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El Arcoíris No Tiene Rosa

Chapter 6: Hermano mayor

Notes:

Bueno, llegamos al final.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

La lluvia se había vuelto más pesada en la madrugada, cayendo como si fueran piedras lanzadas a propósito contra el fino techo de la casa. Haciendo que el ruido blanco despertara de golpe a Todomatsu. Sentándose con la respiración agitada, sudando frío, asustado por los sonidos que se esparcían por la casa como si fueran provocados por monstruos ocultos en la manta oscura de la noche que se filtraba por el cuarto. Fue algo exagerado, tal vez, pero aún no estaba del todo bien. La fiebre había bajado un poco, sí, pero el malestar seguía. Las náuseas seguían. El dolor seguía y ahora se le unía el miedo provocado por la oscura noche. No estaba bien.

Con pequeños temblores en sus manos quiso agarrar su celular, quería prender la linterna y alumbrar el cuarto en el que estaba. Desde que no dormía con sus hermanos en el futón había tenido bastantes pesadillas, pero esta vez había sido una realmente horrible. Esta vez había soñado que él... que él moría. Que la enfermedad empeoraba hasta el punto de que ya no resistía más.

Tragó en seco.

Que su rostro se ponía de un color pálido, un feo tono blanco casi gris, mientras sus manos carecían de algún calor, todo sin poder ver o pronunciar bien alguna oración coherente. ¿Qué eran las palabras en ese punto? Se fue deshaciendo en carne viva hasta quedar hecho un montón de huesos y polvo. Pero aquello no era lo peor. No, eso no fue. A pesar de que la imagen era realista lo que en verdad causo pavor en él fue el poder sentirlo todo. La bruma, la angustia, el miedo. Y a pesar de sus esfuerzos en querer moverse o decir algo, nunca pudo hacerlo. Estuvo estático en la cama viendo y sintiendo a la perfección como su enfermedad lo degeneraba tan rápidamente, consumiéndolo a bocados sin un rastro de piedad ante tal acto. 

Dios, era como si en verdad hubiera pasado, pero todo era en sueño. 

Un maldito, jodido y horrible sueño.

Él no iba a morir en verdad, ¿no? Digo, él se iba a curar. Sabía que no estaba bien, pero tampoco estaba tan mal. Tal vez un par de días más en cama y podría estar como nuevo. ¡Pronto iba a volver a salir con sus hermanos! Iba a levantarse del bendito suelo e iba a volver a caminar. Él iba... él se iba sanar, ¿verdad? 

Pasó el pulgar por la pantalla un par de veces intentando prender el celular, pero al parecer no tenía batería. Que buen momento para que su celular muriese, ¿no? Cerro los ojos por breves segundos intentando mantener la poca calma que podría tener en esos momentos. Aferrándose con fuerza a las mantas que lo cubrían hasta el punto en que sus nudillos se pusieran blancos, sollozando por lo bajo mientras abrazaba el teléfono contra su pecho. 

Los gentiles ruidos en la oscuridad solo hacían que su corazón latirá con fuerza, como si quisiera salir corriendo de su cuerpo. Y las paredes, oh las paredes... parecían que tenían ojos. Mirando con satisfacción como se retorcía en silencio, en su propio dolor.

— Osomatsu-niisan... 

Maulló por lo bajo sintiéndose débil e impotente. Joder como odiaba eso, pero ¿Qué podía hacer si nada más le quedaba llamar por ayuda? ¿Qué podía hacer? ¿Qué otra cosa podía hacer? Era una pena... Haber terminado de esa manera tan pobre.

— O-osomatsu-niisan...

Y otra vez. 

Sollozo nombrando a su hermano mayor. Estando más roto que antes, sintiendo como los monstruos se querían llevar su alma para luego comérselo. ¿En dónde estaba él? ¿Por qué no venía a protegerlo? ¿Por qué no lo salvaba de la oscuridad? Él no quería morir. ¿Por qué su hermano no lo consolaba? ¿Por qué no lo abrazaba y le decía que todo iba a estar bien? ¿Dónde estaba Osomatsu?

— Oso--Osomatsu-niisan...

Oh, claro. ¿Cómo alguien sería capaz de escucharlo si estaba susurrando mientras temblaba debajo de sus mantas? Tartamudeando frágilmente. Todomatsu no tenía la fuerza ni la voz para llamar a alguien como se debía. 

Que inútil.

— Shhh... Estoy aquí. —de repente otra voz se hizo presente en la habitación. No sonaba débil, pero no era del todo animada. 

— Osomatsu-niisan. 

— No te preocupes, Totty. —Todomatsu pudo sentir como era rodeado por los brazos de su hermano, sintiendo como su calidez lo invadía lentamente. Sintiéndose seguro por fin— Tú onii-chan está aquí, ¿sí? No hay nada que temer, Todomatsu...

El menor de los dos se relajó en el abrazo, temblando ligeramente mientras se apegaba al pecho de su mayor. Las pequeñas lágrimas en sus ojos no tardaron en aparecer, preocupando al que usualmente iba de rojo.

— Tengo miedo... Osomatsu-niisan. Tengo mucho miedo. —confesó sin vacilación en un hilo de voz, suavemente destrozada— Y-yo no...--

— Todo va a estar bien, Totty. —pudo sentir como le acariciaba la cabeza con paciencia, pasando sus dedos por sus cabellos en un intento gentil de calmar sus lloriqueos. ¿Por qué siempre debía de llorar? ¿Por qué no podía resistir un poco más y dejar de preocupar a su familia por una maldita vez? ¿Por qué no podía tragarse sus sentimientos y decir que no estaba mal? ¿Por qué no podía ser valiente como lo era Osomatsu?

Él nunca lloraba.

— ¿Cuándo voy a mejorar? Osomatsu-niisan... ¿Cuándo voy a estar bien? —necesitaba escuchar algo de él, aunque sea una vil mentira, pero lo necesitaba— ¿Cuándo... cuándo voy a sanar?

Tan desesperado estaba por aferrarse a la vida.

— Muy pronto, Totty. —aunque esa vez, pudo sentir como la voz de Osomatsu sonaba apagada mientras tensaba el agarre de sus manos. No lo quería soltar— Confía en nosotros.

La típica frase, el típico engaño blanco, que ya casi no duele escuchar la o decirla, pero siempre es reconfortante a pesar de que sabes que no es verdad. 

A veces parecía que esa oración iba a para el que lo decía y no para el que estaba mal, ¿saben? Como si él se quisiera creer la falsedad de sus palabras, como si decirlo en voz alta fuera la solución a la enfermedad. ¿Por qué? ¿Por qué mentirte? ¿Por qué mentirle a él? No eran niños, pero lo parecían. ¿Acaso era para calmarlo? ¿Para darle un último alivio? ¿O era para que tú mismo lo aceptaras?

— Nii-san... —tras varios segundos de silenció, el murmullo de su hermano menor interrumpió el ambiente.

— ¿Hmn? ¿Qué pasa, Totty? —se le escuchaba cansado, pero suave. Tal vez estaba con sueño, aún era de madrugada, al fin y al cabo.

— Yo... —suspiro, sintiendo como su pecho se retorcía— Y-yo no, yo no sé si pueda más. —volviéndose a caer— Con todo esto... Y-yo. —volviendo a flaquear como un pequeño niño— Osomatsu-niisan... Y-yo —rompiendo en llanto momentos después mientras se intentaba ocultar en el pecho ajeno.

Intentar

¿De que servía eso a estas alturas? Si siempre intento e intento, pero... nunca pudo conseguir nada. Ni cuando se había esforzado por sobresalir entre todos sus hermanos, autoproclamándose ser la esperanza de su familia, ni cuándo se había esforzado en hacer de todo lo posible parar subir los escalones de la sociedad y ser algo más que simple escoria. Pero... ¿Acaso lo había logrado? ¿Acaso había logrado algo en la vida? 

No, porque Todomatsu era un nini de mierda, una persona que no se preocupaba por los demás. Alguien que te podía usar para su beneficio y alguien que estaba destinado al fracaso desde el momento en que había nacido ese veinticuatro de mayo.

 Así que... ¿Valía la pena seguir...? 

¿Valía la pena vivir?

Osomatsu no era tan estúpido como para no entender a lo que se refería su hermano menor. Era algo obvio en verdad... Que tarde o temprano Todomatsu perdería su fuerza y se derrumbaría, estaba realmente mal que ni él notaba su propio estado pensando que podría levantarse de ese futón individual... Era algo de esperar, pero no pensó que sería en sus propios brazos o que él sería el testigo de su caída final. Era un peso que jamás imaginó soportar, pero ahí estaba él. Abrazando a Todomatsu en un momento muy crucial, y no porque el se daba por vencido significaba que él debía de sucumbir también.

Apretó los puños mientras lo mirada con los parpados pesados, frunciendo un poco el ceño.

— Shh... shh... Tranquilo. —¿Por qué de todas las personas le tuvo que pasar esto a él?— Está bien. No te sientas mal, Totty. Está bien.

No, no estaba bien, no estaba nada bien. ¡¿Cómo podía decir eso?!

— Y-yo, lo siento...En serio.

— No es tú culpa.

¿Por qué seguía? Él, ¿por qué seguía? ¿Acaso estaba ciego o no quería no quería ver? ¿Acaso estaba consciente de la situación? 

Era su culpa no querer seguir peleando por su vida, pero a la vez él no quería... él... ¡No quería morir aún! ¡No quería! ¿Por qué su hermano mayor no lo detenía? ¿Por qué no le gritaba y le decía que era estúpido decir eso? Que debía de pelear, que debía de ser fuerte. Que ambos lo superarían, no, ¡qué todos lo superarían juntos! 

¿Por qué no le decía?

¿Por qué... no?

— Y-yo, yo, yo voy a-- —el aire abandono sus pulmones, dejando que las perlas de agua nublarán su vista. Se sentía ciego y mudo, estando petrificado contra su pecho. Sin poder realizar algún movimiento o decir algo con sentido en esos momentos.

Justo como su sueño.

— Lo sé. —lo interrumpió antes que pudiera terminar esa horrenda frase— Lo sé, Todomatsu.

¿Lo sabía?

 — Y está bien...

¿Lo estaba?

Sus palabras estaban flaqueando. No podía ser cierto. No quería creer que era cierto.

— ¡N-no! No lo está. ¡Y-yo voy a.! —se tropezaba con sus propios pensamientos y palabras. Ahogándose con un nudo en su garganta ¿Por qué? ¿Por qué era así? ¿Por qué no podía aceptar su destino? ¿Tan difícil era decirlo?— ¡Me voy a morir!

Como si estuviera sincronizado con la tormenta de afuera, un relámpago resonó junto con sus gritos. Dejando el cuarto en un silencio repentino con el tenue sonido de la lluvia de fondo entre los dos.

Los segundos pasaron sin otro ruido presente por parte de ellos. 

Las luces del otro cuarto se habían encendido dando a entender que ya no eran los únicos despiertos.

— Me voy a morir por no ser tan fuerte. —murmuró— Me voy a morir porque soy un idiota y me enferme. —soltó una risa amarga, sin intentar retener las lágrimas que no pensaban parar esta vez— Yo me voy a morir, Osomatsu-niisan.

¿Qué se supone que debía de decirle ahora? Con esa declaración tan sincera y melancólica.

— Todomatsu. —suspiró tomando coraje para poder mirándolo a los ojos. No tenía una sonrisa, no tenía un brillo, no tenía vida— Hiciste lo mejor que pudiste... y eso está bien, en serio. No eres débil, ni un estúpido. —su voz tembló dubitativo ante lo que decía— Eres mi hermano. No tienes por qué seguir soportando esto.

Sus dedos temblaron y su rostro se afligió. 

— Osomatsu-niisan... —Todomatsu rompió en llanto, pero uno más sereno. Aceptando que estaba en la línea final de su vida. Aceptando su cruel destino mientras lloraba como un niño pequeño en los brazos de su hermano— ¿Cómo puedes soportar esto?

¿Cómo era capaz de seguir de pie aun cuando los demás caían? ¿Cómo podía levantar la cabeza cuando los demás la bajaban? ¿Cómo? ¿Cómo lo hacía?

Preguntó alzando la cara. Viendo por primera vez en toda la noche como su hermano mayor estaba sufriendo tanto o incluso más que el, dejando que unas cuantas gotas de agua cayeran en su rostro juntándose con sus propias lágrimas.

¿Desde cuándo Osomatsu había estado llorando? ¿Desde cuándo estaba tan destrozado?

— ¿Cómo? —con el valor que tenía le dedico una sonrisa— Tú sabes porque, Totty. —hablando con más energía hasta soltar una suave risa mientras escuchaban a lejos las pisadas de sus hermanos.

Porque soy tu hermano mayor.

.

.

.

Osomatsu aún recuerda esa fatídica noche. Esa conversación previa que se había quedado entre Todomatsu y él. Sus palabras. Sus lágrimas. El temor en sus ojos y el fuerte agarre de sus manos en su ropa. Desearía poder volver a ese recuerdo y abrazarlo un poco más. Sin embargo, ahora estaba ahí. Sentando en el pasto, siendo el único de sus hermanos que se quedó un rato más con Todomatsu.

— Hey, Totty. —con cigarro en mano mientras se apoyaba cerca de un árbol— ¿Te estarás divirtiendo donde quiera que estés? —dio una calada entrecerrando ligeramente los ojos.

Estaban de vuelta, ellos dos solos.

— ¿Desde arriba aún me recordarás? —aflojando su terno y la corbata que llevaba— ¿Recordarás todo lo que vivimos? 

Hablando tenuemente y en paz. Ya no había lluvia ni tormenta.

— ¿La cita a la que me invitaste? ¿La vez que ganamos la entrevista de mamá? —dejó que el viento lo golpeara manteniéndolo en el presente mientras las memorias se reunían en su cabeza— O la vez que dijiste que era tu hermano favorito, ¿lo recuerdas verdad?

No había oscuridad.

— Aunque bueno, todos éramos tus favoritos, ¿no Todomatsu? —volvió a llenar sus pulmones de aquel humo amargo, cerrando los parpados con sutiliza mientras una ligera sonrisa aparecía en su rostro.

No había nadie más que él, ya no había por qué retenerse.

— Es muy tierno pensar en eso aún... —primero fue una pequeña lágrima, pero al instante le siguió otra y otra y otra— Esa noche... Te referías a llorar, ¿verdad? —abriendo los ojos lentamente, apartando el cigarrillo de sus labios— Por qué no puedo llorar al frente de ellos, ¿no?

Claro que lo sabía.

— Porque soy el hermano mayor, Totty. —una de sus manos fue acariciando la roca áspera de su lápida, mirándolo con recelo y nostalgia en el pecho— Porque si yo me derrumbo... Ellos no tendrán en donde caer. —otra corriente de viento soplo en su rostro como si fuera una respuesta— Y no puedo dejar que otro de mis hermanos se vaya, no de nuevo...

La calidez del día se fue haciendo presente, contradiciendo las frías brisas del viento. ¿Habría llovido recientemente? Pero si el cielo estaba despejado, con las nubes blancas esparcidas a los lados, dejando una buena vista de un día soleado.

— He... ¿Nos estarás viendo desde el cielo? —notando en medio de ese mar celeste algo peculiar— Rojo, azul, verde, amarillo y violeta...

Como si aquello fuera una señal, o alguna clase de broma cruel para su pobre alma magullada, no pudo evitar sollozar dejando el cigarro a un lado para limpiarse la cara.

No podía caer, no podía romperse. No debía dé porque era el mayor. Porque era el líder de los seis. 

Y fue por ello mismo que entre sus lamentos una risa sin energía emergió. Como si aquello opacará el dolor.

 — Hey, Totty. —su voz resonó aterciopela, suave y destrozada— ¿Sabes algo curioso? —dando caricias al alma.

El arcoíris no tiene rosa, Totty.

 

 

 

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Shi-Cloud~

Notes:

¡Gracias por leer!

Notes:

Si, serán caps cortos, pero es un fic que hago para que salir de mi bloqueo artístico.
Comenten si les gusto o que tal les pareció. Amaré leerlos <3