Chapter Text
—Nino —dijo Alya con un tono neutral y sin despegar la vista de Adrien y Marinette—. Hazme el favor de sujetarme por los hombros.
—¿Así? —preguntó Nino sin cuestionar el pedido. Hacía tiempo había aprendido que cuestionar a Alya no lo llevaba muy lejos.
—Sí, así está perfecto, gracias —Cerró los ojos, tomó aire y exhaló una, dos, tres veces. Entonces sus ojos volvieron a abrirse y su rostro se transfiguró a una expresión de rabia. Se echó para adelante como queriendo abalanzarse a ellos como un depredador, sólo que Nino se lo impedía—. ¿¡Qué quieres decir con que ahora ustedes dos están saliendo!?
—Pensamos… Pensamos que te alegrarías, Alya —dijo Marinette con cierta timidez, tomada de la mano de Adrien. Éste dio instintivamente un paso hacia atrás para esconderse tras su novia.
—Oh, no te confundas, estoy en un pleno estado de éxtasis —rugió—. ¿Pero acaso tienes la más mínima idea de lo que he sufrido por ustedes dos?
—Hemos sufrido —la corrigió Nino.
—…¿No? —se aventuró Adrien, ahora desde su lugar tras el hombro de Marinette.
—¡Primero! Primero Marinette está loca por Adrien, pero él ni cuenta de ello. «Is sili ini grin imigui» decía él una y otra vez —gritó llena de frustración para nadie en particular. Menos mal que el aula estaba vacía—. Luego Nino y yo tenemos la sospecha de que el niño bonito corresponde a estos sentimientos, pero él lo niega. ¡Y después! Después a la señorita Marinette «no puedo decir tres palabras frente al niño bonito sin sonar como un remix de mí misma» Dupain-Cheng se le da por dejar de querer a Adrien de esa forma. ¡Sin razón alguna! ¡Sin darme explicaciones! —Inhaló y exhaló profundo nuevamente—. Y, unos meses después, ¡me vienen con esto! ¡Más les vale a los dos que esto sea un «Y vivieron felices para siempre» porque les juro que sino Le Papillon tendrá razones de sobra para akumatizarme otra vez!
Se hizo un silencio en la habitación. Mientras Nino le daba palmaditas en los hombros a Alya («Ya, ya, amor. Ya está, ya están juntos»), Marinette y Adrien intercambiaron una mirada que significó un «¿Ups?».
—Así que… ¿la invitación para una doble cita sigue en pie? —dijo Marinette todavía tímida.
—¡Por supuesto que sigue en pie! —volvió a rugir Alya—. ¡Esto es un sueño hecho realidad!
—Ya puedes bajar la voz, amor.
—¡No puedo! ¡He perdido la capacidad cognitiva de bajar la voz! ¡Estos dos bobos me han roto! ¡Roto, te digo!
—Entonces… ¿nos vemos en el cine más tarde? —preguntó Adrien.
—¡Ustedes invitan las bebidas y las palomitas! ¡Es lo mínimo que Nino y yo nos merecemos por todo lo que nos han hecho pasar!
