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Language:
Español
Stats:
Published:
2014-07-07
Completed:
2014-08-03
Words:
10,796
Chapters:
3/3
Comments:
22
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246
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31
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2,915

Dieciséis años

Chapter 3: Pareja

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Pareja:  igual o semejante.

 

 

XXXI

Will piensa que ha sido imprudente por su parte, pero Hannibal no se arrepiente de no haber vendido su antigua casa en Viena. Mischa recorre los largos pasillos y Winston olfatea el salón con curiosidad. Han escapado airosos una vez más. Tendrán que comprar ropa nueva, cubiertos, vajillas, libros y muchas otras cosas que quedaron en Italia y que no podrán recuperar. Aun así es bueno que no hayan perdido nada irreemplazable.

A veces Will intenta pensar en otra cosa cuando una voz en el fondo de su cabeza le susurra que todo esto está muy mal.

 

XXXII

Will es humano, eso es algo que Hannibal siempre ha tenido muy claro. Acepta que a veces puede tener días buenos y otras veces, días muy malos.

En los días buenos, Will se levanta temprano, despierta entre besos a Mischa y la ayuda a vestirse mientras que Hannibal prepara el desayuno. Le enseña nuevas palabras en alemán mientras comen y sonríe cuando Hannibal le lanza una mirada mortífera al verlo pasar por debajo de la mesa a Winston una de las salchichas que tanto tiempo había estado cocinando.

Hannibal no puede negarlo, los días buenos (que abundan en su mayoría) son muy buenos. Son todo lo que siempre ha querido. Son compañía y comprensión, son familia. Pero después están los días malos. Días en los que Will ve el cadáver de Abigail en el suelo de la cocina. Días en los que la cicatriz de su vientre duele tanto como el primer mes, días en los que siente un nudo en la garganta al abrir la nevera y encontrarla llena de carne envasada. Días en los que ni siquiera puede mirar a Hannibal porque "me has destrozado la vida". Días en los que Will duerme en el sofá porque no puede soportar la cercanía de Hannibal ni escuchar su respiración durante toda la noche.

Los días malos son horribles para ambos pero al final siempre amanece, Will siempre subirá los escalones con sigilo para no despertar a Mischa y Hannibal siempre esperará hasta que su cabeza toque la almohada para acercarse a él y darle un beso que sabe a te he echado de menos.

 

XXXIII

Pasan los años y para cuando se da cuenta, Will observa frente al espejo como su pelo se ha llenado de canas. Hannibal tiene nuevas arrugas que Will se esfuerza por memorizar cada mañana con los dedos de las manos. Pese a todo, su porte elegante y su acento no han cambiado en absoluto.

 

XXXIV

El cuerpo policial encuentra dos cadáveres perfectamente expuestos la noche que Winston muere. Will no llora, tan solo desgarra la carne, la destroza y crea su propia obra de arte en completo silencio. Hannibal no dice ni una palabra, no interfiere esa noche y Will lo agradece.

 

XXXV

A Simon Walker le da miedo lo increíblemente fascinante que le resultan cada uno de los asesinatos del Destripador de Chesapeake. Es como si en cada milímetro del cadáver dejara una pista oculta, una historia para él y para todos aquellos que inspeccionaran el cuerpo.

Jack Crawford lleva persiguiendo a ese hombre desde que Simon era un niño y tal vez por eso es tan fascinante, porque nunca esperan poder encontrarlo pero aun así prosiguen en su afán por encerrarlo de una vez por todas.

—Debe de ser un hombre muy refinado —dice el chico, inclinando la cabeza sobre una de las fotografías de cuerpos encontrados a lo largo de toda Europa.

—Lo es —responde Jack.

—¿Le conoció?

—Demasiado bien.

Pasa sus ojos a otra fotografía y frunce el ceño, porque esta no es igual a las demás. Ese cadáver es diferente, transmite tristeza y angustia, no orgullo y superioridad.

—Este es diferente —susurra, cogiendo la foto entre las manos—. A esta persona no la asesino el Destripador.

—¿Qué quieres decir? —pregunta Jack, apoyando los codos en la madera barnizada de su escritorio.

—Este asesinato lo realizó otra persona —le responde—. Sin duda el Destripador estaba presente, pero no lo hizo él.

—¿Me estás diciendo que Hannibal Lecter tiene un compañero?

—Podría ser. Necesito ver los archivos de los últimos años para confirmarlo.

Jack siente un escalofrío al ver la mirada decidida de Simon. Le recuerda tantísimo a Will que le da miedo, siente como si la situación se repitiera una y otra vez y no está preparado para perder a otro estudiante de la misma forma, así que asiente con la cabeza y le lanza una mirada tenaz que pretende transmitir un no te involucres demasiado.

 

XXXVI

Después de tantos años juntos, Will sigue descubriendo pequeñas cosas de Hannibal. Descubre que su color favorito es el rojo (ni siquiera se sorprende al escucharlo), que nació en Lituania y que le encantan los bailes de salón. En un par de ocasiones Hannibal intenta enseñarle a bailar, pero Will es tan patoso y torpe que siempre termina pisándolo. Mischa sin embargo parece llevarlo en la sangre; mueve los pies casi con tanta elegancia como Hannibal y cuando este le dice cabeza recta, la niña no vuelve a mirar al suelo.

El cumpleaños de Mischa es el nueve de marzo, (el día que la vieron por primera vez en su cuna llorando y decidieron darle un lugar en sus vidas) y Hannibal sonríe orgulloso cuando pide como regalo de noveno cumpleaños ir a clases de ballet.

Con doce años acude a su primer recital y con trece comienza a entrenar combate cuerpo a cuerpo junto a sus padres. Debe estar preparada, dice Hannibal, pero Will tan solo puede pensar que aún es demasiado pequeña para esas cosas.

 

XXXVII

 

A veces siente que Hannibal le oculta información pero por más que se esfuerza no puede ver a través de su semblante frío cuando le pregunta. Para Hannibal, responderle nunca fue una opción y Will lo sabe.

Mischa ha heredado la expresión estoica de su padre, con catorce años su sonrisa es una perfecta imitación a la de Hannibal y a Will le da miedo lo increíblemente bien que la niña ha aprendido a ocultar ciertas cosas que no quiere que sepa. Siente como si supiera más de lo que debe saber y eso le pone nervioso.

—Es como vivir en un nido de víboras —dice Will una noche.

Mischa aparta los ojos de la televisión y Hannibal sonríe un poco.

—¿Eso te convierte en un ratón? —pregunta Hannibal, cerrando el libro de cocina que se encontraba leyendo y sosteniéndolo en su regazo.

—Más bien una mangosta.

—Las mangostas son bonitas —responde Mischa.

—Y cazan serpientes —Will se acomoda las gafas y alcanza el mando de la televisión en un movimiento rápido.

—¿Vuelves a cazar? Pensé que el oso se había deshecho ya del disfraz de cazador —Esta vez Hannibal le dedica su completa atención, curioso sobre el repentino tema de conversación. Huele la frustración de Will, su nerviosismo y algo más que no puede terminar de identificar.

—Y yo pensé que había dejado claro hace más de diez años que no me gustan las mentiras.

Pronuncia cada palabra con lentitud y Hannibal las siente como una puñalada. Provocan recuerdos que se esconden en lo más profundo de su mente y que no desea rememorar. Esa noche Will busca hacer daño y Hannibal siente la necesidad de atacar de igual forma.

—¿Lo dejaste claro antes o después de que intentaras robarme mi libertad con el fin de ingresarme en un psiquiátrico?

—Creo que fue antes de que me atravesaras el estómago con una navaja.

Un silencio incómodo se adueña de la habitación. Mischa frunce el ceño y Hannibal pone su libro en la mesita junto al sofá.

—Creo que debería irme a dormir —dice Mischa. No le gustaba cuando sus padres discutían de esa forma. Podía contar las veces que se producían ese tipo de discusiones con los dedos de una mano, pero aun así, definitivamente prefería escuchar los gritos de Will a sus palabras hirientes (los gritos hacían menos daño) — Abend noch.

Mischa sube las escaleras a toda prisa y Will no aparta en ningún momento la mirada de Hannibal.

—Me mientes constantemente —continúa cuando está seguro de que se encuentran solos por fin—, tú y ella, los dos. Me ocultáis cosas y no sé por qué. Mischa se parece tanto a ti que me da miedo que un día decida que no soy digno de su confianza y se marche como tú hiciste esa noche.

—Te sientes inseguro. Tienes miedo de que la felicidad se acabe, que todo sea un sueño del que debas despertar.

Will ríe y se frota la boca con la mano en un claro gesto de nerviosismo. Hacía años que Hannibal no presenciaba ese gesto tan característico en él, desde que abandonaron sus sillones en la consulta.

—Algo así, doctor Lecter.

Hannibal sonríe de forma casi inapreciable y siente que los años no han pasado. Nada ha cambiado, siguen siendo Will y Hannibal, siguen teniendo conversaciones (aunque ya no haya un despacho de por medio). Will sigue siendo inseguro y Hannibal aún es un pilar para él.

—Mischa te quiere —aguarda durante unos segundos y suspira de forma reconfortante—. También yo.

—Nunca lo habías dicho.

—No pensé que hiciera falta.

Will sonríe (esta vez de verdad) y siente como un peso se escapa de su pecho. La situación se calma, la respiración de ambos se apacigua. Ya no hay tensión, tan solo tranquilidad.

Todo es tan parecido a cuando era más jóvenes que la sensación los abruma. Esta vez, sin embargo, no hay fuertes que les impida verse como realmente son.

 

XXXVII

 

"Necesitáis estar solos, salir por ahí a divertiros", había dicho Mischa en uno de sus ataques de sensatez. "Tengo la sensación de que si seguís encerrados bajo este techo durante dos minutos más alguno de los dos acuchillará al otro, literalmente. Soy mayor para quedarme sola una noche".

Eso había dicho, pero Will no pensaba lo mismo.

—Estará bien —dijo Hannibal.

—No estoy tan seguro… ¿Qué pasa si hay un incendio?

—Mischa es lo suficientemente inteligente como para marcar el número de los bomberos —respondió Hannibal con una sonrisa.

— ¿Y si entra algún ladrón en casa?

—Entonces tendremos la cena lista cuando lleguemos.

—Muy gracioso —replicó Will sin poder evitar sonreír.

Will se frota las manos a través de los guantes. Cualquiera diría que después de tantos años debería haberse acostumbrado al frío de Austria, pero este le pilla por sorpresa cada invierno.

—¿Qué quieres hacer? —le pregunta Hannibal.

—¿Hoy decido yo? —Will sonríe y observa como Hannibal asiente. Levanta la cabeza y observa el cielo nublado mientras piensa —Veamos… No quiero ir a la ópera, ni al teatro.

Hannibal frunce un poco el ceño defraudado y Will sonríe aún más que antes.

—¡Llevas más de diez años llevándome cada fin de semana a la opera! Me sé las obras de memoria. Ya ni siquiera me emociona La Traviata.

—Está bien. Tú decides esta noche, no voy a retractarme.

—¿Me permitirás mostrarte cómo es una noche al estilo americano?

—No creo que tenga más opción.

Van a un cine que se encuentra a la vuelta de la esquina, ven una de esas películas horriblemente previsibles que a veces produce el cine americano y Will ríe cuando Hannibal le susurra en el oído: la forma de pensar del protagonista es fascinante. Incluso me cuesta seguirla.

Salen dos horas más tarde de la sala de cine sintiendo que han perdido un tiempo increíblemente valioso de sus vidas, pero Will no deja de sonreír ni un solo minuto.

—¿De qué otra forma me torturaras esta noche, Will? —le pregunta Hannibal, con la palma de la mano en su abrigo, instándole a avanzar a través de la calle.

Emite de forma cómica un sonido pensativo y una idea demasiado cruel (incluso para él) se le cruza por la mente.

—¿Tienes hambre?

—Me da miedo decir que sí —responde Hannibal con parsimonia.

Observa el horror en la cara de Hannibal cuando este se cerciora del cartel brillante de bienvenida de McDonald's a pocos metros de ellos.

—Sabes que esto es cruel, Will.

—Sí, pero estoy disfrutando demasiado como para parar ahora —le responde, colocándose en la cola de la caja— ¿Qué menú quieres? ¿Pollo, ternera…?

—La cajera parece apetecible.

—Bueno, lamento decirte que no podemos pedirla para llevar.

Al final Will termina pidiendo dos menús Big Mac, se sientan en un banco frente al restaurante de comida rápida y observan a la gente pasar frente a ellos. Will sonríe con añoranza al tomar un bocado de su hamburguesa. Hacía muchos años que no comía algo que no hubiera cocinado Hannibal (mucho menos comida rápida) y los cambios de vez en cuando eran buenos.

—Esto está… —Will gira la cabeza y observa a Hannibal masticar con una mueca.

—… asqueroso —dice Hannibal, finalizando la frase de Will antes de que este tuviera la oportunidad.

Will ríe en voz alta y siente por primera vez en mucho tiempo que todo el sufrimiento y las mentiras valen la pena si es para vivir noches como esa.

XXXVIII

 

Simon ladea la cabeza y frunce el ceño al observar detenidamente una nueva fotografía. El cuerpo fue encontrado en Viena hace pocos días y encaja perfectamente con el perfil del Destripador de Chesapeake. Fue expuesto, quería que fuera encontrado, era minucioso y elaborado, encajaría perfectamente con sus crímenes anteriores si no fuera porque había algo más.

—Hay algo extraño en este.

—¿Fue hecho por su compañero? —pregunta Jack, sin quitarle el ojo de encima.

—No… Tal vez. Tuvo ayuda —Simon cierra los ojos y se imagina la escena del crimen. Algo no encajaba. Algo era diferente. No como Hannibal Lecter, ni como su compañero… Era como si… —Hay una tercera persona.

Abre los ojos y encuentra a Jack una vez más, esperando a que continúe.

—Una chica joven, unos quince años. Dieciséis tal vez. Fue ayudada por ambos, no tiene la suficiente fuerza como para levantar un cuerpo. Es meticulosa y elegante.

—Una nueva Abigail Hobbs…

 

XXXIX

Los acorralan a la salida de la Ópera de Viena. Will puede sentir la respiración entrecortada de Hannibal y los ojos de Mischa fijos en los chalecos antibalas que se esconden tras las chaquetas elegantes de los esmóquines.

—Papá… —susurra Mischa en tono de advertencia.

—Ya sabes lo que hacer —responde Hannibal.

Will siente la mano de Hannibal en su codo y recuerda las palabras que le repetía a Mischa en cada uno de sus entrenamientos: juntos somos más fuertes, pero separados somos más rápidos. No podían ganar contra una docena de policías y sus armas, así que esta vez deberían de ser rápidos.

 

XL

Mischa corre tanto como sus zapatos de tacón y su vestido de gala se lo permiten, se descalza al salir del edificio y corre aún más, sin mirar atrás. Hannibal le ha explicado durante muchos años qué debe hacer si llegara a producirse una situación como esa, así que corre cuatro o cinco calles y cuando se cerciora de que ha perdido a los agentes de policía, se mezcla entre las personas. Recorre tres calles más de forma apresurada pero no lo suficientemente rápido como para levantar sospechas.

Se sube a uno de los muchos taxis que aguardan junto a la acera y le pide al conductor que la lleve a casa. Al llegar inspecciona el perímetro en busca de más agentes, se asegura de que la cerradura no ha sido forzada y sube las escaleras hasta su habitación. Abre el tercer cajón dentro del armario y coge la bolsa que tiene preparada para emergencias. En ella hay ropa, objetos de valor, el pasaporte y una cartera con mil euros. Se cambia de ropa de forma apresurada y corre a la habitación de Hannibal y Will para inspeccionar sus cajones. Sus bolsas de emergencia aún siguen ahí, así que las coge junto a la suya propia y abandona la casa.

La pantalla del móvil brilla al recibir el mensaje de Mischa y Will puede leer un "de camino".

—Va al punto de encuentro, ya ha pasado por casa —dice Will.

Hannibal sonríe a su lado. Tiene el pelo alborotado y un poco de sangre en el labio.

—Chica lista —susurra.

Will mira los árboles pasar rápidamente a través de la ventanilla y no puede evitar pensar que Viena fue bonito mientras duró.

 

XLI

Aterrizan en suelo estadounidense a las dos de la mañana. Will piensa que es una locura volver al lugar donde todo comenzó, pero al mismo tiempo también cree que es bastante inteligente ya que es el último sitio en el que el FBI pensaría que están.

—Al menos no tendré que aprender otro idioma —dice Mischa al entrar en el taxi que los llevaría a su nueva casa.

Hannibal sonríe con añoranza al ver los paisajes de Virginia, sabe que no durarán mucho en ese lugar y que pronto deberán huir a otro país una vez más, pero la familiaridad de los prados y los árboles es reconfortante.

 

XLII

Simon está presente cuando los acorralan en Wolftrap. Es él quien se encarga de avisar al FBI, sabe que Hannibal Lecter es un hombre que vuelve a los lugares que le marcaron, así que no es difícil imaginar cuál será el siguiente punto del mapa.

Mischa nota a los policías, se prepara para correr y tantea el cuchillo que lleva escondido en la bota.

—No os mováis —Simon se adelanta hacia ellos, los apunta con su nueve milímetros e intenta memorizar las facciones de cada uno. Hay dos hombres y una chica, tal y como esperaba. Ha visto muchas fotos de Hannibal Lecter así que no le es difícil distinguirlo entre los otros dos. Está más mayor, tiene más arrugas y el pelo más canoso, pero es él. Después posa sus ojos en Will y más tarde en Mischa.

Will frunce el ceño al notar cómo su hija observa a aquel joven policía. Repite en su cabeza una y mil veces no, no, no, no… esto no puede estar pasando, porque Mischa tiene la misma mirada que Hannibal le dedico hace más de dieciséis años, cuando le vio por primera vez, y Will sabe lo que eso implica.

Tras eso todo sucede demasiado rápido, y a Will esa situación le recuerda a aquella vez que Hannibal volvió a su despacho después de un año de terapias.

Hannibal apuñala a uno de los agentes del FBI y Mischa agarra con rapidez el cuchillo que escondía. Les superan en número y esta vez no cuentan con la ventaja de estar en un sitio público. Hannibal sabe que es demasiado tarde, que solo podrá salvar a uno, así que le dedica una mirada triste a su hija y agarra a Will del brazo.

 

XLIII

Mischa llega horas más tarde a la sala dónde un sinfín de psicólogos y jefes de policía van a interrogarla. El primero en entrar es Jack Crawford; Mischa le reconoce al instante, Hannibal le ha hablado mucho de él (al contrario de Will, que prefiere ignorar todo lo posible su estancia en el FBI).

—Jack Crawford, del FBI —dice al entrar en la sala. Toma asiento y espera durante unos segundos a que la chica se decida a hablar. Al notar que esta no tiene intención de hacerlo, prosigue—. Puede que el Destripador de Chesapeake, también conocido como Hannibal Lecter, te haya hablado de mí.

—Lo ha hecho.

Jack sonríe de forma socarrona y Mischa podría jurar (incluso solo habiéndolo visto una vez) que es un gesto bastante común en él.

—Iré directo al grano —continúa—. Puede que no seas una mala chica, puede que el Destripador te haya metido en la cabeza sus absurdas ideas. Puede que incluso tengas una familia. ¿Tus padres te llevaron a su consulta y él te convenció de asesinar, tal vez?

—No podría estar más errado —esta vez era el turno de Mischa para sonreír.

—Hannibal Lecter ha dañado a todo aquel al que se ha acercado. Ha herido, ha matado y ha destrozado vidas. Hubo muchas personas antes que tú, Abigail Hobbs, Bedelia Du Maurier, Will Graham… Todos muertos.

Mischa lanza una carcajada y siente como Jack intenta contener su ira.

—Will Graham no está muerto —dice Mischa con una sonrisa—. Will Graham es mi padre.

Jack siente como su mundo se viene abajo.

XLIV

 

Will siente como le arde la garganta, siente como su cuerpo y su mente le gritan que mate a Hannibal Lecter. Siente furia, siente pena, siente odio, rencor y traición. Siente que le quiere tanto como le odia.

—Somos sus padres, ¡eres su padre! ¡Y la has abandonado! —Will grita y grita y Hannibal tan solo escucha en silencio— ¡Podrías haberla sacado de allí, dejarme a mí en su lugar! ¡Ella confiaba en ti! ¡Yo confiaba en ti!

Hannibal podría decirle que dejarlo allí nunca fue una opción; que si debía elegir, siempre elegiría a Will. Podría decirle que Mischa lo comprendía, que ella era lo suficientemente inteligente como para escapar por sí misma. Podría decirle que sentía como un puñal le atravesaba el pecho cada vez que recordaba que la había abandonado a su suerte. Pero al final, Hannibal no dice nada.

 

XLV

—Piensas de la misma forma que lo hace mi padre. Das saltos inexplicables y te adentras en la mente de las personas —dice Mischa.

Se frota las muñecas con lentitud al notar el roce brusco de las esposas.

—¿Cómo te llamas?

—No voy a decirte mi nombre —Simon mantiene el contacto ocular y sonríe de forma tranquila.

—¿Por qué no? Jack me ha dicho el suyo.

—Yo no soy Jack.

Mischa sonríe y se apoya contra el respaldo de la silla.

—No, no lo eres.

XLVI

 

Pasa horas a solas antes de que Alana Bloom entre con paso estoico en la sala. Al igual que ocurrió con Jack, Mischa la reconoce en cuestión de segundos. Tiene ojeras y los ojos rojos, Mischa supone que Jack le habrá contado que Will está vivo y por un momento la compadece. Solo por un momento.

—Alana Bloom —dice Mischa—. Mi padre me ha hablado mucho de ti, dice que eres una psiquiatra excepcional, su mejor alumna.

Alana observa la postura de la niña, sus expresiones y sus sonrisas. Es una perfecta copia de Hannibal, pura elegancia, cabeza bien alta y ojos expectantes. Y aun así hay algo de Will en ella también, sus movimientos, su forma de hablar…

Alana siente que no puede soportarlo. Es como si con cada palabra que emitiera se burlara en secreto de ella, tal y como hacía Hannibal hace años.

—¿He dicho algo malo? —pregunta Mischa con una sonrisa depredadora al cristal tintado tras el que se encuentran Jack y Simon cuando Alana abandona la habitación a toda prisa.

 

XLVII

—¿Matt? ¿Peter tal vez?

Simon no puede evitar sonreír ante los intentos frustrados de la chica por saber su nombre.

—¿Sam?

—Es Simon —responde finalmente.

—Yo soy Mischa.

—¿Por qué te presentas? —Pregunta Simon confuso— Ya sé tu nombre. Todos lo sabemos, debido a las circunstancias.

—Hubiera sido grosero no hacerlo, ¿no crees? —Le responde— Mi padre me enseñó que una persona grosera no tiene derecho a vivir, por lo que debo cuidar mis modales.

—Hannibal Lecter debe ser un padre horrible.

—Al contrario, es el mejor padre que podría haber tenido.

—Y sin embargo te abandonó y decidió llevar a Will Graham en tu lugar.

Mischa se echa hacia atrás en un movimiento involuntario, sin apartar la mirada del agente. Frunce el ceño y evita pensar en ese tema.

—¿Estás tratando de psicoanalizarme, Simon? No te gustaré si lo haces.

—Incluso sin haberlo hecho aún, no me gustas.

—Mentiroso. Sientes curiosidad por mí, por mi familia y por la forma en la que pienso. Tienes miedo de adentrarte en mi subconsciente y descubrir que eres como nosotros. Tienes miedo de acabar como mi padre, Will.

Simon expulsa el aire que sus pulmones estaban conteniendo y se levanta de la silla.

—Espero que pase buena noche, señorita Lecter.

No lo hace. Pasa las horas sola y encadenada contra la mesa. Es la noche más larga de su vida.

 

XLVIII

—Iremos a por ella en dos horas —dice Hannibal en voz baja.

Están en la cabaña que habían habitado muchos años atrás, cuando Hannibal cosía la herida de bala de Will y este intentaba destruir los muros que ambos habían construido en torno a su relación.

Will asiente con la cabeza sin mucho ánimo y toma asiento en el sillón viejo y raído que se encuentra en una de las esquinas. Evita mirar a Hannibal porque cada vez que lo hace es como si recordara todos esos momentos en los que había tenido a Mischa en brazos, arrullándola, bailando con ella y sonriéndole, y realmente no puede entender como esa misma persona que le había dado tanto cariño y amor ha sido capaz de abandonarla a su suerte.

 

XLIX

Will sabe que Jack debe estar esperándolos con un sinfín de hombres armados, pero le da igual. Lo único en lo que piensa es en sacar a su hija de ese sitio y no perderla de vista nunca más en lo que le queda de vida.

Hannibal desprecia las pistolas, prefiere los cuchillos, la forma en la que cortan la carne a su voluntad; pero tal y como está la situación es la única arma que va a darles la oportunidad de salir del lugar de una sola pieza.

—¿Listo?

Will asiente e inspira profundamente.

L

Mischa escucha los gritos y el sonido de los disparos mucho antes de que uno de los agentes del FBI fuera a por ella. Ni se te ocurra hacer ningún movimiento brusco, le dice. Se da cuenta de que planean trasladarla a otro lugar cuando el hombre desengancha la cadena de las esposas de la mesa de metal y le apunta con su arma.

—¿Por qué me trasladáis? —le pregunta. En ningún momento piensa que sería posible recibir una respuesta, pero sus padres siempre le han enseñado a distraer a la presa antes de cazarla— Mis padres están aquí, ¿verdad?

—¡Cállate! —El agente baja su pistola durante una milésima de segundo y Mischa sabe que esa es su oportunidad. Mueve una de sus piernas con rapidez provocando que el agente pierda el equilibrio y estampa su cabeza contra la superficie de metal. Cachea los pantalones del agente hasta encontrar las llaves y se libra de las esposas todo lo rápido que puede. Recoge la pistola con la que antes había sido apuntada y abandona la sala con pasos rápidos.

Los gritos y el sonido de las armas son incluso más fuertes desde el pasillo. Un segundo, dos, y todo ha acabado.

Un completo silencio inunda el edificio.

LI

—¿Will?

Jack le mira de la misma forma en la que miraría a un fantasma. No está preparado para volver a verle, mucho menos en esas circunstancias.

—Hola, Jack —Will dice su nombre con un matiz de cariño en él. No quiere hacer esto a las malas. Siempre había considerado a Jack su amigo, incluso cuando dejó de creer en su inocencia durante su estancia en el Psiquiátrico de Baltimore—. Solo quiero llevarme a mi hija.

—¿Dónde está? —Pregunta— Hannibal, ¿dónde está?

—Distrayendo a tus agentes.

—Todos estos años pensando que estabas muerto… Debí haber escuchado a Alana cuando me dijo que ya no eras el mismo hombre que habías sido. Que Hannibal te había cambiado —Jack baja la mirada, se frota la frente en señal de frustración y cansancio.

—Solo quiero llevármela —repite—. No quiero hacerte daño.

—Esto… —Jack abre los brazos, mirando de un lado para otro, dándole sentido a la frase— esto te va a explotar en la cara. ¿Cuánto tiempo más vas a estar jugando a la familia feliz? El Destripador se cansará de ti un día, cuando ya no le seas útil. Sabes que siempre podrá reemplazarte. Al igual que ha hecho con Abigail Hobbs.

—No tengo tiempo para esto, lo siento —Will alza su pistola, en parte porque no quiere escuchar las palabras hirientes de Jack. Le dispara en un hombro, al igual que hizo él años atrás en la cocina de Garret Jacob Hobbs; cae de espaldas y le dedica una mirada decepcionada cuando pasa a su lado. No lucha contra él, hacía años que Jack había dejado de luchar.

LII

—¿Papá?

Todo está oscuro, lo único que Mischa ve es una silueta en la oscuridad, el sonido de los pasos junto a ella.

—Mischa —susurra Will, apartando la pistola de la niña y la abrazándola tan fuerte como puede.

—Sabía que vendríais a por mí.

Will sonríe contra su hombro y la besa en la cabeza, tal y como había hecho cuando era mucho más pequeña. Lo siento mucho, le susurra una y otra vez, pero a Mischa todo eso le da igual, lo único que importa es que están juntos otra vez.

 

LIII

Hay más de diez hombres sangrando en el suelo cuando Will y Mischa vuelven a la entrada. Hannibal tiene sangre por toda la camisa, la frente sudada y los hombros cansados. Debe aceptar que ya está demasiado mayor para estas cosas.

Es como si saliera el sol cuando ve a Mischa sana y salva. Los ojos de Hannibal se iluminan, sonríe más de lo que Will le ha visto nunca hacerlo y abre los brazos de par en par para abrazarla; Will no puede evitar perdonarle todo lo que ha hecho cuando nota la desesperación que emite todo su cuerpo. Sabe que la conciencia del hombre va a reprocharle haberla abandonado a su suerte durante toda la vida, haber estado a punto de dejar que la taza se rompa otra vez en mil pedazos. Nunca va a perdonárselo.

—No os mováis.

Will se vuelve muy lentamente y observa como el joven agente de policía que los arrestó los apunta una vez más con su pistola.

—Estás en clara desventaja, chico —le dice Will, todo comprensión y palabras suaves—. Somos tres contra uno, no hagas locuras. Vuelve por dónde has venido.

—Sé inteligente, no valiente —Hannibal susurra las mismas palabras que le dijo a Alana muchos años atrás, pero sabe que esta vez tampoco serán escuchadas.

Simon levanta aún más el arma. Su mirada va de Hannibal a Will, esperando que alguno de los dos haga algún tipo de movimiento.

—Simon, baja la pistola —le dice Mischa, dando un paso hacia él.

—No te muevas.

Esta vez Simon apunta directamente hacia ella y Will ve la oportunidad de atacar. Avanza rápidamente hacia él con intención de arrebatarle el arma, Simon dispara y la bala le roza el costado. No es nada que no pueda soportar después de haber sido disparado y apuñalado más veces de las que puede contar, así que le empuja y apunta directamente a su cabeza con su propia pistola.

—Te lo advertimos.

—Papá, no. ¡Por favor! —Mischa avanza hacia él y Hannibal la sostiene por los hombros — ¡Es como nosotros! ¡Es como tú! ¡Puede adentrarse en la mente de las personas!

Sus ojos conectan con los de Hannibal y pregunta de forma silenciosa: ¿qué hago?

Debe matarlo, lo sabe. Sabe cómo su hija le había mirado el día anterior, tal y como Hannibal lo hizo hace mucho tiempo con él. Sabe que acarreará consecuencias, que la vida de ese chico será destrozada vilmente por la influencia de Mischa (tan, tan parecida a Hannibal). Habrá obsesión, sangre y aún más muertes.

—Te estoy haciendo un favor, créeme —Will sonríe de medio lado y susurra un lo siento demasiado bajo como para que nadie lo escuche.

—¡Es un oso! ¡Es un oso disfrazado de cazador! ¡Es como tú!

Es como si todas las terminaciones nerviosas de Will se congelaran al escuchar esas palabras. Mischa sigue gritando y es todo tan parecido a la noche en la que Will le suplicó a Hannibal que la dejara a con vida, que no puede respirar correctamente.

—Te arrepentirás de esto —le dice Hannibal, adelantándose a sus acciones. Lo conoce demasiado bien como para no hacerlo.

—Lo sé.

Will aprieta el gatillo y Simon grita de dolor al sentir como la bala le atraviesa el muslo.

—Vámonos.

Will agarra el brazo de Mischa con brusquedad y corren hacia la salida.

LIV

—Viste como le miraba, ¿verdad?

Hannibal asiente con la cabeza y bebe un poco más del vino de su copa.

—Un agente del FBI… Que poco práctico —dice, degustando los restos de vino que se asientan en su lengua.

—De tal palo…

Will deja la frase inconclusa porque piensa que es mejor así, Hannibal sonríe y se acomoda un poco más en el sillón.

LV

 

Simon se encuentra recuperándose en el hospital cuando recibe la carta. La bala entró de forma limpia, nada serio, lo justo para que no les persiguiera. Aún le duele, pero la cicatriz no será demasiado grande.

Una de las enfermeras llama a la puerta y le entrega el sobre. Han dejado esto para ti, le dice. Es pequeño, pero el papel es elegante y cuando lo abre lee en él:

 

Espero que nos volvamos a encontrar.

Simon frunce el ceño y tira la carta a la papelera.

Notes:

¡Fin!

Al final ha sido más largo de lo que esperaba. La gente que suele leerme sabe que no me gustan los OC (Original Character), ni para leerlos, ni para escribirlos, pero en este fic eran realmente necesarios para desarrollar la trama y la personalidad de Will y Hannibal, así que espero que no os hayan resultado demasiado pesados.

Espero que os haya gustado el final, agradecería mucho algún comentario si habéis llegado hasta aquí, es lo que me hace seguir escribiendo y me ilusiona mucho responderos a todos :)

Notes:

¡Es la primera vez que escribo sobre Hannibal y tenía muchísimas ganas de hacerlo! Espero que los personajes estén medianamente IC y que os esté gustando la historia :)