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Cuentos de Purgatory II

Chapter 5: Los Guardianes

Summary:

Un amanecer encantador con recuerdos terribles, una ceremonia especial que termina en sorpresa (Una fea) y nuestras heroínas un poco más cerca la una de la otra.

Notes:

Primero que todo, ¡Feliz Navidad! para los lectores que siguen esta historia. Espero que lo estén pasando lindo.
Segundo, es el último capítulo de esta parte de la serie así que creo que tendrán que esperar un poco para la tercera parte, pero no tanto para una nueva historia que estoy por terminar y que publicaré como bienvenida del nuevo año y que me tiene entusiasmada escribiendo de la misma manera que me tuvo Ser Suficiente, así que es algo.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Nicole estaba en el cielo. Eso era lo que su mente le decía porque la visión que tenía ante sus ojos no podía ser otra que celestial. Su bello ángel seguía besándola con delicadeza y jugando con los cabellos finos de su nuca que le hacían costillas cada vez que la mano pequeña rozaba ese lugar sensible. Parecía como si la princesa no supiera lo que estaba haciendo, las emociones que le estaba provocando.

Y Nicole sólo podía corresponder y rezar, rezar para que no se acabara el hechizo, rezar para seguir en su cielo personal ajena a todo el horror que había vivido hasta ese momento. Ella sabía que tenía suerte. La suerte que sus hermanos de crianza Ambrose "Fish" y Levi nunca tuvieron. Ellos eran los mayores en el grupo de huérfanos de St. Jude en ese tiempo. Nicole tenía dieciocho años y Xavier tenía veintidós y el padre Malick en su sermón de la mañana condenó las prácticas herejes de las relaciones entre personas de su mismo sexo. La pelirroja sabía que estaba condenada desde hacía mucho tiempo, pero ella al menos tenía la fortuna de saber esconder sus inclinaciones "herejes" muy bien dentro de sí misma porque ninguna de las chicas del orfanato le llamaba la atención. Nicole sólo tenía ojos para la pequeña heredera de la Casa Earp, Waverly. Y lo hacía desde que podía recordar la primera vez que escuchó hablar de ella.

Sin embargo, Nicole no era la única con ese tipo de tendencias. Sus hermanos Ambrose, o como le gustaba que lo llamaran Fish, estaba enamorado de otro chico dentro del orfanato. Levi. Él era el ayudante del Padre Malick y en sus ratos libres se dedicaba a pintar cuadros de los chicos en St. Jude. Era un secreto a voces que su modelo favorito para esos retratos era Ambrose y todos lo sabían menos el padre Malick.

Eso, hasta que se destapó la olla y se desató el infierno.

Había sido un accidente. Levi había conocido a Bobo del Rey en una de sus salidas ordenadas por el padre Malick y ese mafioso le había ofrecido al chico su libertad a cambio de trabajar para él. Levi, sabiendo que podría librarse para siempre del yugo que suponía ser un chico de St. Jude aceptó pidiendo a cambio el favor de unir a Ambrose con él. Levi no quería dejar solo a Fish, lo amaba y quería estar con él. Cuando Levi le explicó lo que planeaba hacer Ambrose no estuvo de acuerdo. Él sabía que la banda mafiosa de los Revenants no era buena y que Bobo del Rey era incluso más perverso que el padre Malick, así que no aceptó y trató de convencer a Levi de desistir de su deseo de unirse al grupo.

Levi no accedió tan fácilmente. Él estaba dispuesto a quedarse con Ambrose en St. Jude si él se lo pedía, pero la oferta de Bobo del Rey era demasiado tentadora y aunque quisiera, ya podría negarse. Bobo le había ayudado con dinero la primera vez que hizo su oferta y Levi lo aceptó. Aquella aceptación había sido su perdición. Estaba amarrado a Bobo del Rey y ya no había vuelta atrás, tendría que unírsele.

Cuando Ambrose se dio cuenta que Levi estaba en peligro trató de ir a su rescate pero fue atrapado por el Padre Malick y por la enfermera Olive. El padre Malick le pidió a Herman, el hijo de Olive, que encerrara a Fish en la sala de castigo. Una pequeña mazmorra en el sótano del orfanato, mientras decidía qué hacer con él.

El hombre decidió que el mejor castigo sería un escarmiento público. Malick ató a Ambrose al "Árbol de la Verguenza" del patio central y lo desnudó hasta sus calzas cortas. Su cuerpo parecía una mímica grotesca de una crucifixión cristiana y todos los chicos en el centro estaban horrorizados. El sacerdote había ordenado a todos los chicos que se reunieran en el patio central para el evento y la brutalidad se desató. Malick azotó literalmente cada parte de Ambrose con un gran látigo para reses. No hubo parte de él que no quedase sin marcar, sin sangrar. Cada niño en el orfanato tendría pesadillas por meses a causa de los gritos de dolor que el pobre Ambrose no podía reprimir.

Fue escalofriante. Pero lo peor no fue ni siquiera eso. El padre Malick luego del escarmiento también había decidido dejar a Fish colgado del árbol. Él dijo que sería un buen recordatorio para aquellos que quisieran seguir sus pasos y desviarse del camino de Dios.

Nicole y Xavier no podían acercarse a él para ayudarlo porque estaba prohibido, cualquiera que lo intentara sería azotado y todos los chicos estaban demasiado asustados para siquiera intentarlo.

Pero el peor horror fue al día siguiente cuando encontraron el cuerpo de Ambrose siendo comido por los cuervos. Estaba muerto. Había muerto desangrado la noche anterior y el padre Malick ordenó a los chicos mayores, entre ellos a Nicole y Xavier, que descolgaran el cuerpo del hereje y lo enterraran lo más lejos posible de las tierras de St. Jude.

Fish ni siquiera tendría la gracia de una sepultura adecuada. Nicole y Dolls se vieron obligados a realizar la penosa tarea intentando no ver los ojos reventados de su antiguo amigo o las partes de la cara que fueron comidas por las alimañas.

Hicieron lo que padre Malick les había ordenado y Nicole no pudo dormir en paz por casi dos meses después de lo ocurrido. Desde ese momento ella decidió reprimir casi todo lo que sentía. Escondió a cal y canto su atracción por la joven monarca Earp y trató de fortalecer su carácter. Lo consiguió a paso de tortuga pero al menos podía fingir desinterés y apatía muy bien delante del padre Malick.

Con su princesa no era capaz de eso. No podía despegarse de sus emociones y evitar recordar la cara de dolor de Levi la última vez que lo vio cuando se enteró de la muerte de su amigo Ambrose. Nicole jamás lo volvió a ver pero escuchó rumores que decían que todavía trabajaba para la pandilla de Bobo del Rey.

Mientras tenía a su princesa entre sus brazos no pudo evitar recordar a esos chicos y la desgracia que cayó sobre ellos sólo porque tuvieron la osadía de amarse.

Nicole tampoco pudo evitar pensar qué pasaría si ella estuviera en los zapatos de Ambrose, si ella fuera la castigada por amar a su ángel. Si fuera ella-

- Oye - la voz de la princesa Waverly sonó suave y lejana a los oídos de la pelirroja - ¿Sigues conmigo Nicole?

Nicole observó a la pequeña morena y se dio cuenta que estaba sonriendo. Podía sentir sus suaves manos acariciando la piel de sus mejillas y suspiró, volteando su rostro a la derecha para dejar un suave beso en la palma abierta de su ángel.

- Lo estoy ahora mi princesa - Nicole respondió con la voz entrecortada. Ese viaje al pasado había tomado toda su calma - Yo sólo... recordaba.

- ¿Era algo malo? - la princesa quiso saber mientras miraba a su consorte con un dejo de preocupación - Tu expresión se ha vuelto muy angustiada. No fue bueno, ¿verdad?

- No, princesa - Nicole negó con vehemencia - Estaba recordando a dos de mis hermanos de crianza que fueron como nosotros. Ellos... se amaban. Pero uno de ellos murió en St. Jude cuando el padre Malick lo descubrió y el otro logró escapar y se unió a la banda de Bobo del Rey. Nunca más he vuelto a ver a Levi pero Ambrose.... el padre Malick lo castigó con azotes y lo dejó colgado de un árbol durante toda la noche, él....

- Oye, no tienes que hacerlo - Waverly trató de apaciguar la angustia que podía ver en el rostro de su amada - No tienes que hablar de ello si te hace daño Nicole.

- Lo necesito - Nicole negó con la cabeza hablando con pesadumbre - Ambrose murió durante la noche y lo encontramos al día siguiente siendo casi devorado por los cuervos. El padre Malick nos obligó a Xavier y a mí a descolgarlo y enterrarlo porque éramos los mayores y fue... horrible. Tuve pesadillas con él durante dos meses después de eso, princesita. No podía dejar de soñar con su cuerpo mutilado y ensangrentado. Yo tenía dieciocho años en ese tiempo pero nadie debería ser capaz de presenciar algo tan espantoso.

- Lo siento mucho Nicole - la morena expresó con pesar acariciando el rostro y el cabello de su compañera - Lamento que hayas tenido que vivir esos horrores. Lamento que tu vida haya sido tan difícil en ese lugar.

- Yo no lo lamento tanto majestad - la chica negó con la cabeza y sonrió - Es verdad que no he tenido una vida color de rosa pero todo lo que he vivido me ha traído hasta este momento, con usted. Tal vez nunca la hubiese conocido si mis padres siguieran vivos. Quizás nunca hubiera tenido la oportunidad de luchar en el torneo de Las Tres Coronas si el padre Malick no nos hubiera echado de St. Jude cuando supo que Xavier y yo teníamos vuestras marcas. Así que no tiene nada que lamentar, mi ángel. Todo lo que he vivido me ha llevado hasta sus brazos y yo no puedo estar más feliz por ello a pesar de todo. Tenerla a mi lado así, en mis brazos, es lo mejor que me ha podido pasar en la vida. Y ser capaz de besarla... lo es todo mi princesa. Todo.

Waverly que había sonreído durante todo el pequeño discurso no logró contener sus ansias y saltó a los labios dulces de su consorte. Volvieron a besarse con todo lo que tenían hasta que Nicole se dio cuenta que tenían que parar porque su cuerpo estaba reaccionando de manera incómoda y poco apropiada a los besos y las caricias de su joven monarca.

- Princesita... espere... - Nicole espetó con suavidad alejándose a duras penas de esos labios tentadores - No podemos seguir así... no ahora majestad. No antes de la ceremonia de unión.

- Lo sé - la princesa suspiró con pesar y se mordió el labio mirando con ansias el rostro de la chica más alta - Lo sé Nicole, pero no puedo evitarlo. Tú... me gustas mucho Nicole Haught.

- Usted también me gusta mucho princesa Waverly Earp - la pelirroja asintió con emoción y un dejo de timidez, agachó la cabeza avergonzada de su desnudez - Yo creo... uhmm yo creo que usted puede sentirlo, ¿no es así? Cuanto me gusta.

- Estás excitada - Waverly se atrevió a decir en voz alta a pesar de que estaba roja como un tomate - Tu cuerpo está excitado... yo puedo - inhaló - Puedo verlo también. Y sentirlo....

- Lo siento - el rubor también cubrió las mejillas de Nicole - Por no ser capaz de reinar sobre mi cuerpo, pero su cercanía... me afecta, mucho. Es por eso que debemos parar majestad. Si sigue besándose de esa manera yo... voy a perderlo. Y no quiero arruinar nada, tampoco incomodarla.

- Está bien - Waverly se alejó con desgana del cuerpo más alto y se vistió con la ropa que andaba trayendo - Tienes razón Nicole, todavía no es tiempo.

Cuando volvió a ponerse la blusa de seda se volteó para ver a la otra chica cubierta con las mantas de la cama.

- ¿Necesitas ayuda para volver a vestirte?

Nicole se sonrojó y asintió. Ella no le iba a esconder esa parte de su debilidad a su ángel porque en realidad necesitaba un poco de ayuda. Su cuerpo seguía un poco débil y sus piernas todavía le dolían. Ella supo que no sería capaz de salir de aquella cama sin ayuda y se odió porque se dio cuenta que volvía a ser una carga para su princesa.

- No lo eres - Waverly advirtió con seriedad pero su tono era suave cuando vio dónde se había ido la mente de su amada. Lo descubrió cuando vio a Nicole mirando su propio cuerpo y sus piernas débiles con repulsión. - No eres una carga Nicole, nunca lo serás. Para nadie. Ni para el reino, ni para mí.

Ella ya estaba ayudando a Nicole a ponerse la ropa. La ayudó a sentarse a la orilla de la cama con suavidad y del mismo modo le ayudó a ponerse la camiseta de algodón y la de malla metálica. Era delgada para que no le pesara tanto, pero era parte de su uniforme de soldado. Aunque Nicole no estaba enlistada aún en la guardia real, ya formaba parte de ella. Lo hizo desde el momento en el que Waverly la había elegido como pareja y futura consorte. Le ayudó a ponerse una camisa roja sin mangas con la insignia del lobo rojo en el frente y decidió que dejaría aparte las hombreras de la armadura y los brazales.

La princesa se dio cuenta que Nicole iría a necesitar un masaje en sus piernas para poder caminar con normalidad otra vez. Recordó que Mattie le había dado un ungüento especial para masajes que ayudaría a Nicole a moverse con más facilidad y que lo había guardado como regalo en la mesa de noche al lado de la cama de la pelirroja.

Obligó a la chica más alta a recostarse de nuevo sobre el colchón y le pidió relajarse.

- Será un poco incómodo al principio, pero te hará bien - Waverly le prometió luego de explicarle sus intenciones con el ungüento a base de hierbas - Mattie usa el ungüento para todas las torceduras y calambres musculares en los soldados que lo necesitan y siempre los alivia. Espero que contigo pase igual. - ella miró a Nicole que le devolvía una mirada llena de adoración dolorida. Sonrió - Seré suave, te lo prometo.

Nicole asintió con vehemencia y sonrió con nerviosismo.

- Confío en usted princesa - fue todo lo que dijo ella y concentró todas sus fuerzas en obedecer a su ángel y relajarse. La morena había ayudado a Nicole a ponerse la ropa interior y tenía las piernas de la otra chica estiradas sobre el colchón mientras ella usaba el ungüento y lo esparcía con delicadeza por su extensa piel pálida. Tal y como la monarca había prometido, fue suave pero firme con los músculos doloridos de Nicole y la chica más alta no sufrió tanto con el masaje como pensó que lo haría. Por supuesto, ella no demostró nada de dicho sufrimiento en su expresión para no incomodar a su amada, se concentró en admirar cada movimiento de sus brazos y las expresiones de concentración y encanto de su rostro. Nicole podía perderse en ese hermoso rostro para siempre si se descuidaba.

Ella se dio cuenta que si bien los masajes dolían, eran muy útiles a la hora de moverse o permanecer de pie o de cuclillas por un tiempo.

Lo supo cuando llegó el día de la ceremonia de los guardianes. La ceremonia dónde los pretendientes de las princesas juraban su devoción a sus monarcas y su lealtad de por vida a la Casa Earp. Era la ceremonia que jurarían a Nicole y Xavier como parte de la guardia real de la Casa Earp y como guardianes personales de las dos princesas.

La sala de trono estaba engalanada con banderas del escudo Earp y una fila de soldados de la guardia real estaban apostados a cada lado de los tronos de las princesas, todos vestidos de uniforme de gala, rojo y negro. Todos formados en pose recia y educada velando para que la ceremonia se desarrollase en perfecto orden.

La corte entera también estaba presente y vestida con sus mejores galas. Esperaban que los condes McCready inauguraran la ceremonia mientras Xavier y Nicole esperaban su momento de entrar a la sala de trono, vestidos con el uniforme rojo de la guardia real.

Cuando se abrieron las puertas del gran salón los hermanos se miraron entre ellos y asintieron cuadrándose para entrar a la sala y quedarse de pie al final de la fila de soldados esperando su turno para acercarse al trono.

Nicole intentó con todas sus fuerzas no mirar a ese lugar donde sabía que su princesa estaba sentada, pero no pudo evitarlo. Era algo instintivo en ella, buscar a su ángel con la mirada cuando sabía que ella se encontraba cerca.

Alzó la vista con timidez y casi se atragantó ante la hermosa visión que le entregaron sus ojos. Su pequeña monarca se encontraba ataviada con un elegante vestido rojo que enmarcaba todas sus curvas y cubría su pecho de manera formal. Su cabello estaba trenzado y la cola de caballo que era la trenza estaba acomodada al costado izquierdo de su cabeza. Se veía preciosa y su corona de princesa lucía también muy brillante a la luz de las antorchas que rodeaban la sala de trono.

El corazón de Nicole tronó en su pecho cuando se dio cuenta de lo que venía y rezó para que sus débiles piernas pudieran aguantarla en pie y en una rodilla durante toda la ceremonia. No quería mostrarse débil para corte y menos incordiar a su princesa y a la hermana de ésta en un evento tan importante.

Dolls también estaba embobado de ver a su princesa Wynonna ataviada de un elegante vestido azul que también destacaba sus curvas, ella mantenía alrededor de su cuello su collar favorito y él sonrió recordando cómo había adivinado la clave para sacarla de la cueva antes del desastre del último evento del Torneo de las Tres Coronas que había terminado de manera tan abrupta. Cuando supo que había sido un accidente provocado lo que había ocurrido en la ladera de la montaña, Xavier se juró proteger a las hermanas Earp con más vehemencia de ahora en adelante sabiendo que tenía la energía del dragón de su parte.

Ambos hermanos saludaron con una sonrisa a sus monarcas y ellas respondieron con un leve asentimiento de cabeza. Ninguna de las dos sonrió de vuelta pero los chicos entendieron el motivo de tal seriedad. Los condes McCready hicieron su aparición en la sala de trono, vistiendo de gala púrpura y con ello se dio comienzo a la ceremonia de los Guardianes.

El conde Curtis saludó a toda la corte y las princesas con el debido respeto y comenzó su discurso ceremonial, bajo la atenta mirada de todos los presentes en el Gran Salón.

- Esta ceremonia es muy especial, como todos ustedes ya saben - mencionó con seriedad - El Torneo de las Tres Coronas ha terminado de manera abrupta por primera vez en casi doscientos años que lleva realizándose y sabemos que no debió haber terminado así. Con nuestras queridas monarcas heridas, dos héroes casi muertos tratando de salvarlas y tres asesinatos merecidos de tres nefastas ratas que nos han traicionado.

Un tenso murmullo interrumpió la última frase del conde que fue seguida de un mismo tenso silencio. Las hermanas Earp se miraron entre sí con el entrecejo fruncido y lo mismo hicieron los hermanos de St. Jude, que también observaron a las princesas charlar en voz baja. Nicole y Xavier supusieron que estaban hablando de los traidores y ambos desearon haber estado presentes para acabar con esos bastardos por ellos mismos. Pero no eran sus lugares. Aun.

- Por la gracia de Dios eso ya ha pasado - el conde McCready continuó su discurso - Nuestro reino tiene la suerte de tener a un par de sanadoras espectaculares que han sido capaces de sanar a nuestro par de héroes que además han sido los ganadores del Torneo de las Tres Coronas y de los corazones de nuestras princesas.

Las chicas Earp sonrieron a esto y no pudieron evitar mirar a Nicole y a Dolls que las miraban de vuelta con el pecho henchido y una expresión de orgullo en sus rostros que mostraban todas sus emociones. Ambas hermanas se sonrojaron y eso hizo que las sonrisas de los hermanos crecieran aún más.

- Por tal razón - el conde Curtis habló de nuevo - Es que estamos aquí reunidos, honorable corte. Como ya saben todos, cuando nuestras altezas han elegido a sus respectivos consortes, ellos también son elegidos para formar parte de la guardia real de la Casa Earp y los guardianes personales de sus respectivas monarcas. Esta ceremonia es la confirmación de ese rito que también incluye el juramento de ambos de protección y servicio para nuestro reino y nuestras princesas hasta el final de los tiempos.

- Ser parte de la hermandad no es tarea fácil pero sé que nuestros héroes ya han demostrado su valía a esta Casa - McCready mencionó con un dejo de orgullo - Arriesgar la vida por nuestras princesas ya los ha hecho parte de la hermandad y estoy seguro que de hoy en adelante veremos eso de manera constante, no me cabe duda.

Muchas cabezas dentro de la corte asintieron al mismo tiempo a las palabras del conde Curtis y esperaron la parte más importante.

- Dichas estas palabras es que invoco al poder de Dios y todo lo sagrado para hacer cumplir el juramento real de honor, devoción y servicio a nuestras monarcas de la Casa Earp y a nuestro reino. Un juramento real que acompañará a nuestros nuevos caballeros a luchar por lo que es justo, la verdad y el amor a todo lo os rodea. - alzó la mirada y exclamó:

- Señor Xavier Dolls, acercaos.

El chico de St. Jude se cuadró ante la corte y con paso decidido obedeció a la orden del Conde y se detuvo a pocos metros de las sillas de trono de ambas princesas, las saludó a ambas con respeto y se arrodilló cuando el conde Curtis se lo ordenó.

- "En esta noche importante" - McCready recitó -  "Juro mi más absoluta lealtad a la Casa Earp". "Juro proteger al reino de mi princesa Wynonna con todo mi ser y mi corazón" "Juro total devoción a mi amada monarca, protegerla y velar por su bienestar hasta el día que muera".

El Conde McCready terminó el ritual y Dolls lo repitió con toda la seriedad que pudo reunir a pesar de sus nervios.

Finalizado el juramento, Curtis se dirigió a su sobrina Wynonna que se quedó de pie frente a Dolls con la espada Peacemaker en la mano derecha y tocó los hombros de Dolls con la parte plana de la hoja.

- En nombre de Dios, la espada Peacemaker y la Casa Earp, te nombro a ti Xavier Dolls, caballero de la Guardia Real y acepto tu juramento de lealtad y servicio.

- Es un honor, su majestad - el chico moreno respondió con la cabeza gacha sin mirar a su princesa - Un Honor Eterno.

- De pie, caballero - El conde Curtis espetó con seriedad  y ordenó a Sir Holliday a entregarle la espada de guerra y el resto de su uniforme de caballero, una capa negra con el símbolo del dragón, un yelmo, las hombreras y los guanteletes. Dolls vistió las hombreras metálicas y los guanteletes, se puso la capa y guardó la espada en la vaina que Doc también le había entregado, dejando el yelmo debajo de su brazo y se quedó de pie a la derecha del trono de la princesa Wynonna.

Cuando la ceremonia de Dolls terminó le tocó el turno a Nicole así que el conde llamó a su nombre de la misma manera que lo hizo antes.

- Señora Nicole Haught, acercaos.

Nicole, que estaba a atenta a su turno para ser jurada, obedeció a la orden y se cuadró tal como su hermano Xavier y tragándose los nervios, acercándose al mismo paso decidido hasta las sillas de trono. Saludó a las princesas con respeto y se arrodilló cuando se lo ordenó el conde Curtis. El hombre volvió a repetir el ritual de juramento que Nicole tuvo que expresar en voz alta.

- "En esta noche importante" - ella espetó en tono serio a pesar de sus nervios - "Juro mi más absoluta lealtad a la Casa Earp". "Juro proteger al reino de mi princesa Waverly con todo mi ser y mi corazón" "Juro total devoción a mi amada monarca, protegerla y velar por su bienestar hasta el día que muera".

Cuando recitó el juramento, Curtis se dirigió a su sobrina Waverly que tal como lo había hecho antes su hermana, se puso de pie frente a Nicole con la espada Peacemaker en la mano derecha y también tocó los hombros de Nicole con la parte plana de la hoja.

- En nombre de Dios, la Espada Peacemaker y la Casa Earp, te nombro a ti Nicole Haught dama de la Guardia Real y acepto tu juramento de lealtad y servicio.

- Es un honor, su majestad - repitió la chica con evidente emoción en su voz - Un Honor Eterno.

- De pie, dama - McCready ordenó y Nicole se puso de pie, por fortuna, sin tanta dificultad como pensaba en un principio. Sus piernas habían aguantado toda la ceremonia y siguió de pie a la derecha del trono de la princesa Waverly luego de recibir su espada, guanteletes, hombreras y capa roja con el símbolo del lobo que formaba parte de su uniforme de la guardia de manos del Capitán Nedley.

- Ha sido un honor, damas y caballeros de la corte - el conde McCready retomó la palabra - Ser testigo de esta ceremonia tan importante. Como todos saben, es la segunda ceremonia antes de la coronación de nuestras princ-

 

- ¡Están aquí...! ¡Ellos están aquí! ¡Cerca de las puertas...!

El conde Curtis fue interrumpido de golpe otra vez. Toda la corte dejó su atención a él y se dirigió al origen de los gritos. Era el soldado Jeremy Chetri que gritaba casi desesperado algo que pocos estaban entendiendo. Sir Holliday y el Capitán Nedley trataron de razonar con él y lo regañaron por el escándalo pero el chico moreno no tenía tiempo para disculparse.

- Están demasiado cerca, señores - él espetó con nerviosismo mirando a ambos hombres que le devolvían una mirada extrañada.

- ¿Quiénes Jeremy? - le preguntó Doc con premura - ¿De qué estás hablando?

- La banda de Bobo del Rey, sus altezas - él miró a las chicas Earp que fueron custodiadas de inmediato por Nicole y Dolls - La banda de los Revenants se está acercando a palacio y vienen armados. Hasta los dientes.

- ¿Qué...?

 

- "¡Wynonna Earp...!" - una voz gutural llamó en voz alta desde afuera y toda la corte escuchó con espanto una sola amenaza - "¡Esta noche...!" "¡Morirás...!".

Notes:

Todos los errores son míos como siempre y también, gracias por la lectura, los kudos y vuestra paciencia.

Notes:

Muchas gracias por leer.

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