Chapter Text
"Por qué, por qué, por qué, ah…, me duele". Tomó aire, inspirando a toda la capacidad de sus pulmones. "Me duele, el pecho". Con una mano se agarró la blusa, las lágrimas retenidas en sus ojos comenzaron a fluir. Se dio media vuelta.
Ayato venía caminando por el pasillo. "Hinami… vamos... ", paró y abrió sus ojos como platos. Hinami estaba llorando. Con horror buscó hacer contacto visual para entender la razón.
Sus ojos se juntaron, Hinami bajó la mirada. "No quiero hablar de eso". Caminó hacia él. "Ayato… llévame lejos de aquí, por favor".
Impulsivamente tomó su mano, y los dos se fueron corriendo cruzando el pasillo, ignorando al maestro que les gritaba que no se debía correr por ahí. Así, con esa velocidad, las lágrimas de Hinami flotaban, desaparecían de su rostro. Llegaron a los casilleros de zapatos, no había tiempo de cambiarlos. Al pasar dejaron a una atónita Yoriko que alcanzó a notar el rostro de Hinami. Algo había pasado… Y ni su amiga, ni Kaneki aparecían.
Hinami y Ayato cruzaron la puerta tan rápido como sus pies se lo permitieron. Corrieron, lejos, sin destino. Pasaban las calles, los semáforos, uno que otro vehículo les tocó la bocina y ellos sin hacer caso, corrían, de la mano. Ayato se aseguró de sostenerla fuerte, y así no dejarla ir. Hinami lo único que veía era el cabello de Ayato, de color negro y unos matices azules, ondeando al viento, y eso la hipnotizaba de tal forma que a ratos olvidaba lo que había escuchado en aquel salón.
"Hermana..."
"Kaneki-san..."
"Se besaron."
El pecho de nuevo le molestaba, su respiración agitada por tanto correr. No sabía qué más hacer que seguir moviéndose. Así, literalmente moviéndose, quizás podría conseguir dejar atrás a Kaneki. Era mejor de esa forma. De la mano de Ayato seguir avanzando, hacia donde sea que llegase. Lejos de ese lugar, lejos del hecho de que había sido indirectamente rechazada. Touka… no le había dicho nada, en aquella cita… ahora entendía todo. Por qué se veía tan rara, por qué Kaneki había estado tan ausente. Sus miradas entrecruzándose misteriosamente, había pensado que era su imaginación… La verdad se hacía evidente.
Ayato se detuvo de repente. Habían llegado a un puente. El río, estruendoso pasaba velozmente por debajo. Soltó su mano y se dio media vuelta. Quedaron frente a frente. El cielo gris, quería llover, se sentía la tensión en el aire. La estática, el aire pesado, húmedo, costaba respirar.
"Hinami..."
"No...", bajó la mirada, las lágrimas reaparecieron.
Las nubes se cargaban, rozando, chocando cada vez más, las moléculas se iban acelerando, aproximándose.
"¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué estas así?"
"No… no quiero decirlo. No es cierto"
Negación. Un rayo de luz atravesó el cielo, iluminando todo a su paso.
"¿Qué cosa no es cierto?"
"Touka… ¡TOUKA!", gritó, enojada. "¡POR QUÉ! ¡Por qué no me dijiste nada! ¡Eres como mi hermana! Y yo..."
Ayato estaba confundido; ¿qué tenía que ver su hermana en todo esto?
Luego el trueno. Ira. Avanzó hasta la baranda del puente, pasando por el lado de Ayato, ignorándolo. Apoyó ambas manos, apretando aquel pedazo de madera como si fuese a romperlo.
"¡YO LO AMO!", exclamó tan fuerte como pudo, su voz se hizo uno con el trueno.
Los ojos azules de Ayato se iluminaron con el segundo rayo, su cara, desfigurada. Sabía bien que esa declaración no iba para él.
Hinami sintió el deseo de deshacerse de todos esos sentimientos que la herían por dentro. Negociando consigo misma, se dio el permiso de seguir gritando, así tal vez el dolor se fundía en el trueno, se hacía tormenta y se iba lejos, muy lejos. El amor se escapaba por sus labios, se escurría por los dientes, lo escupía, lo vomitaba, hasta quedar sin aliento y sin voz. Sin amor. Rogaba a todos los dioses a los que su madre le obligaba adorar. Más el único dios que adoraba era a él.
"Tú no entenderías sus palabras, en los libros, esas historias, hermana, por favor, te lo suplico, déjame amarlo a mí también", desesperada Hinami buscaba un término medio, una empresa inútil.
Tan inútil como se sentía Ayato en ese momento. De espaldas a Hinami, él también sentía ganas de gritar su amor por ella. Era tarde. Muy tarde. Se sentía en un pozo oscuro, atrapado, claustrofóbico.
Si tan solo hubiese hecho algo antes...
Las gotas de lluvia ya no resistieron más. De pronto una cortina de agua los cubría, los empapaba, estaba fría y sonaba tanto o más que el cauce del río turbulento y color café.
Depresión. Ayato se dirigió donde estaba Hinami, se quitó su chaleco y cubrió su cabeza. Era imposible que no se mojara, era imposible que no sufriese. De todas formas él quería estar ahí, protegerla y soportar su caída.
"¿Lo sabías?", le dijo con dificultad, ahogándose con sus propios suspiros.
"¿Qué cosa?", Ayato seguía pegado en la escena en que ella le declaraba su amor a otro.
"Kaneki y Touka se besaron".
Aceptación.
Incluso si no lo había presenciado con sus propios ojos, había salido de su boca, con convicción. Lo entendía, no necesitaba pruebas, colocando todas las piezas en su lugar saltaba a la vista.
Tan claro como el agua.
Hinami era lejos de ser tan estúpida como para interferir en eso.
Entre ellos.
Ayato guardó silencio, estaba procesando esas palabras. La ayudó a levantarse, la lluvia seguía cayendo a cántaros. Ambos empapados. La tomó de la mano.
"Gracias", musitó, despacio. Lo suficiente para que él la escuchara.
"De nada". Y la llevó a su casa.
En el camino no se dirigieron ni una sola palabra.
Al cerrar la puerta detrás suyo, Ayato cayó rendido en el suelo, sentado contra la pared, apoyó su cabeza en sus piernas. Sus ojos estaban húmedos. Nunca supo si era su cabello mojado debido a la lluvia que goteaba en su rostro o era en realidad otra cosa.
Tanto era el nudo en su garganta que no consiguió retener la pieza de información más importante: Kaneki y Touka se habían besado.
"Tienes razón, Touka", respondió. No dejaba de sentir como le partía el corazón en dos dar esa respuesta. Notaba que era en contra de su voluntad, o mejor dicho de un deseo que jamás iba a ser capaz de cumplir. Ese era un destino que no le pertenecía. Eso era lo que había decidido. "Seamos amigos, entonces", le extendió la mano.
Touka ni siquiera levantó la vista al darle la mano. Se deslizó por la puerta rápidamente. Sentía su respiración agitada, le faltaba el aire. Algo en la garganta le impedía respirar.
"¿Touka?", una voz se escuchó a través del pasillo. Era Yoriko. Se le veía preocupada. "¿Pasó algo? ¿Y Kaneki-senpai?".
Otra vez intuyendo las cosas. La mirada de Touka hablaba por sí sola. Era sombría y llorosa a la vez, así tal cual como las nubes negras cargadas de lluvia.
"Vámonos a casa", le dijo a su amiga.
Yoriko solo asintió con la cabeza, sin hacer ningún ruido.
Dentro del salón seguía Kaneki, apoyado en la pared se deslizó hacia el suelo y cubrió su rostro con sus dos manos. Algo húmedo se escurría por sus dedos. Aguantó sus sollozos. Los guardó para su departamento. Donde llegaría a casa, a estar consigo mismo, aunque sintiese que ya no podía aguantarse. Se odiaba a sí mismo. Necesitaba escribirlo. Era eso o… no se atrevía a pensarlo. Se vio sumido en un profundo vacío, oscuro, frío, solitario.
Si algo de luz había existido en su vida, todo se fue con Touka.
Asimismo se sentía ella. Al llegar a casa estaba oscuro, su hermano se había ido ya a dormir. No tenía hambre, por lo que fue directo a tomar un baño y a la cama. Le costó conciliar el sueño. No dejaba de pensar en Kaneki. ¿Qué está haciendo? ¿Con quién estará ahora? ¿Estará hablando con otra? Su mente divagaba en torno a él.
Kaneki, por su parte, escribía. Escribía, escribía, borraba y volvía a escribir. No tenía ganas de comer, ni de dormir. Escribió toda la noche, una historia, acerca de un hombre que era incapaz de estar con la mujer que amaba, porque se transformaba en una bestia a la cual ella temía, por lo que se alejaba de ella, se iba lejos a aislarse del mundo, escapando del rechazo. Dejó el final inconcluso, sin embargo en su interior lo que realmente quería era que la mujer fuese a por él. Que lo amara a pesar de ser repugnante a la vista.
Cayó rendido sentado en su escritorio. Apoyó la cabeza sobre la mesa y durmió cerca de tres horas. Soñó que Touka lo cubría con una manta en la espalda y que todo lo que se habían dicho era parte de una pesadilla.
Despertó esperando encontrarla, más lo único que vio fue su manuscrito, el sol de la mañana que se asomaba por su ventana, su cama tendida y su manta doblada sobre ella.
Hacía frío, podía ver su aliento al exhalar, mientras caminaba hacia la escuela. Tenía mucho sueño, no había dormido bien pensando en los eventos del día anterior. Apenas se había levantado y comido algo. De repente escuchó unos pasos detrás suyo, a un ritmo rápido, era una persona corriendo. No alcanzó a darse vuelta para ver quién era cuando se asoma por su lado: Hideyoshi.
"¡Touka-chan!", exclamó alegre, "al fin te alcanzo". Recobrando el aliento prosiguió diciendo, "vengo a hacerte una invitación".
Todavía sobresaltada, le costó entender de lo que estaba hablando en un principio. "¿Invitación?", repitió para obtener más información. ¿No será otra cita o si? No estaba de humor para eso, pensó.
"Sí, una invitación. A mi primer partido de fútbol de la temporada. Me gustaría que vinieras a verme", dijo un poco avergonzado. Le costaba hablarle, se sentía intimidado, aunque era bueno ocultándolo.
No era que Touka lo notase de todas formas, tenía su cabeza en otra parte. Tan distraída estaba que sólo aceptó lo que sea que estuviese diciendo. "Okay, ¿dónde tengo que ir?", le preguntó, tratando de sonar interesada. Los deportes no eran lo suyo, francamente le aburrían, más no por eso iba a rechazar la invitación, podría ser bueno ocupar la mente en otras cosas que no sean… Kaneki.
"Es a las 6 pm, en la cancha de fútbol de la escuela. Sólo durará 90 minutos, así es que no va a interferir con la práctica del club de música libre", le sonrió. Touka iba a verlo jugar, eso lo hacía inmensamente feliz.
"Ah… el club... ", se le había olvidado por completo. Aún no se acostumbraba a su nueva rutina. "Está bien", finalmente le dijo, "no hay problema, quizás los demás se animen a ir también".
"¡¿En serio?!", exclamó emocionado. "Sería estupendo", añadió, "me encantaría verlos a todos apoyándome a mí y a mi equipo, me sentiría bastante honrado al tener a todo el club de música ahí".
"Eres parte de nuestro club de todas formas", dijo Touka, "aunque no figures en el papel".
"Gracias, Touka-chan", se veía bastante emocionado por sus palabras. Touka lo reconocía como parte de su grupo, eso tenía que ser alguna clase de avance en su cruzada por conquistarla. "Los espero a todos a las 6, entonces, ¡no falten!", se fue corriendo en dirección a la escuela, sin mirar atrás, temiendo que Touka se arrepintiera y le dijese que no.
Había llegado temprano hoy, como siempre, se preparó un café en la sala de profesores, se sentó en su escritorio y revisó que todo estuviera en su lugar. Tenía la suerte de sentarse en frente de la ventana, era una mañana bastante fría. Observando el paisaje por un momento recordó sus propios días de escuela, donde la vida parecía llevarse tan ligeramente. A pesar de tener más responsabilidades que el resto, en el cuidado de la casa, dado que su padre trabajaba todo el día, fue una época feliz, junto a Maris Stella. Tampoco era de muchos amigos, así es que su gata era todo para ella.
Recordó que debía comprarle más comida, se estaba acabando en casa. Tomó las copias de las guías que debía entregar en clase para ordenarlas y de repente entre ellas un papel destacaba por sobre los demás. Al quitarlo del montón vio que era un documento dirigido a Amon Koutarou. Su expresión cambió de serena a enojada en un segundo. De nuevo, Amon mezclando sus cosas con las suyas… Ya tenía suficiente con la mala suerte de tener su puesto al lado de él, para más remate tener que soportar su desorden.
Se escuchó la puerta corrediza abrirse. "Buenos días, Mado-sensei".
"Justo a tiempo, Koutarou", le respondió con desdén. Dicho esto se puso de pie y le mostró el documento. "¿Podrías ser un poco más ordenado con tus cosas y no mezclarlas con las mías?".
Amon, avergonzado por ello, se disculpó, "lo lamento, no fue mi intención…", y continuó " ¡Ah!, hoy día me encontré con tu padre en el tren", cambiando de tema abruptamente; guardó el documento junto con otros papeles en su escritorio. De su maletín sacó un objeto y se lo entregó a Akira. "Me dijo que te diera esto como regalo, pero que no dijera que venía de su parte, sino que mía. La verdad, no entiendo por qué Mado-san me pidió eso, no soy muy bueno mintiendo así que..."
Amon no paraba de hablar dando explicaciones. Akira en realidad no lo escuchaba para nada, ahora la avergonzada era ella. Lo único que podía escuchar era su corazón acelerándose y su pulso bombeando sangre hacia sus mejillas. "Papá… por qué". No lograba entender cómo Amon y su padre eran tan buenos amigos. Desde que Amon hizo su práctica profesional con Mado-sensei antes de retirarse, seguían en contacto. Más que nada, Amon consideraba a Mado como su mentor, por esto le pedía consejo frecuentemente.
Por su parte, Mado consideraba que su pupilo era un espléndido partido para su hija. Qué mejor yerno que su propio discípulo, un día le comentó a Akira. Nunca fue una preocupación el tener pareja para ella, se sentía bastante autosuficiente, sin embargo su padre temía que algún día pudiese fallecer y dejarla sola. La proposición de su padre no le hizo mayor ruido hasta que escuchó el nombre del discípulo: Amon Koutarou, su molesto colega. Prefería adoptar otro gato antes que tenerlo de novio a él.
Naturalmente, su padre hizo oídos sordos a sus reclamos y cada que tenía oportunidad de actuar de casamentera lo hacía. Esta era una de esas oportunidades. Por supuesto, Amon era tan denso que la única que se daba cuenta de ello era Akira.
"Me parece que es algo para Maris Stella", finalizó Amon su eterna perorata.
Si era algo para su gata, Akira no podía rechazarlo, aunque viniera de parte indirecta de Amon. Su padre la conocía bastante bien.
"Bien jugado, papá", musitó para sí y abrió la pequeña caja. Era un pequeño pez en un anzuelo, de muchos colores.
"Es lindo", agregó Amon y Akira sólo asintió.
"Ah… Se me olvidó algo más. Toma.", era una pequeña bolsita con un lazo. Akira sorprendida, lo desató y en su interior se encontraba un llavero de un gatito igual a Maris Stella.
"Iba por la estación y estaba allí colgando, me llamó mucho la atención por su gran parecido a Maris Stella. Pensé que podría gustarte", añadió tan serenamente, tan estoico como siempre. La única que se sentía nerviosa era ella, eso le enfadó. Se dio media vuelta para observar bien el colgante, era muy lindo. De haberlo visto ella, también lo hubiera comprado. De verdad, era idéntico a Maris Stella.
"¿No te gustó?", le preguntó, esperando alguna reacción de parte de ella.
"Es lindo", dijo finalmente, "aunque no es tan lindo como Maris Stella".
"Tienes razón", respondió, "es difícil imitar la belleza de Maris Stella y plasmarla en un llavero. Quizás lo más apropiado sería tener una foto de ella en vez de una figura, si quieres puedo devolverlo... "
"¡No!", exclamó Akira, sin pensar, "me lo quedo", dicho esto se lo guardó en el bolsillo. Al darse cuenta de su reacción tan inesperada levantó la vista. Amon estaba sonriendo.
Nunca antes lo había visto así. Sintió algo cálido en su pecho. "¿Qué es esto? ¿Por qué está tan feliz… no entiendo?", estaba confundida.
"Me alegro que te guste tanto como a mí", Amon seguía sonriendo y Akira no podía quitarle los ojos de encima.
Su padre estaría contento con esto. Al final la estrategia funcionó de forma inesperada.
Un alumno abrió la puerta de la sala de profesores interrumpiendo el momento digno de un dorama. Al presenciarlo el pobre quedó más sonrojado que todos los demás profesores dentro de la sala. Ambos, encerrados en su burbuja, no se dieron cuenta de todos los espectadores a su alrededor.
Akira al hacerse consciente de esto se sonrojó como nunca lo había hecho en su vida. "Ese idiota de Amon, me las va a pagar algún día", dijo para sí con la mano en el bolsillo sintiendo el llavero. "Idiota..."
"Akira-sensei, necesito hablar con usted", le pidió el avergonzado estudiante. "Dime", le dijo y ambos se sentaron en su escritorio.
"El club de literatura necesita de su ayuda, sensei. Tenemos un grave problema".
"¿Qué ocurre?", preguntó, intrigada. No entendía qué tenía que ver ella, una profesora de matemática, con la literatura.
"Nuestro profesor encargado del club se retiró este año y si nuestro club no tiene un encargado, tendremos que disolverlo… ¡Por favor, Akira-sensei!", arrodillándose ante ella le suplicó, "¡sea nuestra encargada del club y evite la disolución del club de literatura!".
Akira no alcanzó a responder cuando la puerta deslizante volvió a ser abierta, esta vez por el mismísimo director de la escuela, Arima.
"Ah… Akira-kun, veo que ya se me adelantaron".
El avergonzado alumno se paró enseguida y le pidió disculpas al director por haber gritado. "Esta bien", dijo él, "yo tampoco quiero que el club de literatura se disuelva tan abruptamente. Así es que, Akira-kun, ¿podrías aceptar la petición? esta vez de parte mía".
Ciertamente, viniendo de parte del director, era casi imposible negarse.
Las clases habían finalizado y por fin era hora de irse a casa… o casi, todavía faltaba asistir al club de música. Touka había estado pensando en ello todo el día, tenía ganas de tocar sus instrumentos que ella misma había traído desde su casa con ayuda de Yoriko. Ya habían terminado de instalar bien casi todas las cosas. Lo único que quedaba era encontrar alguna oportunidad de presentarse en vivo.
"¿El festival escolar?"
"Sí, el festival escolar. ¿No te parece que es la mejor idea del mundo?", le dijo Yoriko, orgullosa de su brillante idea.
El festival escolar se acercaba a pasos agigantados, quedaban tan solo dos semanas.
"Mmm… no estoy segura, con tan poco ensayo… no lo sé"
"Ah… ¡Vamos, Touka-chan! Es nuestra oportunidad de mostrarnos frente a un público más o menos grande… como banda, nuestro... ¡nuestro debut!", repetía entusiasmada tratando de convencer a su amiga.
"Nuestro debut, uh…", pensó en voz alta, "no es mala idea…", le dijo, "pero, primero ¿dónde rayos está Hinami?", no la había visto en todo el día… lo cual era extraño… por ser vecinas siempre se encontraban camino a la escuela, o en la cafetería cuando olvidaba hacer su almuerzo. Hoy, nada.
"Quizás está en el club de literatura… escuché que tenían problemas con el profesor encargado…"
"Ah… bueno…" se convenció de que ese era el motivo, además, tampoco había visto a Kaneki por aquí… no es que lo estuviera esperando, es sólo que el club se sentía un poco vacío. "Entonces no vamos a poder ensayar hoy día tampoco… ", suspiró decepcionada. Tenía muchas ganas de tocar hoy día.
"Mmm… para aprovechar el tiempo… ¡Podríamos planear nuestra actuación! Tengo muchas ideas sobre el vestuario y también sobre la decoración de la escena..."
"¡Espera!", la detuvo parándose intempestivamente, golpeando la mesa.
"¿Qué?", perpleja, Yoriko no entendía por qué Touka había gritado de esa forma.
"Falta lo más importante… piensa Yoriko, ¿qué es lo más importante de una banda?"
"Mmm… un buen… ¡VESTUARIO!", respondió, emocionada, para ella la imagen era lo más importante, así como en la cocina, ¡lo más importante es la presentación!
"¡EL NOMBRE YORIKO, EL NOMBRE!", no podía creer cómo se habían olvidado de algo tan crucial como el nombre… lo peor de todo era que no se le daba bien ponerle nombre a las cosas. Todas esas posibilidades… ¿por qué el idioma japonés tenía que ser tan complicado?
"¡El nombre! Oh…", estaba tan empedernida con la idea del vestuario que olvidó por completo que toda banda necesita un nombre que la identifique, que llame la atención y la haga destacarse del resto, "¿Y cómo podríamos llamarnos?".
"No se… deberíamos verlo con Hinami de todas formas", sabía que Hinami era buena con las letras, por algo pertenecía al club de literatura… de seguro ella tendría muchas mejores ideas que cualquier cosa que se le pudiera ocurrir.
"Mmm… a ver… ¿Qué te parece algo con Rabbit? Después de todo ese es tu pseudónimo de DJ ¿o no? Algo bonito, que sea tierno y dulce como el azúcar… ¡Sugar Rabbit!"
Sí, Touka y Yoriko estaban irremediablemente perdidas sin las habilidades literarias de Hinami. "Yoriko, eso definitivamente no… suena como un anime para niños"
"Ahh, ¡qué mala eres, Touka-chan!", le reprochó haciendo un puchero.
Yoriko era demasiado adorable para su propio bien.
De repente se sintió un golpeteo en la mesa.
"Ah… mi teléfono", Touka se apresuró a ver el mensaje que le había llegado.
Al leerlo su rostro palideció.
"¡Oh, mierda! ¡el partido de fútbol!"
Le había insistido tanto que al final terminó yendo. Recién salía de una reunión extraordinaria en el club de literatura, el maestro encargado había jubilado, por lo que asumía el puesto nada más y nada menos que su profesora jefe. Todos estaban felices por ello, él, no tanto. Al final de la reunión Akira preguntó quién era Kaneki Ken, todos los ojos se habían puesto sobre él, haciéndolo sentir muy incómodo. Para su mayor sorpresa, Akira le entregó el siguiente mensaje: el director quería verlo. ¿Para qué sería? Ni idea. ¿Había hecho algo malo? No lo sabía, repasó mentalmente toda su vida estudiantil buscando alguna falta e incluso todo lo demás, por si acaso. Nada, ninguna cosa con lo que pudiesen inculparlo. Entonces… ¿por qué el director quería hablar con él? Akira no le dio ni siquiera una pista. Probablemente ella tampoco sepa, pensó.
Caminando hacia el campo de fútbol, apuró el paso, iba tarde. Hide lo mataría si no iba al primer partido de la temporada, que para buena suerte de su amigo, salió sorteado contra el equipo más débil del campeonato. Era pan comido y Hide quería brillar. Iba a ser todo un show y por supuesto que no se lo podía perder.
Todos estaban emocionados por ese partido. El equipo de fútbol de su escuela era muy famoso, debido los métodos espartanos de entrenamiento de su capitán habían llegado lejos. El año pasado habían ganado el segundo lugar y este año, el último de Hide, aspiraban a la gloria.
Por eso Hide quería tener como amuleto de la buena suerte a todos sus amigos en las gradas animándolo, en especial a Touka-chan.
Que todavía no llegaba.
Ya estaban terminando el primer tiempo e iban uno a cero a favor. El primer gol lo había metido él mismo, deseaba que ella estuviese allí para celebrarlo.
"Touka, ¿dónde estás?", se preguntaba.
Iba corriendo, junto con Yoriko, Hinami y Ayato. A los dos últimos los había pasado a buscar al club de literatura. He ahí el por qué de la tardanza. Corrieron lo más rápido que pudieron, sin embargo el primer tiempo ya casi acababa.
Kaneki, por su parte, ya había llegado. Estaba parado a un lado de la cancha, ya que todas las gradas estaban ocupadas. Levantó su mano para saludar a su amigo, Hide se alegró de verlo, por fin. Por el lado opuesto a Kaneki venían Touka y los demás.
Sin querer, Hide y Touka cruzaron miradas.
Hideyoshi se distrajo por un segundo. Un pase dirigido hacia él pasó volando por sobre su hombro a una gran velocidad.
Kaneki alcanzó a percibir esto. Se dio cuenta que la pelota iba en dirección hacia...
"¡Touka-chan, cuidado!", gritó Yoriko, asustada.
Le dio un tirón, más no alcanzó a moverla de la trayectoria del balón. Ya era tarde, su amiga había sido herida en la cabeza…
O eso pensaba al verla en el suelo. No estaba inconsciente, sino que arrodillada, gritando.
"¡Kaneki! ¡Tonto! ¿Por qué te pusiste en medio? ¡Responde!", desesperada Touka intentaba despertarlo. No abría los ojos.
En último momento se había interpuesto entre ella y el balón para que no la golpease. El impacto fue tal que su nariz sangraba y su ojo izquierdo se estaba empezando a hinchar.
"¡Tiempo!", gritó Hide para ir en ayuda de su amigo.
Él y Touka ayudaron a cargarlo hasta la enfermería.
Hinami y Ayato sólo observaban perplejos la escena. La cara de preocupación de Touka había convencido a Hina, entre ellos dos había algo. Seguía doliéndole, no podía evitarlo. Aún así estaba preocupada por Kaneki, lo iría a visitar después… o quizás no era buena idea. Ayato no entendía nada. Su hermana se veía demasiado angustiada por ese sujeto, ella no solía comportarse de esa forma. Volvió su vista hacia Hinami; tenía exactamente la misma cara que su hermana.
Ese era el tipo al que Hinami amaba. Los celos florecieron en su interior como maleza. La amargura del desamor lo envolvió y decidió irse a su casa. No tenía nada más que hacer ahí.
Para cuando Hinami se dio cuenta de su ausencia, Ayato estaba lejos. Ni siquiera se despidió. Decidió ir a buscarlo. No quería estar sola en esos momentos. Intentó alcanzarlo recorriendo todo el camino hasta su casa, más no lo encontró por ninguna parte.
"Debe haber llegado ya a su casa", pensó y se fue directo a la suya.
Ayato hubiera deseado que su persecución llegase más lejos. Al parecer no lo valía tanto como ese tal Kaneki Ken… Hinami no lo consideraba tan importante, al lado de ese tipo era irrelevante para ella. Con esa amargura prendió su consola de XboX y se dedicó a jugar para distraerse.
Si tanto no le importaba, entonces daba lo mismo si le hablaba al día siguiente ¿o no?. Decidió que al fin y al cabo ya podía estar por su cuenta. Debía dejarla ir. Era lo mejor para ambos. Siempre habían estado pegados, desde pequeños. Ella ya no era esa niña indefensa a la cual debía proteger. Podía valerse por sí misma; él era una suerte de guardaespaldas. Su función había terminado.
Ya sus servicios no eran necesarios.
El partido continuó sin novedades. Desde la enfermería Touka podía escuchar los gritos de aliento, el show debía continuar. Ya la enfermera había hecho las debidas curaciones y solo faltaba que Kaneki despertara para poder seguir atendiéndolo. El golpe había sido bastante fuerte.
¿Por qué lo había hecho? No entendía qué tan estúpido podía llegar a ser… Además, después de lo que habían hablado la otra vez, su relación se sentía más lejana que nunca.
Entonces… ¿Por qué?
"Por qué eres tan tonto, Kaneki Ken", le susurró mientras acariciaba su rostro, le ajustó su parche en el ojo. "Pensar que eso podría haberme pasado a mí… Te hubieras puesto de espalda… así no te llegaba en la cara...", suspiró, "si te haces el héroe de esa forma por cualquiera que esté en problemas te vas a terminar matando".
"Tú no eres cualquiera", pensó. Escuchaba cada palabra, se estaba haciendo el dormido, no sabía cómo enfrentarla. Lo que había hecho, lo hizo automáticamente. Su cuerpo se movió por sí mismo.
"Cuando te vi en el suelo inconsciente, me di cuenta de algo, fue como una señal", le hablaba suponiendo que no iba a escucharla, así que decidió ser sincera, se preparó para decirlo, "en realidad, lo que dije la última vez, no es lo que realmente siento".
Kaneki se estremeció al escuchar eso, sintió cómo el alma le volvió al cuerpo.
No era cierto, ella no quería que sólo fueran amigos.
"Pero, tú aceptaste tan rápido, como si no te importara en lo más mínimo, nada de lo que te digo te afecta ¿no es cierto?. Después de todo, ni siquiera me reconociste cuando nos encontramos esa noche en la fiesta. Y te vi, besándote con ella… Claramente le intereso a Hideyoshi, me invitó a una cita, a la que tú fuiste con Hinami… No me gustaría que mi hermana menor anduviera con alguien como tú, que se besa con cualquiera… Kaneki… te detesto, pero entonces por qué… me siento así...", se detuvo, sintió un nudo en la garganta formándose.
Todo eso era un gran malentendido, no sabía cómo decírselo, sin sonar como un idiota desesperado. En primer lugar nunca debió haber escuchado lo que Touka acababa de decir. Se suponía que estaba durmiendo… Las ganas de responder lo carcomían por dentro.
Touka se levantó de su asiento, si seguía allí no iba a poder aguantar las lágrimas que querían salir. Recordar todos esos malos momentos, sólo hacían parecer su intento de beso más patético de lo que ya era. Ella era la arrastrada, que intentaba forzar algo que simplemente no iba a ser.
Ya era tiempo que lo entendiera.
Aprovechando la oportunidad Kaneki abrió los ojos, vio que Touka estaba de espaldas y se levantó de la cama. Lo hizo de forma tan rápida que, todavía mareado por el golpe de antes, no midió bien las distancias y terminó sobre ella, abrazándola por la espalda.
Al sentir esto, Touka se asustó y lo empujó, y así Kaneki terminó en el suelo, otra vez.
"¡Kaneki!", sorprendida por su mala suerte se agachó a ver si estaba bien.
"¡Perdóname, Touka!", exclamó, olvidando que Touka no tenía idea que él estuvo despierto todo el tiempo.
"¿Qué dices?, si fui yo la que te tiró al suelo de nuevo… ven", lo ayudó a levantarse, "todavía debes estar mal de la cabeza por el golpe, deberías recostarte un poco más".
"No, estoy bien, en serio", en su interior se alegraba de que Touka se preocupara tanto por él. Tal vez podría fingir que estaba más adolorido para que siguiera cuidándolo… ¡No! Kaneki, concéntrate, tienes que decirle… "Touka-chan", comenzó.
"¿Mmm? ¿Necesitas algo?"
"Sí, tengo que decirte algo"
Touka no tenía ni idea qué podría ser eso.
"Lo que pasa es que yo-"
"¡KANEKI!", azotó la puerta tan fuerte que Kaneki y Touka saltaron de sus puestos del susto. "¡Estás vivo! ¡Gracias a Dios! ¡Pensé que estabas muerto, estaba tan preocupado!"
Hide se veía realmente aliviado. Sentía culpa por distraerse y no ver ese pase. Podría haber lastimado a Touka-chan. Por suerte, Kaneki fue más rápido y logró protegerla, a costa de su vida, o eso se imaginaba él. Conocía el impacto de los pelotazos de sus compañeros.
Detrás de él, venía todo el equipo de fútbol a pedirle disculpas, de un momento a otro la enfermería estaba llena de gente.
"¡LO SENTIMOS MUCHO, KANEKI-SENPAI!", todos le hicieron una reverencia y el jugador que le tiró el pelotazo lloraba a mares de vergüenza por haberle hecho eso al mejor amigo del capitán, sabía que lo pagaría caro después.
"¡NAGACHIKA, OTRA VEZ TÚ CAUSANDO PROBLEMAS EN MI ENFERMERÍA!", la enfermera acababa de regresar con más suplementos para atender a Kaneki, no le caía muy bien Hideyoshi, siempre causaba estragos cada vez que estaba de turno, la tenía cansada.
Con tanto ruido y gente alrededor era imposible seguir conversando. Al ver que Kaneki estaba bien acompañado, Touka prefirió irse a su casa. Al verla ir, Kaneki quiso detenerla, intentó llegar a ella cruzando entre el mar de gente, sin embargo ya era tarde y la enfermera tenía que atenderlo de nuevo.
Lo volvería a intentar. Algo dentro de él había cambiado. Quizás fue el golpe en la cabeza o su reacción inesperada. Tal vez las palabras de Touka. No lo sabía, lo único que entendía era que ya no podía seguir así, negando sus sentimientos y dejando que Touka lo odiara de esa manera, quería cambiar, enmendar todo lo mal que había hecho.
Ese golpe fue una señal, de que no debía ser tan duro consigo mismo. No era justo ni para él, ni para Touka, tampoco para Hide.
Si tenía que enfrentarse a su mejor amigo, lo iba a hacer. Aunque eso significara un quiebre en su amistad.
