Chapter Text
¡Réquiem! ¡Réquiem!
A esa flor fugaz que se dispersó en la noche
Por favor, descansa en paz
Abrazado por el calor del amanecer
Requiem der Morgenröte - Linked Horizon
—Pero si sucede algo, me lo dirás, ¿verdad?
Había intentado desesperadamente ignorar la sensación de ardor que se extendió por todo su pecho a medida que pasaban los días. Había intentado desesperadamente ignorar la sensación de sofocación lenta en sus pulmones. No querría arruinar su amistad con Kirishima, ni tampoco hacerlo sentir incómodo.
Vaciló. Primero, pensó en cuáles serían las opciones limitadas que todavía tenía. No había tantas opciones para elegir, en realidad. En este momento, todo lo que quería era estar con Kirishima. Él estaba satisfecho con eso. Pero tenía medio de estar llegando a su límite. Si había un momento en el que debiera de hablar, entonces...
—Los médicos la llaman enfermedad Hanahaki —dijo finalmente, después de pensarlo durante largos minutos—. Básicamente, mis pulmones se están llenando de flores.
Hablar de eso con Kirishima fue como quitarse un peso de encima. Lo ayudó a relajarse y abrirse. Pero incluso mientras hablaba, sus ojos estaban fuera de foco, como si estuviera en otra parte completamente distinta, y aún más callado de lo que solía estar.
Que era. Las causas. Los síntomas. Los remedios que podían retrasar la enfermedad. Las curas. Los efectos secundarios. Kirishima escuchó todo lo que quiso decirle, en un silencio que el otro agradeció.
La primera pregunta que llegó, fue de por qué no se lo había dicho antes. Kaminari solo pudo encogerse de hombros, afirmando que la enfermedad solo lo afectaba a él, y eso significaba que podía y tenía que cargar con todo. El rostro preocupado del pelirrojo quedaría grabado en su memoria, y también aquellas palabras en las que le aseguró que era fuerte y un héroe, pero que estaba bien tener debilidades y apoyarse en los demás a veces.
—¿Qué hay de la cirugía? Dijiste que eso podría curarte —preguntó Kirishima en cierto punto.
Kaminari suspiró.
—Lo hace, pero también elimina los sentimientos y, a veces, dependiendo de qué tan bien va la cirugía, la capacidad de amar también se elimina por completo.
La parte más difícil de la conversación que tuvieron, fue cuando Kaminari trató de que Kirishima dejara de consolarlo. Siempre estaba tratando de ser el héroe, siempre tratando de ser un pilar fuerte para todos, y casi temió que una confesión se le escapara. Hacer que Kirishima entendiera que él estaba perfectamente bien, que debía dejar de preocuparse, fue el paso más difícil.
Él no quería simpatía, ni ser lastimado. Que Kirishima fuera capaz de realmente escucharlo era, honestamente, suficiente para Kaminari.
Y entonces, Kaminari se sentía un poco mejor. No iba a confesársele, pero saber que Kirishima lo apoyaría en cualquier situación aliviaba su corazón.
—El hanahaki no es tan malo una vez que te acostumbras.
Esas habían sido las palabras que Kaminari le había dicho antes de que ambos se separaran luego de una larga charla. El rubio lo había dicho con una sonrisa en sus labios, y a pesar de que Kirishima sabía que estaba mintiendo, no tuvo el valor para decirle a su amigo que no había nada bueno que pudiera salir de esa enfermedad.
No quería dejarlo solo, pero Kaminari había insistido en que no se preocupara, que todo estaba bien. Y Kirishima le creyó.
Eran mejores amigos. A partir de ahora, estaba seguro de que Kaminari le diría si algo iba mal con su enfermedad. Estaba seguro de ello.
Pero Kaminari parecía no pensar lo mismo. O tal vez, ni siquiera era consciente. Luego de aquella tarde, Kaminari no parecía haber mejorado ni un poco; y es más, incluso parecía que empeoraba día a día. Había comenzado a olvidar las cosas con alarmante frecuencia, e incluso solía quedarse dormido con los ojos abiertos.
Las cosas han cambiado, y no han cambiado para mejor.
El tic-tac del reloj era el único sonido que podía oírse en la sala de estar, a pesar de que la mayor parte de la clase se había reunido allí. Nadie se atrevía a decir nada, embargados por una sensación que no podían describir.
—¿Kaminari? —la voz de Ashido se dejó escuchar luego de unos tensos segundos de silencio.
El mencionado parpadeo confundido, como si despertara de un trance. Kirishima incluso podría jurar que lo escuchó decir "oh, cierto" antes de continuar escribiendo en su cuaderno de tareas, al mismo tiempo que continuaba explicándole a Momo cuál era su problema en cierto ejercicio.
Había llegado con una extraña energía, rogándole a Momo que le explicara uno de los temas que Aizawa había dicho que iban a entrar en el próximo examen. Pero cuando estaba explicando su problema, repentinamente se había quedado callado, observando su hoja como si estuviera en trance.
Los demás estudiantes que se encontraban en la sala común intercambiaron miradas preocupadas. Sorpresivamente, fue Todoroki quien realizo la pregunta que todos tenían en sus mentes.
—Estos días has estado un tanto distraído, Kaminari. Bueno, más de lo normal, supongo —mencionó, intentando no sonar exigente—. ¿Todo está en orden?
Kaminari se apresuró a darle una sonrisa, mientras afirmaba que todo estaba bien, que solamente no había estado durmiendo bien por las noches por culpa de los exámenes. Los demás fingieron creerle, porque pensaban que si algo estaba realmente mal, Kaminari se los diría.
En ese momento, Kirishima solo pudo sentir como una mano inexistente apretaba su corazón. Kaminari se estaba muriendo, y no había nada que pudiera hacer para detenerlo.
Fue a visitarlo esa noche, para asegurarse de que estaba bien. Golpeó un par de veces la puerta, pero al no escuchar respuesta, se comenzó a inquietar. Comenzó a golpear más fuerte, con el corazón en la mano, incluso sin darse cuenta de que había activado su quirk, antes de que la puerta se abriera lentamente.
—Kirishima, es pasada la medianoche...
El pelirrojo sintió un hueco en el estómago al ver el rostro de su amigo. Grandes bolsas bajo los ojos, que se veían opacos y sin vida, decorando un rostro demacrado y fatigado.
—Me preocupé. Yo, bueno... ¿puedo pasar?
Kaminari lo observó durante unos segundos, antes de hacerse a un lado y permitirle la entrada. Se arrojó a la cama, envolviéndose en las sábanas mientras el pelirrojo cerraba la puerta. Kirishima consideró en sentarse en la cama a su lado, pero finalmente se sentó en la silla del escritorio.
—Kaminari, yo...
—Sé lo que vienes a decir —lo interrumpió—. Vas a tratar de convencerme de operarme.
Kirishima tragó saliva, dejando que su silencio le diera la respuesta.
—Quienquiera que sea este idiota que amas, está hiriéndote. Tienes que ir a cirugía. Tan pronto como sea posible —inhaló profundamente. La habitación de Kaminari olía a encierro, naciendo a través del olor dulzón de las flores desparramadas por el piso—. No puedo verte mas así, Kaminari...
Kaminari lo miró con ternura, sin atreverse a salir de su refugio entre las sábanas. Finalmente, asintió.
—Lo sé. Lo sé, Kirishima. Voy a programar la cirugía pronto, así que no tienes de que preocuparte. Solo tendré que pasar por esto unos días más, y entonces...
Detuvo sus palabras al sentir un peso sobre él. Kaminari abrió los ojos sorprendido, mientras Kirishima se inclinaba hacía él y lo abrazaba. Sentía un calor agradable en el estómago, mientras que al mismo tiempo quería alejarse de él.
—¿Kirishima...?
—Gracias. Sé que no querías hacerlo, pero estoy aliviado ahora —se aferró más fuerte al rubio—. No sé qué haría si algo llegara a sucederte...
Kaminari se relajó un momento. Finalmente, envolvió el cuerpo del otro chico entre sus brazos. Sintió a Kirishima tensarse; seguramente sorprendido de que le devolviera el abrazo.
Junto a él, se sentía seguro. Es que en realidad, para él, Kirishima era como el sol: cálido, apasionado, divertido, amable y, en general, increíble. Sabe que esto no durara mucho, pero tan solo está feliz de poder compartir este momento con Kirishima.
—Estaré bien pronto, así que no te preocupes.
Algo pesado se contrajo en su pecho en cuanto dijo esas palabras, sintiendo como su garganta se secaba.
Estaba asustado. Tenía miedo, más del que alguna vez había sentido. Tan solo quería llorar, y esperar que alguien lo salvara.
Pero Kaminari no quería realizarse la operación. Incluso cuando las flores comenzaron a llenar la habitación, cuando la sangre y la enfermedad llenaron el aire, no podía abandonar esos sentimientos.
Ya no puedo hacer esto.
Se odiaba a sí mismo, odiaba su corazón, odiaba su cabeza. Odiaba a su propio cuerpo que lo traicionaba.
Estaba acostado en su cama, observando el techo con una mirada perdida. No tenía fuerzas para levantarse o encender la luz, por lo que la habitación estaba completamente a oscuras. Las flores llenaban sus pulmones, pero todo eso es culpa suya, porque esos hermosos pétalos de flores son el resultado de unos sentimientos unilaterales.
No quiere ser encontrado al día siguiente. Sabe que hay gente que lo aprecia, gente a la que él ama. Desearía poder cerrar su puerta con llave y que nunca jamás vuelva a abrirse; que su cuerpo se transforme en un jardín y sea plantado en el patio de la escuela.
Midoriya había hecho todo lo posible para ayudarlo en aquellos días, pero simplemente no era suficiente. Kaminari sabía lo mucho que Midoriya deseaba poder convertirse en un héroe y salvar personas con una sonrisa, y el rubio se sintió mal por él. No quería que sufrieran por su culpa.
Siempre había escuchado historias sobre el amor, desde pequeño le habían enseñado que era la base de la fortaleza humana. Un sentimiento que podía salvar vidas. Entonces, ¿por qué no le sucedió eso a él? ¿Cuál era el problema que tenía para solo poder recibir sufrimiento?
Tosió violentamente e hizo una mueca mientras miraba su reloj.
Seis minutos.
Sabía que este día sucedería. Nunca estuvo necesariamente preparado para eso, pero siempre tuvo la sensación de que llegaría tarde o temprano. Sabía que nunca podría tenerlo. Sentía en su corazón un dolor muy punzante que nunca antes había sentido.
Cinco minutos.
Podía sentir sus pulmones protestando mientras respiraba temblorosamente. Sus extremidades se volvían más difíciles de mover a medida que se debilitaba. Tosió y balbuceó violentamente antes de pasar una mano por su boca para amortiguar el ruido. Lo último que quería era que los demás lo escucharan.
Cuatro minutos.
Kaminari no se había acercado a Kirishima con la idea de enamorarse de él. Pero sus sentimientos evolucionaron de una manera inevitable. Cada vez que él lo miraba, su corazón se tensaba. Kirishima fue tan amable y dulce con él. Fue difícil no tener sentimientos por él.
Tres minutos.
Cerró los ojos al sentir un dolor punzante en el pecho y en los pulmones cada vez que respiraba. Mientras sus pulmones ardían y su mente llevaba a la persona que anhelaba cada vez más lejos, la muerte parecía estar más cerca.
Dos minutos.
Se forzó a abrir los ojos, tratando de enfocarlos en la fotografía enmarcada que había colocado hace tiempo sobre su escritorio. Se preguntó qué haría Kirishima cuando lo encontrara al día siguiente. Las lágrimas corrían por su rostro mientras su visión se nublaba ligeramente.
Un minuto.
Comenzó a asfixiarse cuando sus pulmones parecieron dejar de funcionar por completo, comenzando a pensar en todas las cosas que hubiera deseado decirle a Kirishima si hubiera tenido el valor de hacerlo.
Cincuenta segundos.
"Lo siento. Sé que será doloroso cuando me encuentres. Realmente no quería que me vieras así."
Cuarenta segundos.
"Fue más fácil de esta manera".
Treinta segundos.
"Tal vez debería haber dicho algo antes. Cuando empecé a toser pétalos".
Veinte segundos.
"Te amo".
Diez segundos.
"Quiero verlo" intentó murmurar, pero en cambio, solo dejó salir flores maltrechas entre toses y su visión comenzó a oscurecerse. No podía respirar. Su cabeza se sentía ligera y sus manos estaban frías.
Un hilo de sangre bajó por sus labios, mientras cerraba los ojos. Esperaba que cuando lo encontraran al día siguiente, su cuerpo fuera un jardín. Al menos algo hermoso podría salir de todo esto. Estaba tan cansado de pelear.
El reloj marcó las doce en punto.
Tal vez en algún tiempo, existiría un mundo en donde ellos dos estuvieran juntos.
Ese día, Kaminari no fue a desayunar con los demás. Pensando que el chico debería de haber estado muy cansado, nadie fue a despertarlo. De todas formas, no sería la primera vez que Kaminari llegará tarde a clases, y seguramente no sería la última.
Esa fue la señal de que algo no estaba bien, pero aun así, nadie hizo nada.
Kaminari no fue a clases ese día tampoco. Ni siquiera a los entrenamientos de héroe, que siempre le habían gustado.
Cuando llegó la noche, el rubio aún no había aparecido. La inquietud de los estudiantes había comenzado a aumentar, preguntándose si todo estaría bien. ¿Habían hecho algo para enojarlo? ¿Estaba teniendo problemas graves y no se los quería decir? No querían forzarlo, porque eran sus amigos. Si algo malo estuviera sucediendo, se los diría... ¿verdad?
Pero algunos de ellos simplemente no podían seguir esperando que algo sucediera.
—Iré a buscar a Kaminari-kun —mencionó Midoriya, levantándose de su asiento y dirigiéndose hacia las habitaciones.
—¿Estás seguro, Midoriya? —preguntó Mineta, concentrado en el videojuego de lucha que estaba jugando contra Tokoyami—. No quiso salir a vernos en todo el día, no estoy seguro de que este de buen humor.
—No puede estar enojado durante mucho tiempo —sonrió, desapareciendo de la estancia. Aunque nadie lo dijo, todos estaban agradecidos de que finalmente alguien hubiera tenido el valor para ir a ver que sucedía.
Si Kaminari estaba herido, Midoriya quería ayudarlo. Debía tratar de convencerlo de que se hiciera la cirugía, porque aun consciente de lo doloroso que podría ser, sería demasiado tarde si lo seguía posponiendo.
Kaminari no respondió ninguna de las veces que lo llamó a través de la puerta, comenzando a inquietarse. Pero finalmente, luego de forzar un poco la puerta, logro abrirla. Fue recibido con un olor metálico, entremezclándose con otro un poco más dulce. Busco a tientas el interruptor de la lámpara del techo, jadeando fuertemente cuando la luz reveló la que había en la habitación.
—Ahh... —todo su cuerpo se congeló al verlo.
Había un charco de sangre coagulada en medio de la habitación, cubierto de flores empapadas en rojo. Junto a él, yacía el cuerpo inmóvil de Kaminari. Estaba pálido, y cuando Midoriya lo tocó, sintió el frio más congelador que hubiera sufrido jamás. Lo tomó entre sus brazos, incapaz de comprender la situación.
Un sonido doloroso rompió el silencio. Una voz que desgarró el aire, expresando más dolor del que se pensó posible. El gritó de Midoriya retumbo por todas las habitaciones, alertando a todos los que se encontraban presentes en los dormitorios.
—¿¡Midoriya!? ¿¡Que es lo que sucedió!? —Todoroki fue el primero en asomarse por la puerta y hablar. Al ver lo que sucedía, se quedó paralizado. Detrás de él, se amontonaba el resto de la clase—. ¿Midoriya...?
El chico no contestó. Todoroki se adentró a la habitación, moviendo el cuerpo de Kaminari para poder ver su rostro.
—No se mueve. Él esta... está muerto —susurró Midoriya, mientras lagrimas caían desde sus ojos, y eso fue todo lo que se necesitó para que la clase colapsase.
El corazón de Kirishima se congeló. No, no fue su corazón. Fue el mundo el que se detuvo para Kirishima. Era una locura. ¿Por qué el mundo decidió que se lo merecía? Él era una persona ten feliz. ¿Por qué tuvo que desmoronarse?
Algunos de los estudiantes se adentraron en la habitación, mientras que otros se quedaron paralizados, sin atreverse a cruzar la puerta. Un olor dulce emanaba de allí adentro, pero en vez de ser suave y agradable, comenzaba a provocarles nauseas. Era como si alguien hubiera instalado una florería en mitad de la habitación.
—Es una broma, ¿verdad? —el siguiente fue Sero, adentrándose hacía la habitación para observar de cerca lo que sucedía. Al igual que sus compañeros, él también se quedó petrificado en su lugar.
Nadie se movió. Las palabras de Midoriya habían tardado unos pocos segundos en arraigarse en lo más profundo de sus mentes, aterrorizándolos. No, no era eso. Ellos ya habían lidiado con el terror, pero esto era peor que el terror.
—Muerto... ¿Cómo que muerto? ¿¡Que quieres decir?! —Ashido gritó, sintiendo su sangre helarse—. ¿¡Quien le hizo esto?! ¿¡Acaso un villano...!?
—No fue... no fue un villano —fue Tokoyami quien tomó la palabra, con su voz colgando de un hilo—. Mira estas flores. Salen de su boca —tragó saliva, casi sin fuerzas para hablar—. Leí una vez algo sobre eso... una enfermedad que hace que crezcan flores en los pulmones de las personas...
Nadie se atrevió a moverse. Esto debía de ser una broma, una horrible broma de mal gusto.
—¿Están seguros de que esta...? ¿Ni siquiera tiene pulso? —Aoyama preguntó, con su cuerpo entero temblando.
Pero no era el único que temblaba. Todos tenían miedo, esperando que aún existiera una mínima posibilidad de salvar a Kaminari.
Al final, fue Iida quien tuvo el valor de tomar la palabra y romper el silencio.
—No hay pulso. Y su cuerpo está congelado —contestó, adolorido por sus propias palabras—. Él ya no...
—Debe ser una broma. Kaminari... Kaminari no... —Jirou se apresuró a empujar a quienes estaban frente a ella para acercarse al cuerpo del rubio.
Su cuerpo estaba pálido. Había grandes ojeras bajo sus ojos, y flores blancas y azules se habían quedado pegadas a sus labios, también manchados de sangre seca. Jirou solo pudo verlo durante un par de segundos, antes de alejarse y caer de rodillas, comenzando a vomitar. Shoji se acercó a socorrerla mientras que Ashido comenzaba a gritar que alguien, por amor de Dios, trajera a algún profesor. Iida trastabilló un poco, antes de correr a toda velocidad y buscar a alguien.
—No es gracioso, Kaminari —Mineta habló, en estado de shock—. Deberías levantarte ya. Estas bromas no son graciosas. ¡Levántate, Kaminari! ¡Vamos!
Sato se encargó de detenerlo. A su lado, Koji cayó de rodillas al suelo, en pánico y sin saber qué hacer. Del mismo modo, Toru también cayó al suelo, salvó que ella no pudo soportar el pánico y se desmayó, siendo Ojiro quien se acercó a ayudarla mientras trataba inútilmente de mantener la compostura.
Cerca de Kaminari, el cuerpo de Momo había comenzado a producir elementos de primeros auxilios, tratando de que alguien la ayudara para aplicarlos en el cuerpo inerte de Kaminari. Finalmente, fue Todoroki quien tuvo el valor de tomar su hombro y pedirle que se detuviera.
—Todoroki-san...
—Ya no hay nada que podamos hacer, Yaoyorozu...
La chica se detuvo, guardando silencio un par de segundos y finalmente quebrando en llanto, como casi todos sus compañeros.
Kirishima estaba congelado en la entrada, todavía en estado de shock y preguntándose si había algo que podría haber hecho. ¿Tal vez si lo hubiera llevado a la enfermería antes? ¿Tal vez podría haber llegado aquí a tiempo y haber evitado que sucediera?
—¿Por qué? —susurró Jirou, que finalmente había recuperado un poco la compostura. Gruesas lágrimas escapaban de sus ojos—. ¿Por qué no nos dijo nada?
—¡Es mi culpa! —gritó Ashido, cayendo al suelo y abrazando sus rodillas—. ¡Se supone que soy su amiga! ¡Debería haberlo sabido, podría haberlo ayudado con esto!
—No es así, Mina-chan —le hablo Tsuyu, con lágrimas corriendo por sus mejillas y la voz quebrada—. No es culpa de nadie...
—No. Te equivocas. Esto es mi culpa —esta vez fue el turno de Midoriya de hablar, mientras aun corrían lágrimas por sus mejillas—. Yo sabía que Kaminari-kun estaba enfermo. Lo sabía, pero como me dijo que podría manejarlo, no lo ayude lo suficiente. Debería de haber hecho algo para ayudarlo... ¡podría haber ayudado a detener esto!
Uraraka puso una mano sobre cada uno de los hombros de Deku tratando de reconfortarlo un poco, sin ocultar el hecho de que sus ojos estaban inyectados en lágrimas.
—Nada de esto es tu culpa, Deku-kun...
—Es culpa de todos —la voz de Bakugo se dejó oír, y toda la habitación quedó sumida en un moderado silencio—. Todos somos culpables. Deberíamos haber sabido que algo estaba mal, pero todos estábamos demasiado ocupados.
Golpeo una pared con su puño, agrietándola.
—¡¡Mierda!! ¡¡Si, Deku y Kaminari tienen la mismísima culpa de mantenerlo como un jodido secreto, pero maldición, todos deberíamos haberlo sabido!!
Si alguien vio las lágrimas que caían por sus ojos, nadie dijo nada.
Kirishima miró alrededor de la habitación, tratando de ignorar cuán dolorosas pero verdaderas eran las palabras de Bakugo. Debería haberse dado cuenta que no era normal. Conocía los síntomas de la enfermedad de hanahaki, pero no entendió que Kaminari ya había pasado el punto de no retorno.
Sus ojos se posaron en el cuerpo de Kaminari otra vez, y sintió aún más lágrimas resbalar por su rostro. No solo estaba desconsolado, estaba aterrorizado. La muerte de Kaminari no solo era dolorosa emocionalmente, también era dolorosa físicamente. Incluso había estado planeando confesársele en los próximos días, pero eso ya no era una opción.
Esa hermosa sonrisa suya, una que eclipsa el sol de la mañana, nunca sería capaz de volver a verla.
Nadie habría esperado que Kaminari muriera, pero estaban equivocados sobre eso. Incluso los ángeles no eran inmunes al orden natural de las cosas.
Los demás seguían hablando, pero él ya no podía escucharlos. Ni siquiera se dio cuenta de que Aizawa había llegado a los dormitorios, trayendo a All Might, Present Mic y Midnight con él. Solamente volvió a la realidad cuando trataron de alejarlos de la habitación, porque no querían que siguieran viendo una imagen como esa.
Kirishima enloqueció.
No podía dejar que lo apartaran de él.
Ya lo había dejado solo antes, no podía volver a hacerlo.
No se molestó en esconder el horror en su corazón, el dolor, la conmoción y el miedo.
No recuerda muy bien lo que sucedió en ese momento, solamente el momento en el que activó su quirk y trató de golpear a todos los que trataban de alejarlo de Kaminari. Gritó, rugió y lloró, intentando permanecer a su lado. El ultimo recuerdo que tenía era el de haber tratado de golpear a Aizawa, antes de que cayera inconsciente en el suelo, seguramente por culpa de la habilidad de Midnight.
Las puertas de UA permanecieron cerradas tres semanas, en las que la escuela estuvo de luto.
La noticia llegó incluso a los periódicos. El incidente dañó un poco la credibilidad y reputación de la escuela. Ciertos periódicos trataron de hacer trizas UA, hablando de que estaban tan seguros de sí mismos que no podían ver como uno de sus estudiantes tenía una enfermedad peligrosa justo debajo de sus narices. O de cómo no le habían proveído las herramientas necesarias para su salud.
Ese aprovechamiento causo un choque de intereses entre los medios, porque si bien algunos culpaban firmemente a UA de lo que había sucedido, hubo quienes defendieron a la institución con uñas y dientes, afirmando que incluso si la escuela hubiera estado enterada del incidente, la operación del Hanahaki era completamente responsabilidad del implicado y de sus padres.
Pero a nadie dentro de la institución le importaba realmente lo que los medios podían decir en ese momento. Habían perdido algo demasiado valioso como para que les importara.
Alguien que desapareció del mundo de los vivos mientras se aferraba a una gardenia completamente florecida.
Finalmente, cuando se reactivaron las actividades, algo había cambiado en el ambiente. Kaminari no estaba allí, uno de los pilares que mantenía al grupo unido. La clase 1-A había perdido a alguien importante, e incluso los demás cursos se habían mostrado empáticos ante este hecho. Monoma mismo les había dado el pésame, con los ojos entristecidos, y afirmando que no podía imaginar cómo se estaban sintiendo en ese momento.
Recovery Girl organizó una reunión con la clase 1-A y los profesores de la misma, dando toda la información posible sobre la enfermedad del hanahaki. Admitió que, aunque le había dicho una y otra vez que la cirugía debía realizarse, Kaminari no había querido hacerle caso. Aunque doloroso, fue una especie de alivio para algunos conocer el significado detrás del extraño comportamiento y fallecimiento de su amigo.
Las únicas dos personas que sabían quién había sido realmente la causa de la enfermedad de Kaminari, nunca comentaron nada al respecto. Si Kaminari había decidido llevarse ese secreto a la tumba, no iban a despreciar su decisión.
El cese de la vida no es necesariamente el equivalente de la muerte. Eso es lo que piensan muchas culturas y religiones; que aquellos que los dejaron todavía siguen con ahí. Todos los que llegaron a conocer a Denki deseaban pensar en ello. ¿Pero si es así, si aún está con ellos, por qué es entonces tan doloroso?
La herida nunca terminó de cerrar, pero todos estaban tratando de adentrarse lentamente hacía su futuro. Sin embargo, algunos de ellos seguían despertándose de madrugada gritando con ferocidad, o permanecían despiertos hasta tarde empapando la almohada con lágrimas.
Pero si tuvieran que decirlo, Kirishima fue quien más adolorido estaba por la pérdida del chico. Algo se rompió dentro de él, y quedó demasiado dañado como para poder ser recuperado. Tomo mucho tiempo hasta que pudo volver a mostrar una sonrisa, pero nunca ilumino con la misma calidez con la que lo había hecho antes.
Un funeral se realizó en su honor. Como si se burlara de aquellos que habían perdido a alguien importante, el sol brillaba en un lienzo pintado de azul. Pero nadie pudo siquiera alzar la mirada y ver como el cielo resplandecía, porque las lágrimas en sus ojos impedían ver más allá del cajón cerrado.
Algunos no tuvieron el valor de asistir. Kirishima fue uno de ellos. ¿Cómo podría tener la audacia de asistir y llorar en su funeral, cuando hace apenas un par de días ni siquiera sabía que él tendría uno?
Deseó que lo que estaba pasando fuera simplemente una pesadilla. Solo que no lo era.
Un mes después del fallecimiento de Kaminari Denki, Shinsou Hitoshi fue incorporado al alumnado de la clase 1-A.
Dos meses después del fallecimiento de Kaminari Denki, Kirishima Eijiro finalmente tuvo el coraje para visitar su tumba.
Tres meses después del fallecimiento de Kaminari Denki, Bakugo Katsuki despertó con pétalos verdes en su almohada.
