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Yolg'iz va choryl omega

Chapter 3: 02- Hades

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02 - Hades.

[●●●]

El grito de un infante no se escuchó.

El hombre gordo golpeaba con el cinturón la espalda del pequeño niño.

Una espalda joven y llena de cicatrices.

Una espalda de esclavo y locura.

[●●●]

Privet Drive es el típico vecindario de gente normal.

Privet Drive tiene todas las casas iguales, con los techos de color rojo y las casas blancas pintadas.

Es el típico vecindario normal para personas de clase media alta, donde las mujeres perfectas son amas de casa amorosas.

Es el típico vecindario donde nadie creería que pasaría algún crimen.

Y eso es un error.

Los seres humanos siempre cometemos el error de juzgar o evaluar por sobre las cosas solamente.

Nunca indagamos. Y las cosas más extrañas siempre pasan desapercibidas en lugares remotos como Privet Drive.

En el número 4 de Privet Drive, la típica imagen de familia perfecta se podía ver.

La amorosa ama de casa que preparaba la cena para su trabajador esposo y su adorable hijo.

El adorable hijo sentado sobre un hermoso sofá de cuero negro mientras comía chocolate y palomitas mirando una película.

Y el trabajador esposo... el trabajador esposo ¿dónde estaba?

El grito del infante no se escuchó por Privet Drive, y si lo escucharon... decidieron ignorarlo.

Aunque realmente, siempre lo hacían, aún con dolor en sus corazones y mentes llenas de culpa.

En la segunda planta de la común casa, en una habitación oscura y vacía estaba el trabajador esposo.

Un hombre gordo con un cinturón en la mano mientras golpeaba la pequeña y suave espalda del niño.

¿Cuánto más tendría que soportar eso?

Él ya no quería... él ya no podía.

Solo tenía siete años, él no entendía ¿por qué su tío Vernon lo trataba de esa manera?

¿Por qué su tio Vernon lo lastimaba así? ¿Por qué su tio Vernon lo tocaba así? ¿Por qué su tío Vernon... se portaba así?

Lágrimas saladas resbalaban de sus mejillas mientras intentaba desesperadamente soltar sus manos atadas en el respaldar de una incómoda cama.

Una cachetada hizo que volteara su rostro y sintiera la sangre en su lenguam

Estaba tan acostumbrado al sabor metálico... tan acostumbrado.

Tan acostumbrado que dolía y, al mismo tiempo, el dolor había desaparecido hace años.

- ¡Cállate fenómeno! - un golpe - ¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate estúpido monstruo! ¡No sirves para nada asqueroso omega!

El niño gimoteó pero calló, su mejilla se estaba hinchando rápidamente y pronto el color morado estaría en gran parte de su cara.

- Por favor- el pequeño susurraba - por favor... por favor, de-detente por favor.

El hombre sonrió y siguió pegándole al niño.

Hoy había llegado un nuevo ejecutivo a la empresa, y parece que era amigo del jefe.

En cuanto llegó, le habían dado un mejor puesto que a él. ¡Él lleva trabajando en la misma empresa durante más de quince años y nunca le dieron un ascenso! ¡Él es un Alpha sangre pura y nunca le dieron ese privilegio! ¡y el otro! El otro solo era un estúpido omega que se abría de piernas para su jefe.

De eso estaba seguro.

Su rostro se puso rojo al recordar los ojos verde-grisáceos del hombre nuevo.

Y ese olo que desprendía a pan recién horneado con unos toques de miel.

Gimió y jadeó cuando se dió cuenta por donde iban sus pensamientos.

Pero él era hombre, era un Alpha, y simplemente... simplemente no podía evitar sentirse atraido hacia un omega de alta categoría.

El hombre gordo observó con interés el pequeño cuerpo que tenía apresado en la cama mientras azotaba con su cinturón.

Tal vez... tal vez ya era hora de que el estúpido omega de su sobrino pagara por todo lo que hizo por él.

En la cocina, Petunia se llevó ambas manos a la boca y dejó caer la espátula de madera cuando sintió el olor a sangre y ligera excitación en la planta de arriba.

- Dudley, cariño. ¡ve a buscar tu chaqueta! Iremos al centro comercial unas horas - sonrió.

Cerró la puerta de la casa.

Petunia nunca se imaginó los dulces ojos verdes.

Petunia nunca escuchó la voz de su hermana ni miró su cabello rojo.

Petunia  nunca sintió el amor de su hermana hacia ella.

No se le revolvió el estómago y no quiso llorar.

Ella no lo hizo.

La mujer sonrió, con el corazón encogido y la bilis en su garganta, con sus ojos húmedos y su olor triste.

Ella solo sonrió.

- Mamá, ¿estás bien? - Dudley preguntó.

- Claro amor - ella sonrió.

Ella no lo estaba. Realmente, ¿cuándo lo fue?

[●●●]

Catorce figuras estaban reunidas en la misma habitación de mármol y oro, grandes enemigos se volvieron a ver trayendo recuerdos de sus días de gloria y juventud.

De sus días de hermandad y amor fraternal.

... o, realmente nunca existieron.

- ¿Y bien? - Un hombre alto de cabello negro ligeramente morados y ojos grices habló - ¿Para qué necesitaban de mi presencia en el olimpo? - el sonrió con burla - ¿o acaso ya me extrañaban queridos hermanos? ¡Vaya! Si solo querían verme me hubieran escrito, yo con gusto los recibiría en el palacio del inframundo, justamente el árbol de manazanas dió su fruto hace dos días - se relamió los labios - están apetitosamente... rojas - y sonrió de lado otra vez.

Madre tierra suspiró y sus ojos reflejaron un pequeño tinte de diversión.

Después de todo... aunque ella fuera la diosa madre, y la más "pura" (bautizada así por los viejos dioses y los nuevos) al ser de los más viejos con vida, ella no era blanca.

Ella nunca se dejaría llevar por el estereotipo de "blancura" que todos tenían de ella.

Y la broma oscura de Hades definitivamente le causó gracia.

- Hades - su voz fuerte sonó por las paredes frías - Yo fui la que te llamó aquí.

Los ojos del hombre mayor se abrieron ligeramente al reconocerla, e inclinó la cabeza en muestra de respeto.

- Necesito tu ayuda - ella habló nuevamente.

- Lo que quieras Reina - Hades desde pequeño la llamaba "Reina" para él no era solo la diosa madre, no era solo la más vieja y la más pura, para Hades, ella fue su apoyo, su agarre y ella siempre será su reina.

No importaba lo que Hera tuviera que decir al respecto.

Ella sonrió

- Antes de que aceptes - ella lo observó directamente a los ojos- Necesito que escuches lo que te voy a pedir - ella suspiró y se arregló las arrugas inexistentes de su hermoso vestido de seda esperalda - Encontramos a la Gema Esmeralda - el corazón de Hades se oprimió.

¿Hace cuánto tiempo no escuchaba ese sobrenombre? ¿Cuándo fue la última vez que lo observó?

- ¿No se suponía que siempre estuvo en el Olimpo? ¿Por qué nadie me dijo que estaba perdido?

Madre Tierra negó.

- Los dioses somos muy estúpidos aveces Hades, los dioses cometemos errores, y ellos cometieron uno muy grande por culpa de su orgullo.

Hades asintió.

Él conocía a sus hermanos, siempre los recordaría.

En su mente, las leyes que todos firmaron se presentaron.

Las leyes que les impedían ver a sus hijos.

Amar a sus hijos.

Conocer a sus hijos.

Hijos... que nunca sabrían quienes eran.

Los conocía tan bien como para saber el tamaño del orgullo y el odio que tienene hacia él y, casi, hacia el mundo en general.

- ¿Qué quieres de mi, reina? - su mirada afilada la estaba cuestionando.

Madre tierra sonrió.

Ese pequeño mocoso siempre la cuestionó sin miedos ni cortes en la lengua o sus palabras.

- Sé lo que significa la Gema Esmeralda para tí, Hades - ella lo calló con una mirada cuando él estuvo a punto de replicar - Sé que Perséphonē no puede engendrar a tu hijo, sé que tú mismo le quitaste ese don. Aunque fue inconscientemente - Hades apretó la mandíbula- Sé que La gema tiene tu sangre corriendo por sus venas, y eres el dios que más desea ser padre, se te fue quitado ese derecho cuando estos tontos mocosos orgullosos - señaló a los demás dioses que estaban sentados al rededor de la mesa redonda - trajeron a la gema al olimpo y te impidieron verla, por ello-

- ¡Espera! - Hades habló alto - Sé lo que me quieres pedir, sé la causa de tu discurso. Lamento decirte madre, que no estoy dispuesto a tomar el cargo. Tengo hijos, madre - sus ojos se entrecerraron.

- Son mestizos - ella habló - sabes que no pueden y por culpa de esas estúpidas leyes que ustedes, tontos insensibles hicieron, esos niños nunca podrán saber el amor que les tienes - Zeus y Hera se estremecieron ante la mirada en los ojos de la diosa.

La diosa lo observó con las dos cejas enarcadas.

- ¿Por qué no podrían? -  su voz llena de curiosidad mientras hablaba entre dientes - Poseidón siempre mira a sus hijos, nunca fue castigado. Podría hacer lo mismo y no tendrían derecho a acusarme de traición o falta de contrato.

Hades suspiró y se pasó la mano por su largo cabello, cerró los ojos.

- Son mestizos, Hades - la diosa suspiró - sé que los amas, sé que cada uno de ustedes ama a sus hijos - miró a cada dios - pero son mestizos, nunca podrían heredar el poder de cada uno de ustedes, nunca podrían llegar a enfrentarse a un titán o a los dioses oscuros y los obscurus del mundo - apretó sus suaves puños - es espantoso, pero así es - luego, miró una vez más al dios del inflamado- Hades, eres el más adecuado y podrás ver al resto de tus hijos mientras estés en la tierra - caminó hacia él y le agarró las manos.

- Hay tantas cosas madre - sus ojos estaban tristes- soy el dios de la muerte, yo no cuido personas, yo no sé como cuidar de un niño. Te aseguro que muchos de los doce estarán dispuestos a cuidarlo. Abandoné a mis propios hijos en un campamento, madre.

La diosa negó.

- Quiero que lo cuides tú, Hades, eres el que tiene más derecho a hacerlo. Sé que lo podrás hacer - ella se acercó lentamente a él - Eres mi hijo, eres un dios y eres su padre, tú lo puedes hacer - acunó el rostro del dios con sus manos - Además... créeme cuando te digo que son iguales, el niño sufrió mucho Hades, él sufrió y sufrirá, solo tú puedes cuidarlo, hiciste lo mejor para tus hijos, lo que creíste que era lo mejor. Te estoy dando la oportunidad de ir al mundo mortal, puedes crear lazos, Hades. Puedes verlos otra vez y amarlos aún más.

El dios suspiró resignado y asintió.

Apolo se comenzó a poner nervioso y lentamente intentaba salir de la habitación.

- Cuidaré de él madre, nunca te pude decir que no. No a tí, veré a mis hijos también.

Hades pensó en cómo actuaría Nico.

Y la madre sonrió.

- Eso es porque soy tu madre.

Y de pronto... la temperatura de la habitación cayó y Apolo comenzó a sudar frío.

- Apolo - la voz de la diosa se escuchaba amortiguada - ¿Me puedes explicar eso de la profesía de la gema y de su YA pareja destinada? - ella entre cerró los ojos y los demás dioses lo volvieron a ver como si hubiera asesinado a alguien.

- Si... bueno - el sonrió nervioso - La profesía no es real - "Creo" pensó - Pero... eh- bueno - una risa nerviosa otra vez - Lo de su pareja destinada es-es una historia muy graciosa entre las moiras y yo - Apolo comenzó a reír nervioso, pero se apagó cuando sintió el escalofrío en su espalda.

Estaba jodido.

Las Moiras, en algún lugar del universo, solo reían mientrss tiraban de los hermosos hilos coloridos.

[●●●]

Con las luces apagadas en Privet Drive, Catorce figuras encapuchadas aparecieron frente al número "4"

Solo la luna estaba siendo testigo de las presencias.

Hades dió un paso adelante y frunció el ceño cuando sintió una ligera caricia sobre su cabello.

¿Eso era lo que los mortales llamaban "mágia"?

El sonrió.

Eso era tan absurdo.

Siguió caminando con el resto detrás de él, y lentamente entraron a la casa.

Sus ojos se abrieron grandes cuando el olor a sangre (sangre muy conocida) llegó a sus fosas nasales.

Sus ojos grices estaban tomando un color rojo escarlata mientras brillaban peligrosamente.

- Hades - la voz de Perséphonē a su lado mientras le sostenía el brazo lo suabizó un poco - Relájate Hades, está bien. Ya no lo harán.

Perséphonē también estaba molesta.

Todos los dioses estaban molestos.

Todos sintieron el olor a la sangre.

La única figura distinta del resto (todos llevaban abrigos negros y ella llevaba un abrigo verde esmeralda ) comenzó a avanzar lentamente entrando a la casa y adelantando a Hades.

La delicada nariz de ella se arrugó y tuvo que respirara lentamente cuando el olor de omega la golpeó.

Había dos omegas en la casa.

Una omega femenina, y un Omega masculino.

Ella sonrió.

Los omegas masculinos son codiciados por el mundo, son cuidados y tratados con respeto por muchos.

Los omegas masculinos son extremadamente raros de encontrar (por lo menos en el mundo mortal sin mágia) se dice que un cachorro de ellos, es mil veces mejor que un cachorro de omega femenino.

Los omegas masculinos siempre son de alta categoría por ello.

Dejándose llevar por la energía, comenzó a caminar hasta el lugar donde se deberia guardar la comida.

El cuarto debajo de las escaleras.

La alacena.

La mujer frunció el ceño (otra vez) y resopló de indignación cuando observó la gran cantidad de clavos, candados y cadenas cerrando la pequeña puerta.

Hades gruñó ligeramente cuando volvió a sentir el ligero toque en su cabello.

Quien quiera que llegara a visitar al niño, tenía órdenes de siemore colocar los famosos "hechizos de bloqueo" en la pequela y blanca puerta.

Esa persona ya estaba muerta, su sentencia fue firmada por él mismo.

Solo que... aún no era el momento.

Atenea se apresuró a estar al lado de la diosa vieja, y comenzó a abrir la puerta.

Madre Tierra la observó con pregunta no formulada, y ella solo se encogió de hombros.

- No quiero que usted, Madre, se preocupe por estas cosas si alguien más las puede hacer por usted - nadie entendió muy bien su respuesta.

La diosa solo sonrió.

- Gracias Atenea - y la joven asintió con una pequeña sonrisa.

Cuando Atenea observó el interior de la alacena, saltó hacía atrás como si quemara.

Su rostro completamente oscurecido y sus puños apretados.

- Los voy a matar - Poseidó que estaba a su lado la escuchó susurrar - Juro que los voy a matar de la manera más lenta y dolorosa posible, los haré gritar, los haré llorar - Atenea estaba hablando en trance mientras sus ojos no se despegaban de la puerta.

Poseidón tiró ligeramente de Madre Tierra cuando ella estaba por abrir otra vez la puerta.

Él negó.

- Déjame hacerlo a mí, por favor, todos, tápense los ojos e intenten no vomitar. Yo mismo voy a tener problemas con ello.

El dios del mar avanzó a pasao lento y bacilante hasta la puerta, escuchó una pequeña y costosa respiración.

El olor a la sangre y las lágrimas saladas hicieron que su corazón de oprimiera.

Ese que estaba ahí, era uno de sus hijos, uno de sus hijos que había sufrido con solo siete años.

Solo... siete años.

Artemisa le sonrió desde su lugar en busca de darle apoyo, y él abrió la puerta.

Tuvo que cerrar los ojos y respirar repetidas veces antes de poder (intentar) entrar a ese pequeño lugar para sacar a su hijo de ahí.

Con cuidado de no despertar al niño, Poseidón lo tomó entre sus brazos, y lo sacó de la alacena.

Las reacciones fueron instantáneas.

La mágia y el poder de Apolo se sacudió creando una corriente eléctrica al chocar con el de Ares y Hermes.

Hades gruñó y sus ojos se volvieron rojos mientras su cabello de soltaba de la coleta y caía libremente en volor oscuro completamente, tenía la mandíbula apretaba al igual que los puños.

Perséphonē y Artemis se llevaron ambas manos al vientre de cada una mientras la mirada de incredulidad y tristeza de plantaba en sus rostros.

Perséphonē quiso tener hijos, pero la vida la había castigado quitándole ese derecho, ver al niño en los brazos de Poseidón de esa manera... fue un duro golpe de realidad.

Afrodita se llevó ambas manos a la boca, y sintió el sabor ácido en su paladar.

Pero ella no iba a vomitar, ello no podía permitirs ehacer algo así.

No tenía el derecho a sentirse así.

Atenea se oscureció aún más e intentó respirar intentando calmar su poder.

Aún era muy pronto.

Hestia hizo una mueca, y se clavó las uñas en la palma de sus manos, sintió las lágrimas acumularse en sus ojos.

¿Por qué su pequeña Gema?

Eros perdió su habitual sonrisa sensual, y se tuvo que apoyar en la pared cuando sus piernas fallaron de sostenerlo, su cabeza en estado de shock mientras sus ojos se oscurecian ligeramente y su frente se arrugaba.

Némesis se agachó en el suelo de la casa mientras se aujetaba el estómago con ambas manos.

- Esos... esos estúpidos mortales - su voz sonaba distorsionada- los voy a matar, los voy a encerrar en un calabozo, los voy a hacer sufrir, los mataré de hambre, llorarán y suplicarán... pero yo no me detendré - su mirada estaba perdida al igual que la de Atenea, y sus ojos estaban opacos y más oscuros de lo normal.

Afuera de la casa, una tormenta eléctrica comenzó, los rayos caían chocando con árboles, el viento se movía de forma violenta y el agua era cada vez más fuerte, los relámpagos no paraban de caer.

Zeus no estaba molesto, él estaba furioso.

Todos observaron a la madre cuando la casa y todo el vecindario comenzó a temblar, la tormenta solo aumentó al igual que el viento, el ambiente cada vez era más pesado.

Madre tierra solo tenía ojos para el niño entre los brazos de Poseidón.

Su hijo, su pequeño hijo menor.

Su pequeña esmeralda.

Recuerda sus ojos, su sonrisa.

Su ingenuidad.

Su pureza.

Y ya no queda nada de él.

Entre los brazos de Poseidón, la respiración era cada vez más uniforme, pero nadie podía moverse.

El piso donde estaba parado el dios del mar estaba cubierto de sangre lentamente.

El niño estaba destrozado.

Manojos de ropa rota y cabello por su cuerpo, cicatrices en su cara y sus brazos, su espalda sangrando, su labio partido, su espalda destrozada, sus glúteos... sus glúteos llenos de sangre y arañazos.

Ahí, entre los brazos de Poseidón estaba la Gema del olimpo.

Ahí, entre los temblorosos brazos del Poseidón, está la pequeña gema, está el pequeño Harry luchando para vivir.

Pero sin querer seguir ahí realmente.

[●●●]

Notes:

Ah~

Este fanfic está publicado en WP también, pero apenas lleva el prólogo y el primer capítulo.

Me emocioné subiendo historias,
Lo siento (?