pequeña a José Ignacio ya Jessica, queriendo apaciguar sus preocupaciones—. Hice mal. Lo siento. No volverá a pasar.
—¡¿Pero qué tal si solo son amigos, eh?! Nadie debe de saber lo contrario —Gabi volvió a interrumpir con la misma voz sonora llena de su acento, como si hubiera tenido una revelación suprema.
Todos comenzaron a verlo. Y a pesar de que sentía las lágrimas llenándole las pestañas, Kenneth dio una pequeña risa. Todos los demás se unieron y hasta Jessica sonrió de lado.
—¿Son solo amigos, Kenny? —José Ignacio le sonrió y alzó las cejas con evidencia.
Kenneth negó espacio, con las orejas calientes y sintiéndose un poco acompañado en los sentimientos que llevaba con él desde hacía tiempo.
—Habla con él. Seguro lo va a entender.
Kenneth volvió a asentir y se paró de la sala, queriendo ir a su cuarto lo antes posible y preguntarle a Gil cómo se encontraba. No pudo responder desde que vió su mensaje en la mañana y ya se sentía culpable.
—Kenneth, no vuelvas a usar esas botas... por un tiempo al menos.
Se paró en seco ante lo que dijo Ignacio.
—Okey...
—Si comienzan a relacionarlos más a partir de esas fotos —qué vergüenza, ¿también sabe del ship?—, sacaremos un comunicado. De todos modos, avisaremos con tiempo.
—Sí, gracias.
—Perrito...
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Estaba en la cama, viendo todo lo relacionado con México, el Mundial, los jugadores... con Gil.
Cada vez que leía comentarios donde pasaban la misma jugada en la que Gilberto perdió el balón ante Bellingham, su pecho se contraía de tristeza al imaginarse los comentarios que habría. Ya había visto algunos y solo esperaba que Gilberto no viera el teléfono. Nunca lo hacía, así que no debería comenzar ahora.
POR ESE PENDEJO PERDIMOS EL MUNDIAL
TAMBIÉN TENGO CARA DE IDIOTA, ENAMÓRENSE
AHÍ ESTÁ SU MESSI JAJAJAJA QUE DECEPCIÓN
GRACIAS A ÉL SE PERDIÓ EL SUEÑO
Y algunos rondaban los más personales, los más hirientes y los más groseros. Ahora sí comprendía a lo que quería llegar José Ignacio. Kenneth solo se había topado con los comentarios amables de gente de internet. Sí, uno que otro era hate, pero nada comparado con eso. Nada comparado con la humillación y la burla en masas.
YA SABEMOS QUIÉN SÍ PROBÓ EL CHILE JAJAJAJA
CON RAZÓN SE DISTRAJO ANTE BELLINGHAM
SE LE VEÍA, QUÉ PUTO
QUÉ ASCO, SÁQUENLO
Y aunque había muchas respuestas donde lo defendían, sabía que Gilberto podía leer lo que destacaba: lo negativo. Sabía que había algo respecto a ello, que le afectaba de algún modo. Si no, nada de lo que pasó cuando se vieron una última vez hace dos años hubiera sucedido. Ni escuchar esa llamada. Pero no tenía que pensar más en esa vez... Tenía que apoyar a Gil, su ¿casi pareja? y lo que más quería.
Así que volvió a mandar un mensaje, junto con los otros tres que se acumulaban y no marcaban las dos palomitas de "enviado".
Kenneth
Te quiero Gil
11:01 am
Estoy contigo, llámame cuando tengas tiempo
11:01 am
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Habían pasado diez días y no sabía nada de Gilberto. Al menos no por él mismo. Porque en internet -siempre internet- habían salido varias imágenes de él en varios lados. ¡La sensación del momento!
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¿Qué es esto?
Veía todas esas nuevas noticias y, sin saber nada de Gilberto, no daba entrevistas las pocas veces que lograban alcanzarlo. Pero tampoco le contestaba a Kenneth. Aunque ya no podía derrumbarse como antes, tenía que seguir trabajando, ensayando, cantando, matando cada músculo para adormecer aunque fuera un poco el dolor que le causaba que el otro lo ignorara.
Pero siempre había sido así. Gilberto decidía cuándo irse, cuándo alejarse, cuándo cerrarse, cuándo dejarlo de lado. Y Kenneth simplemente esperaba. Aguantaba un poco hasta que Gilberto volviera a comunicarse y otra vez iniciaran igual.
Pero no debía de ser algo malo. Simplemente como se acoplaban algunas ¿parejas? Ya ni siquiera sabía si era correcto considerarlo así, puesto que las cosas habían quedado tal vez tensas entre ellos.
¿Estará molesto conmigo?
A veces le rondaba la idea de que simplemente Gilberto tenía más amor al fútbol que a él. Tal vez no solo le apasionaba -como el canto para Kenneth-, tal vez era su vida entera y Kenneth solo una persona con la que disfrutaba estar a veces.
Pero tampoco debía juzgarlo demasiado pronto. Cada nuevo mensaje de Kenneth nunca llegaba a las dos palomitas. Gilberto no había prendido el teléfono... o lo había bloqueado. No sabía cuál de las dos opciones lo inquietaba más. Por un lado era bueno que Gilberto no revisara nada, pues los comentarios de odio habían aumentado. Era más resentimiento por el segundo gol, pero uno siempre sacaba a colación el tema de las fotos -que poco a poco quedaba en el segundo plano. A veces veía uno que otro comentario diciendo que era Kenneth, pero no había manera de comprobarlo.
—Kensky, nos toca.
Despegó la vista del teléfono y le parpadeó a Kaue varias veces, saliendo del estupor.
—A-ah, sí, ya iba.
Kaue entrecerró los ojos, alternó la vista entre el teléfono que estaba en sus manos y su cara.
—¿Sigue sin contestar?
Kenneth apagó la pantalla de golpe y se levantó.
—Ya-ya es tarde. Yo voy primero, ¿no te molesta? —le dio una sonrisa a Kaue y fue al cuarto de la maquillista, sin detenerse a escuchar una respuesta.
Al sentarse de nuevo, esta vez frente al espejo, su aspecto demacrado lo sobresaltó un poco. Se veía más pálido. Unas ojeras remarcaban sus ojos y el aspecto delgado que siempre había tenido se acentuó más. No cenar y comer pocas porciones lo estaban afectados.
Comenzó a jugar con el teclado mientras Sofía, la maquillista, le aplicaba la base y todas esas cosas para que el maquillaje no se corriera.
—¿L-la base tan blanca? —le preguntó después de verso otra vez en el espejo.
—Perdón, Kenny. Pero las ojeras no se quitaban.
Sofía le dio una sonrisa que parecía demasiado a compasión. Kenneth tuvo que bajar la vista y asentir sin muchas ganas. A pesar de que había estado esperando el concierto con ENHYPEN desde hacía días, ahora mismo sentía que todo le pesaba de una manera diferente que no eran solo nervios.
Sofía siguió aplicándole polvo y un poco de iluminador en los pómulos, después un poco de algo para que sus pestañas se vieran bien y le pasó el peine por las cejas. Seguidamente le puso ese labial no muy fuerte. Fijó su cabello y, cuando terminó, tocó su nariz.
—Listo. Quedaste bien guapo.
Kenneth le sonrió amablemente y asintió. Se paró de la silla lo más rápido que pudo y fue a su camerino a cambiarse.
En la silla estaba su vestuario. Abrió un poco los ojos al ver que sí le hicieron caso: no tan cubierto. En los últimos shows -de hacía algunas semanas- se estaba muriendo de calor. Se puso el vestuario, se miró al espejo y torció la cara en una mueca incómoda. Le quedó demasiado grande. No de altura, de los lados. El lugar de la cintura y las costillas se despegaba más de su cuerpo. Y los brazos, antes con ligeros músculos, se desvanecieron en piel lisa.
—¡José Ignacio!
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—¿Seguro, perrito?
—No te preocupes, Ale. Este combina más.
Se encogió de hombros y volvió su mirada a las luces del estadio. Los rugidos ensordecedores de Dual lo calmaron un poco. Prendió de nuevo el teléfono y no vio ningún mensaje de la persona que esperaba. Antes de todo, sí le avisó que tendrían un show, y muy en el fondo al menos esperaba un mensaje.
Kenneth sintió otra vez un escalofrío por el cuerpo, aunque ya no sabía si se debía a la anticipación o a las náuseas que le estaba provocando la ola de calor que le dio de repente con el traje, que consistía en una sudadera y una chaqueta.
La frente perlada le avisó que no era buena señal, pero al menos suspiró un poco aliviado al saber que no eran más de treinta minutos de show.
—Vamo', young boy.
Gabi lo miró con ojos saltones y una sonrisa nerviosa mientras lo conducía al estadio. Dejó el teléfono a un lado y puso una sonrisa en el rostro.
Se acomodó el micrófono y, junto con los chicos, comenzó el show.
Con cada paso, cada palabra acomodada en una melodía que llenaba el escenario, se sentía un poco menos ansioso. Seguía con las inmensas ganas de vomitar. El vestuario lo sofocaba y no esperaba que hubiera tantas luces que lo hicieran sudar demasiado. Sentía que el maquillaje que traía se le estaba corriendo y, para cuando llegó Fe, los ojos le ardieron.
Yo, que nunca recé, siempre guardé la fe
Palpó el pecho, como si tuviera una herida y no quisiera que se derramara del todo. El teléfono no estaba consigo, pero apostaría que seguía sin ningún mensaje. Aunque probablemente Gilberto estaba muy ocupado...
¿Cómo culparte a ti, si yo sé que es mi culpa también?
Le había mandado mensajes, al menos cinco al día, preguntando si estaba bien, recordándole que estaba ahí si quería hablar, que si estaba pasándola bien con su familia, felicitándolo por graduarse.
Porque de ti me enamoré
Pero tal vez lo había bloqueado, y él había caído de nuevo en esa espiral de pensar que había hecho algo mal o que había malinterpretado todo.
El último coro se le rompió y alzó la cabeza hacia arriba para guardar las lágrimas. Después de todo, ese polvo no sirvió de mucho. El sudor le llenó los ojos de agua y ahora estaban rojos. El cuerpo le ardía en una fina capa de sudor y piel dorada.
De pronto una mano lo tomó por el cabello y lo jaló hacia su pecho en un gesto fraternal.
—Calm. Respira.
—Sí, sí, Sorry. It's just... Makeup.
Miró el rostro de Drew, que no se creyó ninguna palabra que salió de su boca. Se quitó el agua de la cara y se posicionaron para Kawasaki.
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—¿Sigue sin contestar?
Kenneth negó lento con la cabeza. El teléfono seguía en sus manos, pero desde hacía un rato solo estaba la pantalla en negro. Y aunque antes podía sentir alivio de que al menos a Gilberto no le llegaran los mensajes, ahora mismo se sentía fatal. Las dos palomitas aparecieron apenas dos semanas después de la presentación en Campo Marte, pero no estaba el azul, lo que le decía que Gilberto simplemente no le contestaba porque no quería.
—Ese cojudo...
Kenneth notó cómo Alejandro alzó la boca en un gesto de disgusto y enojo. Sabía que no decía todo lo que quería; se contenía por él. Pero aún así no pudo estar un poco de acuerdo. ¿Por qué rayos Gilberto no contestaba?
—¡Kenny, mira! ¿Ya contestó?
Kaue iba a toda prisa con el celular en la mano. Se aventó a los cojines a un lado suyo. Su cara tenía una sonrisa de cuando se quiere aguantar la risa y apenas la está conteniendo para cuando estén todos.
Fendi-Fendi-Fendi-Fendi
El ritmo de la música avanzó, el ya tan característico trend. Su cara se iluminó al notar que Gilberto estaba ahí mismo, haciendo eso. Quiso reír, reír por lo mal y tieso que estaba, enviar un mensaje y burlarse un poco de él.
Pero después de verlo una vez, dos veces y tres veces, con las risas de Kaue a un lado y la cara llena de cólera de Alejandro, presionó más fuerte el teléfono.
—¿De cuándo fue?
Preguntó en un hilo de voz.
—¡Apenas! —dijo Kaue todavía conteniendo una risa—. Está bien tieso. Enséñale a bailar.
Soltó una risa sin humor, se paró del sofá y fue al cuarto que le correspondía. Cerró la puerta demasiado fuerte. Quería gritar.
¿Por qué?
¿Por qué reía con ellos y con él no? Grababa videos, se reía en carcajadas sonoras y limpias, bailaba y hacía esas cosas que nunca le habían gustado. ¿Es que acaso no significaba nada comparado con lo que Gilberto era para él? ¿Ya se había olvidado de los besos, de las llamadas, de las miradas?
Sintió la cara caliente de vergüenza y las lágrimas saladas se deslizaron hasta acumularse en la barbilla. Tenía el impulso de mandarle otro mensaje más, que se sumaría a los cientos que seguro estaban ahí sin leer. ¿En serio mientras él se consumía de preocupación, Gilberto pensaba en qué video subir?
—¡AHHH!
Agarró el teléfono y lo lanzó contra la pared. El ruido del impacto lo hizo estremecerse. Gritó más fuerte:
—¡Eres un pendejo!
La pantalla se iluminó con una notificación, una que ya conocía y que esperaba desde hacía semanas, pero ahora mismo solo hizo que derramara más lágrimas: de furia, de vergüenza, de impotencia, de su propia idiotez.
—¡Vete a la mierda!
—¡KENNETH! ¡¿ESTÁS BIEN?!
—¡DÉJAME, POR FAVOR!
La puerta seguía recibiendo golpes. El cansancio de los ensayos lo golpeó súbitamente. Las piernas le temblaron. Quería acostarse, quería que la punzada en el centro del cráneo se detuviera, quería que la voz en su cabeza dejara de decirle "respira, tienes que ser maduro". Ya no podía. No quería.
Sus respiraciones se hicieron más pesadas, cada una luchando por conseguir un aire que no entraba por completo a sus pulmones. El teléfono empezó a sonar. Una llamada. Una llamada. Una lla...mada. Una llama...ada. Una llama...da. Una llamada...a-
El sonido se distorsionaba. Se volvio lejano y a la vez demasiado cercano.
Se tapó las orejas con las manos, se metió debajo de la cama y cerró los ojos con fuerza. El espacio era estrecho. El aire parecía más denso ahí abajo.
Estaría bien.
Siempre lo estaba.
Su vida no era difícil.
Estaba bien.
Cantaba.
Estaba bien.
Era lo que quería.
Estaba bien.
Tenía hermanos que se preocupaban por él.
Estaba bien.
Tenía padres amorosos.
Estaba bien.
Viajaba.
Estaba bien.
Tenía amigos.
Estaba bien.
A Gilberto no le importaba.
Estaba bien.
No lo bloqueó.
Estaba bien.
Volverían a hablar tarde o temprano.
Estaba bien.
Estaba bien.
Estaba bien.
Estaba-
El pecho le dolía. Intentó inhalar más profundo y solo consiguió un jadeo corto. Las manos le temblaban contra las orejas. El frío del piso le subía por la espalda. Por un segundo pensó que se iba a desmayar.
Apretó más los párpados.
Estaba bien.
Estaba bien.
Estaba...
Cuando por fin el silencio volvió, se quedó inmóvil un rato más, contando respiraciones que seguían saliendo incompletas. El frío ya le había calado hasta los huesos.
Al rato debería tomar un té.
__________________
A-mor.a
Kenn lo siento
4:47 pm
No prendí el teléfono
4:47 pm
Pero ya volví
4:47 pm
Llamada sin respuesta
4:48 pm
Llamada sin respuesta
4:49 pm
Llamada sin respuesta
4:51 pm
Estás ocupado verdad??
4:51 pm
Lo siento, debería haber preguntado
4:51 pm
Quieres hablar esta noche??
4:52 pm
Te extrañé mucho
4:52 pm
Perdón por no avisarte de nada
4:53 pm
Cómo estás ??
4:53 pm
Viste el video Jjajaaj
4:57 pm
Se subió por accidente
4:57 pm
Que pena, ya lo tiene en todos lados
4:57 pm
Pues ya hablaremos, te quiero
4:59 pm
Llamada sin respuesta
9:18 pm
Llamada sin respuesta
9:20 pm
Kenneth vio todos esos mensajes. El tono, hablando como si nada hubiera pasado, como si no lo hubiera visto en interminables cosas de las que se tuvo que enterar por internet.
El reloj ya marcaba las 10:29 pm. No recordaba estar tanto tiempo en el cuarto.
Quería escribirle, decirle hola o escuchar la voz, pero sentía que debía guardar un poco de orgullo. Aunque eso sería muy infantil y no era así. Así que simplemente escribió algo concreto. Se tardó en enviarlo, pero lo haría. No lo dejaría con la angustia porque sabía que eso era horrible.
Kenneth
Hola, voy a estar ocupado estos días, luego hablamos.
22:59
_______________
Pronto se tendrían que presentar en KCON, lo que llevaría viajar a Los Ángeles y con eso su primer fansign. José Ignacio y Jessica no querían ninguna imperfección, así que sus ensayos eran de mínimo doce horas al día. Y aunque terminaba agotado, se convencía a sí mismo de que era por eso mismo que le dejó de contestar a Gilberto.
Habían pasado solo cuatro días, pero cada vez que veía mensajes nuevos de él, el pecho se le apretaba y una línea tensa le cerraba la boca.
—¡Descanso de diez minutos! —el coreógrafo salió del cuarto y los dejó solos en la sala de ensayo.
Todos comenzaron a dispersarse. Kaue comenzó a estirar mientras salía del cuarto. Drew fue por agua. Alejandro se acostó en el piso y comenzó a hacer ¿ángeles de mugre? Y Gabi solo presumía sus músculos frente al espejo.
Y Kenneth... él solo fue por el teléfono y comenzó a perder el tiempo ahí, a distraerse con algo que no fueran las notificaciones de WhatsApp que seguían esperando.
Pero su For You Page estaba llena de Gilberto. Su regreso a los Xolos. El crecimiento de la afición. Los miles de fans nuevos y los estadios llenos de gritos de chicas. Y entonces... la entrevista. Por fin habían logrado hacerle una.
Empezó a buscar. Abrió varios clips. Gilberto se veía cansado. Más delgado también. Se veía mal.
Tal vez debería llamarlo y hablar de una vez.
En el video, Sebastián "el Loco" Abreu le cedía la palabra al periodista.
[—¿En inglés o español?]
[—English]
Vio cómo Gilberto se llevaba la mano a la cara y soltaba una maldición por lo bajo. Hasta Kenneth rió bajito ante eso.
Al terminar, Sebastián le cedió la palabra a alguien más.
[—Gilberto, después del Mundial no se ha dejado de hablar de ti. ¿Cómo has manejado toda esta atención tan temprana?]
[—No pues la verdad, estoy muy contento con todas las oportunidades que Dios me ha dado]
[—¿Qué opinión te merecen los comentarios que circulan en redes sobre ti?]
Gilberto se quedó callado unos cinco segundos. Suficiente para que el silencio se volviera pesado. El periodista no esperó más.
[—Hay mucha gente, y en especial muchas aficionadas que quieren saber si la persona con la que se te vio en aquellas fotos es tu pareja. ¿Podrías aclararlo?]
En el video, Gilberto veía de reojo a Sebastián, el cual solo le asintió apenas. Kenneth se quedó completamente quieto. El teléfono le temblaba en las manos. Esperaba una respuesta segura, algo como "mi vida personal no tiene relación con el fútbol" o "es un amigo de la familia". Cualquier cosa menos lo que escuchó.
[—Solo estoy concentrado ahora mismo en el fútbol... La persona de las fotos no... no era nadie importante, solo un fan en el momento indicado. Me sentía muy mal por el partido...]
Gilberto se rascó la nuca, aparentemente avergonzado. Los periodistas soltaron un "awww" colectivo. El título del video decía: "El niño maravilla, más que solo fútbol" y "Morita, el ídolo que todos quieren".
Kenneth no se movió.
El corazón le golpeaba las costillas con tanta fuerza que le dolía. La boca se le secó de golpe. Las manos le temblaban tanto que casi se le cae el teléfono. Sintió un frío repentino en la nuca y una presión sorda detrás de los ojos. La imagen de Gilberto rascándose la nuca se le quedó grabada, repitiéndose una y otra vez mientras las palabras "nadie importante" le taladraban el pecho.
Trató de tragar saliva y no pudo.
El vestíbulo de la sala de ensayos pareció alejarse un segundo.
Solo escuchaba el latido desbocado en sus oídos.
