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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-10-03
Completed:
2026-10-12
Words:
17,580
Chapters:
2/2
Comments:
10
Kudos:
44
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6
Hits:
829

PROVENZA

Chapter 2: La dosis perfecta

Summary:

Hoy mi cuerpo necesita de ti y saber
Que la dosis perfecta está en tus caderas
En tus besos, tu sonrisa, tu cabello
Y que ese cuerpo que me eriza
Hoy mi alma sabe que estás bien
Pero tú dime, tú dime: ¿Quién
Estará para aliviar mi dolor
Si ya no estás tú? — panteón rococó, la dosis perfecta

Notes:

Soy re mala pa redactar coito. Pido perdón, espero que les guste.😭

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Jordan no recuerda la primera vez que beso a Diego.

 

No recuerda siquiera si fue él quien dió el primer paso o fue cosa de Diego, no sabía, con exactitud quien había roto la distancia aquella primera vez, o si fueron ambos y era cosa del momento. Jordan no recuerda si fue en el pórtico de su casa, en la final del campeonato estatal, quizá en los vestidores o peor aún, una noche en la habitación mientras jugaban fifa, no lo recordaba, no lo haría nunca, porque para Jordan besar a Campillo venía de fábrica, venía desde sus huesos y quemaba su alma con una desesperación que causaba urticaria. Besar a Campillo era el deporte favorito de Jordan, incluso más que el fútbol; sin embargo, era por el mismo fútbol que Jordan no recordaba cuando fue ese primer beso que lo cambio todo de la noche a la mañana, ese beso que lo lleno de incertidumbre, de magia, de amor y de miedo.

 

Jordan no recuerda el primer beso con Campillo, pero si lo recuerda en la camioneta de sus padres, ese viaje corto a Puerto Vallarta que se aventó con la familia de Diego, donde por ser los menores los mandaron a la cajuela con un chingo de cosas, fue un viaje incómodo, los levantaron temprano, llevaban desvelada, calor y el culo entumecido y aún así, en un momento en que todos iban distraídos, Diego tocó su pierna con una sola intención, fue solo un roce, sus dedos apenas si rozaron la cara interior del muslo de Jordan y con eso tuvieron para ponerse cachondos.

 

Esa intención terminó con Jordan encima de él, con miedo de que les vieran y la adrenalina de saber que podían hacerlo, Jordan lo montó con inexperiencia, fue solo un cachondeo, besos babosos y manoseo, quizá fricción y roce desesperado, pero lo recuerda bien, recuerda a que sabía ese beso, a que sabía cada gramo de su lengua, de su saliva, lo recuerda claramente. Recuerda con mucha exactitud como brillaban los ojos de Diego con los primeros rayos del sol y recuerda como fue que las piernas le temblaron cuando solo le tocó el rostro y le sonrió, cómplice, recuerda como busco pañuelos en su bolsa trasera de la bermuda y lo limpio con delicadeza. 

 

En cuanto tocaron la playa pasaron aventuras entre el agua y el intentar que Diego aprendiera a nadar, sus papás nunca dijeron nada, eran solo dos adolescentes jugandole al vergas en el mar, nada más, solo ellos dos, las olas y la arena que se mete hasta en lo más profundo del cuerpo.

 

Y otro recuerdo le vino.

 

Recuerda con exactitud aquel primer viaje que dieron solos, no fue muy lejos, fueron a la playa igual, porque al parecer, ellos dos tenían historia con el mismísimo mar y si ahora mismo Jordan tuviera más tiempo, si ahora mismo Jordan pudiera quedarse, le propondría un viaje a esa playa donde probaron por primera vez el coger en lugar público y que por suerte nadie los viera, le pediría que fueran ahí, que sintieran la arena en los pies y que fluyeron como en aquel viaje donde busearon inexpertamente, aquel donde Diego se cagaba del miedo y Jordan le prometió que no se separaría de su lado, aquel viaje donde Diego se chingo un trozo de coral que les mostró el chico que les dio el tour y que se lo regaló nada más porque sí, ese coral que vive en la repisa de su departamento en la capital, detrás del trofeo, en un lugar donde solo él sabía que pedo y nadie más podría chismosear en sus cosas.

 

En aquel entonces no sabían que era ilegal eso de tener un coral porque eran protegidos por el gobierno, así que se sintió como algo más romántico de lo que fue, Diego dándole un coral, Jordan sintiendo que es el objeto más valioso que tiene en casa, una estupidez, los recuerdos, el amor, todo lo era. Porque de que le servía a Jordán tener un coral casi enmarcado en la pared, un coral pequeño que cabía perfectamente bien en la palma de su mano y sobraba un montón de espacio, de que le servía conservar algo que siempre evocaría el recuerdo de Diego, si nunca iba a tener los huevos suficiente de aceptar que Diego era todo lo que nunca nadie más sería para él, y aún así, aún teniendo todo lo que Jordan buscaba y necesitaba, nunca iba a elegirlo por el simple hecho de no ser una mujer.

 

Se sentía un pendejo sin sentimientos, o un pinche tibio, que sí era, pero es que en cosas del corazón, Jordan era un tibio, no sabía entregar el amor, menos aún el alma, no podía entregarse cuando siempre creció con la idea de que el amor es secundario y que Siempre hay cosas más importantes en la vida, a veces Jordan quería ser un plebe de nuevo, quería volver a esa época en que su vida se sentía diferente, donde creía que siempre iba a tener a Diego y no solo por momentos, donde no se veía sin Diego en su vida, donde en sus momentos solo era él, y Campillo no era casi un extraño en su vida, uno del que podía dejar de lado tanto años.

 

Y volvemos al inicio, Jordan no recordaba el primer beso que se dieron y eso le frustraba mucho en ese momento. Incluso si recordaba muchas otras cosas que hicieron después, incluso las más imbeciles como aquella vez hablaron de una mamada del juego de cancha y Diego le enseño una táctica pitera que ni le funcionó, lo recuerda, con cariño, lo recuerda bien, porque siempre recordaría incluso esa mirada que le dio luego de ir a festejar el cumpleaños del Papá Campillo y que Jordan fue de colado, recuerda esa mirada cuando bajaron del Uber y Diego recordó que había olvidado las llaves de su casa, recuerda sus ojos brillosos cuando Jordán se le paro enfrente y le dijo "ya ni modo, esperamos aquí a tus jefes".

 

Aunque ya no valía la pena recordar todo.

 

Ahora estaba frente a Diego, caminando a su lado, rozando su hombro, con una erección en el pantalón y sintiendo el cuerpo caliente de su amigo, ahora estaba al lado de Diego, caminando con prisa entre la gente, directo a ese auto, no tenía caso recordar algo que nunca podría tener, un anhelo, Diego era un anhelo y Jordan era demasiado egoísta.

 

— ¿Qué piensas cabrón?— le preguntó Campillo cuando lo vio tan callado, Diego esperaba que no se estuviera arrepintiendo.

 

O deseando que lo hiciera para ya no cagar más esa relación que tenían, esa amistad que alguna vez tuvieron y que ahora estaba trasgiversada.

 

—Que espero y no me lo hayan robado— fue lo primero que pasó en su mente.

 

El tonto de Diego creía que hablaba del auto, Jordan tontamente hablaba de un corazón que ya jamás le pertenecería. Pues el ratero estaba frente a él, caminando de lado a lado, hombro a hombro (si es que la diferencia de estaturas no existiera), el ladrón de su alma estaba ahí, al lado suyo, sonriendo como estupido y dejando que el aire besara sus mejillas volviendolas frías y rosadas.

 

— Pinche mamón, aquí te lo cuidan wey— y el corazón de Jordan jamás estaría en mejores manos, porque nadie mejor que Diego para portar un corazón ajeno.

 

— Sí lo creo, cabrón — porque nunca habría nadie mejor que Diego para cuidar su alma, esa que le empeñaba hasta que el contrato se renovará y ellos se volvieran a unir.

 

Eran como los eclipses, un destello de la luna tapando por un momento el sol, o el sol evitando que la luna brillará, eran eclipses, momentos instantáneos y efímeros, pero constantemente repetitivos. Porque para Jordan eso sería eterno y para Diego era la despedida, Jordan tenía planeado empeñarle el corazón una vez más y volver después, pero Diego estaba planeado cerrar el negocio y darse la vuelta sin tiempo de regresar.

 

El chico al que dejaron encargado el auto lo merodeaba como un guardián seguro, Diego le dio una sonrisa y lo saludo con la mano, el chico le hizo una seña de que todo estaba en orden y se acercó donde ellos, Diego, ya un poco pedo, le dió otro billete más, el hombre le agradeció y le dijo que estaría para lo que sea que le necesitarán.

 

— Mira, pendejo. Esta enterito— Jordan sonrió, era verdad, su auto estaba intacto, tal cual lo dejo, sin ningún rasguño.

 

Ese auto vivía en Guadalajara, lo veía esporádicamente. Aquel auto Jamás dejo la ciudad, pues Jordan lo dejaba en su antigua casa, esa que le rentaba a su primo empresario que erradicó en Guadalajara, ese auto era exclusivo para Jordan, nadie más podría tocarlo, y hoy decidió que era buen momento de desempolvarlo, pero suerte, servía y no sé le había chingado nada del motor, seguro su primo le daba un poco de mantenimiento o un pedo parecido.

 

Aquel era el auto de sus memorias, aquel que solo tenía recuerdos de Diego.

 

— Pues súbete, verga.— Jordan le aventó las llaves y Diego sonrió sabiendo que esa era la táctica, a Jordán le mamaba verlo manejar, le mamaba verlo recorrer a toda velocidad la carretera desolada que los llevaba a parquear en algún lugar recóndito donde nadie iba a esas horas, cerca de valle verde.

 

Diego ni lo pensó, levantó los seguros y se metió de piloto, Jordan rodeo el auto con una sonrisa bien puesta en el rostro y sabía lo que se venía, sabía que significaba eso, porque le trajo un recuerdo significativo de la primera vez que ellos pisaron ese lugar y de fondo sonaban canciones de Ozuna,  aquella noche donde bien pedos manejaron hasta ese rincón oculto y supieron que el carro siempre sería su lugar seguro.

 

—Vamonos, pues — ni siquiera hizo el intento de ponerse el cinturón, Diego le dio una sonrisa de suficiencia y alzó una ceja burlón.

 

— ¿Dónde siempre? — donde los recuerdos los llevaban.

 

— Ya le sabes, pá— Diego asintió, encendió el carro y el motor rugió con poderío, como tantas otras veces.

 

No hablaron más, Diego encendió el coche y arranco como alma que lleva el diablo. Manejaba con una sola mano, el cabello le caía por la frente, pero el aire le despeinaba, se lo hacía a un lado y le daba un look rebelde que rompía con la idea de niño bueno. Llevaba la vista al frente, en la calle desierta a media noche en ese lugar de seguridad dudosa, y entonces Jordan supo que ya no había retorno alguno, no había freno, era enteramente suyo esa noche, y le dolía tener que agregar que solo era esa noche, porque al despertar la burbuja reventaba y ahí entre ellos se rompía una taza y cada quien para su casa.

 

Diego se veía bien puto caliente, con la camisa hasta los codos, remangada, los tres primeros botones del cuello al pecho estaban desabotonados y de su cuello colgaba ese pinche collar de perlitas falsas, iba con una sola mano en le volante, la otra salía de la ventanilla, y Jordan tenía tan parada de solo verlo manejar.

 

Deseó en ese momento tener un pinche Tesla pa' que se manejara solo y él pudiera subirse sobre Campillo y cogerselo ahí mismo, lástima que no era un Tesla, se maldijo por no tener uno, ya sería para la otra, la siguiente vez que lo viera cumpliría dicho capricho.

 

— Pon algo en el pendejo estereo, que me estás viendo como pendejo y me desconcentras— se quejó Diego y Jordan solo sonrió, sin poder negar su pendejada.

 

— Pero que dices, mor. Si te mama que te vean — Jordan recuerda bien aquellos videos de Diego que le mando en la lejanía, cuando ya estaba en el Santos, en Torreón y Guadalajara no quedaba a la vuelta de la esquina, no fue cosa de una vez. Todo comenzó cuando estaban cachondos, fue una videollamada donde Jordan gimió ruidosamente y Diego se la pajeo muy bien, Jordan lo adulo, le dijo lo bonito que se veía, lo caliente que lo ponía verlo con la mano en su pene y siguiendo sus órdenes, tensandolo y luego llevandolo al límite sin dejarlo venirse, bordeandolo a su antojo, aquella liberación fue de las más cabronas que Campillo tuvo, y todo gracias a una voz súper caliente que le ponga la verga bien parada de solo oírla.

 

— Eres un cabrón — Jordan sonrió. Estiró su brazo y le dio a su playlist "te mudaste" de bad bunny sonó, y eso era gracioso porque para Jordan era como un presagio, algo que estaba viviendo. Estaba tentando a pedir el cable para poder proyectarse.

 

Nadie dijo nada más, Jordan aprovecho la vista de Campillo manejando y viéndolo a veces, entonces una idea brillante llegó a su cabeza, con una sonrisa inocente, decidió hacer algo al respecto con esa erección que le molestaba en el apretado pantalón de mezclilla.

 

Bajo la mano hasta su pantalón, aún mirando a Diego, se recorrió levemente los muslos por encima de la ropa, tratando de imaginar que era Diego quien lo hacía, recorrió con sus dedos sus muslos, metió los dedos entre sus piernas, aprisionadolos entre ambos y entonces rozó apenas su erección y eso le hizo soltar un suspiro que llamo la atención de Campillo.

 

Y. PUTA. MADRE.

 

Diego sintió un tirón en el pene al ver de costado la escena que Jordan estaba montando con su mano izquierda metida entre sus muslos y apretándola. 

 

Jordan vio que Diego lo estaba mirando, entonces tomo el valor y saco la mano de sus muslos para subirla levemente hasta el botón de sus jeans, con una calma casi infinita desabrochó el botón y con la elegancia de sus dedos y la profesionalidad de hacerlo con una sola mano, bajo el cierre hasta mostrar su ropa interior y su pene duro se asomó por la tela, Jordan se tomo a si mismo entre sus manos y sin dejar de ver en ningún momento a Diego, se dio un apretón en la glande que le hizo soltar un gemido.

 

— Carajo— gruñó Diego sin poder contener la excitación.

 

Jordán sonrió, descarado y se recargó en la puerta del auto, decidido a darle el mejor espectáculo a Campillo,  lentamente metió la mano al elástico de bóxer y sin pena, bajo la prenda hasta por debajo de sus testículos, donde no le lastimara la presión. El aire le hizo gemir, se sintió delicioso el cambio de ambiente, miro a Diego con una sonrisa y paso la lengua por sus labios en un acto de provocación. Colocó toda la mano en su circunferencia y comenzó con un vaivén leve entre toda su longitud, toquidos suaves que le erizaban la piel, sus dedos envolvieron muy bien el tronco y comenzó a moverlos en un ritmo coordinado que se sentía de poca madre.

 

— Agh— gimió siendo ruidoso.

 

Diego sabía que es una tortura, porque lo vio jalarse la verga a un ritmo tan provocador que le dio picazón en la palma de la mano por no poder tocarlo.

 

— Ahh, Diego...— volvió a gemir abría la boca de forma casi erotica.

 

Jordan, se comenzó a acariciar con más rapidez, entrecerrando los ojos, soltando suspiros por la sensación tan rica de placer que le hacía tensar la bolas, se abrió más de piernas, subiendo una al asiento, está vez estaba tan a la vista de Diego que se sentía completamente expuesto y excitado.

 

— Oh, mi amor, no sabes cuánto te deseo aquí, mi amor, aquí chupandome la verga— gruñó al solo pensamiento de imaginar a Diego entre sus piernas, enterrado en su pene y devorandolo sin una sola arcada, todo un experto, envolviéndolo entre sus labios y moviendo la lengua probando cada vena de su pene.

 

— Detente — le ordenó Campillo, pero Jordan sabía que no podía detenerse ya, estaba apunto de venirse y lo haría muy bien.

 

Jalo con más fuerza, soltando gemidos ruidosos que obligaron a Diego a mirar a su dirección más de un vez, Jordan se sentía de puta madre, sabía bien como complacerse incluso sin penetración alguna, jalo su pene lloroso, el presemen recorría todo su tronco haciendo que el movimiento de manos se volviera ruidoso y pegajoso, estaba por venirse, por ver las estrellas, cuando sintió la pinche manota de Diego tomando su pito.

 

— Ahh, No mames, Diego, Ugh... Sí — giro los ojos del puro placer de sentir la mano de Diego, pero esta no se movió, solo sostuvo su pene y con el dedo gordo tapo aquel punto donde estaba por derramar su miel.

 

Carajo, este maldito le había interrumpido la venida y nada mejor que ese bordeo que le hacía ver estrellas.

 

— Dije que pararas, bonito.— Y Jordán vio estrellas, incluso sin conseguir dicho orgasmo. — ¿O acaso eres un putito que no puede esperar ni un momento?

 

Diego no movió el dedo del lugar, pero si hizo un movimiento con su mano que le provocó otra ola de placer a Jordán.

 

— Aghh, ca~cabrón — Diego sonrió, sabiendo que tenía el control de nuevo.

 

Soltó lentamente el pene de su amigo cuando supo que Jordan había perdido el hilo de su orgasmo.

 

— De la única forma en que te vas a venir, será en mi verga, bonito.— Jordan se dejó caer en el asiento,  se metió el pene al boxer y asintió gustoso.

 

Nadie dijo nada en el corto camino que les quedaba, Diego piso el acelerador y pronto el auto parecía un cohete, por pura suerte Diego era tan buen conductor que no tuvo problema, pero seguro si tendrían alguna foto multa esa noche. 

 

Jordan suspiro, sentía el orgasmo frustrado en su estómago, agradecía a Dios tener lubricante en la pinche guantera, porque no soportaría una parada extra, pero en la guantera traía lubricante y condones pues sabía exactamente de qué forma terminaría está visita, aunque sabía que con Diego no hacía falta los condones, porque sentirlo a pelo era lo mejor.

 

Dieron vuelta en una curva que los desviaba de la carretera, luego manejaron dos minutos más entre las oscuras calles de esa colonia y cuando menos lo pensaron, Diego aparco en ese mismo lugar, el el lugar de siempre. Debajo del árbol de granada que tapaba cualquier cámara, en el  punto ciego de la calle tan poco transitada, seguía siendo exactamente igual para su suerte, porque aún recuerdan que era el mejor lugar para aparcar el auto después de entrenar o antes de ir a hacerlo. Jordan sintió que ese peso de sus hombros se iba en cuanto el motor se apagó.

 

Espero, como siempre, a ser el primero en intentar de dar el primer paso, pero Diego le sabía las mañas, así que hizo su propio asiento para atrás, dejando espacio suficiente como para que Jordan cupiera bien y entonces, sin esperar a que Jordan iniciará o tan siquiera hiciera un movimiento, Diego soltó su cinturón de seguridad y se giró con brusquedad hasta tomar a Jordán por las malditas piernas y jalarlo para posicionarlo entre sus piernas.

 

Jordan no era especialmente delgado, tenía músculos y cuerpo de atleta saludable, pero Diego lo jalo y lo cargo solo sosteniendo sus muslos con esas putas manotas que lo hicieron sentir frágil como un pinche espagueti. Diego lo posicionó en su regazo y le abrió bien las piernas para posicionarlo sobre su cadera, sentadito sobre él.

 

— ¿A poco si te sientes el muy vergas?— Jordan sonrió descarado.

 

— Soy, el muy vergas, amor — Diego sonrió de lado, mirándolo directamente a los ojos y entonces lo tomó del cuello con la mano derecha.

 

Lo tomó con los dedos abiertos, rodando por completo todo su cuello, sin aplicar presión, y con la otra mano, como algo muy natural, dio un golpe sonoro a la nalga de Jordan, que lo hizo gemir como un maldito desquiciado.

 

Diego gruñó al escucharlo, no perdió más tiempo y con la mano que tenía en su cuello, lo jalo hasta que sus bocas se volvieron a unir en un beso grotesco, lleno de chasquidos humedos y la presión en su cuello que le hacía recordar a quien le pertenecería siempre.

 

Diego apretó más, dándole una sensación de estar sin aire y eso le encendió aún más, gimió entre el beso y le pegó una mordida bien dada en el labio inferior, pero no le dejo ni sentir el dolor, cuando de inmediato chupo para evitar que el golpe de la mordida doliera. Jordan comenzó a moverse lentamente, chocando su bulto con el de Diego provocando una sensación de fricción que era casi sofocante.

 

Carrillo le tomó de las mejillas con ambas manos, subió sus manos hasta el cabello y de ahí se agarro para no soltarlo en ningún momento. Sus suaves cabellos se envolviolvieron entre sus dedos, le metió un jalón ligero cuando se quedaba sin aire y entonces abrio los ojos, Diego se veía maravilloso de cerca, con los ojos cerrado y completamente a su merced, Diego era etéreo y Jordan entregadamente suyo.

 

— Carajo, te juro que si sigues haciendo esta cara ya no tendremos juegos previos y me voy a meter tu pito así sin previo aviso.— porque Diego se veía mágico así, excitado, con las mejillas rojas, los labios hinchados por el beso y los ojos cerrados.

 

— Eres un completo pendejo, neta— le susurró cuando abrió los ojos.

 

La mirada color miel de Jordan le dieron la bienvenida, se dio cuenta que lo estaba admirando y sintió raro, porque Jordan casi no lo miraba, no así, no así de cerca, Jordan era lejano con esa facha de

destrozador de himenes y corazones, pero el Jordan que estaba sobre sus piernas, tomándolo del pelo y con los labios brillosos por la saliva, era un Jordan distinto, quizá más íntimo.

El menor se pasó la le fua por los labios en se hábito suyo que era hasta inconciente, pero Diego estaba tan fijo en su rostro que el simple hecho le hizo gemir. Jordan se mordió la lengua levemente y decidido, comenzó a moverse en círculos sobre Diego, sin romper el contacto visual, en un ritmo lento, con toda la calma del mundo al hacerlo, con toda la intención de demostrar toda la lujuria y ganas que le tenía.

— No mames... Ugh— gimió mientras llevaba ambas manos a los glúteos de Jordan, puso sus manos y con todasas ganas de controlar el momento, comenzó a moverlos con más movimiento sobre él, pero Jordan solo sonrió y se estiró a darle un besito en los labios, uno pequeño, mantuvo sus labios unidos en el roce, y los dedos de Jordan le hicieron soltar un suspiró en los labios del mayor.

Jordan llevo sus manos hasta las muñecas de Campillo, estaban como en un trance donde el cuerpo se movía solo y las sensaciones estaban al mil, Jordan paro los movimientos de Campillo sobre su cuerpo y con un último movimiento,en dejo en claro que haría algo más; Diego soltó a regañadientes las nalgas de Jordan y este sonrió, le volvió a dar otro pequeño beso y luego, no despegó los labios de su piel, comenzó a bajar los besos por sus mejillas, besos húmedos y a penas perceptibles, le beso las mejillas, bajo lentamente hasta su cuello, dejo leves besos y una que otra mordida por su suave cuello. Diego pudo sentir de repente la calidad lengua de su amigo asomarse y pasandosela por toda la yugular, sintiendo su pulso en el tacto.

Dio más besos, porque sabía que Jordan tenía una fijación oral y le encantaba usar esos bonitos labios, le encantaba usar la boca porque era un puto experto, ese era su campo, su maldito campo y Diego sabía que había sido con él que lo descubrió, se sintió orgulloso, sintió más ánimos, porque Jordan siempre volvía a su punto de origen y ese punto de origen era Diego campillo, en ese auto, en el mismo puto lugar.

Los labios de Jordan bajaron hasta sus clavículas, por encima de la camisa y entonces separó su recorrido para alejarse un momento y poder, con sus dedos expertos, desabrochar lentamente cada uno de los botones de la pinche camisa negra que tenía a Jordán cachondo desde que Diego apareció fuera de su edicio.

Le abrió cada uno de sus botones, pero sería una lástima quitar tan bonita prenda, así que simplemente la abrió, dejando al descubierto el pecho de Campillo y su abdomen, estaba justo como se lo recetó el puto doctor, neta.

No perdió más el tiempo, acercó la cara justo en el punto que dejó su camino de besos y con sus manos alejo un poco la camisa para comenzar a pintar ese maldito cuadro en blanco que pedía a gritos ser llenado por su boca.

Beso sus clavículas, dio una mordidita que sabía que dejaría marcas y partir de ahí comenzó el recorrido de chupetones, dejo uno, en su clavícula, luego uno más abajo y cuando los pezones erizados de Diego le dieron la bienvenida, Jordan no los atacó directamente, decidió darle unos besitos ligeros en todo el pectoral, paso la lengua por todo el rededor y Diego lo sintió de poca madre.

Era muy ruidoso en el acto, sin duda le encantaba gemir, pero no con cualquiera, solo con Jordan, solo con él.

— Puta madre... agh, bonito.—gruño cuando Jordán por fin decidió meterse el pezon a la boca, Jordan lo saboreo, con su lengua lo rodeo y con sus dientes le dio pequeños jalones que sabía que no dolían, pero que se sentían de maravilla.

Mañana la espalda lo mataría por estar en esa posición que era incómoda, pero en ese momento no importó. Dejo de atacar el pezon derecho y fue directamente a complacer el otro perctoral, Diego no sabía ni dónde poner las putas manos así que estaba sosteniendo la cabeza de Jordan, realmente solo estaban sus manos ahí, sin indicarle ningún ritmo, solo fluyendo.

Cuando Jordán dejo de atacar su pecho, se separo un poco y volvió a besar sus labios ligeramente.

— me dan ganas de agarrarte tremendas tetas y hacerte brr.

Diego comenzó a carcajearse.

— Puto naco —Jordan se carcajeo también y entonces continuo con su excelente trabajo.

Lástima que no le hizo brr entre sus pectorales, una lástima. Aún así, decidió buscarse un lugar entre el suelo del auto, separó las piernas de Diego y se dejó caer rodillas, tratando de encontrar la forma más cómoda para ese lugar tan reducido. Estaba tan cachondo que no importó, comenzó a besar su estómago con leves mordidas que dejarían su huella personal, Dio un recorrido de besos húmedos y cuando llegó hasta la pretina del pantalón, decidió morder la tela, saco la lengua y mirando fijamente a Diego, recorrió la tela áspera por todo su pene, dejando un recorrido húmedo sobre la tela áspera de mezclilla, Diego gruñó extasiado.

— Ay, chulo...— Diego sostuvo el cabello de Jordan, lo sostuvo apenas, un roce de sus dedos entre la suavidad de su cabello . Diego ni siquiera quería parpadear, era un completo espectáculo ver a Jordán hacer todo el pinche trabajo, realmente lo hacía sentir como un pillow princess, se sentía chido ser el consentido.

Jordan desabrochó el botón, bajo el cierre del pantalón.

Diego lo había extrañado tanto.

Carrillo ni tarde ni perezoso, posó sus manos tibias en el elástico del calzón y lo bajo de un tirón.

— A la verga, que verga— le halago, y Diego no pudo evitar reír por el comentario.

— Abre bien la boquita, mi amor, que te voy a dar lo que estás buscando— Jordan gimió y asintió.

Tenía tanto tiempo sin probar un solo pito, realmente Diego era el único hombre con el que había estado en toda la vida, así que sabía con exactitud que le costaría un poco de trabajo porque estaba oxidado, pero no importó. Cuando vió el pene de Diego sintió que la boca se le hizo agua, carajo, era lindo.

Ni el porno había penes tan bonitos, era eso o estaba enamorado, quien sabe, pero para Jordan era un manjar. Uno muy excelente, así que ni tarde, ni perezoso se inclinó para darle un beso en el glande, Diego asintió y esa fue la luz verde para que Jordan abriera bien la boca y sumergiera la cabeza en su boca.

— Carajo— gimió Diego y Jordan gimió en respuesta con la cabeza en la boca.

Diego tomo mechones de cabello y lo insito a no parar, así que Jordan abrió más la boca y permitió que la verga de Diego penetrara un poco más su boca; dio un Girón de lengua sobre todo el glande y luego succionó tocando justo la parte sensible de Campillo, quien soltó un grito agudo de placer. Jordan intento meterlo más profundo, pero en cuanto el pene tocó su campanilla, la finta de arcada llegó y tuvo que dejar un momento el trabajo.

— Mierda, jordi. Despacio, no te vayas a wuacarear aquí y que puto asco— Jordan se limpio las comisuras y sintió el reto en el ambiente, así que no dijo nada, se inclinó de nuevo y continuo con su labor.

Saco la lengua y como si fuera una pinche paleta de las que tienen chilito en el centro, se dedicó a chupar por toda la longitud, paso la lengua por su tronco, delineó la vena que sobresalía y Diego cerro los ojos porque el placer era demasiado. Jordan sonrió satisfecho, volvió a besar el pene, y entonces agradeció que Diego cuidara bien de su apariencia y no se dejará una selva entre las piernas, porque su próximo movimiento fue llevar la boca hacia las bolas de Campillo, sabía que eran super sensibles y que si seguía con el movimiento de su mano, mientras chupaba sus testículos y los estimulaba, tendría el orgasmo de Diego para el solo. Chupo con ritmo, el pene lloroso soltaba gran parte de presemen, Jordan dejo de atender sus testículos y subió a chupar el liquido hasta dejarlo sin una sola gota.

Volvió a sumergir la cabeza el glande y succionó al mismo ritmo que su mano traviesa estimulaba lo que su boca no alcanzaba, Diego se deshacía entre gruñidos, maldiciones y un chingo de gemidos excitantes que llevaban a Jordán a su propio orgasmo, incluso si ni siquiera se estaba tocando. El simple hecho de saber que tenía a Campillo donde quería, era lo suficientemente estimulante como para llevarse al orgasmo a si mismo y sin tocarse.

Diego comenzó a jalar los cabellos de Jordan, este gruño causando una descarga electrica en Campillo.

— Ah... Ah, no, no ma~mames...ah, amor— Jordan tenía los ojos llorosos, las rodillas entumidas y el pantalón mojado por sus propios líquidos.

Diego abrió los ojos y lo miro, lo miro siguiendo el ritmo constante y mirándolo, siempre al pendiente de su rostro; eso fue suficiente, la viva imagen de Jordan entre sus piernas, con los ojos llorosos, las mejillas llenas de su pene y la saliva saliendo por las orillas de su boca, combinado con sus propios jugos llegó a Diego hasta la misma pinche cima, carajo, todo era tan estimulante que en una estocada de su cadera, hizo que se viniera.

Jordan no se inmutó, como un buen guerrero sintió el chorro caliente de semen en la garganta y sin hacer malas caras dejo que el sabor salado le invadiera la boca, la descarga estuvo potente, dio directo a su boca y Jordan era lo demasiado glotón para no desperdiciar ni una sola gota.

Diego se recargó en el asiento, suspiro y contó hasta diez mientras Jordan se limpiaba la boca y tragaba el semen sin hacer ni una sola queja. Fue de puta madre, Jordan no había perdido el toque y le alegraba saberlo.

— Mi turno, bonito.

Diego levantó a Jordán de las axilas y en el reducido espacio, con toda la pinche fuerza de sus brazotes, lo llevo hasta la parte trasera del auto.

Jordan se dejó caer en el asiento, Diego hizo un giro que le permitió ir a la parte trasera sin necesidad de bajar del auto, sin duda había agilidad, Jordan lo miro mientras se preparaba mentalmente para el tremendo cogidón que se le avecinaba.

— En cuatro, lindo. Quiero ese culo para mi— y Jordan obedeció sin rechistar.

Ese era el asunto. Jordan era tan sumiso en el sexo, pero no salía a flote con nadie más que con Diego, usualmente, disfrutaba de ser quien llevaba las riendas en el sexo, le gustaba controlar el momento, guiar a sus parejas al orgasmo y era agradable, sí, pero es que nadie era el hijo de puta de Diego Campillo del Campo, nadie podía ponerlo a cu.omor órdenes solo porque sí.

A Jordán le mamaba sentir que no tenía el control del asunto, le mamaba que le hicieran sentir sin voluntad; sin duda amaba cuando Diego siempre le decía que hacer y le encantaba aún más que lo felicitara por su buen comportamiento, como si fuera un pinche cachorrito que necesitaba urgentemente a que su dueño le diera órdenes para que luego, recibiera un buen premio.

Se puso en cuatro, recargó su mejilla en el asiento y levantó el culo lo más que pudo, Diego asintió y simplemente paso su mano levemente por su nuca, enredo los dedos en los cabellos castaños del más bajo y luego le recorrió con la llemas de los dedos por toda la espalda, por encima de la playera; paso todos sus dedos por la espera dorsal de Jordan y eso le causó cosquillas.

Diego era más desesperado, recorrió la espalda y cuando llegó a sus nalgas, las amazo y apretó a su gusto, Jordan estaba harto de sentirse con ropa, le estorbaba, pero sabía que no duraba mucho, pues en ese mismo instante, Diego levantó su playera y le levantó los brazos para quitársela el mismo.

— Así está mejor, bonito — y entonces se recargó sobre él para darle un beso en la coronilla, Jordan pudo sentir a Diego en su espalda, el calor que extrañaba, lo cálido que se sentía tenerlo así, le dio un beso en la nuca y luego le plantó un chupeton mero en la unión de su cuello y el hombro. Diego lo admiro.

La espalda de Jordan estaba llena de lunares pequeñitos que ya había contado hace mucho tiempo, era 217 en toda la espalda, no eran pecas, eran lunares pequeñitos que parecían explosiones de pintura, realmente era hermoso, los tatuajes de su brazo le daban el toque, el tatuaje de su cuello, el que mordió, lo hoteaba como nunca, realmente Jordan era un cabrón hermoso, su piel era pálida y blanca y estaba a su merced. Así, tumbado en el asiento, con los brazos flexionados por su pecho, con la cabeza hacia el lado derecho y el culo en lo alto.

Diego se dio paso a darle besos por toda la espalda de Jordan, Pinto una de sus mejores obras, mordió, beso, chupo y succionó muchas partes de esa hermosa espalda, quería dejarlo lentamente marcado, como suyo, suyo y de nadie más.

Jordan se dejó, la sensación de la boca de Campillo sobre su propia espalda le había puesto tan duro que el solo pensamiento podría llevarlo a correrse.

Campillo no hablo, llegó a la pretina del pantalon y lo bajo muy lentamente, como si fuera quitándole la cubierta al mejor de los dulces, ese dulce que tanto anhelaba y que hoy por fin tenía en sus manos; bajo los pantalones, los paso por sus nalgas, los muslos y los estacionó en las rodillas, ahí, enrollados por arriba para que no lastimaran a Jordán, pero si para darle la bienvenida a su pastel.

Y el menor lucía de poca madre ahí inclinado, con las nalgas redonditas dándole la bienvenida, Y ¿Quién era Diego para negarse? Quizá está sería la última cena y tenía que aprovecharse, era un banquete, un completo manjar tenerlo ahí, completamente suyo y gimiendo como si lo necesitará con una urgencia loca y demandante.

Diego hizo maromas para poder acomodarse, su cuerpo era largo y agradeció que Carrillo fuera Chaparro porque sino, no funcionaría muy bien. Si un pequeño beso en el coxis, exhaló ahí directo en la piel y eso llevo a que Jordan soltará un gruñido desesperado.

Campi lo torturó más.

Decidió continuar con ese ritmo lento de calienta huevos y cuando por fin llegó a sus nalgas solo las agarro, ni siquiera alas apretó, solo las tomo, lentamente y se dispuso a darles leves roces; Jordan se deshizo en gemidos y excitación, era una maldito remolino de emociones.

— Campi....Campi, uhm...— y entonces Diego supo que estaba donde siempre quiso estar.

Dio un beso en una pompa y luego comenzó a morder arrancandole gemidos y gruñidos a su amigo, dejo marcas, tantas como para que le doliera el culo mañana al sentarse incluso si no se lo cogiera. Con amabas manos, cuando su trabajo estuvo terminado y quedó completamente satisfecho, separó las nalgas  y el culo le dio la bienvenida, de lejos y en segundo plano, el pene de Jordan escurría y manchaba los asientos, seguro tendria que llevarlo al pinche lavaautos después.

— Oh, bonito. Quien diría que hasta lo preparaste directamente para mi— Jordan asintió, con los ojos llorosos; sí, el había hecho todo cuidadosamente para que esa noche sucediera, incluso preparo hasta su propio cuerpo.

— Solo para ti, amor— gimió con la voz rota.

— Entonces vamos a probar este pastel — y ni tempo le dio de prepararse, Diego fue directo al punto dulce y con habilidad comenzó a comerlo.

Jordan sentía la lengua de Campillo delineando todo el rededor, lo sintio dándole besitos, recorriendo de arriba para abajo y regresando a su punto, fue el cielo, y lo fue aún más cuando Diego estiró la mano hasta su pene y con una lentitud arrasadora paso la mano por arriba y por abajo, mientras lo chupaba.

Diego supo que no era suficiente, necesitaba prepararlo aún más, así que Alejo su boca, sin dejar de tocar el pene, dirigió sus dedos hasta el punto de Jordan.

— ¿Tienes lubricante?— preguntó sin dejar de moverse sobre el pene del menor.

— En... Ah, puta madre—se tenso por una ola de placer— en la guantera.

Y Diego dejo el trabajo para apresuarse a buscar el pinche lubricante. Fue usa osadía, el lugar era estrecho para dos, así que arrimo los asientos hacia adelante lo mejor que pudo, saco el lubricante de cereza y acomodo su  propia ropa para que no le lastimara, no se la quitó, sabía que eso excitaba a Jordán, que le exitaba ser el unico expuesto como un buen exhibiciobista.

Paso las manos por el culo nuevamente, dio una nalgada sonora sobre las marcas y esto hizo sentir a Jordan un dolorcito rico, de esos quue te recorren la espalda, pero que te gustan como buen masoquista.

Lubrico dos de sus dedos, el olor a cereza inundó el auto, así que Jordan se preparó para lo que venía. Diego colocó sus dedos por el ano, los unto por todo el alrededor, provocando que la sensación líquida le hiciera pegar un brinco, Diego no paro, llevó el dedo medio hasta el ano y comenzó a abrirse paso lentamente, las entrañas calientes le dieron la bienvenida y Jordan no estaba para decir nada coherente.

La sensación era magnífica, porque si bien, llevaba años que nadie lo tocaba de esa forma, que Diego lo hiciera con consideración y ritmo le daba un plus extra, no tardó nada en encontrar su próstata, cuando la tocó Jordan tuvo que girar los ojos y morderse los labios para no gritar del placer, porque seguramente despertaría a los vecinos del lugar.

Diego dio unas cuantas estocadas lentas, tocó su punto dulce muchas veces y entonces decidió poner otro dedo, lo hizo al mismo ritmo, esperando que Jordan se acostumbrara a tenerlos, pero Jordan se adapto fácilmente y entonces Diego agregó un tercero, un tercero que lo llevo justo a comenzar un nuevo ritmo, uno más rápido, más placentero.

— Oh... mierda — gemía Jordan y Diego se sintió en el cielo.

Con su mano derecha, la que no estaba metida por el culo de Jordan, la llevo hasta su pene y comenzó la tortura de apretar y aflojar, apretar y aflojar, desviando el orgasmo de  Jordán quien se sentía completamente frustrado por no alcanzar su límite, era el único que no se había venido de los dos y era desesperante saber que le encantaba esta madre, que la había extrañado. El ritmo aumento, Diego María y sacaba los dedos chocando a diestra y siniestra con su próstata, Jordan se deshacía completamente, como si fuera de hielo y por el calor se iba derritiéndo.

— Ah, verga... Ugh— gimió mientras el dejaba caer aún más en el asiento, estaba en estado líquido, sentía el cuerpo ligero, era tanto el placer que giraba los ojos cuando más de acercaba— mierda... Mierda, me voy a... Agh.. me voy a ven- venir... Diego... Diego, sí.

Y cuando estaba apunto de ver estrellas, cuando estaba nada de tocar el cielo y sentir su semen correr y manchar la mano de Diego y el asiento, Diego apretó de más, tapo el agujero y saco los dedos de su ano, parando por completo.

— Te dije que si te venías era en mi verga ¿No?— Y Jordán supo que el momento había llegado, que ya había comenzado.

Diego le movió las piernas para tomar asiento, tranquilo, mientras que Jordan temblaba por todas partes y se sentía tan caliente que no sabia si podría pararse pronto.

Tomo dos respiración largas, luego un poco de fuerza de voluntad y cuando se sintió más sereno, dispuesto a conseguir dichoso orgasmo, dispuesto a todo por él, fue que se levantó. Las putas piernas era gelatina, pero no importó, no importó porque sabía que ese tan ansiado orgasmo ya llegaría y venía acompañado de Diego Campillo del campo, con la camisa negra abierta y el pene fuera de su pantalón, un maldito manjar con estrellas Michelin, neta.

— Montarme — le ordenó.

Y Jordan supo que hacer inmediatamente, porque era una orden y a Jordán le encantaba que le ordenarán.

Qué Diego fuera él que le ordenaba.

Se quitó los tenis y luego el pantalón, fue una aventura hacerlo, porque hasta los dedos le temblaban, pero lo hizo, se desnudo a su mismo y tomo una respiración profunda cuando fue donde Diego y se le subió encima.

Lo miro, lo miro con calma y con un montón de sentimientos encontrados, Diego tenía la mirada dilatada por la excitación y los labios rojos por los besos, era condenadamente guapo, guapo como solo sabía serlo, Jordan estaba extasiado, completamente a su merced.

Se sintió tímido de repente, toda mi valentía se esfumó y solo pudo sentarse sobre él, pero cuando era momento de atacar, simplemente le dio un beso casto en los labios, un beso que no llevaba ni un solo gramo de lengua, lo abrazo por el cuello y Diego un poco sorprendido, lo tomó de la cintura mientras se dejaba besar.

Eran besos castos, besos ligeros de solo labios, sin mordidas, sin lengua, solo besos.

Como antes.

Como cuando recién comenzaban a tener esos encuentros y aún no se trasgiversaban del todo, como cuando había sentimientos y no rechazos, incluso con el miedo.

Y Diego sonrió, sonrió porque la vida es irónica y sabía que era la despedida, como único terminaba, supongo.

— Diego— gimió Jordán y asintió.

— Ven, mi amor— entonces volvió a besarlo, está vez con la lujuria del momento, colocó sus manos más abajo, hasta sus caderas y Jordan gimió al tacto.

Era momento, Diego soltó las caderas, con su propia mano tocó su pene y con la otra busco el lugar de Jordán, este gimio y se relajó, soltó el cuello de Diego y con la mano derecha tocó la mano de Diego que sostenía su pene y le ayudo a posicionarse justo donde iba.

Comenzó a sentirlo dentro, de poco en poco, ambos se soltaron la mano del pene y dejaron salir un suspiró de liberación, la penetración era lenta, lenta, como si tuvieran todo el tiempo del mundo y estuvieran en un habitación, como si no estuvieran teniendo sexo en vía pública con temor a que la policía los notará como aquella vez.

Diego dio una estocada lenta que lo llevo a sumergirse por completo, pero se quedó quieto al principio, para que Jordan se acomodará y se acoplará a su tamaño.

Las ganas seguían ahí, las ganas siempre estarían ahí, realmente un acto tan simple como el sexo, cuando estaban juntos se sentía magnífico, como si fuera extraterreste, algo que pocas veces se conseguía. Jordan sintió toda la longitud en su cavidad, ardía un poco, si, pues los muy estupidos había olvidado el lubricante, pero no importaba, se sentía bien, no molestaba, Diego había hecho buen trabajo al momento de prepararlo, así que no le costó trabajo acoplarse, incluso si ardía un poco.

— Carajo, mi amor— Jordan no lo soporto, se inclinó y le dio un beso fogoso, mordisqueó sus labios, desesperado, Campillo le siguió el ritmo, ansioso, ansiosos, había mucha prisa en la calma, mucha calma en la prisa, había de todo en él y todo lo que buscaban estaba en unly el otro.

Jordan comenzó a balancearse, lentamente en un vaivén delicioso que se sentía de poca madre; las paredes de Jordan apretaban riquísimo a Diego, pero no lo asfixiaban, le daban una satisfacción precisa que se sentía fenomenal, lo apretaba rico, pero todo el Jordan era rico, absolutamente todo.

Diego le movió las caderas para aumentar el ritmo, Jordan hizo la cabeza hacia atrás por la pinche calentura que le causo el movimiento. Los gemidos inundaban el auto, ambos eran completamente ruidosos, muy ruidosos, gemían y gruñian a deliberación, Diego aumento el ritmo de sus caderas, apuñalando una y otra vez la próstata de Jordán y este se deshacía en gemidos.

— aprietas de puta madre, bonito— se lo dijo en el oído, Jordan gimió sintiendo una contracción que anunciaba que estaba por venirse.

— Ah... No mames... No ma~ah mames, Diego, más... Más — pidió desesperado.

Y quien era Diego para negarle algo al bonito que tenía encima, aceleró las caderas, con sus mano derecha apretó su nalga y con la otra mano fue de camino al pene de Jordan y comenzó a acharle una mano, su pobre pene estaba tan tenso y seguro sus bolas pedían piedad, así que Diego estaba dispuesto a dársela, a darle piedad por fin, así que soltó el pene, llevo la mano hasta cerca de su boca y le escupió usando su saliva como lubricante, Jordan se mordió los labios y cerró por fin los ojos, todo era mejor con los ojos cerrados, se sentía mejor, el único asunto era que al cerrar los ojos, no podía ver  a Diego y eso era una tortura, Diego era un Dios y necesitaba mirarlo a los ojos mientras se lo cogía, porque sus expresiones desmostraban el amor que aún había, ese que nunca se iría, verlo era aceptar que lo amaba, que se amaban, que Diego aún me correspondía.

Campillo envolvió la mano ensalibada en toda su verga, comenzó a jalar rápidamente y eso aumento la presión de Jordan, pero eso no era todo, por supuesto que no, porque Diego bajo lentamente por el cuello de Jordan, buscando desesperado los pezones del menor y cuando encontró el pezon derecho, lo llevo a su boca y comenzó a juguetear con el, mordiendolos a su antojo, jalandolo entre sus labios, dándole besos mojados que le orillaron a ya no poder contener el pinche orgasmo, no pudo soportarlo no un poco más, era demasiado estimulación, demasiado para el.

Diego dejo la teta en paz y lo miró.

— Vamos, mi amor, vente, vente para mi — le pidió mientras sentía el apretón que le daba Jordan, el apretón final.

Pronto el cuerpo de Jordan se sacudió violentamente y los espasmos del placer lo alcanzaron, de su pene la descarga de cálido semen mancharon la camisa de Diego y su estómago, pero Diego no paro, no paro porque también estaba buscando su propia liberación, así que aumento el ritmo sobre Jordan y este comenzó a gruñir más ruidoso, la sobre estimulación se sentía alucinante, su cuerpo estaba en agotamiento extremo y aún así, seguía sintiéndose cachondo, como una olla express apunto de estallar.

Diego aumento aún más el movimiento de caderas, persiguiendo su propio fin, y entonces, cuando se sintió estando cerca, intento salirse, pero Jordan aplicó fuerza.

— Echalos donde van, mor— Diego cerro los ojos, Jordan estimulado se abalanzó a él y volvió a besarlo, ambos se besaron.

De repente Jordan sintió cálido en su interior, en efecto, Diego los había echado donde iban, justo donde debían ir.

Y eso ocasionó que Jordan sintiera un placer que jamás había sentido, el líquido dio en un lugar donde sintió bastente y le dio un orgasmo diferente, uno más líquido, más potente, diferente.

— Mierda, me mie— dijo con la boca pastosa y super avergonzado.

Diego, cansado, soltó una carcajada ruidosa, sabía perfectamente que eso no habia sido miados.

— Eso fue un squirt, pendejo— le aclaro y se sintió orgulloso, porque era raro que un hombre pudiera hacerlo, y que Jordan lo haya conseguido fue magnífico.

Jordan se sintió como gelatina, se dejó caer sobre Campi e intento agarrar buena respiración, sin duda había hecho el cardio de la semana, los pulmones le exigían aire, porque es con.o si hubiera corrido un maratón, se aferró a los hombros del mayor y enterró la cara en el cuello, sintiendo los latidos de su corazón através de su yugular, sintió su pulso alocado así que dio un beso perezoso y se dejó caer.

Diego envolvió sus brazos en la cintura del menor y siguiendo sus instintos y su sentimientos, enterro la cara en el cuello sudoroso de Jordan y ahí se quedó un buen rato.

Después de demasiado tiempo o quizá solo diez minutos después, quien sabe, ambos fueron concientes de la canción que sonaba en el estéreo, sonaba una canción de "que pasaría..." De bad bunny y Rauw Alejandro, iba por la mitad, fueron concientes de que seguían Unidos, incluso si el pene de Diego ya estaba flácido, y entonces fueron consientes de que debían separarse, que era momento de hacerlo.

Diego salió lentamente, cargo a Jordán y lo colocó en el asiento, no había nada para limpiarlo, no para limpiarse a si mismo, solo su ropa, Diego se limpio con la camisa que ya estaba arruinada, se limpio el estómago, el pene y se cerró los pantalones, conduciría sin camisa, por lo menos.  Con la misma prenda limpio a Jordán, le limpio los músculos y con delicadeza seco su pene, luego busco en la oscuridad la ropa, Jordan lo miraba todo y cada uno de los movimientos del mayor, lo miro ponerle la ropa interior, mientras repartía besos por los muslos y los tatuajes, dio un beso en su cadera y luego le coloco el pantalón de poco en poco. Finalizó poniéndole la playera.

— Si quieres quedate aquí — en el asiento trasero, pero Jordan negó, se levantó y con pocas fuerzas brinco hasta la parte delantera del auto, aunque tuvieron que hacer maromas para poder acomodar bien los asientos, cuando pudo, se sentó en el lugar del copiloto y cambio la canción que no le gustó para el momento, porque no era abuen momento para que sonará "pero no te enamores" de fuerza regida.

Diego soltó un suspiro, miro a Jordán y espero que el plebe le dijera algo, pero este solo le sonrió, perezoso.

— ¿A donde vamos?— una pregunta trampa, la que siempre quiso decir, aunque ya no con la misma connotación, ya no con las mismas esperanza, ya no.

—Uhm...— Jordan lo pensó, pero no quería decirlo en voz alta porque no tenía derecho para decirle que lo llevará con el a departamento si Diego no lo proponía .

— Podemos ir a mi departamento, si quieres—le propuso y Jordan asintió más rápido de lo que quería.

— Dale pues, estoy dentro — dijo con la voz ronca por el uso.

Diego condujo hasta el departamento con Jordan dormitando en el asiento, no presto atención al camino y en su mente solo máquinaba aquella mirada que Jordan le dio en el aftercare.

Si tan solo Jordan no tuviera miedo, todo sería tan diferente, todos sería así, lindo, discreto, solo de ellos,  en el estéreo sonó " si estuviéramos juntos",el pinche Jordán tenía un desmadre en laista de reproducción, porque no había algo definido, tal vez y debía aceptar que así era Jordán, que con el nada estaría definido, quizá eso fue el punto final, tenía que hacerlo, un coito no cambiaba nada, porque sabía que todo volvería al círculo vicioso del que no había salido aún, así que, era mejor dejarlo todo por las paz, todo en su lugar.

Llegó al departamento, manejo hasta el estacionamiento y tomo el lugar de invitados, porque Jordan era un invitado, nada más, no sería con el el dueño de la casa, no sería con él papá de un perro y menos el padre de sus futuros hijos, Jordan no sería su marido, con Jordan no seria, porque Jordan no quería serlo, soltó un suspiro y decidió aprovechar los últimos momentos que les quedaban juntos de esa forma.

— bonito, despierta — le tocó el hombro y Jordan despertó con una sonrisa.

— ¿Llegamos?— preguntó tontamente y Diego asintió.

— Sí, Chaparro, andate, despavilate y espérame, voy a buscar una camisa a mi auto.— Jordan asintió, vio a Diego irse y se sentó en mejor posición, tomo su rostro y se dio dos cachetaditas para despertarse.

Podría acostumbrarse a eso, podría hacerlo, podía simplemente vencer sus miedos y darse una oportunidad, porque ahí era feliz, se sentía bien, a salvo, Diego siempre lo hacía sentir con esa sensación de hogar, lo hacía sentir feliz, como casita o mejor aún, como familia.

— Sobres, mi Jordi, vamos arriba— Diego le abrió la puerta y le dio una mano para ayudarlo a bajar.

— Todo me tiembla.— porque las piernas parecían haber llegado al fallo, realmente se sentía en las últimas.

— Pinche quejumbroso — le bromeó Diego y se paró frente a él, se inclinó y le ofreció su espalda.— sube antes de que me arrepienta.

Jordan sonrió, de un solo brinco, que le dio un dolorcito en la espalda baja por cierto, se subió a la espalda del mayor, lo abrazo por el cuello y se dejó guiar hacia el ascensor.

— Tengo hambre— le murmuró bajito, mientras Diego apretaba el botón que lo dirigía a su piso.

—Que bien chingas.

Ambos soltaron una risa, nadie más dijo nada, solo esperaron llegar a su destino, cuando las puertas del ascensor se abrieron, Diego lo dirigió a su puerta y lo sostuvo con una sola mano, era increíble la fuerza de este cabrón, realmente admirable, desde su teléfono abrió el cerrojo, la puerta Se abrió para ellos, paso adentro y dejó caer a Jordán al sofá, este se dejó caer y se quedó acostado, sintiéndose molido.

—Ve a bañarte, mientras te preparo algo—le ordenó, pero Jordan, como niño berrinchudo, negó.

—Primero quiero comer— y Diego suspiró, pero se dirigió a su propia cocina a preparar algo que tuviera a la mano, y fácil, porque se cagaba de sueño, eran más de las cuatro de la mañana y tenía que dormir, no sabía a qué hora se iría Jordan, aparte los músculos de dolían y se hizo el valiente, como si no hubiera sido dado de alta apenas por una lesión en el pie.

Puso las cosas a calentar, y Jordan fue donde él para abrazarlo por la espalda, lo abrazo por las caderas le dio un beso tronado, ninguno dijo nada, se dejaron llevar por el momento, los besos y un montón de sentimientos atrapados; cenaron juntos, se besaron en dos ocasiones más y luego fueron al baño juntos, eran como unpareja, una probada de lo que podían ser, una probada del anhelo de Campillo y el futuro que Jordan necesitaba, era solo cuestión de que se decidiera.

Ahí en el baño volvieron a hacerlo, un rapidín en la ducha mientras relajan todos sus nervios, Diego lo atranco en la pared y lo cogio tan rico que ni tiempo de pensar le dio, llegaron a un orgasmo más, sorprendentemente más intenso, más animal.

Se fueron a la cama cerca de las seis de la mañana, se acostaron desnudos y con el cabello mojado, Diego lo odiaría cuando la emoción del momento se fuera, pero no lo hizo en el momento, porque en el momento solo podía pensar en Jordan entre sus brazos y esos ojos color miel mirándolo mientras pedía más y más, más de lo que podía darle siendo simple amigos, una probada de lo mucho que le daría si fueran novios, si fueran algo más.

No cogieron en la cama, solo se acostaron desnudos y se acomodaron frente a frente, Jordan lo abrazo fuertemente y enterrando su cara en el pecho del mayor, hablaron un poco sobre cualquier mamada en inevitable, luego de tanto esfuerzo físico, se quedó dormido. Diego lo hizo momentos después, dándole besos en la coronilla y moviendo sus dedos por la espalda de Jordan, lo abrazo más fuerte y embarro la lágrima traidora que salió de su rostro en la almohada, sintió todo su rostro cálido, Jordan dormía placido apretándolo más, Diego se dejó querer, se dejó hacer, ya mañana resolvería, esa noche beso su cabeza, luego su frente y pronto quedó dormido, abrazándolo fuertemente para mantenerlo al lado suyo.

A las diez de la mañana el ruido despertó a Diego. Jordan estaba buscando ropa en su mueble, pues la suya estaba hecha un desastre y tenía que viajar a medio día.

— Pinche ruidoso, a la verga— gruñó Diego al ser despertado y le aventó una almohada, Jordan se carcajeo y se la aventó de vuelta.

—Pido disculpas, plebe— Diego sonrió melancólico, ya no era "amor", ya era su amigo, de nuevo a esa faceta, la realidad cayó, la decisión se tomó y la incertidumbre dio paso a la decisión final.

— ¿A que hora sale tu vuelo?— preguntó para despavilarse y quitar el sueño de su mente, incluso si era imposible porque había dormido menos de cuatro horas.

— A las Dos, pero sabes que debo estar antes — gruñó mientras se pasaba una playera de just saying por la cabeza, la Bermuda ya la tenía puesta y también la ropa interior de Diego, Diego sabía que esa ropa nunca sería devuelta, ya no la quería de regreso, quería que fuera el recuerdo de esa noche.

— ¿Desayunaras algo?— porque podría levantarse en chinga y prepararle algo, pero Jordan le sonrió como disculpa

— Tengo que ir a dejar el auto, hay me compro algo en el camino, güey.— Jordan no entendía porque había tanta atención por parte de Diego hacia él, Diego usualmente no era muy cariñoso luego de coger, en el pasado Diego continuaría durmiendo, o al primer "deja de chingar" se volteaba y no sabría más de él hasta que se diera la oportunidad, hoy era diferente.

— Bien, entonces me voy a jetear de nuevo, hay me avisas cuando llegues.— y ahí estaba la respuesta que dejó de alterar a Jordán. Esa que le indicaba que todo seguía como debía ser, que todo estaba en orden.

— Bien.— Jordan se miró en el espejo, acomodó un poco sus ideas y por último se echó un perfume que vio de Diego, ya se había lavado los dientes, pues sabía dónde estaba los cepillos de dientes de repuesto de Diego, sabía todo de él, porque parece que nada ha una cambiado para él.

— Ya me voy. — le aviso cuando era momento y se giró a la puerta, pero Diego lo interrumpió.

— Tu, pendejo — Jordan se volteo, Diego estaba desnudo, solo con la sábana en el regazo, recargado en la cabecera. — despídete bien.

Y Jordan casi corrió hacia él, se abalanzó sobre suyo y le dio un beso que les robo el aire a los dos, Jordan siempre quiso hacerlo, Diego sabía que sería la despedida, todo tiene su final.

Jordan se fue veinte minutos después, Diego se quedó solo con sus pensamientos, acostado en la cama, mirando el techo.

Soltó las primeras lágrimas traidoras.

Todo tiene su final.

Jordan marco por eso de las cinco de la tarde, ya estaba en México, Diego dijo que estaba bien, que se cuidará, Jordan prometió volver a verlo pronto, Diego dijo que lo quería y al colgar, Campillo bloqueo el número, decidido a no volver.

Porque la noche en que lo dejaron todo hace unos años, la noche en la que Jordan se marchó, se fue diciéndole que lo quería,se fue diciéndole que lo quería y colgó la llamada, cuando Diego menos supo, Jordan ya estaba al otro lado del mundo.

Ahora era su turno.

Lloró toda la tarde, luego suspiro y luego volvió a llorar. Ya no sería Jordan, ya no sería nunca más, no la permitiría, ya no más, había dado demasiado por ese vínculo que nunca fue hacia otro lado.

Y no, Diego no puede decir que no merecía eso, probablemente lo merecía, pero ya no quería, ya no quería estar ahí, así que el adiós era inevitable, incluso si dolía como dejar de respirar.

Ese sería el final de su historia.

Julio, 2026, 5 meses después.

Diego estaba con Bryan cuando llegaron a valle verde, sabía que Brian y Armando se incorporarían esta semana, así que seguro por eso el entrenador le añadió venir más temprano que de costumbre.

— ¿Hoy tenemos una cita entonces?— le dijo Bryan con una sonrisa coqueta, Diego con las mejillas rojas asintió.

— Que sí, verga— Cotorro se carcajeo ante la contestación, esa sería su primer cita.

— Bueno, bueno, pero vamos al pinche campo, que estos pendejos tienen que darnos su actualización de lo grandioso del mundial, espero que Armando si le haya pedido el autógrafo que le pedí de Jude.

—Pinche traidor, ese pendejo nos metió los dos goles — Le recordó Diego y cotorro solo le sonrió.

— Un error lo comete cualquiera, lindo— ambos fueron bromeando hasta la entrada del club, Diego estaba cotorreando sabroso con sus compañeros cuando Milito llegó, todos se pusieron en fila, estaba todo bien, hasta que el directo técnico carraspeo y detrás de él, la cabeza de su viejo conocido se asomaba.

— muchachos, por favor. Denle la bienvenida a Jordán Carrillo, será su nuevo compañero, háganlo sentir en casa.

Jordan sonrió.

Diego sintió que todo había valido madre.

Cuando todo mundo lo saludo, algunos con más euforia de otros, la ex estrella del pumas sonrió, pero cuando fue turno de saludar a Diego, abrió los brazos y espero que Diego hiciera lo mismo.

— Que onda, perdido — Diego estaba en shock, no podía creer lo que sus ojos le dictaban.

— Jordan— lo abrazo de vuelta y Jordan le susurró.

— ¿Pensabas que podrías librarte de mi, mor?— Diego supo que no tenía escapatoria.

Nunca podría dejar de lado a Jordán.

Notes:

Voy a proyectarme, Gali.

Así mismo me sentí escribiendo esto, porque neta, los recuerdos de estos weyes fue lo que yo sentí por allá por 2017.

Pues nada, espero que les guste y así.

Notes:

Ma escena previa al beso me hizo recordar a una ondeada que tuve hace mucho tiempo con la persona que me inspiro a escribir esto, neta, lo recuerdo y me vuelve a dar coraje.

Espero que les haya gustado, nos vemos en la siguiente parte