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Cuando quiso acordar, ya era lunes otra vez y la alarma de las seis y diez le estaba partiendo los oídos con un corrido tumbado que le generaba tanto rechazo que se levantaba de la cama únicamente para apagarla, puteándose por la buena idea que había tenido mientras agarraba la remera del colegio que dejó tirada encima de la mochila, un jean medio gastado por usar un par de días en educación física y salir de la pieza directo al baño, renegando con el hecho de que, para ser medio vampiro, Julián. Adoraba mucho el sol. Se lavó la cara, los dientes e intentó peinarse lo más que pudo, logrando únicamente ponerse de peor humor y revolear el peine al canasto de la ropa sucia, agarrándolo rápido para ponerlo en su lugar por temor a que su padre se lo tirara, como hizo con el anterior por dejarlo en cualquier lado.
Cruzó el pasillo hasta el comedor y, sorpresivamente, su viejo le estaba preparando el desayuno.- Pa, ¿qué hacés despierto?- Enzo, sin voltearse ni dejar lo que estaba haciendo, le contestó.- Tu papá está muy estresado por el laburo y me quedé a la noche haciéndole un par de papeles, viste que cuando se pone así duerme de noche, encima le cambiaron el horario para la tarde hasta la primavera que viene y con el calor que va a hacer por el sol de este verano se tiene que cuidar más.- La preocupación en su voz le generó una punzada en el pecho, admiraba un montón que se haga cargo de lo que sea que necesitara su papá con tal de aliviarle el peso en los hombros, pero ese peso era cada vez más grande por los problemas que traía ser un híbrido o un monstruo convertido, más en estos tiempos por el gobierno conservador que les había tocado. -Tratá de dormir un rato, pa, se te nota desde acá lo tenso que estás para no caerte.- Le aconsejó apoyando una mano en su hombro a modo de apoyo, volviendo a su pieza para agarrar la mochila y una campera después de ver por la ventana el viento que había.
Después de un desayuno medio a las apuradas con una charla que dejó a su padre más tranquilo, salió a las chapas hasta la esquina y se subió al colectivo casi que raspando, sentándose en la parte del medio regulando la respiración medio agitada por el pique y los nervios de no llegar a tiempo. Unas cuadras más adelante, más cerca del centro, el chofer frenó dejando subir a un muy tranquilo Nicolás, que se sentó al lado suyo como si fuera su lugar designado con la mochila entre las piernas. -Sigo sin entender como carajo llegás, gallego, ¿te despertás a las cinco o qué onda?- El chico se limitó a soltar una risa por la ocurrencia, sabiendo que era una pregunta retórica, después de todo ya la había contestado tres veces. Tuvieron una charla trivial, con quejas suyas sobre el gobierno de mierda que siempre se la agarraba con su papá primero, con los hombros del rubio tambaleándose por el movimiento del vehículo, y con murmullos de conversaciones ajenas que no estaba muy interesado en escuchar. Fueron los primeros en bajar cuando llegaron a la parada que quedaba en la esquina izquierda de la escuela, trotando con la mochila en un hombro al ver la hora en el reloj de muñeca que le regaló Enzo, con Nico siguiéndolo de atrás recordándole que le quedaba tiempo porque el reloj estaba adelantado. Llegaron al salón más compuestos de lo que creían que estaban, teniendo únicamente que acomodarse un poco los abrigos y los pelos, dejaron las mochilas en el banco que habían tomado como suyo justo a tiempo para escuchar el timbre que indicaba que tenían que salir a formar, se pararon todos en una fila medio chueca, obviamente que Nico estaba más derecho que muñequito de torta, con la cabeza en alto escuchando atentamente lo que decía la directora.
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El día estaba raro, muy raro, no había sol, pero tampoco llovía. Estaba de mal humor, de muy mal humor, su cara de culo estaba asentada por el tema de su papá, y porque Antonella, la directora, los culpó a ellos de romper los baños teniendo a los de sexto de economía riéndose atrás, haciendo que él, Leonel, Martina, Lautaro y Freitas saltaran de una a defensora al curso, dentro de todo lo lograron, pero la medio esfinge se los quedó viendo con recelo por la manera violenta en la que afrontaron la situación, para colmo, se Tuvo que sentarse con Giay porque Nico había arreglado ayer de sentarse con Perrone, no entendió muy bien por qué, algo de un trabajo de historia, no le prestó mucha atención, sólo con saber que no iba a estar al lado suyo le bastaba para enfurruñarse. -Che, Colo, te aviso que poniendo esa cara de culo no va a venir a sentarse con vos.- Le murmuró su amigo, interrumpiendo su discurso dramático sobre cuanto iba a extrañar al Flaco que se le iba y él iba a estar un año más. -Cerra el orto, no es por eso que estoy así.- No era completamente mentira, tampoco era completamente verdad, pero fue suficiente para que lo dejara de pinchar con el tema y seguiría con su teatro.
El rubio, al tanto de las muecas de disgusto y enojo de su amigo pecoso, pasó los recreos a su lado, bancándose un par de puteadas en el primero, disculpándose más de cinco veces por tener que dejarlo en banda con Agus las dos primeras horas. A Valentín le sorprendió la capacidad que tenía él de adaptarse a su estado anímico, incluso como podía cambiarlo con una explicación en un tono entre tímido y arrepentido, o con una sonrisa victoriosa cuando lo hacía reír. Ya para el segundo recreo se había olvidado de por qué estaba de mal humor, riéndose a carcajada limpia de las pelotudeces que le hacía hacer Flores al Flaco y Nico, pero, como todo lo que pasó en un día de mierda, algo tuvo que arruinarle el renovado buen humor, el tono característico de los mensajes de WhatsApp sonó más de tres veces, obligándolo a sacar el celular del bolsillo y revisarlo, encontrándose con un mensaje de su padre.

El mal humor de Valentín se multiplicó el triple, apretó la mandíbula con fuerza y rechinando los dientes en consecuencia, alertando a Nico y sus oídos sensibles, dejó de forcejear con el Flaco y caminó cerca de donde se había ido el Colorado, quien estaba muy ocupado tecleando con una furia apenas contenida que le hacía bajar las orejas de la tristeza.
I 
Al no obtener una respuesta por escrito, no resistió la falta de información y lo terminó llamando, después del tono corto y volvió a llamar, dicha acción se repitió otras dos veces hasta que en la cuarta finalmente escuchó la voz de su papá, aunque hubiera deseado haber dejado de joder, porque tenía esa voz quebrada que le hacía sentir mil espinas en el pecho.
-Valen, perdón que no te contesté, recién salimos con tu papá de la oficina de la abogada, viste que no me quieren pagar la remuneración, ni los días no laborables que fui, ni las vacaciones en las que trabajé, ni nada, y bueno estamos viendo cómo hacer que me paguen, en lo posible todo lo que me corresponde.- Escuchaba sin producir sonido, los suspiros cansados que llegaban por el altavoz entre palabra y palabra le dejaban el corazón más pesado de lo que ya lo Tenía, sabía lo mucho que le había costado ese laburo, lo que le había costado el puesto al que no llegaban muchos de los suyos, la cantidad de veces que volvió más tarde con tal de traer lo suficiente para mantener ese estilo de vida por el que tanto habían luchado con su padre, todo tirado a la mierda por el tipo de vampiro que era. -La verdad es que no necesitaban un recorte de personal, hijo, necesitaban sacar a los que son como nosotros, porque piensan que tener híbridos y humanos convertidos les saca mérito, credibilidad o no sé que carajo, lo que sí sé es que no nos vamos a ir temprano de acá, seguramente volvamos a la tarde noche...¿Vos no podés irte a la casa de Agus? No quiero que estés tanto tiempo sólo.-
El de pecas estaba por responderle que no pasaba nada, que no tenía por qué preocuparse, y sobre todas las cosas, que iba a agarrar a palos al pelotudo que tenía por ex-jefe, pero no pudo decir nada porque fue cortado de raíz. porque me perjudica a mí.- Tuvo que tragarse la bronca como mejor le salía, a medias, buscando palabras de aliento que sabía que necesitaba su papá, pero como era un día de mierda y el mundo estaba en su contra no le dió tiempo ni para eso. -Bueno hijo, me tengo que ir, mandale un saludo a los chicos de mi parte, y si les contas deciles que tenemos todo más o menos manejado, que no se preocupan, besos. no herir a nadie. Le escribió a Agustín para que le avisara a los chicos que no estaba de humor y se volvió al salón, porque, para dicha suya, nadie se quedaba.
Por otro lado, un lobo demasiado preocupado por él lo siguió al trote, ignorando las advertencias dichas a gritos por el Flaco y Giay de que si iba lo mandaba para Tenerife de nuevo de una patada en el culo.
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Nicolás agradecía tanto tener el salón por la loma del ojete y en el segundo piso, porque justo tenías que subir por las escaleras que estaban al lado del kiosco, que, encima, estaba vacío, realmente el mundo estaba a su favor hoy. Apuró el paso por miedo a que se le metiera en el medio un nenito de primero que nunca sabe que comprar y se plantó del otro lado de la ventana, azotando la parte metálica en dónde, anteriormente, corría el vidrio, sobresaltando a los dos sátiros del otro lado, muy sumidos en su burbujita de amor. -Lo siento, no quería interrumpir...- Habló con timidez al ver cómo el Kun se separaba del abrazo de Leo con dificultad. -Nah tranqui, perdonanos a nosostros por ser tan poco profesionales.- Respondió el morocho con gracia, apoyándose en la mesa que usaban como mostrador con total impunidad, a diferencia de su pareja que tenía la cara medio colorada y trataba de esconderse en una esquina. -¿Qué precisas, pupi?- Nico seguía sin entender por qué le decían así, pero dejó de preguntar cuando empezaron a descansarlo con eso de tal forma que hasta en su casa le decían así. Apurado por hablar con Valen antes de que sonara el timbre, relojeó las estanterías y sonrió al ver que todavía quedaba de lo que estaba buscando. -¿Me das dos picnics, porfa? Sin el IVA en lo posible, que ando sin cambio.- Lo pinchó con la discusión del otro día con el Colo con un tono burlón, aflojando un poco los hombros tensos en cuanto la risa estruendosa del mayor llegó a sus oídos. -Cuchalo a este, nomás porque siempre me das la plata justa te hago la gauchada, pero sólo hoy eh? No te acostumbrés.- El hombre se giró para agarrar lo que le había pedido y él sacó el celular más rápido que cuando lo llamaba su papá, desbloqueando la cuenta DNI, cuando tuvo los minibizcochuelos en la mano ya estaba leyendo el QR para pagar. -Gracias, Kun.- El sátiro sonrió con ternura, era la primera vez que le decía por su apodo. -De anda, pupi, dale que se te termina el recreo.- Ese recordatorio fue suficiente para que saliera disparado como tiro, subiendo las escaleras de dos en dos de tal forma que parecía que andaba a cuatro patas.
En cuanto llegó al salón, sus orejas volvieron a bajarse, pero mucho más que antes, llegando a tocar sus mechones dorados, esto debido a que, frente a él, vio a un Valentín sentado en el fondo del salón, buscando hacerse chiquito abrazándose las rodillas. Con cautela, comenzó a acercarse, exhalando con apenas un poco más de fuerza en un intento de que notara su presencia.
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Valentín levantó la cabeza en cuánto escuchó los pasos más cerca suyo, descartando la idea de que alguien había venido a buscar algo de su mochila, ya estaba por putear en mil idiomas a Agustín por metido, pero se le trabaron las palabras en el esófago cuando divisó con sus ojos arruinados por el astigmatismo a un muy consternado Nicolás, caminando con pasos cortos, como si el lobo que muerde fuera él, aunque si se era sincero, él mordía igual sin sentir la necesidad de querer ser un hombre lobo. -Lo siento, sé que querías estar sólo, pero, estem, yo...- Los balbuceos nerviosos del chico no lo irritaban como creyó que lo haría, a ver, sí, pero no porque fuera molesto, era porque no le gustaba que Nicolás fuera tan inseguro cuando se trataba de él, lo hacía sentir la peor persona del planeta. -Tranquilo que yo no muerdo ni comparo mi aullido con nadie, eh?- Acotó medio con burla, medio con bronca, estirando las piernas en una señal implícita de que no se estaba escondiendo de él.
Al parecer, el rubio entendió dicha señal, o esa explicación quiso atribuirle a la sonrisa atontada que le regaló mientras aceleraba sus pasos para poder sentarse al lado suyo. -Touché, bueno, la cosa es que, personalmente, cuando estoy de mal humor siempre como algo salado y me ayuda un poco, pero cómo tú- vos, tenés el paladar más dulce, te traje estos.- Valen sonrió sin darse cuenta por la autocorrección de Nico en su acento, pero su expresión cambió a una de perplejidad cuando bajó la vista y se encontró con los dos Picnic, que, dato no menor para el colorado, cubrían poco más de la mitad de la mano del lobo. Queriendo esfumar ese raro pensamiento a toda costa, los agarró y abrió uno de los paquetes con fuerza, viendo a Nicolás antes de darle un mordisco al bizcochuelo. -Gracias, ni yo sabía que necesitaba algo dulce.- Pronunció una vez que tragó, acercándose un poco más al otro chico para poder chocar hombro con hombro, suspirando por el calor corporal ajeno que atravesaba la tela fina de su buzo. -No es nada, Valen.- Nicolás no intentó acercarse, mucho menos alejarlo, simplemente se quedó, acompasando su respiración a la del pecoso, llevando su vista al banco en el que, ahora sí estaban los dos sentados, sonriendo chiquito al recordar cómo se había enfurruñado su amigo cuando vio su mochila al lado de la de Máximo. -¿Quieres hablar de lo que pasó?- Le preguntó bajito, llevando su vista al rostro del colorado que se había escondido bajo su flequillo de rulos despeinados. Al principio obtuvo como respuesta un suspiro, dos, y al tercero lo acompañaron palabras. -Cosas con el laburo de mi papá, ¿viste que te conté que es humano convertido?- Él se limitó a asentir con la cabeza, no quería interrumpirlo con su voz. -Bueno, lo echaron por un supuesto recorte de personal, que se recorten las pelotas, es obvio que lo echaron por lo que es, encima era el que más laburaba, si es más responsable mi papá, me tiene controlado a mí, imagináte.- Soltaron una risita soplada por lo último, sorprendiendose de haber coincidido. -Y bueno, tengo una re bronca, porque ahora mi viejo va a tener que laburar el doble y mi papá va a tener que buscar otra cosa, todo eso sumado a que me tienen que seguir criando a mí, ¿Sabés el garrón que es mantener tres personas con un sueldo sólo? Decí que mi viejo se las arregla y aprovecha los ratos libres para hacer alguna otra boludez y tener algo extra, pero con lo que pasó ahora capaz tenga que salir yo a hacer viajes, aprovechando que tengo la licencia, o no sé, algo.- La cabeza le maquinaba a doscientos mil por hora, tensionando y relajando las rodillas en un pobre intento de calmarse, Nico, angustiado por la situación y la ansiedad de su amigo, apoyó su diestra en la pierna izquierda de Valentín, acariciándole la rodilla con movimientos circulares suaves de su pulgar. -No creo que sea necesario eso, aunque seguramente tengas que renunciar a algunas cosas que antes podías permitirte, pero eso no es algo nuevo, o eso creo. No tienes que poner un peso sobre tus hombros que no te corresponde, Valen.- El susodicho no pudo hacer más que recostarse en el hombro del rubio, respirando de forma temblorosa por estar reteniendo el llanto. -Ya lo sé, pero no voy a aguantar otra temporada en la que tengo que ver a mis viejos romperse el lomo trabajando y verles las ojeras llevarles hasta la mandíbula, Nico, todo por esta sociedad de mierda y su obsesión con separar a los humanos de los monstruos otra vez.- Nicolás no dijo nada, simplemente pasó sus brazos un poco más arriba de las costillas de su amigo, atrayendolo a un abrazo suave.- Yo no soy quien para opinar de eso, porque no es algo que entiendo del todo...pero en eso tienes razón, tienes muchas razones para enojarte con el poder, pero no tienes que tomar el lugar de un adulto, porque te queda grande.- Las palabras tranquilizadoras y racionales del de Tenerife ayudaron a que el colorado de diera cuenta de que no podía hacer lo que quería, no podía desafiar al ex-jefe de Julián, ni tampoco podía salir él a trabajar, y eso le dolía, le dolía tanto. -No quiero ser una carga más en la vida de mis viejos, Nico, no quiero...-
-Y no lo eres, eres inteligente, estudias cuando te lo propones y, por lo que me contaste, ayudas más de lo necesario en tu casa. Estás haciendo todo lo que puedes desde tu rol, ahora tienes que dejar que ellos cumplan con el suyo.- Se sorbió la nariz alejándose de aquel hombro cálido, porque sabía que si se quedaba un segundo más de la cuenta con Nico diciéndole alguna otra cosa emotiva se iba a largar a llorar y no quería llenarle la remera de mocos y lágrimas. -Gracias, en serio gracias.- El lobo avanzando con una sonrisa haciendo un gesto con la mano para restarle importancia, acercándolo de nuevo para abrazarlo con más calidez, siendo correspondido por el colorado. -Eu, Nico...mis viejos dijeron que iban a llegar tarde a mi casa, vos...¿Vos querés quedarte conmigo? ¿O puedo ir yo a tu casa?- La pregunta salió bajita, tímida debido a que se conoció hace muy poco, y no quería sonar como un lanzado. Nicolás separó el rostro de Valen de su pecho para verlo a los ojos, buscando algún signo de burla o mentira en aquellos ojos marrones que brillaban por la luz del sol que entraba por la ventana, encontrando únicamente las pecas más visibles por el ligero tono rosado en los cachetes ajenos.
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