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Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2016-02-08
Updated:
2018-01-16
Words:
19,124
Chapters:
6/?
Comments:
1
Kudos:
7
Hits:
143

Bienvenida a la sociedad

Chapter 6: Una vez que te toque

Notes:

Título: Bienvenida a la sociedad

Sumary: —Oh, ya veo. Eres una rara, ¿verdad? Nadie te quiere hablar. Sí que tienes suerte Hinata, aún tengo que hacer mi buena acción del día y yo te voy a enseñar. Mi nombre es Namikaze Naruto. Bienvenida a la sociedad.

Advertencias: Universo Alterno/Un poco de OoC/Amor Lento/Conceptos de psicología.

Pareja: NaruHina

Cantidad de palabras: 3,401/Cortesía de Magic Word en complot con Microsoft para hacernos creer que de verdad hay esa cantidad de palabras en el capítulo.

Disclaimer: Naruto no me pertenece, todo registro legal y de derechos son de su autor Kishimoto. Y el NaruHina :3

Advertencias: Varias menciones de conceptos de psicología. Probable aburrimiento mientras los leen.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

[Existen muchas razones por las que una persona puede presentar síntomas de depresión y ansiedad, por lo que nunca hay que decantar directamente por un diagnóstico en una sola sesión. Se recomienda a los terapeutas analizar con cuidado los síntomas, y procurar descartar que los efectos sean a causa de hábitos insalubres y/o sustancias tóxicas.]

Los gritos escandalosos y murmullos altisonantes llenos de cotilleos eran parte ya de la rutina al medio día, en la cafetería de la escuela Konoha, en la ciudad de Tokio. Los miles de estudiantes que se aglomeraban en el área común a la espera de una mesa se entretenían conversando sobre diferentes temas, a los que aparentemente nadie prestaba atención.

Hinata se mantenía observando de primera mano cómo los rumores que se extendían, formando una tan valiosa como peligrosa red de información, a salvo de la multitud que tanto detestaba, gracias al cielo su presencia se difuminaba perfectamente en la sombría mesa de la esquina derecha, dónde incluso el escalón más bajo del sub mundo, los llamados nerds, evitaban estar a toda costa.

Un sitio perfecto para su único propósito.

No eran muchos los días en que tenía las fuerzas suficientes para soportar tal atosigamiento, no era una chica muy sociable y prefería pasar desapercibida la mayor parte del tiempo, pero lamentablemente su situación actual la obligaba a ello. Apoyó sus mejillas en ambas manos, resignada a pasar el resto de la hora de almuerzo atrapada con una de las cosas que más detestaba, las multitudes.

—¡Y entonces le dije que no se me acercara! —exclamó una voz femenina al pasar cerca. —¡Odio a los bichos raros como tú!

Por el rabillo del ojo veía como a unos cuántos metros la chica más popular del tercer grado hablaba de citas y cosméticos con tono egocéntrico, mientras a sus espaldas sus seguidoras mascullaban entre ellas con muecas de burla y desdén.

—Por favor, que esto termine rápido… —masculló para sí misma.

Un grupo de alumnas de primer grado se reían en privado de una broma en la que señalaban a la mesa de los del club de gastronomía disimuladamente y los atletas más destacados en deporte mantenían el bullicio más alto, con bromas pesadas entre ellos y palabras nada decorosas para hablar de chicas.

La sociedad era un infierno. Exhaló frustrada, tratando de deshacerse de los molestos sonidos.

Si ella lo deseara, con afinar su oído podía enterarse de secretos comprometedores que causarían un escándalo en la pequeña estructura. No era particularmente una persona sociable y mucho menos le gustaba enterarse de cada acontecimiento como si fuera una chismosa, pero lamentablemente su crianza en la familia Hyuuga le había formado para manejar la información como un arma de doble filo que no debía ser minimizada.

Su padre no la consideraba una mujer de talento alguno, sin embargo, la genética a veces superaba con creces los límites que se había impuesto y sin querer, cuando menos lo esperaba, ella ya estaba en posesión de debilidades, cualidades y gustos al vagar como sombra por los pasillos. Por eso sabía de Naruto, por eso aún seguía conectada al mundo.

Era una de las consecuencias de que observar a las personas fuera uno de sus pasatiempos favoritos al no poder convivir con ellos.

Tenía el poder de doblegar alumnos, hacer caer a ídolos y chantajear incluso al consejo, sin embargo ella prefería mantenerse en un bajo perfil, tomándolo como un desafío a futuro.

A su pobre y mísero futuro.

La escuela era como un campo de entrenamiento para la batalla que debería librar cuando fuera un adulto. El mundo real. La empresa que se supone debía heredar. Una familia que no la deseaba y el destino incierto que le esperaba.

Sabía que era posible para ella no sobrevivir a la encarnizada guerra por las posesiones de la familia Hyuuga, vivió toda su infancia siendo advertida de ello. Si la junta no la consideraba lo suficientemente capaz para tomar el control, todo el esfuerzo de su padre podría terminar en manos de otra familia como mínimo, si tenía suficiente suerte.

Su gesto se redujo a una expresión desesperada. La gente normal no se preocuparía de ello. Los jóvenes de su edad platicarían sobre la tarea, lo mal que les caían los profesores, el chico guapo de otro grado y lo que harían a la salida.

A veces le gustaría ser como ellos y no llevar la carga de cinco generaciones encima, pero era imposible, no podía simplemente renunciar pues el tiempo escaseaba para ella. Su padre estaba siendo forzado a jubilarse prácticamente cada semana y apenas estaba resistiendo los embates, su primo más un peligroso rival para el puesto desde la muerte de su padre y Hanabi simplemente no tenía la edad necesaria todavía para hacerse cargo.

Odiaba la idea de no tener a nadie de su lado por culpa del maldito dinero y odiaba aún más el tener que competir con su propia familia por ello. Quizás era por eso que se sentía débil, insegura, temerosa. Si fallaba, no era únicamente su vida al que pendía del hilo, sino el bienestar de su padre y su hermana. No podía andar a tientas en la oscuridad.

Y sobre todo…

—¡Hinata-chan!

El ensordecedor grito rompió con todos los parámetros del ambiente establecido.

Tomó sus cosas y empezó a correr lo más rápido que su condición le tenía permitido. Quería un amigo, desesperadamente necesitaba uno, pero…

No podía ser Uzumaki Naruto.

OoOoOoO

El rubio aceleró su paso en cuánto la vio huir con su almuerzo. Los estudiantes abrieron camino de inmediato, permitiéndole alcanzarla antes de que pudiera salir por la puerta que daba al patio. Algunos con miradas burlonas y otros más con el brillo del consentimiento al escándalo que los entretendría hoy. Aunque regularmente sus acciones no pasaban del todo desapercibidas, tampoco era su estilo ir ocasionando escenas que provocaran chismes exagerados por toda la escuela.

—Hey Hinata, ¡teníamos que comer juntos! —proclamó en alto, con la voz entrecortada por los jadeos propios del agotamiento.

Había tenido que buscarla en cada rincón de la escuela antes de hallarla en el lugar menos esperado, la cafetería. Sus labios dibujaron una sonrisa socarrona sin pretenderlo, podía ser tonto, pero no era estúpido, era bastante obvio que la chica había huido a ese sitio con la esperanza de no encontrarlo.

Con cuidado hizo presión en la muñeca que sostenía, consciente esta vez de que podría lastimarla. Además de que no quería verse como un abusivo, reteniendo a una chica contra su voluntad, aunque esa fuera la cruel realidad.

Aparentemente ella conocía sus hábitos, pero jamás había contado con que él podría averiguar los suyos. Había descubierto que esa chica tímida ocultaba una terrible habilidad analítica que usaba a conveniencia. Una especie de Shikamaru femenina y retraída, que temía a todo y a todos.

Cada vez estaba más seguro de querer ayudarla.

Y de paso era divertido meterse con ella.

—N-Namikaze-kun, lo siento, yo…—murmuró ella con tono nervioso, las mejillas tan rojas como el cabello de su madre y por un segundo se descubrió tentando a tocarlas. Le resultaba curioso el color, la forma en que sus pómulos resaltaban y como su mirada se tornaba vidriosa, al punto de verse reflejado en sus ojos extraños.

Hinata era una chica rara, pero muy interesante.

—Oh, no te preocupes —dijo de pronto, interrumpiéndola. Apenas podía contener la risa en su voz y, aparentemente, la chica pudo notarlo porque su ceño se frunció en sospecha. —No sé cómo no había pensado que me esperarías en la cafetería, ¡a veces soy tan despistado! —Lentamente acercó su rostro hasta quedar a su altura, entretenido en sus ojos temerosos y los leves balbuceos inentendibles. —Porque eso hacías… ¿verdad? Me estabas esperando…—preguntó burlón, atestiguando como esos orbes blancos pasaban del enfado a la completa incredulidad en menos de un segundo.

—Yo…

Cuando ella estaba a punto de darle una respuesta el timbre sonó, terminando con su charla.

—Es una lástima, ¡por suerte le robé a Sasuke un pan! —y el rubio de movió, con ella aún sujeta por la muñeca, arrastrándola en el camino. El resto de estudiantes hicieron lo mismo, vaciando con rapidez el comedor. —Debemos apresurarnos, las clases han empezado y encontré algo que enseñarte dattebayo.

La pelinegra asintió en silencio como única respuesta, frustrándolo.

Bueno, no debería esperar demasiado si la había obligado, pero al menos quería oír una respuesta negativa. Un "no", "déjame en paz" o algo por el estilo.

Lo que sea, pero que hablara.

Tenemos mucho que trabajar…

OoOoO

[Según un estudio de Prinstein se encontró que los menores que poseen amistades depresivas son más proclives a ello. El estudio se centró en todas las variantes, y curiosamente, incluso los adolescentes sin amigos son mucho menos propensos a la depresión que aquellos que cuentan con amistades de pensamiento negativo, irritabilidad y desgano.

Otro estudio efectuado en el 2010, en el que se analizaron a niños desde los once hasta los trece años determinó que la depresión se relaciona con la baja autoestima, y el 75% de ellos la padecen.

Los amigos depresivos pueden inducir la sintomatología, sin embargo, el tener amigos bien adaptados puede llevar a mejorar el auto concepto y la validación personal.

Esta experiencia puede ser tan fuerte como para ayudar a superar un trauma y un sistema de seguridad que protege incluso contra factores de riesgo familiares…]

Era cruel. Terriblemente malvado, espantoso y agotador.

Había intentado de todo, desde ignorarlo, manipularlo (lo que era increíblemente fácil hasta para ella misma), huir y hasta esconderse en los baños, sin embargo de algún modo él seguía encontrándola. Era capaz de correr hasta ella desde la puerta de entrada, entrar al baño de mujeres para saludarla, esperarla en una esquina sigilosa para asustarla y seguirla de cerca hasta que lograba entrar en la limosina.

La situación había llegado al punto en que se corrían rumores de que Uzumaki Naruto la acosaba en la escuela, cada uno más exagerado que el otro y algunos incluían la fantasiosa historia romántica donde se había enamorado de ella. Hinata no les creía y a veces dudaba. Ninguna persona en su sano juicio cometía semejantes locuras sin razón, pero en cuánto sus hermosos ojos azules brillaban maliciosos en su dirección sabía que si a él le gustara no sería perseguida de ese modo por los pasillos.

Gracias a él su vida se había puesto de cabeza, había pasado de un cómodo y sustentable anonimato a ser la fuente de cada chisme que corriera en los pasillos, de la anonimia total a ser señalada como la zorra frígida que se atrevía a rechazar a Naruto y la pobre chica acosada por él.

Lo peor de todo es que no podía decirle que no.

Abría la boca, se le trababa la lengua y terminaba por hablar en un idioma extraño que nadie era capaz de entender. No le servía mirarlo molesta, asustada o fingir indiferencia, Naruto no la dejaba en paz, incluso si extrañamente sus compañeros hacían el papel de defensores, terminaban de alguna manera enredados en sus monólogos alentadores sobre tenemos que ayudar y la amistad a los que terminaban cediendo tarde o temprano.

Nadie era capaz de ver el mal que le hacía Naruto al intentar ser su amigo.

Nadie podía entender el verdadero significado detrás de ella, de la noche que la había marcado y la presión a la que estaba sometida. Le gustaría ser una chica normal, con sueños ligeros y el tonto anhelo de un amor escolar como la mayoría de sus compañeras…

Dejar de temer por el presente, el futuro y su aberrante pasado.

A veces, tenía el deseo de confiar.

Pero no podía, no debía, ese hombre se lo había dicho y cada palabra suya se hubo convertido en una cruda realidad.

A más de una semana de ser arrastrada en el comedor no había conseguido decirle que se alejara, y al parecer él tampoco había captado su mensaje, más por el contrario, parecía disfrutar ponerla en apuros. Cualquier persona normal se hubiera rendido hace mucho, por menos que una frase sus compañeros en primaria la habían aislado el resto del año. Un simple "no, gracias" a la niña más popular del salón había bastado para que le dijeran rara y optaran por no dirigirle la palabra.

En ese entonces no tenía idea de lo aterrador que podía ser el mundo, la sociedad. Lo había descubierto del peor modo, en carne propia y aún hoy en día no podía dejar de lamentarse por su cruel error al confiar.

Tenía que hacer algo para detenerlo.

No soportaba la soledad, pero lo último que haría en el mundo sería confiar otra vez.

—¡Hinata! —La aguda voz que resonó en el salón a última hora, fue el detonante perfecto para algo que estaría a punto de lamentar. —¡Ey, Hinata-chan, encontré algo que…!

—Aléjate —masculló por lo bajo, molesta, frustrada y herida. No quería, realmente no deseaba hacer eso pero era necesario, nada había resultado suficiente para que la odiara. Era lo mejor. Aunque su voz era apenas un murmullo fue escuchada por todos gracias al silencio producido por su nombre en un grito. Las miradas de todos estaban pendientes de ellos, del rostro desconcertado de Naruto y su ceño que se fruncía cada vez más, del temblor de sus manos, de lo jadeante que estaba ella y como tomó aire para gritar con todas sus fuerzas aquello que jamás quiso decir en realidad. — ¡Estoy harta, nadie te ha pedido que hagas esto, así que déjame en paz!

Aprovechando la entrada del maestro, Hinata ignoró todo a su alrededor.

Notes:

Notas de Kou: A que ya no me esperaban de regreso :3… ¡No, con la silla no…! Ok, debo decir que me apena mucho tener esta cuenta tan abandonada, es un lugar muy lindo como para desperdiciarlo, así que estaré subiendo todos los otros trabajos que ya están en otras plataformas.

PD: El libro del que saqué los conceptos esta vez es "Desarrollo socioafectivo y de la personalidad."

Notes:

N/Kou: ¡Kya! No puedo evitar querer gritar. Sé que esto podría ser lo más extraño que leerán en la vida pero tenía ganas de hacer algo diferente de todo lo que he escrito hasta ahora y… creo que no me ha quedado tan mal xD No pretendo hacer de esta historia algo muy pesado ni largo, quizás muchas personas no lleguen a este punto con tanta palabrería de seudo psicología pero trataré de que lo siguiente sean conceptos ligeros, ya que todo es necesario para el desarrollo. Siempre he querido hacer algo así, que explique de otra manera la personalidad de Hinata sin hacerla una pobre víctima –pero que se apegue a su carácter original-, espero conseguirlo.