Chapter Text
--Había otra nave --, dijo Ojka al entrar en el puente. Los Dane le habían ordenado seguir a Kell, --la nave que le prestaron quedó en el Londres Negro. El Orbe no.
Athos y Astrid que hasta el momento habían estado planeando su ataque contra Isle, bajo la suposición de que el Orbe iba camino a ellos, voltearon a verla inexpresivos. Sin embargo, Rhy pudo sentir el cambio en el aire a medida que la tensión se asentaba en la sala. Ella se mantuvo impávida, su mensaje, aunque no lo vocalizara era claro: Kell no iba a volver.
El cabello se le erizó en la nuca, apretó la mandíbula sin saberlo, pero mantuvo el rostro en calma. Una idea, aunque comenzara pequeña, podía crecer y arraigarse profundamente con los incentivos correctos. Rhy se negaba a reconocer la existencia de ese pensamiento en su cabeza, pero resultaba difícil negarlo: Kell no iba a volver.
Era extraño para todos ver a Ojka regresar con las manos vacías, más aún que fallara en su misión. Los hermanos Dane tenían sus dudas o, por lo menos, querían asegurar sus intereses y le habían ordenado a la joven seguir a su hermano sin que él lo supiera. El mecanismo de la mano de Rhy crujió, había cerrado el puño y solo se dio cuenta cuando escuchó el ruido. Los ojos de los mellizos pasaron de la pelirroja a él, se alzó de hombros:
--Les dije que confiaran en mí.
Kell despertó con un fuerte dolor de cabeza, se llevó la mano al cabello y lo apartó de su cara. El espacio era estrecho y podía sentir que estaba rodeado de cosas, comprendió que se encontraba en la bodega de una nave que definitivamente no era la suya. Recordó los cuernos, le habían robado el Orbe, lo había seguido con su magia, pero había caído allí cuando la nave aún no despegaba, poco después lo hizo y nuevamente el mundo se había oscurecido.
La nave estaba quieta, lo sabía por la falta de zumbidos y vibraciones a su alrededor. Una sensación le subía por los brazos como si fuera electricidad, estaba nervioso. Empujó la trampa de la bodega con cautela, la nave estaba vacía. Terminó de apartar la rejilla y con ayuda de los brazos subió. No reconocía el interior, pero éste no se parecía en nada al de las naves del Castillo Blanco ni al propio Castillo. De todos modos, no le fue difícil comprender qué palancas debía mover para bajar la rampa y salir de allí.
La luz del exterior iluminó la nave, una luz cálida y rojiza. Un aroma que hacía mucho tiempo no percibía inundó el lugar y comprendió, Kell estaba nervioso porque tenía años sin poner un pie en Isle. Kell había vuelto a casa, sin Rhy.
Se le hizo un nudo en la garganta y la culpa se clavó como un cuchillo en su costado. Había regresado, había escapado y ahora estaba allí, sin su hermano. Se vio obligado a recargarse contra la pared y le costó varios minutos convencerse de bajar y confundirse entre la muchedumbre. Sin Rhy con él la misión permanecía igual, debía recuperar el Orbe y alejarlo de las manos de Osaron.
Ahora solo debía encontrar a cuernos. Isle, un planeta vivo y floreciente, hogar de centenares de seres y central de los cuerpos de seguridad de Londinium, y su antiguo hogar. Kell no solo había regresado a Isle, estaba en Arnes, la capital.
Desde donde estaba podía ver el edificio principal de la ciudad, el palacio de los reyes de Arnes, los padres de Rhy. Dejó escapar un suspiro cargado de pesar. Se quitó el abrigo, el cuerpo entero le dolía, lo sacudió dejando que la tela negra diera paso a la marrón y se lo volvió a colocar. Antes de acercarse al mercado se aseguró de cubrir su ojo con un parche que había salido de un bolsillo mientras cambiaba la prenda de lado, que conveniente , pensó. Se debía concentrar en recuperar el Orbe, no había lugar para pensar en la posibilidad de que los reyes descubrieran que su hijo, el niño que habían adoptado ciclos antes y que había desaparecido junto al príncipe, estaba de vuelta y solo. Se sumergió en el mercado, su rastreador indicaba que el Orbe no estaba muy lejos.
Alucard dejó que su arma descansara contra el borde de la fuente. Observaba con una sonrisa maliciosa a las personas que cruzaban la plaza, algo en la gente de Isle le producía repulsión, aunque él mismo había nacido allí. Lenos, por su parte, miraba abstraído el cielo, estaba sentado en el borde de la fuente, su codo rozaba el arma de Alucard pero no le daba mayor importancia. Habían escapado de una mala situación, se habían gastado todo el dinero de la cacería anterior, y estaban de regreso a sus andanzas como cazadores de recompensas.
--Concéntrate, veamos qué hay de interesante por aquí --. Y con interesante sabía que se refería a botín. Inclinó la cabeza a manera de pregunta cuando escuchó a su socio reír, habían encontrado algo bueno. Y por algo se referían a una persona. Aquí vamos otra vez , pensó Lenos.
