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El príncipe, la doncella y el águila

Chapter 10: Donde caben dos...

Summary:

En el que un príncipe encuentra un zapato, un caballero encuentra a una doncella, y Musichetta no se esperaba nada de nada.

Notes:

Anteriormente en "El príncipe, la doncella y el águila"...

Habíamos dejado a Joly y su fiel Bossuet confesando lo inconfesable en una posada de mala muerte, esperando el día que llevaría a Bossuet a encontrar a su doncella perdida y, con un poco de suerte, también reuniría al príncipe y a su princesa. Y, de forma aparentemente irremediable, los separaría a ellos dos.

Es hora del desenlace.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Dicen que Dios nos cría, y nosotros nos juntamos. Tal vez lo que nos junte sea el azar o alguna corriente de aire. Tal vez no exista nada que nos haga juntarnos, y, a pesar de todo, lo hacemos. El ser humano es complicado por principios. Es tan difícil de entender, que muchas veces no se conoce a sí mismo, y se sorprende haciendo cosas que creía imposibles. O puede ser que sí, que algo, llámalo destino, Dios o tiempo, nos empuje y nos lleve a cada uno a nuestro lugar. Aunque si es así, está claro que a veces, o se despista y nos desvía, o tiene un sentido del humor muy peculiar.

Dicen que Dios nos cría, y nosotros nos juntamos. Bossuet no tenía muy claro si a él no le habría creado algún pobre demonio, pero de lo que estaba seguro era de que había un ángel en su cama. Joly respiraba tranquilo, dormido boca abajo y tan sólo envuelto en una ligera sábana blanca. Poco a poco, la luz del sol recién amanecido comenzaba a bañarle, derramándose sobre él desde la ventana entreabierta. El soldado recorrió su espalda desnuda dejando besos en su camino hasta llegar a su cuello. El durmiente se estremeció al sentirlo.

-Jolllly… Ha amanecido. Debemos seguir. Tu doncella te espera.

El príncipe se giró sobre sí mismo para quedar enfrentándole.

-¿Tanta prisa tienes en perderme de vista?

Bossuet le acarició la mejilla.

-En absoluto, alteza. Si dependiera de mí, jamás abandonaríamos esta posada.

-Pues no lo hagamos. Vamos a quedarnos aquí hasta que seamos viejos. Podemos mandar algún mensajero diciendo que nos hemos caído por un barranco. Yendo contigo como voy, resultaría hasta creíble.

-Sabes que las cosas no funcionan así para nosotros.

-¿Porque acusarían a Ferre o a Enjolras o a alguno de ellos de traición o asesinato, y algún primo mío intentaría volver a instaurar la monarquía? ¿Porque tengo que avalar el proceso? ¿Porque no sería elegante que un príncipe cayera por su mejor soldado?

-Te lo sabes muy bien -sonrió Bossuet, jugando con los dedos de Joly, que los había entrelazado con los suyos.

-Prométeme que, aunque nos casemos cada uno con nuestra doncella, al menos tendremos una noche al año, y que no te irás lejos de mí. Te contrataré como guardaespaldas personal, dicen que la seguridad privada va a ponerse de moda. Estaremos cerca y… y…

Bossuet le interrumpió besándole.

-Poco a poco, mi príncipe.

Joly asintió, sin apenas despegarse de él, y, rodeándole con los brazos, volvió a besarle. A juzgar por el sonido que emitió Bossuet cuando sus cuerpos se rozaron, aún tardarían en reemprender su camino.

***

Los gritos de sus hermanastras alertaron a Musichetta de que alguien importante se acercaba a la granja. Probablemente fuera algún mensajero, o algún aristócrata, pensó, distraída, mientras limpiaba uno de los baños de la casa. Estaba demasiado atareada como para mirar por la ventana. Pero cuando los gritos cesaron y se oyó la puerta de entrada cerrarse tras los recién llegados, la voz que contestó a su madrastra le pareció extrañamente familiar.

Con curiosidad, la chica resolvió que asomarse al recibidor desde el hueco de la escalera no podía hacer daño a nadie. Se secó las manos en el mandil, lo dejó colgado de la puerta, y bajó procurando no hacer ruido. Tuvo que contener un grito cuando vio quién acababa de llegar a su casa.

Bueno, no. No lo contuvo. Salió corriendo y se lanzó a los brazos de Bossuet.

-¡Lesgles!

El soldado casi se cae al suelo de la impresión, pero la recibió con un abrazo que llevaba meses soñando con darle.

-Mi musa…

Ella le abrazó más fuerte.

-Has venido -susurró.

-Claro que he venido. Te dije que lo haría.

-Pero no me dijiste cuándo, imbécil.

Joly carraspeó, incómodo. Musichetta ni le miró. Sólo tenía ojos para su soldado.

-Odio romper el momento -continuó el príncipe, dejando claro sin querer que no lo odiaba en absoluto-, pero estamos aquí para comprobar algo.

-Oh, cierto -murmuró Bossuet, sonriendo, con la mirada clavada en la sonrisa de la chica que seguía entre sus brazos.

Las hermanastras de Musichetta, que se habían quedado atónitas mirando todo lo que ocurría, parecieron recuperar entonces la vida.

-¡El zapato! -dijeron a la vez.

-¿El zapato? -preguntó Musichetta, mirándolas y luego volviendo sus ojos a Bossuet, que la miró como diciendo que ya se lo explicaría más adelante.

-El zapato -afirmó Joly, sacando de su zurrón un pequeño zapato de cristal.

Musichetta creyó morirse cuando por fin se giró a mirar al protagonista y causante de todo aquel revuelo, le reconoció, y todas las piezas encajaron en su cabeza. Era su zapato. El del baile. Y si lo tenía aquel hombre desaliñado y cansado por el camino, sólo podía significar que su príncipe había ido a buscarla.

***

Mientras las otras dos doncellas hacían esfuerzos porque les cupiera un zapato que no era suyo, Joly procuraba no mirar a Bossuet susurrándole cosas al oído a Musichetta. Sabía que lo habían hablado, que su compañero amaba a la muchacha y que no había nada que él pudiera hacer para cambiar eso. Pero dolía, y mucho. Se sentía abandonado, justo cuando acababa de encontrarle.

-Bueno -dijo al final, levantándose-. Pues esto ya está. Ninguna de estas señoritas es la que yo busco. Lo siento mucho, señoritas. Bossuet, me voy. Ya sabes lo que tienes que hacer.

Musichetta agarró más fuerte a Bossuet, y él a ella, aunque ninguno de los tres supiera que era por motivos distintos.

-Espera -dijeron los dos a la vez.

-Alteza -dijo la madrastra.

Todos se volvieron hacia ella. La mujer se pavoneó, disfrutando del momento de atención. Sabía que lo que iba a decir probablemente tuviera efecto inmediato en la extraña relación que aquellos tres se llevaban, pero era una mujer cruel y usurera, y sólo podía ver que, si había algún beneficio que obtener de todo aquello, dependía de que jugara bien sus cartas.

-Habla -ordenó Joly.

-Mi hijastra, Musichetta… Que al parecer conoce bien a vuestro amigo… No se ha probado el zapato.

-Lo sé, no es necesario que lo haga. Ella no es a la que busco -contestó, consciente de la mirada de alivio que le dirigía Bossuet. Musichetta miraba al suelo.

-Tal vez lo que he encontrado en su habitación os haga cambiar de opinión… -añadió la mujer, exhibiendo en una mano el zapato que hacía pareja con el que guardaba Joly.

El mundo pareció comenzar a girar más despacio. Las hermanastras de Musichetta rompieron el hechizo con sus protestas, mientras ella sentía cómo Bossuet la abrazaba aún más fuerte. Sentía los ojos de Joly clavados en ellos dos. Fue él el primero en hablar.

-¿Eres tú…?

Musichetta se separó de Bossuet, intentando ignorar la tenue súplica del hombre.

-Sí.

-¿Puedo…? -siguió el otro, ofreciéndole el zapato. Ella asintió y se agachó para soltar la sandalia que llevaba. El zapato encajó a la perfección. Joly, que lo había calzado, buscó una mirada desde el suelo, pero encontró dos. Se centró en la de ella-. Te he estado buscando.

-Y yo he estado pensando en ti -murmuró la chica. El príncipe se levantó para acariciarle la mejilla, y ella, a su vez, rozó su mano con suavidad. Nada tenía sentido, y, sin embargo, todo estaba bien.

O casi todo. Todavía tenían una cosa o dos que solucionar.

-Bossuet -llamó Joly. Su amigo estaba serio.

-A sus órdenes -contestó él. El príncipe sonrió.

-¿Amas a esta mujer, soldado Lesgles?

Él se encogió, pero intentó contestar con la mayor firmeza posible y sin mirar a Musichetta. Hacía siglos que no se refería a él de esa manera.

-Me temo que sí, alteza.

-¿Y a mí? ¿Me amas?

Todos los presentes contuvieron el aliento. Bossuet le miró, no muy seguro de qué respuesta era la correcta. Al final, se decidió por repetir la fórmula anterior, con una sonrisa de disculpa.

-Me temo que sí, alteza.

Joly sonrió todavía más. Musichetta, comprendiendo, se echó a reír, y volvió a abrazar a Bossuet.

-Entonces, todo arreglado… ¿no?

El príncipe asintió y se volvió hacia la madrastra, que se había quedado pálida ante el desarrollo de los acontecimientos.

-Avisa a Enjolras, que nos mande un carruaje de palacio. Señorita, me temo que deberemos mudarnos a alguna de las propiedades de mi padre. Veo que en esta casa no la tratan adecuadamente, así que supongo que querrá abandonarla de inmediato.

-De hecho… La casa es mía. Son ellas las que deberían irse. No está bien visto invadir la casa de unos recién casados, ¿verdad?

Bossuet se echó a reír y tomó la mano de su príncipe, con aire dramático, que también la miraba, divertido.

-¿Nos acabas de proponer matrimonio, querida?

Ella se encogió de hombros con naturalidad.

-Me temo que sí… alteza.

***

Así que así fue. Los tres se casaron (sí, los tres) en una boda sin precedentes. Joly donó sus propiedades familiares a la república, Enjolras fue elegido presidente, pese a las protestas de Grantaire; la madrastras y hermanastras de Musichetta desaparecieron de la faz de la tierra. Cosette y Pontmercy, Combeferre y Courfeyrac y Jehan y Bahorel vivieron sus propias aventuras, aunque esas pertenecen a otra historia. En cuanto a Bossuet, nunca volvió a tener mala suerte, porque sus esposos se aseguraron bien de ello. A Joly ya solo dos personas le trataron como a la realeza durante el resto de su vida, y Musichetta estaba segura de haberse convertido en alguien de quien su padre hubiera estado orgulloso.

Y de esta forma, los tres, juntos y revueltos, fueron felices y comieron perdices.

Notes:

¡Gracias por acompañarme en esta versión de cuento de hadas! Parece increíble haber llegado al final... Espero que la tardanza haya merecido la pena. A mí, lo cierto es que sí...

Notes:

Digamos que no me he podido resistir. Me gustaría ver comentarios y esas cosas... Si pensais que es una buena idea, pondré el primer capítulo a lo largo de esta semana. Sinceramente, me apetecía escribir un AU bonico después de todo el drama del trabajito anterior, y necesitaba algo sobre estos tres. Espero que guste, prometo que la intención es buena. Como siempre, gracias por leer.

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